11 marzo 2015

La EDUCACION: La han convertido en ADOCTRINAMIENTO

Nos quieren más tontos. 

La escuela según la economía neoliberal 
 9788416288748
Pilar Carrera Santafé, Eduardo Luque Guerrero 

Aunque no todo el mundo es consciente de ello, las líneas principales de cualquier política educativa están directamente conectadas con una determinada visión del mundo, y forman parte de un 
proyecto global que pretende modelar la sociedad del futuro. 

Este libro pretende examinar la verdadera naturaleza del actual sistema educativo, subrayar sus intenciones y denunciar sus carencias.

Los autores  proponen aquí un regreso a valores que jamás deberían haber desaparecido de la educación. Nos quieren mas tontos Hoy se ha impuesto en la mayor parte del planeta, y muy específicamente en lo que llamamos Occidente, una educación en la que el conocimiento ha quedado relegado ante lo que ha venido a denominarse “competencias”.

Se trata de un modelo educativo pensado para satisfacer necesidades empresariales, en el que, en palabras de Jacques Delors, el “saber hacer” ha de sustituir al “saber”. 

Impulsada por el Banco Mundial, apoyada por el FMI y la OMC, esta política pretende la creación de una Sociedad del conocimiento… sin conocimiento  y sometida al mercado, que es quien en el fondo establece tanto los contenidos como las herramientas a utilizar en el aprendizaje.

 Los autores: 
-Pilar Carrera Santafé es Licenciada en Historia y ejerce la enseñanza como profesora de catalán. Ha colaborado en proyectos de renovación pedagógica en Latinoamérica, y en los últimos años se ha especializado en la docencia en Aulas de acogida. 
-Eduardo Luque es Licenciado en Pedagogía y Psicopedagogía. Perteneció a los Movimientos de renovación pedagógica del Vallès Occidental y ha publicado trabajos sobre didáctica de las Matemáticas y didáctica de la Historia. Participó asesorando al grupo de IU en el parlamento y al sindicato de CCOO en los debates sobre la aplicación de la LOGSE, y colabora asiduamente con El Viejo Topo, así como con otras revistas de carácter profesional. - 
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Noam Chomsky explica el actual sistema de enseñanza:

Frente a la idea de que en nuestras escuelas se enseñan los valores democráticos, lo que realmente existe es un modelo colonial de enseñanza diseñado para formar profesores cuya dimensión intelectual quede devaluada y sea sustituida por un complejo de procedimientos y técnicas

Un modelo que impide el pensamiento crítico e independiente, que no permite razonar sobre lo que se oculta tras las teorias impartidas en escuelas y universidades. 

Chomsky plantea  lo que deberia ser la educacion y como enormes y poderosos intereses han convertido la educacion en ADOCTRINAMIENTO 






Naomi Wolf:

El Gobierno del primer ministro británico, David Cameron, anunció el pasado año algunas de las reducciones más draconianas del sector público que gobierno alguno de país desarrollado se haya propuesto jamás.

De hecho, su ministro de Educación declaró que se recortará nada menos que un 40% la financiación de las universidades de Reino Unido, pero el aspecto más escandaloso de esa iniciativa es el de que los departamentos de artes y humanidades lo sufrirán mucho más que los de ciencias e ingeniería, que son, supuestamente, mejores para las empresas.

