03 mayo 2011

La mentira del atentado de Lockerbie

La gran mentira del atentado terrorista : "Fue Gadafi "



1-
Periodistas escoceses: el caso de Lockerbie podría haber sido fabricado por EE. UU.

1. 
Periodistas escoceses han revelado que el atentado de Lockerbie en 1988, uno de los mayores ataques del siglo pasado, fue fabricado.
Publicado: 16 mar 2012 | 


En diciembre de 1988, sobre el cielo de la localidad escocesa de Lockerbie, explotó un avión de la compañía estadounidense Pan American que se cobró la vida de 270 personas. Se declaró culpable del atentado al libio Abdelbaset Ali Mohamed al Megrahi, condenado en Escocia a cadena perpetua y liberado por una enfermedad grave que padecía. Recientemente se supo que durante el juicio de este caso los testigos que testificaron contra el acusado habían sido sobornados.

La periodista escocesa Lucy Adams encontró los materiales de la comisión especial que revisaba el proceso de investigación. En ellos descubrió hechos impactantes que se ocultaron cuidadosamente.

"Resulta que el Departamento de Justicia de EE. UU. pagó una gran cantidad de dinero a los principales testigos de la acusación, Paul Gauci y Tony Gauci. El último es el dueño de una tienda en Malta que dijo que Megrahi compró ropa que posteriormente fue encontrada en la maleta donde se encontraba la bomba. Esta fue la declaración clave contra el acusado libio. Y ahora sabemos que Anthony Gauci antes del juicio necesitaba dinero desesperadamente, por lo que recibió cerca de dos millones de dólares del Departamento de Justicia norteamericano después de haber hecho su declaración", dijo en un comunicado la periodista.

Si la defensa de Megrahi hubiera recibido esta información a tiempo, el proceso podría haber terminado de otra manera. Sin embargo, los detalles del informe de la Comisión escocesa todavía siguen en secreto. "Hay documentos, informes policiales, registros que nunca se han hecho públicos. Y esta información cambia seriamente la situación. En su último informe la Comisión de Revisión de Casos Criminales concluye que hay como mínimo seis puntos que indican graves fallos en el proceso de investigación", opina Adams.

Megrahi fue condenado en Escocia a cadena perpetua, pero en 2009 fue liberado porque el cáncer que padecía limitaba su esperanza de vida a dos meses -en la actualidad sigue vivo-. Las autoridades escocesas calificaron de caridad la decisión. En ese entonces el condenado rechazó los intentos de apelar el juicio.

Han pasado más de 20 años desde la tragedia en Lockerbie, pero la investigación sobre las circunstancias de esta tragedia todavía atraen mucha atención, con los detalles ocultos que se van descubriendo con el tiempo.



2. 
La verdad acerca de Lockerbie



Luego de escribir sobre los “delirantes” que con regularidad se aparecen en conferencias para afirmar que el presidente Bush/la CIA/el Mossad/etc perpetraron los crímenes de lesa humanidad del 11 de septiembre de 2001, recibí una carta esta semana: de Marion Irving, quien teme que miembros de su familia pudieran estar en riesgo de convertirse en “delirantes” y en “voces que claman en el desierto”. Pero ni de lejos lo son.

La carta de la señora Irvine se refería al ataque terrorista a un avión en Lockerbie, Escocia, en el que perecieron 270 personas, y yo, al igual que ella, creo que hay muchos ángulos oscuros y siniestros en esa atrocidad. No estoy tan seguro de que la CIA no haya escenificado un falso robo de drogas a bordo y tampoco de que el diminuto agente libio Megrahi –finalmente condenado con la memoria de un sastre maltés como prueba– haya en verdad arreglado que se plantara la bomba a bordo del vuelo 103 de Pan Am en diciembre de 1988.

Pero tomo doblemente en serio la carta de la señora Irvine porque su hermano, Bill Cadman, estaba a bordo del 103 y murió esa noche en Lockerbie, hace 19 años. Era ingeniero de sonido en Londres y París y viajaba con su novia Sophie –quien, desde luego, también pereció– para pasar la Navidad con la tía de ella en Estados Unidos. Nada, por tanto, podría ser más elocuente que la carta de la señora Irving, de la cual debo tomar unas citas. Ella tiene serias dudas, dice, de que Libia haya participado en el ataque.

