22 marzo 2016

servicios terroristas de la OTAN - Al Qaeda y operacion GLADIO


 Desaparecida la URSS la OTAN tendría que haber sido disuelta, pero entonces  inventaron el enemigo musulmán. 
Luego vinieron los autoaentados del 11-S y se atribuyeron el derecho a intervenir en cualquier parte del mundo.  Tras el golpe de estado dado en Ucrania tratan de dibujar a Rusia como el gran enemigo. Siempre inventando enemigos.  
Ya es hora de reclamar la disolución de la OTAN,  la mayor alianza terrorista de toda la historia de la humanidad

Antes de empezar una noticia de ultima hora:

"Al Qaeda es una banda armada de la OTAN"

 

ATENTADOS EN BRUSELAS:

Laurent Louis - diputado Belga:

"O nuestros servicios de seguridad son incompetentes e incapaces de proteger los lugares sensibles, tales como el aeropuerto nacional y la red de metro de Bruselas, o están estos mismos servicios en el origen de estos ataques".

" Dada la situación actual, teniendo en cuenta el nivel de alerta, es inconcebible que los individuos hayan sido capaces de entrar en el aeropuerto o el metro con bombas e inmolarse. No me atrevo a imaginar que nuestros servicios de inteligencia y nuestros servicios de seguridad no son capaces de señalar que no pueden proteger eficazmente a los lugares de importancia tan grande."

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2015:

Nadie puede desconocer en estos momentos que tanto Al Qaeda como el ISIS y otras organizaciones terroristas y mercenarias están siendo utilizadas por los servicios de Inteligencia de Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña y otras potencias, para llevar adelante las guerras coloniales, destinadas a imponer el plan geoestratégico de lo que llaman un “Medio Oriente Ampliado” y controlado.

Al Qaeda o los talibanes de Afganistán, utilizados por la CIA en su guerra contra la ex Unión Soviética en ese territorio, eran enemigos declarados de Irak, de Libia, como del actual gobierno sirio, todos estos estados no
confesionales.

Pero llegaron a Irak, Libia y ahora a Siria, de la mano de las fuerzas militares de la Organización del Atlántico Norte (OTAN).
Por lo tanto si este comando brutal, pertenece a algunas de estas invaluables creaciones de los servicios de inteligencia de las potencias, habría que buscar a los responsables intelectuales del hecho y descartar un atentado de “bandera falsa”, como los que se han utilizado para aterrorizar al mundo en los últimos años.

De la misma manera debe revisarse la historia del terrorismo de los años 60-70-80 en Europa, tiempos en que la OTAN manejaba los ejércitos secretos de mercenarios en toda esa región.

La severa investigación del académico suizo Daniele Ganser “Los Ejércitos Secretos de la OTAN” realizada en base a fuentes de investigaciones parlamentarias, informes de investigación, juicios, documentos y entrevistas le  permitieron rastrear la red, que en Italia actuó bajo el
nombre de Operación Gladio, y con otras denominaciones en
la mayoría de los países europeos. Los ejércitos secretos de la OTAN cometieron crímenes, atentados terroristas, dejando centenares
de víctimas, atribuyendo luego estas acciones a algunas a organizaciones radicales de la izquierda europea, que actuaban en esos años, como se comprobó.

Quedó establecido de la misma manera que las inteligencias
estadounidenses (CIA) y británicas (SIS o M16) encabezando a las de los países europeos crearon estas redes “secretas” que asumieron el terrorismo como método.

“Esta meticulosa, concienzuda e incisiva investigación revela por primera vez la lúgubre historia, la dimensión y las amenazas que significan los ejércitos secretos creados por la OTAN” escribe Noam Chomsky en la contraportada del libro de Gánser (El Viejo Topo, 2005).

La OTAN está seriamente implicada ahora en la creación de grupos supuestamente “rebeldes” integrados por mercenarios (ahora llamados ejércitos privados) que utilizaron para crear parodias de guerras civiles en los países que invadieron y ocuparon en este siglo XXI, en nombre -falsamente invocado- de la “democracia” y “los derechos humanos”.

Al menos cuatro genocidios se han cometido en este siglo, y crímenes de lesa humanidad como lo reconoce el último resumen publicado en Washington en relación al uso de la tortura, que revela sólo algunas páginas del informe sobre la ilegal actuación de la CIA en ese país y en el mundo.

Cuando suceden hechos como estos terribles atentados en Francia, hay que evaluar cuáles son los objetivos. Hay varias líneas a debatir en este caso.¿A quien favorece este terrible atentado hecho en que han perdido la vida periodistas, dibujantes prestigiosos, incluyendo el director de ese medio, lo que significa un ataque al corazón de la cultura francesa?.

Se podrá decir que los fundamentalistas islámicos no hacen este tipo de análisis, pero por eso mismo resultan los mejores cuadros que reclutan las potencias, para conformar una maquinaria de guerra constante que necesita el poder hegemónico con la finalidad de recordar a Europa que debe acompañar su expansión bélica por todo el mundo, disfrazada de “acciones a favor de la humanidad”.

Es necesario recordar que en estos últimos tiempos hubo diversas demandas políticas y populares demandando una explicación a los gobernantes europeos, que gastaron cifras millonarias en las guerras de la OTAN y destinaron tropas, mientras los pueblos fueron dejados a la deriva bajo aplicación de políticas neoliberales, ya fracasadas en el mundo y derrotadas en América Latina.

Las consecuencias de la aplicación del neoliberalismo rampante sobre cualquiera de los pueblos del mundo, deja miles de víctimas. De hecho actúan como una metodología terrorista de exterminio de poblaciones, de asimilación y de control cultural.

Por estas horas nadie recuerda que el 9 de enero de 2013, París fue también escenario de otra masacre, en que fueron asesinadas tres activistas kurdas exiliadas en Francia en un atentado en el Centro de Información Kurdo de París.

Un analista del Kurdistán recuerda que “el asesino material fue encarcelado tiempo después, pero la responsabilidad de los servicios de inteligencia de Turquía, que llevan a cabo un genocidio y guerra sucia contra el pueblo kurdo hace mas de 35 años no fue siquiera mencionada, como tampoco lo fueron la responsabilidad de los Estados Francés, Alemán y Belga, cuyos servicios de inteligencia, está demostrado, tuvieron conocimiento y al menos una participación cómplice en el triple femicidio”.

Es importante unir ambos hechos, especialmente por la forma en que actuaron los atacantes, por cómo huyeron, en una ciudad tan vigilada. Se dijo en el caso de Charlie Hebdo que los encapuchados iban en el automóvil exhibiendo sus armas. Importantes analistas europeos han advertido que lo actuado no concuerda con la metodología de los grupos "yihadistas".

“En el caso de las compañeras kurdas el objetivo principal era arruinar las conversaciones de paz entre el PKK y el Gobierno de Turquía, aniquilando a Sakine Cansiz, la más alta lideresa del movimiento de liberación de las mujeres kurdas” señala el analista del Kurdistán.

En el atentado brutal contra el semanario humorístico francés, que ha sido condenado por toda la comunidad internacional sin excepciones, lo que surge de inmediato es un claro recrudecimiento de la islamofobia, del odio contra  el inmigrante, de la necesidad de justificar la continuidad de una supuesta guerra “contra el terrorismo” en las actuales invasiones coloniales y agitar los más nefastos naZionalismos.

Hay que recordar que Estados Unidos y Europa aplicaron a Ucrania los juegos contrainsurgentes de las infernales “primaveras árabes”, para comenzar la intervención y ocupación instalando en el poder y en el terreno militar no a neonazis, sino a nazis confesos.

Basta ver lo sucedido con la creación de los mercenarios del supuesto Estado islámico cuando engañando a sus propios pueblos los países de la OTAN bombardearon infraestructuras y poblaciones sirias, supuestamente para combatir a los “islamitas del ISIS•”

En realidad fue la última tentativa de tratar de doblar la heroica resistencia Siria, en momentos en que avanza la propuesta de Rusia para una solución que ponga final a la tragedia de más de 200 mil víctimas sirias.

Apoyando, financiando y dirigiendo a fuerzas mercenarias de Al Qaeda, el Estado Islámico y otros cada vez más abiertamente, se logra instalar el terror y paralizar al mundo y en el esquema de guerra psicológica ponen a los pueblos ante la alternativa de elegir entre la “buena civilización occidental” y el “fundamentalismo islámico” o “ terrorista”.

El atentado de París se produce cuando Francia y la Unión Europea han reconocido al Estado Palestino, algo que disgustó abiertamente al gobierno israelí, como así también el hecho de que Palestina acaba de ingresar a la Corte Penal Internacional(CPI).Es un elemento clave a tener en cuenta al analizar la tragedia de París.

Pero especialmente entender la indignación de los gobiernos que bajo el mandato de la gran potencia mundial son los protagonistas activos de estas guerras del siglo XXI porque advierten en el mundo un agotamiento, un cansancio ante la barbarie y el horror.
Un hecho como este es un perfecto guión para justificar todo lo actuado y lo que se proponen para los tiempos cercanos: recobrar el dominio del terror, para paralizar a los pueblos que comienzan a dar señales de rebelión y rechazo a las amenazas del fundamentalismo imperial de llevar a una
Tercera Guerra Mundial.

"Todos somos Charlie", pero para serlo debemos exigir verdad y justicia y no columnas de humo y metodologías de guerras psicológicas para paralizar a los pueblos y hacerlos cómplices de guerras crepusculares y de la instalación del sueño imperial de encabezar una gobernanza mundial


 Stella Calloni 
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Los ejércitos secretos de la OTAN (X)

La guerra secreta en Bélgica

El estudio de las redes «stay behind» en Bélgica resulta esclarecedor en cuanto a varios aspectos de la organización del Gladio a nivel internacional. La OTAN creía tener derecho a hacer cualquier cosa en el país que alberga su sede y ordenó sangrientos atentados que dieron lugar a la creación de comisiones investigadoras en el parlamento belga. En vez de colaborar con los representantes de su propio pueblo, las autoridades militares de Bélgica prefirieron obedecer a una autoridad extranjera, pero varios miembros del Gladio confesaron y proporcionaron información capital.
| Basilea (Suiza)

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Una víctima de la estrategia de la tensión, asesinada fríamente en un supermercado.
Desde el comienzo mismo de la Segunda Guerra Mundial, Bélgica se vio derrotada y ocupada por las tropas alemanas. El gobierno belga tuvo que refugiarse en Londres, donde se mantuvo exilado hasta que los aliados liberaron Europa. Durante aquel difícil periodo, los altos responsables del gobierno y del ejército belgas colaboraron estrechamente con los británicos en la creación de movimientos clandestinos de resistencia que debían operar dentro del territorio ocupado de Bélgica.
A partir del verano de 1942, el SOE (Special Operations Executive) británico comenzó a preparar depósitos de municiones y a entrenar un ejército secreto. Los ingleses proporcionaban equipos de radio y medios para transportar hombres y material y supervisaban desde Londres las cuestiones logísticas así como la formación de los agentes enviados clandestinamente tras las líneas enemigas y la información que proporcionaban.
Además de las operaciones de sabotaje contra el ocupante alemán, el ejército secreto belga se dedicaba también a recoger información que los agentes transmitían posteriormente a Londres por radio, a través de correos o en forma de microfilms.
Si bien el impacto de aquella red de resistencia fue en definitiva marginal, la estrategia utilizada fue verdaderamente ejemplar en ese tipo de actividad:
«Tendientes a precipitar el final del conflicto, las actividades de aquella primera red stay-behind estaban perfectamente organizadas y suscitaban la admiración de los servicios secretos americanos y británicos.» [1]
Los ejércitos secretos se reconstituyeron después de la guerra, pero poniendo el comunismo soviético en el lugar que antes ocupaba el enemigo nazi. La investigación oficial demostró que la red stay-behind activa en Bélgica durante la guerra fría se componía de 2 ramas: el SDRA 8 y la STC/Mob. El SDRA 8 era la rama militar, bajo el control del SGR, el Service Général du Renseignement [En español, Servicio General de Inteligencia. NdT.] del ejército belga, que dependía a su vez del ministerio de Defensa. Su nombre, escrito a veces en su variante SDRA VIII, significa «Service de Documentation, de Renseignement et d’Action VIII» [En español, Servicio de Documentación, Inteligencia y Acción VIII. NdT.].
Este servicio se componía de militares entrenados en acciones de combate, sabotaje, paracaidismo y la realización de acciones marítimas. Además de sus funciones de inteligencia, el SDRA 8 también debía ser capaz de concebir itinerarios de evacuación si Bélgica era invadida. En caso de ocupación de todo el territorio de Bélgica, se suponía que agentes de este servicio sirvieran de escolta al gobierno durante el periodo de exilio y que mantuvieran el contacto con los agentes secretos que se quedarían en el país para combatir el enemigo desde adentro [2].
La rama civil de la red stay-behind belga, la STC/Mob, dependía de la Sûreté de l’État (Seguridad del Estado), o Sûreté (Seguridad), que a su vez estaba vinculada al ministerio de Justicia. STC/Mob quiere decir «Section Training, Communication and Mobilisation». Sus miembros eran técnicos entrenados en el uso de equipos de radio. Eran reclutados principalmente en el seno de grupos «con fuertes convicciones religiosas que debían garantizar su anticomunismo». Según el informe de la investigación sobre el Gladio belga, eran «padres tranquilos, a veces un poco ingenuos» [3].
La STC/Mob «tenía como misión recoger información susceptible de ser útil al gobierno en el contexto de una ocupación enemiga. La sección tenía también como tarea organizar itinerarios seguros para la evacuación de los miembros del gobierno y de otras personalidades que ocuparan funciones oficiales» [4].
En 1971 se creó también un comité «Interservicios» para coordinar la acción de las dos redes stay-behind belgas. Aquel comité se reunía cada 6 meses y el SDRA y la Sûreté se alternaban en la presidencia. Las reuniones se hacían para establecer la posición común que defenderían en las sesiones del Allied Clandestine Committee, que era el centro de decisión de la OTAN para las operaciones de la guerra secreta [5].
Para explicar esta doble estructura bastante inusual que el ejército secreto belga había adoptado es necesario remontarse a la época de la Segunda Guerra Mundial. Las unidades a cargo de la búsqueda de la información que posteriormente enviaban a Londres por radio, correo o microfilms se hallaban en aquel entonces bajo el control del señor Lepage, director de la Sûreté, que a su vez dependía del ministerio de Justicia.
Esa rama dio origen a la STC/Mob. Mientras tanto, los agentes belgas que Londres enviaba a los territorios ocupados, saltando en paracaídas, y que realizaban operaciones clandestinas de sabotaje dependían por su parte del ejército belga. Fueron estos últimos quienes conformaron el SDRA 8. «Se desprende de esas explicaciones», concluía el informe de la investigación parlamentaria, «que, al contrario de otros países, Bélgica dispuso desde el principio de una organización stay-behind a la vez civil y militar» [6].
Los miembros del ejército secreto belga eran «en su mayoría monárquicos convencidos», precisa un informe antiguamente confidencial del SOE, «es por eso que no había miembros comunistas de la resistencia en sus filas» [7].
Después del desembarco y la posterior liberación de Bélgica, estadounidenses y británicos se inquietaron ante la influencia de los comunistas belgas. Al igual que en Italia y Francia, existía en la población belga un gran respeto por los comunistas debido a su coraje y al papel crucial que habían desempeñado en la lucha contra la ocupación nazi. Es por ello que, a fines de 1944, las autoridades británicas y belgas se apresuraron a desarmar a la Resistencia y a rearmar a la policía [8].
«Inmediatamente después de la guerra, un poderoso partido comunista se impuso con, según creo, 21 escaños en el parlamento, por primera vez en la historia de Bélgica», señaló el historiador Etienne Verhoyen en un documental de la BBC dedicado al Gladio. «Nunca antes había sucedido aquello y, teniendo en cuenta la expansión internacional del comunismo, la gente de derecha se alarmó ante aquella “amenaza comunista” que planeaba sobre Bélgica» [9].
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Julian Lahaut, sindicalista, miembro de la Resistencia contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y político belga. Fue asesinado el 18 de agosto de 1950, probablemente por agentes del Gladio.
El carismático jefe del partido comunista belga era Julien Lahaut. Arrestado por los alemanes, había pasado toda la guerra en prisión y, al ser liberado en 1945, había sido nombrado presidente honorario de los comunistas belgas. Lahaut se oponía abiertamente al regreso del rey (Leopoldo III) por considerarlo una marioneta de la centroderecha y de Estados Unidos.
«La izquierda se oponía firmemente al regreso del rey, los simpatizantes de la derecha eran –por supuesto– favorables a este, algunos de ellos establecieron los primeros contactos con la embajada americana en 1948», explicaba el historiador Verhoyen en el mismo documental. La derecha belga se puso en contacto con un oficial estadounidense llamado Parker, que probablemente trabajaba para la CIA. Según Verhoyen, Parker «quería no sólo la campaña de restauración leopoldista sino también que se crearan grupos stay-behind destinados a garantizar la resistencia anticomunista» [10].
Cuando el futuro rey Balduino prestó juramento ante el parlamento belga en agosto de 1950, Lahaut protestó al grito de «¡Viva la República!» Para la derecha belga aquello era un acto imperdonable y significaba que los comunistas representaban una grave amenaza para las instituciones.
Un clima de tensión se apoderó del país. Dos semanas después del incidente, el 18 de agosto de 1950, dos hombres asesinaron a Lahaut delante de su domicilio. El asesinato de Lahaut causó una profunda conmoción en la población belga. La extrema derecha y su red clandestina acaban de deshacerse del más popular de los comunistas belgas [11].
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Paul-Henri Spaak, tres veces Primer Ministro de Bélgica en el marco de la monarquía reinante, negoció el despliegue de Gladio en su país. Posteriormente, se convirtió en secretario general de la OTAN.
La responsabilidad del ejército secreto belga en el asesinato de Julien Lahaut está por demostrar. En todo caso, es casi seguro que la organización ya se hallaba en estado operativo en el momento de los hechos.
En una carta dirigida al primer ministro Paul-Henri Spaak y fechada el 27 de enero de 1949, el jefe del MI6 Stewart Menzies insistía en la necesidad de proseguir la cooperación anglo-belga que había comenzado durante la Segunda Guerra Mundial.
«Estamos de acuerdo en que esta colaboración entre nuestros respectivos servicios debería continuar en base a tradiciones que se remontan a la Primera Guerra Mundial y que han sido reafirmadas por el señor H. Pierlot [Primer ministro belga de 1939 a 1945], el señor A. Van Acker [Primer ministro belga en 1945-1946 y predecesor de Spaak] y por mí mismo.»
Subrayaba Menzies que «la creación de organizaciones de inteligencia y acciones útiles en caso de guerra», entiéndase el funcionamiento de Gladio, tenía que continuar. «Los pedidos en materia de entrenamiento y equipamiento deben formularse pronto», explicaba Menzies, quien hacía también su ofrecimiento de asistencia:
«Ya he ordenado la construcción de varias instalaciones destinadas al entrenamiento de los oficiales y personas recomendadas por la dirección los servicios secretos de ustedes y pronto tendré la posibilidad de proporcionar a ustedes el nuevo equipamiento que se está produciendo actualmente».
El jefe del MI6 pedía a Spaak que no divulgara el contenido de la carta, pero insistía sobre todo en que el primer ministro belga no decidiera colaborar únicamente con la CIA y sugería:
«que algunos oficiales vengan al Reino Unido en los próximos meses para estudiar, en colaboración con [sus] servicios, los aspectos concretos de estas cuestiones» [12].
El primer ministro belga respondió al jefe del MI6 que le alegraba recibir la ayuda de los británicos e indicaba al mismo tiempo que los estadounidenses también se habían acercado a las autoridades belgas en relación con aquel tema y que a él le parecía por lo tanto preferible que Washington y Londres arreglaran primero la cuestión entre sí para que Bélgica no se viera en la delicada situación de tener que escoger entre los dos aliados.
«Estoy muy de acuerdo en que una colaboración entre los tres servicios (británicos, americanos y belgas) sería extremadamente provechosa.»
Spaak agregaba:
«Si uno de los dos servicios, americano y británico, rechazara esa colaboración, los servicios belgas se verían en una situación extremadamente delicada y difícil. Me parece por ello que se imponen negociaciones al más alto nivel entre Londres y Washington para resolver la cuestión.» [13]
Como resultado de aquellas «negociaciones al más alto nivel», los servicios secretos estadounidenses, británicos y belgas crearon un órgano llamado «Tripartite Meeting Brussels» (TMB), también conocido a veces como «Tripartite Meeting Belgian», encargado de supervisar la creación de la red stay-behind belga. En recompensa por su lealtad, Spaak fue nombrado en 1957 secretario general de la OTAN, el más alto cargo civil en el seno de la alianza militar, puesto que ocupó hasta 1961.
Spaak falleció 11 años después, así que no pudo comparecer en el marco de la investigación oficial sobre el Gladio belga. «Varios documentos demuestran que los responsables políticos de la época estaban conscientes de la gravedad de la situación y que aprobaban la idea de negociaciones con vistas a establecer una estrecha colaboración con los servicios secretos americanos y británicos», resumió el informe de los senadores belgas. «Aquella cooperación incluso se consolidó con la creación del Tripartite Meeting Belgian/Brussels a finales de los años 1940.» [14]
Aunque aún se ignoran hoy en día la mayor parte de los detalles sobre los órganos de mando de la guerra secreta, sí se sabe que, paralelamente al TMB, fueron creados otros centros, bajo las siglas CCUO, CPC, ACC y SDRA 11. Las pruebas actualmente disponibles sobre Gladio sugieren que, inmediatamente después de la guerra, se apostó por las estructuras trilaterales ya que el Reino Unido y Estados Unidos habían formalizado al mismo tiempo su cooperación secreta con el Gladio holandés mediante la creación de un Tripartite Committee Holland (TCH), que se componía de los representantes de los tres países implicados [15].

