13 abril 2017

JESUCRISTO - figura mitica - no historica

Dos especialistas entre muchos ....y cada vez mas a medida que se estudian mas textos antiguos:

1- LLOGARI PUJOL

Llogari Pujol amaba tanto a Jesús que le siguió al seminario de Vic: pasó allí 7 años, se hizo sacerdote. Pero él necesitaba saber más sobre Jesús, saberlo todo, y para eso se fue a la Universidad de Estrasburgo: se hizo teólogo, estudió durante 10 años textos bíblicos y egipcios, y aprendió demótico en la Sorbona (con madame de Cènival) para leer en textos originales. .....

Descubrir que los evangelistas copiaban los textos egipcios le sacudió y enfermó. Perdió la fe, dejó el sacerdocio. Se casó con una compañera estudiante - la historiadora Claude-Brigitte Carcenac, y juntos escribieron
"Jesús, 3.000 años antes de Cristo. Un faraón llamado Jesús" :


"Es un estudio de literatura comparada...". y afirma con rotundidad: "¡Debería crearse ya en Cataluña un gran centro de estudios de las religiones!"
..... A la figura del faraón del Antiguo Egipto ya se le consideraba "hijo de dios".

A Jesús se le atribuyeron las enseñanzas y los rasgos característicos del faraón.
-¡Los paralelismos son infinitos!
Ya 3.000 años a.C., el faraón era considerado hijo de dios: como luego Jesús. El faraón era a la vez humano y divino: como luego Jesús. Su concepción le era anunciada a la madre: como luego la de Jesús. El faraón mediaba entre dios y los hombres: como luego Jesús... El faraón resucita: como luego Jesús. El faraón asciende a los cielos: como Jesús...
-¿Jesús, un clon del faraón? Qué cosas...
¿Se sabe usted la oración que nos dicen que Jesús creó y enseñó: el padrenuestro?
-Por supuesto: "Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre...".
Esa oración se encuentra en un texto egipcio ¡del año 1.000 a.C.!, conocido como "Oración del ciego".

Y en ese mismo texto están, también, las que luego serán las Bienaventuranzas de Jesús. Óigame: toda la teología del Antiguo Egipto asomará luego en Jesús.
-¿Sí? ¿Seguro que es así?
Y no sólo eso: también el Antiguo Testamento (600 a.C.) está impregnado del monoteísmo del faraón Akenatón (1360 a.C.).
-Volvamos a Jesús: su concepción divina...
La teogamia (matrimonio divino) viene de Egipto: dios engendra en una reina al nuevo faraón. Y hay un texto egipcio (en demótico) del año 550 a.C., "El cuento de Satmi", que relata esto: "La sombra de dios se apareció a Mahitusket y le anunció: ?Tendrás un hijo y se llamará Si-Osiris?". ¿Le suena?
-El ángel de la Anunciación, María...
Muy bien. ¿Le digo qué significa Mahitusket? ¡"Llena de gracia"! Y Si-Osiris significa "hijo de Osiris": o sea, hijo de dios.
-Ya... ¿Y quién es Satmi en ese cuento?
-El esposo de Mahitusket. "Satmi" significa "el que acata a dios": igual hará luego José, llamado "el justo" por el Evangelio...
-Luego, a Jesús querrá matarlo Herodes...
-En la mitología egipcia, Seth quiere matar al bebé Horus, y su madre, Isis, huye con él: ¡como la Sagrada Familia huye a Egipto!
-¿Y el oro, el incienso y la mirra, qué?
Los egipcios los tenían por emanaciones del dios Ra: el oro era su carne; el incienso, su perfume; la mirra, su germinación. 
 
-¿Y los pastorcillos, qué?
La imagen del buen pastor está pintada cientos de veces en templos egipcios! 
 
-¿Y la circuncisión de Jesús, qué?
Era ritual entre los sacerdotes egipcios. Y en el cuento de Satmi, Si-Osiris, a los 12 años, discute de tú a tú con los sabios del templo. ¡Como de Jesús nos cuenta el Evangelio! 
 
-¿Y del bautismo de Jesús, qué me dice?
Contemple esta imagen de un sacerdote: está bautizando al faraón con agua del Nilo...
-¡Oiga, todo me lo hace cuadrar, usted!
Todo está en antiguos textos, pinturas y bajorrelieves egipcios. Mire este, del año 300 a.C.: el rey Ptolomeo está postrado ante Isis, e Isis le dice: "Te daré todos los reinos de la Tierra". ¡En el Evangelio, Satanás tentará a Jesús copiando esto palabra por palabra! 
 
-¿Y qué me dice de los milagros de Jesús?
¿Ve esta pintura de un banquete? Está en la tumba egipcia de Paheri (1.500 a.C.): escenifica la conversión de agua en vino por el faraón. ¡El mismo milagro que hará Jesús en las bodas de Caná! Y cuente las jarras...
-Una, dos, tres... seis jarras. ¿Qué pasa?
En el milagro de Jesús, las jarras son seis. Los teólogos aún se preguntan ¿por qué seis?Pues porque se copió del relato egipcio.
-¿También el faraón hacía el milagro de multiplicar panes y peces?
No, ese lo hizo el dios Sobk, como cuentan los "Textos de las pirámides" ¡del año 3.000 a.C! Sobk es el dios-cocodrilo, y da pescado y pan blanco a la gente de la orilla del lago Faiun... ¡Y camina sobre sus aguas!
Y una curiosidad: en pinturas góticas sobre escenas de pesca milagrosa de los apóstoles he descubierto que los peces son "tilapias nilóticas", ¡especie que sólo está en el Nilo! 
 
-¿Algún otro paralelismo?
El relato de Sinuhé (2.000 a.C.): es un príncipe que teme reinar, y se va de la corte al desierto, entre beduinos y calamidades...
-¡Pero Jesús entra triunfal en Jerusalén!
Sí: ya como "rey"... y sobre un asno. O sea, vencedor sobre el mal: el asno en Egipto era Seth, el dios que mató a Osiris y al que el hijo de éste, Horus, somete... y monta. 
 
-¿Y qué hay de la Última Cena?
Osiris, dios del trigo, al morir cada año permitía a los egipcios alimentarse con su cuerpo (el pan). Y en los "Textos de las pirámides" se le llama también "Señor del vino". ¡Y Osiris da a beber su sangre en una copa a Isis, para que ella le recuerde tras su muerte!
-La resurrección y ascensión de Jesús, ¿son también calco de la teología faraónica?
Eso mantengo: existía un ritual de "resurrección" del faraón muerto -intervenían mujeres-, tras el que "ascendía a los cielos". 
 
-¿Jesús reprodujo a conciencia esos patrones, o los aportaron luego los evangelistas?
Mi tesis es otra: los Evangelios fueron compuestos por eruditos sacerdotes judeo-egipcios del templo de Serapis en Sakkara (Egipto): tradujeron palabra por palabra textos egipcios. Ya lo contaré todo en un libro...

"Los egipcios fueron los primeros en afirmar (la doctrina) que el alma del ser humano es inmortal.
Los egipcios fueron los primeros en descubrir el año, el cual dividieron en 12 meses... Los egipcios fueron los primeros en introducir los nombres de los doce dioses y los griegos tomaron prestados estos nombres de ellos; fueron los primeros en asignar altares, imágenes, y templos a los dioses, y esculpir figuras de animales en la piedra...
Los egipcios fueron también los primeros que introdujeron festivales públicos, procesiones, y plegarias solemnes" (Bk, II, 4, 58).
Palestina estaba tan relacionado geográficamente con Egipto que la influencia de esa gran civilización debió ser inmensa en el pequeño y poco civilizado país."


[Herodoto 485 - 425 a.C.]
Interesante entrevista al ex- teologo Llogari Pujol que se adhiere al cada vez mayor numero de especialistas que estudian el origen Egipcio de lo que luego se conformaria como cristianismo.

2 PARTES:

1a parte
2a parte

PARALELISMOS ENTRE JESÚS Y HORUS

El Horus egipcio mantiene un sospechoso parecido con Jesús: tanto que puede observarse fácilmente que Jesús ya estaba y vivía en el antiguo Egipto:

-Horus nació de la virgen Isis, que es María, la Negreta catalana.
-Horus fue bautizado por Anup, y Jesús por San Juan Bautista.
-Horus y Cristo fueron considerados divinos prodigios a los 12 años.
-Horus y Jesús tuvieron 12 discípulos y viajaron con ellos haciendo milagros.
-Horus es Dios Solar, como Jesús, que nace en el solsticio de Invierno… El Dios Sol nace hasta llegar al cúlmen del Solsticio de Verano en lo más Alto del cielo, San Juan.
-Horus era el camino, la verdad y la Vida.
-Ambos andaban sobre los aguas
-Horus resucito a El-Azarus, Jesús a Lázaro.
-Horus fue traicionado por Tifao, Jesús por Judas.
-Horus es un Dios Astrológico y Jesús tiene 12 discípulos como los signos del zodiaco.
-Horus era el Rey de los Egipcios y Jesús de los judíos.
– Horus fue condenado a muerte y crucificado, como Jesús.
-Horus y Jesús resucitaron al tercer día.
– La Hostia es el Disco del Sol que aparece en iconografía egipcia.
-El Sagrario es iconografía egipcia de culto al Sol.
– Las famosas comparaciones del vino, trigo y el cordero son típicas de textos egipcios antiguos.

Las iniciales I.H.S en la hostia son las iniciales de los dioses egipcios: Iris, Horus, Osiris, logo de los g-suitas financiadores de Adam Weishaupt, creador de los illuminati modernos.

Muchos libros, como el del El ex sacerdote catalán Llogari Pujol en Jesús nació 3000 años antes de Cristo, documentan los paralelismos en tre Jesús y Dioses egipcios. Sus relaciones con religiones paganas ancestrales no se pueden negar al igual que el islamísmo con la Diosa Negra Allat o el propio judaísmo.
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 Algunos textos apocrifos señalan que jesus no fue el que murio en la cruz:

 El Evangelio de Bernabé

El Evangelio de Bernabé es conocido de forma indirecta por la Iglesia cristiana desde el siglo VI como uno de los libros apócrifos que resultan sospechosos desde el punto de vista de la fe; sin embargo, su nombre quedaba a mero título de referencia, siendo desconocidos tanto el texto como los motivos que condujeron a que fuera incluido en la lista de apócrifos. Sin embargo, desde el siglo XVIII es conocido en Europa en ciertos círculos de orientalistas y de teólogos un Evangelio de Bernabé que se presenta como escrito por un Bernabé que pasa a ser ahora uno de los doce apóstoles. Aunque la mayoría de críticos que se han acercado al texto han negado que éste pueda relacionarse con el que aparece, por ejemplo, en el Decreto Gelasiano de libros aprobados y no aprobados, del siglo VI, algunos investigadores han creído ver en él ciertas huellas de doctrinas judeocristianas primitivas. De cualquier forma, existe un cierto acuerdo entre los especialistas en atribuir su redacción, única según algunos, última, según otros, a una pluma islámica, conocedora del cristianismo, que escribiría a finales del siglo XVI o principios del siglo XVII.
Mientras que en Holanda y Prusia circulaba un manuscrito del texto en italiano, preñado de notas en árabe al margen, en Gran Bretaña se hacía visible un manuscrito en español del mismo texto, que es utilizado por el arabista inglés George Sale en el prólogo a su traducción del Corán (1734). Mientras que el texto italiano pasará posteriormente a la Biblioteca Nacional de Austria, donde hoy se encuentra (Cod. 2662), el texto español ha desaparecido, sin que se conozca su paradero. Afortunadamente, en 1976 se descubrió en la Universidad de Sydney una copia parcial del texto, realizada en el mismo siglo XVIII, que sirve de base para la presente edición. A esta copia le faltan los capítulos 121 a 200, así como algunos párrafos en la parte final del texto. El texto español del Evangelio de Bernabé aparece mencionado en un manuscrito morisco compuesto en castellano en Túnez hacia 1634, como guía para todos aquéllos que deseen seguir el verdadero mensaje de Dios.
Una de las características más destacadas del manuscrito español es que porta un prólogo del que carece el manuscrito italiano: en él, un monje -Fray Marino- cercano al Papa Sixto V nos narra cómo vino a dar con el Evangelio de Bernabé en la mismísima biblioteca papal. Tras haber leído mencionado este evangelio en unos libros de factura anti-paulina, y ardiendo en deseos de encontrarlo, fue a dar con él en la Biblioteca de Sixto V. Un día que éste se quedó dormido tras una conversación, Fray Marino tropezó en la Biblioteca con el libro, que no dudó en hurtar y leer. Esa lectura le hizo cambiar de fe, y ese mismo beneficio desea para todos los lectores del evangelio, para quienes escribe el texto. Este prólogo, verdadero artificio de auto-identidad del texto, se intenta rodear de algunas circunstancias históricas: la existencia del Papa Sixto V, las menciones a las grandes familias Orsini y Colonna, la actuación de la Inquisición... posiblemente ese Fray Marino, tras quien se esconde el verdadero autor del texto, sea también trasunto de un personaje histórico, quizá el gran orientalista Fray Marco Marini, experto en el antiguo targum judío.
Esa fe que va a enmarcar al Evangelio de Bernabé es la fe del islam. En efecto, el Evangelio de Bernabé se presenta como un relato de la vida y mensaje de Jesús siguiendo la estructura fundamental de los evangelios sinópticos, pero modificada en varios de sus puntos esenciales de acuerdo con la visión islámica de Jesús. De esta forma, Jesús niega rotundamente ser hijo de Dios, sino únicamente profeta enviado al mundo; afirma la aplicación de la promesa divina de salvación en la descendencia de Ismael; el Evangelio le es revelado en forma de libro brillante que desciende sobre su corazón; establece las abluciones y la circuncisión como una de las condiciones fundamentales del creyente; no padecerá tormento ni será crucificado, sino que lo será el traidor Judas en su lugar. Finalmente, niega ser él mismo el mesías anunciado en las Escrituras: Jesús se presenta como anunciador de este mesías que es Muhámmad, a quien Dios tiene predestinado para ese papel desde el principio de los tiempos. Para poder combinar el relato evangélico con ese anuncio del mesías, Jesús tomará en el Evangelio de Bernabé las acciones y las palabras de Juan el Bautista.
El texto del Evangelio de Bernabé se concibe y desarrolla entonces entre dos universos religiosos. Por un lado, se toman las estructuras narrativas evangélicas cristianas como cañamazo de base, y, por otro, esas estructuras quedan insufladas conceptualmente de mensajes islámicos. El Jesús de los evangelios cristianos, que tiene unas partes que son aceptables y piadosas para el islam, y tiene otras que son evidentemente rechazables y condenables, queda corregido de acuerdo con la visión de la profetología islámica. Jesús queda redimensionado en el Evangelio de Bernabé como un importantísimo profeta, portador del mensaje divino, que, consciente de que su predicación quedará alterada por sus discípulos (y el Bernabé escritor acusará, como el islam, a Pablo de Tarso), anuncia a la humanidad al verdadero mesías que clausurará la revelación de Dios a los hombres: Muhámmad.
El emprender un texto como éste conlleva una serie de riesgos redaccionales y teológicos de los que parece ser consciente el redactor del texto. Éste debe mezclar ambos mundos para presentar un texto que sea, a la vez, familiar en su redacción y mensaje para los cristianos, y aceptable para ojos islámicos. Ya que el Evangelio revelado a Jesús según el islam se ha perdido por la perfidia de algunos cristianos, y los evangelios que se conservan no son sino relatos humanos deformados sobre la vida y mensaje de Jesús, lo que aquí encuentra el lector es, al mismo tiempo:
  • Un relato de la vida y predicación de Jesús semejante estructuralmente a los que se conservan.
  • Un relato escrito por un testigo directo y designado por Jesús.
  • Un texto que se ha salvado de las alteraciones posteriores que padecen los evangelios aceptados por los cristianos.
  • Un texto que narra la dimensión única de Jesús como profeta y ser humano.
  • Un mensaje que contiene la profecía de la verdadera y definitiva revelación, la del islam.
Para elaborar todo este mensaje, destinado a cristianos y a musulmanes, el texto se mueve siempre en un sendero muy angosto que participe de ambos mundos. Hay diversos elementos originales debidos a esta posición del redactor, pero uno ha sorprendido especialmente a los que se han acercado al Evangelio de Bernabé: la negación en boca de Jesús de ser el mesías. Esta negación, junto con la afirmación complementaria de serlo Muhámmad, parece contradecir la lección coránica que afirma que el profeta Jesús ('Isa) es el mesías (al-masih). Pero la contradicción es sólo aparente. Por un lado, el título otorgado a Jesús en el Corán está desprovisto de cualquier significado salvífico tal y como se entiende en el judaísmo y en el cristianismo, no siendo más que un título honorífico, casi una extensión de su nombre, otorgado a Jesús. Por otro lado, el Evangelio de Bernabé, hace decir a Jesús que él no es el mesías en italiano y en castellano, pero nunca en árabe, que es la lengua en la que el Corán cobra toda su naturaleza y significado, evitándose así caer en contradicción con el texto coránico. Muhámmad queda investido con ese título en el Evangelio de Bernabé en tanto en cuanto profeta de Dios (rasul) y sello (játim) de toda la revelación profética hecha por Dios a los hombres. Mediante la desprovisión de cualquier característica divinal del término mesías y su adscripción estricta a su misión profética, y mediante su aplicación en italiano y español a Muhámmad, se salvan los riesgos de heterodoxia islámica.
Es ésta una solución profundamente original, como otras que hay en el texto, que hace del Evangelio de Bernabé un texto osado, pero de una enorme profundidad apologética. En lugar de transitar por los caminos de la polémica religiosa anticristiana, su autor o autores prefirieron ofrecer un texto verdaderamente cristiano -esto es, islámico- que se hubiera preservado de la maldad de los hombres. A ojos musulmanes, el Evangelio de Bernabé conforma, pudiéramos decir, lo que hubiera debido ser el evangelio cristiano si se obvian los abusos de Pablo y de las autoridades de la iglesia cristiana sobre el mensaje de Jesús. No es de extrañar, entonces, que el Evangelio de Bernabé, a través de sus traducciones inglesa, árabe, turca o urdu, haya alcanzado cierta estima como texto religioso en algunos círculos islámicos, en especial egipcios, paquistaníes o entre los musulmanes de Gran Bretaña.
Una de las cuestiones que lógicamente más ha preocupado a los críticos que se han acercado al texto es la de la autoría de una obra semejante. Aunque algunos autores han creído poder rastrear huellas ebionitas, elkesaítas o samaritanas en el Evangelio de Bernabé, la mayoría está de acuerdo en que su autor es un musulmán de finales de la Edad Media o comienzos de la Edad Moderna. Escribiendo por razones desconocidas -algún autor desliza una posible venganza desde una hipotética condición de converso-, ofrece un texto «evangélico» compuesto con fines proselitistas como labor estrictamente individual. Míkel de Epalza fue el primero que planteó no ya un autor, sino todo un medio intelectual en cuyo seno cobra perfecta lógica un texto como el del Evangelio de Bernabé: el de los moriscos de Granada a finales del siglo XVI, envueltos en el asunto de los Libros Plúmbeos del Sacromonte.
La Granada de finales del siglo XVI se vio sacudida intelectual y socialmente por una serie de descubrimientos de huesos y cenizas y de unos fantásticos textos árabes burilados en plomo en las cuevas del Monte Valparaíso, que en adelante ya sería llamado el Sacro Monte. En esos textos se daba noticia de los primeros mártires cristianos de la ciudad, del que sería su futuro patrón, San Cecilio, y de la estancia de Santiago en la ciudad del Darro; aparte de estas maravillosas nuevas, los textos revelaban toda una serie de contenidos doctrinales envueltos en un estilo ampuloso y oscuro, puestos en boca de los varones apostólicos y de la misma Virgen María.
La alegría del descubrimiento se trocó en entusiasmo cuando se comprobó que los textos ponían a Granada a la altura eclesiástica de Toledo o Compostela, hizo que se sucediesen las traducciones de los textos árabes, teniéndolos por auténticos documentos del primer cristianismo, sin reparar demasiado en los nada escondidos elogios que la propia Virgen María hacía de la raza árabe y su lengua. El interés fue tal que durante varios años se escondieron las voces que criticaban dichos libros, señalando que tenían factura moderna, que se habían colocado en las cuevas para engañar a sus destinatarios y que los textos estaban llenos de doctrina islámica. Con el paso del tiempo, sin embargo, y a pesar de la encendida defensa que hicieron el arzobispo de Granada y otros personajes, ésta fue la opinión que se abrió paso, sostenida por cada vez más personas del mayor peso intelectual. El asunto terminó de forma un tanto abrupta, al pedir Roma que se enviasen los textos -cosa que se hizo no sin mucha resistencia- y ser allí condenados en 1662 tras su estudio, por sostener contenidos musulmanes.
Toda la crítica se muestra unánime hoy día en otorgar la responsabilidad en la factura de estos textos a una serie de moriscos granadinos de cierto nivel intelectual que realizaron un intento de intervención sobre el pensamiento cristiano de la época. Presentados como textos cristianos, los libros plúmbeos de Sacromonte explican sus doctrinas dentro de un tono deliberadamente neutro, de moral común y universal, que en ningún momento busca el conflicto o la diferencia entre religiones. Sin embargo, pronto se cae en la cuenta de que lo mismo que se busca disfrazar los posibles temas conflictivos o polémicos, los principales dogmas del islam están esparcidos por todos los textos y son perfectamente identificables a poco que uno se empeñe en buscarlos.
Otra de las características especiales de estos textos es que están concebidos como una cadena de descubrimientos en la que unos textos van anunciando a los otros que han de descubrirse: forma evidente de adelantar un hallazgo y asimismo de mantener viva la expectación. Lo interesante en este momento es que los libros plúmbeos del Sacromonte anunciaban como culminación de la serie de textos una «Verificación del Evangelio» (Haqiqat al-Inchil) que había sido trasladada por la mano de la Virgen María. Este libro se presentaba de forma indescifrable para los descubridores -no en vano fue llamado el «libro mudo»- y, se preservaba para su revelación futura a una humilde criatura en el marco de un Concilio general que tendría lugar en Chipre.
La «Verificación del Evangelio» no fue nunca conocida en España, pero, como muestra el texto que sigue a continuación, en el norte de África en el siglo XVII sí se leyó entre los moriscos españoles allí exiliados un nuevo evangelio, que se presentaba además como evangelio nuevo. Que había sido escrito además por alguien cuya tumba se venera en Chipre y que es el patrón de la isla: San Bernabé. ¿Era el Evangelio de Bernabé el último eslabón de una cadena de audacias que había comenzado en Granada? Las semejanzas entre los libros plúmbeos y Bernabé son numerosas y más que evidentes, tanto en sus mensajes, islámicos que transitan el cristianismo, como en su revestimiento de «descubrimientos» fortuitos; el hecho de que los libros de Granada anunciasen finalmente un evangelio verídico les hacen convertirse en un medio ideal para que un texto como el Evangelio de Bernabé pudiera ser creado dentro de él.
BIBLIOGRAFÍA
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LUIS FERNANDO BERNABÉ PONS



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“El Cristianismo es una religión inventada, y Jesucristo un personaje de ficción tan real como Superman, Don Quijote o Skywalker”

Ingeniero de profesión, Fernando Conde ha dedicado los últimos 20 años de su vida a investigar los Evangelios y ahora afirma con rotundidad que son ‘falsos’

 “Se necesita imaginación para suponer que el Emperador Constantino, en el año 303, reuniera un pequeño equipo redactor y les encargara escribir los cuatro Evangelios y varios textos más, todos ellos falsificados, con el fin de implantar en el Imperio su nueva religión, el Cristianismo”.




El autor, Fernando Conde, demuestra que el Cristianismo fue creado en el siglo IV por
el Emperador Constantino, siendo Eusebio de Cesarea y Lactancio los autores de todos los libros
del Nuevo Testamento.

En el libro, una reconstrucción histórica en forma novelada, su autor expone año a año el
proceso por el que Constantino se hizo dueño absoluto del Imperio, desplazando a todos los
demás Emperadores. Simultáneamente, Lactancio y Eusebio preparaban en secreto la redacción
de todos los escritos del Nuevo Testamento, Evangelios, Epístolas, Hechos y Apocalipsis.
El año 314 Constantino, dueño ya de la parte Occidental del Imperio, tras derrotar a Majencio
en la batalla del Puente Milvio, convoca el Concilio de Arlés (Sur de Francia) e inicia así la
implantación del Cristianismo en medio Imperio, el occidental.

Tras derrocar el año 323, a su cuñado, el Emperador Licinio, Augusto de Oriente, Constantino
convoca el Concilio de Nicea el año 325, y repite en Oriente lo que antes había hecho en
Occidente. Pero en Oriente aparecen detractores y la tensión crece. Eusebio está en el bando
opositor. Lactancio ha muerto el año 319.


¿Es el Cristianismo una religión inventada, o al menos algunos de los principales textos que la sostienen?

-Sí, las dos cosas, los textos y, por lo tanto, la religión... 
El Cristianismo es obra de una persona del año 300 que se llamaba Lactancio, un personaje histórico, que de hecho fue el pedagogo de Crispo, el hijo mayor de Constantino. Este hombre era un visionario, una persona de pocas luces, que cometió varios errores, entre ellos creer que al encontrar una moral elemental en los textos egipcios había descubierto el universo. 
Pero fue capaz de convencer a alguien con mucho poder, Constantino, y de ahí nos viene todo... Lactancio contactó con Constantino cuando era un tribuno, el protegido de Diocleciano, pero no tenía poder todavía sobre el Imperio. Pero a los tres años se hizo con autoridad sobre las Galias, y a partir de ahí fue sumando partes hasta hacerse con todo el Imperio y así pudo instalar el Cristianismo en Nicea.

Por ende, ¿deducimos de su investigación que Jesucristo no existió?

-Efectivamente. Es duro decirlo pero Jesucristo es un invento literario de Lactancio. Es tan real como Don Quijote, Superman o Skywalker, es un personaje de ficción. Se le dio la figura de hijo de Dios porque Lactancio estaba obsesionado con que todo el Imperio adorase al Dios único, porque si no ese Dios único iba a mandar el fin del mundo. El nacimiento del Cristianismo está motivado por la convicción de que si no se adoraba al Dios único, en muy poco tiempo iba a llegar el fin del mundo.

Sin ser experto en Historia, nada más lejos, el historiador Flavio Josefo sí cita a Jesucristo en sus escritos...

-Flavio Josefo escribió sus Antigüedades judaicas sin citar para nada a Jesucristo, lo que sucede es que Constantino formó un equipo integrado por Lactancio y Eusebio de Cesarea, que era historiador. Y a este último le tocó interpolar a Flavio Josefo y a Plinio para meter una cuña en la que citase a Jesucristo. Pero los historiadores con cabeza ya encuentran que esa cita de Jesucristo no pega en el sitio, ya que corta dos pasajes que tienen una perfecta unión entre sí. Es decir, que ya hay sospechas de que el testimonio flaviano es una falsificación y, además, han aparecido pruebas de que es una interpolación.

¿Por qué Constantino decidió adoptar el Cristianismo como religión del Imperio, qué ventajas le ofrecía?

-Lactancio, en el año 303 fue a hablar con Diocleciano, y de eso hay indicios muy ciertos. Diocleciano le rechazó pero Constantino, que vivía con Diocleciano en Nicomedia, le oyó y no puedo decir si eso le dio pie para basar su ambición de tener todo el Imperio bajo su mando o primero tuvo el Imperio y luego inventó el Cristianismo. Pero lo que sí es Historia es que ansiaba dominar todo el Imperio, no solo la cuarta parte que le correspondió, y que implantó el Cristianismo primero en la parte occidental y luego en todo el Imperio a través del Concilio de Nicea.

Apunta que Lactancio tomó como base la moral de los textos egipcios pero la realidad dicta que la religión cristiana bebe de muchas otras religiones, ya que por ejemplo adopta las Saturnales y las convierte en la actual Navidad.

-Efectivamente. Una cosa es la obra de Lactancio y otra el amejoramiento del fuero que hicieron los Santos Padres, pero eso ya fue en época de Teodosio. Estos Santo Padres hicieron una especie de popurrí incorporando misterios que eran muy del gusto de la época, como eran los misterios de Mitra, que tenían mucho predicamento entre las legiones. Pero ha habido otros investigadores independientes que han demostrado que gran parte de los milagros, correrías y andanzas de Jesucristo y de su doctrina son egipcios, y están en los textos sagrados egipcios.

Supongo que es consciente de que al editar un libro como este le van a tachar casi de loco...

-De loco, no. Anteriormente, sin poner sobre la mesa las pruebas que aporto en este libro, recibí múltiples críticas y grandes rechazos, especialmente del sector más conservador ideológicamente hablando. Pero es que en este libro aporto pruebas diferentes y que, además, están los Evangelios, de forma que todo el que quiera puede leerlas.

Antes de meternos de lleno en las citadas pruebas, ¿cree que la Iglesia como institución es consciente de lo que usted afirma, de que el Cristianismo es una religión inventada?