“Desde los primeros días de diciembre de 1988 –escribe–, hemos sentido que nos han ocultado algo... la llamada de advertencia de (la embajada de Estados Unidos en) Helsinki a la que no se le hizo caso, la presencia de la CIA en suelo escocés antes de que propiamente empezara el trabajo de identificar cadáveres, la conducta de Teflón de ministros y del gobierno: todo contribuyó a una profunda sensación de inquietud.
“Esta sensación llegó a un punto culminante cuando un miembro de la Comisión Presidencial Estadunidense sobre Terrorismo y Seguridad de la Aviación le dijo a mi padre que nuestro gobierno sabía lo que ocurrió, pero que la verdad no se sabría. En ausencia de la verdad, el peor escenario –que se sacrificaron vidas en expiación por las vidas iraníes perdidas en junio de 1988– cobra cierto grado de credibilidad. El avión fue derribado en los peligrosos momentos finales de la presidencia de Ronald Reagan.”
Debo explicar aquí que las vidas iraníes a las que se refiere la señora Irvine son las de pasajeros de esa nación en un vuelo civil de Airbus que fue derribado sobre el golfo Pérsico por un buque de guerra estadunidense pocos meses antes de Lockerbie, y antes de que la guerra de ocho años entre Irán e Irak llegara a su fin.
El barco estadunidense Vincennes –apodado Robocrucero por los tripulantes de otros navíos de ese país– lanzó sus misiles al Airbus porque lo tomó por un jet de la fuerza aérea iraní que venía en picada. No lo era, y además iba remontando el vuelo, pero Reagan, después de unas cuantas disculpas de trámite, culpó a Irán de la matanza por haber rechazado un cese del fuego solicitado por la ONU en la guerra contra Irak, en la cual nosotros apoyábamos a nuestro viejo amigo Saddan Hussein (¡sí, el mismo!)
La Armada estadunidense condecoró –el cielo nos asista– al capitán del Vincennes y a sus artilleros. Semanas más tarde, el jefe del comando general del Frente Popular para la Liberación de Palestina –agrupación palestina pro iraní radicada en Líbano– convocó a una repentina conferencia de prensa en Beirut para negar ante los asombrados reporteros que tuviera alguna relación con el atentado en Lockerbie.

¿Por qué? ¿Alguien lo había delatado? ¿Fue Irán? Fue tiempo después de eso cuando las conocidas “fuentes oficiales” que en un principio habían apuntado a Irán comenzaron a culpar a Libia. Por entonces necesitábamos el apoyo de Siria, aliada de Irán, y de la aquiescencia iraní para liberar a Kuwait después de la invasión ordenada por Saddam Hussein en 1990. En lo personal, siempre creí que Lockerbie fue la venganza por la destrucción del Airbus –la extraña conferencia del FPLP avalaba esa creencia–, lo cual da sentido a la valerosa carta de la señora Irvine.

En la misiva relata que sus padres, Martin y Rita Cadman, tuvieron incontables reuniones con miembros del Parlamento británico, como Tam Dalyell y Henry Bellingham, Cecil Parkinson, Robin Cook y Tony Blair, y con Nelson Mandela (cuya petición de que Megrahi fuese transferido a una prisión en Libia fue apoyada por los Cadman).
En una contundente oración, la señora Irvine añade que sus padres “están envejeciendo y, en su ansiedad de que vayan a morir sin que nadie haya asumido verdadera responsabilidad por la muerte de su hijo, tienen miedo de perder la perspectiva y sentir que se están volviendo ‘delirantes’. La guerra (de 1980-88) en Irak significó que no se aprendió ninguna lección y, como mi hermano estaba en ese avión, ahora todos tenemos un mayor sentido de responsabilidad ante la situación mundial”.
Y entonces llega al meollo del asunto. “¿Qué podemos hacer? Ahora que mi padre es mayor nos corresponde a nosotros, la siguiente generación, atenazar al gobierno, pero, ¿hay esperanza? Le escribo para preguntarle si cree que haya alguna acción razonable que podamos realizar con alguna probabilidad de éxito... Negarse a entender y a aceptar el pasado es peligroso para el futuro”.     Yo no lo habría expresado mejor, y sí tengo una idea muy directa. Si se dijeron mentiras oficiales sobre Lockerbie –si hubo una jugada sucia encubierta por los gobiernos británico y estadunidense y si los encargados de nuestra seguridad dijeron mentiras–, entonces muchas personas con autoridad saben de ello.
Llamo a todos los que sepan de alguna mentira semejante a que me escriban (por correo ordinario o mensajería personal) a The Independent. Pueden dirigir sus cartas a la señora Irvine en un sobre que venga a mi nombre. En otras palabras, es un llamado a servidores públicos honestos a que revelen la verdad. Ya escucho los murmullos de los chicos de azul. ¿Acaso estamos alentando a servidores civiles a que violen la Ley de Secretos Oficiales? Desde luego que no. Si se dijeron mentiras, los funcionarios deben hacérnoslo saber, pues en tal caso dicha ley se habría utilizado en forma vergonzosa para imponerles silencio. Si lo que aflora es la verdad, nadie habrá violado ley alguna.
Así pues, espero noticias. Los delirantes pueden abstenerse. Pero los que saben verdades que no pueden decirse pueden tener el honor de revelarlas. Es lo menos que merecen Martin y Rita Cadman y la señora Irvine... así como Bill y Sophie. Y si algunos alguaciles se ve tentados a amenazarme a mí o a la señora Irvine en esta demanda de la verdad, pues que se vayan al diablo.
© The Independent

3.