Un acuerdo similar se concluyó al parecer entre Gran Bretaña y Francia, que firmaron un pacto de colaboración secreta stay-behind el 4 de mayo de 1947 [16]. El 17 de marzo de 1948 se fundó el Western Union Clandestine Committee (WUCC), o sea el Comité Clandestino de la Unión Occidental o CCUO. Encargado de anticipar en tiempo de paz una posible invasión soviética, este Comité era un centro de coordinación de la red clandestina Gladio en el que estaban representados 5 países: el Reino Unido, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo y Francia [17].

«Otros países habían adoptado la misma estrategia; conformaban una unidad independiente del TMB y trataban de desarrollar una política común para enmarcar los preparativos de una posible futura guerra», observaron los senadores belgas, señalando también que Estados Unidos no parece haberse unido al CCUO hasta 1958 [18].
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Robert Schuman (Francia), Dean Acheson (EE.UU.) y Ernest Bevin (Reino Unido), los principales arquitectos de la organización estadounidense de Europa occidental contra la influencia soviética.
El autor Jan Willems ha investigado sobre el Gladio belga. Según Willems, la creación del CCUO en la primavera de 1948 era consecuencia directa de un discurso que el ministro británico de Relaciones Exteriores Ernest Bevin había pronunciado en Londres el 22 de enero de 1948.
Aquel día, Bevin expuso ante el parlamento británico su plan para la creación de una «Unión Occidental», una organización occidental destinada a contrarrestar lo que él llamaba la amenaza soviética en Europa, representada según él por el Ejército Rojo de un lado así como, y principalmente, por la subversión comunista en Europa Occidental.
Bevin y Washington estaban de acuerdo en que, como revela un memorando estadounidense fechado el 8 de marzo de 1948, «actualmente, el problema para nosotros no es tanto prepararnos para una agresión externa sino estar listos para luchar dentro de nuestras fronteras contra una quinta columna respaldada por una potencia extranjera» [19].
El CCUO, también designado a veces como WUCC o CCWU, estaba a cargo de dos misiones de seguridad: garantizar que las discusiones políticas y militares pudieran desarrollarse de manera totalmente confidencial y desarrollar formas de cooperación para luchar contra la subversión y los intentos de infiltración. «La finalidad era desarrollar mecanismos que permitieran eliminar a los candidatos comunistas de las instituciones del poder; según algunos documentos americanos, ese objetivo fue alcanzado.» [20]
Después de la creación de la OTAN en París en 1949, el CCUO, como pudo saberse gracias a la investigación del Senado belga, fue incorporado a la alianza militar y rebautizado como «Clandestine Planning Committee» (CPC).
«En conclusión, la lucha contra el enemigo interno siempre fue parte integrante del pacto de la OTAN desde su firma en 1949», subraya Willems [21].
Como las operaciones de guerra secreta que realizaba la OTAN se hacían más intensivas, un segundo centro de mando fue creado en el seno de la alianza, el Allied Clandestine Committee (ACC), que se reunió por vez primera en Francia el 29 y el 30 de abril de 1958, bajo la presidencia de Francia.
Cuando el general De Gaulle obligó a la OTAN a salir de Francia, el ACC se trasladó a Bélgica, en 1968, y, con el nombre oficial de SDRA 11, instaló su cuartel general en los locales del SGR –los servicios secretos militares belgas– en Evere, justo al lado de los edificios de la OTAN.
El SDRA 11, que servía de cobertura al ACC, era «financiado por la OTAN», se precisa en el informe de la investigación belga, mientras que el SDRA 8, la rama del Gladio belga a cargo de las operaciones especiales, dependía del ministerio de Defensa de Bélgica [22]. La última reunión conocida del ACC tuvo lugar en Bruselas el 23 y el 24 de octubre de 1990, bajo la presidencia del director del SGR, el general Raymond Van Calster, el mismo que tanto se enfureció cuando varios periodistas lo interrogaron sobre el centro secreto [23].
Michel Van Ussel, quien había sido miembro del Gladio belga en los años 1980 bajo el nombre de Georges 923, explicó en un libro publicado en 1991 que el ACC desempeñaba un papel de coordinación:
«Las actividades que exigían cierta coordinación se discutían en el seno del ACC. Se trataba sobre todo del uso de los sistemas de radio, de las zonas para le lanzamiento en paracaídas de agentes en el terreno, de los códigos que tenían que utilizar para entrar en contacto entre sí, del paso de fronteras, etc.»
También detallaba Van Ussel la manera como los servicios secretos militares utilizaban el ACC para intercambiar ideas y debatir sobre las operaciones clandestinas:
«En materia de búsqueda de información, misiones de fuga y exfiltración y operaciones aéreas y marítimas, cada país miembro del ACC seguía los mismos procedimientos que ya se habían discutido con anterioridad y que se habían acordado por todos los participantes.
Sin embargo, cada país podía realizar otras “actividades” que no se mencionaban en las reuniones o [que se mencionaban] únicamente de forma restringida entre los instructores.» [24]
Le costó mucho trabajo al Senado belga saber la verdad sobre los centros secretos de la OTAN. Durante una audiencia, el general Raymond Van Calster engañó deliberadamente a los senadores al no mencionar que dentro del aparato belga de inteligencia militar existía el SDRA 11, la vitrina oficial del ACC [25]. Además, algunos oficiales del ejército simplemente se negaron prestar declaración ante los parlamentarios pretextando para ello el haber prestado el siguiente juramento:
«Juro solemnemente no divulgar jamás esta información fuera de todo entorno protegido o en presencia de cualquier otra persona no autorizada, ni siquiera después de haber abandonado mis funciones al servicio de mi país, a no ser que haya sido liberado de esta obligación a través de una orden oficial, específica, expresa y categórica.»
Ofendidos, los senadores señalaron en su informe que su investigación sobre la guerra secreta de la OTAN había sido
«gravemente obstaculizada por la obstrucción del personal militar implicado que se refugió tras sus obligaciones de [mantener el] secreto [obligaciones contraídas] con la OTAN, las que se aplicaban igualmente a las actividades por ellos efectuadas en el marco del CPC» [26].
La senadora Cecile Harnie, del partido verde de Bélgica, deploró posteriormente que la comisión investigadora belga, de la que ella misma había formado parte, no hubiese logrado averiguar la verdad sobre las matanzas perpetradas en la región de Brabante y que tampoco lograra determinar claramente la participación de la OTAN. Señaló la senadora, muy justificadamente, que los testigos se escudaban invariablemente tras su obligación de secreto contraída con la OTAN para negarse a responder a las preguntas sobre las conexiones existentes entre las dos secretarías internacionales de las redes Gladio, el ACC y el CPC, y el cuartel general de la OTAN en Europa, el SHAPE.
Después de la disolución de la comisión senatorial, en octubre de 1991, la senadora Cecile Harnie llamó por lo tanto a la apertura de una investigación más profunda sobre el papel exacto que había desempeñado la OTAN. Al encontrarse los principales órganos de mando de la OTAN precisamente en Bruselas, Mons y Casteau, Bélgica parecía ser el terreno más propicio para la realización de una profunda investigación sobre los ejércitos secretos. A pesar de esta ventajosa posición, la solicitud de la senadora fue rechazada [27].
Durante el transcurso de la investigación, los parlamentarios belgas descubrieron con asombro hasta qué punto se hallaba el ejército secreto –SDRA 8– cuidadosamente escondido en el seno mismo de los servicios secretos del ejército de su país (el SGR). En el momento del descubrimiento de la existencia de la red clandestina, el aparato belga de inteligencia militar se dividía en 5 departamentos. Uno de ellos era el SDRA 8, que empleaba a cerca de la mitad de las 300 personas que trabajaban para el SGR.
El SDRA había sido creado a principios de los años 1950 por el coronel Charlier, un ex miembro del SAS, las fuerzas especiales británicas, quien ostentaba en el momento del escándalo el grado de teniente coronel y ocupaba el cargo de jefe de Estado Mayor del ejército belga. El propio SDRA se componía de 8 unidades entre las que se encontraba, junto a la red stay-behind altamente secreta designada como SDRA 8, la gendarmería belga, bajo la clave SDRA 6.
Los senadores supieron mucho más tarde que en la mayoría de los países la organización paramilitar clandestina estaba escondida en el seno mismo de los servicios secretos militares, como las conocidas «muñecas rusas», que vienen una dentro de otra, lo cual hacía imposible que el parlamento pudiera ejercer su función constitucional supervisando, controlando y de ser necesario investigando lo que hacían los servicios secretos [28].
Como todas las demás redes stay-behind creadas en Europa, el SDRA 8 se componía de instructores y de agentes entrenados por dichos instructores. La red contó al parecer hasta 10 instructores mientras que «el número total de agentes se elevaba a 40. Como regla general, los instructores contactaban a sus agentes 2 veces al mes» [29].
Los consejeros de la comisión senatorial estimaron que un total de efectivos de 50 miembros estaba verdaderamente muy por debajo de la realidad. Pero se había destruido una gran cantidad de documentos, lo cual impidió aclarar este punto.
Al igual que las demás redes stay-behind, el SDRA 8 y la STC/Mob civil estaban organizadas en células. En caso de ocupación, los instructores tenían que salir del país mientras que sus agentes debían mantenerse en territorio enemigo para formar sus propias redes:
«Los agentes estaban entrenados de manera que pudieran a su vez reclutar a otros en caso de ocupación del país, con el fin de conformar una red que ellos iban a dirigir. La estrategia de reclutamiento obedecía a una estructura piramidal. De esa manera la red podía multiplicarse por 5.» [30]
En el seno de la STC/Mob, cada instructor conocía la identidad de sus propios agentes, pero ignoraba la identidad de los agentes que estaban bajo las órdenes de los demás instructores. Los agentes, por su parte, no se conocían entre sí.
Para garantizar el mayor grado de confidencialidad, las informaciones se comunicaban únicamente a las personas estrictamente vinculadas a ellas y el director de la Sûreté, que dependía a su vez del ministerio de Justicia, era el único que conocía los nombres de los instructores y de los agentes de la STC/Mob. El señor Raes, quien ocupó ese cargo desde 1977 hasta 1990, afirmó ante la comisión senatorial que había «olvidado» los nombres de los agentes, aunque reconoció que había estudiado sus expedientes por razones de seguridad [31].
El ministro de Justicia Wathelet declaró que la STC/Mob contaba 7 instructores en noviembre de 1990. «Cada instructor reclutaba, formaba y entrenaba un máximo de 10 agentes voluntarios», precisa el informe de la comisión, que confirma que la sección contaba 45 agentes a fines del año 1990 [32]. De ser exacta esa información, los efectivos de la rama STC/Mob del Gladio belga en noviembre de 1990 serían solamente 7 instructores y 45 agentes, con un total de 52 miembros.
Hoy conocemos las misiones del SDRA 8 y de la STC/Mob gracias a una carta dirigida, el 28 de septiembre de 1991, a los miembros del Gladio, carta que incluye las firmas del primer ministro Van Houtte, del ministro de Justicia Moyersoen y del ministro de Defensa De Greef. Escribía el primer ministro:
«Debo precisar la naturaleza y el espíritu de la misión que el gobierno ha encomendado a ustedes. Consiste principalmente en coordinar las actividades de resistencia contra el enemigo en el territorio nacional ocupado.»
Y proseguía, algunas líneas después:
«En tiempo de paz, la misión de ustedes consiste en
  1. estudiar las condiciones en las que pudiera desarrollarse una resistencia contra el enemigo;
  2. supervisar la coordinación de los planes generales concebidos con ese objetivo;
  3. seleccionar a las personas (…) que se quedarán en Bélgica para seguir trabajando bajo las órdenes de ustedes en caso de ocupación enemiga (…);
  4. mantenerse informados (…) de todas las sugerencias, disposiciones y decisiones tomadas a nivel nacional e internacional y relativas a las estrategias de defensa en territorio ocupado.»
Algunos senadores se inquietaron por el hecho que la misión de la red stay-behind incluía reaccionar en función de las decisiones internacionales ya que aquello implicaba que la OTAN y potencias extranjeras, entre ellas Estados Unidos y el Reino Unido, habían podido ejercer cierta influencia sobre la organización belga. «Los jefes de los dos servicios [SDRA 8 y STC/Mob] tienen la obligación», se especificaba en la carta, «en todo lo que concierne a la preparación de la resistencia civil y la resistencia militar en territorio ocupado, de mantenerlos a ustedes informados sobre los planes que ellos elaboren, las actividades que emprendan, las consignas que transmitan a sus subordinados y de todas las directivas que ellos reciban de las autoridades nacionales e internacionales» [33].
Se mencionaban después una serie de indicaciones sobre las misiones a realizar en tiempo de guerra. El SDRA 8 tenía que encargarse de:
  • «a) la obtención de información para el ejército;
  • b) el contraespionaje;
  • c) las siguientes acciones: sabotaje contra objetivos militares, colaboración con elementos de las fuerzas aliadas [las fuerzas especiales], operaciones paramilitares, clandestinas y de guerrilla;
  • d) la organización de las redes de enlace y evacuación.»
Por su parte, la STC/Mob tenía como misiones:
  • «a) la obtención de información sobre temas políticos, económicos y sociales;
  • b) el enlace entre el gobierno en el exilio y las redes de resistencia civil dentro del país;
  • c) la guerra sicológica y sobre todo las actividades de la prensa y la radio clandestinas;
  • d) la desinformación tendiente a proteger las actividades anteriormente mencionadas;
  • e) la organización de las vías de enlace y de evacuación necesarias para el éxito de las misiones anteriormente mencionadas.» [34]
Para ser capaz de operar independientemente de las fuerzas regulares, el ejército secreto belga, al igual que las redes stay-behind del continente, disponía de escondites secretos de armas repartidos a través de todo el país con fusiles, municiones, monedas de oro y explosivos. Además, como también sucedió en todos los países de la OTAN, a mediados de los años 1980 el ejército secreto belga fue equipado con no menos de 79 estaciones «Harpoon», que el gobierno compró por una suma total de 155 millones de francos belgas. Al comparecer ante los senadores, el señor Wathelet, ministro belga de Justicia, dijo en su testimonio que la propia OTAN había sugerido que cada uno de los países miembros comprara aquel equipamiento. «Debido a los riesgos de mal funcionamiento o de rastreo que planteaban los sistemas viejos, en el seno del ACC se decidió desarrollar un nuevo modelo de radiotransmisor», explicó Wathelet. «El proyecto “Harpoon”, que a menudo se mencionaba en la Sûreté de l’État, fue confiado entonces a la firma alemana AEG Telefunken», como resultado de una decisión del ACC, el centro de mando del Gladio [35].
Los potentes radiotransmisores Harpoon, que transmitían en onda corta y altas frecuencias, permitían la comunicación a 6 000 kilómetros de distancia sin necesidad de recurrir al uso de satélites sino gracias al rebote de las ondas en la ionosfera. Sistemas de codificación muy sofisticados permitían la transmisión de mensajes prácticamente imposibles de descodificar [36]. Michel Van Ussel, quien fue agente de la STC/Mob en los años 1980, recuerda que «aquellas pequeñas maravillas tecnológicas» constituían «una verdadera proeza técnica. Sin exagerar, Harpoon es el sistema militar de enlace radial del año 2000. Cuando se puso en servicio, no había en el mundo nada equivalente». Los transmisores portátiles Harpoon sólo pesaban 8 kilogramos, incluyendo las baterías, y se presentaban «en un elegante maletín protegido con una combinación cifrada». Eran capaces de recibir y descodificar y también de codificar y enviar mensajes a gran velocidad sin la menor intervención humana. Por primera vez en décadas, los agentes ya no tenían que recurrir a la clave morse y ni siquiera tenían que estar presentes en el lugar en el momento de transmitir la información [37].
La comisión investigadora [belga] comprobó que el entrenamiento de los agentes de la STC/Mob se desarrollaba en Bélgica y que estos seguían a veces «cursos en el extranjero» [38]. La red stay-behind se basaba en gran parte en los contactos internacionales y sus agentes se veían obligados a llevar una doble vida. «En mi caso, [mi instructor y yo] nos reuníamos más o menos una vez al mes. La formación se desarrollaba en mi casa, generalmente el viernes en la noche, después de acostar a los niños», contó Michel Van Ussel. Precisó además que «algunos agentes no se atrevían a recibir a su instructor en su domicilio porque sus esposas nada sabían sobre su doble vida» [39]. En el marco de las maniobras internacionales stay-behind, los agentes de la STC/Mob debían, por ejemplo, establecer un contacto radial secreto con el Gladio de Francia [40].
Van Ussel cuenta en su libro el día de su reclutamiento:
«Un día, un hombre vino a mi casa para preguntarme si yo aceptaría una misión confidencial. Me dijo que era en el marco de la OTAN. Como era posible que yo rechazara la oferta, él no entró en detalles. Era mejor no hablar demasiado porque se trataba de una de las organizaciones más secretas que hayan existido nunca.»
Van Ussel aceptó finalmente convertirse en un soldado de la sombra.
«Teníamos un radio a nuestra disposición. Nuestra base estaba cerca de Londres y había otra en los alrededores de Boston, en Estados Unidos.» [41]
«En realidad, acepté sobre todo por curiosidad», analiza este miembro del Gladio, «[por] entrar en aquel mundo extraño, que uno se imagina poblado de siluetas con impermeable y barba falsa».
Según Van Ussel, la mayoría de los miembros del Gladio sentían principalmente curiosidad o eran aventureros. «Estábamos muy lejos», escribe Van Ussel en su libro, «de los grandes ideales como el honor, el sentido del deber o del patriotismo (…) que a veces se han atribuido a los miembros y que en realidad les eran totalmente ajenos». Van Ussel consideró que la mejor manera que los combatientes belgas tenían de acabar con las teorías conspirativas era salir de la sombra y ofrecer su propia versión de la historia visto que «ya nada les impide ahora dar su testimonio» [42].
El ex agente de la STC/Mob señaló que la CIA y el MI6 mantenían en secreto la identidad de los soldados de la sombra. «Como en las mejores novelas de espionaje, cada agente del Gladio recibía un nombre en clave y una matrícula. Estos se utilizaban sistemáticamente, sobre todo durante los ejercicios.» El propio Van Ussel había recibido el nombre «Georges 923», mientras que otros se hacían llamar «Charles», «Isabelle», «Pollux» e incluso «King Kong».
La verdadera identidad de los agentes sólo la conocían «dos o tres personas», explicó Van Ussel alias Georges 923. Entre esas personas se encontraban el oficial que había reclutado personalmente al miembro del Gladio así como el que se reunía con él periódicamente para transmitirle sus instrucciones [43]. En sus respectivos cuarteles generales, la CIA y el MI6 conservaban un expediente sobre cada miembro de la red, «una especie de currículum vitae» donde figuraban el verdadero nombre del miembro del Gladio, su profesión, su dirección, su situación familiar, otros datos personales ¡y «su juego completo de huellas digitales!».
El fichero contenía además los códigos de las claves que utilizaba cada agente, las contraseñas de activación así como la localización exacta de los escondites de armas que tenía asignados. «El fichero mismo estaba en clave y se conservaba una copia en cada uno de los países donde se hallaban las bases de radio», o sea en el Reino Unido y en Estados Unidos. «El jefe del SDRA 8 iba allí periódicamente para actualizar los expedientes.» [44]. Van Ussel precisó además que «los americanos y los británicos eran interlocutores privilegiados en las comunicaciones radiales ya que las bases estaban (y aún están hoy en día) instaladas en sus territorios» [45].
La mayor parte de los miembros del SDRA 8 se reclutaban entre los paracaidistas del ejército belga. El entrenamiento se desarrollaba en el campamento militar de Meerdaal y la formación en manejo de explosivos en el Polígono, en Brasschaat. Los agentes enrolados se vestían de uniforme durante el entrenamiento y los instructores belgas recibían su propia formación en Gran Bretaña o en Bélgica de instructores británicos que venían a impartirla [46]. Para enmascarar la verdadera naturaleza de sus misiones en el seno del SGR, los servicios secretos militares belgas, los miembros del SDRA 8 fingían entrenarse en diferentes técnicas de guerra convencional. Se trataba principalmente de operaciones submarinas y de paracaidismo [47].
El SDRA 8 trabajaba en estrecha colaboración con el SDRA 6, la gendarmería belga. Según el testimonio del comandante en jefe de la gendarmería, hasta 1990 el helicóptero Puma que utilizaban sus servicios se había utilizado sistemáticamente para el entrenamiento del SDRA 8 en la realización de operaciones de lanzamiento en paracaídas en la más completa oscuridad [48].
Los propios agentes stay-behind sabían muy poco sobre la verdadera dimensión internacional del Gladio. Sólo sabían que formaban parte de una organización europea cuyas bases se hallaban en Washington y Londres. Nada sabían de la estructura global de la organización [49].
Al igual que sus homólogos de toda Europa, los combatientes clandestinos belgas eran «visceralmente anticomunistas», como se comprobó durante la investigación parlamentaria [50]. Realizaban ejercicios conjuntos con oficiales estadounidenses y británicos y con miembros del Gladio de otros países.
Con el paso de los años, los agentes del SDRA 8 participaron en varias maniobras nacionales e internacionales, en Bélgica y en el extranjero. No sabemos en cuántos ejercicios en total participaron aquellos hombres ya que la comisión investigadora sólo recibió una «lista incompleta» de las informaciones que había solicitado, lo cual la llevó a suponer que «a menudo se destruían los documentos al término de las maniobras». Los senadores lograron confirmar, a pesar de lo anterior, que las maniobras tenían lugar «a razón de varias al año» [51].
Como aquellos ejercicios tenían que desarrollarse en el mayor secreto, los agentes recibían documentos de identidad especiales que podían presentar a la policía de ser necesario. «Cada participante recibía una tarjeta de ejercicio que debía mostrar en caso de accidente, para demostrar que estaba participando en un entrenamiento oficial. En aquellas tarjetas figuraba el número de teléfono del SDRA al que había que llamar, y de donde se avisaría después al jefe del SDRA 8.» [52] Aquellas misiones de entrenamiento consistían en simulacros de búsqueda de información, de paso de fronteras y de operaciones de evacuación. En uno de aquellos ejercicios los agentes del SDRA 8 debían simular la observación de navíos soviéticos que entraban y salían de los puertos belgas y transmitir la información a su cuartel general. Varias maniobras internacionales de ese tipo se organizaron durante toda la guerra fría.
También incluían operaciones submarinas en Córcega [Francia], operaciones que el SDRA 8 efectuaba conjuntamente con la red stay-behind francesa.
Aquellos ejercicios tuvieron lugar hasta 1990. En abril de ese año, el general Charlier, jefe del Estado Mayor, informó al ministro de Defensa Guy Coeme que acababa de ordenar que se pusiera fin a una serie de misiones que efectuaba el SDRA 8, «principalmente las operaciones submarinas y los ejercicios efectuados en Córcega» [53].
Para su gran sorpresa, los senadores se enteraron, sin embargo, de que las operaciones del SDRA 8 en el extranjero no se limitaban al Mediterráneo. Al igual que sus colegas portugueses, los miembros del ejército secreto belga estuvieron también muy activos en las colonias belgas de África. «Un dirigente del SDRA 8 confirmó que los instructores paramilitares participaron en operaciones del ejército belga en Zaire en los años 1970 (en Kisangani y Kitona) y en Ruanda», precisa el informe de los parlamentarios. «Esas intervenciones constituyen una infracción flagrante de las reglas establecidas, según las cuales, por razones de confidencialidad, los instructores y agentes no debían tomar parte en ninguna actividad militar o social en tiempo de paz.» [54]
En el transcurso de sus misiones internacionales de evasión y de evacuación en Europa, los agentes del SDRA 8 y sus colegas de la red Gladio trasladaban individuos de refugio en refugio siguiendo itinerarios secretos y lograban así trasladarlos a través de las fronteras. «Aquellos ejercicios se organizaban a menudo a escala internacional y simulaban en un determinado lugar la recuperación y exfiltración de un piloto derribado o de agentes extranjeros que habían entrado al país con una misión específica (inteligencia, sabotaje).»
El sistema europeo Gladio funcionaba de maravilla, como descubrieron los sorprendidos senadores belgas: «Es conveniente aportar dos precisiones sobre estos ejercicios. En primer lugar, estamos aquí ante una red internacional capaz de trasladar a un individuo de Noruega hasta Italia de manera totalmente clandestina. Ello implica una colaboración muy estrecha y una estricta coordinación a nivel internacional entre varios servicios secretos», subrayaron los senadores en su informe.
«El segundo hecho importante es la perfecta infraestructura técnica de la que disponía la red stay-behind: las personas y el equipamiento eran enviados o recogidos por vía terrestre, marítima o lanzados en paracaídas. Su destino se designaba de antemano y se controlaba. Las personas se mantenían en edificios protegidos. » [55]
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La principal base militar de la OTAN en Francia fue instalada en Solenzara (isla de Córcega). Allí se dio entrenamiento y capacitación a los agentes stay-behind hasta que estalló el escándalo de los años 1990 y la información salió a la luz pública.
El agente Van Ussel, alias Georges 923, de la STC/Mob, recuerda que el terreno preferido para las operaciones submarinas era el Mediterráneo, sobre todo la base de Solenzara, en Córcega [Francia], que «era por consiguiente muy conocida para las familias de militares belgas de vacaciones» [56].
Van Ussel insiste en la estrecha colaboración existente entre los ejércitos secretos europeos, que lograban trasladar un agente de Noruega a Italia en menos de un mes y sin que esa persona fuese sometida a ningún tipo de control de aduana o policial:
«Efectuábamos sobre todo el siguiente ejercicio: en una noche sin luna, un submarino inglés emergía frente a las costas noruegas, una lancha transportaba furtivamente al agente hasta la orilla siguiendo señales luminosas efectuadas desde la playa por un agente de la red local. La lancha volvía después al submarino mientras que el “visitante” era interceptado por un agente civil que lo interrogaba y lo registraba, para verificar si efectivamente se trataba de la persona que estaba esperando. Ya bajo la responsabilidad de la organización, el “visitante” era después trasladado a pie, a caballo o en automóvil de red en red hasta llegar a Kristiansand» [costa sur de Noruega]. «Desde allí, un pescador que trabajaba para la organización lo llevaba hasta Aalborg» [costa norte de Dinamarca,] «donde la red danesa se encargaba de él. De esa manera, después de un periplo de un mes a través de los Países Bajos, Bélgica y Francia, el “visitante” finalmente llegaba una mañana a la región de Friuli, en Italia, sin haberse sometido ni una sola vez a un control de aduana o de policía, lo cual era uno de los objetivos de la misión» [precisa Van Ussel]. «Bajo constante vigilancia, [el agente] había pasado por las manos de varias decenas de redes de evasión.» [57]