La guerra contra las artes y las humanidades no es nueva precisamente, aunque esta es la primera vez que la lucha se ha trasladado tan directamente a Reino Unido. 
¿Quién necesita estudiar filosofía? Para el primer ministro británico, nadie importante
El mundo académico de las artes y las humanidades es tristemente famoso por no saber defender el valor de su trabajo, pero, aparte de fortalecer la sociedad civil y los hábitos de libertad, esas disciplinas rinden también beneficios finales. ¿Quién necesita leer detenidamente, buscar documentación y formular un argumento razonado, aptitudes que el estudio de la poesía, la novela, la historia y la filosofía proporcionan? ¿Quién necesita estudiar idiomas y literatura comparada? Evidentemente, para Cameron, la respuesta es esta: nadie importante.
Entonces imaginemos un Reino Unido del futuro en el que haya diputados del Parlamento que no sepan cuál fue la causa de la Primera Guerra Mundial o qué fue la Ilustración, periodistas que no sepan escribir convincentemente, abogados y jueces que no consigan entender sus causas y espías y diplomáticos que no hablen las lenguas ni entiendan las culturas con las que trabajan. Ese Reino Unido se parecerá más a los Estados Unidos actuales.
En un instante, Cameron (quien, por su parte, estudió Filosofía, Política y Economía en Oxford, después de haber asistido a los cursos de ese bastión de la enseñanza clásica que es Eton) ha eliminado de un plumazo la influencia mundial de Reino Unido. Después de haber perdido su imperio, Gran Bretaña conserva influencia en el exterior simplemente por la fuerza de su civilización y la educación recibida por sus autoridades.
Ese atractivo es la razón por la que estudiantes extranjeros procedentes de países en ascenso de todo el mundo afluyen en masa todos los años a Reino Unido y aportan millones de libras esterlinas a las arcas de sus universidades. Al recortar los fondos destinados a las instituciones que crearon esa civilización, Cameron ha garantizado que la Gran Bretaña del futuro no será una nación de políticos, escritores e innovadores culturales de primera fila, sino tecnócratas con una formación poco sólida, basada en malos programas de televisión y poca influencia allende su pequeña isla.
Si no se restablece lo que se ha suprimido, Cameron y sus herederos ideológicos crearán una nación de ciudadanos aquiescentes, que, como sus homólogos de EEUU, serán más adecuados para una sociedad cuyas políticas oficiales estén más directamente alineadas con los intereses empresariales. Si bien los ahorros fiscales pueden parecer atractivos a Cameron a corto plazo, para los británicos y para el resto del mundo, que se beneficia de la vivacidad, la civilización y la tradición democrática de Reino Unido, el costo es demasiado elevado.

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 Haz que tus hijos abandonen cualquier pantalla mientras son pequeños:

https://es.vida-estilo.yahoo.com/post/143012639363/una-madre-captura-tiernas-fotos-de-c%C3%B3mo-es-la/photo-por-supuesto-nikki-quiere-dejarles-1460996530269.html

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Silvia Federici, activista feminista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York:

El poder mágico del consumismo sólo se puede desarrollar sobre un desierto emotivo, un desierto social”
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En los colegios se tendria que aprender el tema de la MANIPULACION (VER MINUTO 3.20) :
  

 “Nuestras clases dominantes han procurado siempre  que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina,
no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe comenzar de nuevo,
separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde,
las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad
privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”
-Rodolfo Walsh 

  El sociólogo francés Pierre Bourdieu dice que “el sistema educativo es uno de los universos donde se moldean las personas, donde se fabrican las formas de pensar, y las formas de actuar”. No se puede estudiar seriamente el mundo social, y su funcionamiento, sin estudiar esta institución, donde las diferencias sociales son etiquetadas, legitimadas, y en donde se reproducen las estructuras y super-estructuras sociales, dice Bourdieu. La escuela, en todas sus expresiones, es una de las más importantes organizaciones donde se lleva a cabo las estrategias de reproducción del sistema, y se garantiza su continuidad. Uno de los aparatos ideológicos de adoctrinamiento, diría Louis Althuser. 

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La tesis de una juventud más preparada 
y dotada para enfrentarse al mundo real se considera incuestionable. 
Hoy un joven de 15 años, se dice, sabe más física que Newton y más filosofía que Aristóteles. Es probable, en términos absolutos, el conocimiento avanza y es acumulativo. 

Pero dudo mucho que tengan la misma capacidad de razonamiento. 

Lamentablemente estas afirmaciones, extendidas en determinados ambientes, son una caricatura que distorsiona la realidad. Mirar con esta lente supone construir una imagen llena de aberraciones. Tener acceso a Internet, y no todos, gozar de teléfono móvil, twitter y participar de redes, supone estar mejor formado.

