02 julio 2015

Holocausto - Holocuento - Hollywood

Tema tabu en nuestra sociedad debido a la brutal propaganda(cine, tv, historia..)  y a la legislacion que impide investigar el tema.
 


Miles de documentos de la segunda guerra mundial han estado y seguiran precintados para los investigadores.

 Texto de Adrian Salbuchi sobre la actualidad de la maquina mundial sionista contra cualquiera , sea judio o no que ose investigar o dudar de la version oficial en este enlace:

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Diplomática israelí en Berlín: 

“mantenemos la culpabilidad alemana sobre el Holocausto porque es vital para Israel”

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  ? Hablamos de un hecho historico 

o mas bien de una "religion" ?


 

 

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Joseph Hirt confiesa haber mentido sobre el holocausto en Auschwitz

Joseph Hirt narra una historia imaginaria sobre su detención en el campo de concentración de Auschwitz.
No es el primer caso en el que una falsa víctima del holocausto se confiesa. Esta vez ha sido Joseph Hirt, quien ha dedicado parte de su vida a contar cómo escapó del campo de concentración nazi y conoció a importantes personajes. Ahora ha revelado que se lo inventó todo:

 Un estadounidense confesó que había engañado al público durante años, alegando ser testigo del llamado Holocausto en el campo de concentración de Auschwitz.

A lo largo de varios años, Joseph Hirt, un hombre de 86 años de edad y del estado norteamericano de Pensilvania (noreste), ofrecía discursos públicos sobre sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, incluyendo el vuelo de su familia judía de Polonia a Belgrado.

Además, decía a la gente que fue detenido por las fuerzas de la Alemania nazi, enviado al campo de concentración de Auschwitz, y que más tarde escapó bajo una cerca eléctrica. Hirt había alegado reunirse con Josef Mengele, un médico alemán del citado campo de concentración, e incluso, había agregado un prólogo extraordinario a su historia, afirmando haber visto a Adolf Hitler en el año 1936.

Sin embargo, confesó el viernes haber fabricado la mencionada historia con el fin de "mantener vivo el recuerdo" del Holocausto, que a su juicio estaba amenazando por la “negación y la ignorancia”.

"Yo no era un prisionero allí. No tenía la intención de disminuir o eclipsar los hechos que realmente sucedieron allí, alegando falsamente haber estado implicado personalmente", indicó Hirt.


Hirt hace un par de años:


 

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libro: “¿Murieron realmente 6 millones?.


Al acabar la guerra, 4,3 millones de judíos cumplimentaron los requerimientos del gobierno alemán como “víctimas del holocausto” y recibir la consabida subvención.

Es decir, que prácticamente todos los judíos sobrevivieron.
La lista de los supuestos 6 millones fue confeccionada por el ejecutivo de la organización para el Recuerdo del Holocausto, Yad Vashem, y se confeccionó mediante la inscripción de cualquiera que lo quisiera, sin investigación alguna (sabiendo que iban a recibir una pensión de por vida gracias a ello: ¿quién no se hubiera apuntado?).

A día de hoy, la única organización independiente que realizó un cómputo de los judíos muertos en los campos de concentración nazis fue la Cruz Roja y su cifra fue de 300.000 personas.



Nota de Xentor: El siguiente artículo, de autor anónimo, fue publicado en una Website hoy hackeada e inexistente. Lo publicamos aquí, con leves modificaciones, por tratarse de una buena introducción al tema. Al final, dejamos unos links para quienes deseen profundizar aún más.

No nos mueve ningún tipo de odio contra el Pueblo Judío en general, sino únicamente el Amor por la Verdad. Es más: DESTACAMOS y APLAUDIMOS el hecho de que cada vez más hermanos judíos están rebelándose contra el Sionismo y cuestionando sus dogmas, incluyendo el del Holocausto (las imágenes que acompañan este artículo, por ejemplo, son creación de David Dees, un Judío Antisionista).

El 15 de marzo de 2015 en el programa Panorama de la televisión alemana NDR Fernsehen,
Ursula Haverbeck, licenciada en filosofía, pedagogía y linguística, aparece sorprendentemente en una entrevista, por primera vez en una televisión alemana desde el final de la guerra, negando el holocausto :


En este mundo donde reina la Mentira, los Judíos Antisionistas constituyen una esperanza para el mundo. Y nos hacemos eco de la consigna de David Dees: LA VERDAD NO TEME A LA INVESTIGACIÓN.



¿QUÉ ES EL REVISIONISMO HISTÓRICO?

¿MURIERON REALMENTE SEIS MILLONES?... Esta es la pregunta más fácil pero más peligrosa de contestar en el mundo de hoy, pues se refiere, lógicamente, a la archipublicitada matanza de judíos durante la Segunda Guerra Mundial en Cámaras de Gases y Hornos Crematorios. Atreverse a denunciar esta mentira monstruosa significa perder su trabajo y hasta sus títulos a prestigiosos catedráticos de diversas nacionalidades, su acceso a publicaciones y editoriales para historiadores honestos, y hasta la salud o la VIDA a ellos y otros REVISIONISTAS.

? Porque 6.000.000 millones porque no 5.300.000 o 2.000.000 o cualquier otra cifra ?

Interesante recorte de periodico que menciona 6 millones .....ANTES DE QUE HUBIERA NAZISMO:


La invención del holocausto en 1919 o el derecho a poder dudar

¿Cuántas probabilidades contaríanse de que en 1919 apareciera un artículo de prensa clamando por un inexistente e inventado holocausto de 6 millones de hebreos en Alemania y "sucediese realmente" eso, un "hecho" bautizado con la misma palabra y cifra exacta de víctimas, pero no en 1919, sino en 1943? ¿Una posibilidad entre un billón? La verdad es que resultaría prácticamente imposible que se diera tal circunstancia de forma azarosa; y el más elemental sentido común fuerza a pensar en un nuevo fraude, tan grave como el original, pero quizá organizado de forma algo más meticulosa. 
Sin embargo, preténdese, sin dar más explicaciones, que no hubo fraude alguno, que tuvo lugar semejante "casualidad". ¿Cómo?
El holocausto antes del holocausto

A nuestro entender, esa "casualidad" pertenecería, ora del mundo de la magia (y entonces olvidémonos de la historiografía científica), ora a las cloacas estatales de la manipulación de masas (y entonces no vivimos, desde hace ya mucho tiempo, en una democracia).

Pues bien, en efecto, lo relatado no procede del guión de una película, ha "ocurrido". El 31 de octubre de 1919, el político norteamericano Martin H. Glynn alertaba en "The Crucifixion of Jews Must Stop!" (!la crucifixión de los judíos debe cesar!), publicado por "The American Hebrew", sobre el "potencial" exterminio alemán de 6 millones de judíos; además, calificaba el "hecho" de "holocausto". No es el único anuncio milagroso ligado al vocablo "holocausto" y a la cifra de víctimas que luego iba a convertirse en "verdad obligatoria" para todos los historiadores que quisieran conservar su plaza funcionarial de profesores universitarios; un dígito, ese "6", se mantiene contra viento y marea a despecho de las aplastantes evidencias de exageración propagandística. Lo cierto es que los alemanes no dejaron morir de hambre a seis millones de judíos después de la PrimeraGuerra Mundial, como tampoco "devoraron" o cortaron los dedos de niños (bebés) belgas por mucho que las afirmaciones de la propaganda británica adoctrinaran a millones de personas en este sentido.

Que después de la Segunda Guerra Mundial los alemanes hicieran lo que se les acusó en falso de hacer después de la Primera, suena poco menos que a cuento incluso para aquellos que, como nosotros, consideramos que la persecución nazi de los judíos y las víctimas judías de Hitler no sontampoco un puro invento. En cualquier caso, los historiadores no parecen tener respuesta frente a tales evidencias de estafa. Prefieren ignorarlas. Este silencio resulta sospechoso y no hará más que alimentar las crecientes dudas de la opinión pública sobre el relato oficial de Auschwitz en un momento en que la credibilidad de las democracias occidentales hace aguas por todas partes. !Va llegando la hora! Se aproxima el tiempo de la Gran Verdad.
Cada minuto que pasa, nos aproximamos un poco más a la revelación pública del mayor escándalo de la historia humana. Invito a todas las personas decentes a tomar partido; a poner su granito de arena para sentar en el banquillo de los acusados a los criminales genocidas impunes que en la actualidad, como insectos voraces, pueblan las instituciones públicas del mundo occidental robando, mintiendo y masacrando a víctimas inocentes mientras enarbolan, como patente de corso, la bandera del "antifascismo".


Una simple comprobación en Wikipedia permite verificar que el citado artículo de Glynn no es una treta de "perversos neonazis":


Da la medida, Glynn, de lo que es un politicrastro yanqui. Wikipedia parece incapaz de explicar el caso. Lo único que sugiere esta enciclopedia sionista universal es que las "coincidencias" del artículo de Glynn con el posterior relato oficial del holocausto (un escrito que, insistamos en ello, constituyó una patente denuncia falsa emitida por todo un gobernador del Estado de Nueva York) , han venido siendo explotadas por los negacionistas del genocidio judío:

The Crucifixion of Jews Must Stop! is an article by Glynn that appeared in the October 31, 1919, issue of The American Hebrew lamenting the poor conditions for European Jews after World War I. Glynn referred to these conditions as a potential "holocaust" and asserted that "six million Jewish men and women are starving across the seas". Because of these coincidences, the article has been exploited by Holocaust denial groups.

No se atreve, la mendaz Wikipedia, a dar una explicación lógica que abunde en dichas coincidences ("coincidencias"). Y no lo hace porque no existe ya sea la mera posibilidad de una tal argumentación.

Para empezar, la entrada de Wikipedia ni siquiera aclara que las acusaciones de Glynn eran puras patrañas. Se nos presenta al mentiroso Glynn, y al diario que le publicó la fábula, "The American Hebrew", como personas e instituciones dignas de crédito a pesar de haber acusado fraudulentamente a Alemania de perpetrar un genocidio. No importa que Glynn difamara al Estado alemán con una calumnia de semejante calibre. Lo único que subraya Wikipedia es la "explotación" que los holocaust denial groups han hecho de las misteriosas "coincidencias" entre el relato (fraudulento) de Glynn y el relato (presuntamente cierto) del holocausto de 6 millones de judíos a manos del régimen nacionalsocialista.

