31 enero 2013

Porque Washington ilegalizó el cannabis durante 70 años y ahora van a legalizarla ?

 Hace diez mil años ya se conocía y se aprovechaba para hacer tejidos y cuerdas. Los chinos aprendieron a fabricar papel con sus fibras.

El cáñamo o cannabis, de donde se obtiene la marihuana, también sirvió para soñar y ensoñarse. En la India lo usaban para la meditación cósmica.

Pero la principal utilidad de esta planta fue en la medicina. Conocida pronto en Europa, los españoles y los ingleses la trajeron a América, donde comenzó a utilizarse por sus excelentes propiedades terapéuticas.

¿A qué criterios atiende su ilegalización? ¿Quién prohibió esta droga a nivel mundial?

La marihuana a principios del siglo XX era consumida en EE UU mayoritariamente por minorías étnicas.
MANIPULACIÓN. Estos  carteles resumen las líneas maestras de la propaganda anti marihuana en EE UU: su consumo lleva a la heroína, es el camino al infierno, incita a la lujuria y al crimen, etc.

Conspiración de la élite
A la élite blanca estadounidense no le gustaba este tipo de gente. Un ejemplo es William R. Hearst, propietario de emisoras de radio, la mayor cadena de periódicos de EE UU y de su propia agencia de noticias. Su prensa estaba dedicada al sensacionalismo, además, por su ideología de corte ultraderechista dio cobertura a la propaganda nazi mediante sus medios de comunicación tras ser recibido por Hitler en 1934.
También era propietario de la principal empresa maderera del país y latifundista en Chihuahua (México).
Desde los medios de comunicación de Hearst y los de El Paso (Texas) se empezaron a difundir una serie de mentiras como que fumar marihuana convertía a los mexicanos en asesinos.
La presión mediática condujo a que se aprobara la Ordenanza de El Paso de 1914 prohibiendo la venta y posesión de marihuana. Dicha ley se llenó de tintes racistas al ser utilizada para controlar a los mexicanos. Cinco años después se prohibió el cannabis en todo el estado. En 1915 se hicieron las primeras leyes estatales que prohibían también el cannabis en California y Utah.
Por otro lado, la poderosa familia du Pont, propietaria de la más importante industria petroquímica de EE UU, tenía las patentes de tejidos sintéticos como el nylon 6.6 o el rayón e iban a empezar a comercializarlos en los años ‘30. Además, la empresa de los du Pont se encargaba de convertir la madera de la compañía de Hearst en pasta de celulosa para papel. (Por cierto en aquella epoca una gran parte del papel que se producía en Estados Unidos se hacía a base de cáñamo). 


