13 agosto 2013

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA - Derroche inutil de trabajo , tiempo y materiales


La esclavitud humana, 
mas actual que nunca.


"Hay que tener a la gente trabajando antes que descansando: 
que abran y cierren zanjas todo el dia, asi les damos sus puestos de trabajo que tanto ....necesitan"  - Keynes

En los años 60 y 70 se prometia para el 2000 una sociedad del ocio en el que bastaria trabajar 3 o 4 dias a la semana para solventar todas las necesidades del hombre y éste podria "realizarse" en multiples actividades - hobbies , artes ... para su desarrollo personal.....CALIDAD DE VIDA ......TIEMPO LIBRE pero..



OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

"LOS MEJORES INGENIEROS AL SERVICIO DE LA REdUCCION DE  LA CALIDAD de los PRODUCTOS" 

“Lo que hace grande a este país (EEUU) –llegó a decir el gerente de la agencia publicitaria BBDO,  una de las más grandes del mundo– es la creación de necesidades y deseos, la creación de la insatisfacción por lo viejo y fuera de moda”.  O sea consumir sin límites…

                                   
Más audios en Onda Cero

Hace mucho tiempo, los productos de consumo se fabricaban para durar.

Pero hacia la década de 1920, un grupo de empresarios se dieron cuenta de que cuanto más duraban sus productos, menos dinero ganaban ellos. y menos tiempo pasaban las personas comprando.

Y así nació lo que se llama la obsolescencia programada, la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo. Desde entonces, los fabricantes han diseñado sus productos para fallar.

La realizadora Cosima Dannoritzer (”Si la basura hablase”) se hace eco en esta película documental de una de las prácticas que se han convertido en la base de la economía moderna (muchos especialistas incluso consideran que tuvo un papel fundamental para acabar con la Gran Depresión).

La producción viaja a Francia, Alemania, España y los Estados Unidos para investigar la obsolescencia económica y plantea alternativas a la dificultad de seguir adelante con el consumo ilimitado de recursos y tiempo.

COMPRAR - TIRAR - COMPRAR

Parte 1/4
Parte 2/4
Parte 3/4 EL CASO DE IPOD Y SU BATERIA DE CORTISIMA DURACION
Parte 4/4 tecnica CRADLE TO CRADLE y DECRECIMIENTO

EL AÑO QUE VIENE SE "LLEVARA" EL COLOR NARANJA. VETE TIRANDO LA ROPA "ANTIGUA". .... obedece


REPAIR CAFEs

El cártel Phoebus
la obsolescencia programada
Phoebus y la obsolescencia programada
La obsolescencia programada (o planificada) está asociada a un nombre: Phoebus.

Y su nacimiento está asociado a un producto muy específico: las bombillas.  
Phoebus era oficialmente una empresa de procedencia helvética llamada “Phoebus S.A. Compagnie Industrielle pour le Developpement de l’Eclairage”, pero en el fondo se trataba de un cártel, el cártel Phoebus.

El cártel redujo la competencia en la industria de las lámparas incandescentes durante unos 15 años, y fue sido acusado de haber prevenido avances en la tecnología que podrían haber llevado a la producción de bombillas de una duración mayor.

Lo que en la vida real se tradujo en la limitación a 1.000 horas útiles de las lámparas de incandescencia. Cualquier producto que sobrepasase este umbral de uso se arriesgaba a una penalización por no acogerse a esta normativa.

Osram, Philips, Tungsram, Associated Electrical Industries, Compagnie des Lampes, International General Electric, Lámparas “Z”, España y el GE Overseas Group eran miembros del cártel Phoebus. Todas estas empresas eran propietarias de un paquete de acciones en la empresa suiza proporcional a las ventas de sus productos.

Aparentemente, el cártel dejó de funcionar en 1955, pero esta iniciativa fue un estupendo aliciente para que muchos otros fabricantes se animaran a ponerle una caducidad a lo que vendían. Y es algo que, por desgracia, llevamos arrastrando desde entonces y que nos lleva a adquirir nuevos productos en lugar de pensar en repararlos, como ocurre en países en vías de desarrollo.

Empiezan a surgir movimientos preocupados por luchar contra la obsolescencia programada, empeñados en fabricar productos de larga duración, con menor impacto ecológico (transporte, logística, recambios, contaminación…).

Uno de ellos es Warner Philips y su proyecto Lemnis Lighting, desde donde venden bombillas de larga duración (25 años de uso) a un precio muy ajustado.

Como curiosidad, la ciudad de Livermore en California ostenta el récord de poseer la bombilla más longeva del mundo.