-Estoy convencido de que sí porque ha habido modificaciones de los textos del Nuevo Testamento para ocultar las pruebas. Por lo tanto, tiene que saberlo, por lo menos desde hace 150 años.

¿Ha tenido alguna respuesta oficial por parte de la Iglesia a sus tesis?

-No, y hacen bien en guardar silencio y esperar a que pase el chaparrón. Lo contrario sería darle valor.

Las pruebas a las que usted hace referencia se basan principalmente en las firmas ‘escondidas’ que los autores colocaban en los textos para que los lectores pudieran discernir si los textos eran originales o auténticos. Entre estas firmas destaca principalmente una muy curiosa, Simon.

“Investigadores han demostrado que gran parte de los milagros de Jesucristo y su doctrina son egipcios”
“San Fermín y San Saturnino son anteriores a Nicea, y por lo tanto no existieron...”
“Flavio Josefo escribió sus ‘Antigüedades judai

--Simon no es nadie y digamos que he tenido mi propia evolución con esta firma, que es la prueba definitiva o concluyente. Al principio, no sabía si el acróstico era por pronunciación o escrito. Finalmente, he llegado a la convicción de que es por texto. Simon, el nombre, se escribe con omega, en cambio, tal y como aparecen en las firmas es con ómicron, y por lo tanto significa cuento, patraña o bulo. Es decir, mentira pero con cierto aire de ironía o sorna. Eusebio puso esa firma en los textos que eran patraña. Mientras que Lactancio estaba convencido de que debía defender y promocionar la nueva religión. Lo que sucede es que Lactancio murió antes y Eusebio de Cesarea, en los evangelios que había escrito Lactancio, añadió varios capítulos en los que coló la firma maléfica de Simon.

Por centrar la trama, ¿quién escribió los cuatro evangelios oficiales?

-Cronológicamente, Eusebio escribió Marcos, y puso firmas de Simon, acrósticos, en todos los capítulos. Después, Lactancio copió de este primero los de Lucas y Mateo, que son los evangelios sinópticos, porque son muy parecidos. Y, finalmente, Eusebio se inventó el de Juan haciéndolo completamente distinto de los tres anteriores.

Y, ¿qué sucede por lo tanto los evangelios apócrifos?

-Los evangelios apócrifos son claramente posteriores, sobre el año 350-390, y lo que hacen es rellenar los huecos en los que los evangelios oficiales no decían nada. Además, son evangelios que no contienen doctrina auténtica, son más bien milagritos y discursos del gusto de la gente.

Si todo lo que dice en el libro es cierto, se carga literalmente siglos de doctrina y filosofía en Occidente.

-Lo que es falso es falso. Y si se puede demostrar, ya no es cuestión de teorías o hipótesis, son realidades. Lo que sucede es que, para mí, la civilización occidental se basa en el Helenismo no en el Cristianismo, que es anterior y mucho más profundo. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer es recuperar las raíces de nuestra civilización y no girarla a una fanática.

Lo complicado de explicar es que todas estas pruebas que cita, y que le han costado 20 años de investigación conseguir, se basan en la forma de escribir los Evangelios, en su estructura y en las citadas firmas. ¿Qué es lo que hacía reconocible esa forma de escribir los textos como para discernir entre unos falsos y otros auténticos? ¿Cómo sabemos que esas firmas fueron colocadas a posta para evidenciar la falsedad y no son mero resultado del azar?

-En la antigüedad, los escritos se copiaban, y eso implicaba que en las copias se dieran equivocaciones o que incluso se colocaran interpolaciones intencionadas para desvirtuar el escrito original. Para evitar esto, los primeros escritores de los que se tiene constancia, como Hesiodo y Herodoto, se inventaron una forma de escribir que asegurara al lector que aquello que leía era el texto original. 

Y para ello convirtieron sus textos, sumando las palabras de cada frase, en una sucesión de números. Es decir, todos los escritores, incluso Virgilio y Horacio, tienen también esta sucesión de palabras convertidas en números. Sin embargo, Lactancio, que era profesor de retórica, formaba estructuras complicadísimas, que yo no he encontrado en nadie más, por eso le llamaban el Cicerone español, pero como era bastante ingenuo, cometió el error de que su fabulosa estructura la colocó en todos los escritos de todos los autores que inventó. De esa forma, la misma estructura está en Mateo, en Lucas o en las cartas de Pedro o de Judas, que son las cuatro obras de Lactancio además de las cartas de Pablo.

¿Cómo podemos saber que Lactancio inventó esas historias y no fue un historiador que simplemente relataba unos hechos?

-Constantino es el emperador que favoreció el Cristianismo. Lactancio fue el preceptor de su hijo y Eusebio fue el que escribía los discursos. Basta también con leer la obra de Lactancio Instituciones divinas para saber su mentalidad, que está reflejada idénticamente en estos evangelios. Sin embargo, Eusebio era un maestro del conocimiento, capaz de escribir doctrina auténtica, que está en los Evangelios, aunque luego fuera interpolada y deformada, es decir, oculta. Hay que tener capacidad de distinguir la verdad de la falsedad para poder enjuiciar los Evangelios, que son libros ideológicos.

Pero, repito, ¿cómo sabemos que es un relato inventado y no unos hechos referentes a Jesucristo que a él le contaron y posteriormente los transcribió?

-Por ejemplo, cuando uno en el año 400 escribe de personas que sufrieron martirio en Mérida en el año 300, está comprobado que es falso por los datos intrínsecos del relato. Por poner otro ejemplo, un relato en el que se hace referencia a un personaje que existió y que no dejó huella en ningún otro sitio que no sea la memoria de Lactancio, y digo memoria entre comillas. Es un relato inventado. Los argumentos están en el libro, y me han hecho falta 800 páginas para plasmarlos, por lo que difícilmente puedo resumirlos en unas líneas de conversación.

¿Qué le llevó a un ingeniero industrial a meterse en este ‘fregao’ de investigar los evangelios?

-Porque al margen de ser ingeniero industrial, yo era un ser humano, que tenía sus inquietudes. Y en un momento determinado, a mis 40 años, a raíz de una conversación, me di cuenta de que podía estar engañado y no me quería morir engañado. Yo quiero saber realmente cómo son las cosas, qué hay después de la muerte, a qué nos enfrentamos, el sentido de la vida y quiero comprobar si lo que me contaron mis padres, cuando era pequeñito y no tenía defensas mentales, era cierto. Y como ahora las tengo, pues las voy a emplear, y eso es lo que me llevó primero a leer los textos en castellano. En esa primera lectura noté que había muchos absurdos, por ejemplo, el Evangelio de Juan tiene pasajes muy profundos y bonitos y, sin embargo, el Apocalipsis, que son una sarta de barbaridades una detrás de otra enlazadas con hilo de plata, también se decía que era de Juan, ¡y eso no puede ser! ¡Eso repele a cualquiera que tenga dos dedos de frente! Y sin embargo todo el mundo lo aceptaba.

Por lo tanto, ¿llevamos casi 2.000 años viviendo y rigiéndonos por una colección de mentiras?

-Sí. Lo malo es que en los evangelios cristianos hay moral elemental, que es la que obnubiló a Lactancio, porque él no practicaba nada de eso y es la que está en las epístolas de Pablo. Pero luego hay un 80% de barbaridades y un 10%, oculto y mal traducido del conocimiento de Eusebio. Lo malo de la doctrina falsa que hemos seguido durante 17 siglos es que tapa el conocimiento con mayúsculas de los griegos, que es la doctrina que permitiría a Occidente evolucionar y no ser un niño en ideología.

¿Esto quiere decir que los milagros de Lourdes, San Fermín o San Saturnino también son falsos o inventados?

-Depende de que sean anteriores o posteriores a Nicea. Si son anteriores, como San Fermín o San Saturnino, no existieron. San Saturnino dicen que era discípulo de San Pablo, y si San Pablo no existió... Como tampoco existió Santiago Apóstol. Si son posteriores, sí existieron... Eso sí, que sean santos... Es la Iglesia la que decide quién es santo, y por lo tanto lo que hace es premiar o favorecer la falsificación y el montaje. Luego hay santos que realmente han hecho cosas en favor de sus congéneres, como San Francisco de Asís, que era un buen monje que hizo mucho por la gente de su entorno, en este sentido digamos que no me molesta que lo nombren santo y lo pongan en un altar.

¿La Iglesia está condenada a sucumbir finalmente ante esta ‘mentira’ que usted relata?

-Creo que la Iglesia tiene una oportunidad de pervivir, pero para eso debe desechar todo lo que es Lactancio y coger el conocimiento de Eusebio. Pero no es un conocimiento divino, no es algo que Dios haya dicho, que no me vengan con cuentos


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 comentarios varios:

¿Quién es la Moreneta, la Virgen Negra de los Catalanes? Pues Isis, Isthar, Cibeles….la antigua diosa y Madre anunnaki illuminati. Es la virgen de los templarios, que tenían una de sus sedes en Cataluña, España y en la montañas mágicas de Montserrat.


LOS EVANGELIOS EN LA TUMBA DE TUTANKAMÓN
Los Rothchilds pagaron las excacaviones de Egipto y de la tumba de Tutankamón del illuminati Lord Cavernon. Todo lo de las maldiciones de las momias es un timo para asustar y para despistar. De hecho, encontraron en un sarcófagos los Evangelios. Todo se ocultó, siempre lo hace el Instituto Smithsonian controlado por los illuminati.. siempre que aparecen vestigios alien, anunnakis, reptilianos, ovnis, ooparts (artefactos fuera del tiempo)… los ocultan.  Todo lo que cuentan de Egipto es un cuento chino, las pirámides son de la Atlántida, no son tumbas y estaban en todo el mundo. Champollion y Lord Cavernon eran masones.
 Pues sí Pedro viene de Petra la primera piedra del templo vaticano y Bob es un cubo de Saturno satánico… Micky Mouse es el mayor masón, por eso lleva guantes blancos masones, aparte de ser la representación de antiguo macrobio que secuestraba niños y el icono del programa mkultra de la CIA.
Empero a pesar de todo, todo creyentes y amantes de la Biblia y Jesús… los místicos..no están equivocados, hay algo grande detrás… Jesús existió y era vegetariano y practicaba meditación con chackras y hablaba de reencarnación. La Iglesia aceptaba la reencarnación hasta que fue prohibida en un Concilio. Existen referencias de Jesús en todo el mundo, en todos los continentes, incluso antes de cristianismo , desde el Cristo de Burrows en Estados Hundidos, encontrado en una cueva o el el Cristo Nestoriano de Australia y Oceanía. Horus y Mitra eran Cristos antiguos en Egipto y Sumeria.
Hay montones de evangelios apócrifos que no cuentan para la Iglesia en el que Jesús es un yogui, un místico esotérico, no el que nos presentan. Los esenios y tarepeutae fueron sus discípulos.
CRISTO DE BURROWS PRECOLOMBINO
EN ESTADOS UNIDOS



EL PAPA ES UNA FIGURA EGIPCIA Y SUMERIA
ES OANNES QUE ES UNO DE LOS IGIGIS REPTILIANOS

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fuente: Knight , C & Lomas, R., 1997, The second Messiah, p.67

enésima prueba irrefutable de que los magnates del Cristianismo, la intelligentsia religiosa que controla el mundo a través del Comando G, ya existían en Egipto. Y Egipto era una copia o clon de Sumeria, lo mismo que la cultura hebraica y sus textos correspondientes.
Los anunnaki convirtieron la misa en un ritual vampírico y canibal, se tomaba carne y sangre. Las misas satánicas o Sabaath, son lo opuesto a la misa oficial y muchas catedrales tienen catacumbas para rituales ocultos y simbología masona

EL PAPA ES EGIPCIO Y SUMERIO
El Papa es una copia descarada de Egipto y Sumeria , como demostramos con esta imagen.  En las tablillas sumerias se dice que Oannes es uno de los 7 igigis, consejeros de los anunnaki o dioses águilas o reptilianos que controlan enl mundo (Tablilla 16). Oannes es un reptil o un águila.


Beroso/Berosus, sacerdote e historiador caldeo del siglo III AEC, redactó en griego su Babyloniaca (c. 280 BC), una obra acerca de la historia de Babilonia. En ella cuenta sobre un personaje llamado Oannes, un ser mítico que enseñó  la sabiduría a la Humanidad.
Oannes habría sido el primero y el más sabio entre los “Annedoti” (o Apkallu), criaturas anfibias míticas, representadas en los relieves babilónicos como seres con  el cuerpo de pez, pero que por debajo tenían la figura de un hombre.
Según el relato de Berosus, Oannes, enviado por Ea/Enki, surgía de las aguas del Golfo Pérsico cada mañana para instruir a la Humanidad enseñando a los hombres la escritura, las artes y las ciencias, mucho antes del Gran Diluvio.
OannesOannes451 En la cueva de los Tayos en Ecuador el Padre Crespi, católico, mostró imágenes de anunnakis y toros alados e igigis reptilianos.  Había Cristos y anunnakis antes de los propios Cristos y anunnakis. Esto demuestra un gran imperio anunnaki en la antiguedad en todo el mundo.
Las religiones son un invento de los anunnaki, de los consejeros de Enllil, uno de los dos hijos del Dios anunnaki Anu y controlador del mundo actual y “antiguo”, para el control de las masas. Eso no quita que Dios exista y haya un misticismo universal y que incluso hubo un Gran Jesús , que fue un mensajero de Amor. Lo que han hecho es el colmo de los colmos, en realidad ocultar su divinidad.
Recordamos que la Iglesia torturó y condenó a la sublime Santa Juana de Arco -quemada y líder de ejércitos  y encarceló a San Juan de Cruz. Unos queman y crean la Inquisición y otros son quemados. Queda claramanete diferenciado quién es el real y quién es el falso.La Religión Estática son los que queman, y la Religión Extática ( de éxtasis) la real, los místicos. Bergson el filósofo católico hizo esta acertada clasificiación.
Cuando el Santo Padre Ratzinger hizo un erudito texto sobre la oración titulado Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana en donde cita los grandes místicos a San Juan de la Cruz, Eckart, San Agustín y Santa Teresa de Ávila como referencias de contemplación , con toda razón. Hombre, el tío al menos sabe algo… Cuando hay que hablar de Dios y Contemplación los doctores de la Iglesia no mienten.
Cuando alguien dimite inesperadamente, más si eres rey o Papa es para ocultar algo gordo. Graves acusaciones pesaban sobre ellos y lo mejor era quitarse de en medio. Recordamos que Adam Weishaupt, el creador de los illuminatis modernos, era g-suita y estaba financiado por los Rothchilds. Esto es público. No es una conspiración. La prueba de los illuminati, plural de illuminatus es pública. No se puede negar y casualmente El Vaticanu secreto estaba detrás de todo, lo mismo que estaba detrás de la creación de la CIA, junto a ex nazis como Reihnard Ghelen o la mafia italiana.


