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30 junio 2014

DRONES: Asesinatos a distancia - Obama

Drones, 

  asesinatos a control remoto


Imaginemos la siguiente escena:
El hombre más poderoso del mundo se encuentra en su despacho. 
 
Allí, todos los martes, aprueba una lista de personas a las que matar y unos aviones no tripulados despegan y las asesinan en el lugar del mundo en que se hallen. Ya van cientos de ataques y miles de muertos, no sólo los objetivos que aparecen en las listas, también cualquier persona que se encontrase en las proximidades. Parece una película futurista pero no lo es. Está sucediendo ahora y el hombre del despacho no es el malo de la película como podría parecer, al contrario, 
es el ¡ Premio Nobel de la Paz ¡ Barack Obama. 
El periodista Roberto Montoya está especializado en política internacional y es el autor de dos libros básicos sobre el ‘modus operandi’ de Estados Unidos en su guerra contra todo lo que considera terrorismo, a costa de pulverizar los derechos humanos y la legislación internacional, ‘El imperio global’ y ‘La impunidad imperial’.

Sin duda es la persona adecuada para investigar con rigor y profundidad este nuevo método que no conoce fronteras para asesinar por todo el mundo.”

Estos son algunos de los pasajes de la introducción del autor y de varios de los capítulos del libro que aparece en la foto:

 “Así como tuvieron que pasar años, hasta 2005, para descubrirse el programa secreto de la CIA de secuestros que se había iniciado en realidad cuatro años antes, en 2013 el mundo se enteraría también que las ejecuciones extrajudiciales con drones nacieron igualmente en aquella época.
 Mueren 16 personas en bombardeos con drones de EE.UU. en Pakistán
Pero junto a ese dato se supo de igual manera que hubo sólo 48 ataques de ese tipo en los ocho años que Bush estuvo en el poder, mientras que Obama adoptó los asesinatos con drones como su método favorito, como el arma ideal, y al cumplir cinco años como inquilino de la Casa Blanca ya llevaba más de 390 ataques realizados en Pakistán, Irak, Afganistán, Yemen o Somalia, que provocaron la muerte de entre 4.000 y 5.000 personas, buena parte de ellas civiles.

OBAMA: PICO de ORO, ALMA de DEMONIO:


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Ex piloto de drones de la CIA: 

"Apuntas, disparas y matas. Eso es todo"

El soldado reconoce haber matado a 13 personas y haber ayudado a matar a otras 1.636 mediante aviones no tripulados que se manejaban desde unidades móviles en Norteamérica.

"Estados Unidos está llevando a cabo una cruzada religiosa" en países como Irak, Afganistán, Yemen, Somalia o Pakistán.

Bryant es piloto de drones de la CIA y, con su escuadrón secreto, ha contribuido a matar a más de 1.600 personas en países como Irak, Afganistán, Yemen, Somalia o Pakistán sin moverse de Estados Unidos. Se considera, por ello, un criminal de guerra y, para restablecer, según sus palabras, el equilibrio del universo se dedica a denunciar la guerra sucia que lleva a cabo su país. La noruega Tonje Hessen le ha dado voz en su documental ' Drone', recién presentado en el Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam
Point-klick-kill

pregunta:   Deshumanizar al enemigo era fundamental, ¿de qué manera se llevaba a cabo?

Los llamábamos 'los tipos malos', los enemigos, los islamistas… lo importante era marcar la diferencia entre nosotros y ellos.
Se hacía mucho hincapié en el aspecto religioso: nosotros somos cristianos, los islámicos odian a los cristianos y por eso tenemos que luchar contra ellos. Usaban su religión para combatir otra religión.....

http://www.eldiario.es/andalucia/Ex-drones-CIA-Apuntas-disparas_0_332817002.html


’’Sólo tres días después de asumir el poder, el 23 de enero de 2009, cuando seguían escuchándose en todo el mundo los elogios a Obama por acabar con la cruzada de Bush, el flamante presidente ordenaba su primer ataque con drones. Sucedió en Pakistán, murieron entre siete y 15 personas, la mayoría de ellas civiles, simples daños colaterales para la CIA.

’’Meses después, en diciembre de ese mismo año, el presidente ordenaba su primer ataque en Yemen, contra lo que según la CIA era un campamento de Al Qaeda al sudeste de la localidad de Al-Majala. Fue un ataque combinado con misiles disparados por un drone y bombas de racimo lanzados por un cazabombardero. Luego se conocería que en el ataque habían muertos 14 mujeres y 21 niños.

’’Y, cuando sólo 11 meses después de llegar al poder Obama fue a Oslo a recoger su Premio Nobel de la Paz 2009, ya habían muerto por los ataques de drones más personas que durante los ocho años de mandato de Bush.
’’Obama creyó encontrar en los drones la fórmula ideal para dar continuidad a la guerra contra el terror de Bush, y a su vez evitar el rechazo nacional cada vez mayor que ya provocaba en Estados Unidos la muerte de los miles de jóvenes soldados caídos en las guerras de Irak y Afganistán. El mediático presidente vio también que la guerra protagonizada por drones dirigidos por control remoto desde miles de kilómetros de distancia, le permitía a Estados Unidos evitar el rechazo de la comunidad internacional ante el cúmulo de atropellos a la población civil que siempre van vinculados con las intervenciones de sus tropas en conflictos en el extranjero.