Los oficiales del SDRA 8 se formaban en el Reino Unido, pero seguían también un entrenamiento conjunto con comandos estadounidenses en Estados Unidos, como se descubrió durante la investigación belga:
«La Comisión pudo comprobar que varios miembros del SDRA 8 recibieron el entrenamiento de las fuerzas especiales en Estados Unidos».
También resultó que habían participado en maniobras de la OTAN efectuadas en Europa junto a las fuerzas especiales estadounidenses. «Estados Unidos dispuso así», comentaron los senadores, «de un poderoso instrumento que les brindaba la posibilidad de influir en la situación interna de un país situado en su esfera de influencia» [58].
La principal interrogante que subsiste hoy en día en Bélgica y en Europa es por lo tanto la siguiente: ¿Utilizó Estados Unidos ese instrumento a pesar de la ausencia de invasión soviética? ¿Utilizó el Gladio belga sus armas y explosivos en Bélgica en tiempo de paz y, si no lo hizo, prestó ayuda a grupos clandestinos de extrema derecha comprometidos en operaciones militares?
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Lucien Dislaire, durante una reconstitución para la prensa de lo que fue el ataque al cuartel de Vielsalm.
La investigación llevó a los senadores belgas a responder afirmativamente. Y lograron reconstruir el desarrollo de un hecho que llamaron el incidente de Vielsalm. En 1984, un escuadrón de marines estadounidenses despegó de un aeropuerto situado al norte de Londres. Después de saltar en paracaídas sobre su objetivo, alcanzaron su destino, donde los esperaba un agente del SDRA 8 para servirles de guía en la región. Ocultándose de la población local, los comandos estadounidenses y los soldados de la sombra belgas pasaron los siguientes 15 días preparándose para su misión: un ataque nocturno contra el cuartel de Vielsalm, una ciudad del sur de Bélgica. Los marines [estadounidenses] se acercaron furtivamente a su objetivo y abrieron fuego. Un oficial de la policía belga resultó muerto y un soldado estadounidense perdió un ojo en aquella operación [59].
Los senadores [belgas] descubrieron que aquel ataque había sido perpetrado en el marco de un ejercicio bautizado Oesling. Unidades del ejército belga realizaban aquel tipo de operaciones en colaboración con miembros de las fuerzas especiales estadounidenses más o menos una vez al año. «La Comisión trató varias veces de saber si el SDRA 8 o sus instructores participaron o no en aquellos ejercicios Oesling.» «Recordemos que fue durante una de esas maniobras, en 1984, que se produjo un robo de armas en la comisaría de Vielsam», precisa el informe de la investigación.
Los miembros del Gladio belga afirmaron primeramente que no habían participado en los famosos ejercicios. «El último comandante del SDRA 8 desmintió toda implicación de su servicio en ejercicios de ese tipo, aquello no entraba en el marco de su misión y el riesgo para sus hombres hubiera sido demasiado importante», indica el informe.
«Pero esa declaración se vio contradicha por un ex comandante del SDRA 11 y ex jefe de los servicios secretos belgas que confirmó que la red pudo haber participado en los ejercicios Oesling, Otro responsable atestiguó que la red participó en dos ejercicios del tipo Oesling.» [60]
«Durante meses, las autoridades civiles nos explicaron que el ataque era obra de simples criminales o de terroristas», recuerda el periodista René Haquin.
«Fue unos meses antes de que yo recibiera cierta llamada telefónica. Fue así que me fui a Francia donde me reuní con Lucien Dislaire, quien me explico extensamente su versión de los hechos. Me dijo que había participado en maniobras secretas que debían reproducir operaciones de resistencia y de apoyo a la resistencia como las que se habían desarrollado al final de la guerra.» [61]
En 1990, cuando se descubrió toda la red stay-behind europea, el soldado Dislaire atestiguó ante las cámaras –en un documental sobre el Gladio– que, además del de Vielsalm, se habían realizado otros ejercicios conjuntos con las fuerzas especiales estadounidenses. «Yo soy del norte de Luxemburgo», explicaba Dislaire.
«En aquella época, yo era director de un banco y al mismo tiempo ex paracaidista. Un día vinieron a mi casa y me pidieron ayuda en el marco de maniobras especiales en coordinación con las fuerzas especiales americanas. Los comandos belgas habían recibido orden de reunirse con paracaidistas americanos. Después tenían que alcanzar sus puntos de encuentro y tomar por asalto varios edificios de la gendarmería. Yo recibí el equipamiento y las armas necesarias así como un transmisor de radio para coordinarlo todo.» [62]
René Haquin recordaba que la operación de Vielsalm era sólo una más entre las tantas en que las fuerzas especiales estadounidenses habían operado en suelo belga de forma clandestina. «Habíamos leído algo sobre un ataque contra un campamento militar de los Cazadores Ardenenses, aquí en Bélgica. Así que fui allí con otros periodistas», contaba Haquin, también ante las cámaras.
«Habían cortado la cerca, tomado la armería por asalto, herido al guardia y se habían llevado cierta cantidad de armas. Logré entrar en el lugar gracias a alguien que conocía allí. Adentro pude ver militares extranjeros, americanos específicamente.» [63]
El miembro del Gladio belga Lucien Dislaire confirmó al periodista René Haquin que las fuerzas especiales estadounidenses habían estado implicadas varias veces en operaciones clandestinas en territorio belga. «Había habido problema días antes» del ataque de Vielsalm, le contó Dislaire.
«Los americanos habían ido demasiado lejos. Eran tipos de unos 40 años, oficiales, tipos duros. Se pasaron realmente de rosca. Anteriormente habían atacado unas barracas. Incluso habían lanzado una granada hacia las oficinas del ministerio público.»
Dislaire confió al periodista que los métodos violentos de los comandos estadounidenses molestaban considerablemente a quienes sabían en Bélgica de aquellas operaciones clandestinas: «Las autoridades reaccionaron declarando que aquello era demasiado. Fue en aquel momento que se anuló el proyecto de ataque contra el cuartel de Vielsalm. El día previsto para el asalto supimos que la operación había sido anulada.» Pero era demasiado tarde para detener a las fuerzas especiales.
Dislaire contó que «los americanos me pidieron que los llevara al campamento donde querían estar listos para intervenir. A la mañana siguiente, me fui a Namur con mi mujer. Oí en la radio que el cuartel había sido atacado a medianoche. No puedo decir qué fue lo que sucedió en realidad porque yo me había ido a las 20 horas aquella noche. No se suponía que yo me quedara.» Fue a la mañana siguiente que Dislaire supo lo sucedido. «Al día siguiente, el comandante del cuartel de Vielsalm me llamó y me informó de la operación. Me dijo que avisara a los comandos belgas que el guardia no había muerto, que estaba en el hospital, gravemente herido.» [64] El herido murió poco después.
Después de cada una de aquellas operaciones realizadas en los años 1980, las autoridades belgas destruían meticulosamente todos los indicios para evitar sospechas. El ejército stay-behind belga siguió siendo secreto y sólo algunos ataques fueron oficialmente confirmados. «Las autoridades americanas y belgas interrogadas finalmente admitieron al cabo de varios meses que se habían organizado maniobras y que había habido varios ataques», explicaba René Haquin. «Yo recuerdo, por ejemplo, el ataque contra un depósito de combustible del ejército en Bastogne. Y también el asalto contra una comisaría en Neufchateau. Los militares admitían poco a poco la realidad de aquellos ataques.»
Pero los detalles sobre la operación de Vielsalm no fueron divulgados. «La última versión que dieron del incidente de Vielsalm era que se había planificado un asalto pero que había sido anulado en el último momento», recordaba el periodista que subrayaba igualmente que las armas sustraídas habían ido a parar en manos de un oscuro grupo de activistas de izquierda para hacer creer que los culpables eran los comunistas: «Algunas de las armas robadas en Vielsalm fueron encontradas en un apartamento perteneciente a las CCC, las Células Comunistas Combatientes» [65].
¿Por qué se montaron operaciones de ese tipo? ¿Y cómo fue que las armas robadas en Vielsalm por las fuerzas especiales estadounidenses fueron a parar al escondite de un grupo comunista belga en Bruselas?
«Aquel ejercicio tenía un doble objetivo: poner en alerta a la Policía belga y dar a la población la impresión de que el tranquilo y próspero reino de Bélgica se hallaba bajo la amenaza de una revolución roja», escribió el periodista británico Hugh O’Shaughnessy en un artículo dedicado al Gladio [66].
Los comunistas belgas, al igual que sus camaradas italianos, se vieron desacreditados por aquellas operaciones bajo bandera falsa realizadas conjuntamente por las fuerzas especiales estadounidenses y la red stay-behind belga.
La tesis se confirmó cuando se descubrió que el grupúsculo terrorista incriminado, supuestamente comunista, las CCC, era en realidad una creación de la extrema derecha. Entre octubre 1984 y el otoño de 1985, las CCC fueron responsables de no menos de 27 atentados. Bajo la dirección de Pierre Carette, aquel grupo apuntaba, con ataques minuciosamente preparados, a los símbolos del capitalismo, como las instalaciones estadounidenses vinculadas a la OTAN, bancos y edificios militares.
El 17 de diciembre de 1985 fueron arrestados los líderes de las CCC y el grupo fue desmantelado en el mayor despliegue de fuerzas policiales y militares que se haya producido en Bélgica desde el arresto de los nazis, después de la Segunda Guerra mundial. El descrédito cayó sobre los comunistas hasta que varios periodistas descubrieron que la red terrorista que Pierre Carette había creado a principios de los años 1980 se componía en realidad de agentes vinculados a la extrema derecha. La mano derecha de Carette, Marc de Laever, incluso se unió posteriormente a un movimiento neonazi alemán [67].
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El ministro de Defensa belga socialista Guy Coëme enfrentando el silencio. Los soldados bajo su mando se negaron a responder a las preguntas. Más tarde se vio obligado a dimitir, atrapado en un escándalo de venta de armas.
«Hubo en Bélgica toda una serie de hechos no aclarados: a mediados de los años 1980, un grupo armado cometió numerosos asesinatos de los que todavía no sabemos nada», recordó a fines de 1990 el ministro de Defensa Guy Coeme para tratar de establecer un vínculo entre el ejército secreto stay-behind y los actos terroristas de los que Bélgica había sido víctima [68]. «Yo le pregunté al jefe de las fuerzas armadas, el general José Charlier, si existía o no en Bélgica una organización tipo Gladio», explicó Coeme en su primera intervención en la televisión belga, el 7 de noviembre de 1990, ante los telespectadores, absortos en las revelaciones sobre la red stay-behind europea.
Coemer sostuvo que, a pesar de su cargo de ministro de Defensa, nunca tuvo conocimiento de la existencia del ejército secreto. «Además, yo quiero saber si existe un vínculo entre las actividades de esa red secreta y la ola de crímenes y de terrorismo que sufrió nuestro país en los pasados años.» [69]
El ministro de Defensa se refería a las tristemente célebres matanzas de Brabante, una serie de atentados terroristas, tan inexplicables como sangrientos, que dejaron 28 muertos y numerosos heridos en la región de Bruselas entre 1983 y 1985. Aquellas matanzas habían suscitado gran conmoción entre la población y siguen siendo hoy en día el episodio más trágico de la historia reciente de Bélgica.
Figuran además entre los actos terroristas más violentos que conociera Europa Occidental durante la segunda mitad del siglo XX. Estas «matanzas de Brabante» designan en realidad una serie de 16 asaltos a mano armada cometidos en los alrededores de la provincia belga.
El primero tuvo lugar el 14 de agosto de 1982 en un comercio de víveres de Maubeuge, en el norte de Francia. El último se produjo el 19 de noviembre de 1985 en un supermercado Delhaize, en Aalast, una ciudad de Flandes oriental. Los otros 14 atentados, perpetrados todos en la región de Brabante, tuvieron como blanco 2 restaurantes, un chofer de taxi, una joyería, una fábrica textil, un comercio de víveres y 5 supermercados del grupo Delhaize, siempre en ciudades diferentes. La policía había observado que en cada ocasión los culpables se habían llevado sumas insignificantes, raramente más de 8 000 euros, aunque sí habían dado muestras de extrema violencia y de gran profesionalismo [70].
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Las matanzas de Brabante tenían como objetivo instaurar un clima de terror entre la población belga. Y lo lograron, como quedó demostrado en el ataque contra el supermercado Delhaize de Alost, el 9 de noviembre de 1985. Importante fecha del calendario cristiano, el 9 de noviembre es el día de San Martín, el papá Noel local, y en la noche anterior, antes de irse a la cama soñando con sus regalos, los niños ponen frente a sus casas zanahorias para los caballos del santo. Se trata tradicionalmente de un día de gran afluencia [en los comercios].
Aquel sábado, el público se agolpaba en el supermercado Delhaize para realizar sus compras de última hora. Los hechos que se produjeron entonces pudieron reconstruirse gracias a los testimonios de personas allí presentes.
Tres hombres armados y encapuchados salieron de un Volkswagen GTI estacionado ante el establecimiento. El más alto de los tres, armado con un fusil de acción de bombeo [también llamado “fusil de mazorca”. NdT.], mató a quemarropa y a sangre fría a dos clientes del supermercado. Al llegar al nivel de las cajas registradoras, comenzó a disparar al azar contra todas las personas presentes. «Vi tres hombres enmascarados salir de detrás. Un hombre le dijo a su hijo “¡Al suelo! ¡Están ahí!», contó un testigo anónimo en el documental sobre Gladio transmitido por la BBC. «Un automovilista testigo de la escena que trataba de huir del lugar [fue tiroteado], su automóvil recibió 7 u 8 proyectiles y una bala lo rozó detrás de la oreja.» El pánico se apoderó de la gente. «Una mujer con el rostro cubierto de sangre gritaba algo a su hijo. No sé qué exactamente.» [71] Los pasillos del supermercado ofrecían a los aterrorizados clientes muy pocas posibilidades de esconderse o de ponerse al abrigo de los disparos.
Ocho personas, entre ellas varios miembros de una misma familia, encontraron la muerte en el posterior tiroteo y otras 7 resultaron heridas. Una pareja y su hija de 14 años fueron rematadas a sangre fría ante las cajas registradoras. Otro padre de familia y su hija de 9 años fueron abatidos cuando trataban de huir en auto. El botín de la operación fue el equivalente de unos miles de euros, encontrados posteriormente en un bolso abierto que los malhechores lanzaron en un canal. Los asesinos se esfumaron y hasta el sol de hoy siguen sin haber sido arrestados ni juzgados. Ni siquiera han sido identificados. Hoy en día aún se ignora quién estuvo detrás de aquellos hechos, que hoy se acostumbra a designar como «las matanzas de Brabante» [72].
Después de aquellos asesinatos, el ministro de Justicia Jean Gol compareció ante la televisión para prometer más seguridad a una población aterrada. Aquellos actos reiterados de terrorismo provocaron pánico en toda Bélgica. Los policías de servicio cerca de los supermercados recibieron como refuerzo la presencia de paracaidistas y de Jeeps equipados con piezas de artillería ligera.
Testigos y expertos coincidían en reconocer que aquellas matanzas no eran obra de simples criminales sino más bien operaciones sanguinarias perpetradas por aguerridos profesionales. Era lo único que podía explicar la calma y la determinación que habían mostrado los atacantes al controlar la situación y hacer uso de sus armas así como su seguridad al huir en su Volkswagen, justo ante las narices de la policía belga. Actuando siempre con un reducido número de cómplices, el más alto de los sospechosos, implicado en la matanza de Alost y al que los testigos y la prensa bautizaron como «el gigante», reapareció en varios asaltos a mano armada, dando órdenes a sus hombres y utilizando su escopeta de acción de bombeo SPAS 12 de fabricación italiana.
El sello distintivo de aquellos hombres era la extrema violencia. El 30 de septiembre de 1982, durante un tiroteo, un policía herido que yacía en la acera mojada fue rematado fríamente y a quemarropa. Durante el asalto de un establecimiento de venta de víveres en Nivelles, el 3 de marzo de 1983, los asaltantes, en vez de huir después de asesinar a una pareja y hacer sonar la alarma, decidieron esperar la llegada de la policía, que cayó de lleno en la emboscada.
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La comisión investigadora sobre el Gladio nombrada por el parlamento belga recibió la misión de responder a la siguiente pregunta: «¿Existen vínculos entre la red y los actos de terrorismo y de gangsterismo observados en Bélgica en los 10 últimos años?» A pesar de su notable trabajo, los senadores no pudieron dar respuesta a esa crucial interrogante.
Su fracaso en ese sentido se debe en gran parte a la falta de cooperación del SDRA 8 y de la STC/Mob, que se negaron a proporcionar la identidad de sus agentes. «La Comisión no ha descubierto ningún elemento que permita concluir la existencia de vínculo alguno entre la red y los actos de terrorismo y de gangsterismo», concluyó el informe de los parlamentarios. «La negativa del SDRA 8 y de la STC/Mob en cuanto a revelar a los jueces a cargo del caso la identidad de todos sus agentes civiles ha hecho imposible proceder a las verificaciones que probablemente hubiesen permitido eliminar las dudas que siguen subsistiendo.» [73]
De esta forma, el grupo de magistrados encargados de asesorar a la comisión senatorial no logró probar la existencia de vínculos entre la red stay-behind y las matanzas de Brabante. «Los jueces no disponen por el momento [en 1991] de ningún elemento que permita pensar que miembros del SDRA 8 y de la STC/Mob hayan podido desempeñar algún papel en los actos criminales que tanto conmocionaron a la opinión pública.» Al igual que los senadores, los magistrados no lograron obtener resultados concluyentes:
«Los jueces deploraron no haber podido responder a esta pregunta con más certeza: el silencio que se ha mantenido sobre la identidad de los agentes no permite a los jueces proceder a las verificaciones necesarias para determinar la verdad».
Si el ejército secreto no tiene nada que ocultar debe aceptar revelar la identidad de sus miembros, razonaba la prensa belga mientras que los senadores enfrentaban constantes obstrucciones. Sin embargo, los dos jefes del Gladio dentro del ejecutivo belga –el señor Raes, todopoderoso director de la Sûreté de l’État de 1977 a 1990 y de hecho responsable incluso de la STC/Mob, y el teniente coronel Bernard Legrand, jefe de los servicios secretos militares y por lo tanto también jefe del SDRA 8– simplemente se negaron repetidamente a entregar sus listas de agentes.
El categórico rechazo del ejecutivo a contestar las preguntas de los legisladores y de la justicia provocó una ola de indignación en la democracia belga. Raes y Legrand no tenían legalmente ningún derecho a negarse a cooperar ya que sus respectivos superiores jerárquicos –el ministro de Justicia Wathelet y el ministro de Defensa Coeme– habían impartido a sus subordinados órdenes explícitas de que colaboraran con la investigación sobre la red stay-behind y que entregaran la lista de sus efectivos, órdenes que simplemente no fueron obedecidas.
Por ser el caso de las matanzas de Brabante uno de los episodios más sensibles de la historia de la guerra secreta en Bélgica, la comisión senatorial había acordado con los ministros de Defensa y de Justicia que los nombres de los individuos que habían sido o eran miembros de la red stay-behind sólo serían de conocimiento de los tres magistrados a cargo del expediente, quienes a su vez garantizarían la confidencialidad. Los tres jueces se comprometían a divulgar únicamente la identidad de las personas que estuviesen implicadas en los excesos cometidos en los años 1980 [74].
Existían por lo tanto garantías de discreción, a menos que se demostrara la implicación de soldados stay-behind en las matanzas de Brabante. La proposición parecía justa. Pero Raes y Legrand se mantuvieron en sus trece y nunca proporcionarían ningún nombre. Se trató entonces de llegar a un compromiso. A falta de los nombres, se propuso que los jueces pudieran disponer al menos de las fechas de nacimiento de los agentes para que pudieran compararlas con las de los individuos considerados sospechosos en el caso de las matanzas de Brabante. Pero se estrellaron contra una nueva negativa.
«Diga lo que diga el ministro, subsisten razones muy justificadas para no revelar la identidad de los soldados clandestinos. Por diferentes razones, sobre todo sociales y familiares, los clandestinos cuentan con la promesa que se les hizo», explicó el comandante Legrand. «Me mantendré inflexible. No daré los nombres de los combatientes clandestinos, a menos que se presenten pruebas», insistió, sabiendo perfectamente que sin los nombres era imposible probar nada. «Es una organización honorable. No entiendo por qué se da tanta importancia a este asunto», se quejó Legrand. «Cuando leo los periódicos, me cuesta creer que se pueda conceder tanto interés a cuestiones de ese tipo cuando hay tantos problemas más importantes.» [75]
Los senadores y los magistrados insistieron aún durante 3 meses. La situación se estaba convirtiendo en una prueba de fuerza. Pero finalmente fueron Raes y Legrand los que ganaron la partida. Los nombres no fueron revelados y, el 28 de marzo de 1991, Le Soir, el principal diario belga, publicó el siguiente mensaje en clave:
«¡Digan los nombres! ¡Nunca!, responden los “Gladiadores”. Ha llegado el momento del choque. Aquí Bruselas. Queridos amigos de la Operación Stay-Behind, la Sección 8 les reitera su mayor estima y agradece a ustedes su sincera dedicación al país. Garantiza a ustedes que se trata de presiones y amenazas en el aire y que se respetarán los compromisos. ¡Adolfo está bien!» [76]
Aquello era una humillación para la comisión de investigación sobre el Gladio. Los senadores sólo pudieron comprobar que el artículo publicado en Le Soir había sido impreso por orden de Legrand y que aquello podía «considerarse una forma de resistencia colectiva ante los intentos de la Comisión por obtener los nombres» [77].
La frase «¡Adolfo está bien!» servía para indicar que el mensaje emanaba realmente de las más altas autoridades de la red stay-behind. Raes y Legrand se vieron obligados a dimitir como resultado de aquel asunto, que puso fin de forma definitiva a sus carreras en la administración belga.
El 23 de noviembre de 1990, el gobierno decidió desmantelar su ejército secreto y poner fin a toda colaboración con organizaciones análogas en el extranjero. Lo más difícil de admitir para los senadores belgas fue que la CIA y el MI6 –que, como comandantes de las redes europeas stay-behind, también disponían de los registros que contenían la identidad de los miembros del Gladio belga– también se negaron a colaborar, a pesar incluso de las fuertes sospechas existentes en el caso de las matanzas de Brabante. La comisión senatorial belga señaló que «los nombres de los agentes se hallaban en sobres sellados, depositados en archivos en Washington y en Londres por sus respetivos servicios secretos» [78].
Mientras la prensa belga llegaba a la conclusión de que los servicios de inteligencia de Gran Bretaña y Estados Unidos eran responsables del misterio que seguía rodeando las matanzas de Brabante, el ministerio de Justicia [belga] solicitó en 1995 a los profesores Fijnaut y Verstraeten de la universidad belga de Lovaina que investigaran las razones que habían impedido que se levantara el secreto en Bélgica. Después de sólo 2 meses de investigación, los dos profesores renunciaron a aquella tarea denunciando una grave falta de cooperación de parte de las instituciones gubernamentales que, según ellos, les estaban impidiendo hacer su trabajo [79].
Se nombró entonces una nueva comisión parlamentaria encargada de descubrir por qué la democracia belga era incapaz de averiguar la verdad sobre las matanzas de Brabante. En octubre de 1997, la nueva comisión entregó un abrumador informe de 90 páginas.
El informe enumeraba una serie de ejemplos de flagrante incompetencia observados durante las investigaciones realizadas inmediatamente después de los atentados perpetrados en los años 1980 y acusaba a la policía belga de haber realizado una investigación caótica e ineficaz durante la cual se habían extraviado documentos o habían sido destruidos, se habían ignorado diferentes pistas y ciertas informaciones no habían sido comunicadas a otros servicios que colaboraban con la investigación [80].
El investigador Allan Francovich aportó un nuevo enfoque sobre las matanzas de Brabante al seguir la tesis de una colaboración entre ciertas células del ejército secreto belga y la organización de extrema derecha Westland New Post (WNP). Ya en 1988, el periodista investigador John Palmer había subrayado que ciertos indicios del caso de las matanzas de Brabante designaban «claramente a la extrema derecha, y sobre todo al grupúsculo neonazi bautizado Westland New Post» [81].
En 1974 se había fundado en Bélgica el muy derechista Frente de la Juventud (FJ). Cinco años más tarde, el FJ se había dotado de un brazo armado: el WNP. «Nacido en 1974, el Frente de la Juventud existió hasta los años 1980. Se situaba unas veces en el militantismo político y otras en el activismo», explicaba en el documental de Francovich el jefe de aquella organización, Francis Dossogne. Este último confirmaba que se trataba, efectivamente, de un grupo «de extrema derecha» y agregaba que era «esencialmente un movimiento de jóvenes y militantes» [82].
También admitía Dossogne que el FJ había recurrido de forma regular a la violencia:
«El Frente de la Juventud realizaba acciones de subversión. Cuestionaba muchas cosas, todo lo que estaba bien establecido. El Frente era tan subversivo que quisieron disolverlo.»
Al realizar sus entrenamientos paramilitares cada vez más abiertamente, los miembros del FJ se convirtieron rápidamente en blanco de críticas.
«El Frente fue condenado por causa de sus campamentos. En realidad, no hacíamos nada diferente a los niños exploradores. Hay compañías que van mucho más lejos en sus entrenamientos intensivos.» [83]
Dossogne hizo una revelación particularmente interesante en aquella entrevista. Confesó que los miembros del FJ habían fundado una rama de activistas que se componía casi exclusivamente de miembros de la gendarmería belga. Bajo la designación SDRA 6, la gendarmería también formaba parte de los servicios secretos militares SGR, que a su vez dirigían la red stay-behind o SDRA 8.
La nueva rama del Frente se llamó primeramente «G», en referencia a “Gendarmería”, antes de convertirse en el WNP. «El Grupo G era una sección del Frente de la Juventud dentro de la gendarmería. Como gendarmes, ellos no querían mezclarse con los demás y arriesgarse a verse implicados en manifestaciones, etc.», explicó Dossogne. El gendarme Martial Lekeu desempeñó un papel determinante en el Grupo G, y posteriormente en el WNP. «Lekeu era miembro del Grupo G. Fue uno de sus primeros miembros», recordó Dossogne ante la cámara. «Estaba tan comprometido con el grupo que posteriormente informó su existencia al comandante en jefe de la gendarmería.» [84]