Pierre S. du Pont también se hizo cargo de la compañía General Motors, competidora de Ford, que estaban investigando la creación de combustibles y aceites derivados de la biomasa del cáñamo, lo que supondría un gran competidor del petróleo y la ruina para las empresas petroleras como la Gulf Oil, cuyo propietario fundador era William L. Mellon, sobrino nieto de Andrew W. Mellon, Secretario del Tesoro de EE UU (1921-1932) y banquero (Mellon National Bank), uno de cuyos principales clientes era la familia du Pont.
Andrew W. Mellon, aprovechando su cargo y sus influencias políticas creó en 1930 el cargo de Comisario de la Oficina Federal de Narcóticos, dependiente del Departamento del Tesoro; y en él colocó al marido de su sobrina, Harry J. Anslinger. Su misión era conseguir que el cannabis se ilegalizase y se considerase al mismo nivel que la cocaína o la heroína y así borrarlo del mercado. Los tejidos, combustibles, plásticos y el papel hechos a partir del cáñamo serían una competencia importante para los intereses empresariales de Hearst, la familia du Pont, y la familia Mellon (entre otros). Así, Anslinger comenzó una campaña gubernamental de desprestigio de la marihuana por medio de mentiras difundidas por la televisión y los periódicos de Hearst.
La prohibición
La presión de la élite y de los grupos de ultraderecha que ellos financiaban condujo a que el 12 de agosto de 1937, sin un debate público ni investigaciones científicas previas y con un discurso de Anslinger cargado de prejuicios clasistas, elitistas y racistas, el congreso norteamericano aprobara la Marihuana Tax Act, prohibiendo el consumo, posesión y comercio de cannabis a nivel federal. Pero la American Medical Association, que asistió a la aprobación de esta ley, mostró su escepticismo sobre las informaciones y se opuso a la ilegalización de una sustancia usada terapéuticamente en aquel entonces.
Por otro lado, Fiorello LaGuardia, alcalde de Nueva York (1934- 1945), mostró su rechazo a la prohibición y dudas ante las afirmaciones del Gobierno, encargando un estudio a 31 científicos imparciales. En 1944, tras seis años de investigación médica, sociológica, psicológica y farmacológica, concluyeron que fumar marihuana no conducía a un comportamiento violento o antisocial, ni causaba deseos sexuales incontrolados, ni alteraba la estructura básica de la personalidad...
Anslinger usó su influencia con la prensa (Hearst) para desacreditar y ocultar este estudio, publicitar sus actuaciones policiales contra la droga y continuar su campaña de desinformación. Además evitó otras investigaciones restringiendo el suministro de marihuana.
Las autoridades consideraban a los consumidores de drogas como una amenaza que debía estar tras las rejas. Además, aprovechando la Guerra Fría el Gobierno inventó una conspiración: los países comunistas trataban de drogar a los estadounidenses. De esta forma, la presión de Anslinger condujo a que se aprobara en 1951 la Ley Boggs que endurecía gravemente las penas por posesión de cannabis. Poco después, la influencia de Anslinger llevó a la aprobación de la Ley de Control de Narcóticos de 1956. Era la ley federal de EE UU más dura de todas las promulgadas en esta materia, poniendo al cannabis en la misma categoría que la heroína.
En 1958 se hace público un estudio que realizaron la American Medical Association y la American Bar Association. En él se consideraba contraproducente la política de drogas llevada a cabo por el Gobierno y se hacía hincapié en investigar curas para la adicción en vez de castigar como medio de prevención y cura. La respuesta de Anslinger fue acusar a los investigadores de connivencia con los traficantes, irresponsabilidad y antipatriotismo. EE UU continuó censurando estudios contrarios a sus criterios.
El último paso que le faltaba dar a EE UU para controlar las drogas era convencer a la ONU de que patrocinase unos acuerdos internacionales en referencia a los estupefacientes, para que cada país los persiguiera como hacían ellos. De esta forma, Anslinger fue en 1961 a las Naciones Unidas y utilizó la influencia de EE UU para que los países unificaran sus diferentes acuerdos sobre drogas en un tratado único e inflexible ilegalizando el cannabis en todo el mundo. El resultado fue la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes.
Ahora entendemos para que sirve la ONU y porque esta construida en terrenos de Rockefeller.
¿Qué intereses siguen existiendo para evitar que se legalice el cannabis? Tendríamos que volver la mirada a EE UU, a sus empresas textiles, madereras y de hidrocarburos, y con una especial atención a las empresas multinacionales farmacéuticas que poseen las patentes de los derivados del cannabis y su relación con los miembros de los gobiernos del país.
Y que medicamentos sustituiria? (seguramente con mejores resultados):
SERGIO ALONSO PUJIULA , Sociólogo Domingo 15 de octubre de 2006. Número 35 http://diagonalperiodico.net/article1956.html

La Historia ha sido una patraña. Este vídeo patrocinado por el gobierno norteamericano en 1942 promocionando el cultivo de la marihuana y mostrando las grandísimas plantaciones que en aquel tiempo había es otra prueba de que la política represiva sobre esta fantastica planta es una invención interesada.