El derecho a dudar

Antes de continuar quisiera recordar cuál es el destino de los disidentes y de los críticos de la utilización abusiva del mito del Holocausto como arma propagandística. Nada menos que un judío norteamericano, cuyos padres sobrevivieron al gueto de Varsovia, autor del libro, mundialmente famoso, La industria del holocausto:



El conseguir libros prohibidos o que apenas tiene difusión pública, ni son recomendados por los grandes medios o disponer de información restringida es un elemento fundamental en el libro “1984” de Orwell.

 

Por ejemplo, en la novela cuando Winston Smith consigue un libro de Goldstein, prohibido por la “Policía del Pensamiento”. En nuestra sociedad, la presión de personas con una mentalidad de “Policía del Pensamiento”, inhibe la libertad de hablar u opinar sobre asuntos que el “Sistema-Moloch” considera peligrosos para su funcionamiento.

Eso sucede también con libros, que se deben de conseguir bajo mano en lugares especializados o muy restringidos. Ha habido casos extremos en Europa, recuerdo el del profesor Helmut Diwald en Alemania, que fue forzado a sacar párrafos considerados por el “Sistema-Moloch” como revisionistas de su libro “Historia de los Alemanes”.

En Suecia, los escritos de Ditlieb Felderer que cuestionaban el “Holocausto”, han sido prohibidos recientemente y fue encarcelado por “Crímenes de Pensamiento”. Esta detención y encarcelamiento debería alarmarnos a todos los que creemos en las libertades civiles.

Felderer, que se cuestionaba hasta dónde llegaban las supuestas atrocidades alemanas de guerra y explicaba las atrocidades de los Aliados, incluyendo el millón de muertos civiles por los bombardeos de las ciudades alemanas y japonesas, fue encarcelado como he dicho más arriba. Y siguiendo el ejemplo de la Unión Soviética y su trato brutal a los disidentes, Felderer fue examinado psiquiatricamente.

Esa encarcelación por cuestionar la historia oficial y su examen psiquiátrico, es un claro ejemplo de intimidación y amenaza a Felderer y a cualquier otro libre pensador, que tengan el valor de cuestionarse preguntas sobre el pasado. El acoso o la persecución de Felderer es parte de un plan a nivel mundial de silenciar a los escritores y estudiosos revisionistas.

Con el revisionista francés y profesor Robert Faurisson, el esfuerzo de silenciarle fue en vano ya que el tribunal que le juzgó en 1983, barajaba multas de 200.000 dólares, pero no se pudo probar contra él.

También hay maniobras de supuestos historiadores para apartar a profesores de sus cátedras, como fue el caso del profesor Arthur Butz de la universidad de Northwestern.

En el caso del publicista y revisionista alemán Ernst Zündel, las autoridades de correos de Canada le negaron el uso del sistema postal durante su estancia en ese país. Varios escritores alemanes han sido encarcelados, mientras que un revisionista francés fue asesinado hace ya unos años.



Pedro Varela, de España, debe enfrentar una posible condena de 23 años por «participación en genocidio» por el hecho de haber negado el Holocausto.

En Austria existen prestigiosos autores presos por negar el Holocausto y la Fundación Simón Wiesenthal ha buscado por varias maneras el hacer que en los países de Sudamérica se levanten leyes contra los negadores de esta farsa, especialmente en Chile, insistiendo a través de las organizaciones judías (ya que Chile es casi el último país en donde el Revisionismo no está proscrito por ley). Ya lo consiguieron en parte en Argentina. No obstante, su arma más efectiva en los medios de comunicación y en las conciencias de la muchedumbre es el desprestigio de todos los autores suscritos a la causa del Revisionismo Histórico.

Fosa común con muertos de causas naturales en Bergen-Belsen (Alemania) en mayo de 1945.

Aunque la historia oficial concede que este no era un campo de exterminio, los exterminacionistas prefieren emplear estas fotografías y no las de Auschwitz, por ser mas fácil sacarlas de contexto e inducir a pensar que se trataba de cuerpos de judíos exterminados.Esta foto esta marcada y aceptada como de Bergen Belsesn y aceptada como de muertos por Tifus pero es usada una y otra vez como de Auschwitz por los propagandistas de Holocausto









Un gran sector de abogados británicos, por conducto de la revista "The Solicitor", de junio de 1946, hizo la siguiente observación: "Cuando un hombre insiste en ser juez de su propia causa hay que suponer inevitablemente que ésta no resistirá a la investigación. ¿No sacará la posteridad esta conclusión respecto a los juicios de Nuremberg?".

Antes de la guerra sólo había 600,000 judíos en Alemania. Y una vez terminada la contienda aún había tantos que pudieron asumir innumerables puestos públicos, montar tribunales de "desnazificación" y ocupar cargos directivos en el comercio, en la industria, en la banca y en general en todas las actividades públicas. Después de la guerra, la agencia noticiosa "France Press" informó cómo millares de judíos asistieron en Munich al entierro de Philipp Auerbach.
Y en toda la prensa (incluso la israelita) se publicó asimismo cómo en el pequeño poblado alemán de Bielfeld una multitud de hebreos se opuso a la exhibición de una película interpretada por Weit Harlam, debido a que años antes éste había filmado una cinta anti-judía. De igual manera fue del dominio público que apenas el Dr. Eberhard Stern formó en Berlín un partido nacionalista, millares de judíos brotaron por doquier para asaltar su casa y protestar en contra suya. Todo esto sin contar las decenas de miles de israelitas que al terminar la contienda emigraron de Alemania a Palestina, a Estados Unidos y a otros muchos países, inclusive México.

Si antes de la guerra había sólo 600,000 judíos en Alemania; si al terminar la contienda su número era tan considerable que hacían sentir su influencia en todas partes, ¿cómo pues, se explica la ejecución de seis millones de israelitas?... ¿Se trataba acaso de una mágica resurrección?...

Una parcial explicación de estos misterios aritméticos, consiste en que los alemanes ejercieron dominio temporal sobre diversos países europeos en los que había judíos. Pero es el caso que en cada uno de esos países también se repitió el mismo prodigioso milagro de la resurrección. Apenas los ejércitos aliados penetraron en Francia, surgieron por todas partes los "ejecutados" israelitas y se encumbraron de nuevo en la política y las finanzas: Marie Claude, Vaillant-Couturier y Pierre Villain lograron hacerse diputados y junto con Madeleine Braun (también judía) encabezaron una nueva corriente prosoviética. Y apenas el ejército judío-bolchevique penetró en Rumania, Checoslovaquia y Hungría, surgieron israelitas por todas partes para hacerse cargo de la nueva administración pública marxista, de la alta estructura de las finanzas, de la industria y del comercio.

Antes de la guerra sólo había 6 millones de judíos en toda Europa, y de haber sido asesinados seis millones, no habría quedado ninguno, lo cual es absolutamente falso. En todos los países las tropas aliadas encontraron numerosas colonias de israelitas y a otros muchos se les libertó de los campos de concentración. Aun antes de que terminara la contienda, a fines de 1944, Himmler accedió a que emigraran a través de Suiza 1,200 hebreos semanariamente, y el 19 de abril de 1945 (antes que terminara la guerra) Norbert Masur, del Congreso Mundial Israelita, llegó a Berlín a gestionar ante Himmler que los judíos detenidos no fueran cambiados de campamento, a fin de evitarles posibles represalias durante su translado.

El cuento de los 6 millones de judíos muertos comenzó a ser fabricado por el israelita Poliakov, partiendo de las declaraciones del Dr. Wilhelm Hoettl y de Dieter Wisliceny, quienes dieron informes sobre evacuaciones, emigraciones, decrecimiento del judaísmo europeo, etc.. Poliakov barajó estos términos y a todos les dio la acepción de "liquidación". Echó a rodar la bola y luego otros le fueron agregando dramáticos retoques. Los comisarios judíos soviéticos capturaron el campo de Auschwitz y hablaron de 4 millones de judíos muertos con gas, lo cual es falso porque meses antes la Cruz Roja internacional había visitado ese campo y no existía tal exterminio ni cámaras de gas.
Pero el embuste fue difundido mundialmente por las agencias internacionales de prensa (controladas por el judaísmo) y coreado por películas filmadas, documentales amañados, panfletos, libros, etc.. David Rousset, en Francia, y Eugen Kogon, en Alemania, dramatizaron la "liquidación de los 6 millones". El comunista húngaro Miklos Nyizli inventó la "confesión" del Dr. Mengele, y después de que fue ejecutado Rudolf Hoess (comandante del campo de Auschwitz, no confundir con Rudolf Hess) se inventó su "confesión" sobre las matanzas y se tradujo a todos los idiomas para "confirmar" en el mundo entero lo de los "6 millones de liquidados". (A esta lista hay que agregar en 1994 la amañada cinta "La Lista Schlinder" del productor y director judío Steven Spielberg.)

Todo esto tiene por objeto desplegar una enorme cortina de compasión hacia los judíos para encubrir los móviles políticos de sus jefes internacionales, empeñados en una lucha total contra el mundo no judío. Y como ganancia extra (cosa muy importante) el Estado de Israel se basa en este cuento para cobrarle a Alemania las indemnizaciones que ha venido exigiendo. En 1998 éstas importan más de 100,000 millones de dólares. Ningún otro país ha hecho negocio con sus muertos, ni menos con sus "muertos vivos". (Aquí es importante agregar que al enterarse de que Alemania iba a indemnizar a "sobrevivientes del holocausto", miles de judíos que jamás pisaron un campo de concentración se tatuaron números en los brazos para obtener el dinero).