No creo que la juventud de hoy esté mejor formada que sus antecesoras. Tiene especificidades, eso sí, propias de la época, pero ni peor ni mejor preparada, ni más tonta ni más inteligente. Incluso, si me apuran, el nivel de ignorancia funcional de los actuales licenciados y doctores en cualquier disciplina es cuando menos alarmante. 

En una reciente encuesta realizada en la facultad de biología de la Universidad Complutense, 76.8 por ciento de estudiantes de cuarto y quinto curso reconocieron no haber leído a Charles Darwin. Y por experiencia, los futuros graduados en ciencias políticas y sociología no conocen a Mills, Sorokin, Adorno, Aron, Marcuse o Popper, ni pensar en la lectura de los clásicos, a lo más resúmenes de Marx, Weber o Durkheim. Desconocen corrientes y escuelas de pensamiento. No saben citar bibliografía o situar países en el mapa. 

Los errores gramaticales y ortográficos son mayúsculos. Lo dicho, sin ánimo de molestar, es extensible a todas las áreas del conocimiento humano. Y se hubiese estudios comparados entre diferentes generaciones de universitarios a día de hoy, no creo que las actuales salgan mejor paradas que sus iguales. Hoy el sistema educativo en el neoliberalismo es un cascarón vacío. No prepara ciudadanos, no forma para ser mejores personas, sólo le interesa tener mayor control sobre la población y entre más ignorantes mejor. Poseer una licenciatura o posgrado no da conocimientos, otorga título y estatus. Esa es su lógica, no lo olvidemos.
Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2012/07/14/opinion/022a1mun


Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 23 de enero de 2014

Este artículo critica la masiva influencia de los medios televisivos y los videojuegos, que transmiten valores dañinos y perjudiciales para la infancia y la sociedad, y que están configurando un futuro neoliberal sumamente perjudicial para el bienestar de la población.


Algo está ocurriendo de lo que no se habla mucho en los fórums mediáticos y políticos del país, que está teniendo un enorme impacto en la calidad de vida de nuestro presente y de nuestro futuro. Me estoy refiriendo al gran deterioro del medio cultural en el cual está sumergida la infancia. Un indicador de ello, entre otros, es el mundo mediático al cual están expuestos los niños. Y no me refiero solo al número de horas que los infantes están frente al televisor u otros medios visuales de entretenimiento, lo cual continúa siendo un problema grave (en EEUU, donde este tipo de estudios se realiza sistemáticamente, este tiempo de exposición ha subido de una hora y media en los años setenta a cerca de cuatro horas ahora). Me estoy refiriendo, además del tiempo de exposición, al marcado deterioro de los contenidos del producto mediático. El deterioro en el contenido educativo de los programas televisivos o de los videojuegos ha sido muy marcado, con un incremento muy notable de la promoción del consumismo, del individualismo, de la violencia, del narcicismo, del egocentrismo y del erotismo como instrumentos de manipulación. 

La evidencia de que ello es así es abrumadora. Estos contenidos –que configuran muy negativamente los valores de la sociedad- están muy extendidos en toda la sociedad, incluidos los adultos. Pero lo que es todavía más preocupante es que muchos de estos valores se presentan incluso con más intensidad en los programas  orientados a los infantes. Y la situación está empeorando. Me explicaré.


A mediados de la década de los años setenta, se hizo un estudio sobre el contenido de los programas de televisión para los niños y niñas en EEUU. Lo hicieron investigadores de la The Johns Hopkins University. En dicho estudio se vio que la violencia, muy generalizada en los programas de televisión de EEUU, estaba incluso más presente, paradójicamente, en los programas orientados a los infantes. Este estudio creó un revuelo considerable en aquel país. Y me tocó a mí presentarlo en el Congreso de EEUU, no como Profesor de la Universidad que hizo el estudio, sino como dirigente de la Asociación Americana de Salud Pública (American Public Health Association, APHA), habiendo sido elegido de su Executive Board por los 50.000 miembros de esta Asociación.


