08 abril 2013

Margaret Thatcher ? Dama de Hierro ? No , una simple sirvienta

 Lo que no te cuenta la propaganda pro-Thatcher y la pelicula  "La dama de hierro"

 

Este artículo explica las causas que se esté promocionando ahora la figura de Margaret Thatcher, fiel y dócil sirviente del establishment británico, que inició unas políticas neoliberales que han dañado enormemente el bienestar de las clases populares de la Gran Bretaña. 
El artículo muestra el lado de Thatcher ocultado en la película “La Dama de Hierro”, que se presenta como una imagen equilibrada de esta figura histórica cuando en realidad muestra una versión idealizada y profundamente errónea que no se corresponde con la realidad. El artículo señala que Margaret Thatcher fue, como Reagan, una de las figuras más reaccionarias que ha habido en el siglo XX.

Sirvienta de la escuela de CHICAGO:

 
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¿Por qué la promoción a Margaret Thatcher ahora? 


Existe una percepción bastante generalizada en círculos conservadores de que lo que se necesita en estos momentos difíciles de crisis es un líder de un gobierno que "se atreva a hacer los cambios necesarios", enfrentándose con grupos poderosos, responsables de la crisis.

Entre éstos, se considera a los sindicatos como uno de los más culpables del elevado desempleo. En su supuesta “defensa egoísta” de sus propios intereses (atribuyéndoles una estrechez de miras al preocuparse exclusivamente de los trabajadores que ya tienen trabajo –los famosos “insiders”-), los sindicatos están dificultando la integración en el mercado de trabajo de los jóvenes, las mujeres y otros colectivos –conocidos como los “outsiders”-.

Lo que se requiere –se nos dice- es que hay que debilitar a los sindicatos e implementar, entre otras medidas, la facilidad de despedir a los trabajadores con contrato fijo, haciendo más fácil que los “insiders” se conviertan en “outsiders”, lo cual, paradójicamente, facilitará -según ellos- el descenso del desempleo. En esta interpretación de los hechos, el elevado desempleo en España se atribuye al excesivo poder de los sindicatos con los cuales nadie se atreve.

Lo que hace falta es alguien con bemoles que los ponga en cintura y, de paso, reduzca los derechos
sociales y laborales adquiridos, desmontando el Estado del Bienestar pues, no sólo éste consume recursos que el país no tiene, sino que la disponibilidad de tantos beneficios sociales ablanda a la ciudadanía y le da excesiva seguridad, perdiendo su creatividad y actitud emprendedora. Se tiene que reducir la supuestamente excesiva protección social para fortalecer el espíritu emprendedor de la población. 


Competitividad y dinamismo tienen que sustituir a colaboración, solidaridad y seguridad.

EDIFICIO DEL MI6 BRITANICO - el de "James Bond"
 Thatcher utilizo la vieja tecnica de ganar electorado a traves de estimular sus instintos mas patrioticamente viscerales, llevando  Inglaterra a la guerra de las Malvinas

Durante estos años de crisis hemos visto el dominio de este pensamiento en centros financieros, empresariales, mediáticos y políticos de países a los dos lados del Atlántico Norte. El deterioro de la situación económica que la aplicación de las políticas que derivan de este pensamiento conservador y neoliberal están creando, ha generado la llamada por parte de estos centros a una figura política (que solía llamarse Caudillo, y ahora se la define como “personalidad a quien no le tiemblen las manos”) para enfrentarse con los “poderosos”, como los sindicatos, los funcionarios públicos, las clases populares y una larga lista de sectores de la población que no se caracterizan precisamente por tener gran poder económico, financiero, mediático o político. En realidad, “valentía o machismo político” es atreverse a enfrentarse con los débiles, en representación de los poderosos.


El gobierno de Margaret Thatcher defendió en el norte la discriminación política y religiosa estructurales y el veto político, reglamentó la censura política e institucionalizó hasta unos extremos nunca vistos la colusión entre las fuerzas estatales británicas y los escuadrones de la muerte unionistas. 