Se colocó en 1901 en una estación local de bomberos y cada año recibe un contundente homenaje. Es la bombilla que ilustra este post.
La bola extra, para quien tenga algo de tiempo libre, la dejo para este documental que habla con pelos y señales sobre este tema: La Obsolescencia Programada. Me lo disfruten.

 ¿qué sucedería si no fuese necesario reponer nunca los aparatos que usamos a diario?
 
  1. Me permito sugerir la lectura de este artículo en el último número de Rolling Stone. http://www.rollingstone.com/music/news/marx-was-right-five-surprising-ways-karl-marx-predicted-2014-20140130

  2. Creo que deberías leerte esto:
    http://naukas.com/2013/05/06/obsolescencia-programada-a-debate-parte-1/
    http://naukas.com/2013/05/14/obsolescencia-programada-a-debate-parte-2/

resumen documental:

Baterías que se 'mueren' a los 18 meses de ser estrenadas, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se funden a las mil horas... ¿Por qué, pese a los avances tecnológicos, los productos de consumo duran cada vez menos?

Rodado en Catalunya, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ghana, Comprar, tirar, comprar, hace un recorrido por la historia de una práctica empresarial que consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo porque, como ya publicaba en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana, "un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios".

El documental,  es el resultado de tres años de investigación, hace uso de imágenes de archivo poco conocidas; aporta pruebas documentales y muestra las desastrosas consecuencias medioambientales que se derivan de esta práctica. También presenta diversos ejemplos del espíritu de resistencia que está creciendo entre los consumidores y recoge el análisis y la opinión de economistas, diseñadores e intelectuales que proponen vías alternativas para salvar economía y medio ambiente

  En 1911 un anuncio en prensa española destacaba las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2500 horas. Pero, tal y como se revela en el documental, en 1924 un cártel que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1000 horas. 

Este cártel se llamó Phoebus y oficialmente nunca existió pero en Comprar, tirar, comprar se nos muestra el documento que supone el punto de partida de la obsolescencia programada, que se aplica hoy a productos electrónicos de última generación como impresoras o iPods y que se aplicó también en la industria textil con la consiguiente desaparición de las medias a prueba de carreras.

Consumidores rebeldes en la era de Internet

A través de la historia de la caducidad programada, el documental pinta también un fresco de la historia de la Economía de los últimos cien años y aporta un dato interesante: el cambio de actitud en los consumidores gracias al uso de las redes sociales e Internet. El caso de los hermanos Neistat, el del programador informático Vitaly Kiselev o el catalán Marcos López, dan buena cuenta de ello.


África, vertedero electrónico del primer mundo
El Roto
Este usar y tirar constante tiene graves consecuencias ambientales. Tal y como vemos en este trabajo de investigación, países como Ghana se están convirtiendo en el basurero electrónico del primer mundo. Hasta allí llegan periódicamente cientos de contenedores cargados de residuos bajo la etiqueta de 'material de segunda mano' y el paraguas de una aportación para reducir la brecha digital y acaban ocupando el espacio de los ríos o los campos de juego de los niños.



La batidora, «cinco años»; la tostadora, «con suerte llegará a tres»; los electrodomésticos de marcas blancas, «imposibles de reparar muchas veces porque es imposible localizar la pieza»... Más argumentos para hacerle desistir de la reparación. 

Conrado Martínez, gerente de Reparaciones Servat, tiene en mente la duración de muchos productos y los enumera con soltura. Mientras tanto, en Cuba, los mismos coches de los años cincuenta atraviesan La Habana de uno al otro lado desde hace décadas
Basta hacer turismo por la isla para comprobar que las averías predeterminadas no son cosa del destino.

Lavadoras con muerte anunciada

Ordenadores desechados en un punto limpio de Madrid. / santi burgos




En el centro de reparación de Koopera, un grupo de cooperativas sin ánimo de lucro del norte de España, casi no se reparan frigoríficos. “No vale la pena. La mayoría llegan con fugas de gas que no podemos localizar porque las tuberías están incrustadas dentro de los muebles, y cada vez es más difícil desmontar los muebles. Hace años se podía llegar a cualquier pieza, pero ahora son todo obstáculos”, explica Txelio Alcántara, técnico del taller. “También es cada vez más difícil arreglar aparatos pequeños. Les ponen tornillos de seguridad, que solo giran para cerrar, y ni siquiera podemos abrirlos”.

