"La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira" ------ J.L.Revel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
"El poder militar o monetario tienen fuerza, pero la fuerza definitiva la tiene la opinion publica, de ahi que haya que manipularla desde que nace"
Nietzsche , Stefan Zweig, Walter Benjamin, George Steiner, Rousseau, Erasmo, Jacques Derrida, Emilio Lledo o a toda la ralea de los Premios Principe de Asturias de Humanidades ...A George Steiner, ....enfin toda esa basura que llaman POSTMODERNIDAD
Mejor lee a Quevedo, Benito Jerónimo Feijoo, ...El Quijote, La lozana Andaluza de Francisco Delicado, a Pedro Sánchez de Acre fl. 1590 ....etc. etc..
Nacido
en Corea del Sur y formado en Alemania, es el pensador de referencia
del nuevo milenio y el que critica con mayor dureza los vicios de la
sociedad digital: de la dependencia de las redes al atracón de series.
Cada uno de sus libros, todos publicados en español por
Herder, ha servido para dibujar con precisión los contornos de la sociedad digital que nos habita:- La explotación ha devenido autoexplotación (La sociedad del cansancio), - El infierno de lo igual ha aniquilado el verdadero sentido del otro (La agonía del Eros), - La represión ha sido sustituida por el exceso de información y de placer (La expulsión de lo distinto), y - El entretenimiento ha sido absorbido por la imperiosa necesidad de producir ...de "emprender"(aquí, su último y fulgurante ensayo Buen entretenimiento). Y así.
Tratamos de matar el tiempo a base de entretenimientos cutres que aún nos entontecen más.
"El ocio se ha convertido en un insufrible
no hacer nada"
entrevista: Su último libro, 'Buen entretenimiento', recuerda al trabajo de Neil Postman 'Divertirse hasta morir. El discurso público en la era del show business'. Pero Postman tiene una visión mucho más apocalíptica que la de usted y supone que la necesidad que tenemos de entretenernos ha destruido nuestra capacidad de reflexionar.¿Se muestra dispuesto a compartir la misma tesis?
Mi libro Buen entretenimiento no es apocalíptico. En él me refiero al juego. Bajo la presión de tener que trabajar hoy nos hemos olvidado de cómo se juega. El ocio sólo sirve hoy para descansar del trabajo. Para muchos el tiempo libre no es más que un tiempo vacío, un horror vacui. El estrés, que cada vez es mayor, ni siquiera hace posible un descanso reparador. Por eso sucede que mucha gente se pone enferma justamente durante su tiempo libre. Esta enfermedad se llama leisure sickness, enfermedad del ocio. El ocio se ha convertido en un insufrible no hacer nada, en una insoportable forma vacía del trabajo. Incluso el juego ha sido absorbido hoy por el trabajo y el rendimiento. El trabajo se ludifica. Es decir, las ganas que todos tenemos de jugar se ponen al servicio del trabajo, que las explota y saca partido de ellas. Suponiendo que aún quede un entretenimiento al margen del trabajo, se ha degradado a una mera desconexión mental, que es cualquier cosa menos buen entretenimiento. Tenemos la tarea de liberar el juego del trabajo.La sociedad futura será una sociedad del juego. Si nos acabamos convirtiendo en una sociedad del entretenimiento, o del juego, sin trabajo, ¿no habría que reinterpretar entonces el mismo concepto de tiempo?
El tiempo laboral se ha totalizado hoy convirtiéndose en el tiempo absoluto. Realmente deberíamos inventar una nueva forma de tiempo. Si resulta que nuestro tiempo vital o la duración de nuestra vida coincide por completo con el tiempo laboral, como en parte está sucediendo ya hoy, entonces la propia vida se vuelve radicalmente fugaz. Yo contrapongo al tiempo laboral el tiempo festivo. El tiempo festivo es un tiempo de ociosidad, que hace posible recrearse y permite una experiencia de la duración.El tiempo festivo es un tiempo en el que la vida se refiere a sí misma, en lugar de someterse a un objetivo externo. Deberíamos liberar la vida de la presión del trabajo y de la necesidad de rendimiento.De lo contrario la vida no merece la pena vivirla. ¿Lo contrario de la sociedad del entretenimiento sería una sociedad del 'sano' aburrimiento? ¿Puede el aburrimiento ser sano?
Lo contrario de la sociedad del juego es nuestra sociedad del rendimiento, nuestra sociedad del cansancio, en la que cada uno se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que así se está autorrealizando. Nos matamos a base de autorrealizarnos.Nos matamos a base de optimizarnos. Pero el hombre no es un homo laborans, sino un homo ludens. El hombre ha nacido para jugar, no para trabajar.Aunque sea volver a argumentos ya analizados en sus obras, ¿cómo explica usted el éxito actual de lo más entretenido del mundo del entretenimiento: las series de televisión?
Esa es una cuestión interesante. Me gustaría explicarla filosóficamente. Nuestra capacidad perceptiva ha perdido hoy la capacidad de demorarse en algo. Nuestra percepción asume una forma serial. Se apresura de una información a la siguiente, de una sensación a la siguiente, sin llegar nunca a un final. Se produce un consumo sin fin. Las series gustan tanto hoy porque responden a nuestros hábitos seriales. En el nivel del consumo mediático eso conduce al binge watching o atracón de televisión, al visionado bulímico. El visionado bulímico se ha convertido hoy en el modo de percepción generalizado. El régimen neoliberal intensifica los hábitos seriales para hacernos producir más, para forzarnos a un consumo mayor. Matamos el tiempo con entretenimiento cutre que nos entontece. El ocio es una forma vacía del trabajo ¿Qué opinión le merecen los movimientos hedonistas que reivindican el placer de lo lento como 'slow-food' frente a 'fast-food'? ¿Son realmente revolucionarios?
La actual crisis del tiempo no radica en la aceleración, que podría solucionarse con estrategias de desaceleración, como por ejemplo slow food o yoga. A la actual crisis del tiempo yo la llamo "discronía". El tiempo carece de un ritmo que ponga orden, carece de una narración que cree sentido. El tiempo se desintegra en una mera sucesión de presentes puntuales. Ya no es narrativo, sino meramente aditivo. El tiempo se atomiza. En un tiempo atomizado tampoco es posible una experiencia de la duración. Hoy cada vez hay menos cosas que duren y que con su duración den estabilidad a la vida. El tiempo ha perdido hoy su fragancia. A la civilización actual le falta sobre todo vida contemplativa. Por eso desarrolla una hiperactividad, que le quita a la vida la capacidad de demorarse y recrearse. Ya no es posible experimentar un tiempo pleno. A causa de esta falta de tranquilidad nuestra civilización se está tornando una barbarie. Me intriga cuál es su relación personal con el mundo digital que usted tanto critica. ¿Utiliza usted Facebook, Twitter o Instagram?
No es cierto que yo demonice el medio digital. Como todos los medios, también el digital tiene un potencial emancipador. Da más libertad. Pero lo que sí me parece muy problemático es que esta libertad se torne hoy de muchas maneras una coerción.Hay una coerción de comunicación a la que estamos sometidos. Y los medios sociales han influido muy negativamente en la comunicación. La comunicación digital es a menudo muy emocional. Twitter ha resultado ser un medio emocional. Permite descargar inmediatamente las emociones. La política que se basa en él es una política emocional, que ya no es política en sentido propio. Kant proscribió los impulsos emocionales de la esfera moral. La moral es, como la política, cosa de la razón, que se opone a las emociones. No se puede enseñar moral por Twitter. Si yo critico los medios digitales es sobre todo porque generan una ilusión de libertad.
El narcisismo y exhibicionismo exacerbados por la “sociedad virtual” del siglo XXI amenazan con la desaparición del Eros.
¿Están en peligro de extinción el misterio, la fantasía, el amor, el erotismo, incluso la protesta política?
La proclamación neoliberal de la libertad se manifiesta en realidad como un imperativo paradójico: sé libre.
Domina una economía de la supervivencia en la que cada uno es su propio empresario.
El neoliberalismo, con sus desinhibidos impulsos narcisistas del yo y del rendimiento, es el infierno de lo igual, una sociedad de la depresión y el cansancio compuesta por sujetos aislados.
Los muros y las fronteras ya no excitan la fantasía, pues no engendran al otro. Dado que el Eros se dirige a ese otro, el capitalismo elimina la alteridad para someterlo todo al consumo, a la exposición como mercancía, por lo que intensifica lo pornográfico, pues no conoce ningún otro uso de la sexualidad. Desaparece así la experiencia erótica.
En los años 80 todo el mundo se echó a la calle a protestar contra la elaboración del censo de población. Incluso pusieron una bomba en una oficina de empadronamiento. La gente pensaba que tras la elaboración de un censo de población había un Estado policial que les coartaba la libertad y les sonsacaba informaciones contra su voluntad.
Sin embargo, el cuestionario para el censo de población sólo contenía datos muy inocuos, como el nivel de estudios o la profesión. Por Facebook o Instagram revelamos hoy voluntariamente una enorme cantidad de informaciones personales, incluso detalles íntimos. Y al hacer eso nos sentimos libres, aunque en realidad estamos totalmente controlados.¿Puede haber una forma razonable de utilizar las redes sociales?
Podemos utilizar razonablemente los medios sociales con objetivos políticos. Gracias a ellos nos podemos interconectar y actuar en común. Pero los medios sociales están totalmente privatizados y sometidos a egoísmos. Nos desnudamos en ellos para así satisfacer nuestro narcisismo. La comunicación digital es hoy una comunicación sin comunidad. Deberíamos politizar los medios sociales. Deberíamos convertirlos en un espacio público en el que nos olvidáramos de nuestro ego y apostáramos por intereses comunes. ¿Cree usted posible un mundo digital distinto, que no sea egoísta ni narcisista?