Lekeu fue miembro de la gendarmería belga desde 1972 hasta 1984. Abandonó entonces el país y se fue a la Florida, en Estados Unidos. En el documental sobre el Gladio, Lekeu explicaba en un inglés rudimentario la implicación de ciertos elementos de los servicios secretos militares belgas y del aparato de seguridad en las matanzas de Brabante:
«Mi nombre es Martial Lekeu. Yo era miembro de la gendarmería belga. Abandoné Bélgica en agosto de 1984 luego de que mis hijos recibieran serias amenazas de muerte. A principios de diciembre de 1983 me presenté personalmente en la BSR [Brigada Especial de Investigaciones (siglas en francés), una rama de la gendarmería] de Wawre que investigaba las matanzas [de Brabante].»
Lekeu había descubierto que varios grupos en el seno mismo del aparato de seguridad estaban implicados en los ataques.
«Me sorprendía que no hubiese arrestos y sé que yo mismo señalé lo que pasaba. Matanzas de ese tipo no se trataban a la ligera… cometer asesinatos al azar o ir a un supermercado a matar gente, incluso niños. Creo que mataron una treintena de personas. Así que le dije a un hombre [de la BSR] con quien me reuní: “¿Ustedes se dan cuenta de que hay miembros de la gendarmería y del ejército implicados en todo esto?” Su respuesta fue: “¡Cállese! Usted lo sabe, nosotros lo sabemos. Ocúpese de sus asuntos. Y ahora, ¡fuera de aquí!” Ellos decían que la democracia estaba hundiéndose, que la izquierda estaba en el poder, los socialistas y todo eso, y que querían más poder.» [85]
Un informe sobre la investigación del parlamento belga sobre las matanzas de Brabante publicado en 1990, sólo unos meses antes de que se revelara la existencia del ejército secreto belga, confirmaba esta versión. «Según este informe, los asesinos eran o habían sido miembros de las fuerzas de seguridad –militantes de extrema adeptos de las políticas de seguridad que preparaban un golpe de Estado.» «Se piensa ahora», señaló la prensa británica después de la publicación del informe, «que las matanzas de Brabante eran parte de una vasta conspiración tendiente a desestabilizar el régimen democrático belga, quizás para preparar el terreno con vistas a un golpe de Estado de la extrema derecha» [86].
«Paramilitares y gente que pertenecía al aparato de seguridad o vinculada al aparato estatal por una colaboración o por cierta afinidad siguieron la política terrorista», observó el terrorista Vincenzo Vinciguerra, resumiendo así el aspecto más delicado de la historia de los ejércitos stay-behind.
En toda Europa Occidental, organizaciones de extrema derecha
«estaban movilizadas para el combate en el marco de una estrategia anticomunista que no emanaba de grupúsculos que gravitaban en las esferas del poder sino del poder mismo, y que se inscribían principalmente en el marco de las relaciones del Estado con la alianza atlántica» [87].
Siguiendo esta pista, el diputado Hugo Van Dienderen del partido Agalev trató de averiguar más sobre las operaciones clandestinas realizadas en Bélgica poniéndose en contacto con la OTAN. Dos años antes del estallido del escándalo Gladio, el diputado belga preguntó por escrito a la alianza atlántica si disponía de una «Comisión de Seguridad» secreta. La OTAN le preguntó primero por qué se planteaba él aquella interrogante y después se negó a proporcionarle información específica al respecto [88].
Las sospechas de que el WNP había tenido protección especial de la OTAN se acrecentaron en octubre de 1990, cuando 7 miembros de aquella organización de extrema derecha acusados de haber robado, a principios de los años 1980, cientos de documentos pertenecientes a la OTAN y al ejército belga fueron misteriosamente liberados de los cargos por la más alta corte marcial de Bélgica, a pesar de que los documentos en cuestión habían sido encontrados en las oficinas del WNP y de que los miembros de la organización incluso habían confirmado que aquellos documentos les pertenecían.
Al mismo tiempo, los acusados negaron categóricamente haber robado los documentos. «¡Sólo obedecimos a las autoridades!», se defendió el activista del WNP Michel Libert, quien subrayó que al apoderarse de aquellos expedientes había actuado por patriotismo y con la autorización de sus superiores de la OTAN. Su colega Frederic Saucez protestó: «¡Si robé télex de la OTAN fue por orden de la Sûreté de l’État!» El Estado, como había anunciado Vinciguerra, resultó ser incapaz de castigar sus propias faltas.
Al principio, el juicio se dilató en el tiempo ya que los acusados presentaron numerosas apelaciones ante jurisdicciones superiores hasta que, en octubre de 1990, la más alta instancia jurídica militar [de Bélgica], el Consejo de Guerra, decidió que los hechos se habían producido hacía tanto tiempo que no era posible pronunciar una sentencia contra los 7 acusados. La instancia agregó que la gravedad del crimen se atenuaba porque había sido cometido en una época en que la guerra fría era «más que una simple expresión». Se conminó a los 7 miembros del WNP a devolver los documentos robados al ministerio de Justicia y se fueron tranquilamente del tribunal, completamente libres [89].
Uno de los inculpados, el militante de extrema derecha Michel Libert, miembro del WNP de 1978 hasta los años 1980, confirmó posteriormente en un documental sobre el Gladio que altos oficiales lo habían protegido durante aquellas operaciones. «Los miembros más aptos», explicaba con orgullo ante la cámara, «pueden constituir una rama de acción».
El jefe del WNP, Paul Latinus, había impartido instrucciones para operaciones clandestinas. «Cada vez que había una operación que ejecutar se le confiaba a Latinus. Para que pudiéramos hacerlo bien, él necesitaba un respaldo en caso de que hubiese problemas.» La protección “de arriba” era indispensable.
«Usted no podía mandar jóvenes reclutas al terreno. Les habrían metido una bala entre los ojos en menos de 2 segundos.
El riesgo siempre estaba presente. Podían ser arrestados por la policía local al primer control de identidad. La policía aparece siempre como un pelo en la sopa. Uno no puede decir: “Estamos aquí para tal o más cual misión.” “¿Y qué hacen ustedes?” “No podemos decir nada.” Y entonces, clic. Nos ponen las esposas y se acabó. [90]
¿Quería Libert confirmar que el WNP y las fuerzas del orden belgas habían estado implicadas en las matanzas de Brabante? ¿Estuvieron las matanzas entre sus «misiones»?, le preguntó Allan Francovich, el realizador del documental. «Recibíamos órdenes. Podemos remontar, digamos, a 1982. Desde 1982 hasta 1985», respondió Libert en referencia al periodo en que se desarrollaron los ataques. «Había proyectos.» Proyectos especialmente secretos, reconoció. Según su propio testimonio, a él mismo le dijeron:
«Usted, señor Libert, no sabe nada de las razones que nos llevan a hacer esto. Nada en lo absoluto. Lo único que le pedimos es que su grupo, con apoyo de la gendarmería y de la Sûreté, haga un trabajo.
Blanco: los supermercados. ¿Dónde están? ¿Qué tipo de sistema de seguridad tienen? ¿Qué tipo de protección pudiera interferir en nuestras operaciones? ¿Es el gerente en persona quien cierra con llave los accesos? ¿O utilizan quizás una empresa de protección?»
La operación era altamente secreta y Libert siguió las instrucciones al pie de la letra:
«Ejecutamos las órdenes y enviamos nuestros informes: horarios de apertura y cierre. Toda la información que usted pueda pedir sobre un supermercado. ¿Con qué objetivo? Sólo era una misión entre cientos de otras. Algo que había que hacer. El uso que iban a darle a aquello, esa es la gran interrogante.» [91]
«Si el objetivo era sembrar el terror», observó Davison, un periodista, «los asesinos escogieron los blancos perfectos: mujeres, niños y personas de avanzada abatidas de un balazo mientras empujaban su carrito de compras en el supermercado de la esquina» [92].
El extremista Michel Libert era el último eslabón de la cadena de mando. Recibía órdenes del comandante del WNP Paul Latinus. «Está claro que Latinus es una de las piezas más interesantes de ese rompecabezas, si uno trata de penetrar los misterios político-jurídicos de los años 1980», escribió un periodista de la revista belga Avancées que había compilado una verdadera mina de información sobre los años del terror en Bélgica. Latinus era, concluía el periodista, el vínculo «entre la extrema derecha, la derecha clásica y los servicios secretos belgas y extranjeros» [93].
Paul Latinus era uno de los más notorios terroristas de extrema derecha de Europa. Según su propio testimonio, estaba a sueldo de los servicios secretos del Pentágono, la DIA (Defense Intelligence Agency). Este individuo, que había sido ingeniero nuclear e informante de la Sûreté belga, había sido reclutado por la DIA a los 17 años, en 1967.
Posteriormente, fue formado por la OTAN. El periodista belga René Haquin, quien escribió un libro sobre Latinus, recuerda que «durante una investigación judicial en la que estaba implicado, Latinus mencionó el nombre de una agencia extranjera: la DIA, equivalente militar de la CIA» [94]. En los años 1970, Latinus se hizo miembro del BROC, el club de oficiales reservistas de Brabante, organización militar conservadora fundada en 1975 y obsesionada con el «peligro rojo».
En 1978, Paul Latinus se hizo miembro del Frente de la Juventud en cuyo seno creó un departamento de operaciones especiales, el WNP. Latinus disponía de excelentes contactos, lo que le permitió al mismo tiempo hacer carrera dentro del gobierno, donde fue asistente del consejero del ministro del Trabajo y formó parte de varias comisiones.
En enero de 1991, cuando la revista de izquierda Pour reveló su trayectoria como militante de extrema derecha, Latinus tuvo que renunciar a sus funciones oficiales y se fue al Chile de Pinochet. Pero, al cabo de sólo 2 meses de exilio, utilizó sus relaciones y volvió a Bélgica, en el preciso momento en que comenzaban las matanzas de Brabante. Retomó el mando del WNP y, entre otras actividades, colaboró con la Sûreté de l’État en la lucha anticomunista proporcionando al ministerio de Justicia información sobre personalidades de la izquierda belga [95].
«Latinus había ingresado al Frente de la Juventud con una misión específica», recuerda Jean-Claude Garot, redactor jefe de la revista Pour, y precisa que esa misión era:
«enseñar a los miembros de la organización a realizar ataques violentos, ataques contra cafés de propietarios árabes, a organizar campos de entrenamiento militar y realizar misiones de vigilancia» [96].
Investigando sobre la extrema derecha belga, Garot había seguido la pista de Latinus hasta los campos de entrenamiento en operaciones especiales del WNP. «Entre los miembros de los grupos paramilitares que ellos formaban y entrenaban para sus intervenciones figuraban elementos de la extrema derecha, ex comandos paracaidistas, ex militares (gendarmes) y militantes de derecha», descubrió el periodista mucho antes de que se revelara la existencia de los ejércitos secretos, en 1990.
«Ese tipo de ejercicios no incluía el uso de armas de fuego ni granadas. Eso hace ruido y llama la atención. Sabíamos que existía un campamento de ese tipo. Teníamos informes sobre eso y llevamos por lo tanto el equipamiento necesario para fotografiar parte de aquellas actividades.» [97]
El campamento se hallaba en la región de las Ardenas y los instructores de diferentes servicios secretos estaban presentes en las sesiones de entrenamiento.
«Aquellos hombres proporcionaban formación en reclutamiento, vigilancia y manejo de armas. “Robert” enseñaba el uso de explosivos, de armas, tiro y cómo matar a un hombre sin dejar huellas.» [98]
Cuando Garot publicó lo que había descubierto, varios servicios se alarmaron y trataron de enterrar el asunto. «Con algunos amigos de la radio y la televisión, interrogamos al general Beaurir. [Este último] estaba entonces a la cabeza de la gendarmería», recuerda Garot.
«Durante la entrevista, [el general] dijo: “Nunca ha sucedido nada de eso.” Aquel mismo día intervino el juez de instrucción. ¿Pero dónde? Aquí mismo [en la oficina del periodista]. Registraron el local y declararon: “Jean-Claude Garot ha mentido. Falsificó los uniformes, las fotos y las armas, todo eso no es más que una farsa”.» [99]
Según se comprobó más tarde, Garot había descubierto la rama de extrema derecha de la red stay-behind belga, el SDRA 8 entre cuyos miembros había activistas del WNP.
Paul Latinus estaba al mando del grupo de intervención terrorista. En una entrevista concedida a Haquin, él mismo confirmó que había sido miembro de una red anticomunista clandestina. «A Latinus se le había encargado constituir un grupo, un ejército al estilo de las SS», explicó el periodista.
«Ellos tenían un servicio secreto, un servicio de seguridad dentro del grupo. Cada miembro tenía un segundo nombre, un nombre en código, generalmente en alemán. Los miembros no se conocían entre sí.
Volví a ponerme en contacto con Paul Latinus.
Nos reunimos en un restaurante en el campo y estuvimos conversando toda la noche. Algunas autoridades, él no quiso especificar cuáles, le habían confiado la tarea de crear en Bélgica un grupo secreto de resistencia.
Era para combatir un avance soviético e impedir que ciertas autoridades belgas colaboraran con los Soviets.» [100]
Desde su exilio en la Florida, el ex miembro del WNP y ex gendarme Martial Lekeu le confirmó a Frankovich que el ejército secreto belga había participado en las matanzas de Brabante para desacreditar a la izquierda. «El origen de las armas que utilizaban era lejano y era exactamente lo que habíamos previsto: organice usted bandas y grupos de ese tipo y déjelos actuar por sí mismos garantizándoles cómo sobrevivir y el aprovisionamiento y tendrá con qué crear un clima de terror en el país», explicaba Lekeu.
«Tenían dos planes. El primero era conformar bandas que montaran asaltos con tomas de rehenes… ustedes saben, las matanzas. El segundo consistía en organizar un falso “movimiento de izquierda” que cometería crímenes únicamente para hacerle creer a la población que aquellos actos terroristas eran obra de la izquierda.» [101]
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El ingeniero nuclear Paul Latinus (derecha) fue reclutado a los 17 años por los servicios secretos del Pentágono. Activista y militante neonazi, fundó el Westland New Post (WNP). Participó en la Operación Cóndor en Chile.
¿Contaba ese terrorismo con respaldo y aliento de la administración del presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, que al mismo tiempo reprimía con violencia a los sandinistas en Nicaragua?, preguntó Francovich al miembro del WNP.
Michel Libert, a quien se le había encargado reunir información sobre el funcionamiento de los supermercados por orden del jefe del WNP Paul Latinus, confirmó a su pesar que su superior había colaborado muy estrechamente con Estados Unidos: «Él [Latinus] se reunía con gente de la embajada [estadounidense] pero yo nunca pude verlos como lo estoy viendo a usted», o sea frente a frente. «Eso no entraba en mi campo. El suyo era, digamos, la diplomacia, o sea las relaciones con las autoridades extranjeras. Nosotros sólo nos ocupábamos de las acciones», recordó el terrorista Libert.
«Sabíamos que estábamos protegidos, y por todas las autoridades imaginables, según el tipo de misión.
¿Los americanos le pagaban [a Latinus]? Yo no sabría decirlo. Pero él sí estaba en contacto con ellos.» [102]
El senador Roger Lallemand, quien dirigía la investigación sobre el Gladio belga, estaba entonces en lo cierto al analizar las matanzas de Brabante como:
«obra de gobiernos extranjeros o de servicios de inteligencia que trabajan para potencias extranjeras, una forma de terrorismo tendiente a desestabilizar nuestra sociedad democrática» [103].
En su prudente formulación, el senador Lallemand se cuidaba sin embargo de acusar directamente a Estados Unidos, aunque insistía en el hecho que aquel tipo de terrorismo encajaba en el contexto político anticomunista de la guerra fría:
«Aquellos asesinatos gratuitos pudieron tener un móvil político, recordando lo que pasó en Italia. En la estación de Bolonia encontraron la muerte 80 personas inocentes. Pensamos que una organización política estaba detrás de las matanzas de Brabante y de Bolonia». [104]
Fue el periodista René Haquin quien aportó las piezas que faltaban en el rompecabezas con su entrevista al terrorista del WNP respaldado por Estados Unidos Paul Latinus:
«En nuestros intercambios durante los días y semanas siguientes le pregunté a Latinus quién le había pedido que conformara su grupo. Él mencionó a la Sûreté de l’État. Yo insistí y él acabó por hablar de los servicios secretos militares estadounidenses.» [105]
Paul Latinus fue arrestado por las matanzas de Brabante. Pero, el 24 de abril de 1985, antes de haber tenido tiempo de revelar nada, el comandante de extrema derecha apareció ahorcado con un cable de teléfono, a pesar de que sus pies tocaban el piso de la celda. «Entre las relaciones de Paul Latinus, todos o casi todos están convencidos de que el jefe del WNP no se suicidó sino que fue eliminado.» «Cada vez que se hizo una reconstrucción [de los hechos], el cable de teléfono se partió.» Haquin se pregunta:
«Si Estados Unidos no tiene nada que ver con las matanzas, ¿por qué no habla, por qué guarda silencio y permite que aumenten las sospechas?» [106]
(Continuará…)
[1] Enquête parlementaire sur l’existence en Belgique d’un réseau de renseignements clandestin international, rapport fait au nom de la commission d’enquête par MM. Erdman et Hasquin. Document Sénat, session de 1990–1991. Bruxelles, [En español, Investigación parlamentaria sobre la existencia en Bélgica de una red de informadores clandestino de ámbito internacional, informe hecho en nombre de la comisión investigadora por los señores Erdman y Hasquin. Documento del Senado, sesión de 1990-1991. Bruselas, p.24]. En lo adelanta designaremos este documento como Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio [En español, Informe del Senado belga de 1991 sobre Gladio]. Como resultado del descubrimiento de los ejércitos secretos stay-behind en Europa Occidental, en 1990, el diputado socialista Dirk van der Maelen había presentado al parlamento belga una propuesta a favor de la creación de una comisión parlamentaria encargada de investigar sobre la red secreta. El Senado adoptó la propuesta por 143 votos a favor, 1 en contra y 5 abstenciones. La comisión, presidida por Roger Lallemand y compuesta de 19 senadores, realizó 57 sesiones y escuchó a 37 testigos. Había entre estos últimos 3 ministros, el jefe de la policía, el jefe del servicio de inteligencia SGR y varios agentes de las secciones Gladio SDRA 8 y STC/Mob del SGR. Los testigos podían declarar de forma anónima, si así lo deseaban. «Algunas audiencias duraron 5 o 6 horas. Se desarrollaban en la mayor calma.» El 1º de octubre de 1991, la Comisión Investigadora sobre el Gladio belga terminó su misión con la presentación de un informe de 250 páginas. Al igual que el informe del Senado italiano y el informe suizo sobre el P26, el informe belga prueba que hubo un verdadero esfuerzo democrático y es una de las mejores investigaciones sobre la red stay-behind.
[2] Informe del Senado belga de 1991 sobre el Gladio, p.33.
[3] Ibid., pp.148-149.
[4] Ibid., p.29.
[5] Ibid.
[6] Ibid., pp.24-25.
[7] Mackenzie, W. J. M., History of the Special Operations Executive: Britain and the resistance in Europe (British Cabinet Office, Londres, 1948), pp.1153-1155. El original del Buró de Archivos públicos de Londres no se ha publicado aún. Aparecerá publicado próximamente por la casa Frank Cass.
[8] Mackenzie, Special Operations Executive, p. 981.
[9] Allan Francovich, Gladio : The Ringmasters. Primer documental de una serie de tres realizada por Francovich sobre el Gladio. Transmitido por BBC2 el 10 de junio de 1992.
[10] Ibid.
[11] Para mayor información sobre el asesinato de Lahaut, ver la investigación de Etienne Verhoyen y Rudi Van Doorslaer, L’Assassinat de Julien Lahaut. Une histoire de l’anticommunisme en Belgique (EPO Press, Amberes, 1987).
[12] El texto íntegro de la carta figura en el Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, pp. 212–213.
[13] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p. 213. Citado también en el diario británico The Observer del 7 de junio de 1992.
[14] Ibid., p. 18.
[15] Frans Kluiters, De Nederlandse inlichtingen en veiligheidsdiensten (1993), p.311.
[16] Jan de Willems, Gladio (Editions EPO, Bruselas, 1991), p.147.
[17] Kluiters, Nederlandse, p.311. Willems, Gladio, p.147.
[18] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, op. cit., p.18.
[19] Fragmento de Willems, Gladio, p.147.
[20] Ibid., p.148.
[21] Ibid., p.149.
[22] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.22.
[23] Ibid., p.20 et 21.
[24] Michel Van Ussel, Georges 923. Un agent du Gladio belge parle. Témoignage (Éditions la Longue Vue, Bruselas, 1991), p.150.
[25] Publicación británica Statewatch, enero de 1992.
[26] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.22.
[27] Publicación británica Statewatch, julio/agosto de 1992.
[28] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.6, 29, 30. Y Van Ussel, Georges 923, p.19–27.
[29] Ibid., p.38.
[30] Ibid., p.58.
[31] Ibid., p.55.
[32] Ibid.
[33] Fragmento del Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.25.
[34] Ibid.
[35] Ibid., p.137.
[36] Ibid., p.62.
[37] Van Ussel, Georges 923, p.141.
[38] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.57.
[39] Van Ussel, Georges 923, p.81.
[40] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.61.
[41] Allan Francovich, Gladio: The Ringmasters. Primer documental de una serie de tres realizada por Francovich sobre el Gladio. Transmitido por BBC2 el 10 de junio de 1992.
[42] Van Ussel, Georges 923, p.79.
[43] Ibid., p.59.
[44] Ibid., p.86.
[45] Ibid., p.51 and 107.
[46] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.28.
[47] Ibid., p.33.
[48] Ibid., p.37.
[49] Ibid., p.45.
[50] Ibid., p.59.
[51] Ibid., p.47.
[52] Ibid., p.45.
[53] Ibid., p.66.
[54] Ibid., p.44.
[55] Ibid., p.47.
[56] Van Ussel, Georges 923, p.43.
[57] Ibid., p.57.
[58] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.78.
[59] Hugh O’Shaughnessy, «Gladio: Europe’s best kept secret». Diario británico The Observer, 7 de junio de 1992. Se suponía que aquellos agentes debían mantenerse tras las líneas enemigas si el Ejército Rojo invadía Europa Occidental. Pero la red creada con las mejores intenciones se convirtió en algunos países en un instrumento para el terrorismo y la agitación política de extrema derecha.
[60] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.47–48.
[61] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers. Último documental de la serie de tres realizada por Francovich sobre el Gladio. Transmitido por BBC2 el 24 de junio de 1992.
[62] Ibid.
[63] Ibid.
[64] Ibid.
[65] Ibid.
[66] Hugh O’Shaughnessy, op cit.
[67] Manuel Abramowicz, Le dictionnaire des “années de plomb” belges. Para mayor información sobre las CCC, ver también Jos Vander Velpen, Les CCC – L’Etat et le terrorisme (EPO Dossier, Amberes, 1988).
[68] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers. op cit.
[69] Fragmento de Willems, Gladio, p.13.
[70] Cronología de los crímenes atribuidos a los asesinos de Brabante
Fecha Lugar Víctimas Blanco
14/08/1982 Maubeuge, Francia 1 herido Asalto contra un comercio de víveres
30/09/1982 Wavre, Brabante 1 muerto, 3 heridos Asalto contra una armería
30/09/1982 Hoeilaart, Brabante 2 heridos Tiroteo de la BSR
23/12/1982 Bruselas, Brabante 1 muerto Asalto del Hôtel des Chevaliers
09/01/1983 Mons, Brabante 1 muerto Asesinato de un chofer de taxi
25/02/1983 Uccle, Brabante 1 herido Asalto contra un supermercado Delhaize
03/03/1983 Hal, Brabante 1 muerto, 1 herido Asalto contra una tienda Colruyt
10/09/1983 Temse, Brabante 1 muerto, 1 herido Asalto contra una boutique de ropa
17/09/1983 Nijvel, Brabante 3 muertos, 1 herido Asalto contra una tienda Colruyt
17/09/1983 Braine-l’Alleud, Brabante 1 herido Intercambio de disparos con la policía
02/10/1983 Ohain, Brabante 1 muerto Asalto contra un restaurante
07/10/1983 Beersel, Brabante 1 muerto, 3 heridos Asalto contra un supermercado Delhaize
01/12/1983 Anderlues, Brabante 2 muertos Asalto contra una joyería
27/09/1985 Braine-l’Alleud, Brabante 3 muertos, 1 herido Asalto contra un supermercado Delhaize
27/09/1985 Overijse, Brabante 5 muertos, 1 herido Asalto contra un supermercado Delhaize
09/11/1985 Alost, Brabante 8 muertos, 9 heridos Asalto contra un supermercado Delhaize
Información de la Cámara de Representantes de Bélgica: Enquête parlementaire sur les adaptations nécessaires en matière d’organisation et de fonctionnement de l’appareil policier et judiciaire, en fonction des difficultés survenues lors de l’enquête sur “les tueurs du Brabant” [En español, “Investigación parlamentaria sobre las adaptaciones necesarias en materia de organización y funcionamiento del aparato policial y judicial, en función de las dificultades encontradas durante la investigación sobre ‘los asesinos de Brabante’. NdT.] Informe redactado por los señores Renaat Landuyt y Jean-Jacques Viseur a nombre de la comisión investigadora. Bruselas, 14 de octubre de 1997, p.21–22.
[71] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers, op. cit..
[72] Marcus Warren, «The Slaughter that still Haunts Belgium». Publicado en el semanario británico Sunday Telegraph el 26 de noviembre de 1995.
[73] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.100.
[74] Ibid., p.141.
[75] Ibid., p.53.
[76] Ibid., p.54. Ver también, de Boris Johnson, «Secret war over identities of Gladio agents» en el diario británico The Daily Telegraph del 29 de marzo de 1991.
[77] Rapport du Sénat belge de 1991 sur Gladio, p.54.
[78] Ibid., p.51.
[79] Publicación británica Statewatch, mayo/junio de 1996.
[80] Camara de Representantes de Bélgica: Enquête parlementaire sur les adaptations nécessaires en matière d’organisation et de fonctionnement de l’appareil policier et judiciaire, en fonction des difficultés survenues lors de l’enquête sur “les tueurs du Brabant”. [En español, “Investigación parlamentaria sobre las adaptaciones necesarias en materia de organización y funcionamiento del aparato policial y judicial, en función de las dificultades encontradas durante la investigación sobre ‘los asesinos de Brabante’”. NdT.] Informe redactado por los señores Renaat Landuyt y Jean-Jacques Viseur a nombre de la comisión investigadora. Bruselas, 14 de octubre de 1997.
[81] John Palmer, «Trial Fuels Claims of Right-Wing Belgian Terrorist Conspiracy» en el diario británico The Guardian del 28 de enero de 1988.
[82] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers.
[83] Ibid.
[84] Ibid.
[85] Ibid.
[86] Phil Davison, «A Very Right-Wing Coup Plot Surfaces in Belgium», publicado en el semanario británico The Independent on Sunday, 24 de enero de 1990.
[87] Ed. Vulliamy, «Secret agents, freemasons, fascists… and a top-level campaign of political ‘destabilisation’: ‘Strategy of tension’ that brought carnage and cover-up», diario británico The Guardian, 5 de diciembre de 1990.
[88] Willems, Gladio, p.151.
[89] Reuters, agencia de prensa internacional, 1º de octubre de 1990 25 de enero de 1988.
[90] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers.
[91] Ibid.
[92] Phil Davison, op cit.
[93] Manuel Abramowicz, Le dictionnaire des “années de plomb” belges.
[94] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers.
[95] Manuel Abramowicz, Le dictionnaire des “années de plomb” belges.
[96] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers.
[97] Ibid.
[98] Ibid.
[99] Ibid.
[100] Ibid.
[101] Ibid.
[102] Ibid.
[103] Hugh O’Shaughnessy, «Gladio: Europe’s best kept secret».
[104] Allan Francovich, Gladio: The Foot Soldiers.
[105] Ibid.
[106] Manuel Abramowicz, Le dictionnaire des “années de plomb” belges (diccionario de los años de plomo en Bélgica).