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 William_Randolph_Hearst¿Por qué entonces en esa misma época se prohibió el cáñamo en vez de aumentar su producción?
Llegados a este punto entran en escena tres personajes: el primero es William Randolph Hearst, el hombre más rico del mundo en su época. Hearst era propietario de una importante cadena de periódicos en Estados Unidos y como sus empresas consumían grandes cantidades de papel, pensó que podría reducir costes si él mismo compraba los aserraderos y demás empresas relacionadas con la producción de papel, y así lo hizo, invirtiendo en ello enormes sumas de dinero. Pero en 1935, con el invento del descortezador mecánico antes mencionado, mientras miles de familias de agricultores soñaban con un futuro mejor, Hearst se preocupaba por los aserraderos y fábricas procesadoras de pasta de papel que había comprado, condenadas a una ruina inminente. Pero lejos de resignarse y admitir que seguiría siendo multimillonario pero vería su fortuna reducida en parte, decidió que tenía que haber alguna forma de vencer a su nuevo enemigo, esa planta que daba papel de mejor calidad, más barato y sin apenas usar productos químicos en su elaboración. Y utilizó para ello su mejor arma: la manipulación informativa a través de los periódicos de su propiedad. Inició una campaña en la que presentaba al cáñamo, la marihuana, como el origen de todos los males: delitos, violencia, etc. Hearst nunca incluyó en los artículos de sus periódicos ni un sólo informe médico o científico de los cientos que entonces ya existían porque todos ellos decían claramente que no se trataba de una planta peligrosa y que tenía, en cambio muchas cualidades positivas, tanto medicinales como de uso industrial. A pesar de ello, millones de americanos le creyeron y empezaron a ver un enemigo en una de las plantas más útiles al ser humano y que era también, entre decenas de usos, fumada por quien le apeteciera, como lo habían hecho, entre otros muchos, los serios y respetables presidentes George Washington o Tomas Jefferson, ambos conocidos y declarados cultivadores y consumidores de marihuana .
Pero no era suficiente tener a la opinión pública de su lado para conseguir prohibir un cultivo tan beneficioso, Hearst necesitaba algún cómplice poderoso, y aquí entra en escena el segundo personaje: la empresa petroquímica Dupont, que ya entonces contaba con plantas de producción distribuidas por toda América. Esta empresa también tenía sus razones para combatir a esa planta que se empeñaba en seguir siendo tan incómodamente útil: por una parte Dupont tenía la patente del ácido sulfúrico, muy contaminante pero utilizado en grandes cantidades en el procesamiento de la pasta de papel obtenida de la madera, con lo que Hearst era uno de sus mejores clientes. Por otra parte, Dupont acababa de desarrollar dos fibras artificiales, el rayón y el nylon, que encontraban en el cáñamo a un ecológico e incómodo competidor. Los intereses de las empresas de Hearst y las de Dupont coincidían plenamente. Dupont tenía contactos en las altas esferas de la política y las finanzas americanas, entre ellos Andrew Mellon, que era presidente del Mellon Bank, el principal proveedor de recursos financieros de Dupont.

Harry_Jacob_AnslingerLa sobrina de Mellon estaba casada con nuestro tercer personaje, Harry Anslinger, comisionado del Departamento Federal de Narcóticos, un individuo que ha pasado a la historia vinculado a varios asuntos turbios que no vienen al caso. Este fue el político ruidoso y tenaz que defendería los intereses de Hearst y Dupont, enarbolando la bandera de la moral, el patriotismo y las buenas costumbres. Dio en el congreso encendidos discursos contra el cáñamo, pero nunca pudo presentar una prueba o un sólo estudio científico que apoyara su tesis. Repitió una y otra vez que era una droga terrible que provocaba agresividad y que debía ser prohibida. Cuando le presentaron informes médicos que decían que era imposible que tal planta provocara agresividad, sino justamente lo contrario, dijo entonces era una planta antipatriótica, pues no permitiría tener buenos soldados.

Así, el trío Anslinger-Dupont-Hearst consiguió que en 1937 el cáñamo fuera prohibido en Estados Unidos. A partir de ahí se produjo un efecto dominó que haría que la planta acabara, tras miles de años de convivencia pacífica con el ser humano, prohibida en prácticamente todo el mundo. Si algún país quería tener buenas relaciones con Estados Unidos tenía que incluir tan extraña prohibición entre sus leyes, arruinando a miles de familias de agricultores y obligándose a producir o comprar productos más caros y contaminantes.
Esa es la triste historia de esta planta y la campaña de difamación que se desató contra ella ¿Estuvieron equivocados los griegos, romanos, persas, hindúes, chinos, y tantas otras ricas culturas que la utilizaron o somos nosotros, que vivimos en este extraño tiempo de prohibición los engañados?.
Es difícil calcular cuantos cientos de miles de hectáreas de bosques en todo el mundo no habrían sido destruidos de no haber seguido la historia tan retorcido camino, de no haber prevalecido los intereses mezquinos de un pequeño grupo de hombres sobre los del resto de la humanidad.