’’Él, el hombre que reivindica a Luther King, el hombre defensor de los derechos humanos, el presidente a quien pocos meses después de asumir el poder se le otorgó el Premio Nobel de la Paz no por sus hechos sino simplemente por sus promesas, es el que no ha tenido ningún reparo moral a la hora de ordenar personalmente ejecuciones sumarias en lejanos países, con o sin el consentimiento siquiera de sus propios gobiernos y sin que medie en ningún caso una declaración de guerra.”
La vida o la muerte se decide los martes en la Situtation Room de la Casa Blanca. “Todos los martes por la mañana el presidente mantiene una reunión con el gabinete antiterrorista constituido por Jack Brennan, ex consejero jefe en materia antiterrorista de Obama y actual director de la CIA; Thomas E. Donilon, consejero nacional de Seguridad, y otras dos decenas de altos cargos de otras agencias de Inteligencia y de las fuerzas armadas.
’’Obama instauró estas reuniones en la Situation Room de la Casa Blanca para controlar de forma personal la kill list que le ofrecen sus asesores semanalmente. Son ellos los que eligen los candidatos, generalmente sospechosos de pertenecer a algunas de las organizaciones que forman parte de Al Qaeda o que tienen algún acuerdo con ella. El presidente analiza el dossier de cada candidato, los cargos existentes contra él, la importancia de su responsabilidad en la escala terrorista, examina fotos, vídeos, se le proporcionan datos sobre su localización, sobre su situación familiar, sobre las posibilidades para alcanzarlo con un misil disparado desde un drone, los riesgos de ‘daños colaterales’ (léase, muerte de civiles) y los previsibles efectos que pueda producir su ejecución extrajudicial.
’’Con esos datos en la mano, el presidente evalúa los pros y los contras de esa operación clandestina, valora las consecuencias políticas, y decide matar o perdonar al candidato, como los antiguos reyes absolutistas, o como el César hace tantos siglos, cuando tras una contienda entre gladiadores en el Circo romano indicaba con su pulgar, con un gesto hacia abajo o hacia arriba, si el gladiador vencido en la arena debía morir o no.
’’(…) Y los drones de Obama son sólo una punta del iceberg, una pequeña muestra del mundo bélico que viene, un adelanto de la guerra robótica, de la futura guerra entre drones, aviones y helicópteros, de los camiones militares sin conductor, la guerra entre soldados-robot, de los videojuegos convertidos en realidad, donde el control de la alta tecnología jugará un papel fundamental, donde quien la controle, quien tenga el control de esas Play Station letales tendrá el poder, y el que no la tenga seguirá poniendo los muertos.
’’(…) En numerosas bases aéreas en Estados Unidos se entrenan constantemente pilotos especializados en la conducción de drones, se ha convertido en una especialidad con futuro. En al menos 13 de esas bases operan cerca de 1.500 pilotos de drones militares, amén de los que trabajan desde otras bases de aparatos no tripulados situadas en Europa, Oriente Medio, África y Asia.

’’Inicialmente, la Fuerza Aérea estadounidense (USAF en sus siglas en inglés) utilizaba para operar los drones a veteranos pilotos de cazabombarderos convencionales, pero, posteriormente, a partir de 2009, se decidió crear una carrera específica.
’’(…) Buena parte de los asesinatos ‘selectivos’ que comete la CIA o las fuerzas armadas de Estados Unidos y Reino Unido en Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen, Somalia u otros países, son dirigidos directamente desde bases militares en suelo estadounidense, a más de 10.000 kilómetros de distancia de sus objetivos, o desde bases en suelo británico.
’’‘Ver cómo los malos son eliminados en la pantalla e irte a comer al restaurante de la esquina resulta un poco surrealista’, reconoce un piloto de la USAF.
’’Otro piloto de drones, un oficial muy convencido de la ‘utilidad’ de los asesinatos que cometía sentado en su cómodo asiento en una base en Estados Unidos, decía a un periodista: ‘Hay una muy buena razón para matar a estas personas, Me lo repito una y otra vez’. ‘Pero nunca te olvidas de lo ocurrido’, añadía.
’’Otra ex piloto, la mayor ‘Meyer’, el nombre ficticio que dio a la prensa, recordaba en una entrevista a Der Spiegel que estaba embarazada cuando mataba personas con su Joystick en la base de Creech, cercana a Las Vegas. ‘No había tiempo para los sentimientos’, sostenía. Sentía, sí, que su corazón palpitaba con fuerza y que tenía ‘un subidón de adrenalina’ cuando estaba esperando la orden de disparar contra un objetivo.
’’‘Cuando la decisión había sido tomada y mis superiores confirmaban que se trataba de un enemigo, de una persona hostil, un objetivo legal que debía ser destruido, entonces no tenía reparos en realizar el disparo’.
’’No es la única piloto de drones que ama su trabajo. En el mismo largo artículo de Der Spiegel se recogen también declaraciones como esta del coronel Matt Martin, ex piloto de drones y autor del libro Predator, el nombre del modelo de su admirado avión no tripulado: ‘A veces me sentía como Dios lanzando rayos desde lejos’.
’’(…) Pero no todos los pilotos de drones que diariamente y cumpliendo rutinariamente un horario como cualquier oficinista matan personas en lejanos países se sienten orgullosos de su trabajo. Heather Linebaugh, ex analista de imagen y analista geoespacial para operaciones con drones desde bases en Estados Unidos de 2009 a 2012, se dirigió a los políticos de su país y de Reino Unido que defienden a ultranza las ejecuciones sumarias con drones, a través de una columna en el periódico británico The Guardian. Linebaugh desmentía la precisión de las cámaras y los disparos de los drones que tanto reivindican líderes políticos y militares de la Administración Bush y del Gobierno británico: ‘Pocos de los políticos que tan descaradamente proclaman los beneficios de los drones tienen una idea de cómo funcionan’, decía en su columna.
’’(…) ‘¿Cuántas mujeres y niños han visto ustedes incinerados por un misil Hellfire?’, preguntaba a quienes tanto reivindican la precisión de los disparos de los drones. ‘¿Cuántos hombres han visto arrastrarse a través de un campo, tratando de llegar a la comunidad más cercana para obtener ayuda mientras se desangraba, con sus piernas cortadas?’.
’’‘Yo sí he visto de primera mano’, dice.
’’‘Nunca he estado físicamente en Afganistán pero lo vi con gran detalle en un monitor durante días y días. Conozco bien la sensación que se experimenta cuando ves a alguien morir, es horroroso. Y cuando uno está expuesto a ello se termina convirtiendo como un pequeño video empotrado en la cabeza que se repite y se repite, provocando un gran dolor psicológico. Los operadores de drones son víctimas no sólo de esos recuerdos inquietantes sino también de la culpa, de la inseguridad sobre la identificación de las víctimas’.
’’(…) En la medida en que ni los talibán ni las milicias de Al Qaeda utilizan uniforme ni habitualmente tampoco ropa o distintivos particulares, esa es la única forma para seleccionar los objetivos, que sean varones ‘en edad de combatir’ y que estén armados.
’’Estados Unidos hace así caso omiso a que en zonas tribales de Yemen, Pakistán o Afganistán, las armas son habituales e incluso disparar con ellas al aire en bodas y otros festejos. Como son habituales las asambleas entre hombres en una aldea o comunidad, las tradicionales ‘jirgas’.
’’La mayoría de las víctimas civiles de los ataques con drones son causadas por esa forma en que las fuerzas estadounidenses pretenden detectar ‘potenciales enemigos’ cuando no tienen fuentes confiables sobre el terreno para proporcionarles objetivos con nombre y apellido.
’’‘En el pasado, todos los habitantes de Wessab conocían sobre Estados Unidos basado en mis maravillosas experiencias allí. La amistad y los valores que experimenté y describí a los aldeanos a mi vuelta ayudaron a que ellos entendieran la América que yo conocí y amé’.
’’Así comenzaba el relato del joven yemení de 23 años Farea Al Muslimi ante el Subcomité Judicial del Senado de Estados Unidos sobre Constitución, Derechos Civiles y Derechos Humanos en abril de 2013, audiencia a la que sólo acudieron cinco miembros, todos ellos demócratas. ‘Ahora, sin embargo’, continuó, ‘cuando ellos piensan en América piensan en el terror que sienten cuando los drones sobrevuelan sus cabezas, listos para disparar misiles en cualquier momento. Lo que antes los violentos no lograban, un ataque de drones lo consiguió en un instante: ahora hay un intenso odio contra América en Wessab’.
’’Las declaraciones Al Muslimi, un activista social y blogger, fueron realizadas sólo seis días después de que un drone de la CIA atacara su remota aldea vecina, situada a nueve horas de la capital de Yemen, y matara a cinco vecinos inocentes. Al Muslimi recorrió también otras tres localidades cercanas castigadas igualmente por la acción de los drones.