Cuando se oye tienes éxtasis , samadhi y descubres el Secreto de Todo.

2- ACHARYA S - libro: LA CONSPIRACION DE CRISTO:

autor: Acharya S, en su riguroso y esclarecedor estudio La conspiración de Cristo demuestra, recopilando multitud de pruebas documentales e históricas, que no hay evidencias textuales de su vida y obra antes del siglo II d.C., en que aparecen los primeros evangelios, y que «Jesucristo» es, de hecho, una compilación de las vidas y enseñanzas de diversos dioses y hombres santos cuyos dramas fueron regularmente representados por los pueblos antiguos mucho antes de la era cristiana: de Mitra, Krishna, Attis, Buda, Dionisos y Hércules, entre otros, cuenta la tradición que nacieron también de una virgen el día 25 de diciembre, y resucitaron de su tumba, varios de ellos tras ser crucificados, el 25 de marzo.

«Vosotros, pobres idiotas –decían los gnósticos a los primeros cristianos– habéis confundido los misterios de antaño con la historia moderna, y aceptado literalmente aquello que sólo tenía sentido místicamente». La estrategia seguida por los padres de la iglesia que elaboraron el dogma cristiano podría resumirse en la siguiente idea: «Recojamos los diversos elementos recurrentes de todos los credos del mundo y hagamos con ellos una amalgama, una “nueva fe” autentificada en un personaje histórico, que sin duda triunfará por todo el orbe».

La existencia e identidad de todos estos misteriosos personajes que son tan parecidos en su vida y hazañas, y que constituyen el mito universal, ha sido ocultada durante siglos a las masas por la iglesia cristiana, que ha destruido sus textos y asimilado sus cultos como parte de la «conspiración de Cristo».

Acharya S – seudónimo bajo el que publica la autora de La conspiración de Cristo– además de ser una agitadora rebelde, tiene un conjunto impresionante de credenciales académicas. Pertenece a uno de los institutos más exclusivos para el estudio de la civilización griega antigua: la Academia Americana de Estudios Clásicos en Atenas.

Ha enseñado en Creta y trabajado en excavaciones arqueológicas en Corinto –el lugar donde, según la leyenda, Pablo escribió sus cartas a los corintios– y en Nueva Inglaterra. Ha viajado por toda Europa y tiene amplios conocimientos de griego, francés, español, italiano, alemán, portugués... Ha leído a Eurípides, Platón y Homero en griego antiguo, y a Cicerón en latín, así como a Chaucer en inglés medieval. Ha estudiado la Biblia en profundidad –tanto en inglés como en el hebreo y griego originales– y ha llegado a entenderla más lúcidamente que la mayoría del clero.
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estereotipos albergados en la subconsciente colectivo a raíz de la iconografía religiosa que es fácil ver en las iglesias, y que a su vez procede de la iconografía pagana con que se representaba a Serapis. Dijo el Emperador Adriano “LOS CRISTIANOS ADORAN A SERAPIS”. Claro, a Serapis Christos (Ungido). Por siglos los historiadores debieron de creer que a Adriano se le había pirado la pinza par decir tal incoherencia. Claro que eran Cristianos… Adoraban a Cristo. Pero Cristo Serapis. Deidad sincrética para unificar en Alejandría a politeístas griegos, politeístas egipcios y “monoteistas” (no muy acérrimos) judíos, los judíos helenísticos, influidos por la filosofía neoplatónica y el paganismo.

Los politeistas griegos no aceptaban dioses con forma de animal(Apis en este caso, de ahí Serapis), y los politeístas egipcios no querían perder la esencia de sus misterios religiosos, la representación del nuevo dios se realizó siguiendo esquemas antropomorfos, pero conservando la sabiduría mistérica egipcia, enriquecido por el neoplatonismo, cábala etc via judaismo helenístico, en el cual necesitarían una imagen divina que asimilar a Yahvé. Por eso se tomó la iconografía del Dios Supremo Zeus/Iupiter/Iove (véase semejanza fonética Iove/Yavhe) para formar parte de la representación del Señor Serapis.

Este es ni más ni menos, el origen del cristianismo primitivo… que fué evolucionando hasta la creación del Jesús Cristo, igualmente con barbas y pelo largo, tal como Júpiter.
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               DOCUMENTAL -  “El Mesías de César
Buen documental  sobre la figura de Jesúcristo es  “El Mesías de César – La conspiración romana para inventarse a Jesús“.
http://www.caesarsmessiahdoc.com/

A través de entrevistas con siete polémicos estudiosos de la Biblia , el documental “El Mesías del César” muestra que el cristianismo fue inventado por los romanos como una herramienta política para controlar a las masas de la época, y que todavía se utiliza de esta manera hoy en día.

BREVE SINOPSIS:
“A través de entrevistas con expertos, nos enteramos de que Jesús no es un personaje histórico, los acontecimientos de la vida de Jesús estaban basados en una campaña militar romana, su supuesta segunda venida hace referencia a un acontecimiento histórico que ya se ha producido, las enseñanzas de Cristo provenian de las antiguas escuelas del misterio paganas, y los Evangelios fueron escritos por una familia de Césares (los Flavianos) y sus partidarios, que nos dejaron los documentos para comprobarlo. Disecciónando la historia y la literatura de esta época, los estudiosos señalan que la historia oficial proporcionada por la Iglesia no se sostiene aún bajo riguroso escrutinio.

Al igual que la antigua era de la que surgió el cristianismo, estamos en estos momentos al borde de un inmenso cambio de paradigma. Estudiar esta historia puede ayudarnos a entender las políticas actuales, y nos dan la perspectiva, muy necesaria, para encontrar soluciones a los problemas de hoy en día, con el fin de crear un mundo mejor”.

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 Algunos puntos sobre la lectura de la BIBLIA
 



El loado exegeta Gerd Lüdemann, tan frecuentemente citado por mí y tan perseguido por la publicación de sus investigaciones y reflexiones críticas con dogmas y puntos centrales del cristianismo, pero profundamente sólidas y sabias, escribió el pasado año un libro titulado “Altes Testament und christliche Kirche. Versuch zur Aufklärung” (Antiguo Testamento e Iglesia cristiana. Intentando una explicación). En el que, tras análisis detenido y pruebas ofrecidas, presenta a modo de epílogo siete puntos, que todo aquel que lee la biblia y roza la creencia debiera tener en cuenta:

Primero: La crítica histórica ha puesto de manifiesto el absurdo e infundado empleo del Antiguo Testamento por el Nuevo Testamento, puesto que en ningún momento los autores veterotestamentarios tuvieron ante sí ni pensaron en las personas o hechos, que según los autores neotestamentarios tuvieron en cuenta. Por tanto no es verdad la tesis, defendida a menudo, de que no se podía demostrar ni refutar científicamente la legitimidad de este uso. Lo que sí es seguro es que: el Nuevo Testamento ha tergiversado las intenciones del Antiguo Testamento, ha hecho abuso histórico de él. Lo ha manipulado. En interés de una mejor comunicación, la teología debería dar sobre ello alguna explicación, al igual que la ciencia natural ha dado cuenta de la falta de solidez de la visión ptolomaica del mundo.
Segundo: Ni hubo época de patriarcas ni época de jueces. Israel entra en la historia por primera vez con la realeza, y también con cierto retraso pudo imponerse la exclusiva adoración a Jahvé ante la corriente del politeísmo judío reinante y el polijahvismo , definitivamente tras el schock del exilio babilonio (587-539 a. d. C.). La combinación narrativa del “sólo Jahvé” con Moisés es una retroproyección de la fe del judaísmo posnacional a los inicios de Israel de más de 700 años. El Antiguo Testamento es la biblia del judaísmo de la época persa y helénica, no la literatura del antiguo Israel.
Tercero: Grandes partes del Antiguo Testamento se entienden como relatos de historia, de cuya facticidad sus narradores estaban convencidos. Y donde, como en los relatos cultuales, leguleyos y científicos, no se trata de narraciones históricas, los teólogos judíos no obstante los han arraigado, incrustado y metido en el marco de la historia de Israel, y los han visto y contemplado como palabras y hechos auténticos de personas veterotestamentarias. De modo que el valor histórico del Antiguo Testamento, en el sentido de una correspondencia entre el relato y el hecho real, es más bien pequeño para el tiempo que va hasta el exilio babilónico (539).
Cuarto: Ningún libro de Moisés procede de Moisés, ningún salmo de David es de David, ninguna visión de Daniel es de Daniel, casi ninguna de las frases de los profetas es de los profetas, bajo cuyos nombres se nos han trasmitido los libros. No hubo éxodo de Egipto, ni revelación en el Sinaí, ni entrega de los diez mandamientos. Abraham, Isaac, Moisés y Josué son meros nombres, Jericó jamás fue conquistada. Y no nos debemos cansar de repetirlo porque a lo largo de 2000 años ha servido a funcionarios de la Iglesia y a políticos para mantenerse aferrados a su poder.
Cinco: Sólo una interpretación del Antiguo Testamento sobre Jesucristo, una proyección sobre él, proporciona actualmente a la asignatura confesional “Antiguo Testamento” una aseguranza legal dentro de la facultad de teología en las Universidades alemanas. Y como muchos académicos veterotestamentarios consideran para sus adentros no científica la interpretación cristológica del Antiguo Testamento, de corazón no pertenecen a la facultad de confesión cristiana, deberían hablar abiertamente de su cargo de conciencia. Lo que sería una señal para colegas de otras materias teológicas de cara a elaborar conjuntamente con ellos reformas concernientes dentro de la facultad teológica y también para sacudir las cadenas de amarre confesional en pro de una libertad científica.
Seis: Científicamente no hay que entender la relación del Antiguo Testamento con el Nuevo como consumación o ejecución del Antiguo en el Nuevo Testamento, ni tampoco como pre-retrato o prefigura del Nuevo Testamento en el Antiguo, sino exclusivamente como dependencia del Nuevo del Antiguo. De ahí que los judíos vean con razón el “Antiguo Testamento” como algo que les pertenece. Esto arroja luz sobre el hecho de que la misión cristiana fracasara desde el inicio en la mayoría de las comunidades judías. Sus miembros no entendían, les parecía una vergüenza, sentían encono ante el uso cristológico de su propia escritura sagrada por los teólogos cristianos.
Siete: Afirmaciones centrales de la teología cristiana como “Dios condujo a su pueblo Israel desde Egipto” o “Dios resucitó a Jesús de los muertos” carecen de fundamento, porque no se dio ni el éxodo de los israelitas de Egipto ni la resurrección de Jesús de los muertos. La ciencia roe el tuétano del credo de la Iglesia cristiana, que se ha entendido y entiende en una historia bimilenaria sustentada en supuestos hechos de Dios en la historia.

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¿Existió realmente Jesús de Nazareth?

“Una señal inequívoca del amor a la verdad, es no mantener ninguna proposición con mayor seguridad de la que garantizan las pruebas en las que se basa”.
John Locke, Filósofo inglés (1632-1704)

¿Quién dudaría de la historicidad de Jesús de Nazareth? Contamos los años en “antes y después de Cristo”.
Tantas personas creen que existió, de la misma manera que un héroe de la independencia, que se conmemoran las fecha de su nacimiento y su muerte. Sin embargo, sería prudente preguntamos: ¿Qué evidencias hay sobre la existencia de Jesús de Nazareth?

Si revisamos detalladamente, tendríamos que decir que no tenemos absolutamente ninguna prueba confiable, de fuentes seculares (no religiosas), que Jesús haya vivido, por lo menos de la forma descrita en la Biblia.
Esta respuesta elevará más de un par de cejas, a la vez que nuestros amigos católicos y protestantes nos dirán que la existencia de Jesús es tan indiscutible, que dividió la historia en “antes y después de Cristo”. Sin embargo, cabe mencionar que el sistema “antes y después de Cristo” no se inventó hasta el siglo VI y no se aceptó de manera general en Europa hasta el siglo XI.

Nuestro sistema de contar los años en a. C y d. C lo debemos al monje Dionysius Exigius (o Dionisio el exiguo), quien por orden del Papa Juan I elaboró una cronología fijando el nacimiento de Jesús en el año 753 A. U. C. (ad urbe condita) o año 753 desde la fundación de Roma. El año 1 de la era cristiana fue fijado por Dionisio en el 1 de enero del 754 A.U.C. En tiempos más recientes los historiadores prefieren utilizar las siglas A.E.C. (antes de la era común) y D.E.C. (después de la era común), por respeto a la diversidad cultural del mundo.

Los científicos fijan los eventos prehistóricos en “años antes del presente” BP (Before present). Por ejemplo, las pinturas rupestres de la Era glacial en la cueva de Altamira están fechadas en 17.000 años antes del presente. Utilizar en este caso el sistema “antes de Cristo” es una adjudicación culturalmente abusiva. ¿Les importaría en algo a esos cavernícolas el futuro nacimiento de un líder religioso?

Dionisio elaboró su sistema de contar los años, tomando como históricamente válidas las narraciones de los evangelios, las cuales analizaremos más adelante. Dionisio creía firmemente que Jesús nació el 25 de diciembre, ignorando el origen de esta costumbre. En realidad La Iglesia Católica empezó a celebrar navidad desde el siglo IV. La Enciclopedia de la Religión Católica, Tomo V dice al respecto:

“La razón que llevó la Iglesia Romana a fijar la festividad en ese día, parece ser su tendencia a suplantar las festividades paganas por otras cristianas. De este modo se originaron muchas de las actuales fiestas litúrgicas. Ahora bien sabemos que entonces en Roma los paganos consagraban el día 25 de diciembre en celebrar el Natalis invicti, el nacimiento del Sol Invencible, que después del solsticio, se engrandecía en fuerza y claridad. Símbolo del Sol era Mitra, divinidad oriental, cuyo culto había sido introducido en Roma en 274. De este modo, para hacer ocurrencia a la fiesta pagana consagrada al nacimiento del Sol natural (Mitra), la Iglesia comenzó celebrando este Sol novus…”

PRINCIPIO DE EVIDENCIA NEGATIVA

Muchos investigadores han llegado a la conclusión que el Jesús que conocemos por el Nuevo Testamento resultó de una creación mitológica del primer siglo. Los investigadores han aplicado el Principio de Evidencia Negativa para llegar a tales conclusiones.
El Principio de Evidencia Negativa dice que no tenemos una buena razón para acreditar una proposición sí los siguientes tres principios se satisfacen:
1. Si todas las pruebas o evidencias que corroboran una proposición son de poca confianza.
2. No existe ninguna evidencia comprobando la proposición, cuando ésta debería estar presente si la proposición fuese verdadera.
3. Si se ha realizado una búsqueda minuciosa y exhaustiva tras las evidencias corroborativas en el lugar apropiado.
El primer punto del Principio de Evidencia Negativa, nos pide “que las pruebas que corroboran una proposición sean poco seguras”. Esto es justo lo que ocurre con la única evidencia secular sobre la vida de Jesús: los dos breves pasajes de las obras de un historiador del siglo I, llamado Flavio Josefo. Josefo era un prolífico escritor, no obstante, solo escribió dos párrafos sobre Jesús. Uno es notoriamente una interpolación, y el otro es altamente sospechoso. Otras referencias a Jesús en los escritos seculares son demasiado ambiguas, o son interpolaciones posteriores.