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OPERACIO GLADIO


Tras el término de la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano, la CIA, los ex nazis y la mafia siciliano-americana forjaron una alianza para luchar durante la Guerra Fría contra la antigua Unión Soviética y la creciente influencia pro-soviética en Europa y el resto del el mundo.

En un libro recientemente publicado, titulado “Operation Gladio”, el periodista Paul L. Williams ofrece nuevas e inquietantes evidencias que exponen lo que él llama la “alianza impía”.
Operation-Gladio
La historia comenzó ya en 1942, con la formación del Banco del Vaticano.
El mismo año, la ONI (Oficina de Inteligencia Naval, la antecesora de la CIA) reclutó a Lucky Luciano, un capo de la droga. El director suizo de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), Allen Dulles, llegó a la conclusión:
“Estamos luchando contra el enemigo equivocado”.

Allen Dulles
Allen Dulles

Las Schutzstaffel, mejor conocidas como las SS nazis, enviaron un mensaje a Dulles a través del Vaticano en el que decían que el gobierno nazi quería firmar la paz separadamente con los Estados Unidos; querían luchar contra los soviéticos.

Dulles se reunió con el príncipe Max von Hohenlohe en Berna, Suiza. Hohenlohe descubrió que Dulles estaba de acuerdo con él. Más tarde, Dulles se reunió también con otros oficiales nazis para forjar la nueva alianza.

Por su parte, el Jefe de Inteligencia Especial para la OSS en China, el coronel Paul E Helliwell, pensó en otra alianza impía entre la comunidad de inteligencia de Estados Unidos y grupos del crimen organizado.



Lucky Luciano

En consecuencia, las agencias de inteligencia estadounidenses sacaron al capo mafioso Lucky Luciano de la cárcel, lo que le permitió construir su imperio de los narcóticos y simplemente se sentaron a observar el flujo de drogas fluyendo hacia los guetos negros en gran parte de Nueva York y Washington. La alianza impía de los espías y criminales estadounidenses se repitió en todas partes, desde Laos y Birmania hasta Marsella y Panamá.
Después de que Richard Nixon se convirtiera en presidente en 1969, la estrategia de la tensión ganó más ímpetu. El Asesor Nacional, Henry Kissinger, dio órdenes a Licio Gelli, un agente fascista italiano de la logia masónica Propaganda Due (P2), para que llevara a cabo ataques terroristas e intentos de golpe de Estado.
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Los Estados Unidos y el Vaticano invirtieron millones de dólares en estas operaciones.

La mayor parte del dinero se recaudó de formas cuestionables.
El primer ataque importante en Europa tuvo lugar el 12 de diciembre 1969, cuando una bomba estalló en el vestíbulo de la Banca Nazionale Dell’Agricoltura en Milán, Italia.

Diecisiete personas murieron en la explosión. Al cabo de una hora, tres bombas explotaron en Roma. Según cifras oficiales, 14.591 actos de violencia con motivación política se llevaron a cabo entre el 1 de enero de 1969 y el 31 de diciembre de 1987. En estos ataques terroristas, murieron 491 personas y 1.181 resultaron heridas.
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De todos estos atentados se culpó falsamente a grupos de extrema izquierda anarquistas y marxistas.

Un gran número de ataques terroristas similares se llevaron a cabo en otros países europeos entre 1965 y 1981. Tras una serie de intentos de asesinato frustrados contra el presidente francés Charles De Gaulle, éste denunció “la guerra secreta del Pentágono” y expulsó la sede europea de la OTAN de su país.
En América Latina, la CIA y el Vaticano lanzaron la Operación Cóndor, la versión latinoamericana de la Operación Gladio.
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Cualquier gobierno se arriesgaba a ser atacado mediante esta operación si defendía la nacionalización de la industria privada (en particular las empresas de propiedad extranjera), una reforma agraria radical, políticas comerciales autárquicas, aceptación de la ayuda soviética o una política exterior anti-americana.

“La CIA y el Vaticano comenzaron la Operación Cóndor en la década de 1970, cuando el Opus Dei suscitó el apoyo de los obispos chilenos para el derrocamiento del gobierno del Presidente Allende. El grupo católico estaba trabajando en estrecha colaboración con las organizaciones financiadas por la CIA, como Patria y Libertad, que más tarde se convirtió en la temida policía secreta chilena”.
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En 1971, la CIA comenzó a desembolsar millones de dólares en el Instituto Chileno de Estudios Generales (IGS), un think tank del Opus Dei, para la planificación del levantamiento contra Allende. Muchos miembros de la IGS se unieron al gobierno tras el golpe de Estado. Hernán Cubillos se convirtió en el ministro de Relaciones Exteriores. Fue el fundador de ‘Que Pasa’, una revista del OPUS Dei y editor de ‘El Mercurio’, el periódico más grande de Santiago de Chile, que fue subvencionado por la CIA.

En su libro, Williams muestra que el Vaticano estaba completamente involucrado en la Operación Cóndor. El Papa se involucró en la purga de los clérigos de izquierdas; los líderes de la junta militar eran católicos devotos. El Vaticano no abandonó al general Pinochet, incluso cuando fue arrestado en Gran Bretaña por el asesinato de miles de chilenos.El Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, escribió al gobierno británico en nombre del Papa para exigir su liberación.

Angelo Sodano
Angelo Sodano
 Bajo Pinochet, cientos de miles los chilenos habían desaparecido, mientras que más de cuatro mil habían sido asesinados. Más de cincuenta mil chilenos fueron torturados en el nombre del dios católico. La guerra sucia de la CIA fue perpetuada en muchos países de América Latina con la ayuda y bendición del Vaticano.
Williams cita a la filtradora del FBI Sibel Edmonds, quien dijo:

“Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos, financiamos y ayudamos a ejecutar cada incidente terrorista importante realizado por los rebeldes chechenos (y los muyahidines) contra Rusia.

Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos, financiamos y ayudamos a ejecutar cada levantamiento individual y acto terrorista en Xinjiang (también conocido como Turkestán Oriental o Uyhurstan).

Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos y llevamos a cabo al menos dos planes de asesinato contra funcionarios pro-rusos en Azerbaiyán”.

La historia real no es tal y como nos la cuentan en la tele…

http://www.globalresearch.ca/the-untold-story-of-unholy-alliance-between-the-vatican-the-cia-and-the-mafia/5449288
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LA OTAN SE HA CONVERTIDO EN UNA PANDILLA DE TERRORISTAS que actuan asesinando y haciendo actos de sabotaje a nivel mundial:

excelente articulo aqui:

http://www.voltairenet.org/article183955.html

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 Las últimas evidencias de los vínculos del primer ministro turco con Al Qaeda han sacudido el país. Ankara, al apoyar el terrorismo en Siria, lo realizaba, además, al amparo de una estrategia de la OTAN:

http://actualidad.rt.com/actualidad/view/116320-alqaeda-banda-armada-otan-turquia-meyssan

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Las últimas evidencias de los vínculos del primer ministro turco con Al Qaeda han sacudido el país. Ankara, al apoyar el terrorismo en Siria, lo realizaba, además, al amparo de una estrategia de la OTAN

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/116320-alqaeda-banda-armada-otan-turquia-meyssan

Recordemos una de la operaciones de terrorismo de estado para comprender el terrorismo de hoy:

GLADIO - (gladiador)

Operación Gladio (o más comúnmente Gladio) fue una organización terrorista secreta anticomunista desarrollada en Europa Occidental y apoyada y financiada por la CIA estadounidense, los Britanicos, el grupo masonico P2 y la mafia Italiana.




Con apoyo de la OTAN - CIA ....


El nombre de Gladio se aplica generalmente a una serie de organizaciones paramilitares de diversos países, Europeos y Turquia.

"silenciosamente sirvo a la libertad"


Fue descubierta el 24 de octubre 1990 por el Presidente del Consejo de los Ministros italiano Giulio Andreotti (sospechoso de colaborar con la Mafia).

En España se le asocia a la masacre de Atocha – 1977- donde mueren varias personas entre ellas juristas relacionados con Comisiones Obreras y el partido comunista.

Hacemos aqui un parentesis para incluir esta corta entrevista al Escritor Benjamin Prado que nos habla sobre el contenido de su ultima Novela Operacion Gladio y su relacion con  lo que esta tuvo que ver con España,como los asesinatos de los Abogados Laboralistas de Atocha o el de Carrero Blanco

Ir a descargar

Otro fue "el suicidio colectivo" de LA Orden del templo Solar en 1995 en Francia, agrupacion que tenia relacion con Gladio. Pero han actuado practicamente en toda Europa.

En este * documental hablan terroristas de izquierdas y de derechas, hablan infiltrados de la policía y de los servicios secretos, hablan dos jefes de la mismísima operación Gladio, habla un jefe de la policía italiano y varios ministros franceses, belgas, italianos y hasta un ex presidente de la república italiana, Francesco Cossiga.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos queria evitar la influencia soviética en Europa Occidental, particularmente Italia, donde el Partido Comunista tenía más poder y en otros paises con fuerte presencia de la izquierda.

Fuerzas armadas paramilitares secretas de élite dispuestas en diversos países occidentales participan en la operacion. Todos estos países de Europa poseían contingentes secretos, generalmente sin el conocimiento del gobierno correspondiente.

Muchos nazis retirados fueron miembros de Gladio, que aceptaba solamente a "gente segura", es decir, militantes de extrema derecha alejados del conservadurismo moderado y de la izquierda.

Al mismo tiempo, infiltraban a sus agentes entre los grupos revolucionarios de izquierdas, más tarde terroristas (esto incluye la Fracción del Ejército Rojo alemán, las Brigadas Rojas italianas, Acción Directa… ) Por un lado, conseguían tenerlos bajo control y, por otro, podrían favorecer la estrategia de TENSIÓN. ¿En qué consiste esto?

Crear miedo en la población en caso de un gobierno de izquierdas. Eso fue lo que ocurrió en Italia, en 1978, cuando el jefe de los democristianos, Aldo Moro, intentó montar gobierno con los comunistas. ..........
Su viuda denunció a los propios democristianos como ideólogos del crimen.

En este documental, FRANCESCO COSSIGA, EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ITALIANA admite, que en aquel momento había que elegir “entre Moro o la República”.

Los propios líderes de las Brigadas Rojas, encarcelados en el momento del atentado, admiten ante la cámara de la BBC que desconocían que su organización tuviera logística suficiente para cometer ese atentado.

En 1980, estallan bombas en la estación de tren de Bolonia con el mismo guión-Brigadas Rojas.

Terroristas de extrema derecha y el jefe de la comisión de investigación del Parlamento italiano admiten que las Brigadas Rojas estaban infiltradas por los servicios de seguridad y de espionaje.

¿Quién está detrás?

Los propios espías reconocen que los gobiernos de cada país no tienen por qué conocer la existencia de estas redes y, sólo en algunas ocasiones, el Ministro del Interior.

En el documental se puede ver la cara de Licio Gelli, jefe de la P2 durante el ominoso crimen de Juan Pablo I, ligado al escándalo del Banco Ambrosiano y la masonería. ...y muchos mas.

El caso es que está operativa desde 1948 y se conoce sus vínculos con políticos, militares, policías, jueces y fiscales de la logia masonica p2 , como demostró el sumario sobre la logia en Italia.

Esta red de organizaciones paramilitares no se hallaba sólo presente en Italia, sino en cantidad de países, lo que motivó una resolución del Parlamento Europeo el 22 de noviembre de 1990 alertando sobre el peligro de la injerencia de dicha organización terrorista en los asuntos internos de los estados europeos.

A pesar de ello, tan sólo tres países –Italia, Bélgica y Suiza- han puesto en marcha investigaciones parlamentarias al respecto.

En Turquía por ejemplo, la OTAN también puso en marcha una organización de este tipo (llamada Contraguerrilla) para prevenir el auge de los movimientos izquierdistas de los años 70, financiando a los grupos de extrema derecha, en una “estrategia de tensión” similar a la de Italia.

OPERACION TERRORISTA OTAN - OPERACION GLADIO Uno de los atentados más sanguinarios de las de la Operación Gladio en Turquía fue la masacre de la plaza de Taksim el 1 de mayo de 1977, cuando pistoleros ligados al movimiento ultraderechista MHP abrieron fuego frente a una manifestación de trabajadores de 500.000 personas, matando a 37 e hiriendo a cientos, sin que la policía interviniera para evitarlo (momento desde el cual no se puede celebrar el 1 de mayo en ese mítico lugar).

La estrategia de la tensión en Turquía llevó a dos golpes de estado militares en 1971 y 1980, este último con casi 100.000 estudiantes y líderes políticos encarcelados y 600 asesinados.

Estas organizaciones paramilitares, tanto en Italia como en Grecia o Turquía, estuvieron –o están aún- formadas por miembros de partidos de ultraderecha y mantienen contactos con parte de las fuerzas de seguridad y la mafia, en una compleja red muy difícil de desenmarañar.

En Turquía este entramado recibe el nombre de “Estado Profundo”.

http://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Gladio

INTERESATE VIDEO DOCUMENTAL DEL CANAL HISTORIA:



http://www.megavideo.com/?v=FMGQ1DMW


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El 2 de agosto de 1990, el entonces presidente de Italia, Giulio Andreotti, reconoció ante el Senado italiano la existencia de una red de ejércitos secretos a lo largo de la Europa occidental.

Aquella noticia era terrible y confusa en términos iguales. Terrible debido a que habían existido tropas paramilitares no controladas por el poder civil; confusa porque no se sabía ni cuáles eran los objetivos de estas tropas stay behind, ni quiénes la formaban, ni qué acciones habían llevado a cabo.

En este artículo se intentará dar respuesta a qué fueron los ejércitos secretos de la OTAN, quiénes lo formaron y cuáles fueron sus operaciones y sus objetivos. Para conseguir lo anterior, profundizaremos en el caso italiano por dos razones. En primer lugar, porque fue en Italia en donde se dio a conocer públicamente la existencia de esta estructura secreta, que en el país transalpino fue bautizada como Operación Gladio. Y en segundo lugar, porque fue en este Estado en donde la estructura se mostró más activa, viéndose involucrada en atentados y operativos de golpes de Estado.

Vacío informativo

Cuando se comienza a investigar sobre los ejércitos secretos de la OTAN lo primero que se puede observar es la falta de información al respecto. De hecho, sólo ha habido un autor que haya tratado el tema en profundidad, Daniele Ganser. Por otro lado, es tal el vacío existente que una de las principales fuentes a la hora de trabajar el tema continúa siendo el documental de Alan Francovich, el cual fue emitido por la BBC en 1992.
La principal razón sobre la falta de investigaciones en relación con este proceso es la opacidad de los estados que se vieron involucrados. Cuando todo el asunto salió a la luz, el Parlamento Europeo trató este proceso, llegando a una resolución en la que se condenaba esta estructura stay behind y se demandaba una investigación por parte de los diferentes estados implicados. Sin embargo, Italia, Bélgica y Suiza fueron los únicos países en llevar a cabo investigaciones parlamentarias sobre la cuestión, mientras los demás países se limitaron a reconocer la existencia del operativo sin dar más detalles.

¿Cuál era la finalidad de esta estructura stay behind? Los ejércitos secretos de la OTAN tenían como objetivo luchar contra el comunismo. En un primer momento, esta amenaza procedería desde el otro lado del telón de acero. Sin embargo, cuando las esferas de influencia en Europa se consolidaron y se comprobó que la URSS tenía más interés en mantener su esfera de influencia que en expandir la revolución mundial, los objetivos del operativo fueron reconfigurados. Así, el enemigo ya no estaba fuera de las fronteras, sino dentro de ellas. Estos insiders eran las agrupaciones comunistas, aunque también se incluían entre los enemigos agrupaciones políticas y/o sociales relacionadas a la izquierda política.

Otro elemento importante al tratar la estructura stay-behind es esclarecer si estuvieron relacionados con actos de terrorismo o no. Es difícil dar una respuesta completa a esta cuestión, ya que mucha información primaria se encuentra aún clasificada o ha sido directamente destruida. No obstante, si se presta atención a las palabras de Vinciguerra, la estructura, al menos en su rama italiana, sí estuvo involucrada en este tipo de actos.
Portada de la versión española de la obra de Daniele Ganser. Junto con el documental de Alan Francovich, es la mejor referencia sobre los Ejércitos secretos de la OTAN
Portada de la versión española de la obra de Daniele Ganser. Junto con el documental de Alan Francovich, es la mejor referencia sobre los Ejércitos secretos de la OTAN

Los intentos de golpe de estado

Durante la Guerra Fría, el espectro político italiano se dividió entre dos partidos. Por un lado, la Democracia Cristiana, por otro lado, el Partido Comunista Italiano. Por consiguiente, y por causa de la presencia de un partido comunista popular, las diferentes elecciones generales que se produjeron en Italia desde 1948 hasta la década de 1980 se convirtieron en una batalla política que no sólo se jugaba en el interior del país, sino también a nivel internacional.
Después de la II Guerra Mundial, Italia quedó encuadrada dentro del bloque occidental. Sin embargo, Estados Unidos sabía a la perfección que las probabilidades de que el PCI llegase al poder en las elecciones de 1948 eran bastante altas. Con el objetivo de evitar tal situación, la CIA organizó un operativo cuyo principal fin era que la Democracia Cristiana se alzase con la victoria en las elecciones del 48. Para ello se usaron varios recursos, desde una campaña difamatoria contra el PCI dirigida y realizada por la Iglesia católica italiana, pasando por un refuerzo económico a Italia y a la Democracia Cristiana para llevar a cabo su campaña, finalizando en una operación donde los italo-americanos enviaban cartas a sus familiares en Italia avisándoles de los peligros de votar al PCI.
La estrategia funcionó a la perfección y la Democracia Cristiana obtuvo los mejores resultados en su historia en esas elecciones de 1948. Pero lo más relevante de la victoria de la DC fue el éxito de una de las primeras acciones encubiertas de la CIA. De hecho, en caso de que el PCI hubiera ganado aquellas elecciones, los EEUU habían planeado un Plan B que consistía en una invasión de la Italia, tal y como reconoció décadas después Francesco Cossiga, presidente de Italia entre 1985 y 1992.
No sería hasta la década de 1960, más concretamente en 1963, cuando Italia volvería a estar en el radar de los Estados Unidos. En esta ocasión no se trataban de una posible llegada del PCI al poder italiano, sino de la entrada del Partido Socialista Italiano (PSI) en el ejecutivo nacional. El objetivo de la alianza cristiana-socialista era dar mayor estabilidad al panorama político y social italiano a través de una coalición de centro-izquierda. Sin embargo, la CIA y los sectores más reaccionarios de la política italiana y estadounidense mostraron una preocupación ante el giro a la izquierda y aprovechando el asesinato de J.F. Kennedy en noviembre de 1963, planearon llevar a cabo un golpe de estado. Dicho golpe fue marcado para el año siguiente, aunque finalmente no fue necesario ejecutarlo debido a la salida de los socialistas del ejecutivo. El golpe, que ha pasado a ser conocido bajo el nombre de “Piano Solo”, triunfó sin poner en marcha el músculo militar que había tras él.
“Piano Solo” no fue el único golpe de estado planificado en Italia durante la Guerra Fría. Apenas seis años después del éxito del golpe de 1964, en 1970 desde los servicios secretos y militares italianos junto con los paramilitares de Borghese, se volvía a preparar otro golpe de estado, en esta ocasión liderado por Valero Borghese. Los golpistas debían ocupar las sedes del Ministerio de Defensa y de Interior, al mismo tiempo que hacerse con el poder en la sede de la RAI y otros medios de comunicación de importancia. Posteriormente, todos aquellos elementos calificados como subversivos serían detenidos y un gobierno militar sería instalado con el objetivo de volver a instaurar el orden y la disciplina a Italia. Sin embargo, y por razones que aún hoy se desconocen, Borghese ordenó que el golpe se detuviese y que Italia no se despertase bajo un gobierno militar.

La Estrategia de la Tensión, los años del plomo y la Operación Gladio

Para comprender la década de 1970 en Italia, primero deben ser clarificados los significados de “años del plomo” y “estrategia de la tensión”. Respecto al primero, se puede definir como el contexto de violencia callejera que evolucionó a la lucha armada por parte de grupos extremistas (de derecha y de izquierda) que recurrieron a la violencia para conseguir sus objetivos aprovechando la debilidad de las instituciones políticas y económicas, del caos político y de la negativa coyuntura económica italiana derivada de la crisis del petróleo de 1973. Por otro lado, respecto al segundo concepto, se puede considerar como una táctica para cometer actos terroristas y atribuirlos a la otra parte. El término tensión se refiere a la tensión emocional, a aquella que crea una sensación de miedo; el término estrategia se refiere a quién alimenta el miedo en la sociedad y lo dirige contra un grupo o sector determinado. En el caso italiano, el grupo era la izquierda, representada principalmente por el Partido Comunista Italiano.
La Operación Gladio, esto es, el uso indiscriminado del terrorismo contra la población civil italiana, comenzó el 12 de diciembre de 1969 con la explosión de cuatro bombas en Roma y en Milán que mataron a 16 personas. De estos cuatro atentados, el más famoso ha sido el de la sede de la Banca Nazionale dell’ Agricoltura, localizada en Piazza Fontana. En un primer momento, las autoridades culpabilizaron de los atentados a la izquierda, exactamente a grupos anarquistas.
No obstante, desde los primeros momentos del atentado muchas dudas surgieron en torno a la autoría de los atentados. De hecho, legal y jurídicamente, ninguna persona y/u organización ha sido declarada culpable de la matanza. Aún con lo anterior, un informe secreto del SID, los servicios secretos italianos, datado a 16 de diciembre, mencionaba la posibilidad de que los atentados en Milán y Roma hubiesen sido perpetrados por grupos de la derecha con el apoyo de la CIA. Esta mención se vio confirmada años después con las declaraciones del General Maletti sobre cómo la CIA brindaba apoyo a terroristas de la extrema derecha para detener el avance de la izquierda en Italia.
Portada del Corriere della Sera el día después del atentado en Piazza Fontana
Portada del Corriere della Sera el día después del atentado en Piazza Fontana
En 1972, cuando Italia aún se recuperaba de los acontecimientos de 1969, tres miembros de los carabinieri fueron asesinados en un atentado acontecido en Peteano. Al igual que los sucesos de 1969, el atentado fue atribuido a grupos de extrema izquierda revolucionaria. Sin embargo, como sucedió en Roma y Milán, las dudas surgieron rápidamente. En primer lugar, porque según el General Serravalle, tres de los siete depósitos de explosivos C4 localizados en Trieste y pertenecientes a la red Gladio habían desaparecido a sólo dos meses del atentado de Peteano. Y en segundo lugar porque, durante su juicio en 1984, Vincenzo Vinciguerra confirmó la existencia de una “superorganización” organizada por la OTAN y con la colaboración de los servicios secretos italianos y fuerzas militares y paramilitares italianas. Pero no sólo eso, sino que Vinciguerra contextualizó las acciones de grupos paramilitares de extrema derecha tales como Ordine Nuovo o Avanguardia Nazionale como acciones llevadas a cabo dentro de la Operación Gladio.

En 1974 se produjeron nuevos incidentes. Por un lado, en una manifestación anti-fascista en la ciudad de Brescia se produjo un atentado en donde fallecieron ocho personas y 102 resultaron heridas. Llevado a cabo por personajes encuadrados en grupos de extrema derecha, en 1982 los imputados por el caso fueron declarados inocentes, lo que llevó a una manifestación espontánea en el lugar donde había tenido lugar el atentado y a una reflexión por parte de la izquierda institucional que cobraría todo su sentido tras el descubrimiento del ejército paralelo de Gladio:

¿Cómo era posible que mientras a los responsables del terrorismo de la extrema izquierda se les juzga y se les condena, a los de extrema derecha nunca se les consigue condenar porque al final resultan siempre inocentes? Esta reflexión es también válida para los resultados de la investigación de la “Operación Tora Tora” donde las pesquisas llevadas a cabo sobre el caso dieron el resultado de 145 personas acusadas, de las cuales 78 de ellas fueron llevadas a juicio y de estas 78, 46 fueron sentenciadas culpables, los cuales apelaron al Tribunal Supremo Italiano y fueron finalmente exonerados de sus cargos.

Otro incidente de importancia ocurrido en 1974 se localizó en el tren que hacía la ruta Roma-Münich, en donde fallecieron 12 personas y 48 resultaron heridas. Además, en este año, el que había sido miembro de la logia P2 y director del Servizio Informazioni Difesa (SID), Vito Miceli, fue arrestado bajo los cargos de “conspiración contra el Estado” en relación con la “Operación Tora Tora”. Durante el juicio, Miceli declaró la existencia del Operativo Gladio (sin nombrarlo) y cómo éste estaba coordinado desde la OTAN y desde los EEUU.

Del Compromiso Histórico al atentado de Bolonia

Formulado en octubre 1973, el “compromiso histórico” es como se conoce a la intención del PCI de formar una coalición de gobierno junto con la DC con el objetivo de dar estabilidad política a Italia y así evitar que una solución más autoritaria fuera tomada para internar resolver los problemas económicos y sociales por los que atravesaba el país.

En el fondo de este compromiso está el fundamento ideológico del Eurocomunismo, pero también el temor de Berlinguer de que si el PSI y el PCI formaban una alianza para formar un ejecutivo, esto provocaría una reacción de la derecha en forma de golpe de estado. La sombra de Salvador Allende y el golpe de estado de Pinochet eran alargada. Desde el ala más progresista y moderada de la Democracia Crsitiana se acogió la idea del “compromiso histórico” favorable, por lo que la DC y el PCI acercaron posturas y comenzaron a armonizar sus objetivos.

Un año después de la formulación del “compromiso histórico”, Aldo Moro, primer ministro de Italia, viajó a Washington donde le comentó a Henry Kissinger y a Gerald Ford su intención de incluir al PCI en el ejecutivo italiano, a lo cual recibió una respuesta negativa por parte de ambos, los cuales recordaron a Aldo Moro que ningún elemento comunista podía participar en el gobierno. Sin embargo, los resultados de las elecciones de 1976, en donde el PCI logró el mejor resultado en su historia, llevaron en 1978 a Aldo Moro a intentar poner en marcha el “compromiso histórico” formulado cinco años antes. El 16 de marzo de 1978, Aldo Moro se dirigió a la Cámara de los Diputados para presentar el proyecto. Sin embargo, nunca llegó al Parlamento ya que fue secuestrado ese mismo día.
Infografía sobre el secuestro de Aldo Moro, reproduciendo la teoría de que las Brigadas Rojas perpetraron su secuestro. Fuente: http://www.belt.es/noticiasmdb/imagenes/17030818.jpg
Infografía sobre el secuestro de Aldo Moro, reproduciendo la teoría de que las Brigadas Rojas perpetraron su secuestro. 

Fuente: http://www.belt.es/noticiasmdb/imagenes/17030818.jpg

Durante 55 días Aldo Moro estuvo secuestrado, hasta que el 9 de mayo su cadáver apareció en una calle céntrica de Roma. Supuestamente su secuestro y ejecución fueron realizadas por las Brigate Rosse, pero lo cierto es que el secuestro y posterior asesinato del ex primer ministro italiano estaba lleno de misterios. El principal era si la CIA, los servicios secretos italianos o la estructura Gladio tenían algo que ver con la cuestión Moro. Según el periodista italiano Carmine Pecorelli detrás de la muerte de Aldo Moro no estaban las Brigate Rosse sino la CIA y la estructura Gladio. Si Pecorelli tenía razón o no fue algo imposible de verificar ya que fue asesinado el 20 de marzo de 1979. Lo más inquietante es que entre los imputados por el caso se encontraba el entonces primer ministro Giulio Andreotti, el cual fue declarado inocente junto al resto de acusados en 1999. Sin embargo, en 2002 Andreotti fue declarado culpable de instigador de homicidio, aunque finalmente el Tribunal Supremo italiano lo exoneró de la anterior condena en el 2003.