’’Sólo en una de ellas contabilizó 40 muertos. ‘Los cuerpos estaban tan deshechos que fue imposible diferenciar entre niños, jóvenes, mujeres, adultos y ancianos, todos fueron enterrados como animales en una fosa común’, testimonió.
’’Ante el subcomité del Senado, Al Muslimi dijo que ‘la muerte de civiles inocentes por los misiles estadounidenses en Yemen está desestabilizando mi país y crea un ambiente del que se beneficia Al Qaeda’. ‘Ellos usan la muerte de inocentes por ataques con drones para reclutar gente, sosteniendo que América está en contra de todos los yemeníes’.

’’Al Muslimi dijo que los civiles yemeníes no logran entender por qué son atacados y se hacen preguntas como ésta. ‘¿Por qué Estados Unidos está tratando de matar a una persona con un misil cuando todo el mundo sabe dónde está y puede ser arrestado fácilmente?’.

’’(…) ‘Antes no temía a los aviones, pero ahora, cuando los veo sobrevolar, me pregunto: ¿seré la próxima víctima?’. Así comenzaba el testimonio ante el Congreso de Estados Unidos de Nabila Rehman, una niña de 9 años de edad del noroeste de Pakistán, herida en uno de los ataques estadounidenses con drones en Pakistán. Sucedió en una pequeña localidad, en Ghundi Kala.
’’Nabila vio impotente a pocos metros de distancia cómo el cuerpo de su abuela, Mamana Bibi, de 68 años, quedaba totalmente destrozado tras ser alcanzada por el misil de un avión no tripulado. Su hermano Zubair, de 13 años resultó también herido en el ataque como ella. Zubair lo narró así: ’’Cuando el avión no tripulado lanzó el primer ataque, la tierra tembló y se levantó un humo negro. Se sentía en el aire un olor tóxico. Corrimos, pero minutos más tarde el avión volvió a disparar. La gente del pueblo acudió a ayudarnos y nos llevaron al hospital. Pasamos la noche sufriendo una gran agonía y a la mañana siguiente, me operaron’.

La escena temida. ’’(…) A pesar de que en Europa como en gran parte del mundo la crisis económica ha llevado a sus gobiernos neoliberales a recortar en la mayoría de los casos drásticamente los presupuestos para I+D civil, no sucede lo mismo sin embargo con la I+D militar, que sigue en general dotada de importantes medios para investigar y desarrollar armas cada vez más ‘inteligentes’ y autónomas.

’’Al igual que ha sucedido en el terreno de la carrera nuclear, las grandes potencias se esfuerzan por competir en el campo de las armas ‘inteligentes’ sabiendo que en ello se juega hoy día la superioridad militar. A pesar de su papel de vanguardia en ese sentido, Estados Unidos teme que tecnologías como las de los drones puedan ser usadas un día por sus adversarios –potencias o poderosos grupos terroristas– para atacar sus ciudades. ¿Que sucedería si Washington o Nueva York fuera atacada por flotillas de cientos de drones con explosivos lanzados contra instalaciones de alto valor estratégico?.

El libro
Título: Drones, la muerte por control remoto Autor: Roberto Montoya Editorial: Editorial Akal, Colección A Fondo, Madrid 2014


Año 7. Edición número 318. Domingo 22 de Junio de 2014

18 octubre 2011

Washington mata a miles sin problema - audio

No importa que vivan en EEUU o en cualquier pais de la tierra:

-         DRONES :
COMANDO DE OPERACIONES ESPECIALES ....tremendo 

PREDATOR avion teledirigido

Oigamos en el siguiente audio  lo que hacen miles de asesinos (de 10.000 a 25.000 personas organizadas para matar) asesinando miles de personas sin ningun control en cualquier parte del mundo:






Dentro de EE.UU::
En el libro  The Tyranny of Good Intentions [La tiranía de las buenas intenciones]

Paul Craig Roberts y Lawrence Stratton muestran que mucho antes del 11-S el derecho en EE.UU. había dejado de ser un escudo del pueblo y se convirtió en un arma en manos del gobierno. 

El evento conocido como 11-S fue utilizado para colocar al poder ejecutivo por sobre la ley. 
A condición de que el presidente apruebe un acto ilegal, los empleados del poder ejecutivo ya no tienen que rendir cuentas ante la ley que lo prohíbe. Por autoridad del presidente, el poder ejecutivo puede violar, sin sufrir las consecuencias, leyes de EE.UU. contra el espionaje de estadounidenses sin mandato judicial, detención indefinida y tortura.
Muchos esperaban que el presidente Obama restableciera la responsabilidad del gobierno ante la ley. 
En su lugar, fue más lejos que Bush/Cheney e impuso el poder inconstitucional no sólo para mantener a ciudadanos estadounidenses en prisión sin presentar cargos, sino también para matarlos sin que sean condenados por un tribunal. Obama afirma que a pesar de la Constitución de EE.UU., tiene autoridad para asesinar ciudadanos estadounidenses de quienes piensa que constituyen una “amenaza”, sin el proceso debido.

