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25 enero 2016

11s - Lingotes de oro en las torres


¿Cuántas verdades fueron enterradas en los escombros del World Trade Center?

Juana Carrasco Martín

¿Hubo o no oro perdido y encontrado cuando se derrumbaron los edificios del World Trade Center de Nueva York? 
La pregunta sale a la palestra seis años después, cuando un reporte del Chicago Tribune, hizo referencia a una de las verdades expuestas por el Presidente cubano Fidel Castro en la Reflexión titulada El imperio y la mentira. 
Fidel dice: «Hoy se cumplen seis largos años de aquel doloroso episodio. En la actualidad se conoce que hubo desinformación deliberada. No recuerdo haber oído hablar ese día de que en los sótanos de esas torres, en cuyos pisos superiores radicaban bancos de multinacionales junto a otras oficinas, había depositadas alrededor de 200 toneladas de barras de oro.

La orden era disparar a muerte contra todo el que intentara penetrar hasta el oro...».
El diario de Chicago, en su edición del 23 de septiembre pasado, dijo que la columna escrita por Fidel «había levantado preocupación en la comunidad internacional sobre su lucidez», y se explicaba la publicación con este párrafo: «En esa columna, Castro avanza la teoría extremista de que una conspiración de EE.UU. está ocultando la verdad detrás de los ataques del 11 de septiembre, incluyendo la presencia de barras de oro en el sótano del World Trade Center».

Advertidos de la intriga, desempolvamos archivos, más fácilmente en esta era del ciberespacio, y una parte de la historia sale a flote, aunque nos deje todavía sin responder la más crucial de las interrogantes: ¿A quiénes y a qué intereses representaban los que derribaron las Torres Gemelas de Nueva York?

El oro se abre paso
Secretos, armas, drogas, plata y oro fueron tesoros sepultados bajo toneladas de escombros, polvo y vigas de acero retorcidas el 11 de septiembre de 2001... Por tanto, no solo hubo equipos para el rescate de cuerpos entre las ruinas de los 15 millones de pies cúbicos de espacio de oficinas obliteradas y las decenas de miles de metros de cable de telecomunicaciones o los miles de computadoras derretidas en el complejo de edificios del World Trade Center. Desde el primer momento se fue a la búsqueda de los tesoros, un hecho de muy poca repercusión en la prensa, dedicada por entero a llorar justamente a los muertos, y a servir de caja de resonancia a la turbia guerra que lanzó desde entonces George W. Bush contra el terrorismo.
Sin embargo, en su última edición del sábado 15 de septiembre de 2001, The New York Times publicaba un extenso reportaje, firmado por Jonathan Fuerbringer, bajo el título Luego de los ataques: los bienes.

El diario neoyorquino revelaba la cantidad de oro y plata enterrados bajo el World Trade Center 4, su valor en el mercado: más de 230 millones de dólares; y que pertenecía «a personas o firmas que están comerciando contratos futuros en la bolsa de Intercambio Mercantil de Nueva York (Nymex)...».

Nymex no podía darse el lujo de parar sus negocios habituales en el World Financial Center —vecino de las Torres derrumbadas—, así que trabajaba temporalmente en otra sede del centro de Manhattan y usaba un sistema de computadoras puesto a punto en la vecina New Jersey. En animada actividad podía mostrar que ese día se habían hecho 69 790 contratos por oro, plata, petróleo y muchos otros bienes, que cambiaban una y otra vez de manos, pero estaban en esos depósitos.

Millones de personas en Estados Unidos podían estar aterrorizadas o llorar a sus seres queridos, pero el capital se engrasaba con esa sangre y sufrimiento: el precio del oro saltaba siete por ciento (de 272.30 el lunes a 290.90 la onza, lo que elevaba en siete millones de dólares el valor de los metales sepultados desde el martes fatal en los sótanos del WTC.
La onza de plata, revelaba The New York Times, ganaba 14 centavos (cotizándose a 4.33), mientras que el barril de petróleo subía 1.89 y alcanzaba el precio de 29.74, cifra que hoy en día parece irrisoria, pero reveladora de que mientras más muertos pavimenten ese mercado más alto se cotiza: las guerras de Bush en Iraq y Afganistán, y sus constantes amenazas a otras naciones por el tema energético han llevado a más de 84 dólares el barril del crudo en los días en que se cumplían seis años de la fatídica fecha.