Y LA SANGRE LLOVIÓ DEL CIELO


Las sanciones impuestas a Libia en 1992 han sido retiradas oficialmente. A pesar de su relevancia mediática, de hecho sólo ha sido un acto formal, pues ya Naciones Unidas en 1999 las había levantado provisionalmente cuando el gobierno de este país entregó a los sospechosos del atentado de Lockerbie a la justicia escocesa. Únicamente los Estados Unidos mantienen el embargo de manera unilateral, ya que han incluido a este país en la lista de integrantes del eje del mal, pues afirman que no luchan decididamente contra el terrorismo y poseen programas de fabricación de armas de destrucción masiva. Para ellos, aún forma parte, en suma, del grupo de estados contra los que se reservan la adopción de acciones militares o de cualquier otro tipo para mantener preventivamente la seguridad interna de la metrópoli.

 

Sin embargo, el caso Lockerbie sigue sin cerrarse, las dudas son demasiadas y muy fundadas, el juicio entero ha sido una farsa. Además, los familiares de las víctimas, en su mayoría norteamericanas, tampoco están satisfechos a pesar de que se han convertido, por mor de los petrodólares libios, en multimillonarios. Y es que el dinero de las indemnizaciones no lo paga directamente el gobierno de Gaddafi sino un organismo interpuesto ligado a él, ni tampoco ha pedido público perdón a pesar de haber firmado una carta ante NN.UU. de autoinculpación en la que “acepta la responsabilidad por las acciones de sus funcionarios”.

La reacción del gobierno de la Yamahiría no es sorprendente en absoluto. A pesar de que oficialmente parece probada —aunque sólo de manera circunstancial— la participación de un agente libio, Trípoli no reconoce implícitamente la participación de su propio de gobierno en el derribo del vuelo 103 de la PanAm. Pero es que muchos de los allegados de las víctimas tampoco lo creen así y probablemente no sepamos nunca a ciencia cierta lo que ocurrió. 

Para arrojar un poco de luz sobre la cuestión, no está de más recordar otras hipótesis más verosímiles sobre lo sucedido que estuvieron publicándose en algunos medios impresos de la época y que ahora, incomprensiblemente, pocos quieren recordar. 

Durante unas maniobras de la VI Flota en 1988, casi 6 meses antes del atentado, un Airbus iraní en vuelo civil fue derribado "por error" por un misil proveniente de un crucero americano, el USS Vicennes. A pesar de ser considerado oficialmente como un error, el general al mando de la operación fue condecorado posteriormente en su país. Evidentemente, Irán no se contentó con la explicación y amenazó con que le “llovería sangre del cielo” a los EE.UU. Pues bien, parece ser que además de un buen número de peregrinos, en el avión viajaban destacados miembros de los servicios secretos iraníes. No hace falta ser un lince para relacionar este hecho con el atentado de Lockerbie, que sería como una respuesta al anterior atentado terrorista perpetrado por norteamérica, pues en el vuelo 103 viajaban presuntamente determinados miembros de la CIA. Agentes libios, palestinos (se especuló con las facciones de Abu Nidal o Ahmed Jibril) e iraníes al servicio de la inteligencia de este último país pudieron llevar a cabo el atentado, como reconoció hace unos años un ex alto funcionario de este gobierno.

Pero ni Siria (que daba cobertura al FPLP-CG de Jibril), ni Irán eran países con los que estratégicamente conviniera enfrentarse en ese preciso momento. Siria era aliado en la primera Guerra del Golfo e Irán, tras la guerra con Irak auspiciada por occidente, se encontraba en un proceso de moderación progresiva, cuya proyección internacional trascendía con mucho las fronteras de la República Islámica. Palestina ya estaba suficientemente machacada. Sólo quedaba Libia, cuyo líder soñaba con ser un nuevo Nasser que uniría a la nación árabe, empezando por el Gran Magreb y cuya influencia en África era un obstáculo para las políticas del imperio.

En fin, la trama de Lockerbie puede considerarse como otro conjunto de mentiras más al servicio de la política exterior americana, que se permitió bombardear al líder del país más estable del Magreb, con buenas reservas de gas y petróleo y con un nivel de vida de la población, que aún hoy, tras 11 años de embargo, es la envidia de sus vecinos. Ahora simplemente, se ha dejado humillar a medias para volver a la escena internacional de manera normalizada. La compra de la inocencia les ha costado 27.000 millones de dólares. Buen precedente. ¿Se imaginan cuanto le costaría a los Estados Unidos la inocencia no ya por el derribo del Airbus o bombardeos como el de Sudán o Trípoli, sino por guerras como las de Vietnam o la actual invasión de Irak?

Juanlu González
14/09/2003