En otras palabras, cualquier ciudadano estadounidense que es catalogado como amenaza carece de derechos y puede ser ejecutado sin juicio o evidencia.
El 30 de septiembre Obama utilizó ese nuevo poder hecho valer por el presidente e hizo asesinar a dos ciudadanos estadounidenses, Anwar Awlaki y Samir Khan. Khan era un personaje excéntrico asociado a Inspire Magazine y no venía fácilmente a la mente como una amenaza seria.
Awlaki era un clérigo musulmán estadounidense moderado quien sirvió de asesor al gobierno de EE.UU. después del 11-S sobre maneras de contrarrestar el extremismo musulmán. 
Awlaki fue gradualmente radicalizado por el uso de mentiras por Washington para justificar ataques militares contra países musulmanes. Se convirtió en crítico del gobierno de EE.UU. y dijo a los musulmanes que no tenían que aceptar pasivamente la agresión estadounidense y que tenían derecho a resistir y defenderse. Como resultado Awlaki fue satanizado y se convirtió en una amenaza.
Sólo sabemos que Awlaki pronunció sermones críticos de los ataques indiscriminados de Washington contra pueblos musulmanes. El argumento de Washington es que sus sermones pueden haber influenciado a algunos que son acusados de intentar actos terroristas, responsabilizando por lo tanto a Awlaki por los intentos.
La aseveración de Obama de que Awlaki era algún tipo de agente de "al Qaida" de alto nivel es sólo una simple aseveración. 
Jason Ditz concluyó que el motivo para asesinar Awlaki en lugar de procesarlo es que el gobierno de EE.UU. no poseía evidencia real de que Awlaki fuera agente de al Qaida.




Actualmente existen algo más de 7.000 drones, que desde 2001, pero muy especialmente en los últimos dos años, han actuado en Irak, Afganistán, Pakistán y, más recientemente, en Yemen y Libia. La mayoría son de unos nueve metros de largo, pero ya funcionan algunos de menos de un metro, y el diario de The New York Times informaba recientemente de que se está experimentando modelos hasta del tamaño de una mosca.
En los modelos del tamaño de una avispa se intenta reproducir las alas y los movimientos de ese animal.
Estos artefactos, que en sus versiones más avanzadas pueden estar en activo en menos de una década, cambiarán por completo el concepto de la guerra y el espionaje. Darán a Estados Unidos capacidad de penetrar en los lugares más inexpugnables de forma prácticamente incontenible y obligarán a un total replanteamiento de los sistemas de ataque y defensa en todos los países.
No es difícil pronosticar, por tanto, una guerra futura dirigida desde miles de ordenadores y en la que la labor de los soldados sea armar y lanzar minúsculos juguetes a cientos de kilómetros de distancia del enemigo. Entre los experimentos en marcha está incluso el de conseguir que los propios ordenadores programen la hora y los movimientos de los drones, sin apenas intervención humana.

Toda esta tecnología tiene el riesgo -como afirma Peter Singer, un experto en robótica militar y autor el libro Wired for War- de deshumanizar y reducir el coste humano de las guerras, lo que puede hacerlas más frecuentes. “Esto creará una situación en la que los norteamericanos solo arriesgarán sus máquinas, lo que reduce aún más un nivel de exigencias para la guerra que ya es hoy muy bajo”, afirma Singer en una entrevista a Mother Jones.
Los drones pueden convertir las guerras en lo que Singer llama “porno-guerras”, una mera grabación que, si se le añade la música adecuada, se parecerá más a un videojuego que a la trágica realidad de la muerte.
Visto desde otro punto de vista, la tecnología no es responsable de la crueldad humana. Todo el salvajismo visualizado en la I Guerra Mundial no impidió el estallido de otra 30 años después. Por lo demás, el desarrollo acelerado de drones puede también, como otros avances tecnológicos militares, tener aplicaciones civiles.
Un plan de caza de terroristas muestra que EE.UU. seguirá agregando nombres a sus listas de asesinatos


Durante los últimos dos años, el gobierno de Obama ha estado desarrollando en secreto un nuevo plan para perseguir terroristas, una lista de objetivos para la próxima generación llamada “matriz de disposición”.

La matriz contiene los nombres de presuntos terroristas ordenados según un recuento de los recursos a utilizar para rastrearlos, incluidas sentencias selladas y operaciones clandestinas. Funcionarios estadounidenses dicen que la base de datos tiene el propósito de ir más allá de las actuales listas de asesinatos, delineando planes para la “disposición” de sospechosos más allá del alcance de los drones estadounidenses. 
 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158388


Un informe de la Comisión Europea predice cientos de usos civiles de aeronaves teledirigidas en la próxima década
Advierten de que una nueva generación de drones podría tener graves consecuencias para las libertades civiles



Los drones [aeronaves sin tripulación] serán de lo más común en los cielos del Reino Unido dentro de una década, según un documento de la Comisión Europea que sugiere que cientos de firmas desarrollarán nuevas utilizaciones para ellos.
Pero las afirmaciones han provocado preocupaciones en grupos por las libertades civiles, que temen que las aeronaves sin tripulación llevarán a más formas de vigilancia. 

Cerca de un 95% de los drones que operan son utilizados por los militares, pero el documento señala que ahora también tienen “gran potencial para aplicaciones civiles”. 

El documento de trabajo de la Comisión: “Hacia una estrategia europea para el desarrollo de aplicaciones civiles de sistemas de aeronaves teledirigidas”, afirma que se están desarrollando unas 400 aplicaciones civiles de drones en la UE. Se espera que esa cantidad aumente en la próxima década.

Se calcula que 35.000 drones se producirán a escala mundial en los próximos 10 años. EE.UU. e Israel producen actualmente dos tercios de los drones, mientras que Europa produce menos de un 10%. 

Hasta ahora, el uso de drones no militares es raro. La policía de Merseyside compró un drone por 13.000 libras esterlinas que se estrelló en el río Mersey el año pasado. También se informa de que la policía de Kent trabaja en un proyecto por importe de tres millones de libras, a fin de utilizar aeronaves sin tripulación para patrullar la costa. 