Los hombres del oro y la plata se dedicaron tempranamente a tranquilizar a los inversores, a pesar de las toneladas sepultadas de esos metales. Por ejemplo, James Newsome, presidente de la Comisión de Comercio de Bienes Futuros (Commodity Futures Trading Commission), había dicho en una entrevista: «Porque el metal está seguro y hay un amplio abastecimiento, esto no nos concierne». No había que preocuparse por el oro del WTC. Philip Klapwijk, director ejecutivo de Gold Fields Mineral Services, una importante firma en metales preciosos, lo ratificaba al decir que las 12 toneladas enterradas en el WTC era solo el 0,3 por ciento del oro mundial del año 2000. «Hay oro en abundancia en Londres y Suiza», afirmaba.
Parecían estar demasiado seguros sobre las barras de 100 onzas (3,1 kilogramos) con el número de serie estampado como identificación por la entidad de intercambio, aunque estuvieran bajo toneladas de escombros.

FBI al rescate
Había en esos momentos dos depósitos para el oro y la plata aprobados por Comex (Commoditties Exchange), que regentea el mercado de los metales. Sometidos a una seguridad extrema, que incluía ocultar su existencia, el atentado del 11 de septiembre dio a conocer que el ScotiaMocotta, propiedad del Scotia Bank de Toronto, tenía en sus bóvedas del World Trade Center 4 una parte de ese oro.

Cuando entraba el mes de octubre y ya se habían iniciado las labores de demoler las ruinas en pie, en especial los World Trade Center 4 y 5, que habían sucumbido bajo el peso de las Torres Gemelas (WTC 1 y 2), el New York Daily News y la revista Fortune, así como diarios importantes de otras partes del mundo, entre estos los británicos The Times y The Mirror; los distantes New Zealand Herald, The Australian y The Stateman de la India; los canadienses Globe and Mail y The Gazette, hablaban del plan de Wall Street para la recuperación tras la catástrofe y, sobre todo, del rescate del oro...

Una noticia los ponía eufóricos y era publicada el 1ro. de noviembre: unos 375 millones de dólares en barras de oro y plata habían sido encontradas y reubicadas. La información la daba el Bank of Nova Scotia, custodio de los metales preciosos, porque anunciaba que se estaban moviendo los contenidos de las bóvedas del ScotiaMocatta a otro lugar —secreto por supuesto, por razones de seguridad— pues el edificio debía ser demolido.
«El oro está en prístinas condiciones», decía Pam Agnew, la vocera del Scotiabank, y no hay que dudar de la sonrisa en su rostro.

No se mencionaban las barras de plata ni otros metales preciosos, joyas o inversiones que podían haberse recuperado de la zona de desastre; pero se conocía también entonces que los ocho empleados de la cámara acorazada que guardaban el oro y la plata habían escapado ilesos de los sucesos del 11 de septiembre. Todo estaba a salvo.

El New York Daily News había reportado la víspera que equipos de emergencia encontraron el oro en el bajo Manhattan y habían llenado al menos dos camiones blindados de la compañía Brink’s Inc.

A las noticias felices se sumaba el entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, quien confirmaba la presencia de los camiones de transporte de bienes y que «la mayoría» del oro había sido hallado. Un pequeño grupo de agentes federales fuertemente armados montaron guardia, mientras policías y bomberos cargaban los vehículos blindados.

Otros ladrones
El diario The Mirror habló incluso de que ladrones habían intentado robar oro y plata por 264 millones de dólares en las ruinas cuando se hicieron pasar por rescatadores, pues los guardias armados que cumplieron la orden de remover el tesoro del Bank of Nova Scotia, encontraron marcas de que habían entrado intrusos a los sótanos.

Se habló entonces de la desaparición de acciones y bonos certificados de otro depósito contiguo, pero fueron recuperados semanas después.