No es la digitalización la que nos hace narcisistas. Ella se limita a intensificar el narcisismo que ya hay. La comunicación digital estuvo dominada en sus comienzos por ideas utópicas. El creciente narcisismo es un gran peligro para nuestra sociedad. La forma de producción neoliberal intensifica el narcisismo.
Hoy cada uno es empresario de sí mismo. Cada uno se realiza a sí mismo. Cada uno se produce a sí mismo.Cada uno venera el culto, la liturgia del yo en la que uno es sacerdote de sí mismo.
Ya no somos capaces de un nosotros, de una acción común. Incluso el actual culto a la autenticidad hace que la sociedad se vuelva narcisista.
El narcisismo hace que se pierda el eros en la cultura. Invertimos todas las energías libidinosas en el ego. La sobreacumulación narcisista de libido de ego nos pone depresivos y genera sentimientos negativos, como la angustia. Freud aplicó su teoría de la libido también a la biología. Las células que se comportan de forma narcisista, es decir, que carecen de eros, son peligrosas para el organismo. Para la supervivencia del organismo son indispensables justamente aquellas células que se comportan de forma altruista e incluso se sacrifican por otras. Freud atribuye la libido del yo al impulso de muerte. La acumulación narcisista de libido del yo es mortal tanto para el organismo como para la sociedad. Sólo nos cabe aguardar que el eros regrese a nosotros. El eros es lo único que nos permitiría superar la depresión.
El sistema está enfermo. Hay que combatirlo, en lugar de tratar inútilmente de remediar los síntomas Toca mirar alrededor. ¿Cree que movimientos como el de los 'chalecos amarillos' obedecen a una reacción al sistema económico global?
De las protestas de los chalecos amarillos me llama la atención que no sólo no tienen dirigentes, sino tampoco visiones.Se quejan de esto y de lo otro, pero no formulan ninguna visión. No dicen en qué sociedad quieren vivir. La causa de las protestas no fue el descontento con el neoliberalismo o con la desigualdad social, sino la nueva ecotasa al diésel. Se constata mucho enojo, pero no una ira ni una cólera que ponga en cuestión el sistema dominante y le oponga la visión de un mundo mejor.Evidentemente el sistema neoliberal actual ha reducido nuestro horizonte político. Ya no tenemos una visión. Lo que los chalecos amarillos visibilizan no son más que síntomas. Se limitan a exigir la desaparición de los síntomas. Pero la verdadera causa de los síntomas sigue intacta. El propio sistema está enfermo. Hay que combatir el propio sistema, en lugar de tratar inútilmente de remediar los síntomas. Para terminar, ¿cree que la Historia de la Filosofía debería formar parte de los programas educativos? Se lo pregunto porque aquí en España la eliminaron hace poco como asignatura obligatoria en el último curso de bachillerato.
Hoy se elimina todo lo que no reporta un provecho inmediato, es decir, económico.
Se renuncia a la formación integral a cambio de la formación profesional.
Renunciar a la filosofía significa renunciar a pensar.
La filosofía es un pensamiento meditativo, que se distingue del pensamiento calculador. Hoy el pensamiento se asimila cada vez más al cálculo.
El pensamiento calculador da continuidad a lo igual. La palabra alemana para meditar, sinnen, "darle vueltas a algo", significa originalmente "viajar".
Por tanto, en un sentido enfático pensar es dar vueltas, viajar.
Es estar en camino hacia otro lugar.
El pensamiento meditativo y filosófico es el único capaz de engendrar algo totalmente distinto. Hoy vivimos en un infierno neoliberal de lo igual.
Para este infierno de lo igual resulta un peligro el pensar, la filosofía, porque interrumpe lo igual a favor de lo totalmente distinto, es más, a favor de una forma de vida totalmente distinta.
Por eso es precisamente en el infierno de lo igual donde habría que introducir la filosofía como asignatura obligatoria, en lugar de eliminarla.
De lo contrario sólo prosigue lo igual.
La revolución empieza con el pensamiento. La filosofía es la comadrona de la revolución
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MAS SOBRE EL TEMA:
Sus obras La agonía del Eros, La sociedad del cansancio, La expulsión de lo distinto, En el enjambre, Sobre el poder, La sociedad de la transparencia, El aroma del tiempo, Psicopolítica, Topología de la violencia, etc. (todas ellas editadas por Herder) han cautivado a gente muy diversa en todas las lenguas, atraídos por las críticas del autor al individualismo, el capitalismo y las nuevas tecnologías.
1 Los filósofos a los que descubrió y amó. Byung-Chul Han nació en Seúl (Corea del Sur), donde estudió ingeniería mecánica. Pronto decidió que aquello no era lo suyo, y engañando a su familia (cuya presión y autoridad no aceptaba), tomó la decisión de marcharse a estudiar a Alemania, pese a no saber una palabra del idioma. Allí decidió estudiar lo que de verdad le llamaba, lo propio de su naturaleza romántica: Literatura. Él mismo reconoce que nunca había oído hablar de filosofía y que filósofos como Heidegger (sobre quien después realizó su tesis) o Edmund Husserl eran para él personajes totalmente desconocidos. Pero al descubrirlos cayó en su embrujo y estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Teología y Literatura en la Universidad de Múnich. Hoy es profesor en la Universidad de Berlín, donde dirige el programa de estudios generales.
2 Su filosofía es tan seguida como criticada. Su pensamiento es un maremágnum en el que esclavitud y libertad, pasión y represión, sexo y amor se confunden y mezclan en intrincadas conexiones que, además, inciden unas en otras. “La sociedad del cansancio”, editada por Herder, una de las obras más famosas de Han. Es este un fenómeno que Han atribuye principalmente al liberalismo, que ha llevado a la sociedad a un paisaje patológico de trastornos neuronales tales como la depresión, el déficit de atención, la hiperactividad o el síndrome de agotamiento crónico (burnout, literalmente agotamiento, “estar quemado”). Todas estas alteraciones están causadas no por un trastorno inmunológico, sino que son consecuencia de un exceso de positivismo. La mentalidad del trabajo que establece el capitalismo, la libre competencia, la productividad, la creación de riqueza, destruye a los ciudadanos, provocando “depresiones y cáncer” y que tiene el dudoso honor de haber conseguido el imposible, esto es, que el trabajador sea su propio explotador, exigiéndose cada vez más. Una esclavitud sin dominio.
4 Totalitarismo invisible. Es este sistema un modelo nuevo y ajeno al que ha existido en la historia previa. Si el comunismo y el fascismo eran movimientos que coaccionaban al individuo a base de la fuerza externa, el capitalismo se ha convertido en un sistema totalitario que aplica la fuerza internamente.
Para Han, la mentalidad del trabajo que establece el capitalismo, la libre competencia, la productividad, la creación de riqueza, destruye a los ciudadanos Pese a lo que indican los datos (la violencia ha ido bajando con los años), Han defiende que esta sólo se ha transformado. Ya no son necesarios los genocidios y grandes masacres, porque se ha inventado un sistema nuevo, mucho más sutil. La guerra ya no es la herramienta, sino la violencia sistémica, anónima, no revelada. Y la ejerce el propio individuo contra sí mismo. Un nuevo concepto inventado por Han que funciona a través de la libertad individual, que se traduce en esclavitud. La expresión de las propias ideas es para él, en realidad, una mordaza, y la violencia ya no es externa, sino que es interiorizada, por lo que no se puede luchar contra ella.
5 Individualismo. El gran problema de la sociedad, y que nace del liberalismo (cuya principal característica es anteponer los derechos del individuo sobre los del colectivo), es el egoísmo. La gente sólo vive en torno a sí misma y ha perdido sus valores de vivir “para los demás”. Miramos únicamente por lo que nosotros queremos y luchamos por alcanzar nuestros objetivos particulares. Y son precisamente esos hábitos, en opinión de Han, el origen de todos los problemas que tenemos. La única cura es cambiar ese sistema y recuperar la mirada receptiva hacia la realidad del otro. Vivir para los demás –esperando que los demás vivan también por nosotros, obviamente–. Sólo acabando con nuestro narcisismo podremos evitar los males que nos asolan. 6 Hipertransparencia. La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente expuesta. Esto es el resultado de la norma cultural creada por el capitalismo, que nos impulsa a la divulgación voluntaria de nuestra información. Un sistema nocivo en el que la transparencia no es en modo alguno una virtud, sino un arma para que nos abramos de par en par a expensas de valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad. La exposición hasta el exceso (que tilda de “pornográfica”) convierte todo en mercancía. Todo ha de ser entregado desnudo, sin misterios, listo para ser consumido de inmediato. Y esto mata el placer, pues este exige cierto ocultamiento. No todo ha de ser comprendido, no todo ha de estar disponible, no todo tiene por qué gustarnos. Esto es también consecuencia del capitalismo, cuya mercantilización de la vida es inherente a sí mismo, matando el secreto y el misterio que ineludiblemente acompañan los trances más importantes de la existencia. 7 La agonía del Eros. Esta hipertransparencia es especialmente peligrosa en lo que al sexo y el amor se refiere. Vivimos en una sociedad tan sexualizada –pornografía, publicidad, promiscuidad, exhibicionismo (todos resultados de la transparencia)– que ha terminado matando al amor, al erotismo, al deseo. Y puesto que el pensamiento, en opinión de nuestro autor, se basa en la oposición –en el deseo de lo que no entendemos–, esta agonía del Eros es, en realidad, una agonía del propio pensamiento. 8 Hipercomunicación. También relacionado con el punto anterior. Internet, las redes sociales y, en general, toda la revolución digital han transformado y corrompido el fundamento de la sociedad. Existimos como un enjambre digital de individuos aislados, sin acción colectiva, sin sentido. Hemos generado una hipercomunicación que destruye el silencio, viviendo en un ruido constante que nos aturde y que nos impide cuestionarnos el orden establecido en que vivimos, el ya citado totalitarismo invisible.