Los posibles usos de drones civiles citados en el documento de la Comisión incluyen que se utilicen para “vuelos arriesgados dentro de nubes de cenizas o en la proximidad de plantas nucleares o químicas después de graves incidentes”. También se sugiere que los drones podrían utilizarse en el manejo de crisis, el mantenimiento del orden, control de las fronteras y extinción de incendios.
Se han identificado cientos de usos en el comercio “en agricultura y pesquería de precisión, monitoreo de líneas eléctricas o de gas, inspección de infraestructura, comunicaciones y radiodifusión, repetidores de comunicación inalámbrica y sistemas de aumento satelital, monitoreo de recursos naturales, medios/entretenimiento, cartografía digital, administración de tierras y flora y fauna, manejo de la calidad del aire”. El documento dice que el conocimiento de las capacidades de los drones “se extenderá rápidamente entre los potenciales usuarios, creando nuevos mercados de servicios aéreos de la misma manera que el iPad creó un mercado totalmente nuevo e inesperado para servicios móviles de datos”.
Pero activistas advirtieron de que la nueva generación de drones podría tener graves consecuencias para las libertades civiles. “Con el aumento del uso de drones en el espacio aéreo europeo, necesitamos urgentemente más claridad y transparencia sobre dónde y cómo se utyilizan esos instrumentos”, dijo Eric King de Privacy International. 


“No hace mucho, era un tema de ciencia ficción, pero el vuelo de artefactos robóticos equipados con tecnología de reconocimiento fácil y equipos de interceptación de teléfonos móviles es cada vez más común.

“Sin embargo, el modo secreto en que se han puesto en operación los drones de vigilancia, y el hecho de que la policía no haya reconocido y encarado los problemas de derechos humanos involucrados, ha creado un inmenso potencial de abuso”. 

La prisa por desarrollar la tecnología también ha causado preocupaciones por la seguridad. Un informe de la Oficina de Auditoría General de EE.UU. (GAO) advierte de que los Sistemas Aéreos sin Tripulación (UAS) carecen de los estándares tecnológicos y operacionales “requeridos para guiar un rendimiento seguro y consistente de los UAS”. 

La Oficina de Auditoría General de EE.UU. también reconoció que existen preocupaciones por la privacidad, que incluyen “el potencial para más vigilancia gubernamental utilizando tecnología colocada en los UAS, la recolección y uso de tales datos, y potenciales violaciones de las protecciones constitucionales de la Cuarta Enmienda contra búsquedas y embargos desatinados”. El documento de la CE insta a los Estados miembros a que desarrollen un plan común y exhaustivo similar a la estrategia regulatoria que se está introduciendo en EE.UU., para asegurar que los drones se conviertan en una parte común del tráfico aéreo hasta 2016. 

“El Reino Unido no tiene un plan de acción adecuado [para la introducción de drones]; su plan de acción se escribió en 2005 y es demasiado anticuado”, dijo Mahendran Arjunraja, analista sénior de investigación en Frost & Sullivan, una consultoría de mercado global. 
“Los temas de seguridad son supremos. Pronto tendremos aeronaves sin tripulación compartiendo el espacio aéreo con los aviones”, dijo Arjunraja. “Existe la necesidad de desarrollar tecnología para detectar y evitar que los UAS se estrellen contra aeroplanos. 

Hay que lograr que esta tecnología se introduzca dentro de los próximos 10 años.” 

Fuente: http://www.guardian.co.uk/world/2012/oct/07/drones-uk-civil-liberty-fears 

 

Un operador de drones cuenta su historia


Un soldado se propone graduarse como primero de su clase. Lo consigue y se convierte en operador de aviones no tripulados (los denominados “drones”) con destino en una unidad especial de las Fuerzas Aéreas de USA en Nuevo México. Desde su puesto de trabajo mata a docenas de personas, hasta que un día se da cuenta de que no puede seguir haciéndolo.
  Durante más de cinco años, Brandon Bryant trabajó en un compartimiento rectangular sin ventanas, del tamaño de un remolque, en el que el aire acondicionado mantenía una temperatura constante a 17º grados y, por razones de seguridad, la puerta no podía abrirse. Bryant y sus compañeros de trabajo se sentaban frente a catorce monitores de ordenador y cuatro teclados. Cuando Bryant pulsaba un botón en Nuevo México, alguien moría al otro lado del mundo.
El compartimiento de pilotaje resuena con el zumbido de los ordenadores. Es el cerebro de un avión no tripulado, la cabina en la jerga de la Fuerzas Aéreas. Pero los pilotos no están volando por el aire, sólo están sentados ante los controles.

Bryant fue uno de ellos y recuerda con nitidez un incidente que ocurrió cuando un avión no tripulado Predator planeaba haciendo ochos en el cielo sobre Afganistán a más de 10.000 kilómetros de distancia. Abajo, en el punto de mira, había una casa de techo plano de barro con un cobertizo para guardar cabras. Cuando Bryant recibió la orden de disparar, presionó un botón con la mano izquierda y señaló el techo con un láser. El piloto que estaba sentado junto a él apretó el gatillo de una palanca de mandos y el Predator lanzó un misil Hellfire. Quedaban dieciséis segundos hasta el impacto.

–Esos momentos avanzan como a cámara lenta –dice hoy.

Las imágenes que transmitía una cámara de infrarrojos conectada al avión no tripulado aparecieron en su monitor, emitidas por satélite con un retraso temporal de entre dos y cinco segundos.

Faltaban siete segundos y no había nadie a la vista en tierra. Bryant todavía hubiese podido desviar el misil en aquel momento. El tiempo se redujo a tres segundos y Bryant se sentía obligado a contar cada píxel en el monitor. De repente, dice, vio a un niño que doblaba la esquina.

El segundo cero fue el instante en el que el mundo digital de Bryant chocó con la realidad en un pueblo entre Baghlan y Mazari Sharif.

Bryant vio un destello en la pantalla: era la explosión. Parte del edificio se derrumbó. El niño había desaparecido. Sintió un malestar en el estómago.
–¿Acabamos de matar a un niño? –le preguntó al hombre que estaba a su lado.
–Sí, supongo que era un niño –le respondió éste.
–¿Era un niño? –escribieron en el chat del monitor.

Entonces, una persona que no conocían respondió. Era alguien que estaba sentado en un centro de mando militar en algún lugar del mundo y que había observado su ataque.