El New Zealand Herald hizo referencia el 6 de octubre de 2001 a otros secretos: documentos, armas y otras evidencias guardadas por la CIA, el Servicio Secreto de Estados Unidos, y el Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, agencias que también tenían oficinas en las torres destruidas, por lo que en algún lugar de los escombros estarían contenedores con armas, heroína, cocaína, éxtasis y otras drogas, evidencias de crímenes que no podrían ser ya procesados. Hasta por esa razón la CIA había pedido a agentes del FBI que rodearan el lugar poco después del colapso. El entierro incluyó, además, detallados planes de contingencia para la caravana presidencial en Nueva York, y archivos con los nombres de informantes sobre el crimen organizado y el terrorismo.

Todo el tiempo que duró el trabajo de los constructores y equipos de demolición en la eliminación de los escombros fueron estrechamente vigilados por los agentes del gobierno; sin embargo, ABC News reportó entonces la presencia de camiones y trabajadores de limpieza de firmas que tenían conexiones con la mafia, y que se habían robado muchas toneladas de chatarra, en lugar de llevarlas a los sitios establecidos para su inspección...
Pero volvamos al oro. En un sitio de Internet llamado America rebuilds: a year at Ground Zero, el tema del caudal dorado salió con fotos y detalles.

Se relata ahí que los trabajadores que limpiaban un túnel de servicio en uno de los edificios del WTC se encontraron de pronto rodeados por más de 100 agentes del FBI y personal del Servicio Secreto, pues Comex, la división de comercio de metales del Nymex, guardaba 3 800 barras de oro y 102 millones de onzas de plata en el Bank of Nova Scotia, y también tenía metales preciosos en el Chase Manhattan Bank, el Bank of New York, y en el Hong Kong Shanghai Banking.

En la mañana del mismo 11 de septiembre, el oro fue transportado a través de los sótanos del edificio, una rampa temporal fue construida para tener acceso al túnel y un pequeño buldózer fue utilizado para romper la pared. Entonces apareció un equipo de la policía y de los bomberos que pusieron el oro en un camión blindado. Ahí fue cuando a uno de los obreros le dijeron que si bajaba le dispararían.

Las autoridades protegían al capital, pues cuando ocho años antes el World Trade Center había sido blanco de otro ataque terrorista con explosivos, había en sus sótanos oro por más de mil millones de dólares propiedad del gobierno kuwaití, y en un primer momento la policía creyó que era un intento de robo de aquel tesoro.

Cuestión de lucidez
Ahí están los elementos sin nada de «extremismos», por eso la presunción del diario de Chicago mereció este comentario del profesor Nelson Valdés en Cuba-L Direct:
«Esto solo muestra que:
a) los reporteros no leen,
b) los reporteros leen, pero no recuerdan,
c) los reporteros leen y recuerdan, pero no nos lo dicen,
d) los reporteros no saben cómo buscar en Lexis/Nexos, y
e) los editores tampoco saben cómo investigar.

«Entonces, parece que Fidel Castro lee, recuerda lo que lee, nos lo dice, sabe cómo usar Lexis/Nexos y tiene editores que lo ayudan a ello. ¿Cuál lucidez debe ser cuestionada?»

El colofón de la historia

El 13 de octubre Chicago Tribune hizo un reconocimiento de su falta: «Un artículo del 22 de septiembre desde Cuba cuestionó la aseveración del Presidente cubano Fidel Castro de que barras de oro estaban enterradas bajo el World Trade Center en el momento de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. De hecho, oro y plata fueron enterrados bajo los edificios en ese momento. El Tribune lamenta los errores».
No necesita comentario.

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..mas sobre el oro  y su manejo desde la elite mundial 
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03 agosto 2015

DUBAI : lavado dinero heroina y mucho mas

Huérfana de reservas de oro negro, Dubái es simplemente una conglomeración de polvo y arena que ha necesitado la ayuda de personas providentes de todo el planeta para encontrar un sitio de privilegio en la historia del siglo XXI.

 El verdadero origen del terrorismo en la región, ahora inundada de yijadistas asesinos, son las miles de toneladas de opio que se producen anualmente en Afganistán desde la invasión estadounidense de 2001.