El Comité de Asuntos Sociales del Congreso de EEUU organizó una serie de testimonios para analizar qué estaba ocurriendo en los programas de televisión orientados a la infancia. Y convocó una sesión en la que estaban los presidentes de las tres cadenas de televisión más importantes de EEUU (CBS, ABC y NBC) por un lado, y el representante de la APHA (que era yo), por el otro. Siempre recordaré aquel momento. Allí estaba yo, hijo de la Sagrera, el barrio popular por excelencia de Barcelona, España, con el enorme privilegio (en un país de inmigrantes) de representar a mis colegas de la APHA y defender los intereses del pueblo estadounidense frente a tres de las personas más poderosas de EEUU, que en su testimonio intentaban ridiculizar el mío, subrayando que yo estaba exagerando el impacto de esos programas en la infancia de EEUU. 

Puesto que no podían cuestionar los datos que documentaban la enorme violencia de los programas infantiles, se centraban en negar que tuvieran impacto en los infantes. Este argumento fue fácil de desmontar, con la pregunta que les hice delante del Congreso: “Si ustedes creen que sus programas no tienen ningún impacto entre los niños, ¿por qué cuesta casi un millón de dólares cada anuncio comercial que aparece en dichos programas?”. No respondieron. Negar que tales programas tengan un impacto en los televidentes es absurdo. El Congreso de EEUU, por cierto, no hizo nada, pues no osaban contrariar a esos grupos de poder.


La situación se está deteriorando

Y la situación es incluso ahora peor. Esta fijación de los infantes a los medios audiovisuales está ampliamente extendida, a través ahora de los videojuegos, que están sustituyendo a la televisión. El grado de exposición de los infantes a los videojuegos ha alcanzado un nivel que sobrepasa con mucho el tiempo frente al televisor. La transmisión de los valores citados anteriormente a través de estos videojuegos es masiva. Es el equivalente al “fast food” (comida basura) en el mundo psicológico, cultural e intelectual. De ahí que en varios países europeos se esté considerando prohibir la importación de videojuegos procedentes de EEUU (que son extraordinariamente violentos), que contaminan masivamente a los niños y niñas. Creo que las autoridades públicas españolas deberían considerar su prohibición, como está ocurriendo en varios países en Europa.


Pero, además de la contaminación que muchos de estos videojuegos suponen para la infancia, esta exposición a la cultura del videojuego sustrae al infante de otras actividades. 

 Existe evidencia de que a mayor exposición televisiva y mayor tiempo dedicado a los videojuegos, menor es la capacidad de lectura y comprensión de textos. La lectura de libros –los clásicos de la infancia, desde Heidi al Petit Prince- está disminuyendo muy rápidamente. Se me criticará que esta nota traduce una nota de nostalgia, lo cual no es cierto, pues mi crítica no es que no se lean estos textos, sino que no se lea este tipo de textos, en los que la narrativa conecta al individuo con la realidad que lo rodea, ayudándolo a desarrollar una visión solidaria, amable y colectiva de la sociedad. Enfatizar la fuerza, el ego, el yo y la satisfacción rápida e inmediata de lo deseado, sin frenos, nos llevará a todos a un suicidio colectivo. Y me preocupa que ya esté ocurriendo. 

Si quieren ver su futuro, vayan ahora a EEUU, y lo verán. El cambio sufrido desde la década de los ochenta, cuando se inició la época neoliberal con Reagan y Thatcher, ha sido enorme. El neoliberalismo, el canto al “éxito” sin frenos, el individualismo, el narcisismo, el darwinismo, han inundado todas las áreas de la cultura de la infancia.


Las niñas como objetos sexuales

Otro elemento de deterioro de la cultura infantil y juvenil está en la reproducción de los estereotipos, detrás de los cuales hay una relación de poder. Uno de los más marcados es el que reproduce la visión machista de la sociedad, presentando a las mujeres como objetos deseados eróticamente, y que afecta marcadamente a la infancia. Esta visión ha alcanzado dimensiones patológicas. En los países más machistas (y España está en el tope de la lista), la mujer va siempre muy escotada (y cada vez más), y si no, vean los telediarios. ¿Por qué no van los hombres en los noticiarios escotados cuando dan las noticias, y sí las mujeres? 