Fue bajo su liderazgo que se creó en 1982 la Unidad de Investigación de la Fuerza (Force Research Unit- FRU) como una unidad dentro del Cuerpo de Inteligencia del Ejército británico. Esta rama del ejército británico reclutó a agentes que luego fueron utilizados para asesinar a ciudadanos. 

Entre ellos estaba el unionista Brian Nelson, un antiguo soldado del ejército británico miembro de la Asociación de Defensa del Ulster que fue reclutado por el FRU en 1983. Se convirtió en un alto oficial de inteligencia de la UDA y sus socios del FRU le ayudaron a actualizar sus archivos de inteligencia, incluyendo fotomontajes de víctimas potenciales.

Lo que la película no dice
Un ejemplo de este supuesto coraje político es la llamada Dama de Hierro, Margaret Thatcher, la figura política en Gran Bretaña que ha sido más dócil y servil hacia los grupos más poderosos de aquel país (desde la City, el centro financiero de aquel país, al gran mundo empresarial).

Tal “líder” era un mero instrumento de tales poderes, realidad ocultada en la película “La Dama de Hierro”, (que idealiza tal figura hasta niveles hiperbólicos).
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Lejos de ser la figura anti-establishment británico como la película presenta, Margaret Thatcher fue un producto de tal establishment, promocionada por el mismo.

Persiguió a los sindicatos y privatizó todo lo privatizable y más, incluyendo el agua, el gas, la electricidad y hasta las viviendas municipales. 
Cambiando la gestión estatal por un monopolio privado y una colección de inútiles órganos reguladores y obteniendo poco o ningún beneficio a largo plazo.

 Contribuyó al resurgir de Londres como centro financiero y enterró la industria del norte del país, comenzando así el distanciamiento entre las grandes fortunas y la clase baja, que hoy en día continúa su ritmo imparable.


Al final de su primera legislatura, cuando su popularidad estaba por los suelos y las huelgas y decadencia económica lastraban al país, la oportuna Guerra de las Malvinas la convertía en Dama de Hierro y el resurgir del orgullo patriótico británico (herido tras la pérdida de su imperio), le valdrían la reelección en dos ocasiones. 
En 1990, su propio partido la sacaba del poder por la puerta de atrás.

Gran Bretaña (un país en el que viví durante varios años) es un país donde clase social adquiere una dimensión muy marcada en la vida cotidiana de la población. Tal establishment británico siempre se ha preocupado de la imagen que su instrumento político (el Partido Conservador) da cara a la población. La procedencia social de sus dirigentes da una imagen que preocupa al establishment.
De ahí que, en un momento de gran agitación social, tal establishment necesitaba dirigentes que no procedieran de las clases dominantes, que rompieran esta imagen. Thatcher, hija de tenderos, y Major, hijo de un desempleado, fueron figuras elegidas para romper con aquella imagen que, a pesar de estos cambios, el Partido Conservador continúa teniendo (David Cameron es hijo de una familia con una gran fortuna).

Thatcher fue una figura promovida por el establishment con el objetivo de destruir a los sindicatos, cuyo grupo central y más radical, fue el sindicato de mineros. 

Redujo también la protección social, hasta tal punto, que la mortalidad en la mayoría de sectores populares (tal como ha documentado extensamente Richard G. Wilkinson en su libro Unhealthy Societies) creció durante su mandato, incluyendo las tasas de suicidio, homicidio, y alcoholismo, apareciendo de nuevo un problema que había desaparecido:

el hambre, en especial entre los niños, y muy en particular en las regiones más pobres, como Yorkshire, Escocia, y el País de Gales (ver “The Iron Lady: the Margaret Thatcher Movie we don’t need”, de Laura Flanders. The Nation. 04.01.12).

El film muestra a los sindicalistas como violentos, vociferadores e irracionales pero nunca explica porque las clases populares y los sindicatos se rebelaron contra las condiciones miserables que las políticas thatcherianas estaban imponiendo a la clase trabajadora de Gran Bretaña. Fue ella la que hizo famoso el dicho de que “creemos en la lucha de clases y venceremos”.