Esta enorme cantidad de opio la controlan las redes británicas del narcotrafico, que generan miles de millones de dólares en efectivo ilícito. Una gran cantidad de ese efectivo recala en la City de Londres, previamente "lavado" a través de Dubai y otros centros financieros extraterritoriales, pero una cantidad importante de ese efectivo lo emplean también los controladores británicos en operaciones terroristas y la yijad.

Los terroristas financiados con este dinero generado por el opio y la heroína, operan contra India, Paquistán, Irán y Rusia que sufren los drogadictos.
Estos terroristas, en esencia, son títeres en las manos de sus amos británicos. (Larouche)

Tambien ORO: 


Al igual que Babilonia y su torre de babel, hoy la ciudad de do buy y su Burk Kalifa son una de las maravillas del mundo. Pero con una única diferencia, porque en esta ocasión todos hablan el mismo idioma: dinero, prostitución, drogas, conflictos armados, negocios turbios o simplemente empresas con ánimo de defraudar impuestos, necesitan de paraísos fiscales para continuar adelante con sus actividades delictivas.

Según los últimos estudios de Oxfam Intermon, una tercera parte del PIB mundial, unos 24 billones de euros, son en este momento dinero negro. Curiosamente, y al mismo tiempo, la OCDE y su lista negra de paraísos fiscales se encuentra vacía desde los acuerdos alcanzados recientemente entre este ente y países como Suiza, Andorra o Islas Caimán.

Comprar un piso en Dubai por 2, 4 o 8 millones de euros puede sonar a locura, pero no para la población india, la cual tiene en su poder 100 de los 900 pisos que se encuentran en el edificio más alto del mundo, cada día las transacciones de dinero desde India, uno de los países con más pobreza del mundo, a Dubai superan los 100 millones de dólares.
Las sociedades offshore, empresas que realizan su actividad en otros países pero se domicilian en un paraíso fiscal para aprovechar una legislación más ventajosa, son una de las formas más utilizadas en estos momentos para defraudar al fisco. No en vano, el 86% de las 35 mayores empresas españolas tienen alguna filial con estas características.

Pero sin duda, son los señores de la guerra y las mafias las que encuentran más facilidades en Dubai. En la guerra de Afganistán, el banco de Kabul fue saqueado y el dinero, unos mil millones de dólares, fue enviado al Dubai Bank, el cual nunca se ha pronunciado al respecto. Igual sucedió en Rusia en el conocido como el caso Magnitsky, donde desaparecieron 230 millones de las arcas públicas

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 Desde el 11-9 muchos inversionistas del Medio Oriente, temiendo posibles demandas o sanciones, han retirado sus fondos de Occidente. Según Salman bin Dasmal, de la compañía Dubai Holdings, nada más los sauditas han repatriado un tercio de su portafolio de trillones de dólares que tenían fuera. Los jeques lo están trayendo de vuelta a casa y en 2004 se dice que los saudís arrojaron, por lo menos, 7 billones a los castillos de arena de Dubai.

Otro acueducto de las riquezas petrolíferas fluye del vecino emirato de Abu Dhabi. Los dos Estados dominan los Emiratos Árabes Unidos —una cuasi-nación creada por el padre del jeque Mo y el dirigente de Abu Dhabi en 1971 con el objetivo de contrarrestar las amenazas marxistas de Omán y, después, de los fundamentalistas islámicos de Irán.

Hoy la seguridad de Dubai es garantizada por los portaviones nucleares que comúnmente atracan en el puerto de Jebel Ali. De hecho, la ciudad-Estado se promueve, de manera insistente, como la mejor de las “Zonas Verdes” de élite en una región crecientemente turbulenta y peligrosa.
En tanto, mientras cantidades crecientes de expertos predicen que la era del petróleo barato está pasando, el clan al-Maktoum puede confiar en los nerviosos torrentes de ganancias petrolíferas en búsqueda de un refugio estable y amigo. Cuando los fuereños cuestionan la sustentabilidad del boom actual los funcionarios de Dubai insisten en que su nueva Meca está siendo construida sobre valor líquido, no deuda.