Para elaborar el mito de los 6 millones de judíos muertos (todos los que habitaban en Europa) no se omitieron trucos. Por ejemplo, un bombardeo aliado había devastado la población alemana de Weimar, poco antes de que terminara la guerra, y eran tantos los muertos que el jefe de la policía, Walter Schmidt, optó por incinerarlos, de lo cual tomó fotos. Pues bien, esas fotos de alemanes muertos por los aviones aliados fueron luego exhibidas como si se tratara de israelitas asesinados. En Munich ocurrió algo parecido y el arzobispo y cardenal Faulhaber atestiguó que los cadáveres encontrados por los aliados en el crematorio de Dachau no eran de judíos, sino de alemanes muertos en el bombardeo de la ciudad. Agregó que en Dachau nunca existieron cámaras de gas, como ahora se dice que las hubo.

Por su parte, el abogado Stephen F. Pinter, de St. Louis, Mo., estuvo seis años en Alemania como funcionario del Departamento de Guerra de Estados Unidos, comisionado para investigar lo de los campos de concentración, y afirma que lo de las cámaras de gas para matar judíos carece totalmente de fundamento; en cuanto a los hornos crematorios, no eran para exterminar a nadie, sino para cremar cadáveres. Mr. Pinter agrega que él fue la primera autoridad aliada que recibió el campo de concentración de Flösenburg y precisó que ahí no habían muerto más de 200 personas, pero meses después se enteró con sorpresa que estaban celebrándose ceremonias en Flösenburg para honrar a los "tres mil exterminados".

El doctor judío Benedikt Kautsky, que estuvo internado en Auschwitz y en otros campos, dice: "Yo estuve en los grandes campos de concentración de Alemania. Pero, conforme a la verdad, tengo que estipular que no he encontrado jamás en ningún campo ninguna instalación como cámara de gaseamiento". ("La Mentira de Ulises".- Por Paul Rassinier, antiguo internado en campos de concentración.)

Solamente si se admite la creencia de que el judío es el elegido para dominar el mundo, y de que esa hipotética superioridad le permite multiplicarse en la tumba, puede aceptarse que durante la guerra perecieron seis millones de judíos, pues la inmensa mayoría de ellos vive ahora (1953, año de la 1ª edición de este libro) en Europa, en América y en la Palestina ocupada.

Es tan decidido el interés de mantener el mito de los seis millones que en Alemania se incurre en el "delito de opinión" si se niega el "holocausto". El general Otto Ernst Remer fue condenado el 26 de noviembre de 1986 a tres meses de cárcel y a una multa por decir que tal cosa era falsa. Y en Francia el líder Jean Marie Le Pen fue multado por afirmar que no había habido las famosas cámaras de gas (Sep. 24 de 1988).

Por otra parte, es rigurosamente cierto que muchos judíos fueron muertos o ejecutados, pero se omite decir que eran miembros de grupos sin uniforme y sin bandera, que a retaguardia de las líneas organizaba sabotajes, conspiraciones, espionaje y asaltos sorpresivos. Este encubierto sistema de combate ha sido siempre sentenciado en todos los países del mundo a la máxima pena de la ejecución. Es un principio de ley internacional que todo aquel que combate sin uniforme y sin insignias se priva automáticamente de garantías en el caso de caer prisionero.

Los escritores Goldsmith, Marik, Buch y Ruszicka han relatado cómo sus congéneres organizaban saboteadores a espaldas de las líneas alemanas en la URSS. En su barrio de Bialystock organizaron un gran levantamiento que empezó el 16 de agosto de 1943, encabezado por el líder judío comunista Daniel Moskovicz y por Mordechai Tanenbaum, dirigente del hechalutz. ("Prensa Israelita", 2 de abril de 1964).

¿Que hacía una oficina de correos
en el campo de exterminio?
La existencia de oficinas de correos en los campos "de exterminio" constituye otra incómoda realidad para la historia oficial ya que a través de estas los internos se comunicaban con el mundo exterior. Este hecho es completamente incompatible con un supuesto plan de exterminio secreto. Mas aún cuando las cartas y postales podían ir escritas en cualquier idioma, lo que haría muy difícil censurarlas.

¿Que hacía entonces una oficina de correos en el campo de exterminio? Algunos 
creyentes del Holocausto afirman que era utilizada únicamente por los SS. Sin embargo esto no solo contradice las declaraciones de los sobrevivientes sino que también ignora importante evidencia documental. Se conservan aún un buen número de cartas con sus sellos y sobres originales enviadas por los internos desde supuestos "campos de exterminio", como Auschwitz
En películas y testimonios que apoyan la leyenda del Holocausto los sobrevivientes cuentan una y otra vez que se les permitía escribir y enviar correspondencia. Se pretende entonces que el lector llegue a creer que las autoridades de los campos, estando a cargo de decenas de miles de prisioneros, no tenían nada mejor que hacer aparte de dedicarse a traducir y censurar toda la correspondencia. Al mismo tiempo la historia oficial sostiene que los judíos sabían que estaban siendo exterminados, es decir que tales acusaciones no florecieron súbita y sospechosamente justo después de la guerra.

Los Revisionistas, en general, han sido acusados de ser «neo-nazis» y pseudosabios buscando esconder la masacre de los millones de judíos muertos. A pesar de que trabajan desde el final de la guerra, se dice por lo general que habrían aparecido sólo en estos «últimos años» pretendiendo despertar un movimiento de simpatía por el Nazismo y que sus crímenes sean olvidados. Salvo quizás los estudiosos franceses que fueron acusados de «anarquistas antisemitas», todos los revisionistas contemporáneos han sido tildados como «neo-nazis», a pesar de que algunos de ellos son socialistas o simplemente pro-palestinos, o bien no tienen filiación alguna más que con la Verdad.

Todas las injurias son descaradas mentiras, pues entre los Revisionistas figuran incluso AUTORES JUDÍOS (que citaremos más adelante) que no creyeron en el Holocausto que predican los Sionistas.

Sin ir más lejos, uno de los primeros Revisionistas fue el profesor francés Paul Rassinier, un prestigioso intelectual socialista detenido en el Campo de Buchenwald entre 1943 y 1945 (donde se pretende que habrían tenido lugar algunos de los más grandes horrores, como las «lámparas de piel humana» y otros), y allí nunca vio las ejecuciones ni los gaseamientos que se suponen allí ocurridos, por lo que decidió contradecir la farsa de los «seis millones»poco después de haber terminado la guerra, desarrollando una gran investigación, y a pesar de haber sido condecorado con la Medalla de la Resistencia. Sus investigaciones han servido de base a posteriores trabajos de revisión.

La verdad es que no hay tantos y tan prestigiosos Nazis entre el Revisionismo como lo señalan los Holocaustófilos. Sin embargo, si el Sionismo teme el trabajo de los Revisionistas, POR ALGO SERÁ.

Otra arma de desprestigio que usa el Sionismo, es hacer creer (especialmente a través del cine) que los Revisionistas intentan comprobar que los muertos del Holocausto serían «sólo» tres millones y no seis, como si el debate fuera sólo un asunto cuantitativo. La verdad es que los Revisionistas HAN DEMOSTRADO QUE LA TOTALIDAD DE LOS 6 MILLONES DE JUDÍOS ASESINADOS EN UNA SUPUESTA «POLÍTICA DE EXTERMINIO» ES UNA FARSA, NI UNO MAS, NI UNO MENOS.

Para proteger la sagrada mentira de los seis millones, se han utilizado maniobras que parecen casi de ciencia ficción, especialmente para ahogar cualquier intento serio de demostrar su falsedad. Así, cuando en 1995 la revista japonesa de economía y negocios «Marcopolo» publicó un inocente comentario señalando que «cada vez eran menos las razones para creer que en la Alemania Nazi habría tenido lugar un Holocausto» de judíos y gitanos, el todopoderoso Sionismo Mundial movió sus hilos y consiguió que tanto la revista como el peridista respectivo fueran sancionados sin ajuste a ninguna legislación existente, y que la «Marcopolo» no pueda hacer POR EL RESTO DE SU EXISTENCIA, cualquier otra referencia sobre el Holocausto.

Se acusa a otros Revisionistas, como al inglés David Irving, de ser un simpatizante del Nazismo, poco objetivo, o directamente un «Neo-Nazi», lo que también es falso. Irving defendía la idea del Holocausto hasta mediados de los años '80, creyendo que era cierto y cayendo en el dogma de todos los historiadores como él. Sin embargo, como no existe ningún documento o participación oficial de Hitler que compruebe históricamente el Holocausto, Irving, sin poder renunciar al dogma, suponía que el Führer nunca supo de los gaseamientos en masa de los campos y que éste exterminio era llevado en secreto por nazis de menor jerarquía. Sólo a partir de los espectaculares descubrimientos de los Revisionistas de esa década —entre ellos el Informe Leuchter, del que hablaremos— los hechos convencieron a Irving de la inexistencia del Holocausto y desde entonces se ha sumado por completo a la causa de la Revisión Histórica. Un durísimo golpe al Sionismo y los Holocaustófilos, que no le perdonan y que ha castigado recientemente, con una condena en su contra por una corte inglesa por «apoyar un genocidio» y «negar el Holocausto».

En esta sección expondremos sólo algunos de los principales argumentos del Revisionismo para desmentir esta monumental mentira de los millones de muertos, que han sido la excusa con la cual se detiene cualquier análisis serio y objetivo delNazismo Alemán y de la Segunda Guerra. Todo empieza y termina en el tema de los 6.000.000 y cualquier otra visión del Fenómeno Nazi, por parcial que sea, será confrontada con esa muralla insalvable llamada Holocausto... Pero sus bases son de barro.

Incluso, existen autores judíos que han tenido la valentía de negar aquello que predica el Sionismo Mundial sobre las supuestas Cámaras de Gases:
ellos son J.G. Burg(«Schuld und Schicksal», editado en Munchen, 1960) y el doctor Benedikt Kautzky («Teufel u. Verdammmte», editado en Suiza, 1945).
Esto desmiente a los defensores del Holocausto que aseguran que todos los Revisionistas son «Neo-Nazis» intentado encubrir el supuesto genocidio con acciones que llaman «negacionistas».
Judíos como Noam Chomsky y David Cole, incrédulos del Holocuento, han sido catalogados por su propia gente como «ignorantes», «débiles mentales», «incultos», «anafabetos» y hasta supuestos «hijos adoptivos» de importantes Revisionistas en impresionantes campañas difamatorias.