Existimos como un enjambre digital de individuos aislados, sin acción colectiva, sin sentido, en un ruido constante que nos aturde 9 Críticas a su filosofía. Todas estas cuestiones han contado con múltiples detractores. Que Han –curiosamente, alguien que se estableció en Europa para disfrutar de la libertad que no tenía en la hermética sociedad coreana– traduzca la libertad en esclavitud suena a novela de George Orwell (“La libertad es esclavitud, la guerra es la paz, la ignorancia es la fuerza”, lema del partido Ingsoc en 1984). Todos los problemas que identifica el autor son culpa de la libertad alcanzada por la humanidad: libertad para expresarse, para relacionarse, para innovar. Las redes sociales, una herramienta que ha puesto en conexión a millones de personas en todo el mundo, se descubren como algo apuesto, que margina y aísla al individuo. El sexo, libre y banalizado, alejado del yugo al que lo sometió la historia y la moral religiosa, es malo porque destruye el amor. La libertad para trabajar, para comprar, para movernos y alcanzar nuestras metas es esclavitud. “La sociedad de la transparencia”, de Han, publicado por Herder.10 Las preguntas que su pensamiento provoca. ¿La gente ya no se relaciona? ¿Ya no se ama? ¿No debería poder alcanzar el límite de sus capacidades? ¿No tiene derecho a vivir su vida como quiera vivirla? Estas opciones que Han critica son nuevas formas de interacción a disponibilidad de los seres humanos, quienes libremente pueden decidir qué hacer al respecto. Han achaca al capitalismo el ser un movimiento totalitario violento y silencioso, cuya mayor atrocidad es su la que suele catalogarse como su principal virtud: la libertad y el derecho del individuo. No son pocos los que se preguntan qué es entonces el sistema que defiende, pues todos los movimientos totalitarios que han existido han llegado de concepciones colectivistas, opuestas al individualismo. No pasa inadvertido que precisamente esos regímenes que anulan el individualismo hayan pasado a la historia como los más terroríficos y crueles. La posición de Han, contraria a esa idea de libertad, es vista con recelo en el mundo. Otro aspecto que se critica de su filosofía es la aparente incapacidad que tienen las personas para vivir, pensar, tomar decisiones. De sus páginas se extrae una idea del ser humano como un robot, mutilado mentalmente, que no cuenta con voluntad propia alguna y que está totalmente supeditado al sistema opresor en el que está inmerso. Nos habla de sociedad del cansancio, de la hipertransparencia, de la autoviolencia… ¿Acaso no tenemos responsabilidad sobre nuestras vidas? ¿Estamos sujetos a un destino imposible de alterar? ¿No decidimos nosotros mismos si hacemos horas extra, subimos fotos a Facebook, compramos un producto o decidimos si queremos una relación seria o casual? ¿Somos tan borregos? Estas y muchas otras reflexiones son las que giran en torno a la obra del popular filósofo surcoreano, que ha conseguido atraer hasta sus libros tanto a aquellos que creen a pies juntillas sus planteamientos como a los que no ven más que fisuras en los mismos. Sea como fuere, no ha dejado a nadie indiferente y si quieres posicionarte no te queda más opción que esta: leerlo. Sólo así podrás decidir de qué lado estás.
“La expulsión de lo distinto”, de Byung-Chul Han
Cuántos
padres se endeudan para poder llevar a sus hijos a Disneyland después
de hacer la comunión, o comprarles un teléfono móvil de última
generación para que puedan chatear durante todo el día con sus amigos.
Lo hacen no porque quieran, o porque puedan, o porque les parezca bien.
Lo hacen para evitar que sus hijos sean señalados en su colegio, en su
barriada. Temen que eso, el hecho de que no tengan algo que tiene todo el mundo, les diferencie. Son prisioneros del terror de lo igual. Hacemos lo que hacemos, vivimos como vivimos porque todo el mundo lo tieneo todo el mundo lo haceo todo el mundo lo compra.
Esto que ocurre actualmente es distinto a lo que pasaba no hace mucho.
Recuerdo en mi infancia cuando le decía a mis padres que quería esto o
aquello porque un amigo lo tenía; éstos me respondían con la consabida
fórmula: “Si tu amigo se tira por un puente, ¿tú también vas a
tirarte?”. Había una resistencia, una presión externa,
unos distingos. Eran tiempos en los que seguramente primaba todavía la
negatividad: la era inmunológica de la que ha hablaba Foucault.
Byung-Chun Han pone sus propios ejemplos en La expulsión de lo distinto.
Cuántas personas viven centradas en los “atracones de series” (p. 10),
cebadas como ganado consumiendo vídeos y películas sin límite, porque
todo el mundo lo hace. Cuántas personas viajan por el mundo sin
experimentar nada. Todos iguales, preocupados de hacerse fotos y selfiespara luego colgarlos en redes sociales esperando el me gustade
sus contactos. Cuántas personas entran en Facebook y sólo se relacionan
con otras personas que son iguales a él o ella, que piensan igual que
él o ella, pasando de largo de los desconocidos y de gente que piensa de
manera distinta.
Este es el mundo donde impera elterror de lo igual. El argumento completo de Han es que no hay nadie detrás empujando a hacer este tipo de cosas: es uno mismo. La presión viene desde el propio interior del sujeto. Como puede leerse en otro de sus opúsculos (La sociedad del cansancio)
es el propio sujeto del rendimiento el que se aprieta a sí mismo, el
que se fuerza hasta la extenuación. Eliminado lo otro también queda
eliminado el otro explotador. Como sabemos, el análisis de Han no es de
corte marxista-dickensiano: es el sujeto el que “se muele a palos o se
asfixia a sí mismo” (pp. 9-10). Es autodestrucción.
Han desarrolla así un análisis de los
males de nuestro tiempo y de nuestra cultura. Lo expuesto anteriormente
es un botón de muestra de lo que puede leerse en La expulsión de lo distinto. Este pensador dedica su filosofía a la crítica dela fase más actual y reciente del capitalismo.
A lo largo y ancho de una serie de pequeños ensayos ha ido lanzando un
conjunto compacto de tesis relacionadas con la cultura, el arte, la
comunicación, el sujeto y las relaciones sociales, etc. Es este sentido,
La expulsión de lo distinto (2017), que centra su análisis y
reflexión en la alteridad, encaja perfectamente en este conjunto de
pensamientos y temáticas que he denominado “Saga de la Sociedad
Positiva”.
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“Los
tiempos en los que existía el otro se han ido” (p. 9). Con esa frase
comienza Han su libro. No dice nada y lo ha dicho todo. En las restantes
ciento y pico de páginas aborda, con su peculiar estilo provocador de
críticas claras y frases cortas y concisas, las diversas formas de la pérdida o eliminación de la alteridad en nuestro tiempo.
De nuevo lo vemos en diálogo con otros filósofos (en este volumen
destacan Heidegger, Baudrillard, Levinas, Adorno, Handke o Canetti,
entre otros), añadiendo ejemplos de la literatura, el cine y las artes
plásticas (la poesía de Celan, El extranjerode Camus, 1984de Orwell, Anomalisade Charlie Kaufmann, La ventana indiscretade Hitchcock, las esculturas de Koons, etc.) y expresiones culturales contemporáneas (binge watching[atracones], shitstorms[linchamientos digitales], selfies, etc.).
En el capitalismo neoliberal y la revolución digital vivimos en el reino de lo igual. Uno de los elementos principales que hace a este mundo tal y como es el terror a lo distinto. Y de los nuevos terrores nacen nuevas violenciasque
empezamos a vislumbrar pero que todavía no somos capaces de comprender
completamente. El capitalismo, por ejemplo, niega la autonomía material
del cuerpo, imponiéndole una marca. Somos ganado humano marcado a fuego.
El cuerpo es una cosa, un objeto, una mercancía a la que hay que sacar rendimiento.
El complejo problema que plantea Han es que el capitalismo neoliberal
convence al sujeto para que sea él mismo el que se explote, para que se
aliene a sí mismo sin necesidad de presión.
Asistimos a la expulsión y a la
eliminación de lo otro-distinto pero sin usar la represión. Esto
convierte este tiempo en una singularidad destacable. El Poder para conseguir lo que quieren ya no necesita oprimir, ni reprimir, ni censurar, ni restringir. Han no está diciendo que se haya terminado la violencia. La violencia actúa como siempre, para nuestra desgracia, pero con otro plan de ataque. Igual que hicieron los aqueos con los troyanos, el Caballo de Troya que nos entregaron fue el de la libertad. El actual Poder ya no teme la libertad. Y es que de la libertad ya no surge ningún contrapoder,
no surgen alternativas competentes que pongan en peligro su hegemonía.
Somos la sociedad más libre que haya existido nunca jamás en toda la
historia de la Humanidad. Y, seguramente, nunca antes un poder
hegemónico controló a una Humanidad tan dócil como la de ahora. Cuando
la revolución digital se lanzó ese Poder se guardó un as en la manga: hipertrofiar el ego del ser humano medio.