Desde una decisión parteaguas en el 2003, referente a la apertura irrestringida para que los extranjeros puedan ser propietarios, muchos ricos europeos y asiáticos se han apresurado a formar parte de la burbuja de Dubai. Una propiedad en la costa en alguna de las “Palms” o, mejor aún, una isla privada en “El Mundo” ahora tiene el prestigio de St. Tropez o Gran Caimán. Los viejos amos coloniales dirigen al grupo, al ser expatriados e inversionistas británicos los principales porristas del mundo de ensueño del jeque Mo: David Beckham es dueño de una playa y Rod Stewart de una isla (que, de hecho, se rumora se llama Gran Bretaña).

Una mayoría invisible, atada por contrato


El carácter utópico de Dubai, debemos enfatizar, no es un espejismo. Aún más que Singapur o Texas, esta ciudad-Estado es realmente una apoteosis de los valores neoliberales.
Por un lado, provee a los inversionistas de un cómodo régimen de derechos de propiedad, al estilo europeo, que es único en la región. Incluido en el paquete está la alta tolerancia al alcohol, las drogas recreacionales, ropa femenina atrevida y otros vicios extranjeros anteriormente prohibidos por la ley islámica. (Cuando los expatriados en Dubai alaban su extraordinaria “apertura” se refieren a su libertad para parrandear, no para organizar sindicatos o publicar opiniones críticas.)
Por el otro lado, Dubai, junto con sus emiratos vecinos, ha alcanzado la excelencia en el arte del desencanto laboral. Los sindicatos, las huelgas y los agitadores son ilegales, y 99 por ciento de la fuerza laboral del sector privado son no-ciudadanos fácilmente deportables. Sin duda alguna, los pensadores profundos de los institutos American Enterprise y Cato deben salivar cuando contemplan el sistema de clases y derechos en Dubai.
En la cima de la pirámide social, por supuesto, están los al-Maktoums y sus sobrinos que son propietarios de cada lucrativo grano de arena del emirato. Luego, el 15 por ciento nativo de la población —cuyo uniforme de privilegio es la tradicional vestimenta blanca— constituyen una clase ociosa cuya obediencia a la dinastía es subsidiada por transferencias de ingreso, educación gratuita y puestos en el gobierno. Un paso más abajo están los mercenarios mimados: aproximadamente 150 mil expatriados británicos, junto con otros administradores y profesionistas europeos, libaneses e hindúes que toman plena ventaja de su afluencia de aire acondicionado y vacaciones de dos meses fuera de Dubai cada verano.
Sin embargo, contratistas surasiáticos, legalmente atados a un solo empleador y sujetos a controles sociales totalitarios, representan la gran masa de la población. Los estilos de vida de Dubai son atendidos por vastos números de criadas de Filipinas, Sri Lanka e India, mientras el boom de la construcción se sustenta en los hombros de un ejército de paquistaníes mal pagados e hindúes que trabajan turnos de doce horas, seis y medio días a la semana, en el calor del horno de este desierto.
Dubai, como sus vecinos, desacata las regulaciones de la Organización Internacional del Trabajo y se niega a aceptar la Convención Internacional de Trabajores Migrantes. Human Rights Watch acusó en 2003 a los Emiratos de construir su prosperidad con base en el “trabajo forzado”. Sin duda, como el Independent de Inglaterra publicó recientemente en un reportaje sobre Dubai, “El mercado laboral asemeja bastante el viejo sistema laboral de contrato llevado a Dubai por sus antiguos amos coloniales, los británicos”.
“Como sus sus empobrecidos ancestros”, continúa el periódico, “los trabajadores asiáticos actuales son forzados a firmar contratos, bajo virtual esclavitud durante años, una vez que arriban a los Emiratos Árabes Unidos. Sus derechos desaparecen en el aeropuerto donde los agentes de reclutamiento confiscan sus pasaportes y visas para controlarlos”.
El jeque Mo, que se llama a sí mismo un profeta de la modernización, gusta de impresionar a los visitantes con ingeniosos proverbios y aforismos pesados. Uno de sus favoritos reza: “Aquel que no intenta cambiar el futuro quedará cautivo del pasado”.
Además de ser súper-explotados, se espera que los ilotas de Dubai sean invisibles. Los sombríos campos de trabajo en las afueras de la ciudad, donde los trabajadores son hacinados en grupos de seis, ocho o incluso doce en un solo cuarto, no forman parte de la imagen turística oficial, la de una ciudad de lujos sin barrios bajos o miseria. En una reciente visita incluso el ministro del Trabajo de los Emiratos Árabes Unidos fue reportado como profundamente en shock debido a las condiciones escuálidas, casi insoportables, de un campo de trabajo remoto, mantenido por una gran empresa constructora. Sin embargo, cuando los trabajadores intentaron formar un sindicato para recuperar salarios atrasados y mejorar sus condiciones de vida fueron arrestados inmediatamente.
El paraíso, sin embargo, tiene esquinas todavía más oscuras que los campos de trabajo. Las chicas rusas del elegante hotel no son más que la glamorosa fachada de un siniestro comercio sexual erigido sobre el secuestro, la esclavitud y la violencia sádica. Dubai —como lo confirmará cualquiera de las guías turísticas— es la “Bangkok del Medio Oriente”, poblada por millares de prostitutas rusas, armenias, hindúes e iranís, controladas por diversas pandillas y mafias trasnacionales. (La ciudad, convenientemente, es también un centro mundial para el lavado de dinero, con 10 por ciento de sus bienes raíces cambiando de manos en transacciones en efectivo.)
El jeque Mo y su régimen completamente moderno, por supuesto, desacredita toda conexión con su floreciente industria de zona roja, aunque todo mundo dentro de Dubai sabe que las prostitutas son esenciales para mantener llenos de hombres de negocios europeos y árabes a los hoteles cinco estrellas. Esto no es todo. El jeque mismo ha sido personalmente vinculado al vicio más escandaloso de Dubai: la esclavitud infantil.
Las carreras de camellos son una pasión local en los Emiratos, y en junio del 2004, Anti-Esclavitud Internacional difundió fotografías de niños-jockey, de edad preescolar, en Dubai. HBO Real Sports simultanéamente reportó que los jockeys, “algunos tan pequeños como de tres años de edad, son vendidos como esclavos y mantenidos sin alimentos, golpeados y violados”. Algunos de los pequeños jockeys fueron exhibidos en una pista de carreras de camellos, propiedad de la familia al-Maktoum.