Thatcher, como Reagan en EEUU, intentó crear una cultura en la que todas las víctimas del sistema darviniano que ella aspiraba a establecer, se sintieran responsables de su propia situación.

Thatcher no fue sólo una política conservadora -o muy conservadora- y fuertemente clasista sino que, además, fue una contrarrevolucionaria antiobrera que agredió con todas sus fuerzas y con todos los apoyos que solicitó y buscó, sin piedad y con mano de acero, al movimiento obrero británico e internacional y abonó con ideas propias o prestadas los rasgos más antihumanistas, más liberticidas y más ecosuicidas de la civilización del capital en su fase de expropiación de todo lo público, de todos los bienes comunes, lo que solemos llamar neoliberalismo (El contagio de sus concepciones en algunos líderes "socialdemócratas" del momento o en etapas posteriores -Joaquín Almunia es un ejemplo destacado- sin duda pasará a la historia universal de la infamia y la estupidez imperdonables).
La imagen más significativa de su coherencia política profundamente reaccionaria fue sin duda su afable, cortés y publicitada visita al general asesino y criminal chileno, los días en que Augusto Pinochet estuvo retenido en Londres.
Preguntada por su principal legado, mis Thatcher, que sabía buscar titulares con lemas concisos y “brillantes”, respondió: “Mr. Blair”
¿Thatcher como feminista?
Pero lo que alcanza niveles absurdos en la película es presentar a Margaret Thatcher como feminista, lo cual ha originado protestas generales en círculos feministas a los dos lados del Norte de América.

Como ha indicado NOW (la mayor asociación feminista de EEUU), Thatcher fue la dirigente británica que recortó con mayor intensidad los derechos de las mujeres en Gran Bretaña. Su propio desprecio hacia las feministas y sus recortes en derechos laborales y sociales dañó extensamente a las mujeres británicas.

Su profundo reaccionarismo la llevó también a apoyar a las dictaduras más reaccionarias existentes en el mundo, incluyendo la del General Pinochet, convirtiéndose en uno de sus máximos defensores. Y sus políticas neoliberales fueron la causa de la crisis que estamos viendo estos días en Europa.
Pero su cinismo llegó al extremo de crear una guerra (The Falklands War, la guerra de las Malvinas) para intentar recuperar su popularidad, punto que sí se reconoce en la película, y que sus promotores presentan como ejemplo de equilibrio en el análisis de tal figura.

Pero tal presentación crítica (excepcional en la película) de Margaret Thatcher está muy poco desarrollada, pues no señala suficientemente el planteamiento oportunista en la programación de la guerra que Thatcher realizó, y que ha estado claramente documentado en los medios. Hoy, los establishments conservadores y neoliberales británicos, americanos o españoles, entre otros, añoran a la Sra. Thatcher, una de las figuras –como Ronald Reagan- más negativas y destructivas que ha existido en el siglo XX.

Fuente: http://www.vnavarro.org/?p=6841


Murió Margaret Thatcher, una brutal guerrera de la clase dominante


Socialist Worker

La respuesta oficial (incluyendo, por supuesto la de los medios de la clase dirigente) a la muerte de Margaret Thatcher consistirá en tratar de embalsamarla en su “calidad de estadista”.
Quienes recuerdan lo que Thatcher hizo a los mineros (y a muchas otras comunidades de la clase trabajadora) preferirán inmortalizarla como el poeta Shelley inmortalizó a otro político conservador, Lord Castlereagh, después de la masacre de Peterloo en 1819: “Encontré el asesinato en el camino/ tenía una máscara como Castlereagh”. 
Y es que a lo que se dedicaba Thatcher era al asesinato. A veces el asesinato era metafórico (de industrias y comunidades). Con todo, destruyó vidas humanas.
Otras veces el asesinato era real. Supervisó la guerra sucia que se estaba desarrollando entonces en Irlanda. La crueldad de Tatcher también se hizo manifiesta cuando condenó a los huelguistas de hambre irlandeses a la muerte en vez de concederles el reconocimiento como presos políticos por el que estaban luchando.