Es probable que nunca se sepa a ciencia cierta quién estuvo detrás del secuestro y asesinato de Aldo Moro. La comisión del Senado que investigó la estructura Gladio en la primera mitad de la década de 1990 sospechaba que la CIA, los servicios secretos italianos y la estructura Gladio estaban tras el asesinato de Moro. Sin embargo, cuando se dispusieron a investigar esa hipótesis descubrieron que la mayor parte de los documentos relacionados con el secuestro y asesinato habían desaparecido.

La última acción de importancia que se encuadra dentro de la “estrategia de la tensión” fue el atentado de 1980 en la estación de tren de Bolonia. Un total de 85 personas fallecieron y los heridos ascendieron a más de 200 en uno de los peores atentados sobre suelo europeo que se había registrado hasta aquel momento. Según la comisión investigadora del Senado, el atentado de Bolonia fue la acción más mortífera conectada con la red Gladio.
Tras la masacre de Bolonia, la estrategia de la tensión, los años de plomo y los atentados de bandera falsa comenzaron a cesar debido a que el Estado fue capaz de controlar la situación y a que la opinión pública, tras una década de asesinatos, atentados, muertes y heridos rechazó de plano la violencia. Sin embargo, la consecuencias sociales de la década de 1970 en Italia fueron tremendamente dolorosas, tal y como constató la comisión de investigación del Senado en su informe, señalando que entre 1969 y 1987, 491 civiles fallecieron, mientras que 1.181 fueron heridos.

Conclusiones

Originariamente, la stay-behind nació como un ejército paralelo y secreto que sólo se accionaría en caso de ataque por parte fuerzas extranjeras, que en la lógica de la Guerra Fría no podía ser más que las fuerzas del bloque socialista sobre un territorio del bloque capitalista. Y así ocurrió en 7 de los 15 países que integraban la estructura secreta de la OTAN. Sin embargo, en los restantes países de la trama parece claro que sus estructuras stay-behind han tenido alguna relación con actos de terrorismo con el objetivo de desacreditar a la izquierda y que ésta no pudiera llegar al poder a pesar de la aceptación de la “reglas del juego” exigidas por los Estados del bloque occidental.

Desmantelada a comienzos de la década de 1990, no se puede asegurar si los ejércitos secretos de la OTAN han sido disueltos definitivamente, ya que la OTAN jamás ha reconocido oficialmente la existencia de esta estructura. Sin embargo, su existencia está fuera de toda duda, mientras que en Italia el operativo estuvo ligado estrechamente con atentados terroristas que tenían el objetivo de desacreditar a la izquierda, especialmente al PCI, para restarle el gran apoyo popular con el que contaba.
Que una estructura similar a Gladio pueda seguir existiendo es una posibilidad y más después de que la prensa italiana diera a conocer la existencia de Department of Anti-terrorism Strategic Studies (DSSA), especia de policía paralela, fundada por Gaetano Saya y Rocardo Sindocca, los cuales habían formado parte de la red Gladio. Aun así, dictaminar la existencia de una red paralela como Gladio es en la actualidad imposible por falta de evidencias. Sin embargo, nunca es descartable que los Estados vuelvan a usar este recurso con el fin de ejecutar decisiones u obtener objetivos de distinta naturaleza que serían imposibles conseguir sin el uso de la tensión y las operaciones de falsa bandera.

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links:

http://www.voltairenet.org/article163083.html

http://www.pazahora.org/PazAhoraAntiOtan.htm

http://video.google.com/videoplay?docid=-4900756773650110959&q=gladio


“Para desestabilizar al Gobierno de España, la Gladio puso en marcha el terrorismo de extrema izquierda más brutal y sanguinario: ETA, GRAPO, FRAP… todas estas organizaciones terroristas empezaron a funcionar en esa época, hacia 1968, coincidiendo con el Mayo Francés, que fue la maniobra empleada por la CIA en Francia para acabar con Charles De Gaulle.”

En agosto de 1990 Giulio Andreotti, el primer ministro italiano, confirmó que durante el período de la Guerra Fría había existido en Italia y otros países occidentales, algunos de ellos adheridos a la OTAN, un ejército clandestino bajo el nombre en clave de Gladio. Sus revelaciones condujeron a un gran escándalo político, no sólo por admitirlo, sino porque él mismo lo había negado en 1974, cuando era ministro de Defensa.

Fruto de aquellas investigaciones llevadas a cabo en Italia entre 1974 y 1990 salieron a la luz las siguientes informaciones relacionadas con las actividades de la siniestra Gladio, que unas veces se presentaba como organización terrorista de extrema derecha, y otras veces de extrema izquierda, según conviniese a sus propósitos. Y ¿cuáles eran estos propósitos? Desestabilizar a determinados gobiernos europeos en beneficio de Estados Unidos que así aumentaba su influencia política en los mismos. La red Gladio jamás actuó en Gran Bretaña.
Algunas acciones terroristas ejecutadas por la Gladio:
1960 – Turquía: Los militares, apoyados por la Gladio y la CIA, todavía dirigida por Allen Dulles, organizan un golpe de Estado y asesinan al primer ministro Adnan Menderes.

1964 – Italia: Los ministros socialistas abandonan sus puestos en el Gobierno después de haber recibido sendas amenazas de muerte por parte de la Gladio. La maniobra de acoso se conoció como Operación Solo.
1967 – Grecia: La organización Gladio en ese país, actuando bajo las siglas de Fuerza de Incursión Helénica (Hellenic Raiding Force) protagoniza un golpe de Estado, estableciendo una dictadura militar.
1968 – España: Aparece la organización terrorista ETA y comete sus primeros asesinatos. En 1970 se celebró el juicio sumarísimo que ha pasado a la historia como el Proceso de Burgos. Los hechos juzgados se remontaban al año 1968. El 2 de agosto de aquel año era asesinado el policía Melitón Manzanas, jefe de la Brigada de Investigación de lo Social de la comisaría de San Sebastián y que fue la primera víctima de ETA.
El 7 de junio era asesinado José Pardines Azcay, agente de la Guardia Civil, durante un control de carretera. Estos fueron los primeros asesinatos de la red terrorista y se decidió juzgar a través de un tribunal militar a dieciséis de sus militantes.
1969 – Italia: Estalla una bomba en un banco en la plaza Fontana, en Milán, matando a 16 personas e hiriendo a 80. En 1999 el antiguo jefe del servicio de inteligencia italiano, el general Maletti, sostuvo que el atentado fue ideado por la Gladio y supuestos terroristas de extrema derecha, apoyados por miembros de las Fuerzas de Seguridad italianas que les habrían prestado cobertura.
1973 – España: Asesinato del almirante Carrero Blanco, jefe del Gobierno y previsible continuador del Régimen. El almirante, que se había negado a prestar apoyo logístico a los norteamericanos durante la reciente guerra árabe-israelí, era asesinado un día después de haberse entrevistado en Madrid con el secretario de Estado, Henry Kissinger.
1975 – España: Un comando de extrema derecha, vinculado a la red italiana de Gladio, ataca el despacho de un abogado laboralista en Madrid relacionado con el Partido Comunista, que todavía no había sido legalizado.
1976 – España: Mercenarios de la Gladio provocan un enfrentamiento entre diferentes grupos carlistas durante una manifestación en Montejurra en la que hubo varios muertos.
1977 – España: El 24 de enero Gladio perpetra la matanza en el número 55 de la calle de Atocha (Madrid). Fueron asesinados los abogados laboralistas Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, el estudiante de derecho Serafín Holgado de Antonio y el administrativo Ángel Rodríguez Leal, y resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo. 

Estaba embarazada y perdió también al hijo que esperaba. La autoría de Gladio fue confirmada por un informe confidencial del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad (CESIS), organismo dependiente de la presidencia del Consejo de Ministros de Italia.
1977 – Alemania: La Facción del Ejército Rojo (en alemán, Rote Armee Fraktion, o RAF), también conocida como la banda Baader-Meinhof (por el apellido de sus dos componentes más destacados), causó una gran agitación social en Alemania (especialmente en el otoño de ese año), lo que llevó a una crisis nacional sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, y que se saldó con la muerte de 34 personas y 20 miembros del grupo terrorista debido a diversos atentados y enfrentamientos con las Fuerzas de Seguridad alemanas.
1978 – Italia: Asesinato del primer ministro Aldo Moro secuestrado por las Brigadas Rojas, una organización terrorista fundada en 1969 que se declaraba marxista-leninista. Moro fue secuestrado cuando iba de camino a una sesión del Congreso en la que se iba a votar una moción de confianza al nuevo Gobierno encabezado por Giulio Andreotti, con el apoyo del Partido Comunista italiano. Era la primera vez que se ponía en práctica el llamado Compromesso Storico por el que los comunistas italianos entraban a formar parte del gobierno de concentración para superar la grave crisis que sufría entonces Italia. Moro siempre había abogado por el entendimiento entre comunistas y cristianodemócratas.
1980 – Italia y Alemania: Estallan bombas en la estación ferroviaria de Bolonia y durante la celebración de la Oktoberfest de Múnich, matando un total de 98 personas e hiriendo a más de 400. En ambos casos se encontraron evidencias de la participación de la Gladio y de los servicios secretos norteamericanos.
1981 – España: envenenamiento masivo por consumo de aceite de colza desnaturalizado (Síndrome del Aceite de Colza) y supuesta intentona golpista del 23 de Febrero. Diversas acciones, planificadas y ejecutadas por la CIA, y relacionadas con el ingreso de España en la OTAN, forzaron la dimisión del entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y allanaron el camino para la victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982.
1983-1985 – Bélgica: Se produce una serie de acciones tan violentas como absurdas. Grupos de hombres armados dispararon indiscriminadamente matando a civiles en varios restaurants y supermercados en el distrito de Brabante. Hasta 28 personas perdieron la vida y muchas resultaron gravemente heridas. Las inconclusas investigaciones sugirieron la participación en los atentados de miembros de las Fuerzas Armadas belgas y supuestos grupos de extrema derecha relacionados con los servicios secretos norteamericanos y británicos.
1990 – Suiza: Encuentran muerto al antiguo jefe del ejército secreto suizo P26, el coronel Alboth, apuñalado con su propia bayoneta, después de haber asegurado que estaba dispuesto a revelar “toda la verdad” sobre las actividades clandestinas de la red terrorista Gladio en Suiza.
A medida que las informaciones sobre la organización Gladio se fueron publicando, la historia se fue tornando cada vez más siniestra. Desde el inicio de la Guerra Fría, agencias independientes franquiciadas por los servicios secretos de Estados Unidos y Gran Bretaña establecieron una vasta red de asesinos a sueldo, grupos paramilitares, organizaciones terroristas y depósitos secretos de armas a través de toda Europa occidental.
Gladio permaneció muy activa hasta que estalló el escándalo Andreotti en Italia en 1990. Después de la desintegración de la Unión Soviética al año siguiente se produjeron cambios vertiginosos en todo el mundo, y la actividad de Gladio disminuyó hasta desaparecer, aparentemente.
El Mayo del 68 en Francia, una de las mayores acciones acometidas por la CIA en Europa, tenía como objetivo provocar la caída del presidente Charles De Gaulle por haber seguido adelante con su programa nuclear y negarse a que la OTAN mantuviese sus bases militares en Francia. 

El Partido Comunista francés, y todas las formaciones de izquierda de aquel país, llevan cuarenta años proclamando que no tuvieron nada que ver con la organización de la pantomima del Mayo Francés. (La central española de Vandellós I, la misma que sufrió un accidente en 1989, era de tecnología francesa y utilizaba uranio natural. 

Además, sus residuos eran ideales para ser reprocesados y obtener más combustible. En aquella época Francia, como potencia atómica, no permitía a la OIEA inspeccionar sus instalaciones nucleares. La central se inauguró después de un acuerdo de colaboración firmado entre Carrero Blanco y su admirado general De Gaulle. José María de Areilza, entonces embajador español en París, fue el encargado de negociar los términos de la cesión del uso de la central a espaldas siempre del “amigo” americano. Antes de ser asesinado, Carrero Blanco mantuvo una entrevista con el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, sobre este tema. 

El almirante siempre mimó este proyecto. Según algunos informes confidenciales desclasificados por el Servicio de Inteligencia Militar de EEUU, España estaba almacenando plutonio para fabricar una bomba nuclear, desviándolo de los controles de la OIEA. El secretario de Estado americano, que no consiguió que España firmase su adhesión al TNP, sí se llevó clara una idea: la confirmación de la voluntad nuclear con fines militares de España hacía necesario un “estrecho control” sobre estas actividades.)
Los servicios secretos norteamericanos sembraron Europa de sangrientos atentados durante dos décadas con el propósito primordial de desestabilizar a varios gobiernos democráticamente elegidos y desembarazarse de los políticos incómodos y poco dispuestos a plegarse a los intereses de Estados Unidos.
Tras el escándalo Andreotti se extendió por toda Europa una gran indignación por las actividades clandestinas de la Gladio y el asunto se investigó en diversos países además de Italia. Sin embargo, cuando Sadam Hussein invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990, el escándalo por las actividades ilegales de la Gladio fue desplazado de las portadas de los periódicos y convenientemente silenciado.
Veinte años después de la confirmación de su existencia por Giulio Andreotti, la Gladio y la red de ejércitos secretos de la OTAN, siguen generando una gran cantidad de preguntas que han quedado sin respuesta, pero la existencia de la Gladio ha sido confirmada por varios jefes de Estado, por tres investigaciones parlamentarias (en Italia, Bélgica y Suiza), y en especial por una extraña denegación y subsiguiente confirmación de su existencia por parte de la propia OTAN en 1990. Aún así, aparte de aquellos involucrados en la red, muy pocas personas saben con certeza cómo funcionaba la misma, o cómo se definían sus objetivos.

Existen suficientes evidencias y testimonios personales que sugieren vínculos con grupos terroristas de extrema derecha y de extrema izquierda activos en las décadas de los años setenta y ochenta, y que la Gladio misma fue responsable de la ejecución de la “estrategia de la tensión” mediante el uso premeditado del terrorismo para crear pánico e influir en los resultados electorales de distintos países.

Como sucedió en España en octubre de 1982, cuando la gente fue a votar bajo el síndrome de que “había que afianzar la democracia” amenazada por los sectores reaccionarios y el Ejército, tras la supuesta intentona golpista del 23 de febrero de 1981. Un paripé con todos los visos de haber sido urdido por la CIA para afianzar al rey Juan Carlos I como de Jefe del Estado español, y desembarazarse de todos los elementos “incómodos” que aún quedaban en el seno de las FFAA, reacios al ingreso de España en la OTAN. De facto: una rendición que permite la presencia de fuerzas de ocupación extranjeras en suelo español camufladas como “aliados”.

Si Gladio ha desaparecido definitivamente, o simplemente ha evolucionado hacia otro tipo de organización criminal, es algo que no sabemos con certeza. Pero varios indicios sugieren que la red terrorista paramilitar no ha sido desmantelada. Es más, los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid indican claramente que la red terrorista sigue operativa, y que actúa de forma intermitente.


En mayo de 2002, durante la campaña para los comicios generales de Holanda, fue asesinado el carismático y, según todas las encuestas, gran favorito para la victoria final, el candidato de la derecha nacionalista, Pym Fortuyn. Entre otras cosas, Fortuyn defendía la salida inmediata de Holanda de la Unión Europea, así como el cierre de fronteras a la inmigración ilegal extracomunitaria. Un “ecologista de personalidad compulsiva” llamado Volkert van der Graaf le asesinó días antes de las elecciones y fue condenado a veinte años de cárcel.


Asimismo, el presidente polaco Lech Kaczynski fallecía en un accidente aéreo a principios de abril de 2010 cuando su avión se estrelló cerca del aeropuerto de Smolensk en Rusia. A bordo viajaban 87 personas y no hubo supervivientes. Lech Kaczynski se había distinguido por ser uno de los líderes políticos más reacios a hacer nuevas cesiones de soberanía nacional a la Unión Europea. Kaczynski y era, por decirlo suavemente, un personaje “incómodo” en el seno de la UE.

Jörg Haider, gobernador del estado federado de Carintia (gobernado por Haider desde 1999 ininterrumpidamente) y jefe de la Alianza para el Futuro de Austria, defendía un programa político muy parecido al del holandés Pym Fortuyn.

Haider murió en octubre de 2008 en un grave accidente automovilístico al sur de la ciudad de Klagenfurt. Iba solo al volante de su vehículo cuando se salió de la carretera, en un adelantamiento, y se estrelló contra un pilar de hormigón. Haider había sido una figura determinante en el panorama político austriaco de los últimos 20 años. Su repentina muerte conmocionó a Austria en un momento de especial incertidumbre, dos semanas después de las elecciones legislativas que se saldaron con un nuevo triunfo de los nacionalistas.

Dado que en el seno de la UE no agradó lo que el electorado austriaco había decidido libremente en las urnas, Bruselas impuso a Austria una batería de sanciones diplomáticas e Israel retiró a su embajador. Cediendo a las presiones internacionales, Haider dejó a sus colaboradores a cargo del gobierno y se retiró a la región de Carintia para evitarle al país males mayores. El aviso fue demasiado claro y rotundo para ignorarlo.

Para muchos investigadores, periodistas y escritores, estas recientes muertes de políticos poco proclives al proyecto soberanista de la Unión Europea, demuestran que una red terrorista sigue actuando de forma contundente para influir en la política interna de los países miembros de la Unión, y todo obedece a un plan bien trazado: poner en marcha una “segunda estrategia de la tensión” para acelerar el proceso de consolidación de la Unión Europea como una realidad política supranacional. De ahí que, cuantos ponen en duda la conveniencia de dicho proyecto desaparezcan inmediatamente de la escena pública, o sean ejecutados sin contemplaciones.

Sobre la organización terrorista Gladio muchas preguntas han quedado sin responder porque, aun en el caso de las investigaciones parlamentarias, más pronto o más tarde aparece el insalvable obstáculo del secreto de Estado. Un representante de la OTAN comentó lo siguiente a un periodista de la agencia de noticias Reuters el 15 de noviembre de 1990, poco después del escándalo destapado por Andreotti: “No esperará usted que se respondan muchas preguntas, aunque la Guerra Fría haya terminado. Suponiendo que hayan existido vínculos [de la OTAN] con organizaciones terroristas, se habrá enterrado ese tipo de información bien profundamente”.

Investigaciones llevadas a cabo en Bélgica durante la década de los noventa descubrieron valiosos detalles sobre la estructura de la red Gladio.

En ese país, como en otros que formaban parte de la OTAN, el primer paso fue dado con la fundación de un comité tripartito entre el país anfitrión, el Reino Unido y EEUU.

Más tarde, en 1948, se creó un organismo general para coordinar a varios países de Europa occidental, conocido como Comité Clandestino de la Unión Occidental [Western Union Clandestine Committee]. El WUCC fue, en 1951, subordinado a la OTAN, y pasó a llamarse Comité de Planeamiento Clandestino [Clandestine Planning Committee]. Se fundó además un segundo organismo: el Comité Clandestino Aliado [Allied Clandestine Committee]. Después de que Francia abandonara la OTAN, los cuarteles generales de estos comités fueron trasladados a Bruselas. En todos los casos estas redes se organizaron de forma clandestina.

Los ejércitos secretos funcionaban como parte de la defensa colegiada occidental frente a la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Pero la progresiva captación por parte de la Gladio de elementos de la extrema izquierda hizo que algunos se preguntasen si la auténtica función de la organización era organizar la resistencia de la defensa occidental en caso de invasión soviética o, por el contrario, crear el caos en los países aliados.

Gladio fue una red de terrorismo internacional organizada por los servicios secretos de Estados Unidos y Gran Bretaña bajo el paraguas de la OTAN. Charles De Gaulle lo comprendió inmediatamente y sacó a Francia de aquel embrollo, aunque le costó lo suyo y a punto estuvo de ser asesinado en varias ocasiones por la OAS, otra de las ramificaciones de la Gladio.

Para desestabilizar al Gobierno de España, la Gladio puso en marcha el terrorismo de extrema izquierda más brutal y sanguinario: ETA, GRAPO, FRAP… todas estas organizaciones terroristas empezaron a funcionar en esa época, hacia 1968, coincidiendo con el Mayo Francés, que fue la maniobra empleada por la CIA en Francia para acabar con Charles De Gaulle.

El supuesto riesgo (muy remoto) de una invasión soviética fue la excusa para que norteamericanos y británicos ocupasen buena parte de Europa occidental.

Uno de los diseñadores de la Gladio fue Richard Helms, jefe de la CIA entre 1966-1973 y estrecho colaborador del presidente Richard Nixon. Las tácticas de terrorismo utilizadas por la CIA no han cambiado mucho desde entonces, y las estaciones de tren siguen siendo uno de sus escenarios preferidos, aunque ahora se atribuyan los atentados al terrorismo islamista en lugar de a la extrema izquierda. (El Plan B: si falla la trola de los islamistas ahora es la extrema derecha como DN)

En Italia, por ejemplo, el terrible atentado de la estación de Bolonia de 1980, muy parecido a los de Madrid del 11 de marzo de 2004, sigue aún vivo en la memoria de los italianos. Aquel feroz ataque terrorista se cobró 85 víctimas. Investigaciones realizadas para esclarecer la autoría del atentado se vieron obstaculizadas constantemente por el servicio secreto y un sector de la policía y del estamento judicial italianos.