Cafeteras, máquinas de afeitar, secadores de pelo, microondas, frigoríficos, lavadoras, ordenadores... Miles de aparatos acaban en la basura antes de tiempo porque es demasiado caro repararlos, por falta de repuestos o porque no hay modo de desmontarlos. Es una forma reconocida de obsolescencia programada, una manera de acortar la vida de un producto antes de que se desgaste. Un caso sonado fue la demanda colectiva a la que tuvo que enfrentarse Apple en 2003 por no ofrecer baterías de recambio para sus reproductores MP3. Los demandantes, tras probar que las baterías se estropeaban antes que el aparato, ganaron el juicio y obligaron a la empresa a fabricar repuestos.

Muy pocas veces han llegado casos como este a los tribunales. La obsolescencia programada, al fin y al cabo, está asumida como un mal necesario para estimular el consumo. Pero la crisis está cambiando las conciencias y cada vez son más las voces que recuerdan que la necesidad mantener una tasa mínima de renovación de productos no significa que haya que aceptar abusos. Además, genera toneladas de residuos que podrían evitarse. Finalmente, un país ha dado un paso al frente:
la Asamblea francesa acaba de aprobar, dentro de la Ley de Transición Energética, multas de hasta 300.000 euros y penas de cárcel de hasta dos años para los fabricantes que programen la muerte de sus productos. La norma, que aún debe ser ratificada en el Senado, no solo es relevante por las sanciones que establece, sino porque es la primera vez que una legislación reconoce la existencia de la obsolescencia programada.

“Estas técnicas pueden incluir la introducción deliberada de un defecto, una debilidad, una parada programada, una limitación técnica, incompatibilidad u obstáculos para su reparación”, reza el texto. Solo hubo un intento normativo anterior en 2011, en Bélgica, cuando el Senado aprobó una resolución que pedía al Gobierno que prohibiera esta práctica, pero nunca llegó a elaborarse una ley.


Francia prevé multas de hasta 300.000 euros y dos años de cárcel
La norma francesa recoge todas las variantes de obsolescencia programada, pero su aplicación no va a ser fácil. ¿Cómo demostrar que se ha introducido un defecto “deliberadamente”? La industria, de hecho, siempre ha negado esa supuesta “premeditación”, pese a que es evidente que los electrodomésticos han acortado su vida útil en las últimas décadas. Un reciente estudio encargado en Francia por el Centro Europeo del Consumidor recopila varias muestras. Por ejemplo, los antiguos televisores de tubos podían durar hasta 15 años, mientras que los actuales no pasan de 10. “Y ocho de cada 10 lavadoras tienen cubetas de plástico, en vez de acero inoxidable, que pueden romperse con el golpe de una moneda”, prosigue el estudio. Los fabricantes insisten en que el acortamiento no es deliberado, sino que se debe a la exigencia de que los productos sean más eficientes y más baratos.

Europa está empezando a abordar el problema. El Comité Económico y Social Europeo (CESE), órgano consultivo de la UE, aprobó hace un año un dictamen que exige la prohibición total de la obsolescencia programada. “Si tiráramos menos cosas a la basura, tendríamos que reparar más y se crearían miles de empleos”, afirmó Jean-Pierre Haber, ponente del dictamen, para rebatir el argumento de que la renovación es necesaria para mantener la economía.

El dictamen propone también medidas para combatir esta práctica no solo desde la prohibición. “Más allá de que pueda haber un chip maquiavélico programado para que un aparato deje de funcionar, algo que sucede en contadas ocasiones, proponemos tres líneas de acción. Por un lado, que las empresas faciliten la reparación. En segundo lugar, campañas de sensibilización para combatir la obsolescencia estética; es decir, la constante renovación de productos sin desgastar, sobre todo ropa y teléfonos, al dictado de las modas. Y por último, la implantación de un sistema de etiquetado de durabilidad para que el consumidor pueda decidir si prefiere un producto barato u otro más caro pero más duradero”, explica Carlos Trías Pintó, presidente de la Comisión Consultiva de Transformaciones Industriales del CESE, el grupo que elaboró el dictamen.


Europa estudia un sistema
de etiquetado que informe sobre
la duración de los productos

El CESE está estudiando ya cómo podría ser ese sistema de etiquetado. “Podría ser parecido al que se ha implantado para calificar la eficiencia energética, con una escala de clasificación por letras y colores”, explica Trías Pintó. La tarea va a ser larga porque no hay una metodología estándar para evaluar la durabilidad de un producto, y además la industria se opone rotundamente. En una jornada organizada por el CESE en Bruselas hace dos semanas, el director general del Comité Europeo de Fabricantes de Equipamiento Doméstico, Paolo Falcioni, aseguró que es imposible prever la duración de un producto porque no se puede controlar el buen o mal uso que se va a hacer de él.

