18 enero 2012

Esta "cultura" es pura basura..... y no lo sabias

Por qué bebemos Coca-cola a morro y “lo cool”


Inestimable ensayo para todo aquel que alguna vez se haya burlado de la contracultura que nos legaron los años sesenta. [...] Análisis apasionado y exhaustivo de la era de la publicidad. [...]


No lo lea
Va a descubrir que su personalidad más auténtica es consecuencia de la publicidad


La conquista de lo cool no sólo hace callar a viejos hippies canosos que recuerdan sus viajes en furgoneta Volkswagen convencidos de que fueron transgresores, sino que además vacuna al público contra el capitalismo moderno que está hoy por todas partes, incluso en estas páginas.» BRAD WIENERS, Wired Magazine

La conquista de lo cool nos enseña por qué durante el último tercio del siglo veinte los ciudadanos estadounidenses confundieron cada vez más cortesía con conformidad, ironía con denuncia y levantar el dedo mayor con un manifiesto populista. Frank muestra con habilidad las diversas formas en que la publicidad volvió a definir el radicalismo fusionándolo con un consumismo agresivo. [...]
Su voz sirve de estimulante complemento al soporífero discurso público de finales del siglo veinte.» T. J. Jackson Lears,In These Times


Los modernos y agresivos spots publicitarios de aquellos años,  se mofaban de las vanas promesas de la cultura consumista a la vez que vendían el consumismo como un acto de rebelión. ......

«Frank rastrea los orígenes de la crítica de la contracultura, que acaba encontrando no en el campus ni en la comuna, sino en los manuales de gestión empresarial y en los departamentos creativos de las agencias de publicidad de los años cincuenta. [...]

De hecho, él mismo confiesa que el título del libro no es del todo acertado.
La empresa no conquistó la contracultura. La inventó.» DEBRA GOLDMAN, Los Angeles Times Book Review

«Después de leerlo será difícil volver a utilizar palabras como “revolución” o “rebelde” sin entrecomillar.»          GERALD MARZORATI, New York Times Book Review

«Frank sostiene con firmeza no sólo que la industria publicitaria convirtió la retórica contracultural de la revolución en un eslogan para incentivar el consumo, sino que además el proceso en sí fue, de hecho, anterior a cualquier movimiento contracultural del que se pudiera sacar algún provecho.» GEOFF PEVERE, Toronto Globe and Mail

«Impagable, pletórico y desmitificador ensayo que todos deberían leer ahora que se acercan las fechas más salvajes del consumismo de masas.» FRAN G. MATUTE, Estado crítico


La invención de la costumbre:

Beber de la botella, deportiva y juvenilmente, fue un recurso de Coca-Cola para mostrar la marca en sus avisos publicitarios. Beber de la botella era, es, de borrachos, siempre y cuando no sea Coca-Cola.

La invención de la costumbre:

Hollywood   impuso los pijamas y   las camas separadas, en una sociedad que se acostaba en calzoncillos o en pelotas, para mostrar parejas en la cama, pero vestidas. De allí en más fue un signo de elegancia usar pijama, y hasta bajar con él a desayunar.

La invención de la costumbre:

Thomas Frank viene a decirnos, con su libro,  que si algo queda de aquel movimiento, abominado sin razones por la derecha reaganeana, es que los signos de rebelión, “se tú”, y contracultura siguen vendiendo lo que sea, desde calzones hasta autobuses, o música.



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Por ejemplo ¿a qué tanto joder con un grupo mediocre como The Doors?
Fuera de lo que hicieron y hacen con ellos las empresas y la mitología, no resisten una audición seria. Al menos eso es lo que afirma este Thomas Frank.

No lo lea
Va a descubrir que su personalidad más auténtica es consecuencia de la publicidad

«Thomas Frank es uno de los cínicos más destacados de la generación X. ¿Su principal objetivo?: revelar el modo en que la empresa norteamericana obligó al pueblo a conformarseNewskeek


«La industria publicitaria convirtió la retórica contracultural de la revolución en un eslogan para incentivar el consumo, y ademas  el proceso en sí fue, de hecho, anterior a cualquier movimiento contracultural » Geoff Pevere, Toronto Globe and Mail

A principios de los sesenta las agencias de publicidad evolucionaron.