Éste usa esa libertad para elegir la marca de su móvil, a qué video de
gatitos da el “me gusta”, vender la ropa que no usa en una plataforma
digital o decidir contra quién dirige su indignación en las redes
sociales. El narcisismo y la desaforada manifestación de pasiones, a
través de internet y las redes sociales, hacen imposible una
contra-respuesta racional y adecuada al Poder.
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El
rechazo a la alteridad no sólo puede verse, dice Han, en la
comunicación de las redes sociales o en la autoalienación en pos del
rendimiento. En acontecimientos globales muy recientes puede verse este
intento denodado de eliminar al otro y a lo distinto del mundo:
el auge de los nacionalismos étnicos en Europa, la crisis de los
refugiados en el Mediterráneo y la frontera de México y EEUU, el avance
de la xenofobia defendida por políticos de inmensa relevancia (Trump,
por ejemplo), etc.
Y ¿qué hacer?, entonces. La alternativa que propone Han a este obligado statu quode
negación de la alteridad no difiere mucho de las propuestas que
aparecen en sus otros opúsculos. Si la gente espera algún tipo de
manifiesto grandilocuente, Han será decepcionante; leerá sus argumentos y
no entenderá nada. La pragmática que propone Han es siempre orientadora e individual.
Han no habla a las masas, ni al conjunto de la sociedad para que ésta
haga una nueva revolución. Dudo mucho que Han quiera cambiar el sistema,
pero tengo gran seguridad en que lo que quiere realmente y busca son cambios personales,
que haya cada vez más gente que se dé cuenta de todos los elementos del
propio sistema que hemos interiorizado para, poco a poco, ir acabando
con ellos. Por eso su alternativa a esta destrucción de lo otro-distinto
les suena a muchos como acción minimalista. Frente a lo mismo ir
buscando lo otro, frente a lo igual ir buscando lo distinto, frente a la
cercanía buscar la lejanía, frente a la xenofobia ofrecer hospitalidad;
y así sucesivamente. Esto que a muchos les parece una perogrullada
insuficiente se consigue, dice Han, mediante una ética de la escucha, un reencuentro amistoso y amoroso con el otro y una recuperación del arte que nos llene de asombro.
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Byung-Chul Han: «Hoy no se tortura, sino que se "postea" y se "tuitea"»
El
surcoreano Byung-Chul Han es la nueva estrella de la filosofía. Sus
ensayos son auténticos «best sellers» que llevan meses en nuestra lista
de más vendidos. Afirma que ha seguido en su vida, sin saberlo, el
significado de su nombre
Actualizado:Nacido
en Seúl, la capital de Corea del Sur, en 1959, Byung-Chul Han engañó a
sus padres: les dijo que iba a proseguir sus estudios de Metalurgia en
Alemania, pero en realidad fue persiguiendo una pasión que, reconoce,
estaba inscrita en su nombre: «El símbolo chino para ‘Chul’ significa,
según el sonido, ‘hierro’ o ‘metal’, pero, según el sentido, también
‘luz’. En coreano filosofía significa ‘Chul-Hak’, es decir, ‘ciencia de
luz’. De esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi
nombre».
Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y
Literatura alemana y Teología en la de Múnich. Profesor de Filosofía y
Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín, lo último
que ha publicado en España, y en Herder, la misma editorial que sus
anteriores cuatro libros, es Psicopolítica,
en el que dirige su mirada crítica «hacia las nuevas técnicas de poder
del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique,
convirtiéndola en su mayor fuerza de producción».
Siguiendo la
pauta establecida por sus primeros ensayos, como La sociedad del
cansancio y La agonía del Eros, Byung-Chul Han hace hincapié en que la
psicopolítica recurre a un «sistema de dominación que, en lugar de
emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente
(smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al
entramado de dominación». Al cabo de media hora, Byung-Chul Han mirará por primera vez el relojNo
es nada fácil concertar una entrevista con el filósofo coreano con
coleta y cazadora de cuero, que descarta ser fotografiado «porque hay
poca luz» y «hay demasiadas fotos [suyas] en la red». Con la ayuda de su
editor español, que estudió el terreno como si se tratara de un
hipersensible campo de minas, el autor de La sociedad de la
transparencia accedió a que nos viéramos en el café de Berlín en el que
suele citarse con los plumillas: el Liebling.
El café amoroso. Un café de tonos blancos, ruidoso, con música
ambiente, poca luz y perfectamente inadecuado para una entrevista, y
menos para una entrevista con un filósofo. Llega puntual y enseguida se
da cuenta de su error. Le proponemos trasladarnos a la acera de
enfrente, donde un desierto restaurante italiano (el D’Angelo), que bien
podía haber servido de decorado para un episodio de El Padrino. Él se
encarga de explorar el terreno, y da el visto bueno.
Sentados
junto a una ventana que da a la noche, y que le servirá al filósofo para
pensar con la mirada perdida durante minutos y minutos, hablamos a tres
bandas: las preguntas en español han de ser vertidas al alemán, y
viceversa. Tres tés verdes, una mesa cubierta con el ineludible mantel
de cuadros rojos y blancos, y una vela temblorosa que acentúa la
irrealidad del encuentro. Se nota que no le gustan las entrevistas, y
mucho menos los periodistas, aunque indagará sobre el grado de
conocimiento de su obra y de su figura en España.
Aunque dice que
dispone de todo el tiempo del mundo, al cabo de media hora mirará por
primera vez el reloj. La impaciencia le irá reconcomiendo hasta proponer
que le enviemos las preguntas por correo electrónico. En dos horas que
pasan con una lentitud exasperante, el momento más extraño es cuando a
la pregunta de si la filosofía es un género literario o una disciplina
científica responde: «Ninguna de las dos».
Entonces ¿qué es la filosofía?
Esa es una pregunta muy difícil.
Tras
cuatro largos minutos de silencio contemplando la noche berlinesa
intentará una respuesta. Pero tanto la pregunta como la respuesta
desaparecerán de la versión final. Eran más de cuarenta los
interrogantes que traía conmigo. Tras la criba a la que sometió el
cuestionario el filósofo coreano, y que tuvo que sortear con el mejor
tino la traductora e intérprete, Elizabeth Rudolph, esto es lo que quedó
de la conversación (y de la correspondencia electrónica) con Byung-Chul Han,
que llegó con un libro de tapas duras y negras que ocultó bajo sus
manos finas y sin anillos. Hasta que lo abrió para precisar una idea:
era una de sus obras. «Nos realizamos hasta morir, nos optimizamos hasta morir»Habla
con los brazos cruzados, mira brevemente a los ojos. A veces se tapa el
rostro con las manos. Es un manojo de contradicciones: sabe que depende
de la prensa para que sus ideas se difundan, porque está claro que
quiere influir con lo que dice, con su máquina de pensar. Pero le
gustaría no tener que hacerlo. Dice de los periodistas culturales
alemanes que han escrito libros que son arrogantes, y pregunta si son
también así los españoles. Coge la tarjeta del plumilla venido de lejos,
la mete con displicencia entre las páginas de su libro, pero después lo
piensa mejor y, mientras contesta con fastidio a la última pregunta que
malamente logramos hacerle, la retuerce, para dejarla finalmente
abandonada sobre el mantel del restaurante mafioso. Byung-Chul Han. Un
pensador de nuestro tiempo. Pero también un hombre misterioso. No será
fácil descifrarle, aunque en sus libros se esmera en expresarse con
claridad. La cortesía del filósofo. El enigma del hombre.
¿El verdadero filósofo es un aguafiestas, el encargado de difundir un mensaje que no se quiere escuchar?
Pienso
que la gente que lee mis libros se siente muchas veces personalmente
atacada. Algunos los leen casi como una biblia, pero otros los rehúyen
como el diablo del agua bendita. Mis libros sacuden el sobrentendido en
el que muchos se han acomodado. Concentran la atención de la gente en la
parte interior fea, la que se oculta tras la bonita fachada. Dejan al
descubierto ilusiones fatales. «Aguafiestas» sería un término demasiado
suave.
En «Psicopolítica», su último ensayo, dice que la libertad
ha sido un episodio, que vivimos en una luminosa e interconectada
ilusión de libertad que en realidad no es más que una voluntaria
esclavitud de soledades sin fin, y que, aunque queramos despertar, no
podemos. ¿Es tan terrible nuestra realidad?
Vivimos realmente en
una ilusión de libertad. No somos tan libres. Se ve que la comunicación
que se considera libertad se transforma en vigilancia. Comunicación y
transparencia también provocan una obligación a la conformidad. Hoy
tenemos la impresión de que no somos sujetos sometidos, sino un proyecto
que siempre se renueva, se reinventa y se mejora sin cesar. El problema
es que este proyecto, en el que se convierte el sujeto sometido, se
revela como figura forzada. El yo como proyecto revela coerciones del
propio yo, que se reflejan, por ejemplo, en el aumento del rendimiento o
la optimización. Vivimos en una fase histórica particular, en la que la
propia libertad genera coerciones. «La técnica de poder del sistema neoliberal es seductora, no prohibitiva»Para
Karl Marx, el trabajo conduce a la alienación. El sí-mismo se destruye
por el trabajo. Se aliena del mundo y de sí mismo a través del trabajo.