Pero el movimiento contra la obsolescencia programada parece ya imparable en la UE. La Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea ha encargado un estudio para desarrollar una posible metodología, y el CESE va a realizar una encuesta para preguntar a los ciudadanos si estarían dispuestos a pagar más por productos más duraderos. Con todo esto, el eurodiputado Pascal Durand presentará una resolución para introducir el debate en el Parlamento.

En España el movimiento lleva retraso. Las organizaciones más activas son la Asociación de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS), que agrupa a entidades como Koopera, y el colectivo ecologista Amigos de la Tierra. Ambas, junto con Ecologistas en Acción, UGT y CC OO, han presentado un texto de alegaciones a la nueva ley de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos en el que piden la prohibición de la obsolescencia programada y otras medidas como el alargamiento de las garantías, el apoyo a las redes de reparación y, sobre todo, que se asegure que un 5% de los residuos puedan ser preparados para su reutilización. “Esto implica, por ejemplo, que en los puntos limpios se puedan colocar sin romper los aparatos que se desechan, porque muchos se vuelven inservibles al tener que lanzarlos al fondo de un contenedor”, explican en AERESS. Esta organización es también contraria a la limitación que establece la nueva ley para la reparación de electrodomésticos con etiqueta energética inferior a B, pues entiende que el impacto ambiental que supone tirar estos aparatos es superior al ahorro que se pretende.
La expresión 'obsolescencia programada' no figura como epígrafe en ninguna carrera universitaria, como asegura Moisés Llordén, profesor titular de la Universidad de Oviedo en Historia e Instituciones Económicas. Interesa soterrarlo. 

«Es un proceso, que precisamente por su naturaleza, no ha estado plenamente expuesto. Reducir los tiempos de vida forma parte de la estrategia de manipular los consumos, sin mencionarlo porque influiría en el precio, y por eso no hay investigaciones que hayan incidido demasiado en lo que respecta a la perspectiva de historia económica».
Donde sí aparece reflejada implícitamente la obsolescencia programada, sin embargo, es en los tratados de empresa y contabilidad. No deja de ser un parámetro más a tener en cuenta dentro de los gastos de una empresa: logística, coste marginal, margen de beneficio, y duración del producto. Al estropearse, se generará una nueva necesidad de consumo y la competencia conoce estos tiempos. De hecho los incluye en sus estrategias de venta y campañas de publicidad. Es probable que para cuando los primeros iPads se estropeen, RIM, con sus productos Blackberry, y otros competidores, tengan listos sus nuevos y mejorados 'tablets', calculando el tiempo de obsolescencia de los de Apple. Los estudiantes de ingeniería y diseño aprenden, desde la escuela, que determinar la duración del producto es una exigencia elemental de las empresas para las que trabajarán. Del mismo modo que los ingenieros de Philips en 1924 tuvieron que reducir las horas de vida de sus bombillas, los de Apple tuvieron que marcar 18 meses como el límite de funcionamiento de los primeros iPods.
 Patologías tan modernas como la cleptomanía o la compra compulsiva en realidad no dejan de ser reflejos de «la carencia actual de sistemas ideológicos. En medio hay problemas sociológicos asociados a la falta de ideales, de metas claras en la vida de las personas».
«Somos súbditos»
Dacio Alonso, presidente de la Unión de Consumidores de Asturias:
 "el ciudadano no es el soberano del mercado, 
sino el súbdito»

En este sentido, apostilla que el consumidor se halla merced del fabricante, que «es quien tiene capacidad financiera y de emitir mensajes, publicidad; quien tiene la sartén por el mango, en definitiva»

" Recuerda que cuando compras estás votando». 

Otro tipo de control sería el que podría ejercitarse desde los poderes públicos, y que en el caso del Estado español, podría haber venido de la mano de la Ley de Garantías, resultado de la trasposición en 2003 de una directiva de la Unión Europea. Pero «a causa de los lobbies de la industria» no sirvió para de protección frente a estas averías prematuras. 

La garantía mínima queda fechada en dos años, pero en realidad hasta los seis meses cualquier producto se reemplaza casi automáticamente, porque a partir de ahí el consumidor está obligado a demostrar que no ha hecho un mal uso

Alonso cree que «se ha perdido la oportunidad de que la garantía fuese precisamente eso, una manera de obligar al fabricante a cumplir su compromiso de calidad» duradera con el cliente. Y ello no podría ser de otro modo que no fuera empleando materiales de alta fiabilidad. 