Durante las últimas décadas, los Revisionistas —que tímidamente empezaran con unos pocos autores— han acumulado una increíble y cada vez mayor cantidad de argumentos científicos en contra del mito exterminacionista, lo que ha hecho que importantes autores se retracten. Algunos historiadores de prestigio se han convertido al Revisionismo a pesar de ser constantemente menospreciados.

También han logrado reclutar simpatizantes de distintas áreas profesionales, desde cada una de las cuales hacen su aporte al derrumbe del Mito Holocáustico: ingenieros, periodistas, jueces, técnicos y analistas de literatura, cuya formación científica, a diferencia de los historiadores, les exige trabajar sobre datos concretos y hechos verificables, y no meras especulaciones. Su logro más grande sea quizás el haber conseguido que declaraciones de importantes «testigos de los crímenes nazis» sean judicialmente objetadas, así como proveerse de sus propios testigos de los Campos de Concentración y de algunos honestos autores judíos apoyando la causa Revisionista.

Los Exterminacionistas ven así, con espanto, como se les ha venido encima esta avalancha, cuyo primer éxito ha sido poner en discusión pública un tema que llegó a ser considerado «indiscutible» entre los axiomáticos del Holocuento.

Ante este descalabro del mito, el Sionismo actúa con sus tradicionales recursos de la fuerza y la tergiversación intentando detener los descubrimientos y las investigaciones. Pero la ola de revelaciones no ha podido ser detenida y hoy miles y miles de personas se han acercado a la causa... Veremos por qué.



EL INFORME LEUCHTER

Uno de estos valientes Revisionistas, que enfrentó al inmenso Poder Sionista Internacional, ha sido el controvertido ciudadano canadiense Ernst Zündel, muy querido por algunos círculos de su país por su prestigio y por su simpática personalidad, quien fuera sometido a varios procesos criminales en Canadá, siendo asesorado y defendido por otros Revisionistas quienes lograron contratar al máximo experto mundial en Cámaras de Gas: el ingeniero yankee Fred A. Leuchter Jr.

Todo empezó en la ciudad de Toronto, cuando la señora Sabrina Citron, representante del «Holocaust Remembrance Association», acusó ante la justicia al Revisionista Zündel, por «difundir falsedades sobre el genocidio» y mentir sobre las muertes de esos millones de judíos, gaseados por los locos Nazis. Por primera vez en un proceso como éste se pudo presentar como defensa todas las pruebas que se quiso y contrainterrogar a testigos.

La defensa de Zündel, segura de lo afirmado por su cliente, tuvo una idea realmente genial y extraordinaria: contratar como perito a los máximos especialistas de USA en Cámaras de Gas para ejecuciones. Se trataba de la firma de ingeniería FRED A. LEUCHTER ASSOCIATES (Ing. 108 Bunker Hill Street, Boston MA. 02192, USA.), procurando además todas las medidas de seguridad y objetividad de parte de los investigadores, para evitar suspicacias respecto de sus conclusiones y respecto de la necesidad de la defensa de contratarlo para que realizara el trabajo, para que así no se prestara a creer que habría algún «compromiso» que afectara la verdad a la hora de entregar los resultados. Fred A. Leuchter Jr. es quien dirige esta empresa de Massachussetts, que construye y mantiene las Cámaras de Gas en las penitenciarías de EE.UU. y algunas de Canadá. Él, además, es probablemente el experto máximo que hay en el mundo sobre Cámaras de Gases y manipulación técnica de gases venenosos para ejecuciones, dados sus años de experiencia y desarrollo técnico. Ni en el menos objetivo de los razonamientos hubiese podido tildarse a este honorable ciudadano de «Neo-Nazi», ni siquiera de «pro-Revisionista», pues era absolutamente imparcial ante el tema hasta aquel entonces.

Así, Mr. Leuchter viajó a Polonia con un equipo de especialistas y visitó los llamados «Campos de Exterminio» de Auschwitz, Birkenau y Madjanek, en los que habrían sido gaseados 4 millones, 1 millón y 200.000 judíos respectivamente, según Simon Wiesenthal, cifras aceptadas como «reales» por los historiadores. Allí, levantó planos de terreno midiéndolos personalmente y tomó muestras del piso, paredes y techo de las supuestas Cámaras de Gas y Hornos Crematorios, así como de una SALA DE DESINFECCIÓN. Su investigación en terreno fue desarrollada durante cerca de una semana y con las más absoluta objetividad y metodología científica, propia de su formación práctica en asuntos de ingeniería, sin ser cuestionada en su momento ni siquiera por la parte querellante, quien más bien reclamaba acaloradamente en su contra por el hecho de que se estuviera poniendo a prueba un «hecho indiscutible». La metodología aplicada fue presentada en forma oportuna y descrita detalladamente en sus reportes.

Finalmente, llegó el día definitivo para esta «apuesta»...

Analizadas todas las muestras por el laboratorio independiente ALPHA ANALYTICAL LABS de Ashland, Mass., bajo minuciosa metodología y fuera de cualquier compromiso con alguna de las partes en juicio. Se les entregó sin señalar ni el propósito ni el objetivo de las muestras, fingiendo incluso que serían parte de una «investigación policíaca», para no influir en los resultados. Su veredicto fue aplastante: más de 20 de las muestras indicaron CERO DEPÓSITO DE CIANURO, y de las pocas que sí mostraban depósitos la más alta fue de 7,90 mg. Esta concentración máxima de apenas 7,9 debe contrastarse con la muestra de la sala de desinfección que arrojó... ¡¡¡1.050,0 mg.!!!

Esto demostró científicamente que el fatídico ZYKLON-B, nombre comercial del gas de cianuro hidrogenado o ácido cianhídrico «HCN» (suministrado por la difamada fábricaDEGESCH) se usó exclusivamente PARA FUMIGAR Y DESINFECTAR.

En otra parte, el Informe explica por qué este gas NO ES INDICADO PARA EJECUCIONES HUMANAS, ni siquiera individuales. Y si se detectaron pequeñísimas cantidades en un tercio de las pretendidas «Cámaras de Gas», es porque algunas fueron desinfectadas con HCN.

El HCN ya había sido utilizado con este propósito durante la Primera Guerra Mundial, en Europa y en Estados Unidos. E incluso, mucho antes en Isla Ellis de New York por el Servicio de Inmigración. Las Salas de Desinfección en las que se usa deben tener una temperatura mínima de 25,7° C y buena circulación de aire caliente seco.

Las llamadas «Cámaras de Gas» eran, en realidad duchas, e incluso tenían canales de desagüe en el piso que llegaban al alcantarillado exterior (en otros casos, las pretendidas Cámaras de Gas corresponden también a las dependencias necrológicas, existentes en todas las grandes cárceles del mundo). Esto se verifica además en el registro de las llaves de las puertas de Auschwitz, todas ellas etiquetadas con el nombre de las salas que abrían y en las que las llaves de las supuestas Cámaras de Gas aparecen con nombres de otras dependencias normales.

Leuchter aclara que por la absolutamente imposible aglomeración en el interior de estas supuestas Cámaras, de 800 personas en 25 metros cuadrados según los documentos de Juicio de Nüremberg (¡OJO! son 28 personas en UN METRO CUADRADO!), el aire no circularía; más aún, para calentarlo lo suficiente como para hacer efectivo el HCN, serían necesarios quemadores con seguro riesgo de explosión.

Leuchter declaró por ello improbable que el HCN haya sido utilizado en las Cámaras, pues en estado natural y a temperatura ambiente, es de consistencia líquida. Los Exterminacionistas le han dado como bombo en fiesta a esto, argumentando que es un error y que el HCN era suministrado con presión de vapor (aunque no se ponen de acuerdo cómo y por dónde) a la Sala de Ejecución, procedimiento que lo hace tremendamente tóxico y volátil.

Tienen razón, pero olvidan que otro de sus argumentos contra el informe Leuchter es que los «operarios de las Cámaras» se valían de mascarillas especiales para eludir el peligro de los gases a la hora de retirar los cadáveres de los gaseados las CIENTOS DE VECES cada día. Ambas excusas son, juntas, un zapato chino, incompatibles, pues el HCN altamente volatilizado se torna más peligroso aún, al punto de que no existe medida de seguridad relacionada con simples mascarillas antigás que pudiera evitar el contacto con un gas en un estado tan letal, impregnándolo todo, incluso las ropas y el pelo.

Hubiesen sido necesarios trajes herméticos de aislación total para el cuerpo y estos jamás han sido encontrados en ningún Campo de Concentración. También resulta imposible que, trabajando con HCN volatilizado a presión de vapor, no haya habido con frecuencia una explosión, accidente grave o emergencia siquiera, dadas las condiciones de seguridad posibles en esa época... Y no existe ni un sólo registro o relato de los «testigos» del Holocausto que hable de algún accidente así.

Esta explicación del suministro de gas por presión de vapor fue presentada sólo después de los resultados del Informe, pues hasta entonces la idea más generalizada entre los Exterminacionistas era la de que el HCN era suministrado en pastillas sólidas, depositadas en una solución que lo volatilizaba dentro de la Cámara.

Aunque es soluble al agua y altamente inflamable, el HCN tiene la característica de impregnar los sólidos y manifestarse en forma de grandes manchas azuladas que permanecen por más de un siglo. Tales manchas NO APARECEN en las «Cámaras de Gas» ni en los Hornos Crematorios y en estos era inevitable que alguna parte del HCN de los millones de cuerpos incinerados —según la Historia Oficial— se depositara en las paredes.

Los Exterminacionistas han explicado en años posteriores esa falta de las manchas azules de cianuro por las más raras formas y alternativas, principalmente porque las Cámaras habrían estado expuestas al aire libre y la lluvia, la humedad y el tiempo transcurrido literalmente las habrían «lavado», lo que es ridículo, pues el cianuro es sumamente impregnante, y permace por años sin poder ser removido, especialmente si se emplea con la regularidad que se ha descrito. Esto último es bien sabido por los médicos forences, pues se han resuelto varias veces algunos crímenes en los que el cuerpo de la víctima, al ser exhumado, presenta rastros de cianuro luego de 50, 100 ó más años. Las paredes de las pretendidas «Cámaras de Gas» analizadas tampoco tenían ninguna clase de covertura impermeble o de aislamiento de superficie, de modo que el cianuro debería permanecer hasta nuestros días peligrosamente acumulado en los muros si toda esta mentira hubiera ocurrido.