Este hecho es bastante curioso, ya que la Biblia dice que Jesús fue un fenómeno de masas y que tuvo repercusiones en los eventos sociales de Oriente medio. Esto es como si en un futuro lejano, sólo se encontraran dos breves pasajes sobre la existencia de un tal Nelson Mandela en los textos de historia de Sudáfrica y los diarios del siglo XX.

Al cuestionar a los creyentes sobre esto, ellos responden que se basan en sus sensaciones interiores, y es muy probable que tras enseñarles las incongruencias históricas de sus creencias ellos respondan: “Esto lo creo porque siento a Cristo en mi corazón”, o “Tú no puedes entender esto porque no has tenido esta experiencia de vida” o “Debes saber que Cristo cambió mi vida, y eso es suficiente para que yo crea”.
Sin embargo, estas razones son poco confiables, ya que las personas de todos los credos siempre han tenido sensaciones interiores, sea cual fuere la creencia que promulguen. Los cristianos nos dicen que ellos “siguen a Jesús”, pero es diferente ser seguidor de alguien a quien se puede ver y escuchar de primera mano, que seguir a unos religiosos que predican (e interpretan) unos textos escritos por unos fulanos, que escucharon hablar de un tal Jesús de Nazareth. ¡La diferencia entre estas dos situaciones es abismal!
En el siglo I, había la costumbre de escribir algo y atribuirlo a otra persona (a su mentor filosófico), tal actividad se conoce como “Pseudoepigrafía”. Esto dificultó a los estudiosos la verificación de quien realmente escribió los libros del Nuevo Testamento.
Los apologistas cristianos dicen que la pseudoepigrafía era una técnica común en las escuelas de la época, y que en tal época no se consideraba moralmente incorrecta. Sin embargo, el autor Karlheinz Deschner, en su “Historia criminal del cristianismo”, tomo 4 (falsificaciones y engaños), demuestra contundentemente que incluso en la antigüedad, esa práctica era reconocida como deshonesta y fraudulenta.
Los investigadores al aplicar ciertas técnicas, para determinar quién está hablando, cuál es su mensaje, el cuándo y el por qué, han concluido que los escritos más antiguos de los primeros cristianos son las cartas de San Pablo. Estas probablemente datan del comienzo de la quinta década del primer siglo - bien después de los eventos de la vida de Jesús. Además de esto, no todas las epístolas que se encuentran en la Biblia como obras de Pablo, son realmente suyas, sino como se mencionó anteriormente, algunas fueron escritas por otras personas, quienes las atribuyeron a Pablo.
Las cartas paulinas fueron escritas antes que los evangelios, y ninguno de estos es anterior a por lo menos la séptima década. Los textos aceptados genuinamente como obras de Pablo son (Gálatas, 1 de Tesalonicenses, 1 y 2 de Corintios, Romanos, Filemón, y Filipenses).
Al examinar las cartas paulinas genuinas de forma aislada, queda claro que Pablo no tenía ninguna idea del nacimiento virginal de Cristo, además nunca afirmó haber vivido en la época de Jesús, o que cualquiera de sus mentores era contemporáneo de Jesús, o que Jesús había hecho cualquier milagro. Pablo tampoco asoció la muerte de Jesús con el juicio ante Pilatos. Pablo nunca corroboró la existencia de un Jesús en la primera mitad del primer siglo. Al revisar otros escritos cristianos anteriores a los cuatro evangelios, ahora considerados como apócrifos (que no pertenecen a la Biblia), queda claro que estos omiten las mismas cosas que Pablo omite, lo que nos lleva a pensar que los hechos biográficos asociados a Jesús fueron inventados posteriormente.

La elaboración de los evangelios abarca el periodo del año 70 D.E.C hasta el 120 D.E.C. aprox. Es necesario mencionar que los evangelios fueron escritos después de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 D.E.C. por orden del emperador Tito, dando fin a la rebelión judía contra el imperio romano. Este hecho es importante, ya que los predicadores fundamentalistas enseñan que Jesús profetizó la destrucción del templo, lo cual es completamente falso.

El primer evangelio escrito, de los cuatro presentes en la Biblia, fue el de Marcos. Su autor creía en supersticiones, demonios, posesiones por los mismos, y milagros. Todo esto afectó la escritura de su evangelio. El autor de Marcos no declara haber conocido a Jesús. Él probablemente escribió su evangelio en Siria (poco después de la destrucción de Jerusalén) para los romanos cristianos, que pasaban por la persecución de Nerón. Es así como Marcos escribió este evangelio probablemente para fortalecer a los perseguidos.

El evangelio de Marcos, no menciona a José en la historia del nacimiento de Jesús. El autor se refiere a Jesús como “hijo de María“, una descripción reservada a los hijos ilegítimos. En Marcos no hay detalles sobre el nacimiento de Jesús, no menciona nada sobre un nacimiento virginal, la visita de los reyes magos o de ángeles comentando el nacimiento con los pastores. La razón de esto, es que esos mitos aún no habían sido incluidos en la doctrina cristiana.

El segundo evangelio fue el de Mateo. El autor de Mateo estaba empeñado en mostrar a los hebreos que Jesús era el Mesías prometido. Cuando el autor de Mateo escribió su evangelio, tenía a su disposición la traducción griega del Antiguo Testamento conocida como “La Septuaginta” o “de los setenta”. En la septuaginta se tradujo mal un texto de Isaías que dice que en respuesta a una señal, una mujer joven (almah es el término hebreo) concebiría a un niño que habría de llamarse Emmanuel. La palabra utilizada en hebreo no significa “virgen”, pues en tal caso el vocablo correcto debió ser “betulah ”, esta palabra fue traducida al griego como “parthenos”, que significa virgen. Así ocurrió un cambio importante de significado y el autor de Mateo terminó afirmando que María era virgen cuando concibió a Jesús.

El autor de Mateo usó como fuente principal el evangelio de Marcos, por lo que incorporó los mitos de este evangelio, adicionó los suyos, y la historia fue alterada nuevamente. Para probar que Jesús era el Mesías, el autor de Mateo omite detalles en la genealogía de Jesús a fin de mostrar conjuntos de siete generaciones desde Abraham a David, de David hasta el exilio, y del exilio hasta Jesús. Las genealogías del evangelio de Mateo contradicen otras genealogías del Viejo Testamento.

También hay contradicciones entre los evangelios. En Mateo se menciona a Jesús como descendiente del rey David por parte de su hijo Salomón; mientras que en Lucas se afirma que Jesús proviene del rey de David, pero por parte de su hijo Natán. Según el evangelio de Mateo el abuelo paterno de Jesús (el padre de José) es Jacob; pero según Lucas el abuelo paterno de Jesús es Elí.

El Evangelio de Mateo fue un esfuerzo para convertir judíos, mientras que el Evangelio de Lucas lo fue para convertir gentiles (no judíos). El autor de Lucas también poseía una copia de Marcos, citó de ella varios pasajes y adicionó lo que le convenía.
El autor de Lucas escribió para un público romano lleno de posibles conversiones, por lo que Roma fue plasmada de la mejor manera posible. Por ejemplo, en el evangelio de Marcos los soldados romanos azotan a Jesús, pero en el evangelio de Lucas los soldados son de Herodes. El reino de Jesús “no es de este mundo”, obviamente un esfuerzo por aplacar las sospechas romanas de una conspiración cristiana contra el estado. Al ascender Domiciano al trono Romano en el año 81 D.E.C, la persecución se había reiniciado, por esto el autor de Lucas ve la necesidad de atenuar las preocupaciones romanas, mostrando el cristianismo como inofensivo. Por esto dedicó el documento a “Su excelencia Teófilo“.
El último de los 4 evangelios es el de Juan. Este evangelio fue escrito a comienzos del siglo II, y en éste, Jesús se muestra totalmente opuesto a los judíos.

Como vemos, cada evangelio fue escrito recogiendo información de segunda o tercera mano, después de haberse incorporado mucha mitología, y con fines misioneros precisos. Por esta razón, ninguno de los 4 evangelios es confiable en cuanto a la historicidad de Jesús.

JUAN EL BAUTISTA SÍ FUE UN PERSONAJE HISTÓRICO
La segunda exigencia del Principio de Evidencia Negativa es que “no exista ninguna evidencia segura donde ésta debería existir”, y esto es lo que ocurre, ya que no existe ningún registro de la vida de Jesús en los documentos romanos de la época, lo cual es sorprendente, ya que Jesús causó gran conmoción, según la Biblia.

El historiador Josefo era tan meticuloso que escribía una historia de tres páginas para cubrir el juicio y ejecución de un ladrón común. Flavio Josefo escribió exhaustivamente sobre Juan el Bautista, mas sobre Jesús, sólo aparecen dos pequeñas referencias altamente cuestionadas por los investigadores. Desafortunadamente, los escritos de Josefo llegaron hasta nosotros solamente a través de fuentes cristianas, ninguna de ellas anterior al siglo IV, y se sabe que los escritos de Josefo fueron revisados.
Las dos referencias de Josefo sobre Jesús son cuestionables principalmente porque, es poco probable que siendo Josefo un Judío, llamase a Jesús de Mesías, principalmente cuando él no daba crédito a otros aspirantes a Mesías. Además de esto, los comentadores que escribieron sobre Josefo antes de Eusebio (siglo IV D.E.C.) no citan ese pasaje.

La historia sobre el censo que ordenó Herodes, en la ciudad natal de cada habitante, y que llevó a José y María a Belén, no encuentra respaldo en los documentos romanos. Con esta historia, el autor del evangelio de Mateo buscaba convencer a los judíos que Jesús era el Mesías, ya que las profecías judías dicen que el Mesías nacería en Belén. Así que la historia de un censo en la que cada habitante tuviese que viajar a su ciudad de origen es un invento del autor de Mateo. Es importante recalcar que ningún gobernador hizo viajar a las gentes a sus ciudades de origen para ser censadas. Eso es absurdo, poco práctico y no sirve al verdadero propósito que tiene un censo: Saber qué personas viven en una determinada zona para colectar impuestos. Esta leyenda no tiene ninguna evidencia histórica.
La muerte de niños inocentes ordenada por Herodes a fin de matar al niño Jesús, también está ausente de los registros romanos. ¿Es posible que después de semejante masacre ningún historiador haya dicho algo al respecto? Algo similar ocurre con el arresto y juicio de Jesús. Todo esto es muy extraño, ya que los romanos eran muy meticulosos en cuanto a la historia escrita. En la Palestina de ese periodo se encuentran muchos historiadores, entre ellos, el ya mencionado Flavio Josefo. ¿Por qué los escritos contemporáneos fiables no dicen nada sobre Jesús de Nazareth, si según la Biblia, fue todo un fenómeno social?

EL EJEMPLO DE LOS MORMONES
El tercer requerimiento del Principio de Evidencia Negativa dice que “debemos haber realizado una búsqueda minuciosa y exhaustiva de evidencia en donde ella debería estar”. De hecho, esto ya se ha realizado tanto por investigadores religiosos como escépticos, por lo que se puede decir que el tercer punto se ha cumplido.

Con frecuencia las historias mutan, transformándose en mitos, y estos mitos a su vez sufren modificaciones con el tiempo. Así evolucionan las historias sagradas. Por ejemplo, en la Norteamérica del siglo XIX, el joven José Smith aseguró haber recibido una “nueva luz” que narraba las enseñanzas de Jesús en Norteamérica, ya que según él, Jesús después de haber resucitado había hecho una escala en América para predicarle a los nativos (!!!). La nueva versión de la historia de Jesús que empezó con pocos creyentes, hoy ya tiene aproximadamente 6 millones de seguidores conocidos como mormones. De igual forma en los primeros años del cristianismo, las historias fantásticas inventadas por los evangelistas con el tiempo se convirtieron en la creencia de la mayoría.

Como conclusión podemos decir que basados en el Principio de Evidencia Negativa, tenemos buenas razones para dudar de la biografía de Jesús que se nos presenta en la Biblia. Pero lo que no se puede negar es la existencia de la omnipotente, omnipresente y creadora… ¡mitología de los seres humanos!

LECTURAS RECOMENDADAS
El Rompecabezas de Jesús¿Acaso no hubo Jesús Histórico?, por Earl Doherty
Historia criminal del cristianismo. Tomo IV “La Iglesia antigua: Falsificaciones y engaños” Karlheinz Deschner. 1993. Editorial Martínez Roca.
Las cartas originales de Pablo. Senén Vidal, Ed. Trotta.
Milenio: Guía RacionalistaStephen Jay Gould. 1998. Editado por CRITICA, Grijalbo, Barcelona.
No y amén. Invitación a la dudaRanke Heinemann.
* Who wrote the Gospels (Quién escribió los evangelios), por Randel Holms. Es un libro disponible por Amazom.com sobre los orígenes de los evangelios.
* Who wrote the New Testament. (Quién escribió el Nuevo Testamento), por Burton L. Mack. Es un libro muy bien documentado en cuanto a los orígenes del Nuevo Testamento.
Por Ferney Yesyd Rodríguez

Para la sufriente Luna y que empieze el camino de su liberacion:
Todo en una gran mitologia:
libro: LA CONSPIRACION DE CRISTO

http://www.4shared.com/file/42366066/d1a947c7/Colin_Rivas_-_Jesucristo_-_un_.html
http://www.4shared.com/file/42364627/6c46066c/Llogari_Pujol_-_libro_de_la_Ap.html
http://www.4shared.com/file/42366067/a6ae7751/Llogari_Pujol_-_Teodosio_I_-_e.html
http://www.4shared.com/file/103940199/8925301c/moises_-_personaje_mitico_.html
http://www.4shared.com/file/23466668/4f8124f9/Pecados_de_la_Iglesia_Juan_Gar.html
http://www.4shared.com/file/67062409/9ae982f/pepe_rodriguez_-_la_biblia_.html
http://www.4shared.com/file/77175125/93a4b65f/servicio_secreto_vaticano__espionaje.html?dirPwdVerified=6bd15833


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Peter Cresswell - The Invention of Jesus

After the Romans adopted Christianity in the fourth century, the Church had an unrivalled opportunity to spread its message – and a big problem, how to make the texts to conform with what it then wanted people to believe. In effect, it chose to forge its own records.
http://www.cygnus-books.co.uk/images/product/6_Inventing__Jesus_PB_WEL_MINI_JKT_450px_web.jpg
Peter Cresswell has taken an in-depth look at the earliest surviving manuscripts of the gospels describing the life and death of Jesus, as well as letters, attributed to Paul and others, to the outposts of the early Church. He will analyse the texts to show how doctrines, such as the divinity of Jesus and the Resurrection, have been progressively introduced into the narrative. By establishing what has been added, he defines what part of the character of Jesus the Christian Church has, over time, invented.