Aunque, como apunta Jose Manuel Gayo, gerente de Norte Electrodomésticos e ingeniero, «si se hicieran lavadoras como las de antes, que duraban veinticinco años, no podríamos pagarlas a precio de hoy, una lavadora costaría mil euros». Alonso corrobora esta tesis, aunque afirma también que hay evidencias suficientes como para sostener que podrían durar más. Prueba de lo que dice es, según sostiene, que los fabricantes «lucharon por no tener que garantizar su productos tres, cuatro o siete años». 

Todo se quedó «en seis meses»
Coste de la reparación
... la mejor batidora de España se fabricaba en Martorell y ahora viene de China. La vendemos por cincuenta euros, y la mano de obra de su reparación ya cuesta diecisiete la hora. No sale a cuenta».
Ejemplo de los cartuchos de tinta: «Mi teoría es que la impresora te la regalan, por cincuenta euros tienes una multifunción. 

Ahora sí, conozco muchos casos en los que, acabado el cartucho, se acabó la impresora, y se compra una nueva. Las marcas saben que el negocio está en los consumibles informáticos».
La ventaja económica que supone deshacerse de un aparato que se ha estropeado fuera de la garantía parece incuestionable a estas alturas, pero son muchas las voces que se alzan pidiendo mirar más allá. 

En los países desarrollados, se pone cada vez más énfasis en el reciclaje, pero no se ve lo que ocurre cuando se deshecha una vieja lavadora, incluso cuando lleva su obsoleto ordenador a la tienda para deshacerse de él con la mejor de las intenciones. 

Cosima Danoritzer, en su documental 'Comprar, tirar, comprar', muestra la desoladora estampa de un vertedero de neveras, lavavajillas, portátiles, todo tipo de electrodomésticos, amontonados en Ghana. Entran en el país africano bajo la etiqueta de bienes de segunda mano.
En esta línea se expresa Gema Caramés, responsable de Sostenibilidad del Club Asturiano de la Calidad, exponiendo que «generar residuos siempre tiene un coste, tanto económico como medioambiental, por lo que un aspecto clave es el análisis del ciclo de vida de los productos, y así tener en cuenta todos los impactos ambientales que se generan desde el propio diseño del producto hasta su eliminación final». Ensuciar sale caro, pero no a quien lo produce. Y no hay que culpar únicamente a la obsolescencia programada presuntamente impuesta por los fabricantes. Para Víctor Rodríguez, Profesor de Historia de los Medios de Comunicación en la Universidad de Oviedo, la obsolescencia programada es el primer pilar de la actual sociedad de crecimiento. 
Pero el segundo, y no menos importante, es la publicidad, «que nos hace comprar aquello que no necesitamos, o que nos hace comprar un producto porque tiene una determinada marca». El tercero «sería el crédito, que nos permite comprar lo que no necesitamos con el dinero que no tenemos».
Las posibles soluciones están en el aire. Ya sea el decrecimiento, reparar y no tirar, o tal vez ajustar el consumo a las necesidades reales. Sucumbir a la obsolescencia programada como un fastidio inevitable que ocurre periódicamente en su cocina, en su trabajo, en su coche, no es el único camino. Al menos si se atiende a las corrientes de pensamiento que cobran cada vez más relevancia, especialmente en internet, donde han comenzado a surgir todo tipo de propuestas y foros contra ella.
Móviles de vida corta, impresoras que se estropean y que no pueden ser arregladas (es más caro el arreglo que comprar otra), ipods programados para que se les muera la batería antes de un año. Nos venden la felicidad a través del consumo ilimitado y enfermamos de deseo de consumo sin importarnos la huella ecológica de este despilfarro. La posteridad no nos perdonará. Otras generaciones nos legaron catedrales; nosotros dejaremos basura. Por ahora, en el Tercer Mundo. Aunque está prohibido, allá van todos los residuos electrónicos. La trampa: enviarlos como productos de segunda mano. La mayoría ni se pueden reparar y se abandonan en vertederos. Comprar, tirar, comprar. Una filosofía, una enfermedad, una forma de dejar de desear. Tic-tac, tic-tac. El tiempo se acaba. No importa: compraremos otro tiempo.






















NO TIENES QUE CAMBIAR TU ORDENADOR.  PUEDE DURARTE MUCHOS MAS AÑOS DE LOS QUE PIENSAS:


BENITO MUROS: QUE HA FABRICADO BOMBILLAS QUE DURA TODA LA VIDA: 


Compra, tira, compra
Cuando me enseña el documento policial con el contenido del mensaje que recibió se me ponen los pelos de punta: no sólo amenaza su vida si sigue adelante con la comercialización de su bombilla, sino también la de sus hijos. Benito ha fabricado con un grupo de ingenieros una bombilla para durar toda la vida (garantía de 25 años), es decir, sin esa fecha de estropeado programada que comparten, por pura cuestión de lucro, todos los aparatos electrónicos. Por eso este empecinado quiere ir más allá y ha creado el movimiento Sin Obsolescencia Programada(SOP). Un tema sobre el que es muy recomendable el documental de Cosima Dannoritzer Comprar, tirar, comprar.

un buen día dejó de funcionar...