Si agregamos que para fumigar con HCN es necesario airear una sala un mínimo de 48 horas, esto sería imposible si fueran ciertas las cifras entregadas descaradamente por los «expertos del genocidio». Además, Leuchter comprobó que las condiciones de aislamiento ambiental de las Cámaras eran absolutamente incompatibles con el supuesto de que se usaban para gaseamientos, pues el vapor tóxico hubiera escurrido causado estragos, matando a todos los presentes, operarios y presos por igual. Las puertas son simples portones metálicos con vulgares bisagras como las de cualquier puerta de un dormitorio o baño, es decir, SIN LA MAS MÍNINA AISLACIÓN CONTRA LOS GASES VENENOSOS, lo que hace por sí sola imposible la idea de que esas salas eran empleadas como Cámaras de Gases sin que en cada turno muriera intoxicado, además, todo el personal que trabajaba en las ejecuciones. Se decía que, por una pequeña mirilla ubicada en el centro de cada una de estas puertas metálicas, los operadores miraban al interior de la recién ocupada Cámara para ver si quedaba alguien vivo antes de entrar a retirar los cuerpos... ¡Hoy sabemos que hubiese bastado esa pequeña mirada al interior para intoxicar instantáneamente al imprudente observador!

Otro error del Informe fue que, al no comprometer a la empresa de los análisis con el objetivo de las muestras, ALPHA ANALYTICAL LABS pulverizó todas las mismas para su examen. Lo correcto hubiese sido raspar el lado externo de las muestras de los muros porque, precisamente allí debería estar impregnado en cianuro. Esto ha dado una torre de especulaciones nerviosas de los Exterminacionistas a los supuestos «errores» en los resultados, intentando invalidar el Informe. Es cierto que el procedimiento de ALPHA ANALYTICAL LABS no fue el más preciso para la detección de los residuos, pero ello no explica que la mayoría de las muestras más controvertidas hayan registrado CERO cantidad de cianuro. Cero es siempre cero.

Actualmente, las Cámaras de Gas para ejecuciones son de acero soldado o de plástico PVC, con puertas herméticas e impermeables. No tienen «mirillas» para obervar al ejecutado, sino gruesas ventanas irrompibles a prueba de cualquier filtración. Las instalaciones eléctricas son a prueba de explosiones y deben operar con una presión negativa para evitar filtraciones el exterior. Y por supuesto, no se usa el «Zyklon-B» sino que se deja caer una pastilla de cianuro de sodio en una solución de ácido sulfúrico al 18%. Contienen, además, numerosos dispositivos de seguridad para la eliminación del gas luego de la ejecución y para proteger a las personas que deben entrar en la Cámara en ese momento; incluso se debe ser lavar con amoníaco el cuerpo del ajusticiado.

Los Hornos Crematorios analizados tampoco cumplen con los mínimos requerimientos para incinerar siquiera una ínfima parte de las cifras que entrega la propaganda. El Informe analiza uno por uno los Hornos y da las cantidades máximas de incineraciones físicas posibles, aclarando que corresponderían a un uso de 24 Horas durante todos los días que estuvieron en funcionamiento. O sea, sin mantención alguna, sin posibilidad de enfriarse ni de retirar las cenizas... ¡durante años!

Leuchter llegó así a la siguiente y lapidaria conclusión final:


«Después de la revisión de todo el material y de la inspección de todos los lugares correspondientes a Auschwitz-Birkenau y Majdanek, encuentra el autor que las pruebas son abrumadoras: no hubo cámaras de gas para la ejecución en ninguno de esos lugares correspondientes.

»Es la mejor opinión como ingeniero del autor, que las pretendidas cámaras de gas en los lugares inspeccionados puedan haber sido entonces y puedan ser hoy, tomadas seriamente en consideración para tal función.

»Terminado en el quinto día del mes de abril de 1988 en Malden, Massachusetts. Fred Leuchter Associates.

»Firmado F. A. Leuchter, Jr.
»1.er. Ingeniero»...Con esta conclusión, todos los «Exterminacionistas» y fanáticos del «Holocausto» pueden ser tildados de mentirosos.

¿Por qué no lee «El Informe Leuchter»? Después saque sus conclusiones.


LA EVIDENCIA ESTADÍSTICA

Fue tal el shock causado por el Informe Leuchter entre los «Holocaustófilos», que demoraron cerca de una década en reaccionar organizadamente a los hechos y poder usar sus armas tradicionales: la desinformación y el desprestigio de sus rivales. Así, en los últimos años emprendieron una tremenda ofensiva contra el señor Leuchter (ahora convertido al Revisionismo) y a su trabajo, enviando al mismo lugar de investigación a cientos de sus representantes para rebuscar «pruebas» que refutaran el Informe. Para ello, prácticamente, nacieron organizaciones pro-judías o algunas ramas de la Fundación Wiesenthal.

Otros, valiéndose de elementos más sucios han dado muerte incluso a algunos Revisionistas o los han atacado con esa intención. A Pedro Varela, de España, le fue destruida su Librería Europa (exactamente por los días en que le rayaban en su casa la frase «CALLA O TE CALLAMOS» y en que enfrentaría un juicio por «apoyar un genocidio») y parte del material impreso que en ella había. El Profesor Faurisson ha sido atacado por desconocidos en al menos ocho oportunidades, terminando hospitalizado. Zündell, en tanto, ha recibido bombazos y hasta cartas bomba. La primera víctima del Holocuento ya ha sido cobrada: el Profesor Duprat, asesinado en un atentado por los Holocaustófilos.

En torno a Fred Leuchter se ha tejido una siniestra acción de boicoteo de su trabajo y de su prestigio. Una estrategia de los Exterminacionistas es el exaltar algunos de los errores de apreciación que cometió el señor Leuchter en sus trabajos de investigación, a pesar de todas las medidas de seguridad y objetividad que procuró. Estos errores son absolutamente secundarios y NO ALTERAN, para nada, el resultado de las conclusiones generales del Informe; incluso, fueron corregidos por los propios Revisionistas antes de ser descubiertos por sus adversarios Holocaustófilos, como en el llamado «Informe Rudolf», ya que no es raro que existan algunos tropiezos en la primera vez en 50 años que alguien intenta comprobar seriamente las fantasías literarias del Holocausto. Rudolf también ha terminado siendo perseguido en su integridad física por los «defensores de la verdad».

Sin embargo, treinta años antes que Fred A. Leuchter, el Profesor Einar Aberg había publicado un secillo pero lapidario cálculo estadístico, en el que los pretendidos 6.000.000 de judíos no aparecían (o mejor dicho no «desaparecían») por ninguna parte. Dicho documento fue publicado en 1959 en Norniken, Suecia, y decía lo siguiente:

«En 1938 habían en el mundo 15.688.259 judíos, según el "World Almanac" de 1947. Esta cifra fue proporcionada a dicho Almanaque por la "American Jewish Commitee" y por la "Jewish Statistical of the Synagogues of America".

»En 1948 existían en el mundo entre 15.600.000 y 18.700.000 judíos, según un artículo aparecido en el "New York Times", del 22 de febrero de 1948, escrito por Mr. Hanson W. Baldwin, reconocido experto y de probaba imparcialidad en cuestiones demográficas, personalidad que, ni aun haciendo alarde de la mayor fantasía, puede ser tildada de antisemita. Su jefe, Arthur Sultzberger, propietario del "New York Times", y judío él mismo, es reconocido como amigo incondicional de Gran Bretaña.

»Tomando, pues, por cierta la evaluación más alta de Mr. Baldwin, o sea 18.700.000 de judíos, resultaría que entre los diez años que mediaron entre 1938 y 1948 —período que incluye los años de la guerra de 1939 a 1945—, durante los cuales se pretende que Hitler habría hecho matar a seis millones de judíos, la población judía del mundo habría aumentado en más de 3 millones.

Sí, a los efectos de la comprobación, supusiéramos que Hitler efectivamente hizo matar a 6.000.000 de judíos, nos encontraríamos con que el incremento de la cifra demográfica es realmente de 9.000.000. Es decir, un aumento de 3.000.000, más otros 6.000.000 de nacimientos, para suplir los 6.000.000 de judíos pretendidamente gasificados bajo el régimen hitleriano.

»Teniendo en cuenta que actualmente existen en el mundo tan sólo 18.000.000 de judíos, supone ello un aumento de 9.000.000 de judíos durante los diez años que van de 1938 a 1948, o sea, un incremento total (en sólo diez años) del 50%, cosa imposible, incluso para una raza sexualmente tan desenfrenada como la judía. Aún cuando todo judío, físicamente apto, se hubiese dedicado exclusivamente, día tras día, durante las 24 horas, en los años de 1939 a 1949 a la procreación, con cada una de las mujeres de su raza, en plena pubertad, el que pudiesen haber llegado a engendrar en diez años 9.000.000 de judíos, estaría absolutamente en pugna con las leyes de la eugenética».Vale precisar que, promediando las cifras extremas de judíos existentes en el mundo en 1948, según Mr. Baldwin, obtenemos por resultado 17.150.000 judíos. Vemos que la estadística poblacional no sólo aumentó normalmente con relación a los 15.688.259 de 1938 (en diez años) sino que registró un incremento en el ritmo de nacimientos judíos en años anteriores, de modo que los pretendidos 6 millones no aparecen por ninguna parte.

Y aún tomado la menor de las cifras de Balwin, que coincide con la de 1938, es decir, cerca de exageradamente pocos 15.600.000 judíos en el mundo, pretender que de esa cantidad de judíos vivos pudieron producirse 6.000.000 de nacimientos en diez años (y exactamente en los tormentosos años de la guerra, en ghettos y en albergues de refugiados, y durante sus penosas migraciones al recién fundado Estado de Israel), para suplir los otros 6.000.000 de muertos y dejar la cuenta saldada en cero, es realmente imposible y fuera de toda lógica de ciencias poblacionales y etnográficas.