He began by describing himself as an unattached academic fascinated by early biblical manuscripts. It’s a pre-Enlightenment field of study and he claims he’s been able to make some real discoveries (perhaps because he has fewer preconceptions than many religiously motivated scholars).

The marks on the page convey some of the pressures on the scribes to copy these texts accurately. Today there are echoes of that time, of the institutional demands. It’s still the church in control, and there is a gap between the rational approach and the one used by Christian apologists.

The New Testament narrative is based on a Jewish narrative that sits uneasily with Christian theology. (We saw this talk after last night’s Merchant of Venice, with its depiction of anti-Semitism in Venice.)

In the gospel accounts of the crucifixion, there are three significant women at the base of cross (see Cresswell 2013:180):

It is curious, as many have noted, that the account of the women at the cross in the gospel of John appears to be at odds with those in Mark and Matthew.

In John there is a new character, the wife of Clopas, in place of Salome. What’s going on?

When the original sources are properly read, John 19.25 agrees with Mark and Matthew. The “translation usually made is in error and the cause of all the difficulties” (183). Jerome did not like idea of Jesus having brothers, so Mary could not have had any other children. Much is lost in going from Aramaic to Greek. The way Jerome dealt with the material typifies the apologetic approach: evidence that fits is accepted while disconfirming evidence is discarded. (For more detail see chapter 10.)

The claim that Mark was the first gospel to be written has proved uncomfortable for some Christians, since in this early text Jesus is an often violent and irrational individual, a view softened in later gospels. He’s not referred to as “Lord” in Mark. The phrase “Son of God” in the first verse was added later and isn’t in the original source. At the end of the original Mark, there is also no mention of the resurrection. In light of these difficulties, some apologists claim that Matthew came first.

There’s a mistaken idea that Jesus came from Nazareth rather than Capernaum. The word nazarene means “keeper of the covenant” and could be applied to any member of the zealous, uncompromising, anti-Roman movement in Palestine.

Matthew (3.13) loses the single reference to Nazareth that occurs in Mark 1.9, which perhaps means that the author of Matthew only had an early version of Mark that did not contain the reference, which was added later and so has no real provenance.

There is a lack of curiosity in the way the scribes worked on the individual sheets that would later be stitched together in quires. There’s a big problem with the theory of correction sheets: how could this number of lines be missed out by chance? It’s unlikely to have happened coincidentally. What if these were not correction sheets at all? Why were the scribes given just one whole sheet to work on?

The unusual compression can now be explained by a miscalculation of scribe A, who was under some stress. Had he been asked to write something he did not want to? Did D take over? Did the instruction mean up to or completed Matthew 24.35? Between them the scribes missed out whole verse. It was a convention that the last scribe signed off at the end of a book, whether or not he had written the whole thing. Did A decline to sign off?

The church reinforced its doctrines and refined its Christian message, and used the Codex Sinaiticus as a master copy.

Scribe A would have written the verse in which Jesus tells Peter that he’s the rock on which the church will be built. This is neither in Mark nor Luke, but just in Matthew. In fact, there’s no reference elsewhere to Jesus founding a church, so it’s probable that this was added to the text later, at the end 2nd century. Scribe A was aware that his version was of inferior provenance, which explains his reluctance. One of the changes of emphasis was that it was the Jews not the Romans who were responsible for killing Jesus.

Cresswell believes that his theory provides the best fit with all the evidence (but beware of “but it fits!” justification). The fortresses of New Testament scholarship tend to keep critical analysis at bay.

Q&A

Josephus wrote several accounts, and makes only a passing reference to Jesus (Joshua). Where he should be mentioning Jesus, he’s being sarcastic about Saul, not really writing about Jesus.

On the question of the existence of Jesus: to Jews at the time, Jesus was just one of many who rose up against the Romans and was defeated, and he was not seen as very important. If he existed, he hadn’t made much difference.

Over a long period, it was believed that messiahs (who were anointed mortals) would rise up against the oppressors of the Jews (they had plenty to choose from).

Saul and the early church needed some kind of authority, which couldn’t derive from James, so the story was rewritten to make Peter look like he was the first pope (unlikely since he was a zealot). He had visions, which conveniently had Jesus speaking to him in his dreams, which a lot of people at the time would find hard to argue with.

After the Romans adopted Christianity in the fourth century, the Church had an unrivalled opportunity to spread its message – and a big problem, how to make the texts to conform with what it then wanted people to believe.

In effect, it chose to forge its own records.

Peter Cresswell has taken an in-depth look at the earliest surviving manuscripts of the gospels describing the life and death of Jesus, as well as letters, attributed to Paul and others, to the outposts of the early Church. He will analyse the texts to show how doctrines, such as the divinity of Jesus and the Resurrection, have been progressively introduced into the narrative. By establishing what has been added, he defines what part of the character of Jesus the Christian Church has, over time, invented.

Peter Cresswell studied Social Anthropology at Cambridge University and went on to do a B.Phil. in Sociology at York. In recent years, he has researched the origins of Christianity and its textual transmission.

He is the author of Censored Messiah, Jesus the Terrorist and The Invention of Jesus: How the Church Rewrote the New Testament.




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Joseph Atwill's, Caesar’s Messiah: 
The Roman Conspiracy to Invent Jesus

Ulysses Press, 2005               


The controversial thesis of this book is that Christianity began as the opium of the Jewish people, mixed and prescribed for them by the crafty Flavian dynasty
Vespasian, Titus, and Domitian had had their fill of militant Zealotry and Sicariism. They could not bend the Jewish nationalists to their will even after a destructive war that leveled the temple of their God. No amount of torture could make Jewish prisoners deny their faith and call Caesar not only their salad but also their lord. 

And so Titus Caesar, with the help of his obedient lackey Josephus, devised a master deception whereby Jews should be seduced into worshipping Titus, divine son of the divine Vespasian, without knowing it, under the guise of a fictitious Jesus, divine son of a divine Father. 

The gospels were composed by Romans (and Roman stooges including defeated Zealot leader John of Gischala AKA John son of Zebedee) to catechize Jews into this new and false Judaism which, if they accepted it, should also lull them into a soporific pacifism convenient for Rome. 

The four canonical gospels and Josephus’ The Jewish War were designed and composed to be read together and so to reveal to the cognoscenti this secret origin and rationale for the Christian religion. Further, this Flavian Pentateuch, read thus intertextually, should disclose a series of cruel jokes and parodies of the very faith it presented for the consumption of the masses who read them literally. 

The Flavian aristocrats themselves would have gotten the jokes, especially the rich jest that the fools who fell for their scam religion were worshipping Titus without knowing it. In a cover blurb, Robert Eisenman (a sometime colleague of author Atwill, one hastens to add, on other endeavors) remarks, “If what Joseph Atwill is saying is only partially true, we are looking into the abyss.” And the abyss is looking back at us. But is it even partially true?

            Eisenman’s interest in Atwill’s proposal is understandable. Eisenman, in his monumental work James the Brother of Jesus, was able to show, from an altogether new perspective, how thoroughly pro-Roman is New Testament faith. 

Compared with the religion of nationalistic Jewish Christianity it must have seemed the foulest betrayal, an overnight devolution of the faith of a messiah who stormed the temple, condemning its Roman lapdog rulers, into a religion advocating obedience to Caesar, paying him his denarius, and accepting Quisling tax collectors as brothers in the faith. And Atwill is attempting to explain how such a Gentile Christianity, seemingly a perverse parody of Jewish messianism, could have come about. But does Eisenman accept Atwill’s theory? His blurb sounds like an exercise in damning with faint praise: he doesn’t even commit himself to Atwill’s being part right. And one hopes he never does, since that would be tying his own raft to a leaden, sinking ship.

             I will return presently to a handful of oddities that Atwill rightly points out, providing tasty food for further thought. But first I want to provide a broad sketch of the sense I think Atwill’s theory would make of New Testament phenomena, which is not to say it is the only theory that might account for these features. 
Picture a religious ethic of conspicuous compromise with the occupying authorities, a gospel that tells its believers not to resist any who confiscate their property, but to pay Roman taxes and to carry a legionary’s field pack twice the distance stipulated by Roman law. Imagine a story that blames not just Jews but implicitly nationalistic, messianic Jews for the destruction of their temple. A story that has the messiah predict that the kingdom will be taken from Jews and given to a more worthy nation. 

Keep in mind how the preacher of this sect befriends Jews who collaborate with Rome and eulogizes a Roman centurion for having faith unparalleled among Jews. He is declared innocent by Roman authorities but nonetheless is done in by Jewish rulers. 

Then think of how the predictions of the fall of Jerusalem a single generation later correspond so closely to Josephus’ account of the events, and furthermore, how Josephus even mentions Jesus as a righteous man and even as the messiah of prophetic prediction (though he himself had proclaimed Vespasian the proper object of such prophecy). When someone suggests that Christianity may have been a “safe,” denatured, Roman-domesticated, messianic Methadone to replace the real and dangerous messianic heroin of the Zealots, and that Josephus had something to do with it, it does not sound unreasonable on the face of it.
Now even this much is highly controversial, debatable, and necessarily so. But if we find this much of the premise beguiling, should we go the rest of the way with Atwill as our guide? After all, somewhat similar theories of a Roman origin of Christianity and of Jesus have been proposed by Abelard Reuchlin (whose notorious 1979 booklet The True Authorship of the New Testament strikingly anticipates Atwill’s at several points), Margaret Morrison (Jesus Augustus), Cliff Carrington (who also ascribes the gospels to the Flavians), and Stephan Hermann Huller (Marcus Agrippa, etc.). We might find that one of these alternative theories of Roman origins explains many of the same things Atwill’s does, and without the disadvantages. 

Atwill’s theory does have the advantage of accounting for the persistent pro-Roman tendencies of the New Testament, but consider what else it requires us to accept. First, we are to accept a common, if committee, authorship of Matthew, Mark, Luke John, and Josephus’ The Jewish War. The whole idea seems, well, absurd. There is way, way, too much else in any and all of the gospel texts that cannot be dismissed (really, neglected) as mere padding, ballast, which is all it would be if Atwill is right. (“All of Jesus’ ministry was about the coming war with Rome and was designed to establish Jesus as Titus’ forerunner” p. 260.) Are we to dismiss the diverse, systematic, and subtle theological nuances disclosed by Redaction Criticism? Are all the patterns disclosed by Conzelmann, for instance, to be dismissed as optical illusions in order to justify Atwill?

Similarly, only the most obtuse reader, the most tin-eared, can possibly fail to appreciate the sublime quality of so much of the New Testament (agree or disagree with it), which is necessary to do if one is to dismiss the whole thing as an elaborate joke on the reader. Rather, the joke is on Atwill, whose great learning has apparently driven him mad. Just think of someone advancing the same theory about, say, the Buddhist scriptures. The worst of them are far too tedious and turgid to have been composed to fill out a hoax (who would have gone to the trouble?), while the more readable and winsome (like the Dhammapada) are filled with a wisdom beyond the reach of a worldly-minded scoffer. As to Jesus’ teachings, Atwill declares that “those who see spiritual meaning in his words are being played for a fool” (p. 234). Such a statement is only a damning self-condemnation, revealing the author’s own absolute inability to appreciate what he is reading. This is why one must not throw one’s pearls before swine.

Can we imagine that Josephus wrote consciously intending that his audience should meticulously compare his text with that of the gospels, and vice versa, for either to make sense? Atwill grants the authenticity of the Testimonium Flavianum, which even apologists cannot seem to swallow without trimming away the most obviously Christian gristle. He thinks the only reason scholars have dismissed it as an interpolation is that they think it fails to fit into the context, which, however, it does, according to his esoteric reading.