Se llama obsolescencia programada: los fabricantes de todo tipo de aparatos electrónicos los programan para que duren un tiempo determinado.

Eso no pasaba en tiempos de mi abuela.
Antes un frigorífico duraba treinta años, ahora seis.
Unas medias de nailon prácticamente irrompibles se dejaron de fabricar.

¿Quién inventó esa atrocidad?
La revolución industrial. 
El concepto se desarrolló entre 1920 y 1930. 
Antes, un empresario o sus suministradores de materia prima montaban su negocio con dinero familiar. 

Entonces los bancos (SIEMPRE LOS BANCOS)  les dijeron: "Amplíen su negocio, vendan más, yo les dejo el dinero".

Y lanzaron los créditos al consumo.
Y ya tenían controlado todo el ciclo de vida del producto. Pero querían más y decidieron acortar la vida de los productos. Así llegamos a los años setenta, en que el 80% de la riqueza del mundo se concentraba en el 20% de la población, esos que controlaban.

Ahora se la reparte un 7%.
Sí, bancos que tienen empresas y empresas que tienen bancos: las multinacionales, que hacen que los productos duren menos y se vendan más. El resultado es la explotación de los recursos de la Tierra y toneladas de residuos innecesarios que se están cargando el planeta.

Pero ahí está esa bombilla que lleva 111 años encendida.
Sí, en un parque de bomberos en Livermore (California). Decidí crear, junto con 22 ingenieros, una línea de iluminación aplicada a la tecnología led y contribuir a detener la locura de la obsolescencia programada.

Otros fabricantes lo intentaron.
Hay una decena de patentes de bombillas con más de 100.000 horas de uso (entre 60 y 70 años encendidas), pero nunca han llegado a salir al mercado. Hay una organización que controla a los fabricantes de bombillas; no es oficial, pero yo doy fe de que existe.

¿Por eso las comercializa por internet?
Las distribuidoras nos dicen que viven de las que se funden, y los grandes almacenes nos proponen duplicar su precio, a lo que nos hemos negado. Hemos tenido ofertas millonarias para no sacarla al mercado y amenazas de muerte, que están en manos de la policía.

¿Cuánto consume su bombilla?
Ahorra un 92% respecto a las bombillas incandescentes y un 68,42% respecto a las de bajo consumo. En España, las compañías eléctricas tienen que fabricar 47 millones de megavatios al año que dan servicio a toda la industria. A la iluminación general se destinan siete millones de megavatios.

Lo que fabrican las ocho centrales nucleares activas en España.
Sí, pero no es suficiente, hay que importar entre 6 y 7 millones de megavatios de Francia.

Carísimo.
Si utilizáramos una tecnología como la que propongo, nos los ahorraríamos. 
Estamos hablando de más de 20.000 millones de euros al año. Bombillas que GASTAN MENOS  porque trabajan con muy pocos grados de temperatura.

¿Cuánto duraría una lavadora o un frigorífico sin obsolescencia programada?
Entre 40 y 70 años, pero hay que utilizar los componentes electrónicos y materiales adecuados. He creado el movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada).

¿Qué espera de él?
Que se unan fabricantes conscientes de que crisis de endeudamiento como la que vivimos son evitables, y que podemos detener el crimen ecológico y la injusticia que provoca: todas esas materias primas que se extraen del tercer mundo a precios reventados les son devueltas en forma de basura.

Eso roza la inmoralidad.
Cambiar la manera de fabricar supone un cambio socioeconómico. 
El sistema está diseñado para comprar y tirar, fabricar barato, en China, y comercializar en Europa.

Si acabamos con el crecer por crecer, ¿acabamos con el mercado?
Muchos economistas dicen que la única forma de crear empleo es a través del crecimiento. Falso. Si creas un producto que dura mucho, tendrás un mercado de segunda mano y florecerán negocios de reparación.

Y haremos un bien al planeta.
Cuando competimos para conquistar mercados internacionales consumimos petróleo de forma innecesaria. 

¿Por qué importar electrodomésticos de Alemania si podemos hacerlos aquí? 