CAMPOS DE TRABAJO, NO DE «EXTERMINIO»

Las Cámaras de Gases y Hornos Crematorios sólo fueron denunciados en aquellosCampos del Trabajo Remunerado, conocidos como «Campos de Concentración» y hasta «Campos de Exterminio», ubicados dentro del territorio alemán y europeo que cayó en poder soviético y a los cuales no tuvieron acceso los periodistas internacionales ni la Cruz Roja, paso libre que sí tuvieron al resto de dichos Campos sin que se detectaran esas u otras atrocidades. Allí permanecieron, tentando la pluma de muchos historiadores fascinados con el halo de misterio y enigma que producía la presencia de esos Campos al otro lado de la Cortina de Hierro, en extraños países llenos de intrigas y secretos...

La Cruz Roja tuvo durante toda la guerra acceso total a todos los Campos sin que jamás fueran denunciadas las famosas Cámaras y Hornos. Más aún, terminada la guerra, la Cruz Roja (que incluso controlaba la correcta alimentación de los internos) informó oficialmente que los judíos muertos entre 1939 y 1945 fueron unos 300.000.MUERTOS, NO ASESINADOS, por lo que nos extraña la increíble cantidad de «sobrevivientes» que incluso hoy en día siguen rapiñando indemnizaciones, inicialmente solicitadas al gobierno de la República Federal. Lo que más sorprende es que no las pedían a la desaparecida República Alemana Oriental de los comunistas...

Prácticamente no hay judío anciano que no haya sido «sobreviviente» de un Campo; prácticamente no hay judío joven que no haya tenido un pariente en uno de estos Campos y prácticamente no hay judío que no haya llegado él o sus ancestros a un país cualquiera «huyendo del Holocausto», como si la repartición de la diáspora judía en el mundo hubiese sido un fenómeno reciente. A pesar de esto, hay abiertos desafíos a quien pueda comprobar que efectivamente fueron ejecutados judíos en cualquiera de los Campos de Concentración durante el Régimen Nazi alemán:


La Federación de Ex-Combatientes de Alemania ofrece DM 10.000.
El historiador inglés David Irving, 1.000 libras esterlinas.
La Revisao Editora de Brasil 6.000.000 de cruceiros.

El Instituto de Revisión Histórica de EE.UU, que ofrece US$ 50.000.

Muchos las han pretendido, pero aún siguen disponibles. NADIE PUDO COMPROBARLO JAMÁS. Increíblemente, el Instituto de Revisión HistóricaEstadounidense, fue demandado por un «sobreviviente» por US$ 17.000.000, alegando que la oferta antes señalada «le ha hecho perder el sueño» y que la misma sería un intento de manipulación de la verdad.

Ya vimos que las investigaciones de los Revisionistas les han valido ser perseguidos y difamados por los «Exterminacionistas», incluso con la evidencia de los resultados del Informe Leuchter, hecho a partir de un juicio muy espectacular que terminó a fines de los años '80 en un proceso sensacional e histórico, cubierto por todos los medios de información canadienses y en el que se demostró jurídica y legalmente la imposibilidad del Holocuento, como hemos descrito más arriba.

Pero la verdad es que la falsedad del Holocuento se puede comprobar sólo con los datos estadísticos que circulan por todo el mundo, muy parecidos a los realizados porEinar Aberg, bastando para ello sencillas operaciones matemáticas que parece que nadie quiere hacer. Así, según la «Chambers Encyclopediae» había un total aproximado de 6.500.000 judíos en Europa antes de la Segunda Guerra. Si la historia de los «6.000.000» fuera verdad, esto significa que casi todos habrían sido «exterminados» (aunque algunos hablan de «siete u ocho millones de muertos»).

En Suiza, la «Baseler Machrichten» estableció, basándose en datos estadísticos, que entre 1933 y 1945 emigraron cerca de 1.500.000 judíos a Gran Bretaña, Suiza, España, Portugal, Australia, China, India, Palestina, Estados Unidos. Esto es confirmado por el periodista judío Bruno Blaut, que cita la misma cifra en el diario judío de New York «Auf Bau» el 13/08/48. De estos, unos 400.000 salieron de Alemania antes de Septiembre de 1939. El Instituto de Emigración Judía de Praga concretó a partir de Marzo del 39 la emigración de 260.000 judíos residentes en la ex-Checoslovaquia. Después de Septiembre de 1939 quedaba un total de 360.000 judíos en Alemania antes de la guerra. El número de judíos provenientes de otros países europeos (Francia, Holanda, Italia, Europa Oriental, etc.) es de unos 120.000. Este éxodo de judíos antes y durante la guerra rebaja alrededor de 5.000.000 el número de judíos en Europa. Recuérdese además, que deben agregarse los emigrantes que se refugiaron en la URSS, que más tarde son evacuados.

En la revista «Colliers», del 9 de Junio de 1945, Frelling Foster habla de los judíos de la URSS y explica que para escapar de los Nazis, 2.200.000 se refugiaron en la URSS a partir de 1939. Con esta emigración a la URSS se redujo a 3.500.000 el número de judíos que se encontraba en los países ocupados por Alemania. Más de la mitad de los judíos que emigraron a la Unión Soviética en 1939 venían de Polonia. Se afirma a menudo que 3 millones de judíos cayeron bajo el control alemán cuando se invadió Polonia y que casi en su totalidad fue exterminada (se habla incluso de 6 millones ¡sólo en Polonia!), pero eso es falso: el censo de 1931 de la población polaca indica en forma oficial e indiscutible que la presencia de sólo 2.732.600 judíos en Polonia (Reitingler «Die Endlosung», pág. N° 36). Éste afirma que había al menos 1.170.000 judíos polacos en la zona ocupada por los rusos, de los cuales un millón —por lo menos— fueron evacuados a los Urales y Siberia meridional, por la invasión alemana de Junio de 1941.

La naturaleza de los Campos de Trabajo del Tercer Reich, recordados como «Campos de Exterminio», queda de manifiesto en las entradas de cada uno de ellos. El de Mauthausen, por ejemplo, luce en su entrada principal la frase «EL TRABAJO DA LIBERTAD», el de Auschwitz dice «EL TRABAJO ES PROGRESO» y el de Treblinka se presenta con el título: «CAMPO DE TRABAJO DE TREBLINKA». Algo muy distinto de los verdaderos Campos de Exterminio, usados por los Sionistas a lo largo de toda su historia: contra los colonos holandeses de Sudáfrica durante la Guerra de los Boers, contra los croatas en Servia y contra los palestinos en el Medio Oriente.

Los historiadores caen además en absurdas contradicciones cuando aseguran que los judíos prisioneros eran alimentados de un modo terriblemente deficiente, mientras se les hacía trabajar como esclavos cargando pesadas rocas o atos de madera, acto que es médicamente imposible de ejecutar en condiciones de ayuno constante, como se asegura que eran mantenidos. Por otro lado, se dice siempre que en los Campos de Concentración los Crematorios funcionaban día y noche, lo que queda como una evidente mentira al observar todas las fotos que tomó la inteligencia aliada de los campos durante la guerra, y en las cuales NO SE VE NINGUNA CHIMENEA EMITIENDO HUMO desde su boca, imágenes que frecuentemente acompañan los mismos textos de historia que fomentan el mito de los Crematorios.


AFIRMACIONES RIDÍCULAS Y BIZARRAS...

Una gran cantidad de las afirmaciones de los Holocaustófilos sobre los «horrores» que habrían tenido lugar en los «Campos de la Muerte», resultan desde el principio tan descabelladas y absurdas que no puede evitarse emitir una pequeña sonrisa al leerlas, ya que la incredulidad fluye por sí sola.

La existencia de miles de afirmaciones ridículas sobre las supuestas atrocidades del Holocuento se explica por el hecho de que cada «historiador» dice y escribe lo que quiera (al menos hasta antes de que el Revisionismo cobrara la fuerza de hoy), como quien arroja una piedra a un túmulo para formar entre todos una montaña, muchas veces elaborando tremendos tratados en base a las fantásticas declaraciones de «testigos» que, en realidad, nunca estuvieron en los Campos y no tienen ni la cultura ni el criterio para medir la lógica de sus aseveraciones. Es producto, además, del entusiasmo por escribir el mayor número de atrocidades holocáusticas posibles, sin reparar en medir lo razonable o creíble que pueda ser cada una de ellas. Los argumentos que se han usado para comprobar el Holocuento son los mismos que se han presentado para comprobar la existencia de OVNIs o del Monstruo del Lago Ness, o sea fotografías y testimonios, pudiendo ver el lector la diferencia de criterios que se ha tenido para aceptar un tema como «verdadero» y negar otros por «fantásticos». Casualmente, entre los Holocaustófilos también abundan los testimonios comprobadamente falsos y las fotografías trucadas tan comunes en esos temas «fantásticos».

A continuación, exponemos algunas (y sólo algunas, por razones de espacio) de las más estúpidas y ridículas afirmaciones «históricas» que se han hecho sobre el Mito del Holocausto y la colección de crueldades y salvajismos que habría tenido lugar:

Salados hasta morir: La supuesta declaración de Diekls sostiene que los SA encargados de los primeros Campos se «divertían» por las tardes de verano dándole a beber «salmuera y jugo de bacalao» a los presos, para luego ponerlos al sol del patio en donde perecían por deshidratación. Cuando recordó que en el invierno no había sol, Diekls denunció nuevas reglas para el juego: ahora, lo hacían colocándoles un «cigarrillo encendido en la boca», por el lado de las brasas contra la lengua, y se les obligaba a tragarlo de un par de mascadas.

Fenómenos sísmicos por tanta muerte: Elie Wiesel, uno de los más «autorizados» historiadores del Holocausto, Premio Nobel y presidente de la comisión de los Estados Unidos que investigó las atrocidades por orden de Jimmy Carter, escribió en 1982 que en algunos Campos era tal la cantidad de muertos en el día que caían en un mismo lugar, que «durante meses y meses» después de una ejecución, el suelo «no dejaba de temblar» y que, a veces, «géisers de sangre brotaban del piso».