Por eso dice que el trabajo es una autodesrealización. En nuestra época,
el trabajo se presenta en forma de libertad y autorealización. Me
(auto)exploto, pero creo que me realizo. En ese momento no aparece la
sensación de alienación. De esta manera, el primer estadio del síndrome
burnout (agotamiento) es la euforia. Entusiasmado, me vuelco en el
trabajo hasta caer rendido. Me realizo hasta morir. Me optimizo hasta
morir. Me exploto a mí mismo hasta quebrarme. Esta autoexplotación es
más eficaz que la explotación ajena a la que se refería el marxismo,
porque va acompañada de un sentimiento de libertad.
¿Por qué son tan breves sus libros? ¿Para no contribuir a la sociedad del cansancio?
Hace poco, en el periódico Die Zeit se
publicó una entrevista en la que fui presentado como alguien capaz de
derrumbar con pocas palabras construcciones enteras de pensamientos que
sostienen nuestra vida cotidiana. Entonces ¿por qué hace falta escribir
libros voluminosos? Se escriben libros voluminosos porque al autor no se
le ocurren aquellas pocas frases con las que echar por tierra el mundo.
Es un progreso que mis libros sean cada vez más breves.
¿Sus
obras ayudan con su claridad a entender el momento en que vivimos porque
la gente está muy perdida y sus libros iluminan esta perdición? «Estamos en una guerra sin muro. Hoy la gente está en guerra consigo misma.» En
mis libros describo de dónde viene esta perdición. Entiendo muy bien a
los españoles porque lo mismo que sufre España ahora es lo que ya sufrió
Corea del Sur. Después de la crisis financiera asiática vino el Fondo
Monetario Internacional como un diablo que nos dio dinero pero nos robó
el alma. Ahora los coreanos sufren una enorme presión competitiva y de
rendimiento. La solidaridad se desintegra. La gente está afectada por
depresiones y el síndrome de burnout. Corea tiene el porcentaje de
suicidios más alto del mundo. Obviamente, la gente no puede aguantar ese
estrés. Y cuando fracasa no responsabiliza a la sociedad sino a sí
misma. Tiene vergüenza y se suicida. La crisis económica causó un choque
social y provocó una parálisis en la gente.
Asegura que el
capitalismo huye hacia el futuro, se desmaterializa, se convierte en
neoliberalismo y convierte al trabajador en empresario que se explota a
sí mismo en su empresa. ¿No hay salida? ¿Es pertinente volver a hacerse
la pregunta ‘qué hacer’?
Resulta que el sistema neoliberal es muy
estable e inquebrantable. Nos sentimos libres mientras nos explotamos a
nosotros mismos. Esta libertad imaginada impide la resistencia, la
revolución. El neoliberalismo aísla a cada uno de nosotros y nos hace
empresarios de nosotros mismos.
El Muro de Berlín era tan real, y letal, como la «guerra fría». ¿Qué le dicen sus escombros?
Durante
la época del Muro existía un enemigo con el que se estaba en guerra.
Este enemigo ya no existe. Hoy la gente está en guerra consigo misma.
Hoy estamos en una guerra sin muro y sin enemigo.
En «La agonía
del Eros» convoca a Barthes y sus «Fragmentos de un discurso amoroso»
para hablar del otro que hace temblar el lenguaje. ¿Ha experimentado ese
otro que hace temblar el lenguaje? No lo digo desde una curiosidad
impúdica, periodística, sino filosófica: ¿ha de experimentar, sentir, el
filósofo lo que dice?
Yo no tengo smartphone. Sin embargo,
escribí mucho sobre ello. Lo importante para la filosofía no es la
experiencia personal, sino la capacidad imaginativa. Mediante la
imaginación es posible ver las cosas más claras que mediante la
experiencia directa.
¿Se equivocó Orwell, como tantos otros
visionarios? ¿El sistema se ha dado cuenta de que resulta mucho más
fácil seducir que obligar, encuentra voluntarios por doquier para
convertirse con entusiasmo a la autoexplotación? «Ni siquiera la sexualidad puede rehuir el imperativo del rendimiento»No
diría que Orwell se equivocara. Describe su mundo, que ya no es nuestro
mundo. El estado policial de Orwell, con telepantallas y cámaras de
tortura, se distingue fundamentalmente del panóptico digital que
representa internet, teléfonos inteligentes y Google Glass, que es
controlado por la ilusión de la libertad y la comunicación ilimitadas.
Aquí no se tortura sino que se postea y se tuitea. El control que
coincide con la libertad es considerablemente más eficaz que aquella
vigilancia que se dirige contra la libertad. «Neolengua», se llamaba el
lenguaje ideal en el estado policial de Orwell. Tiene que sustituir por
completo a la «viejalengua». La neolengua tiene una sola meta: limitar
el espacio del pensamiento. Los crímenes de pensamiento deben ser
impedidos por la extinción de las palabras que serían necesarias para
cometerlos. Por eso se elimina también la palabra «libertad». Ya solo
por eso el estado policial de Orwell se distingue del panóptico digital
de nuestra época en que se aprovecha excesivamente de la libertad.
La
técnica de poder del sistema neoliberal no es ni prohibitiva ni
represiva, sino seductora. Se emplea un poder inteligente. Este poder,
en vez de prohibir, seduce. No se lleva a cabo a través de la obediencia
sino del gusto. Cada uno se somete al sistema de poder mientras se
comunique y consuma, o incluso mientras pulse el botón de «me gusta». El
poder inteligente le hace carantoñas a la psique, la halaga en vez de
reprimirla o disciplinarla. No nos obliga a callarnos. Más bien nos
anima a opinar continuamente, a compartir, a participar, a comunicar
nuestros deseos, nuestras necesidades, y a contar nuestra vida. Se trata
de una técnica de poder que no niega ni reprime nuestra libertad sino
que la explota. En esto consiste la actual crisis de libertad.
Trae
a colación una cita de Peter Handke: «La inspiración del cansado dice
menos lo que hay que hacer que lo que hay que dejar». ¿Se podría extraer
de ahí un proyecto político y filosófico?
Tal vez. La política de
hoy carece de inspiración. Durante el estado de hiperactividad continúa
lo que predomina bajo la bonita ilusión de la falta de alternativas.
Si
no he leído mal, dice que cuando la transparencia se convierte en
teología acaba sirviendo de justificación ética al neoliberalismo y que,
sin limitaciones de índole moral, la transparencia acaba al servicio de
una economía insaciable. ¿Es así? ¿Pero no nos sirve también la
transparencia como herramienta para limitar la natural tendencia del
poder a la mentira y el abuso? «Uno siente el infierno de la igualdad y quiere escapar de él»El
que relaciona la transparencia solamente con corrupción y con libertad
de información ignora su alcance. La transparencia es una coerción
sistémica que incluye todos los sucesos sociales para someterlos a
cambios fundamentales. Hoy, el sistema social expone a todos sus
procesos a una transparencia forzada para acelerarlos. La negatividad
del secreto, de lo distinto, o de lo ajeno bloquea la comunicación. La
presión de acelerar va acompañada de la disminución de la negatividad.
La comunicación alcanza su velocidad máxima donde la igualdad responde a
la igualdad. La transparencia estabiliza y aumenta la velocidad del
sistema eliminando lo otro o lo ajeno. Esta coerción sistémica convierte
la sociedad de la transparencia en una sociedad sincronizada. Lleva a
la conformidad y a la sincronización.
A partir de «Melancholia», la película
de Lars von Trier, dice que solo un apocalipsis, una catástrofe, podría
liberarnos del infierno de lo igual. ¿Qué tipo de catástrofe? ¿Una
revolución?
A partir de la protagonista de la película,
Justine, se entiende lo que digo: es depresiva porque está
absolutamente agotada, fatigada de sí misma. Toda su libido se dirige
contra su propia subjetividad. Por eso no es capaz de amar. Y de repente
aparece un planeta, el planeta Melancholia. La llegada de la alteridad
puede suponer un apocalipsis en el infierno de la igualdad. El planeta
mortífero se muestra a Justine como lo totalmente distinto que la
arranca del pantano del narcisismo. Ante el planeta letal casi revive.
Descubre también a los otros. De tal manera se entrega amorosamente a
Claire y a su hijo. El planeta desata un deseo erótico. Eros, como
relación con lo totalmente distinto, elimina la depresión. El desastre
implica la salvación. Por cierto, la palabra «desastre» tiene su origen
en la palabra latina desastrum, que significa «no estrella». Melancholia
es una no estrella. «Me marché a otro país cuyo idioma entonces no sabía ni hablar ni leer»Vivimos
en una sociedad que se concentra por completo en la producción, en la
positividad. Se deshace de la negatividad de lo otro o de lo ajeno para
aumentar la velocidad de la circulación de la producción y del consumo.
Solo las diferencias que se pueden consumir están permitidas. No se
puede amar al otro al que le han quitado la alteridad, sino solo
consumirlo. Quizá sea por eso por lo que hoy crece el interés por el
apocalipsis. Uno siente el infierno de la igualdad y quiere escapar de
él.
¿En qué medida es «Cincuenta sombras de Grey» uno de los
síntomas de nuestro malestar, del amor como rendimiento, como inversión
calculada y positiva, de la que ha sido extraído todo riesgo, toda
sombra, toda negatividad, todo peligro, todo dolor?
Hoy todo se
convierte en objeto de rendimiento. Ni siquiera el ocio o la sexualidad
pueden rehuir el imperativo del rendimiento. Pero el Eros supone una
relación con lo otro, más allá del rendimiento y de las habilidades que
se tengan. Ser capaz de no ser capaz es el verbo modal del amor. El
estar en manos de alguien y la posibilidad de resultar herido forman
parte del amor. Hoy se trata de evitar cualquier herida cueste lo que
cueste.
¿Quién es Byung-Chul Han?