Atwill claims he has learned to read the esoteric secrets of the gospels, whereby they are seen as black-comedic satires of events in the Jewish War. For instance, when Jesus offers his flesh for consumption at the Last Supper, it is “really” a wink to the reader who is somehow supposed to think of a passage in Josephus set during the Roman siege, when a woman eats the roasted flesh of her own infant. When Jesus offers to make his disciples fishers of men, the line is supposed to sardonically anticipate a wartime episode in which the Romans picked off fleeing Jewish rebels swimming in the Lake of Galilee. Thinking his method justified by comparison to the ancient practice of scriptural typology, Atwill gives himself license to indulge in the most outrageous display of “parallelomania” ever seen. He connects widely separated dots and collects sets of incredibly far-fetched verbal correspondences, from gospel to gospel and between the gospels and Josephus, then uses them to create ostensible parallel accounts. Then he declares himself justified in borrowing names, themes, and intended references from one “parallel” account and reading them into the other, thus supplying “missing” features. Triumphantly, Atwill defies the reader to call it all coincidence, working out the math to show such correspondences could never be the product of chance. Well, of course they are not. They are the product of his own arbitrary gematria in the first place. “That the wicked man in the Fulvia story can be seen as a lampoon of Paul seems difficult to dispute” (p. 247), unless of course one forgot to pick up a pair of 3-D glasses on the way into the theatre. Again, Atwill hammers home the “parallel” between Josephus’ story of a Jewish matron, Paulina, tricked into sleeping with a deceiver, Decius Mundus, claiming to be Anubis incarnate, on the one hand, and that of the supposed deception of disguising Titus as the god Jesus, on the other. What do they have in common? Josephus says Decius came forward to gloat, revealing the hoax three days later, while the adjacent Testimonium Flavianum of Josephus says Jesus was seen alive again three days after his crucifixion. “There is, of course, a difference. Whereas Jesus appears on the third day to show that he is a God, Decius appears on the third day to announce that he is not a god. [But] It is implausible that something as unusual as two ‘third-day divinity declarations’ would wind up next to one another by chance.” (p. 245). But there is no declaration of divinity in either case! As Atwill notes, Decius declares the opposite, while Josephus (or whoever wrote the Testimonium passage) says nothing of Jesus or anyone else declaring him divine as a result of the resurrection. Of such airy bricks is Atwill’s cloudy castle built.
What is the utility of reading the gospels together as pieces of a single puzzle? If each evangelist meant to send the baffled reader in search of other texts with which to harmonize the one he began reading, it might enable us to iron out the contradictions, say, of the Easter stories. First, as per John 20, Mary Magdalene finds an empty tomb. But it is not that of Jesus. Rather she has mistakenly gone to the recently vacated tomb of Lazarus! She informs Simon Peter and the Beloved Disciple that Jesus appears to be missing. The Beloved Disciple plus a third man, simply “Peter,” make their way to the tomb. The Beloved Disciple arrives first but lingers for a moment outside the tomb, nearing the opening. Peter has not reached the tomb yet, but Simon Peter beats him there and walks past the Beloved Disciple, becoming the first to enter the sepulcher, where he spots the grave clothes cast aside when Lazarus left. At this specific moment, less than the duration of a minute, one must suppose, a second Mary Magdalene and her sisters (whose visit is recorded in Matthew 28) approach and see the Beloved Disciple outside the tomb. They think him an angel descended from heaven, and he tells them Jesus has risen. The women depart, and the Beloved Disciple joins Simon Peter inside, whereupon another party of women, including a third Mary Magdalene (this time from Luke 24), approaches and see the two men in the tomb. They take Simon Peter and the Beloved Disciples for angels. They leave, and, moments later, so does Simon Peter. As soon as he vanishes, here comes a fourth Mary Magdalene, this one from Mark, and she spies the Beloved Disciple inside the tomb and thinks he is an angel. He tells her and her companions to relate the news to Peter (who has not yet arrived, remember, only the quite distinct Simon Peter!). The Beloved Disciple returns home, but soon the other (Lukan) Peter (not Simon Peter) approaches, having heard the report of the Lukan Magdalene. He has brought at least one other man with him, a la Luke 24:24. The John 20:12 Mary Magdalene sees these men inside the tomb and thinks they are angels. Then she turns and sees a mysterious figure standing outside the tomb, takes him for the gardener, and asks him about Jesus, then thinks he is Jesus. But in “fact” he is Titus Caesar. The savvy reader (i.e., Atwill) will get the joke: the “Jesus” worshipped by stupid Christians is really Titus. It is all supposed to be “a comedy of errors” a la Plautus.
Atwill hypothesizes that the Flavian jokesters were compiling the gospels-plus-Josephus as a kind of intelligence test, and Atwill implicitly congratulates himself as the only one in history who has ever passed it. “I would note that the satirical system that unites the New Testament and Wars of the Jews can be seen as an exercise in mind expansion, in that to solve the puzzles the reader must learn to think ‘outside the box,’ so to speak. The authors were making the point that the narrow focus the Sicarii Zealots maintained regarding a few scrolls was a limited and inaccurate mode of thought. The authors seem to be suggesting that only by seeing all sides of a problem can the truth be known. Therefore it is possible that they designed the New Testament as a tool to intellectually uplift the messianic rebels” (p. 225). No it isn’t. “It is possible that the authors of the Gospels created them as a sort of educational tool disguised as a narrative about Jesus. The authors may have wished their readers to work through the various contradictions in logic in order to develop their reasoning ability and thus be able to think their way out of religious superstition. They may have wished the Gospels to be seen by posterity as their contribution to the development of reason” (p. 167). Or maybe as a big Jumble puzzle. “The point I think the creators of Christianity were making with their use of comedy is that there are unlimited ways to interpret scripture and it is easy for the uneducated to see symbolic meaning where there is none. They made this point by creating the New Testament as an example” (p. 234). No, it is Atwill himself whose creation demonstrates the limitless possibilities of perverse and gratuitous interpretations of the text.
One hates to be so severe in the analysis of the work of an innovative thinker who gives us the gift of a fresh reading of familiar texts, but in the present case it is hard to euphemize. The reading given here is just ludicrous. There are indeed surprising parallels between Josephus and the gospels that traditional exegesis has never been able to deal with adequately, but surely the more natural theory is the old one, that the gospel writers wrote late enough to have borrowed from Josephus and did so. Thus, as per Edgar J. Goodspeed, Matthew 23:35 probably confuses the biblical prophet Zechariah son of Berechiah with the revolutionary martyr Zechariah son of Baruch whose death Josephus relates. But is this because Josephus and his committee of comedy writers are responsible for both references, meaning for us to read them in tandem, as Atwill avers? Or is it because Mathew read the information in Josephus and mixed it up (as Luke did Josephus’ references to Theudas the Magician and Judas the Galilean in Acts 5:36-37)?
Atwill reasons that Jesus’ prediction of the fall of Jerusalem plainly prefigures Josephus’ account of the actual events, and he infers that both versions (in the future and the past tenses) stem from the same source, Josephus and his Flavian collaborators. Then, he reasons, the Son of Man whose coming was to climax the apocalyptic scenario must be none other than the actual man who did wreak judgment on Jerusalem, Titus. Atwill congratulates the Preterist school of interpreters (like J. Stuart Russell, The Parousia) on recognizing that the Synoptic predictions of the desolation of Jerusalem must have been completely fulfilled in 70 CE, with nothing left over for futurist expectation. Here is one of Atwill’s most attractive suggestions, though he does not put it the way I am about to do. I believe that Bultmann was right that several “son of man” sayings in the gospels referred originally simply to “mankind” in general (e.g., Mark 2:10, 28; Matthew 12:32). In fact, I wonder if they do not retain this non-Christological “Everyman” denotation even in the gospels. Further, I suspect even more of the son of man sayings are intended this way, e.g., Mark 14:21. Perhaps Mark 13:36 (“And then they will see the son of man coming in the clouds with great power and glory.”) is another one. If it were, then maybe what we read there is a reference to Josephus’ account of the end of Jerusalem, heralded, he says, by people beholding in the flame-tinged clouds the forms of battling soldiers and charioteers. After all, the introductory (redactional) question placed in the disciples’ mouths concerns the time of the temple’s destruction.       
Again, Atwill suggests that Mark’s story of Joseph of Arimathea requesting the body of Jesus be taken down and given to him comes from Josephus’ own experience of recognizing three crucifixion victims as former associates of his and securing Roman permission to have them taken down alive and treated, though only one survived. How similar are the names “Joseph of Arimathea” and “Joseph bar-Matthias” (the historian’s full name)! If the gospel story is based on Josephus’ story, that would solve the problem of why Joseph seems to have asked only for Jesus, and what happened to the two other “thieves” crucified alongside him. But to posit such a thing, one hardly need envision a committee writing both stories in the hope that the clever reader would connect them (as if doing so would remotely imply some identity between Jesus and Titus Caesar!).
Unaware of the work of Theodore J. Weeden, Atwill traces out the numerous striking parallels between the Passion story of Jesus Christ and the Josephus story of Jesus ben-Ananias, his interrogation by the Sanhedrin and the Roman procurator, his predictions of Jerusalem’s destruction, and his flogging and eventual death, suggesting the two Jesuses are one and the same. (It is too bad the rest of Atwill’s parallels are not similarly compelling, even plausible.) But surely, as Weeden argues, the explanation is that Mark simply borrowed the story from Josephus.
What about the Roman-tilting anti-Judaism (maybe anti-Semitism) of the gospels? Again, the old explanations are quite natural and adequate: we are reading the documents of Gentile Christianity which viewed itself as superseding Judaism and Jewish Christianity. Why do their authors seem to kiss the Roman posterior? For apologetical reasons, to avoid persecution. Brandon, Eisler, and others saw that long ago. One need hardly posit that the gospels are cynical Roman (not merely pro-Roman) propaganda a la Reuchlin and Atwill. 
According to Atwill, “the reader needs to comprehend perhaps the most complex literary satire ever written” (p. 169). But Atwill’s envisioned satire seems so complex as to be incoherent. “Jesus” stands not only for Tiberius but also for a hypothetical Zealot leader named Eleazar, who also appears in the New Testament as Lazarus. Mary Magdalene stands for several different women, “Mary” being, Atwill guesses, a term for any female Jewish rebel or sympathizer. Simon Peter and Peter are not the same, either. The two gospel genealogies, a la Rudolf Steiner, represent two distinct Jesuses. In Atwill’s hands, everything means everything else. And, in the end, you know what that means.

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mucha informacion aqui:
http://www.jesusneverexisted.com/imagine-spanish.html

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Cómo confeccionaron el personaje de Jesucristo

Con la conquista de Persia y la India por Alejandro Magno en el siglo III antes de nuestra era comienzan a llegar al Mediterráneo toda una serie de dioses y redentores salvadores del género humano, ya para entonces con siglos e incluso milenios de antigüedad. En el siglo I de nuestra era existía un conjunto heterogéneo de sectas surgidas de tales cultos en Alejandría,  Jerusalén,  Constantinopla y en Éfeso, cada una con su Cristo. El término hebreo y arameo "Yeshua", abreviación de "Yehoshuah" que significa "Yahvé es la salvación", era uno de los usados.

El mensaje puesto en la boca de Jesucristo, lo encontramos en el Adad de Asiría, Adonis, Apolo, Heracles ("Hércules"), y Zeus de Grecia, Alcides de Tebas, Attis de Erigía, Baal de Fenicia/Babilonia, Buddha de la India, Crite de Caldea, Hesus de los druidas, Horus, Osiris, y Serapis de Egipto, Indra de Tíbet, Krishna de la India, Mithra de Persia (Irán), Prometeo del Cáucaso, Tammuz de Siria, Monarca universal de las Sibilas, Xamolxis de Tracia, Zarathustra/Zoroaster de Persia (Irán), etc. Además de un llamado "Documento Q" o "Fuente Q",  compuesto de discursos o dichos de la época, de donde se habrían tomado los elementos para la composición de los evangelios de Marcos y Lucas.

De hecho, las evidencias apuntan a que los "primeros cristianos" eran adoradores de Mitra, un dios solar Persa (Irán) llevado a Roma (que murió y derramó su sangre por la humanidad)... (mitra es el nombre del tocado que llevan los obispos cristianos en la cabeza).

A partir del año 100, Jesús el Cristo, es engendrado en Roma, centro del imperio y del mundo helenizado, juntando rasgos tomados de los mitos de Atis de Frigia, Dioniso de Grecia, Buda de Nepal, Krishna de la India, Osiris y su hijo Horus de Egipto, Zoroastro y Mitra de Persia de forma destacada y a partir de pasajes de la tradición Judía. El engendro tiene que convivir y rivalizar al principio con todas las sectas y cultos de los que se fragua, en especial con el mitraísmo, hasta que se impone a ellos con el apoyo Constantino el Grande (en el 312) y de sus sucesores.

Atis de Frigia (Anatólia, Turquía)
Atis, nació de la Virgen Nana, llamada diversamente Cibeles y Nana, que quedó embarazada con sólo comer la fruta de un árbol (una granada). Da a luz a Atis un 25 de diciembre. Reportes romanos de los rituales de Cibeles registran que el hijo, Atis, fue crucificado en un árbol y luego enterrado. Tres días después, una luz apareció en la sepultura, de donde Atis resucitó de los muertos, trayendo con él la salvación en su renacimiento.

Mitra
El origen del mitraísmo se encuentra en el antiguo Irán. Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el II milenio antes de nuestra era. Mitra nació el 25 de diciembre, de una virgen, en una cueva y lo visitaron pastores que le trajeron regalos. Mitra tuvo doce discípulos; pronunció un Sermón de la Montaña; fue llamado el Buen Pastor; lo consideraron la Verdad y la Luz, el Logos, el Redentor, el Salvador y el Mesías; se sacrificó por la paz del mundo; fue enterrado y resucitó a los tres días; su día sagrado era el domingo y su religión tenía una eucaristía o Cena del Señor en que decía: "El que no coma de mi cuerpo ni beba de mi sangre de suerte que sea uno conmigo y yo con él, no se salvará".
A finales del siglo II el mitraísmo estaba ampliamente difundido en el ejército romano, así como entre burócratas, mercaderes y hasta entre los esclavos.

Buda (siglos V (Nepal) - IV (India) antes de nuestra era)
Buda, nacido de la Virgen Maya, fue bautizado con agua estando presente en su bautizo el Espíritu de Dios, enseñó en el templo a los 12 años, curó a los enfermos, caminó sobre el agua y alimentó a quinientos hombres de una cesta de bizcochos; sus seguidores hacían votos de pobreza y renunciaban al mundo; fue llamado el Señor, Maestro, la Luz del Mundo, Dios de Dioses, Altísimo, Redentor y Santo; resucitó y ascendió corporalmente al Nirvana.

Krishna (varios miles de años antes de nuestra era, hinduismo)
Krishna, nació de la Virgen Devaki; Krishna fue hijo de un carpintero, su nacimiento fue anunciado por una estrella en el oriente y esperado por pastores que le llevaron especias como regalo; tuvo doce discípulos; fue llamado el Buen Pastor e identificado con el cordero; también fue llamado el Redentor, el Primogénito y la Palabra Universal; hizo milagros, resucitó muertos y curó leprosos, sordos y ciegos; murió hacia los 30 años por la salvación de la humanidad y el sol se oscureció a su muerte; resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y fue la segunda persona de una Trinidad.

Zoroastro (entre el primer milenio y el siglo VI antes de nuestra era, Irán, Afganistán o Kazajistán)
Zoroastro fue bautizado en un río con agua, fuego y viento santo; fue tentado en el desierto por el Diablo y empezó su ministerio a los 30 años; expulsó demonios y le devolvió la vista a un ciego; predicó sobre el cielo y el infierno, sobre la resurrección, el juicio, la salvación y el apocalipsis.

Dioniso o Baco (Grecia)
Dioniso también resucitó y fue llamado Rey de Reyes, Dios de Dioses, el Unigénito, el Ungido, el Redentor y el Salvador.

Horus (Egipto)
Horus fue bautizado en el río Eridanus por Anup el Bautista que fue decapitado; a los 12 años enseñó en el templo y fue bautizado a los 30; fue llamado el "Ungido", la Verdad, la Luz, el Mesías, el Hijo del Hombre, la Palabra Encarnada, el Buen Pastor y el Cordero de Dios; hizo milagros, exorcizó demonios, resucitó a Azarus y caminó sobre el agua; pronunció un Sermón de la Montaña y se transfiguró en lo alto de un monte; fue crucificado entre dos ladrones y resucitó después de ser enterrado tres días en una tumba.

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by Kersey Graves



 

 


Rival Claims of The Saviors


It is claimed by the disciples of Jesus Christ that he was of supernatural and divine origin; that, although he was woman conceived, he was deity begotten, and molded in human form, but comprehending in essence a full measure of the infinite Godhead, thus making him half human and half divine in his sublunary origin.