Ese mismo año 1980, una bomba explotó en la Oktoberfest de Múnich, matando a 13 personas. En un primer momento las investigaciones policiales culparon a un supuesto activista de la extrema derecha de 21 años llamado Gundholf Köhler, que oportunamente falleció en el atentado. Según la policía alemana pertenecía al grupo Wehrsportgruppe Hoffmann. Los propios expertos de la policía reconocieron poco después que la bomba era demasiado compleja para haber sido fabricada por una persona de 21 años, sin experiencia previa en la fabricación de artefactos explosivos. En 1981, un año más tarde, la policía descubrió un enorme escondite de armas cerca del pueblo de Uelzen.

La explicación oficial fue que los terroristas habían ocultado las armas, las cuales estaban controladas por un tal Heinz Lembke, pero la cantidad y el tipo de armamento que se encontró puso muchos signos de interrogación sobre tan oportuna explicación. Armas automáticas, equipos de guerra química y bacteriológica, 50 cañones anticarro, 156 kg de explosivos, 230 artefactos explosivos y 258 granadas de mano. ¡Demasiado sofisticado!

Varios periodistas de investigación relacionaron a Heinz Lembke con el ejército clandestino alemán BND. Posteriormente, las investigaciones oficiales desmintieron cualquier vínculo entre Lembke y la masacre de Múnich. A Heinz Lembke se le encontró muerto, ahorcado con una soga que jamás se aclaró de dónde había salido y cómo llegó hasta él mientras se encontraba bajo custodia policial en 1981.

En el caso de la masacre de la estación de Bolonia está probado que miembros de los servicios secretos italianos suministraron falsa información y colocaron una falsa bolsa con explosivos en un tren, lo que nos lleva a deducir que tuvo que existir una relación entre los que colocaron las bombas y los que les encubrieron. Las analogías entre la masacre de Bolonia en 1980 y la de Madrid en 2004 son innegables.

Este terrorismo teledirigido que se desarrolló con especial virulencia en el decenio 1975-1985, no afectó solamente a Italia y Alemania. En Bélgica, una extraña operación se llevó a cabo en 1984 en las cercanías de Vielsalm, municipio de Valonia. Un pelotón de marines estadounidenses saltaron en paracaídas sobre Bélgica y a su encuentro salió un miembro del servicio de la inteligencia militar belga.

Se ocultaron durante dos semanas antes de atacar la comisaría de Vielsalm, como parte de un ejercicio que llamaron Operación Oesling durante el cual mataron a un agente de la policía belga. Un militar estadounidense resultó herido durante la operación, perdiendo un ojo. En un principio se creyó que el ataque había sido un acto de terrorismo, pero más tarde se probó que había sido una operación militar secreta conjunta estadounidense-belga, tal como lo confirmaron las investigaciones del Senado belga en 1991.

Otros ataques sucedieron a éste en los cuales, tal como en el caso de Vielsalm, las armas y las municiones fueron confiscadas. Armas que llegaron subsiguientemente a manos de grupos extremistas. Una pregunta fundamental dentro de la investigación efectuada por el Senado belga sobre la red de ejércitos clandestinos fue si había tenido algo que ver con las famosas masacres de Brabante en la década de los ochenta. Éstos fueron una serie de ataques que se llevaron a cabo en los municipios del extrarradio de Bruselas durante unos dos años.

Joyerías, restaurantes, bancos e incluso supermercados, se vieron atacados por bandas paramilitares compuestas por hombres despiadados y armados hasta los dientes. En todos los ataques realizados en aquella época en Bélgica, los delincuentes se llevaban pequeñas sumas de dinero, aunque actuaban como profesionales coordinados y empleaban una brutalidad inusitada. Un fenómeno que se está dando en España desde hace varios años, atribuyéndose esos robos a supuestas bandas paramilitares del este de Europa compuestas por antiguos miembros de las Fuerzas Armadas de esos países.

El 9 de noviembre de 1985, un grupo armado penetró en un supermercado y abrió fuego indiscriminadamente. Era sábado por la tarde y el centro comercial estaba abarrotado de gente. Ocho personas perdieron la vida, algunos mientras intentaban escapar. El dinero que se llevaron los atracadores ascendió a unas 2000 libras esterlinas, un mísero botín que fue encontrado en un canal metido en una bolsa de plástico sin abrir. La investigación encargada por el Senado belga y las autoridades judiciales determinó, más allá de cualquier duda, que el móvil de aquel ataque al supermercado no fue el dinero. Sin embargo, y debido a una especie de resistencia burocrática por parte de los servicios secretos y de la inteligencia militar belga, la investigación no logró establecer ninguna relación entre los asesinatos y la organización terrorista Gladio.

Lyndon LaRouche es un reconocido filántropo norteamericano que lidera varias organizaciones políticas en los Estados Unidos y otros países. Es el fundador y editor de la revista Executive Intelligence Review (Informe de Inteligencia Ejecutiva), una agencia independiente de noticias y análisis de información mundial, elemento principal del movimiento que LaRouche lidera.

El día de los atentados en Madrid, el 11 de marzo de 2004, Lyndon LaRouche emitió un comunicado descartando la idea de que los ataques terroristas hubiesen sido realizados por el grupo terrorista vasco ETA o por terroristas musulmanes, y comentó que la atrocidad de Madrid le recordaba el ataque en 1980 a la estación de tren de Bolonia y, en general, a la “estrategia de la tensión” a través del terrorismo desarrollada por la Gladio en Italia a comienzos de los ochenta.

En los siguientes días, varios expertos entrevistados por EIR, como también comentaristas de periódicos independientes apuntaron en la misma dirección: los atentados de los trenes en Madrid, fueron planificados por servicios secretos occidentales, en necesaria connivencia con miembros de la policía y fuerzas de seguridad del Estado.

Entre 1969 y 1974, Italia fue sacudida por una serie de ataques terroristas mediante bombas. El comienzo de este período, que más tarde fue denominado la estrategia de la tensión, está oficialmente marcado por la bomba del 12 de diciembre de 1969 que explotó dentro de la Banca Nazionale dell’Agricoltura en la Plaza Fontana de Milán, conocida como la masacre de Piazza Fontana, en la cual 16 personas fueron asesinadas y 58 heridas. El final de la estrategia de la tensión, considerado estrictamente, está marcado por la bomba en el tren Italicus, el 4 de agosto de 1974, en San Benedetto Val di Sambro, que mató a 12 personas e hirió a 105. Durante este período hubo al menos cuatro intentos conocidos de golpe de Estado en Italia.

Pero la mayor masacre terrorista hasta entonces, tuvo lugar seis años después, el 2 de agosto de 1980 en Bolonia, cuando una maleta que contenía unos 20 kg de explosivos detonó en la estación de trenes, matando a 85 personas e hiriendo a más de 200. La responsabilidad fue oficialmente reivindicada por un grupo terrorista de extrema derecha llamado Nuclei Armati Rivoluzionari (NAR). Pero aquí hay una severa incongruencia, puesto que el término “revolución” o “revolucionario” no forman parte ni del lenguaje ni del ideario de la extrema derecha, ni en Italia ni en ningún otro país occidental. Es algo tan chocante como que una organización de extrema izquierda se proclamase “tradicionalista” o “nacionalista”.

El atentado de Bolonia, por la época en que tuvo lugar, no pertenece estrictamente a la llamada estrategia de la tensión, no estaba relacionado con ningún plan para llevar a cabo un golpe de Estado o cambio brusco del Gobierno italiano de entonces. Sin embargo, las organizaciones terroristas involucradas eran comandos autónomos del período de la estrategia de la tensión que se habían reorganizado. Como en el atentado de la Piazza Fontana y otros casos, se produjo un encubrimiento sistemático de los autores de las masacres por parte de ciertos sectores dentro de las Fuerzas Armadas, la policía y los servicios secretos italianos.

Varias investigaciones judiciales y parlamentarias han establecido que existe una relación entre la matanza de Piazza Fontana, las bombas del tren Italicus y la masacre de 1980 en la estación de ferrocarril de Bolonia. Destacan la investigación oficial por los atentados de Bolonia, y la más reciente por los de la Piazza Fontana iniciada por el fiscal Guido Salvini en 1992 en Milán, y los resultados del Comité Parlamentario para la Identificación de los Autores de las Masacres Terroristas que trabajó en las investigaciones entre 1994 y 2001.

El juicio por el atentado en la estación de Bolonia en 1980 finalizó con la condena de Valerio Fioravanti y Francesca Mambro como autores materiales de las masacres, y del inquietante Licio Gelli, perteneciente a la logia masónica P2, implicada también en el asesinato del papa Juan Pablo I en 1978 y en varias muertes que siguieron al escándalo del Banco Ambrosiano en 1982 y que dejaron un sangriento rastro de cadáveres.


Piazza Fontana: el 11-M italiano

La técnica adoptada en la atrocidad de Madrid, la colocación de bombas simultáneas en trenes, no es nueva. La masacre de 1969 en Piazza Fontana fue precedida por una serie de acciones demostrativas que comenzaron en la noche del 8 al 9 de agosto, con diez bombas colocadas en diez trenes diferentes.

Ocho de las cuales, de baja potencia, hicieron explosión. Esas bombas fueron colocadas por la organización neofascista llamada Ordine Nuovo, pero los investigadores fueron conducidos a la creencia de que fueron activistas de extrema izquierda [anarquistas] quienes lo hicieron. Hubo nuevas acciones demostrativas en los meses siguientes al atentado, hasta que el 12 de diciembre de ese mismo año, se produjo lo que podríamos calificar de salto cualitativo en la ejecución de aquellas acciones terroristas. Una serie de potentes bombas detonaron en la Piazza Fontana de Milán, pero también en Roma, donde tres artefactos hirieron a 13 personas. Por suerte, otra bomba colocada en el centro de Milán, en la Piazza Scala, no explotó.

Aquí nos encontraos con dos elementos que nos recuerdan claramente los atentados de Madrid: bombas y trenes. Se trata de que la acción terrorista sea brutal y que mate indiscriminadamente. En lugar de los actuales integristas islámicos, los supuestos terroristas de entonces eran activistas de extrema derecha o de extrema izquierda. Así, los auténticos autores de la masacre de Milán y sus encubridores guiaron a la policía y a los fiscales hacia la búsqueda de los asesinos en la extrema izquierda, eligiendo finalmente a los anarquistas como perpetradores del atentado de Piazza Fontana en agosto de 1969.

Dos conocidos anarquistas, Pietro Valpreda y Giuseppe Pinelli, fueron inmediatamente arrestados. Pinelli murió esa misma tarde al saltar desde una ventana de las dependencias policiales donde estaba siendo interrogado. La investigación oficial de su muerte concluyó que se trataba de un suicidio. Valpreda pasó varios años en prisión hasta que fueron retiradas todas las acusaciones y fue excarcelado. No obstante, varios testigos oculares, entre ellos un taxista, que aseguraron haber visto a unos individuos sospechosos poco antes de la explosión y haber declarado que podrían reconocerles, murieron en extrañas circunstancias nunca aclaradas.

Como en otros casos más recientes y cercanos, el encubrimiento de los auténticos autores de los asesinatos y actos de terrorismo fue orquestado desde el Ministerio del Interior, del que dependían la policía y una oficina llamada Ufficio Affari Riservati (UAR), una especie de agencia de Inteligencia interior, cuyo jefe era Federico Umberto d’Amato antiguo agente doble italiano que había iniciado su carrera durante la Segunda Guerra Mundial bajo las órdenes de James Angleton, a la sazón jefe de operaciones de la Office of Strategic Services (OSS) en Italia. En aquella época la OSS (futura CIA) estaba supervisada por la Inteligencia Militar norteamericana y el MI6 británico. Terminada la guerra, y gracias al determinante apoyo de James Angleton, D’Amato fue nombrado director ejecutivo de la Secretaría Especial de la OTAN, actuando como enlace entre esta organización y los servicios secretos de los Estados Unidos.

Guido Salvini, fiscal de Milán, había establecido que Delfo Zorzi, el terrorista inicialmente condenado, y después declarado inocente, por haber colocado la bomba de Piazza Fontana, había sido reclutado por D’Amato en 1968. Pero el fiscal Salvini descubrió mucho más. Un testigo, Carlo Diglio, decidió en 1992 colaborar en las investigaciones y reveló que había trabajado como infiltrado en el grupo de Zorzi para la inteligencia militar norteamericana encuadrada dentro de la comandancia de la OTAN en Verona.

Los servicios secretos norteamericanos estaban al corriente del atentado que Diglio y los suyos preparaban para el 8 de agosto y el 12 de diciembre. El superior inmediato de Diglio, el capitán de la US Navy David Garrett, señaló más tarde que las órdenes eran que todas las acciones debían ser meras demostraciones de fuerza, sin que produjesen víctimas. Por su parte, Carlo Diglio admitió que Garrett estaba en permanente contacto con Pino Rauti en Roma, líder de la organización masónica Ordine Nuovo (ON), de la que Zorzi era uno de sus dirigentes en la región de Véneto.

Según las revelaciones de Diglio, el segundo participante en la acción de Piazza Fontana, Carlo Maria Maggi, era líder de la célula de ON en el Véneto y el tercero, Giancarlo Rognoni, era también miembro de la organización ON en Milán, y se encargó de facilitar apoyo logístico.

En 1971, dos miembros de Ordine Nuovo, Franco Freda y Giovanni Ventura, fueron arrestados en relación con la investigación de los atentados de Piazza Fontana, así como con otras acciones terroristas menores. Sin embargo, cuando los dos fiscales de Milán encargados de la investigación, Gerardo D’Ambrosio y Emilio Alessandrini estaban cerca de desenmascarar a la práctica totalidad de los componentes de la red terrorista y a su cúpula directiva, la titularidad de la investigación les fue arrebatada y trasladada a la ciudad de Catanzaro, en el sur de Italia, donde Freda y Ventura fueron exculpados y declarados inocentes en la vista.

La tenacidad del antiguo fiscal de Milán, Guido Salvini, que prosiguió con las investigaciones al margen de presiones políticas, obtuvo como resultado que varios testigos asegurasen que fue Franco Freda quien compró los temporizadores usados en las bombas, y que fue Giovanni Ventura quien los instaló en los artefactos explosivos. Pero ni Freda ni Ventura pueden volver a ser juzgados por un delito del que ya fueron absueltos.

En 1969 el objetivo del plan urdido por los servicios secretos norteamericanos consistía, básicamente, en desestabilizar Italia. Presentar a una derecha neofascista dispuesta a hacerse con el poder a toda costa, para que así los socialistas fuesen excluidos del Gobierno y los comunistas del influyente PCI diesen algún paso en falso que propiciase la intervención de la OTAN.

Pero el primer ministro italiano, Mariano Rumor no mordió el anzuelo, bien aconsejado por el ministro de Exteriores de entonces, Aldo Moro, que se enfrentó al presidente de la República (jefe de Estado) Giuseppe Sagarat, para disuadirle de sus intenciones de declarar el Estado de Emergencia. Hubo una gran crisis de Gobierno, pero en apenas tres meses, gracias a la mediación de Aldo Moro en buena parte, el presidente de la República logró reunir otro gabinete y superar la crisis.

La actuación de Aldo Moro y su partido, la Democracia Cristiana, fue decisiva para superar la crisis. Pero no era la primera vez que Moro se enfrentaba a la amenaza de un golpe de Estado. En 1964, cuando él, como primer ministro, estaba negociando el primer gobierno con participación socialista, el presidente de la República, el cristianodemócrata Antonio Segni le hizo a saber que un importante sector del partido y de la oligarquía empresarial y financiera no veían con buenos ojos la inclusión de los socialistas en el Gobierno.

Segni transmitió a Moro el mensaje que le había hecho llegar el coronel Renzo Rocca, jefe de la división económica del SIFAR, el servicio secreto militar italiano. Rocca (quien después de su período en el SIFAR fue recolocado en la fábrica de automóviles FIAT en Turín) informó a Segni que el establishment financiero y empresarial preveía una crisis económica catastrófica si los socialistas participaban en el Gobierno de coalición. El presidente de la República, Antonio Segni, fracasó en su intento de disuadir a Aldo Moro y en consecuencia tuvo que abandonar la presidencia el 6 de diciembre de 1964 tras sufrir un serio accidente cerebrovascular que le dejó hemipléjico.

La peor amenaza para que los especuladores puedan llevar a cabo sus planes de sometimiento de un país, como era el caso de Italia en aquella época, es que se cree un Gobierno de coalición, en el que, aparcando sus diferencias, participen las principales fuerzas políticas, con un propósito bien definido: sacar al país de una crisis, ya sea esta política, económica o social.

Como medida de presión, el presidente de la República italiana, Antonio Segni, manifestó su intención de retirarle el mandato de Gobierno al primer ministro Aldo Moro, y dárselo a un tecnócrata, Cesare Merzagora. Además, Segni recibió ayuda del vicepresidente de la comisión europea, el socialista Robert Marjolin, quién atacó públicamente el programa de gobierno de Moro en nombre de la Comunidad Económica Europea. Robert Marjolin se había reunido con Segni en París unos meses antes para diseñar la estrategia a seguir contra Moro.

Aldo Moro y sus aliados se tomaron las amenazas de Segni muy en serio, y así, el Gobierno de centro-izquierda, un proyecto que comenzó Moro en 1960 y que contaba con la ayuda de la administración Kennedy, ya nació como un caso perdido. Kennedy murió asesinado en Dallas en noviembre de 1963 y Aldo Moro fue secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas en mayo de 1978. Ahora bien: ¿qué motivo podían tener los supuestos guerrilleros comunistas de las Brigadas Rojas para asesinar al líder de la Democracia Cristiana que siempre había abogado por el entendimiento con el Partido Comunista y con los socialistas italianos?

Ninguno, salvo que dichos guerrilleros de extrema izquierda fuesen en realidad hombres de los servicios secretos italianos, agentes de la CIA o mercenarios de la Gladio.



Luxembourg Government Forced To Resign Over GLADIO
 False Flag Attack Linked Scandal 
 
By Keelan Balderson | Jul 12, 2013 


Operation GLADIO – NATO’s abhorrent post WWII strategy of secretly carrying out terrorist attacks and blaming them on communists, has resurfaced and brought the Government of Luxembourg to its knees.


On Wednesday Prime Minister Jean-Claude Juncker announced his resignation after a parliamentary committee concluded that his administration had lost control over the country’s intelligence service, SREL (Service de Renseignement de l’État du Luxembourg), a rogue entity that has been bugging senior politicians, illegally spying on citizens and generally operating above the law for decades.



New elections will take place in October.

Juncker is accused of turning the other cheek – enabling the agency to continue unimpeded despite knowledge of criminal activity. Not one agent or employee has been brought to justice and Juncker only became cooperative when it was no longer possible to prosecute those responsible. The scandal boiled over after a bugged conversation was leaked in which Juncker and the SREL implicated NATO in a series of 1980s terrorist attacks.

The “Bommeleeër Affär” involved 20 or so bombings that plunged the quiet and peaceful country in to a state of fear, and forced the Government to adopt a stringent defense policy.

Unlike GLADIO operations in Italy and other NATO countries the specific purpose of the bombings remained unknown, in that nobody took credit and nobody was officially blamed. However the fear and confusion created by the seemingly random attacks might have been the desired effect, after all a scared population is a more malleable population. In line with the aims of GLADIO though not necessarily linked, Luxembourg did follow right wing politics until 2009 when Juncker formed a coalition with the Socialist Workers Party.

There’s no doubt that the bombings, which targeted the airport, police stations, the power grid, and newspaper offices, were an inside job – not least because miraculously nobody was killed, suggesting it was more of a carefully planned theater than a legitimately ideologically driven terrorist plot. Furthermore most of the initial evidence “disappeared” down the black hole of “intelligence failures”.

Today, nearly three decades after the bombings two members of the Brigade mobile de la Gendarmerie (an elite police/military unit) are on trial and more light has been shed on the sordid affair. The prosecution believe it to be a case of a run away military industrial complex, the tactic of creating a “climate of fear” in order to gain additional funding and power for the rogue law enforcement and military agencies involved.

While this no doubt plays an important part in the attacks, the prosecution appear to be going for the low-hanging fruit in order for a swift and straight-forward headline-friendly trial. It’s the defence who have blown the case wide open, fingering NATO’s stay-behind network GLADIO of being the masterminds behind the bombings.

Very similar attacks during the same time-frame were taking place in Italy – most notably the August 2, 1980, Bologna train station bombing that killed 85. A parliamentary commission in the 90s determined the attack was a false flag carried out by neo-fascist extremists under the guidance of GLADIO, to blame the left, in order for the right to maintain dominance.

Though Luxembourg’s “Bommeleeër Affär” might not have quite followed the same trajectory, there is ample evidence that the bombings were carried out through the GLADIO system. German historian Andreas Kramer claims that his father, John Kramer, was an officer in the German Intelligence Service (BND) and was the head of some of the Stay Behind networks. He also alleges that his father was responsible for the bombings in Luxembourg.

Furthermore Defence lawyers presented the secret recording from 2007 between prime minister Juncker, the justice minister, Luc Frieden, and Marco Mille the head of SREL, in which they discuss the likely involvement of Luxembourg’s GLADIO branch and the infamous Italian P2 Masonic lodge in the attacks.

It was SREL chief Mille that bugged the conversation, and this makes up the case against Juncker who refused to punish him for the illegal recording. Under Juncker’s watch the intelligence service illegally spied on individuals, and misused funds to buy luxury cars. Luxembourg’s head of state, Grand Duke Henri has also been implicated in working closely with British intelligence, though he denies this.


While much more still needs to come out about these scandals in Luxembourg, it is encouraging that decades later truth manages to find its way to the surface.

Further Reading:
Gladio B: The Origins of NATO’s Secret Islamic Terrorist Proxies
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Keelan BaldersonKeelan Balderson is the editor of WideShut.co.uk, and producer of documentaries 7/7 What Did They Know? and Perfect Storm: The England Riots. Keeping a critical eye on Government, Corporate Power, and the causes of Terrorism, he aims to broaden the Western world view.