Adorno dijo que los
nombres son iniciales que no entendemos pero a las que obedecemos como a
nuestro destino. El símbolo chino para «Chul» significa, según el
sonido, «hierro» o «metal», pero, según el sentido, también «luz». En
coreano filosofía significa «Chul-Hak», es decir, «ciencia de luz». De
esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi nombre.
Llegué a Alemania porque fui admitido por la Universidad Técnica de
Clausthal-Zellerfeld, cerca de Gotinga, para estudiar Metalurgia. A mis
padres les había dicho que iba a continuar mi carrera de Metalurgia en
Alemania. Tuve que mentirles porque no me habrían dejado irme. Me marché
a otro país cuyo idioma entonces no sabía ni hablar ni leer y me lancé a
una carrera completamente diferente: Filosofía. Fue como en un sueño.
Entonces tenía veintidós años. Ahora soy profesor de Filosofía en
Berlín.
ES LA MEJOR MANERA DE CONTROLARLAS Y MANIPULARLAS Y MANTENERLAS ENFRENTADAS Y COMPITIENDO DENTRO DE UNA JAULA Y POR SUPUESTO ALEJANDOLAS DE LA VERDADERA LIBERTAD
ANIMALISMO, FEMINISMO, NACIONALISMO, ECOLOGISMO, "CRISIS" ECONOMICAS, PERPETUOS ENFRENTAMIENTOS QUE MANTIENEN "IRRITADA" A LA POBLACION , ENTRETENIDOS EN LOS ENFRENTAMIENTOS CONTINUOS
ASI MANTENEMOS DESQUICIADA A LA POBLACION
ESTO ES LA
DEMOCRACIA POSTMODERNA
INVENTAR ENEMIGOS CADA DIA
CREAR PROBLEMAS - GRANDES PROBLEMAS
? A QUIEN TENGO QUE ODIAR ¿
EL QUE HABLA DE PATRIARCADO NO TIENE NI IDEA DE LOS QUE ES
LA PERDIDA DE TRABAJO ES MUCHO MAS DEVASTADORA PARA LOS HOMBRES Y LA MASCULINIDAD QUE PARA LA MUJER HASTA AHORA....
EL PODER FEMENINO NO RADICA EN EL FEMINISMO,
RADICA EN CADA MUJER PARTICULAR
LOS HOMBRES NO CONTAMOS LOS PROBLEMAS QUE TENEMOS COMO HOMBRES, LOS AFRONTAMOS
A la izquierda los seres ZOMBIS - a la derecha los seres VIVOS
A la izquierda el SUFRIMIENTO INUTIL - a la derecha el APRENDIZAJE
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Entrevista a Abel Novoa, Presidente de NoGracias, en el último número de la revista Salud 2000 editada por la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP)
Abel Novoa (26 de septiembre de 1966) es médico de familia, doctor en medicina, master en bioética y estudioso de los nuevos paradigmas de la salud y la medicina.
Es un profesional con iniciativa y energía, comprometido con la defensa de la equidad y el derecho a la salud. Los profesionales favorables a la transparencia en el acceso a los medicamentos y a las tecnologías sanitarias leemos con interés sus periódicas contribuciones en el blog de NoGracias, por la profundidad de sus análisis y la actualidad de los temas que elige.
DENUNCIAN A LABORATORIOS POR FALSA INVESTIGACION:
entrevista:
PREGUNTA: ¿Qué le sugiere esta noticia?: por cada 1.000 dólares que gasta la industria farmacéutica en formación médica se incrementa casi un 5 % la prescripción de estatinas de marca
Me sugiere una toma de decisiones sesgada que condiciona riesgos para los pacientes y gasto ineficiente de recursos públicos.
Teóricamente, los medicamentos deberían ser productos inelásticos, es decir, su utilización dependería de sus propiedades intrínsecas (objetivamente demostradas por la ciencia) y no de la publicidad.
Desgraciadamente, como el artículo del que se ha extraído esa información y otros muchos demuestran, los médicos acaban recetando “lo que se promociona”, y eso constituye un enorme problema de salud pública y un dispendio de recursos.
Es muy difícil que los médicos sean capaces de resistirse a “lo que se promociona”.
El marketing de medicamentos es el sistema de influencia más sofisticado del mundo porque es multinivel:
incluye lo obvio:
–el menudeo de las comidas con los representantes,
los pagos de viajes y congresos, los pequeños regalos, etc-
pero también, lo no tan obvio (y mucho más influyente) :
como la financiación de la formación médica continuada en exclusiva por la industria que ha señalado en la pregunta; las conferencias de “respetados” líderes académicos “a sueldo”;
artículos de opinión (“construidos” por empresas especializadas en marketing científico) y “firmados” fraudulentamente por reconocidos expertos que, además, son publicados en las mejores revistas científicas del mundo;
ensayos clínicos diseñados para exagerar resultados positivos e infra-estimar efectos adversos;
investigación con conclusiones negativas escamoteada;
guías de práctica clínica de sociedades profesionales que utilizan ciencia sesgada y expertos con conflictos de interés;
unos procesos evaluativos de fármacos y tecnologías en las agencias gubernamentales debilitados por las decisiones políticas sometidas al poder de las multinacionales, etc.
Por tanto, reducir el problema a las interacciones comerciales de la industria con los médicos asistenciales, es no comprender la amplitud del problema -como la ridícula transparencia que ha vendido la industria al publicar las que llama “transferencias de valor” que lleva a cabo con los médicos- que impedirán atacar el problema más profundo que supone la distorsión de toda la cadena del conocimiento biomédico; desde su generación a su aplicación, pasando por su difusión y evaluación
NO TE ACABES LA CAJA DE ANTIBIOTICOS
La práctica médica está sometida a unas influencias estructurales tan poderosas que se acaban afectando no solo las decisiones de los médicos que aceptan invitaciones de la industria y van a sus cursos sino también las de aquellos que no lo hacen.
Dicho esto, no es adecuado que un profesional sanitario participe en interacciones cuya única finalidad es comercial, y la formación patrocinada lo es.
Todos vemos como incorrecto que un juez reciba regalos o sea invitado a comer por los abogados defensores de una de las partes; aunque después su sentencia sea justa, siempre estará manchada por la duda. Pues bien: los médicos nos hemos convertido en jueces bajo sospecha. Aceptar una invitación a comer no es un hecho banal para un juez; y no debería serlo para un médico.
PREGUNTA: NoGracias también nos ha hecho saber que la industria farmacéutica favorece su penetración sembrando la duda; polemizando sobre ciencia
Efectivamente. Pero esta estrategia no la inventó la Big Pharma sino la industria del tabaco.
El profesor de salud pública norteamericano y alto funcionario en las administraciones demócratas de Clinton y Obama, David Michaels, escribió en 2008 un texto definitivo al respecto, “La duda es su producto: los ataques de las corporaciones a la ciencia ponen en riesgo su salud”, en el que relató como las grandes multinacionales financian ciencia y compran investigadores para generar evidencia que haga dudar a los legisladores y consumidores.
El caso que describe más pormenorizadamente Michaels en su libro es el tabaco, donde las leyes para controlar su consumo han sido moduladas por el lobby tabaquero durante décadas, aprovechando la inevitable incertidumbre y datos contradictorios de cualquier conocimiento científico.
Esta estrategia continúa hoy: la industria alimentaria demuestra que el azúcar no es tan perjudicial para la salud y consigue que las etiquetas de los alimentos sean poco informativas o que no se prohíba la venta en los colegios de bollería industrial; y la industria farmacéutica convence a los políticos de que los procesos de evaluación de los nuevos medicamentos deben facilitarse al máximo para que la burocracia no impida salvar vidas y el avance de la ciencia médica.
Como dice Michaels:
“La industria ha comprendido que polemizar sobre ciencia es más fácil y efectivo que hacerlo sobre política”.
La nueva salud pública se juega en las trincheras de la influencia política y debe utilizar, por tanto, herramientas políticas: las exigencias de transparencia, participación o rendición de cuentas ya no son solo requisitos para mejorar la democracia sino también para mejorar la salud. La visión ilustrada de una democracia dominada por los técnicos y el conocimiento científico ya no nos sirve porque la ciencia vale para defender una cosa y la contraria.
La política, sin renunciar a la mejor investigación, tiene que abandonar la idea de que los expertos y la ciencia son los que nos señalarán el “camino verdadero” y volver a utilizar criterios esencialmente políticos para tomar las decisiones: sostenibilidad, equidad, justicia, emancipación, solidaridad, etc…
Estos criterios son más ambiguos que los que definen la ciencia –fiabilidad, reproducibilidad, control de sesgos, simplicidad, etc..- pero, y esto es paradójico, son menos manipulables porque requieren deliberación pública y una visión de futuro, un proyecto, saber dónde vamos, algo que la mera reflexión técnico-científica es incapaz de señalar.
Hoy podemos decir, con pocas dudas, que la visión tecnocrática de la democracia (defendida por políticos de izquierdas y derechas) es neoliberal, responde a los valores del mercado y, por tanto, es pura ideología disfrazada de ciencia.
PREGUNTA: ¿Los costes de la investigación sobre medicamentos se “socializan” pero los beneficios se privatizan?
Por supuesto. La ciencia es probablemente la actividad humana más colectiva. Es un bien común que ha sido claramente privatizado en los últimos 50 años. Por ejemplo, hasta bien entrado el siglo XX, las empresas farmacéuticas no patentaban sus productos: se las denominaba “industrias éticas” para diferenciarlas de las pocas que lo hacían y que eran despreciadas por buscar solo ganancias, equiparando sus productos a vulgares crece-pelos.