Pero posiblemente, y a pesar de que estos son datos conocidos y fácilmente comprobables hoy en día, la prohibición continuará durante quien sabe cuantos años más, porque le proporciona un lucrativo negocio a políticos corruptos y a las mafias de todo el mundo, porque los enormes gastos de su prohibición y las consecuencias negativas de la misma las pagamos nosotros con nuestros impuestos mientras algunas empresas farmacéuticas, como Eli Lilly, de la que fue director George Bush padre, tienen el multimillonario negocio de las patentes por la producción sintética de los principios activos del cáñamo, principios que forman parte fundamental de muchas medicinas. Este negocio se vendría abajo si esos principios se obtuvieran de forma natural de la planta en vez de sintetizarlos. Pero somos ingenuos, absurdamente incautos, y a pesar de que hoy día tenemos todos estos datos a nuestra disposición, sigue pesando más sobre todas las sociedades del mundo el engaño a que sometieron a nuestros abuelos un grupo de sinvergüenzas codiciosos hace seis décadas.

Si fuéramos algo más cautos, un poco más desconfiados, investigaríamos el origen de hechos y costumbres que damos por buenos sólo porque nos han acostumbrado a ellos desde niños, indagaríamos sobre el origen de la clase política antes de votarles o, mejor aún, exigiríamos que nos consultaran antes de hacer las leyes que van a condicionar nuestra vida; averiguaríamos cual fue el verdadero origen de cada guerra, el de cada religión, y llegaríamos a cuestionarnos incluso pequeñas costumbres cotidianas como taladrar las orejas de nuestras hijas para colgarles un adorno, mientras miramos con soberbia a otras culturas que consideramos menos desarrolladas porque taladran la nariz de sus niños. Posiblemente si hiciéramos eso ya no moriría ningún joven por las drogas adulteradas que les venden las mafias, posiblemente se acabarían todas las guerras en unos pocos años y con ellas tantos negocios de muerte. Pero ese sería otro mundo, un mundo que, tal vez porque soy humano y por tanto de naturaleza absurdamente ingenua, creo que, algún día, y a pesar de todo, llegará a ser realidad.

La intervención del empresario William Randolph Hearst fue decisiva. Hearst era propietario de la mayor cadena de periódicos y por tanto debía su imperio a la industria papelera. En aquellos años el papel se producía a partir del cultivo del cáñamo, el cual precisaba de una serie de gastos por mano de obra bastante elevados, con lo que se busca algún tipo de materia prima más barata y que por lo tanto dejase un mayor beneficio. El cambio de papel de cáñamo al de madera fue una jugada de intereses económicos en la Hearst, propietario de grandes serrerías, iba a ser el gran beneficiario. Sin embargo, la invención de la descortezadora mecánica creó nuevas expectativas entre los agricultores, que vieron como la tarea más costosa y dura del cultivo de cáñamo podría ser abaratada con el consiguiente aumento de su producción.

El cuarto poder

William Hearst no podía dejar que su imperio periodístico y maderero se fuera a pique, por lo que ideó una estrategia de contraataque.

El San Francisco Examiner era en aquellos días el periódico estrella del holding Hearst. Sus editoriales y reportajes moldearon la opinión pública estadounidense. A través de sus páginas se gestó una de las mayores conspiraciones de poder llevadas a cabo por el sector privado.

Desde las máquinas de escribir de las redacciones del diario se elaboró una campaña de desinformación hacia la marihuana de un calibre nunca alcanzado hasta entonces. En pocos meses la sociedad comenzó a ver en el cannabis al mismo diablo, el culpable de la delincuencia, la pérdida de valores y de todos los supuestos males que tenían como base los prejuicios raciales. Pero solamente con la mala prensa no se erradicaba al enemigo. Había que desterrar su cultivo para siempre y se necesitaban aliados. Dupont, la poderosa empresa química a la que pertenecían las patentes de nylon y el rayón, fibras sintéticas que podrían sustituir al cáñamo, fue la escogida. Una alianza que fue primordial en este proceso.