La imagen erótica, con una definición de belleza establecida por el hombre, está alcanzando tal nivel hiperbólico que se inicia ya incluso en las vestimentas infantiles con las muñecas Barbie. Varios países europeos –como Francia- están también pensando en prohibir tales tipos de muñecas. Se está alcanzando un nivel que exige una movilización, protestando contra esta contaminación con la promoción de unos valores que son dañinos para la infancia y para la población en general. Espero que el lector se sume a estas movilizaciones. Si usted ama a su país, le sugiero que haga algo. No deje que le manipulen ni a usted ni a sus hijos, hijas, nietos o nietas. ¡Indígnese! ¡Haga algo!


Propuesta de cambios en la educacion que haria un anonimo comentarista:

"Yo no quiero que se ahorque al Rey, ni a ningún banquero, ni a ningun politico, ni quiero que España se convierta en una república, o en una federación o una anarquía...o..

Yo sé lo que quiero: quiero que los españoles se sintonicen con sus principios espirituales propios, que hagan de su inagotable legado intelectual, su fortaleza. Eso es lo que quiero. Los que digan que la espiritualidad no pagará las cuentas de la luz y el agua, ni dará trabajo a tanto parado, se equivocan. 
La crisis económica se puede arreglar, la crisis laboral se puede arreglar, la crisis política se puede arreglar siempre y cuando los españoles (y digo "español" sin ninguna carga política) restituyan sus principios morales primero (Sí: Moral) y después, poco a poco, su dimensión espiritual. 

Hoy en día la "Moral" es un tema desfasado, pasado de moda, de "carcas", algo "superado" por los inmoralistas de la modernidad (Nietzsche y compañía)… Y así nos luce el pelo:

No se puede confiar en un político, pero es que tampoco se puede confiar en un taxista, ni en un fontanero, ni en un periodista.
La debacle moral está generalizada.

Si hablamos de educación, yo tendría una propuesta:
dar a la Ética clásica (Por qué no? La Ética Platónica) una importancia capital en las escuelas. Primero aprendemos qué es el Bien, qué la Virtud… y después aprendemos las ecuaciones de segundo grado. 

¿Más propuestas educativas? Proponemos una montaña de ellas, no para una "reforma educativa" sino tan sólo para hacer de las escuelas lugares respirables: 

1) Además de la Ética (y con ella, la Filosofía Clásica), restaurar algunas materias denostadas completamente imprescindibles: las Artes Plásticas, la Música, la expresión artística. 

2) Rehabilitar ciertas disciplinas como la Geometría en Matemáticas, como la Caligrafía en Lengua (hoy ya no se escribe) o la Métrica (lo más parecido a poesía es el SMS). 

3) Restaurar el tratamiento de la Educación Física como una materia de primer orden (Una Educación Física verdadera. Y no esa educación física que propone la mayoría de profesores: Un barça-madrid en el patio del colegio.) 

4) La enseñanza de horticultura, de puericultura y de alimentación como saberes tan (o más) importantes como la Física, el Inglés o la Informática. 

5) Prohibir los malditos libros de texto, de una vez por todas ¿Alguien ha leído con detenimiento alguna vez un libro de texto? Carísimos, uno por cada asignatura, una extorsión más para las familias, libelos muy mal intencionados en donde ponen fotos repugnantes de estrellas pop y deportistas de élite sonriendo, para "amenizar el contenido". 