Los 907 miembros del personal militar argentino y británico muertos en las Islas Malvinas en 1982 no habrían muerto si Thatcher no hubiera decidido retomar por la fuerza una absurda anomalía colonial. Su legado fue que continuara la posesión británica de las Malvinas, lo que sigue envenenando las relaciones con Argentina.

Thatcher se regodeaba con la guerra. Cuando finalmente su gobierno decidió prescindir de ella en noviembre de 1990, suplicó permanecer como primera ministra hasta que terminara la guerra que estaba por llegar contra el Iraq de Saddam Huseín.

las grandes crisis y quiebras financieras”


Danny Darling, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Sheffield, acaba de publicar un artículo en la revista semanal New Stateman (“How Social Mobility got Stuck”, 16/05/2013), que ilustra claramente lo que algunos de nosotros hemos estado diciendo, es decir, que el neoliberalismo es la ideología promovida por los superricos para llevar a cabo políticas públicas que les benefician. El profesor Darling analiza la concentración de las rentas y de la riqueza durante la vida de la Sra. Thatcher (la ídolo de los neoliberales, que ha tenido muy buena prensa en los medios españoles a raíz de su muerte), desde su nacimiento hasta su muerte, mostrando como las políticas que promovió durante su gobierno contribuyeron enormemente a tal concentración. Comencemos por los datos.

Cuando Margaret Thatcher nació, en 1925, pasó a ser miembro de una familia de la decila superior de renta en Gran Bretaña. Cuando fue a la Universidad de Oxford, su familia ya había alcanzado pertenecer al 1% de la población con mayor renta y cuando, estando en Oxford, se casó con Dennis, su esposo, ya llegó al 0,1%. 

Ahora bien, a pesar de pertenecer a tal 0,1%, no era considerada lo suficientemente rica como para pasar a ser dirigente del Partido Conservador –Tory-, que estaba controlado por el 0,01% de la población, es decir, los súper ricos del establishment británico. Su elección a presidenta del tal partido se vio como una rebelión de los ricos frente a los súper ricos. Tal rebelión, sin embargo, era ficticia, porque Margaret Thatcher sirvió con gran entusiasmo y docilidad a los súper ricos.

En 1945, cuando Thatcher tenía 20 años, los súper ricos (el 0,01%) recibían 123 veces más renta que el promedio de renta de Gran Bretaña. Cuando cumplió 40 años, en 1965, tal diferencia de renta se había reducido a la mitad, es decir, era 62 veces, que incluso descendió más, de manera que en el año en que fue elegida primera ministra de aquel país, en 1978, había alcanzado el menor diferencial, 28 veces.

Ni que decir tiene que los súper ricos odiaban este descenso de diferencial y las políticas redistributivas en las que se había basado tal reducción. De ahí que promovieran con toda intensidad a Margaret Thatcher, que había mostrado, en su corto liderazgo como dirigente del Partido Conservador, que era su mejor aliada y apuesta para el futuro.

Pero para vencer había que debilitar al Partido Laborista, lo cual consiguió dividiéndolo. Los súper ricos apoyaron a escondidas (y a veces no tan a escondidas) la creación del Social Democratic Party, que dividió a las izquierdas, punto clave para explicar la derrota del gobierno Laborista. Pero la mayor victoria de Margaret Thatcher –como ella misma indicó- fue el cambio del Partido Laborista, convirtiéndose en el New Labor o Tercera Vía que, una vez sustituyó al gobierno conservador, continuó las mismas políticas neoliberales que su gobierno había iniciado.

Las políticas neoliberales de la Sra. Thatcher fueron las mismas que las del Sr. Reagan en EEUU: un ataque frontal al mundo del trabajo y a los sindicatos, iniciando políticas redistributivas de sentido opuesto a las iniciadas por los gobiernos anteriores. Como consecuencia, en 1990, cuando Thatcher abandonó el poder, los súper ricos (el 0,01%) ingresaban 70 veces más que el promedio, políticas que fueron continuadas por el New Labor, de manera que en el 2007 el 0,01% había logrado poseer 144 veces más que el promedio.