–No, era un perro –escribió.
Revisaron la escena en el vídeo. ¿Un perro con dos piernas?
Operadores de aviones no tripulados en la Base Creech de Nuevo MéxicoOperadores de aviones no tripulados en la Base Creech de Nuevo México
 
Primera parte: La guerra invisible Aquel día, cuando Bryant salió del compartimiento de pilotaje puso el pie directamente en su país: praderas resecas a perder de vista en el horizonte, campos cultivados y olor a estiércol fresco. En la torre del radar de la Base Canon una luz centelleaba en la penumbra cada pocos segundos. Allí no había guerra alguna.
La guerra moderna es tan invisible como un pensamiento y la distancia anula su significado. No es una guerra sin límites, pero se controla desde pequeños centros de alta tecnología en diversos lugares del mundo. Se supone que esta nueva manera de consumarla es más precisa que la anterior y eso hace que algunos la consideren “más humana”. Es la guerra de un intelectual, una guerra que Barack Obama, el presidente de Estados Unidos,ha impulsadomás que cualquiera de sus predecesores.

En un pasillo del Pentágono donde se planifica esta guerra, las paredes están recubiertas con paneles de madera oscura. Los miembros de las Fuerzas Aéreas tienen sus oficinas aquí. Un óleo de un Predator cuelga junto a los retratos de los líderes militares. Para éstos, ninguna otra invención ha tenido tanto éxito como el Predator en la “guerra contra el terror” durante los últimos años.
Los militares de USA controlan sus aviones no tripulados desde siete bases aéreas en el país y en otros lugares del extranjero, incluida una en Djibouti, la minúscula nación del este africano. Desde su sede en Langley (Virginia), la CIA controla las operaciones en Pakistán, Somalia y Yemen.

“Salvamos vidas”
El coronel William Tart, un hombre de ojos claros que tiene una imagen precisa del enemigo, considera que el avión no tripulado es una “extensión natural de la distancia”.

Hasta hace unos meses, cuando fue ascendido a jefe del Grupo de Trabajo de Aeronaves Dirigidas por Control Remoto (en inglés, RPA) de las Fuerzas Aéreas de USA en Langley, Tart era comandante de la Base Creech (Nevada), cerca de Las Vegas, donde dirigía las operaciones de aviones no tripulados. Cada vez que controlaba en persona el vuelo de alguno de ellos, podía contemplar una foto de su mujer y sus tres hijas pegada sobre la lista de verificaciones junto a los monitores.

No le gusta la palabra drone, porque según él implica que la aeronave tiene su propia voluntad, su ego (drone significa zángano, el macho de la abeja reina).Prefiere llamarlos “aviones dirigidos por control remoto” y señala que la mayoría de los vuelos sólo tienen como objetivo la búsqueda de información. Se explaya sobre el uso de aviones no tripulados en misiones humanitarias tras el terremoto de Haití y sobre los éxitos militares en la guerra de Libia: su equipo disparó contra un camión que estaba apuntando misiles contra Misrata y también persiguió al convoy en el que huían el ex dictador libio Muamar el Gadafi y su séquito. Añade que los soldados desplegados en Afganistán expresan constantemente su gratitud por la ayuda que se les presta desde el aire. “Salvamos vidas”, dice.

No es tan locuaz en lo que respecta a asesinatos selectivos. Afirma que durante sus dos años como comandante de operaciones en Creech nunca vio morir a civiles y que los aviones no tripulados sólo abren fuego contra edificios donde no hay mujeres y niños. Cuando le preguntan sobre la cadena de mando, Tart menciona un documento de 275 páginas titulado 3-09.3. Afirma que la orden de atacar con aviones no tripulados, y cualquier otro ataque, provienen de las Fuerzas Aéreas. Un oficial tiene que dar su aprobación en el país donde se realicen las operaciones.

Un avión no tripulado Predator
El uso de la expresión “guerra quirúrgica” le molesta. Le recuerda a los veteranos de Vietnam, que lo acusan de no haber transitado por el barro ni sentido el olor de la sangre y le echan en cara que no sabe de lo que habla.
Eso no es cierto, dice Tart, y añade que a menudo aprovecha la hora de viaje que dura el trayecto desde la Base Creech hasta Las Vegas para distanciarse de su trabajo. “Observamos a la gente durante meses. Se los ve jugando con sus perros o haciendo la colada. Conocemos sus costumbres tanto como las de nuestros vecinos. Podemos incluso ir a sus funerales.” No siempre ha sido fácil, dice.
Una de las paradojas de los aviones no tripulados es que, a pesar de que aumentan la distancia con respecto al objetivo, también crean proximidad. “De alguna manera la guerra se vuelve personal”, dice.

“Vi morir a hombres, mujeres y niños”
En las afueras de la pequeña ciudad de Missoula (Montana) hay una casa amarilla con un fondo de montañas, bosques y bancos de niebla. La tierra está cubierta con la primera nieve del invierno. Bryant, que ahora tiene 27 años, está sentado en el sofá del salón de su madre. Dejó el ejército y ahora vive aquí. Aún tiene la cabeza rapada y luce una barba de tres días. “Hace cuatro meses que no sueño en infrarrojos”, dice con una sonrisa, como si se tratara de una pequeña victoria para él.

Bryant completó 6.000 horas de vuelo durante sus seis años en las Fuerzas Aéreas. “Vi morir a hombres, mujeres y niños durante ese tiempo”, dice. “Nunca pensé que iba a matar a tanta gente. De hecho, lo que pensaba era que no podría matar a nadie.”

Segunda parte: Un trabajo mal visto
  Tras su graduación en la escuela secundaria, Bryant quería llegar a ser periodista de investigación. Solía ​​ir a la iglesia los domingos y tenía debilidad por las cheerleaders pelirrojas. Al final de su primer semestre en la universidad había acumulado miles de dólares en deudas.

Se alistó en el ejército por accidente. Un día, mientras acompañaba a una amiga que iba a alistarse, se enteró de que las Fuerzas Aéreas tenían su propia universidad, donde podría estudiar de forma gratuita. Sus resultados en las pruebas de admisión fueron tan buenos que lo destinaron a una unidad de recogida de información. Aprendió a controlar las cámaras y los rayos láser en un avión no tripulado y a analizar imágenes de tierra, mapas y datos meteorológicos. Se convirtió en un operador de sensores, más o menos el equivalente a un copiloto.