6) Prohibir el uso (en alumnos y profesores) de ropa y calzado de marca con logotipo de multinacional infame.
Ni nike, ni dolce&gabanna, ni nada de eso en las escuelas. Y finalmente, y más importante: 

7) Prohibir (yo no tengo miedo a esa palabra, "Prohibir") la presencia de dispositivos electrónicos de cualquier tipo (tablets, wifi, Smart-phone, lo que sea) tanto en el aula como en el área escolar, y tanto a alumnos como a personal docente. Quien haya dado clase en una escuela recientemente, sabrá de lo que hablo. Tras la popularización de las "nuevas tecnologías" es literalmente imposible dar clase. Imposible. Ya hoy en día, las escuelas son auténticos campos de adiestramientos de perros de presa en donde la autoridad ya no está ni tan si quiera en el profesor, sino en el iPhone. 
Pueden subir los salarios, pueden reducir el número de alumnos por clase, dar un lap-top a cada alumno, pueden poner sexólogos en las escuelas… no va a cambiar nada. 

Tanto Wert como los indignados, se pasarían nuestras propuestas por la flor, pues no tienen ningún interés en hacer de las escuelas algo diferente de lo que hoy son.








Letra del video Argentino: 


¿Qué pasa si te digo que NO creo en la Escuela, pero SI en la Educación?

Que quiero aprender, pero no aceptar lo que otros me imponen.
¿Qué pasa si te digo que la Escuela no es tan buena como parece?
Que desde su creación solo dice: repite, ignora y obedece.



Que fue pensada por los mismos que dominan el mundo.
Burócratas, dictadores, banqueros, y nosotros la aceptamos como muchos.



Lo que la Escuela siempre buscó fue moldear a la gente
haciendoles creer que son libres e independientes,
pero lo único que espera de cada niño de la Tierra
es que solo produzca y consuma para sostener este sistema.

¿Qué pasa si te digo que saber no necesariamente es comprender?
Que conocimiento es importante,
pero solo absorber información nos hace más ignorantes.
Comprender es haberlo vivido y experimentado.

Saber es simplemente poder acumularlo.

La Educación sirve para crecer y desarrollarnos,
la Escuela para aprobar el examen y graduarnos como esclavos.
Aprender en libertad es poder elegir que aprendo y descubrir cómo.

La Escuela es repetir lo establecido y acallar quienes somos.
Aprender en libertad es conocerme junto a otros y descubrir la vida.
La Escuela tradicional es negar quien soy y ser lo que otros me exijan.

¿Qué pasa si te digo que la Escuela no piensa en el ser humano?
Porque somos sólo numeros que aprueban o repiten grados.
Donde se desecha a quien no alcanzan el promedio.
Se les castiga y excluye, haciendoles creer que son menos.

Porque solo se dirige a un grupo homogéneo y en masa,
matando las diferencias, sueños y esperanzas.
La verdad es que todos somos genios de chiquitos,
pero la Escuela asfixia a quienes no cumplen sus requisitos.


La verdad es que realmente somos iguales,
porque todos, y absolutamente todos, somos únicos, diversos y especiales.
Educar es aprender juntos a ser humanos,
pero sin un curriculum de un ministro o un tirano.

Educar es verte al espejo, y reconocerte vivo,
mirar a los otros y encontrar lo mismo.

¿Qué pasa si te digo que el eje de la Escuela es el “deber ser”?
Mientras lo que guía a la Educación es crear y “poder ser”.

¿Qué pasa si te digo que la Escuela nos enseñó a sobrevivir con miedo?
Y la Educación es realizarnos para ser plenos
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 Como relató el agente de la CIA Amir Mirza Hekmati, detenido en Irán, los videojuegos son concebidos como armas de guerra psicológica para justificar las acciones bélicas de Estados Unidos y, de hecho, alguno de ellos ha sido regalado en Irak para modificar la Opinión Pública sobre la invasión USA.

En una confesión en vídeo que reprodujo The Iranian Times, Hekmati dijo que trabajó para el DARPA después de dejar los marines en una compañía de videojuegos llamada Kuma Games.
Salvo su director, ninguno de los trabajadores sabía que, en realidad, era una contrata de la CIA especializada en guerra psicológica