Primero quemados, luego gaseados: También vienen del «sobreviviente» Elie Wiesel otras afirmaciones extrañas. Hasta 1959 sostuvo como «testigo» que los judíos eran asesinados ARROJÁNDOLOS AL FUEGO, y de ahí se bautizó al supuesto genocidio como «Holocausto», en referencia a la quema ritual. Pero sorpresivamente, apareció después afirmando que los judíos habían sido asesinados «en Cámaras de Gases», mito sostenido hasta hoy y que él nunca antes había citado.

Primero electrocutados, luego gaseados (versión rusa): Tal como en el caso de Eli Wiesel, los rusos tampoco mencionaron «gaseamientos» como la forma de exterminio usada por los alemanes. Los primeros informes de 1945 de las tropas rusas, antes de ponenerse de acuerdo todos los aliados en difundir la mentira de las ejecuciones por medio de Cámaras de Gas, reportaron tener pruebas de que en el Campo de Padua a los internos se les ejecutaba «con descargas mortales de electricidad», a veces incluso dentro de una picina con agua electrificada... Porque claro, ¿qué iban a hacer picinas instaladas en los Campos de Concentración si no eran para matar a los presos en vez de tenerlas para sus actividades recreativas?

Primero electrocutados y luego gaseados (versión exportada a América): Los norteamericanos también cayeron en la fantasía del Holocuento de que los judíos eran electrocutados en masa en Auschwitz, antes de sustituir el mito por el de las Cámaras de Gas. Periódicos americanos tomaron las citas de un «testigo soviético liberado de Auschwitz», en Febrero de 1945, según el cual se empleaba «una banda transportadora eléctrica en que se podía electrocutar simultáneamente a cientos de personas y de ahí conducirlas a los Hornos Crematorios. Eran quemadas casi al instante, produciendo un fertilizante para los campos cercanos».

El Dr. «Frankenmengelestein»: Una serie de revistuchas, como la Enciclopedia Popular Magazine, han afirmado que Josef Mengele hacía atroces experimentos con los niños que llegaban a los Campos, y que, en una oportunidad «trató de crear siameses cosiendo juntos a gemelos normales». Y por si esto fuera poco, agrega seguidamente: «Otro testigo contó que intentaba cambiarle el color de los ojos a los prisioneros con inyecciones que los cegaban o mataban».

Cacería de presos en Dachau: Uno de los «sobrevivientes» que declararon sobre Dachau(campo en el que hasta Wiesenthal reconoció que no hubo muertos, antes de arrepentirse) en los juicios y las investigaciones, y cuyo testimonio ha sido creído por muchos historiadores a pesar de que nunca hubo otra declaración que lo corroborara, afirmó que en el Campo había una línea divisoria trazada en el suelo y que ningún interno podía pasarla. Algunos guardias allí «jugaban a la caza», lanzando sus gorros al otro lado del límite y exigiendo a algún preso que fuera a buscárselo, para dispararle en la distancia tan pronto como atravezara la línea prohibida.

La Máquina del Tiempo: Rudolf Höss, primer comandante del Campo de Trabajo de Auschwitz, fue torturado y obligado a declarar en Nüremberg una serie de incongruencias usadas en los juicios, como el haber visitado el Campo de Treblinka en Junio de 1941 (Treblinka fue inaugurado en Julio de 1942, o sea UN AÑO DESPUES), que en Auschwitz se calcinaban completamente (incluyendo los huesos) tres cadáveres por crematorio cada 20 minutos y que, apenas terminaban de ser ejecutados los prisioneros de las Cámaras de Gas, los funcionarios del Campo solían «entrar fumando» a retirar los cadáveres (a pesar de que el HCN es tremendamente explosivo y de que se afirme que «entraban con máscaras antigás»).

El Rifle Mágico de Goeth: El cineasta Steven Spielberg, basándose en los «testimonios de los sobrevivientes», postula en su película «La Lista de Schindler» que en elCampo de Plawzog, cada mañana, el Comandante Ammon Goeth se lenvantaba con un rifle de alta precisión y se divertía disparándole a la cabeza de los presos en la distancia que andaban por los patios, cual moderno francotirador loco. Lo curioso es que Goeth simpre andaba armado, PERO CON UNA ESCOPETA, como lo demuestran todas las fotos que de él existieron, con la que es imposible realizar sus tiros de precisión y distancia expuestos en la película. Además, los Revisionistas han demostrado que el balcón de Goeth estaba bajo el nivel del terreno del campo de los patios, de modo que desde allí no podría haber tenido a su alcance a los presos.

Las Sardinas de Revensbruck: Un «testigo» de Ravensbruck, también tomado en cuenta por innumerables historiadores, declaró que los recién llegados al Campo eran encerrados en piezas tan estrechas y en tal cantidad que, por lo apretados que quedaban, los que se desmayaban o morían asfixiados «seguían de pie, mantenidos verticalmente entre sus compañeros».

Más Sardinas: Otro «sobreviviente» de Mauthausen dejó en actas que en los blocks del Campo eran metidos «225 presos en una pieza de 10 por 14 metros».

Continúan las Sardinas: El famoso «Informe Gerstein» dice, para Nüremberg, que un número de «750 a 800 personas de pie eran apiladas sobre unos 25 metros cuadrados y dentro de 45 metros cúbicos de espacio». En otro lado asegura que la cantidad de muertos de los Campos de Belzec y Treblinka sumaría ENTRE 20 Y 25 MILLONES DE EJECUTADOS.

Protocolos de Bienvenida: Un individuo identificado como el «Preso N° 62204 de Mauthausen», declaró en las investigaciones que al llegar al campo, los gendarmes metían a los presos a golpes de garrote y mordidas de los perros a «una ducha hirviendo», luego «una ducha de agua helada», luego metidos «cinco horas en un sauna», luego encerrados en una «pieza fría» y bajo «un chorro brutal de agua helada». Agrega a la patética descripción que, de este modo, «algunos recién llegados morían en la desinfección».

Desnutridos, pero del Planeta Kripton: La Colección Laser de la Segunda Guerra (1974), en su capítulo «Los Campos de Exterminio», señala lo siguiente, a propósito de la vida en los Campos: «Para subir de carrera el comando de Ebensee [un Campo], es necesario remontar 150 escalones. Cada hombre lleva una piedra de 20 KILOS en el hombro. A la pasada, un SS, por jugar, lanza un cachiporrazo sobre uno de los que suben. El desgraciado titubea, y cae precipitadamente hacia el fondo con el estrépito de su piedra y de su cuerpo, que rodan juntos. Muere todo quebrado».

Asesinatos Caníbales: El Profesor Richet escribió con recogimiento y horror que, siendo tanta el hambre a la que eran sometidos los internos por los SS de Ravensbruck, que en una oportunidad algunos de ellos «mataron a cuatro de sus camaradas» para robarles sus tarjetas para recibir pan. En otros casos se dice que algunos detenidos «robaban trozos de carne humana y los asaban», llegando a comerse a un hombre entero en un día.

Error de Sumatoria: Según la película «Nuit et Brouillard» del director de cine francés Alain Resnais, filmada en 1955 y basada en «testimonios reales y declaraciones verídicas», los prisioneros que perdieron la vida en Auschwitz sumaban la aterradora cifra de 9 MILLONES DE EJECUTADOS.

El Grifo Milagroso de Birkenau: Según el Doctor Desiré Hofner, en Birkenau había exactamente una y sólo una llave de agua para proveer del líquido vital a «los 13.000 prisioneros que habían en este campo en julio de 1942».

Jugando con balancines de muertos: David Russet testimonió que, en el Campo de Dora, eran colgados del cuello los presos, para luego ser agitados como muñecos por los oficiales de la Gestapo, quienes obligaban además al resto de los reclusos a pasar entre los cuerpos balanceándose, como medida de escarmiento, todos los días.

Aprendiendo Cirujía Escolar: En las «confesiones» de Braumkötter sobre el Campo de Sachsenhausen, en 1947, se le obligó a declarar por tortura y fuerza (hoy lo sabemos) afirmaciones tan descabelladas como la siguiente: «Se practicaban cortes en los muslos de los presos designados y los cortes se rellenaban con viejos trapos y paja sucia. Todo esto traía como consecuencia la prevista septicemia, de la cual morían gran parte de los individuos inoculados».

La cruel compasión de Gray: El estafador y falsificador de arte Martin Gray, al que muchos historiadores le han dado tribuna, aseguró que en Treblinka se le destinó a la tarea de sacar a los muertos de las Cámaras de Gas recién usadas. Con un tono de congoja, señala que si en el proceso encontraba algún niño o bebé todavía vivo, lo estrangulaba con sus propias manos, por razones humanitarias, «para que no sufriera». Hoy se sabe que Gray jamás estuvo en Treblinka.

Las Lámparas de Piel Humana: La declaración de uno de los «sobrevivientes» de Buchenwald, expuesta en Nüremberg durante el juicio contra Ilse Koch, esposa del Comandante del Campo, dice lo siguiente: «Todos los prisioneros que tenían tatuajes recibieron la orden de presentarse en el dispensario... Después que fueron examinados, los que llevaban tatuajes más interesantes y más artísticos fueron muertos por medio de inyecciones. Sus cuerpos fueron en seguida enviados al servicio patológico donde los pedazos de piel tatuados fueron extraídos y remitidos a la mujer de Koch, quien hizo fabricar con esta materia prima algunas pantallas y otros objetos de ornamentación».

500 hombres a la tina helada: En el libro «Los Campos de Concentración», se expone el testimonio del «sobreviviente» Martin Winterberger, según el cual 32 presos murieron en Diciembre de 1941 a causa de un paquete de tabaco que alguien robó a un guardia. Según su declaración, fueron obligados a desvestirse 500 sospechosos del robo, a 8° bajo cero de temperatura ambiente, empezando algunos a morir de frío hasta el mediodía. Como nadie admitió ser responsable, y al ver que algunos transpiraban por la fiebre, uno de los guardias gritó: «¡Estos tienen calor, y bien... Se les va a refrescar!». Acto seguido, LOS 500 HOMBRES fueron metidos en «bañeras llenas de agua helada», donde se desvanecían o simplemente se ahogaban.