Tenía veinte años cuando participó en su primera misión. Era un día caluroso y soleado en Nevada, pero estaba oscuro en el interior del compartimiento de pilotaje, justo antes del amanecer en Iraq, donde un grupo de soldados usamericanos estaba regresando a su base. Bryant se ocupaba de vigilar el camino desde el cielo, como un “ángel guardián”.

Vio un ojo, una forma en el asfalto. “Había aprendido lo del ojo en el período de instrucción”, dice. Para enterrar un explosivo improvisado en el camino, los combatientes enemigos colocan un neumático en la carretera y lo queman; el calor ablanda el asfalto. Desde el cielo tiene forma de ojo.
El convoy de los soldados estaba aún a varios kilómetros de distancia del ojo. Bryant se lo comunicó a su supervisor, el cual lo notificó al centro de mando. Conforme los vehículos se acercaban al lugar, se vio obligado a buscar durante varios minutos, dice Bryant.

–¿Qué debemos hacer? –le preguntó a su compañero.
Pero éste era también novato en el trabajo.

No era posible comunicarse por radio con los soldados sobre el terreno, ya que estaban utilizando un transmisor de interferencias. Bryant vio pasar al primer vehículo sobre el ojo. No sucedió nada.

A continuación pasó por encima el segundo vehículo y vio un destello que surgía por debajo, seguido por una explosión en el interior del vehículo.
Cinco soldados murieron.

Desde entonces Bryant no pudo quitarse de la mente a sus cinco compatriotas. Empezó a aprenderse todo de memoria, incluso los manuales del Predator y de los misiles, y se familiarizó con todos los escenarios posibles. Estaba decidido a ser el mejor para que estas cosas nunca volvieran a suceder.

“Me sentí desconectado de la humanidad”

Hacía turnos de hasta doce horas. Las Fuerzas Aéreas todavía estaban escasas de personal para el control remoto en las guerras de Iraq y Afganistán. A los pilotos de aviones no tripulados se los tildaba de cobardes pulsadores de botones. Era un trabajo tan mal visto que los militares se vieron obligados a contratar personal jubilado.

Bryant se acuerda de la primera vez que disparó un misil y mató a dos hombres al instante. Mientras miraba, vio a un tercero agonizante. Su pierna había desaparecido y se estaba sosteniendo el muñón con las manos, a través de las cuales la sangre se esparcía por el suelo. La escena se prolongó durante dos minutos. De vuelta a su casa lloró, dice, y llamó su madre.

“Me sentí desconectado de la humanidad durante casi una semana”, dice sentado en su cafetería favorita de Missoula, donde flota en el aire un aroma a canela y mantequilla. Pasa mucho tiempo allí, viendo a la gente y leyendo libros de Nietzsche y Mark Twain; a veces cambia de asiento. No puede sentarse mucho tiempo en un lugar, dice. Se pone nervioso.

Su novia ha roto con él hace poco. Le había preguntado por el peso que lo abruma y él se lo contó, pero resultó ser algo que ella no fue capaz de sobrellevar ni compartir.

Cuando Bryant conduce a través de su ciudad natal luce gafas de sol de aviador y un pañuelo palestino. El interior de su Chrysler está cubierto con insignias de sus escuadrones. En su página de Facebook ha creado un álbum con las fotos de las medallas no oficiales que se le concedieron. Todo lo que tiene es este pasado. Lucha contra él, pero también es una fuente de orgullo.

Cuando lo enviaron a Iraq en 2007, publicó las palabras “listo para la acción” en su perfil. Fue asignado a una base militar situada a unos 100 km de Bagdad, donde su trabajo consistía en hacer despegar y aterrizar aviones no tripulados.
Una vez que éstos alcanzaban la altitud de vuelo, los pilotos de situados en USA lo reemplazaban. El Predator puede permanecer en el aire durante un día entero, pero también es lento, por lo que se encuentra siempre estacionado cerca de la zona de operaciones. Bryant se hizo fotos vestido con un mono de color arena y un chaleco antibalas, apoyado en uno de ellos.

Dos años más tarde, las Fuerzas Aéreas lo destinaron a una unidad especial en la Base Cannon (Nuevo México). Se instaló junto con un soldad amigo en un bungalow de un pueblo polvoriento llamado Clovis, donde abundan los remolques, las estaciones de servicio y las iglesias evangélicas. Clovis está a varias horas de distancia de la ciudad más cercana.

Bryant prefería los turnos de noche, que coinciden con el día en Afganistán. En la primavera, el paisaje, con sus picos nevados y valles verdes, le recordaba a su región natal, Montana. Veía a la gente cultivando los campos, a los niños jugando al fútbol y a los hombres que abrazaban a sus esposas e hijos.
Cuando se hacía de noche, Bryant activaba la cámara de infrarrojos. Muchos afganos dormían en la techumbre durante el verano, debido al calor. “Los observaba mientras hacían el amor con sus mujeres. Son dos puntos infrarrojos que se convierten en uno”, recuerda.

Estudiaba a las personas durante semanas, entre ellas a los combatientes talibanes mientras escondían armas y a quienes estaban en las listas de vigilancia porque los militares, los servicios de inteligencia o los informantes locales sospechaban algo de ellos.

“Llegaba a conocerlos. Hasta que alguien más arriba en la cadena de mando me daba la orden de disparar.” Sentía remordimientos a causa de los niños, a los que dejaba sin padres. “Eran buenos papás”, dice.

En su tiempo libre Bryant pasaba el tiempo con videojuegos o con “World of Warcraft” en internet, o se iba a beber con los demás. Ya no soporta la televisión, porque no lo estimula. También está teniendo problemas para conciliar el sueño.


“No había tiempo para los sentimientos”

La comandante Vanessa Meyer, cuyo verdadero nombre está cubierto con cinta adhesiva de color negro, está haciendo una presentación en la Base Holloman (Nuevo México) sobre la formación de pilotos de aviones no tripulados. Las Fuerzas Aéreas esperan tener personal suficiente para cubrir sus necesidades en 2013.

Meyer tiene 34 años y luce brillo de labios y un anillo con diamante en su dedo. Antes de convertirse en piloto de aviones no tripulados pilotaba aviones de cargo. Vestida con un mono verde de las Fuerzas Aéreas, está en pie en una cabina de entrenamiento y utiliza el simulador para demostrar de qué manera se guía un avión no tripulado a través de Afganistán. El punto de mira en el monitor sigue a un coche blanco hasta que llega a un grupo de chozas de barro. Con la mano derecha empuña el joystick para determinar la dirección del avión y con la izquierda acciona la palanca que ralentiza o acelera el vuelo. En un campo de aviación que hay detrás del compartimiento de pilotaje Meyer nos muestra el Predator, delgado y brillante, y su hermano mayor, el Reaper, que transporta cuatro misiles y una bomba. “Son aviones extraordinarios”, dice. “Únicamente no funcionan cuando hace mal tiempo”.