Eso encarece el producto y consumimos recursos innecesariamente.

¿Ha habido demandas?

Sí, un grupo de personas demandaron a Apple y ganaron al demostrar que sus iPod estaban fabricados con obsolescencia programada.


¿Ha servido de algo?
Prefieren pagar las demandas que dejar de fabricar con ese sistema. 
Las impresoras las programan introduciendo un chip contador: cuando llega un determinado número de copias deja de funcionar y comprar una nueva es más económico que repararla. Lo mismo ocurre con las calderas. De hecho, todos los componentes electrónicos los fabrican tres o cuatro empresas en el mundo.

¿Cómo desmontar esta locura del usar y tirar?
No serán los políticos, deben ser los ciudadanos quienes impulsen el cambio; pero no es tan difícil: tenemos las redes sociales y hemos de ponernos de acuerdo. ¡Intentémoslo al menos!


¿Crearía empleo el modelo de economía sostenible que propone desde su movimiento?
Sí se crearían puestos de trabajos porque las fábricas volverían a Europa al no interesar una producción rápida, sino de mejor funcionamiento. Además, si se fabricara con calidad, las materias primas se pagarían al tercer mundo y se reduciría la basura electrónica. Tampoco sería necesario que se trabajara tanto ni unos sueldos tan altos porque las necesidades de consumo serían mucho menores. Por otro lado, se crearía un mercado de segunda mano y de reparaciones que impulsaría el origen de nuevos puestos de trabajo.
Lavavajillas que dejan de funcionar a los seis años, ordenadores que dejan de encenderse, ropa gastada a los pocos lavados... ¿cómo se consigue que un producto dure menos?
Se manipulan los materiales para que tengan menor calidad. En los productos electrónicos, por ejemplo, se introducen semiconductores como el germanio, selenio o silicio que provocan que el punto de fusión se active al contacto con el calor y en consecuencia, el rápido deterioro desde el primer momento en que se utilice. Antes, los productos duraban más. En el futuro, los coches de hoy no podrán utilizarse para exhibiciones y carreras igual que en la actualidad lo hacemos con los automóviles clásicos de antes porque no durarán más allá de un determinado número de años.
¿Terminará por tener éxito un modelo productivo como el que propone?
Esto depende de personas como usted, de la Prensa en general. Los medios de comunicación suelen ignorar lo importante y dar portadas a un futbolista por el mero hecho de que esté triste.

¿Crearía empleo el modelo de economía sostenible que propone desde su movimiento?
Sí se crearían puestos de trabajos porque las fábricas volverían a Europa al no interesar una producción rápida, sino de mejor funcionamiento. Además, si se fabricara con calidad, las materias primas se pagarían al tercer mundo y se reduciría la basura electrónica. Tampoco sería necesario que se trabajara tanto ni unos sueldos tan altos porque las necesidades de consumo serían mucho menores. Por otro lado, se crearía un mercado de segunda mano y de reparaciones que impulsaría el origen de nuevos puestos de trabajo.
Lavavajillas que dejan de funcionar a los seis años, ordenadores que dejan de encenderse, ropa gastada a los pocos lavados... ¿cómo se consigue que un producto dure menos?
Se manipulan los materiales para que tengan menor calidad. En los productos electrónicos, por ejemplo, se introducen semiconductores como el germanio, selenio o silicio que provocan que el punto de fusión se active al contacto con el calor y en consecuencia, el rápido deterioro desde el primer momento en que se utilice. Antes, los productos duraban más. En el futuro, los coches de hoy no podrán utilizarse para exhibiciones y carreras igual que en la actualidad lo hacemos con los automóviles clásicos de antes porque no durarán más allá de un determinado número de años.
¿Terminará por tener éxito un modelo productivo como el que propone?
Esto depende de personas como usted, de la Prensa en general. Los medios de comunicación suelen ignorar lo importante y dar portadas a un futbolista por el mero hecho de que esté triste.
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    Hugo Pardo Kuklinski, Profesor de Comunicación Digital la Universidad de Barcelona: "La obsolescencia se ha convertido en una realidad que no podemos obviar" 

    Nuestro primer ordenador nos duró casi diez años, el segundo se alargó a seis y el siguiente lucha por mantenerse útil después de los tres. Algo parecido pasa con los televisores y los smartphones: todo parece quedarse obsoleto a marchas forzadas y quedan lejos los tiempos en que un frigorífico podía durar veinte o treinta años. ¿Cuál es la razón de que suceda esto? Según Hugo Pardo Kuklinski, profesor de Comunicación Digital la Universidad de Barcelona y autor de diversos libros sobre economía, consumo y nuevas tecnologías, la obsolescencia de los objetos se ha acelerado y es un proceso imparable. El único modo de combatirla, dice, es tenerla en cuenta como un factor más en la decisión de compra.