Casi todas las multinacionales actuales comenzaron siendo “farmacéuticas éticas” simplemente porque, tan solo unas pocas décadas atrás, era inconcebible social y profesionalmente un conocimiento biomédico secreto, protegido por patentes, no accesible a todos los pacientes (o a otras empresas que pudieran desarrollarlo y mejorarlo) y que estuviera al servicio de la ganancia económica pura y dura.
Hay por tanto un cambio social, político, cultural y profesional muy importante que ha sido el que ha permitido que el conocimiento médico haya acabado siendo privatizado en contra de su propia naturaleza: un bien común.
El conocimiento en medicina es posible gracias a miles de enfermos que han colaborado -y siguen haciéndolo- desinteresadamente en los experimentos; a generaciones de médicos que han contribuido altruistamente a la descripción de síndromes y enfermedades; a unos presupuestos públicos que mantienen las grandes infraestructuras sanitarias que permiten reclutar a los pacientes con los que se realizan los ensayos clínicos; a los millones de euros destinados a subvencionar la investigación básica y que ahora es privatizada mediante patentes.
Sin embargo, el capitalismo, que funciona relativamente bien gestionando el conocimiento en el que se basan algunos productos de consumo como los coches o las batidoras, no lo hace con los medicamentos, las tecnologías sanitarias o los servicios asistenciales.
En mi opinión hay una realidad cada vez más patente que nos demuestra que los fines de la medicina no pueden alcanzarse si todo el sistema sanitario está dominado por los intereses privados.
PREGUNTA: ¿Cuáles son las consecuencias para el Sistema Sanitario de las artimañas de la industria farmacéutica para promover nuevos medicamentos?
En el texto demostraban que cuánta más promoción (multinivel) se hiciera con un medicamento, más probable era que acabarán existiendo serios problemas de seguridad para los pacientes y consecuencias negativas para la salud pública.
Los nuevos medicamentos -debido a la debilidad de los procesos de evaluación de las agencias, la irracionalidad a la hora de establecer los precios que permite el monopolio de las patentes, y los incentivos del mercado que no fomentan que la industria invierta en verdadera innovación- son más inseguros, mucho más caros y, como mucho, igual de eficaces que los medicamentos más antiguos.
Es difícil saber cuánta morbilidad y mortalidad es debida directamente a la mala utilización de los nuevos medicamentos como consecuencia de la promoción de la industria; solo tenemos en este sentido datos indirectos. Por ejemplo, en Canadá, 1 de cada 4 nuevos medicamentos acaban teniendo advertencias serias sobre su seguridad, una vez están en el mercado, y esto es tres veces más probable si el fármaco fue aprobado por una vía rápida. Lógicamente, como los medicamentos nuevos son los más utilizados, este dato significa que estamos exponiendo a los pacientes a riesgos en gran medida desconocidos.
Casos como el Vioxx nos sitúan ante el abismo: tras una investigación fraudulenta y un proceso evaluativo “de risa” que permitió su entrada en el mercado, comenzó una campaña promocional intensísima y la utilización masiva del fármaco en todo el mundo. Se calcula que el Vioxx ha causado más muertos que el tsunami de Indonesia; solo en EE.UU, produjo entre 88 y 140 mil infartos y accidentes cerebrovasculares.
El Vioxx nunca debió ser aprobado. Ahora mismo, hay una intensa polémica porque el Ranelato de Estroncio -un medicamento para la osteoporosis, intensamente promocionado y muy utilizado- tiene graves riesgos para la salud; su aprobación y mantenimiento en el mercado se debe a graves fallos del regulador. Nadie dimitirá. Se alegará la “inevitable incertidumbre de la ciencia”.
Pero la verdadera razón es que las agencias de evaluación han decidido trabajar a favor de los intereses de las farmacéuticas y no de la seguridad de los pacientes. Los riesgos de este fármaco son conocidos desde hace tiempo; simplemente se prefirió “gestionar el riesgo”, limitando su prescripción con advertencias que la promoción de la industria hacen inútiles.
En términos de gasto económico, el perjuicio es más medible y también enorme.
En un reciente artículo publicado en el JAMA of Internal Medicine se calculó que sustituyendo por su genérico los medicamentos utilizados (sobre todo estatinas, inhibidores de la bomba de protones, antipsicóticos atípicos, antidepresivos, etc..) se hubieran ahorrado, entre los años 2010 y 2012, unos 73.000 millones de dólares de los presupuestos públicos en EE.UU.
En España, Salvador Peiró calculó que solo el uso del equivalente terapéutico de menor precio en estatinas e IBPs habría permitido un ahorro cercano a los 1.000 millones de euros en 2010 (superior a la estimación de recaudación de los copagos realizada por el Ministerio). Y eso que ambos estudios están asumiendo que todos esos medicamentos están bien prescritos, algo muy lejos de la realidad.
Este gasto innecesario supone además un coste de oportunidad para poder realizar inversiones en áreas del sistema infra-financiadas como atención primaria o salud pública o llevar a cabo otras políticas no sanitarias que procuran salud y justicia social como medio ambiente, educación, trabajo digno, vivienda, atención social, etc.. En este país hay dinero para pagar el esomeprazol (20 veces más caro que su equivalente genérico; 135 millones de gasto en 2010), o los inútiles condroprotectores (100 millones al año), pero no para las rentas mínimas de inserción, pagar la dependencia o sustituir adecuadamente a los médicos de familia en verano; es una estrategia de transferencia de dinero público a manos privadas mucho mayor que todos los rescates efectuados con la banca, pero del que nadie habla.
Es fácil echarle la culpa a los médicos prescriptores “que se van a comer con el laboratorio” pero los verdaderos culpables están en la EMA, en los despachos de las multinacionales, en las sedes de las asociaciones científicas, universidades y centros de investigación que aceptan un sistema corrupto de generación de conocimiento; en los Ministerios y en la Unión Europea. El daño es gigantesco. La biomedicina se está convirtiendo en un enorme fracaso social y en un problema de salud pública de primera magnitud. Los médicos deberíamos ser los primeros en ser conscientes de la situación pero, en general, hemos preferido “irnos a comer con la industria”, es decir, seguir cómodamente la senda del dinero y la falsa adulación mientras, como diría Fito Páez, “el mundo se cae a pedazos”.
El papel de la industria farmacéutica y de tecnologías aparece entre las causas más importantes cuando se reflexiona sobre la crisis de la MBE, o el incremento del fraude y la corrupción en sanidad. Ahora sabemos que su efecto es mucho más potente: está catalizando una verdadera confiscación de la riqueza de los países, con consecuencias trágicas para la equidad y el bienestar de miles de millones de personas en todo el planeta; su poder es mayor que el de las corporaciones financieras, armamentísticas o los carteles de drogas, pero mucho más sutil; por eso, más peligroso.
PREGUNTA: ¿Qué mecanismos tiene la administración sanitaria para mejorar la regulación del mercado farmacéutico?
Cada vez depende menos de los países. La regulación es europea y está sometida a la gigantesca máquina de influencia política que ha activado la industria del medicamento y sus aliados en las principales organizaciones financieras del mundo: Banco Mundial, FMI, OMC o los marcos que imponen los tratados comerciales entre bloques, como el TTPI. Los diferentes intereses, con países como Alemania, Francia o Reino Unido que tienen una importante industria farmacéutica, impiden políticas comunes europeas sensatas. No creo que veamos soluciones en el corto plazo; por eso, aunque sigamos con la batalla de la regulación, hay que abrir el melón de la evaluación prescriptiva como la que realiza el NICE británico.
La principal amenaza en este momento son las licencias adaptativas, un modelo de “bajo coste” que permite aprobaciones rápidas de nuevos medicamentos con mínimas evidencias; la justificación empleada por la industria y las asociaciones de pacientes financiados por ella, hacen referencia a la necesidad de desarrollar tratamientos “personalizados”, con dianas genéticas o moleculares y que, por tanto, solo pueden ser beneficiosos para poblaciones muy concretas que no permiten desarrollar ensayos clínicos con una n suficiente. Sin duda se está fraguando una nueva puerta de entrada, que se abre inicialmente para unos pocos fármacos pero que se generalizará, como ha pasado con las vías preferentes de evaluación de nuevos fármacos para enfermedades graves o rápidamente progresivas, inicialmente solo indicadas para fármacos contra el VIH o el cáncer y que ahora ya permiten que se incluyan medicamentos para el estreñimiento o la diabetes.
PREGUNTA: ¿Se atreve a pronosticar la evolución del mercado farmacéutico a la vista del TTPI y otros tratados comerciales?
El TTPI restará todavía más capacidad de acción a los países individuales e incluso a la propia UE, como ya he dicho. Será tremendamente dañino porque impedirá que progresen las tímidas iniciativas existentes a ambos lados del Atlántico a favor de precios más razonables para los nuevos fármacos; los necesarios cambios en el modelo de innovación en relación con la transparencia de los ensayos clínicos o para dar respuesta a las auténticas necesidades de salud pública existentes; o reformas en las leyes de patentes para que sea posible establecer incentivos económicos alternativos para el desarrollo de nuevas terapias.
La inclusión de mecanismos de arbitraje inversores-estado es un sistema a través del cual las empresas podrán desafiar extrajudicialmente las medidas legislativas, jurídicas y administrativas que adopten los gobiernos para salvaguardar la salud pública, si las consideran lesivas para sus intereses comerciales. El TTPI establece la obligación de crear grupos de trabajo permanentes UE-EE.UU sobre la propiedad intelectual, la fijación de precios para los medicamentos y la consideración bilateral de nueva legislación. Sabemos que en estos grupos participa directamente la industria farmacéutica pero no representantes independientes de la sociedad civil. En definitiva, el TTPI es una agenda diseñada para aumentar el poder de las multinacionales y debilitar el de los gobiernos, también en biomedicina.