El eje Dupont-Hearst funcionó a la perfección gracias a uno de los contactos que el primero tenía en el congreso, el entonces Director de Narcóticos estadounidenses, Ansloinger. Los artículos publicados por la cadena Hearst fueron leídos ante el Congreso. Escritos sensacionalistas en los que se achacaba a la marihuana todos los males del pueblo de los años treinta. Haciendo caso omiso a diferentes informes que reivindicaban los beneficios del cáñamo, se promulgó la Marijuana Tax Act, quedando penalizado su cultivo y consumo.

Farmacéuticas manos negras.
Pero si ya es truculenta la historia de la censura del cáñamo y sus derivados, se podría calificar de escandaloso el negocio que ha supuesto para varias empresas farmacéuticas. Este es el caso, por ejemplo, de la multinacional Eli Lilly, propietaria de patentes sobre diferentes derivados sintéticos de los principios activos del cannabis y que basa su negocio, entre otros conocidos medicamentos, en un producto llamado Darvon. Curiosamente esta empresa fue dirigida desde 1977 a 1979 por George Bush, encarnizado enemigo de la legalización de la marihuana.

La supuesta mano negra que manejaría los hilos de esta conspiración habría que buscarla en las más altas esferas, concretamente en la propia Organización Mundial de la Salud que estaría siendo dirigida indirectamente por asociaciones y organismos paralelos que influirían sobre cualquier tipo de resolución y actitud a favor o en contra del cannabis. El departamento que estudia y se responsabiliza de determinar si una sustancia debe someterse al control internacional es la Comisión de Expertos en Drogas Activas. Los responsables de esta organización son designados por los ministerios de sanidad de cada país de la OMS los cuales no son elegidos a dedo.

Esta comisión de expertos es la culpable de que se hubiera distorsionado la verdad en varias ocasiones. La última en 1995 cuando la OMS ocultó un informe en el que el cannabis era comparado con el alcohol y el tabaco. Las conclusiones de dicho informe afirmaban que estos últimos eran más perjudiciales para la salud que la marihuana. Diversas filtraciones de la OMS hicieron que este informe viera la luz pública, destapando las presiones que provenientes del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de las Naciones Unidas habían hecho para no alterar el concepto que existe en la sociedad actual de la marihuana y así seguir enriqueciéndose con las patentes. Información ocultada, manipulada y la existencia de posibles sobornos es lo que se podría deducir de los responsables de la OMS que han acabado siendo altos cargos de dichas empresas como son los casos de Hans Halbach, ex director de la Unidad de Drogodependencia de la OMS y que fue reclutado en la empresa suiza Hoffman La Roche; el antiguo responsable de la División de Narcóticos de las Naciones Unidas, Gilbert Yates, nombrado Director de las Industrias Farmacéuticas Británicas o el ex secretario de la Junta Internacional de Control de Narcóticos que acabó convirtiéndose en un empleado más de la Asociación Americana de Fabricantes Farmacéuticos.

Un rosario de intereses creados en torno a los miles de millones de dólares que genera el cáñamo que día a día están viéndose acorralados a los prestigiosos estudios científicos que se están realizando y que ponen en duda los argumentos aducidos para su ilegalidad.
En el mes de enero de 1998, el Ministerio de Sanidad francés encargaba a su secretario Bernard Koucher un exhaustivo informe sobre la peligrosidad del cannabis. El estudio científico fue dirigido por Bernard Roques y una comisión de once miembros y siete asesores externos entre los que se encontraba el Dr. José M. Palacios. Durante cinco meses estudiaron los diferentes peligros de diferentes drogas debido al aumento de alcohólicos en Francia.

Los resultados de la investigación llegaban de nuevo a una conclusión ya conocida: esta sustancia en comparación con otro tipo de drogas como el tabaco y el alcohol es mucho menos nociva.

No podemos ni queremos valorar si el cannabis debe ser o no legalizado, pero no podemos dejar de denunciar a la opinión pública los beneficios económicos que podrían estar acumulando los poderes ocultos que nos gobiernan.

http://www.proyectopv.org/1-verdad/conspiracionmenor.htm

Hasta donde hemos crecido bajo ese manto y hasta qué punto no fue el mismo Hearts quien provocó toda la ola progresiva de aura en torno a las drogas. Se hizo de una planta que resolvía muchos problemas un verdadero enviado del diablo y solo por unos miles de dólares…

2014:
 Extrañamente ahora ha comenzado una campaña mundial A FAVOR de la aprobacion de la marihuana . 
? que esconde este cambio de estrategia ? Que tiene que ver George Soros en todo esto ? Sera necesario estar atento.

ejemplo:

El Dr. Sanjay Gupta, es el corresponsal médico de la CNN norteamericana y una de las personas más influyentes en la opinión medica para ciudadanos por dirijir esta sección en la CNN . Gupta ha fimado un documental que se emitió en la CNN el domingo 11 de agosto (os lo dejo más abajo), una semana mas tarde, escribía una editorial en CNN.com en la que admitía que la investigación para el documental cambió su opinión acerca de la marihuana y sus efectos medicinales.