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Vicenç Navarro

Algo está ocurriendo de lo que no se habla mucho en los fórums mediáticos y políticos del país, que está teniendo un enorme impacto en la calidad de vida de nuestro presente y de nuestro futuro. Me estoy refiriendo al gran deterioro del medio cultural en el cual está sumergida la infancia. Un indicador de ello, entre otros, es el mundo mediático al cual están expuestos los niños. Y no me refiero solo al número de horas que los infantes están frente al televisor u otros medios visuales de entretenimiento, lo cual continúa siendo un problema grave (en EEUU, donde este tipo de estudios se realiza sistemáticamente, este tiempo de exposición ha subido de una hora y media en los años setenta a cerca de cuatro horas ahora). Me estoy refiriendo, además del tiempo de exposición, al marcado deterioro de los contenidos del producto mediático. El deterioro en el contenido educativo de los programas televisivos o de los videojuegos ha sido muy marcado, con un incremento muy notable de la promoción del consumismo, del individualismo, de la violencia, del narcicismo, del egocentrismo y del erotismo como instrumentos de manipulación. La evidencia de que ello es así es abrumadora. Estos contenidos –que configuran muy negativamente los valores de la sociedad- están muy extendidos en toda la sociedad, incluidos los adultos. Pero lo que es todavía más preocupante es que muchos de estos valores se presentan incluso con más intensidad en los programas  orientados a los infantes. Y la situación está empeorando. Me explicaré.

A mediados de la década de los años setenta, se hizo un estudio sobre el contenido de los programas de televisión para los niños y niñas en EEUU. Lo hicieron investigadores de la The Johns Hopkins University. En dicho estudio se vio que la violencia, muy generalizada en los programas de televisión de EEUU, estaba incluso más presente, paradójicamente, en los programas orientados a los infantes. Este estudio creó un revuelo considerable en aquel país. Y me tocó a mí presentarlo en el Congreso de EEUU, no como Profesor de la Universidad que hizo el estudio, sino como dirigente de la Asociación Americana de Salud Pública (American Public Health Association, APHA), habiendo sido elegido de su Executive Board por los 50.000 miembros de esta Asociación.

El Comité de Asuntos Sociales del Congreso de EEUU organizó una serie de testimonios para analizar qué estaba ocurriendo en los programas de televisión orientados a la infancia. Y convocó una sesión en la que estaban los presidentes de las tres cadenas de televisión más importantes de EEUU (CBS, ABC y NBC) por un lado, y el representante de la APHA (que era yo), por el otro. Siempre recordaré aquel momento. Allí estaba yo, hijo de la Sagrera, el barrio popular por excelencia de Barcelona, España, con el enorme privilegio (en un país de inmigrantes) de representar a mis colegas de la APHA y defender los intereses del pueblo estadounidense frente a tres de las personas más poderosas de EEUU, que en su testimonio intentaban ridiculizar el mío, subrayando que yo estaba exagerando el impacto de esos programas en la infancia de EEUU. Puesto que no podían cuestionar los datos que documentaban la enorme violencia de los programas infantiles, se centraban en negar que tuvieran impacto en los infantes. Este argumento fue fácil de desmontar, con la pregunta que les hice delante del Congreso: “Si ustedes creen que sus programas no tienen ningún impacto entre los niños, ¿por qué cuesta casi un millón de dólares cada anuncio comercial que aparece en dichos programas?”. No respondieron. Negar que tales programas tengan un impacto en los televidentes es absurdo. El Congreso de EEUU, por cierto, no hizo nada, pues no osaban contrariar a esos grupos de poder.

La situación se está deteriorando
Y la situación es incluso ahora peor. Esta fijación de los infantes a los medios audiovisuales está ampliamente extendida, a través ahora de los videojuegos, que están sustituyendo a la televisión. El grado de exposición de los infantes a los videojuegos ha alcanzado un nivel que sobrepasa con mucho el tiempo frente al televisor. La transmisión de los valores citados anteriormente a través de estos videojuegos es masiva. Es el equivalente al “fast food” (comida basura) en el mundo psicológico, cultural e intelectual. De ahí que en varios países europeos se esté considerando prohibir la importación de videojuegos procedentes de EEUU (que son extraordinariamente violentos), que contaminan masivamente a los niños y niñas. Creo que las autoridades públicas españolas deberían considerar su prohibición, como está ocurriendo en varios países en Europa.