PREGUNTA: ¿Los médicos como colectivo y las sociedades médicas hacen todo lo que pueden para liberarse de los “humos industriales”?
En absoluto; y esta situación es completamente novedosa en la historia de la medicina. El desarrollo histórico de la medicina como institución social está sustentado en tres hitos que han permitido la progresiva mejora de los procesos de toma de decisiones clínicas: la formación universitaria reglada (un esfuerzo institucional por acreditar que los médicos tenían unos mínimos y homogéneos conocimientos); la incorporación de los resultados de la investigación a la práctica asistencial que ha supuesto el movimiento MBE (un intento de la medicina por acreditar que las decisiones clínicas tienen cierta base científica); y el desarrollo de la bioética (otro gran hito para la medicina como institución que ha implicado un esfuerzo por garantizar que las decisiones clínicas tuvieran ciertas salvaguardas éticas como considerar la opinión de los pacientes o argumentos de bien común). Formación, ciencia y ética han sido y son los tres grandes pilares sobre los que se sustenta el enorme crédito moral y de confianza que la sociedad otorga y ha otorgado a la medicina.
Sin embargo, este proceso histórico se ha detenido, en mi opinión, en los últimos 40 años. Las evidencias señalan que tanto los intereses comerciales de las empresas que venden productos destinados al mercado de la salud, como los intereses de las organizaciones sanitarias, públicas o privadas que intentan mejorar sus balances económicos (con o sin afán de lucro), no están teniendo una respuesta contundente por parte del entramado profesional institucional. Quizás esto es debido a que los profundos cambios sociales, políticos, económicos y culturales acaecidos en las últimas décadas, han dejado a la medicina con cierto desarme político: cualquier alusión a poner límites al poder del mercado o enfrentarse a ciertas estrategias de gestión puede ser acusada de tener un sesgo ideológico.
Por eso, creo que lo importante ahora es poder construir una narrativa que evite la politización de propuestas críticas, como la que hacemos desde NoGracias, para que puedan llegar a todo el mundo sanitario, como lo hicieron en su momento la MBE, la bioética o el movimiento por la seguridad de los pacientes. Desde mi punto de vista, esta narrativa solo puede proceder de una profundización en el profesionalismo. El sociólogo norteamericano de las profesiones Erick Freidson propone que el profesionalismo debería ser una especie de “tercera lógica”, distinta a la del mercado y a la de las burocracias y organizaciones públicas y privadas; una tercera lógica capaz de modular los excesos de estas dos grandes fuerzas sociales y culturales: mercado y gestión.
También me interesan mucho las ideas de Albert Dzur, que ha desarrollado el concepto de profesionalismo democrático: la actividad profesional sería un proceso que actuaría de intermediario en la instauración de la democracia deliberativa aplicable a lo que Amy Guttman ha llamado “las zonas intermedia de la democracia”:
una amplia variedad de conflictos morales que no deberían ser resueltos por los órganos judiciales ni tampoco de conformidad a un modelo de agregación de intereses por simple votación o negociación y que, con mucha frecuencia, tienen que ver con la actividad de profesionales en campos como el derecho, el periodismo, la educación o la atención sanitaria.
COMO y CUANDO EMPEZO
TODO ESTE DESASTRE?
Alrededor del siglo XX, cuando se descubrió la posibilidad de
crear todo a partir del petróleo, el linaje Rockefeller apostó por la
obtención de drogas farmacéuticas a partir de petroquímicos. Pero el
plan de los Rockefeller para la industria médica se encontró con un
problema: la popularidad de la medicina natural en los Estados Unidos.
Casi la mitad de los médicos y colegios de medicina de los EE.UU.
practicaban la medicina holística, utilizando el conocimiento de Europa y
los nativos americanos.
Fue así que la familia Rockefeller encontró la
manera de deshacerse de su mayor competencia usando la clásica fórmula
de la dialéctica hegeliana: “solución-problema-reacción.” Es decir,
crearon un problema para asustar a la gente, y luego ofrecieron la
solución previamente planificada.
El patriarca del proyecto global talmudista de la Nueva Babilonia (Nueva York), John Davidson Rockefeller (1839-1937).
Todo comenzó con John Davidson Rockefeller (1839-1937), un
monopolista, magnate del petróleo, ladrón y
primer multimillonario de los Estados Unidos.
A comienzos del siglo XX,
Rockefeller controlaba el 90% de todas las refinerías de petróleo en
los EE.UU. a través de su compañía petrolera, Standard Oil, que luego se
dividió para convertirse en Chevron, Exxon, Mobil, etc.
Al mismo tiempo, alrededor de 1900, los científicos descubrieron los
“productos petroquímicos” y la capacidad de crear todo tipo de productos
químicos a partir del petróleo.
Por ejemplo, el primer plástico,
llamado baquelita, se fabricó a partir del petróleo en 1907.
Los
científicos descubrieron varias vitaminas y supusieron que muchas drogas
farmacéuticas podrían obtenerse del petróleo.
Rockefeller vio a esta como una maravillosa oportunidad de
monopolizar las industrias de petróleo, de la química y de la medicina
al mismo tiempo.
Lo mejor de los productos petroquímicos era que todo podía patentarse y venderse con altos beneficios.
Pero hubo un problema con el plan de Rockefeller para la industria
médica: las medicinas naturales / herbales eran muy populares en Estados
Unidos en ese momento. Casi la mitad de los médicos y colegios de
medicina de los EE.UU. practicaban la medicina holística, quiropracticos ....utilizando el
conocimiento de Europa y los nativos americanos.
Rockefeller tuvo que encontrar la manera de deshacerse de su mayor
competencia. Así que usó la clásica fórmula de la dialéctica hegeliana:
“solución-problema-reacción”. Es decir, creó un problema para asustar a
la gente, y luego ofreció una solución previamente planificada.
Rockefeller se dirigió a su amigo Andrew Carnegie, otro plutócrata que ganó su dinero al monopolizar la industria del acero,
quien ideó un plan. Desde la prestigiosa Fundación Carnegie, enviaron a
un hombre llamado Abraham Flexner para que viajara por todo el país e
informara sobre el estado de todos los hospitales y los colegios
médicos.
Esto llevó a la redacción del Informe Flexner,
que dio origen a la medicina moderna tal como la conocemos, a través
del cual se hablaba de la necesidad de modernizar y centralizar las
instituciones médicas. Sobre la base de este informe, más de la mitad de
todas las universidades de medicina fueron cerradas muy pronto.
La homeopatía y la medicina natural fueron objeto de burlas y fueron
demonizadas. Muchos médicos que trabajaban con sus métodos incluso
fueron encarcelados.
Para ayudar con la transición y cambiar las mentes de otros médicos y
científicos, Rockefeller donó más de $100 millones a colegios y
hospitales y fundó un grupo de líderes filantrópicos llamado “Junta
General de Educación” (GEB).
En muy poco tiempo, todas las facultades de medicina se modernizaron y
homogeneizaron. Todos los estudiantes estaban aprendiendo lo mismo, y
la medicina consistía en usar medicamentos patentados.
Los científicos recibieron subvenciones enormes para estudiar cómo
las plantas curaban las enfermedades, pero su objetivo era identificar
primero qué sustancias químicas en la planta eran efectivas y luego
recrear una sustancia química similar, pero no idéntica, en el
laboratorio que pudiera ser patentada.
“Denle una pastilla al enfermo” se convirtió en el mantra de la medicina moderna.
Así que ahora, 100 años después, estamos produciendo médicos que no
saben nada sobre los beneficios de la nutrición o las hierbas o
cualquier práctica holística. En cambio, tenemos toda una sociedad que
está esclavizada a las corporaciones y que todavía las asocian a la idea
de bienestar.
Los Estados Unidos gasta el 15% de su PIB en atención médica, pero no
se enfoca en la cura, sino en los síntomas, creando así clientes
recurrentes. No existe cura industrial para el cáncer, la diabetes, el
autismo, el asma o la gripe....
Después de todo, ¿para qué querrían los Rockefeller
producir curas reales, si ellos forman parte de un sistema fundado por
oligarcas y plutócratas internacionales, y no por médicos?
La POLITICA es el arte de disfrazar de interés general el interés particular. . . Thiandiere
FINES del BLOG
En Expediente JoanFliZ se exponen los cientos de problemas que afectan al planeta debidos sobre todo a la corrupción y falta de etica existente en muchos que llamariamos sociopatas - en su mente solo existe una palabra PODER - y a que una mayoria de la poblacion "cree" en el mundo "matrix", o sea en "la realidad" que nos ha creado una pequeña pero inteligente "elite" mundial para su propio beneficio.
EnSOLUCIONES JoanFliz agrupamos algunos de los cientos de héroes anonimos para los medios de masas, que han imaginado formas de mejorar la vida de todos nosotros y del planeta con el que formamos un mismo organismo.
Estas ideas y ejemplos quiza nos puedan inspirar a usar nuestro tiempo finito mientras viajamos en lo que llamamos vida.
INDUSTRIA FARMACEUTICA - libros de denuncia
SINDROME TOXICO
el libro negro de las vacunas
El mito de las VACUNAS y ANTIBIOTICOS. NO FUERON LAS CAUSAS DE MEJORIA DE LA SALUD