El Lexington Herald-Leader —un periódico de Kentucky, donde el jeque Mo tiene dos grandes granjas de pura sangres— confirmó parte del reportaje de HBO en una entrevista con un herrero local que había trabajado para la corona del principado en Dubai. Él reportó haber visto “niños pequeñitos”, hasta de cuatro años, montando camellos de carreras. Los entrenadores de camellos afirman que los gritos de terror de los niños hacen que los animales corran más rápido.

El jeque Mo, que se llama a sí mismo un profeta de la modernización, gusta de impresionar a los visitantes con ingeniosos proverbios y aforismos pesados. Uno de sus favoritos reza: “Aquel que no intenta cambiar el futuro quedará cautivo del pasado”.

Sin embargo, el futuro que se está construyendo en Dubai —con el aplauso de los billonarios y corporaciones transnacionales por todas partes— asemeja por completo a una pesadilla del pasado: Walt Disney conoce a Albert Speer en las costas de Arabia. ®

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primos hermanos:

Arabia Saudí ordena la ejecución del poeta palestino Ashraf Fayad por renegar del Islam                             Europa Press – vie, 20 nov 2015
Arabia Saudí han ordenado la ejecución del poeta palestino Ashraf Fayad por el delito de apostasía, es decir, negación del Islam, que el autor ha negado categóricamente mientras sus amigos y allegados denuncian que se trata de una venganza de la Policía religiosa saudí por relatar en su libro de poesía 'Instrucciones en el interior' (2008) sus experiencias como refugiado y grabar actos violentos perpetrados por las autoridades.