Meyer pilotó aviones no tripulados en Creech, la base aérea que está cerca de Las Vegas, donde jóvenes entran y salen de coches deportivos y las cadenas de montañas se extienden a través del desierto como reptiles gigantescos. El coronel Matt Martin, en su libro Predator, donde narró su experiencia como piloto de aviones no tripulados en Nevada, escribió: “A veces me sentía como Dios lanzando rayos desde lejos”. Meyer tuvo su primer hijo cuando estaba trabajando allí. En su noveno mes de embarazo aún permanecía sentada en el compartimiento de pilotaje, con el estómago haciendo presión contra el teclado.
“No había tiempo para los sentimientos” cuando se estaba preparando para un ataque, dice hoy. Por supuesto, añade, sentía que el corazón se le aceleraba y que la adrenalina le corría por el cuerpo. Pero cumplía las reglas a rajatabla y se centraba en el posicionamiento de la aeronave. “Una vez tomada la decisión, y a sabiendas de que se trataba de un enemigo, de una persona hostil, de un objetivo legal que se merecía la muerte, no me importaba disparar”.

Tercera parte: No hay lugar para los males del mundo Después del trabajo se dirigía a su casa por la autopista 85 hasta Las Vegas, escuchando música country y pasando, sin siquiera mirarlos, ante activistas por la paz. Rara vez pensaba en lo ocurrido en la cabina de pilotaje, pero a veces rememoraba los pasos individuales a la espera de mejorar su rendimiento.
O se iba de compras. A veces se sentía extraña cuando la cajera le preguntaba: “¿Cómo está?” Y ella respondía: “Muy bien. ¿Y usted? Que tenga un buen día.” Cuando se notaba inquieta se iba a correr. Dice que el hecho de ayudar a los muchachos en tierra la motivaba a la hora de levantarse cada mañana.
En la casa de Meyer no había lugar para los males del mundo. Ella y su marido, un piloto de aviones no tripulados, no hablaban de su trabajo. Ella se ponía el pijama y veía dibujos animados en la televisión o jugaba con su bebé.
Hoy Meyer tiene dos hijos pequeños. Quiere enseñarles “que mamá puede ir a trabajar y hacer un buen trabajo”. No quiere ser como las mujeres de Afganistán, sumisas y cubiertas de la cabeza a los pies.
“Las mujeres no son guerreros”, dice. Meyer añade que su trabajo actual como instructora es muy satisfactorio, pero que le gustaría regresar a las misiones de combate algún día.

No puedo dar marcha atrás y volver a la vida normal
Llegó un momento en que Brandon Bryant sólo pensaba en salir de allí para hacer algo distinto. Pasó unos cuantos meses más en el extranjero, esta vez en Afganistán. Pero después, cuando regresó a Nuevo México, de repente se dio cuenta de que odiaba el compartimiento de pilotaje, que apestaba a transpiración. Empezó por rociar ambientador de aire para eliminar el mal olor. También supo que quería hacer algo que salvase vidas en vez de quitarlas. Pensó que un trabajo como instructor de supervivencia podría venirle bien, aunque sus amigos trataron de disuadirlo.

El programa que luego empezó a preparar en su bungalow de Clovis se llama Power 90 Extreme, un régimen de ejercicios que incluye entrenamiento con mancuernas, flexiones de brazos, dominadas y abdominales. También hace levantamiento de pesas casi a diario.

En los días sin incidentes en el compartimiento de pilotaje solía escribir en su diario reflexiones como ésta: “En el campo de batalla no hay bandos, sólo derramamiento de sangre. La guerra total. Todo lo que veo es horroroso. Ojalá se me pudran los ojos.”

Si lograra ponerse bastante en forma, pensaba para sí mismo, quizá le permitirían hacer algo diferente. Pero era demasiado bueno en su trabajo.
Llegó un momento en que ya no disfrutaba de estar con sus amigos. Conoció a una chica, pero ella se quejaba de su mal humor. “No puedo cambiar y volver a ser como antes”, le dijo. Cuando volvía a casa no podía dormir, así que se ponía a hacer ejercicio. Empezó a contestar mal a sus oficiales superiores.

Un día, se derrumbó en el trabajo y escupió sangre. El médico le dijo que se quedara en casa y le ordenó que no regresara al trabajo hasta que pudiese dormir más de cuatro horas cada noche durante dos semanas seguidas.
“Seis meses más tarde, estaba de vuelta en el compartimiento de pilotaje, manipulando aviones no tripulados”, dice Bryant, que ahora está sentado en el salón de su madre en Missoula. Su perro gimotea y apoya la cabeza en su mejilla. Por el momento no tiene acceso a sus muebles, que están guardados en un almacén y no tiene dinero para pagar la factura. Lo único que le queda es su ordenador.

Bryant publicó un dibujo en Facebook la noche antes de nuestra entrevista. Representa a una pareja que está en pie y se dan la mano en un prado verde, mirando al cielo. Un niño y un perro están sentados en el suelo junto a ellos. Pero el prado es sólo una parte del dibujo. Por debajo hay un mar de soldados moribundos que se apoyan entre sí con las pocas fuerzas que les quedan, un mar de cuerpos, sangre y extremidades.

Los médicos de la Administración de Veteranos han diagnosticado que Bryan padece un trastorno de estrés postraumático. Sus esperanzas de una guerra cómoda –que podría vivirse sin heridas emocionales– no se han cumplido. De hecho, el mundo de Bryant se ha fusionado con el del niño de Afganistán, como si hubiese habido un cortacircuito en el cerebro de los drones.
¿Por qué ha dejado las Fuerzas Aéreas? Un día, dice Bryant, tuvo la certeza de que no iba a firmar el siguiente contrato. Fue el día que entró en el compartimiento de pilotaje y oyó decir a sus compañeros: “¿Oye, cuál es el hijo de puta que va a morir hoy?”.

Traducción Manuel Talens de Tlaxcala

Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/01/17/un-operador-de-drones-cuenta-su-historia/