Los medios de masas anticiparon el espíritu de la contracultura y lo emplearon con descaro y réditos para generar su particular giro copernicano. Al ir por delante supieron leer bien el contexto y sacarle partido.




Los anuncios rebosan inteligencia y no sólo quieren dirigirse a veinteañeros. Asimilan su léxico y su estética transmitiendo estos conocimientos a los otros segmentos demográficos; de este modo alejan el temor a lo revolucionario y lo integran en el tejido social mediante la indumentaria, el automóvil y otros objetos económicos para capear el temporal e imponer un dinamismo superior al consumo, que metamorfosea los modos de vida y elimina las temporadas promocionándose por tierra, mar y aire.


En este sentido la moda masculina es el mayor exponente.  
Hasta mediados de los sesenta muchos hombres tenían un armario anodino con camisas blancas, dos o tres trajes, calcetines negros, dignos zapatos y un buen sombrero. La aparición de los baby boomers supuso una bendición para la industria, que no hallaba el mecanismo exacto para dejar la enfermería. El éxito del fashion entre el público femenino se trasladó al masculino, que rápidamente cayó presa de la vorágine. Los trajes perdieron su aspecto de antigualla, los complementos causaron furor y la oferta nunca terminaba, hasta el punto que una fábrica tenía un cálculo matemático que ofrecía dos millones de diferentes posibilidades.
De lo homogéneo el rumbo viró a la exaltación del individuo y la rebeldía con destellos de autenticidad para completar el cuadro. ¿Les suena, verdad? El origen está en los sesenta. Unos pusieron la ilusión y en el entusiasmo, otros la creatividad y la astucia al servicio del capital y de sus propios bolsillos. Nixón ganó las elecciones y la marea psicodélica fue diluyéndose.
Lo mismo sucedió con las vanguardias. Cayeron derrotadas cuando la publicidad normalizó su contenido. Thomas Frank aborda la cuestión y lo hace con datos contrastados, copiosa documentación y un estilo que conecta los múltiples enlaces temáticos con elegancia y mucha inteligencia. 
Tumba la fachada y ubica en el escenario la máquina que movía los hilos con precisión quirúrgica
 
El clímax del verano del amor y los últimos años de la década prodigiosa coincidieron con los de mayor ímpetu y eficacia de las agencias de publicidad en su revolución creativa. 
Luego aterrizó la crisis y la homologación campó a sus anchas. La bomba quedó cancelada y enterrada. Las parcas nunca dejan de coser.

Los elementos anquilosados desaparecieron y los anuncios se llenaron de fundamental ironía, ropas de colores chillones, chicas de California, actitudes rompedoras y una feroz autocrítica que lavaba la cara a los errores de los mayores, estableciendo un lenguaje que hacía guiños constantes a hippies y otros grupos al tiempo que, el paradigma es el caso Wolkswagen, ofrecían productos bajo consignas de longevidad y fiabilidad. Lo veloz y lo intemporal en armonía.


«Si bien la alianza entre la contracultura y el capitalismo es un tema apenas novedoso, Frank lo presenta de manera insólita y sin sentimentalismos [...]. La conquista de lo cool está felizmente exento de rimbombante jerga profesional. No hay ni una sola página de este libro que se pueda tildar de aburrida.» Alexander Star, Slate

El propio sistema capitalista se valió de los lemas que llamaban a su destrucción para continuar creciendo. 

En un ejercicio de asimilación y apropiación reseñable, la publicidad se valió de los movimientos contraculturales para vender y así, hasta hoy. 
Los lemas de marcas como Nike, Apple o Starbucks, por citar alguna de ellas, son producto de los cambios de mentalidad que se produjeron en aquella época. Hasta la inventora de la minifalda aparece mencionada: 

Mary Quant, la ‘gran sacerdotisa de la moda joven’, ayudó a promocionar la marca afirmando que ‘Ahora que ya no hay reglas… no hay nada parecido a lo que está de moda o no’ “.

INTERESANTISIMO DOCUMENTAL SOBRE LA MANIPULACION DE LA POBLACION A TRAVES DE LOS DESCUBRIMIENTO EN LA PSICOLOGIA DESPUES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL:
anonimo 

La degradante modernidad y su liberalismo corrompe la sociedad