    ¿Cree que ha existido alguna vez una obsolescencia planificada como una trama perversa de las empresas?
    Creo que hay un toque de perversidad en limitar la vida de un dispositivo, pero no estoy seguro de que sea una práctica extendida ni que tenga una intencionalidad clara, sino más bien creo que es la consecuencia de varios factores. Es verdad que a veces nos da la sensación de que por su apariencia un móvil, un ordenador o una cámara podría haber durado más. Sin embargo, por qué nos decimos siempre esto al final de la vida del aparato y no en su inicio. 



    ¿A que se refiere?
    Al momento de la compra. ¿Por qué no nos preguntamos al adquirir un ordenador cuánto tiempo nos funcionará con fluidez en función de su memoria RAM o de su procesador? Si lo hiciéramos, tal vez preferiríamos pagar un poco más y tener otro aparato con componentes que nos alarguen su vida dos o tres años más. Con esto quiero decir que evitar la obsolescencia de los aparatos también es responsabilidad del consumidor. 



    ¿Entonces cree que existe una obsolescencia planificada en el mundo de las tecnologías de la información y el conocimiento?
    Creo que los fabricantes producen aparatos para que hagan un servicio, pero les dan unas condiciones de durabilidad que son acordes con su proyecciones económicas. En este sentido sí creo que hay una obsolescencia planificada, pero más bien determinada por lo que es viable y lo que no lo es desde el punto de vista económico, No podemos pedirle a una empresa que sacrifique su viabilidad para evitar la obsolescencia de un aparato. 



    No se puede afirmar que un ordenador con tres años de vida sea viejo. Sin embargo, sí se puede decir que cada vez es menos eficaz a la hora de gestionar los distintos programas. ¿Se puede hablar de obsolescencia funcional?
    Sí, pero motivada por la revolución innovadora que vivimos. La innovación crece en una curva exponencial y los fabricantes de hardware casi van por detrás. No podemos parar la innovación porque es progreso. 



    Entonces, ¿qué se puede hacer?
    Ser más responsables en nuestro consumo. Podemos comprar objetos más caros pero pensados para durar más, por ejemplo entre varias personas. Se comparten coches, sofás, oficinas: ¿por qué no compartir ordenadores, impresoras o cámaras fotográficas? 



    Pero los teléfonos de gama alta ya rozan los 700 euros y también están afectados por la obsolescencia funcional. No podemos gastar esa cantidad cada dos años...
    Quizá no sea necesario tanto. Desde el 3G se han comercializado cuatro versiones más de iPhone. Yo, por ejemplo, pasé del 3G al iPhone 4 y de momento me siento satisfecho. Cuando cambie de teléfono lo haré pensando en términos de durabilidad. 



    Sin embargo, el desarrollo acelerado de nuevas aplicaciones y tecnologías pesa en la obsolescencia de los aparatos de consumo digital, ¿no cree?
    Estoy de acuerdo en que hay que reconocer esta situación y que incluso a veces puede que haya intencionalidad de las empresas detrás de ella, pero la solución no es decir: "detengan la innovación, detengan la economía y hundan sus negocios porque queremos luchar contra la obsolescencia" . La solución pasa por tener en cuenta este factor cuando compramos un televisor o un ordenador. Antes los aparatos duraban veinte años, ahora tal vez cinco con suerte. 



    ¿Se ha convertido la obsolescencia en un problema?
    Se ha convertido en una realidad que no podemos obviar. Cuando publiqué Geekonomía habían pasado dos años desde que escribí el libro, y ahora hace ya dos años que salió; está en algunos aspectos obsoleto y muchos lectores me piden que lo actualice. Yo lo escribí pensando en un ciclo que se ha acortado por muchos factores que eran imposibles de controlar por mi parte. Las TIC lo han acelerado todo. 



    ¿No cree que es denunciable que un televisor que puede haber costado más de 1.000 euros esté fuera de juego en tres años?
    Creo que estas situaciones acabarán por tener una respuesta por parte de sus consumidores. El hecho de que el ciclo de vida se acorte en los productos tecnológicos también comporta que la fidelidad de los usuarios a una marca sea mucho más efímera que antaño. Si las empresas juegan sucio, perderán a sus usuarios de golpe. En cambio, si son honestas y transparentes recibirán nuestra recompensa. 

    http://revista. consumer. es/web/es/ 20130301/ entrevista/ 77057.php