Pero, además de la contaminación que muchos de estos videojuegos suponen para la infancia, esta exposición a la cultura del videojuego sustrae al infante de otras actividades. Existe evidencia de que a mayor exposición televisiva y mayor tiempo dedicado a los videojuegos, menor es la capacidad de lectura y comprensión de textos. La lectura de libros –los clásicos de la infancia, desde Heidi al Petit Prince- está disminuyendo muy rápidamente. Se me criticará que esta nota traduce una nota de nostalgia, lo cual no es cierto, pues mi crítica no es que no se lean estos textos, sino que no se lea este tipo de textos, en los que la narrativa conecta al individuo con la realidad que lo rodea, ayudándolo a desarrollar una visión solidaria, amable y colectiva de la sociedad. Enfatizar la fuerza, el ego, el yo y la satisfacción rápida e inmediata de lo deseado, sin frenos, nos llevará a todos a un suicidio colectivo. Y me preocupa que ya esté ocurriendo. Si quieren ver su futuro, vayan ahora a EEUU, y lo verán. El cambio sufrido desde la década de los ochenta, cuando se inició la época neoliberal con Reagan y Thatcher, ha sido enorme. El neoliberalismo, el canto al “éxito” sin frenos, el individualismo, el narcisismo, el darwinismo, han inundado todas las áreas de la cultura de la infancia.

Las niñas como objetos sexuales
Otro elemento de deterioro de la cultura infantil y juvenil está en la reproducción de los estereotipos, detrás de los cuales hay una relación de poder. Uno de los más marcados es el que reproduce la visión machista de la sociedad, presentando a las mujeres como objetos deseados eróticamente, y que afecta marcadamente a la infancia. Esta visión ha alcanzado dimensiones patológicas. En los países más machistas (y España está en el tope de la lista), la mujer va siempre muy escotada (y cada vez más), y si no, vean los telediarios. ¿Por qué no van los hombres en los noticiarios escotados cuando dan las noticias, y sí las mujeres? La imagen erótica, con una definición de belleza establecida por el hombre, está alcanzando tal nivel hiperbólico que se inicia ya incluso en las vestimentas infantiles con las muñecas Barbie. Varios países europeos –como Francia- están también pensando en prohibir tales tipos de muñecas. Se está alcanzando un nivel que exige una movilización, protestando contra esta contaminación con la promoción de unos valores que son dañinos para la infancia y para la población en general. Espero que el lector se sume a estas movilizaciones. Si usted ama a su país, le sugiero que haga algo. No deje que le manipulen ni a usted ni a sus hijos, hijas, nietos o nietas. ¡Indígnese! ¡Haga algo!

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No vale la pena ir a STARBUCKS :

La gente acude en masa a las cadenas de cafeterías Starbucks a pesar de que tienen una oferta de bebidas y comidas ostensiblemente inferior a la de la mayoría de cafeterías.
Además, la gente paga caro el café (un simple capuchino puede costar 2,55 dólares en Nueva York, por ejemplo), cuando el café no es especialmente mejor al de cafeterías con precios más razonables.
 Howard Schultz, se está haciendo  rico porque hincha los precios de sus productos hasta límites obscenos
 De acuerdo con el catedrático de Economía Brian McManus, el margen de ganancia de café ronda el 150 por ciento: cuesta 40 centavos preparar una taza de café de un dólar, y cuesta menos de un dólar preparar un café con leche pequeño, que se vende a 2,55 dólares. 


La ventaja más significativa de Starbucks es su ubicación privilegiada. Junto a las salidas de transporte público, en las esquinas de calles muy transitadas, etc.
Cuando uno está yendo al trabajo y necesita su dosis de cafeína, acepta pagar  más si la cafetería está en su camino. (Ademas mucha  gente también acude a Starbucks porque es cool, al menos lo era,  te permiten sentarte  a leer o escribir en el portátil, etc.)

Para que una cafetería sea rentable en determinados sitios, debe aumentar el precio de determinados productos con un margen muy superior al habitual.