Después de viajar por el mundo, reunirse con expertos médicos y pacientes de marihuana medicinal, Gupta concluye que “hemos sido terriblemente engañados sistemáticamente y durante casi 70 años en los Estados Unidos, y me disculpo por mi papel en esto. ”

Aquí están las razones de por qué Gupta cambio de postura:

1. Las leyes sobre la marihuana no se basan en la ciencia. Gupta escribió: “No por científicos sólidos, pero debido a su ausencia, la marihuana fue clasificada como una sustancia de la Lista 1″ a instancias del Secretario de Salud, Roger Egeberg en 1970.

2. Gupta señala que la marihuana “ no tiene un alto potencial de abuso” y no lleva a la gente a usar otras drogas. “Ahora sabemos que, si bien las estimaciones varían, la marihuana conduce a la dependencia en torno a 9-10% de los usuarios adultos.” La cocaína, que se clasifica en otra lista de sustancias (menos adictiva) 2, engancha al 20% de los que la usan. Alrededor del 25% de los consumidores de heroína y 30% de fumadores de tabaco se vuelven adictos.

3. En algunos casos médicos, la marihuana es “lo único que funciona.” Gupta se reunió con una mujer de Colorado que utiliza la marihuana para reducir el número de ataques que tenía de 300 por semana, a dos o tres por mes.

4. Es más seguro que una gran cantidad de medicamentos recetados: Alguien se muere de una sobredosis de medicamentos recetados cada 19 minutos en los Estados Unidos, pero Gupta no ha podido encontrar una sola persona que haya muerto por una sobredosis de marihuana.

5. Otros médicos creen en ella: Setenta y seis por ciento de los médicos encuestados prescribiría la marihuana para aliviar el dolor de las mujeres que sufren de cáncer de mama.

6. Aunque dejar de fumar marihuana puede producir algunos síntomas de abstinencia, como el insomnio, la ansiedad y las náuseas, aun así ni de lejos es tan mala como drogas como la heroína, la cocaína, o incluso alcohol . “He visto la abstinencia del alcohol, y puede ser mortal”, dijo Gupta. No es así con la marihuana.

7. Las plantas medicinales (incluyendo la marihuana específicamente) no son un tema nuevo: Las comunidades médicas y científicas han estudiado la marihuana medicinal desde el siglo XIX, y la marihuana se utilizó en realidad para tratar el dolor neuropático hasta 1943.

8. Sólo se ha estudiado un 6% sobre los beneficios médicos de la marihuana en el último año, el otro 94% de las investigaciones se diseñó principalmente para investigar su daño. “Ese desequilibrio pinta una imagen muy distorsionada”, dijo Gupta.

9. El sistema está sesgado en contra de la investigación sobre los beneficios de la marihuana médica. En primer lugar, se tiene que conseguir marihuana para su investigación de una granja aprobada por el gobierno, y eso tiene que obtener la aprobación del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, que se encarga de estudiar la prevención del abuso de drogas, no los beneficios médicos de éstas.


En general, Gupta dijo que escuchó demasiado cerca a los opositores de marihuana medicinal y los escépticos, y que “no buscó lo suficiente, hasta ahora. No fuí lo suficientemente lejos. Yo no reviso los papeles de los laboratorios más pequeños en otros países que realizan una investigación notable, y yo era demasiado desdeñoso de los ruidosos coros de los pacientes legítimos cuyos síntomas mejoraron con respecto al cannabis “.


 información  más detallada:         http://www.iahushua.com/Hemp.html

Marihuana desde una perspectiva mística y algo de esta conspiración con bibliografía:

http://www.mind-surf.net/drogas/marihuana2.htm

http://www.latrinchera.org/foros/arc…hp/t-1869.html