It is claimed that he was full and perfect God, and perfect man; and while he was God, he was also the son of God, and as such was sent down by the father to save the fallen and guilty world; and that thus his mission pertained to the whole human race; and his inspired seers are made to declare that ultimately every nation, tongue, kindred, and people under heaven will acknowledge allegiance to his government, and concede his right to reign and rule the world; that "every knee must bow, and every tongue confess that Jesus is Lord, to the glory of God the Father."

But we do not find that this prophecy has ever been or is likely to be fulfilled. We do not observe that this claim to the infinite deityship of Jesus Christ has been or is likely to be universally conceded.

 

On the contrary, it is found that by a portion, and a large portion of the people of even those nations now called Christian, this claim has been steadily and unswervingly controverted, through the whole line of history, stretching through the nearly two thousand years which have elapsed since his advent to earth.

Even some of those who are represented to have been personally acquainted with him - aye! some of his own brethren in the flesh, children in the same household, children of the same mother - had the temerity to question the tenableness of his claim to a divine emanation. And when we extend our researches to other countries, we find his claim, so far from being conceded, is denied and contested by whole nations upon other grounds. It is met and confronted by rival claims.

Upon this ground hundreds of millions of the established believers in divine revelation - hundreds of millions of believers in the divine character and origin of religion - reject the pretensions set up for Jesus Christ.

 

They admit both a God and a Savior, but do not accept Jesus of Nazareth as being either. They admit a Messiah, but not ’the’ Messiah; these nations contend that the title is misplaced which makes "the man Christ Jesus" the Savior of the world. They claim to have been honored with the birth of the true Savior among them, and defend this claim upon the ground of priority of date. They aver that the advents of their Messiahs were long prior to that of the Christians, and that this circumstance adjudicates for them a superiority of claim as to having had the true Messiah born upon their soil.

It is argued that, as the story of the incarnation of the Christians’ Savior is of more recent date than those of the oriental and the ancient religions (as is conceded by Christians themselves), the origin of the former is thus indicated and foreshadowed as being an outgrowth from, if not a plagiarism upon the latter - a borrowed copy, of which the pagan stories furnish the original.

 

Here, then, we observe a rivalship of claims, as to which of the remarkable personages who have figured in the world of Saviors, Messiahs, and Sons of God, in different ages and different countries, can be considered the true Savior and "sent of God;" or whether all should be, or the claims of all rejected.

For researchers in oriental history reveal the remarkable fact that stories of incarnate Gods answering to and resembling the miraculous character of Jesus Christ have been prevalent in most if not all the principal religious heathen nations of antiquity; and the accounts and narrations of some of these deific incarnations bear such a striking resemblance to that of the Christian Savior - not only in their general features, but in some cases the most minute details, from the legend of the immaculate conception to that of the crucifixion, and subsequent ascension into heaven - that one might almost be mistaken for another.

More than twenty claims of this kind - claims of being invested with divine honor (deified) - have come forward and presented themselves at the bar of the world, with their credentials, to contest the verdict of Christendom, in having proclaimed Jesus Christ, "the only son, and sent of God:" twenty Messiahs, Saviors, and Sons of God, according to history or tradition, have in past times, descended from heaven, and taken upon themselves the form of men, clothing themselves with human flesh, and furnishing incontestable evidence of a divine origin, by various miracles, marvelous works, and superlative virtues

 

And finally these (more than) twenty Jesus Christs (accepting their character of the name) laid the foundation for the salvation of the world, and ascended back to heaven:

  • Adad of Assyria
  • Adonis, son of the virgin Io of Greece
  • Alcides of Thebes
  • Atys of Phrygia
  • Baal and Taut, "the only Begotten of God," of Phoenicia
  • Bali of Afghanistan
  • Beddru of Japan
  • Buddha Sakia of India
  • Cadmus of Greece
  • Crite of Chaldea
  • Deva Tat, and Sammonocadam of Siam
  • Divine Teacher of Plato
  • Fohi and Tien of China
  • Gentaut and Quexalcote of Mexico
  • Hesus of Eros, and Bremrillah, of the Druids
  • Hil and Feta of the Mandaites
  • Ischy of the Island of Formosa
  • Ixion and Quirnus of Rome
  • Holy One of Xaca
  • Indra of Tibet
  • Jao of Nepal
  • Krishna of Hindostan
  • Mikado of the Sintoos
  • Mohammed, or Mahomet, of Arabia
  • Odin of the Scandinavians
  • Prometheus of Caucasus
  • Salivahana of Bermuda
  • Thammuz of Syria
  • Thor, son of Odin, of the Gauls
  • Universal Monarch of the Sibyls
  • Wittoba of the Bilingonese
  • Xamolxis of Thrace
  • Zoar of the Bonzes
  • Zoroaster and Mithra of Persia
  • Zulis, or Zhule, also Osiris and Orus, of Egypt

In order to appreciate the comparison that follows, we offer some information about who Horus is and how he fits into Egyptian culture:

  • P’TAH (Gods of Heaven came to Earth from the Celestial Disk) installed as Egypt’s first Divine Ruler his own son RA and
  • RA then divided the Egyptian kingdom between the ’gods’...
  • OSIRIS and SETH who fought over control of the kingdom.
  • After OSIRIS was killed, resuscitated and resurrected, his place on the throne was taken over by his son...
  • HORUS, whose mother was ISIS.
  • Then HORUS was given Upper and Lower Egypt by the Lord of the Earth thus becoming the legitimate heir in the RA-OSIRIS line of succession, establishing that kingship had a perpetual divine connection.

(To understand Egyptian history, one must read Sitchin’s books about the Sumerian civilization and its connection to Egypt.)

 

Some say that the Christian religion came directly out of the Egyptian religion; at least, it was the probable source of the origins of Christianity. Be it further noted that Zecharia Sitchin in The Lost Realms (page 183), claims that the Sumerian ENKI was the Egyptian P’TAH, the Sumerian MARDUK was the Egyptian RA and NINGISH was the Egyptian THOTH. Now let’s compare the Egyptian HORUS with the Christian JESUS CHRIST.

A List of the similarities between Horus and Jesus:

  • Horus and the Father are one.
  • Jesus says, "I and My Father are one. He that seeth Me, seeth Him that sent Me."
     
  • Horus is the Father seen in the Son.
  • Jesus claims to be the Son in whom the Father is revealed.
     
  • Horus was the light of the world, the light that is represented by the symbolical eye, the sign of salvation.
  • Jesus is made to declare that He is the light of the world.
     
  • Horus was the way, the truth, the life by name and in person.
  • Jesus is made to assert that he is the way, the truth, and the life.
     
  • Horus was the plant, the shoot, the natzar.
  • Jesus is made to say: "I am the true vine."
     
  • Horus says: It is I who traverse the heaven; I go round the Sekhet-Arru (the Elysian Fields); Eternity has been assigned to me without end. Lo! I am heir of endless time and my attribute is eternity.
  • Jesus says: " I am come down from Heaven. For this is the will of the Father that everyone who beholdeth the Son and believeth in Him should have eternal life, and I will raise him up at the last day." (He, too, claims to be lord of eternity.)
     
  • Horus says: " I open the Tuat that I may drive away the darkness."
  • Jesus says: " I am come a light unto the world."
     
  • Horus says: I am equipped with thy words O Ra (the father in heaven) (ch.32) and repeat them to those who are deprived of breath. (ch.38). These were the words of the father in heaven.
  • Jesus says: " The Father which sent me, he hath given me a commandment, what I should say and what I should speak. Whatsoever I speak, therefore, even as the Father said unto me, so I speak. The word which ye hear is not mine, but the Father’s which sent me."

A comparative list of some pre-existing types to Christianity shows further how these types were brought on in the canonical Gospels and the Book of Revelation:

1. Horus baptized with water by Anup = Jesus Baptized with water by John.
2. Anup, the Baptizer = John the Baptist.
3. Aan, a name of the divine scribe = John the divine scribe.
4. Horus born in Annu, the place of bread = Jesus born in Bethlehem, the house of bread.
5. Horus the Good Shepherd with the crook upon his shoulders = Jesus the Good Shepherd with the lamb or kid upon his shoulder.
6. The Seven on board the boat with Horus = The seven fishers on board the boat with Jesus.
7. Horus as the Lamb = Jesus as the Lamb.
8. Horus as the Lion = Jesus as the Lion.
9. Horus identified with the Tat or Cross = Jesus identified with the Cross.
10. Horus of twelve years = Jesus of twelve years.
11. Horus made a man of thirty years in his baptism = Jesus made a man of thirty years in his baptism.
12. Horus the Krst = Jesus the Christ.
13. Horus the manifesting Son of God = Jesus the manifesting Son of God.
14. The trinity of Atum the Father, Horus the Son, and Ra the Holy Spirit = The trinity of the Father, Son and Holy Spirit.
15. The first Horus as a child of the Virgin, the second as the Son of Ra = Jesus as the Virgins child, the Christ as Son of the Father.
16. Horus the sower and Set the destroyer in the harvesting = Jesus the sower of the good seed and Satan the sower of tares.
17. Horus carried off by Set to the summit of Mount Hetep = Jesus spirited away by Satan into an exceedingly high mountain.
18. Set and Horus contending on the Mount = Jesus and Satan contending on the Mount.
19. The Star as the announcer of the child Horus = The Star in the East that indicated the birthplace of Jesus.
20. Hours the avenger = Jesus who brings the sword.
21. Horus as Iu-em-Hetep, who comes with peace = Jesus the bringer of peace.
22. Horus the afflicted one = Jesus the afflicted one.
23. Horus as the type of life eternal = Jesus the type of eternal life.
24. Horus as Iu-em-Hetep, the child teacher in the temple = The child Jesus as teacher in the temple.
25. The mummy bandage that was woven without seam =The vesture of Christ without a seam.
26. Twelve followers of Horus as Har-Khutti = Twelve followers of Jesus as the twelve disciples.
27. The revelation written down by Aan (Tehuti) the scribe of divine words = The revelation by John the divine.
28. The saluter Aani, who bears witness to the word of Ra and to the testimony of Horus = John who bears witness to the Word of God and the testimony of Jesus Christ.
29. The secret of the Mysteries revealed by Taht-Aan = The secret of the Mysteries made known by John.
30. Horus the Morning Star = Jesus the Morning Star.
31. Horus who gives the Morning Star to his followers = Jesus who gives the Morning Star to his followers.
32. The name of Ra on the head of the deceased = The name of the Father written on the forehead.
33. The Paradise of the Pole Star-Am-Khemen = The Holy City lighted by one luminary, that is neither the Sun nor the Moon = the Pole Star.
34. The Har-Seshu, or servants of Horus = The servants of Jesus Christ.

In addition, an extensive excerpt from Comparative Cosmology by Akif Manaf J., Ph.D. is posted here.

Excerpt from Churchward’s Book Of Religion, first published in 1924:

  • Similarities between Krishna and Christ:
    • Both are held to be really god incarnate
    • Both were incarnated and born of a woman
    • The mother in each case was a holy virgin
    • The father of each was a carpenter
    • Both were of royal decent
    • Each had the title of "Savior"
    • Both were "without sin"
    • Both were crucified
    • Both were crucified between two thieves
    • Each taught of a great and final day of judgment

Here is a small list of writers that lived during the time of Jesus, aside from two forged passages in the work of a Jewish author, and two disputed passages in the work of Roman writers, there is to be found no mention of Jesus Christ in this mass of Jewish and Pagan writers.

 

 

 

Apollonius
Appian
Arrian
Auls Gellius
Columella
Epictetus
Damis
Dio Chrysostom
Dion Pruseus
Favorinus
Florus Lucius
Hermogones
Italicus
Justus of Tiberius
Juvenal
Lucanus
Lucian
Lysias
Martial
Paterculus
Quintilian
Quintius Curtius
Persius
Petronius
Phaedrus
Philo-Judaeus
Phlegon
Pliny the Elder
Pliny the Younger
Plutarch
Pompon Mela
Ptolemy
Seneca
Silius
Statius
Suetonius
Tacitus
Theon of Smyran
Valerius Flaccus
Valerius Maximus
 


1 comentario:

joan fliz dijo...

vAYAMOS A LOS PRIMEROS :
Tertuliano, Justino Mártir; y por supuesto la rata de cloaca Ireneo de Lyon, “el martillo de los herejes”, juass.

... tienes por otro lado a los gnósticos, Marción fue el primero en hacer un canon que NO CONTENÍA NI UN DATO BIOGRÁFICO de jesus el cristo.
Y Justinoy Tertuliano decían que Jesusldelcristo era igualito que los dioses paganos, sólo que “el demonio llegó antes” y puso a todos esos dioses igualicos para “confundir” al pueblo, jaja.

Tertuliano se hizo gnóstico, se acabó cansando de sus gilipolleces literalistas y luego, como no le gustaba la igualdad entre hombres y mujeres, fundó su chiringuito gnóstico pero totalmente machista.

El sermón de la montaña es un plagio escandaloso de textos egipcios:

- El padrenuestro y las bienaventuranzas están sacadas de LA ORACIÓN DEL CIEGO, , para que veas cómo es el padrenuestro original:

Oh Amén (=Amón) que estás en los cielos
NO TE HAGAS EL MUERTO
(y si no te haces el muerto y haces lo que te toca, entonces: las cosas serán en la tierra como son en el cielo, recibiremos nuestro pan, etc. etc)

Le está reprochando a Dios que “se está haciendo el muerto” y por su culpa este mundo es un caos, y entonces cuando deje de hacerse el muerto … el mundo será maravilloso como con las bienaventuranzas.

(Textos como la Oración del Ciego o el Libro de Setme son cuentecitos diseñados para el vulgo, que no llega a profundizar en los escritos de teología profunda).

Más aún, los “dichos de Jesús” en el sermón se conocen como los dichos de IUSA, que es un epíteto del dios Horus en su versión Iu-em-hept, estos “dichos de Jesús” existen en las escuelas de misterios desde mucho antes que “cristo”.

Los dichos de Osiris (= dichos de jesús) ERAN PLASMADOS POR ESCRITO POR EL ESCRIBA TAHT-MATIU, O SEA, POR “MATEO” caps. 5-7, (Taht es otro dios egipcio).
(Sabemos que Osiris = Horus = Apolo i.e. dios solar p.e. por historiadores clásicos como Herodoto y Plutarco).

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Cristo no es más que el Logos de Platón, (Logos= Verbo=Palabra, “y la palabra se hizo carne”=hijo de dios) que es el “hijo” de la trinidad platónica.
El tercero de la trinidad platónica se llama NOUS = espíritu (el Espíritu Santo).
Y ese Logos se enseñaba siglos antes de la era cristiana, no les debes nada.

Si leyerais los textos originales egipcios os sentiríais como en casa,

Haya paz y mucha luz

curiosidad: sobre el “sermón de la montaña” – en Galilea no hay montañas.