¡¡¡Un Vaporizador de Hombres en Autschwitz!!!: Este relato debe estar entre los primeros lugares de idotez y ridiculez... En el Tribunal de Nüremberg, el fiscal mayor de los Estados Unidos, señor Robert Jackson, seguramente desesperado por agregarle más muertos imaginarios a las listas, aseguró que los guardias de Auschwitz contaban con un moderno «invento» con el que «vaporizaron» a 20.000 judíos prisioneros, según sus palabras, «en una forma tal que no quedaba ningún rastro de ellos».

Cianuro inteligente que elige a su víctima: El «sobreviviente» polaco Oscar Bergendeclara que, luego de ser ubicado en Treblinka, se le encargó bajar los muertos gaseados en los vagones de los trenes (muertos allí para ahorrar tiempo) que eran conducidos así directamente desde los ghettos hasta el crematorio. Bergen dice que los cadáveres acababan de ser ejecutados, y los sacaba cuando todavía tenía olor al cianuro, sin que él resultara intoxicado jamás.

La Última Cena: En 1953 se «encontró» por casualidad y enterrado un supuesto manuscrito anónimo de un detenido de Auschwitz, dentro del mismo campo, en el que se lee que a los presos que eran conducidos a las Cámaras de Gas se les ofrecía un «último favor», y ellos sólo solicitaban deseperados «un pedazo de pan».

Hitler fue un «Hombre Lobo»: El «prestigioso» antropólogo inglés Robert Eisler, escribió en 1951, en «Man into Wolf», que a Hitler le encantaba pasear entre los cadáveres de los Campos de Batalla y de los Centros de Exterminio, agregando que esto se debe a un sadismo derivado de una licantropía severa, pues ERA UN HOMBRE LOBO. De ahí su decisión de matar judíos en masa (como corderos). Eisler señala como prueba de su teoría que, en una oportunidad, encontraron a Hitler en cuatro pies mordiendo una alfombra en su despacho.

Peleando por Aire: El Doctor Nyiszli, supuesto médico legista húngaro, describió las ejecuciones de gas agregando detalles patéticos como que «al abrir las puertas de las cámaras, los cadáveres no estaban diseminados por todas partes, sino que apilados hasta el techo de la pieza». Y luego agrega explicando el fenómeno: «Es que el gas subía desde las capas inferiores hasta arriba, obligando a los desgraciados a pisotearse y encaramarse unos sobre otros». Hoy se sabe que este tal Nyszli jamás existió, siendo un invento de los periodistas judíos franceses, entusiasmados con sumarse a la ola de escritores de horror holocáustico.

Antes de pasar al siguiente ítem —que es mucho más serio—, dejamos aquí unos videos más que nos muestran, en tono jocoso, más mentiras absurdas sobre el Holocuento:


LA VERDADERA RAZÓN DEL HOLOCUENTO

Curioso resulta ser que muchos autores Revisionistas se avocan tanto en defender su trabajo de revelación de la verdad que olvidan, en alguna medida, explicar las razones de haber levantado esta monstruosa maraña. Nosotros trataremos de dar un paso adelante al respecto...

La cantidad de beneficios que ha obtenido el Sionismo Internacional con el asunto del Holocuento (llamado entre ellos como «Shoá») es tan grande y descarada, que bien podría creerse que, de haber sido cierta la farsa de los seis millones, ha sido una verdadera fortuna para el mundo sionista el que tantos judíos hayan sido sacrificados. Alemania ha debido pagar al Sionismo indemnizaciones de los más diversos tipos, derivadas de sus «culpas por los crímenes» por los pobrecitos judíos de la Segunda Guerra: 6 millones de libras esterlinas que se utilizaron en la fundación del Estado de Israel, hasta entonces inexistente como tal.

Desde ese momento, se ha continuado con esta exigencia de sumas escandalosamente altas a Alemania, más otras realmente ridículas, como el «reembolso de desertores», que se deben pagar a quienes escaparon de los campos de batalla de la Segunda Guerra, situación por la cual la Ley Marcial ejecuta de inmediato a cualquier desertor en el resto del mundo, y especialmente en Israel. Otras sumas son abusos descarados: la obligación de pensionar gratuitamente a cientos de miles de inmigrantes que llegan año a año hasta Alemania.

Para el año 2030, Alemania deberá completar un pago a Israel con la increíble suma de... ¡20 BILLONES DE MARCOS!, por este tipo de compensaciones y reparaciones «morales».

Sin embargo, Israel ve con espanto cómo se van acabando las vigencias de los distintos pagos que debe hacerle Alemania a su falso Estado, mientras la economía de este último no ha logrado independizarse, pues uno de los fraudes más grandes de la historia contemporánea es el supuesto éxito de la economía israelí, con sus mentadas colonias de trabajo; en realidad han sido el más rotundo fracaso.

La economía de Israel ha sido planteada como un éxito y un ejemplo para el mundo. Todo esto es falso, y el Sionismo Internacional lo sabe de sobra. La base de la sustentación nacional de Israel es la cantidad degenerada de pagos e indemnizaciones que debe hacerle Alemania desde el final de la Segunda Guerra y luego del sacrificio ritual de los Jerarcas Nazis en el circo de Nüremberg. Las compensaciones morales por los supuestos muertos se cobran todas en dinero, a pesar de la evidencia que existe en contra de esa supuesta cantidad de muertos.

Las fotografías de los pobres moribundos en los campos de trabajo remunerado, conocidos para la posteridad como «Campos de Exterminio», son la prueba de los bombardeos aliados sobre las carreteras y las líneas férreas en su intento de aislar a Polonia y algunas provincias alemanas de las fuerzas del Reich, cortando con ello los suministros de alimentos y medicinas. Así como lucían los judíos de los Campos de Concentración, se veían todos los demás habitantes de esa región y hasta los propios encargados de los Campos, pero fotografías de ellos no existen. Bajo el criterio de credulidad absoluta mostrado por los jueces de Nuremberg, hubiese bastado con una pequeña cantidad de las fotos que ya existen para convencerlos de la existencia del Monstruo del lago Ness o de los Platillos Voladores.

Gracias a los dineros rapiñados como indemnizaciones y compensaciones es que Israel ha podido ser fundada y mantenida. Sus experimentos, como los famosos y tan bien vistos «Kibutz», han sido un gastadero de dinero que ya no puede ser sustentado por el Estado, obligando a muchas de esas curiosas comunidades a adoptar perfil de cooperativa empresarial, lo que está mucho más acorde a la personalidad especulativa y a su economía mundialista.

Siendo así la situación, no es raro que el Sionismo vea con horror como gran parte de los pagos de indemnizaciones por el inexistente Holocausto comienzan a terminar, y como cae con ello su más glorioso logro, como fue inventar un país en los mapas del Medio Oriente.

Se les hace urgente hacer la propaganda holocáustica más y más repetitiva, especialmente a las nuevas generaciones, para así crear los sentimientos de culpa colectivos, principalmente dirigidos al pueblo europeo, para sacar de ellos el dinero necesario para las próximas décadas: demandas contra las compañías automovilísticas, contra los bancos suizos, y contra todo aquello de lo que se pueda sacar dinero. Demandan a la industria automovilística europea por haber trabajado con «judíos esclavos» durante la guerra, como la General Motors, cosa improbable técnicamente. La misma calumnia cayó sobre la Ford, una compañía particulamente odiada por los Sionistas, desde que las ideas de su fundador Henry Ford, quedaron plasmadas en su libro «El Judío Internacional». También fue incluída en el juego laBMW y la Volkswagen, despreciada por el Sionismo por la creación del «Auto del Pueblo» del ingeniero Porsche, adepto del Führer. Demandaron a la Lufthansa con estas mismas injurias, así como al Dresdner Bank, el Commerzbank y el Deutsche Bank. La idea es sacar dinero de cuanta fuente se pueda, valiéndose del fraude del Holocuento, seis millones de mentiras creativamente alimentadas por esa morbosidad sionista que expresa su profunda crueldad y odio por la vida ajena.

Se valen de la propaganda para mantener vivo el tema del Holocuento. El famoso«Diario de Ana Frank», que se obliga a leer a casi todos los niños del mundo, está dentro de esta propaganda.

Se sabe de su falsedad por análisis hechos en laboratorios de Francia y de Suecia, especialmente en lo referido al método de escritura, incompatible con los tipos de lápices y plumas de la época, y aún así sigue siendo tomado por auténtico. La niña que lo escribió, llamada Anne, en realidad falleció de tifus, y no ejecutada como se da a entender. Antiguas ediciones en español de este libro traían este comentario sobre las verdaderas razones de su desceso, pero fue suprimido posteriormente. Además, ya se vió lo ridículo de este fraude cuando el escritor judío Meyer Levin demandó al padre de Anne, el señor Otto Frank, por los derechos de «dramatización» del libro.

 La sociedad Ana Frank ya reconoció que el padre es el autor, por eso es que los derechos de autor de la novela no caducaron este año como con el libro mi lucha de Hitler sino que se extenderá por varios años mas porque le dieron autoría al padre de la niña. 

El Fondo Anne Frank mantiene que el padre de la niña es coautor de los escritos y que los derechos de emisión, que expirarían en 2016, deben seguir vigentes hasta 2050.  

Junto a este libraco, están las películas que van desde «Holocausto» hasta «La Lista de Schindler», todas ellas fantasías narrativas sin argumento histórico ni documental, al punto de que la propia viuda de Oscar Schindler reclamó por la falsedad de la película sobre este empresario alemán medio judío, a poco de estrenarse el filme de Spielberg.
Sin embargo, parte del público las recibe bien y las cree, tomándolas como argumentos documentales. Es la forma en que el judío presenta estas historietas al resto de los hombres... Es el argumento que usó también para reclamar los 1.200 millones de dólares que debía pagarle la banca suiza a un grupo de timadores judíos en el bullado caso del «Oro Nazi» de 1998 y las posteriores compensaciones austríacas reclamadas en el 2000 por «residencias robadas a los judíos» durante la guerra.

Sólo como ejemplo, veamos una de las tantas noticias al respecto. Nótese las cantidades mencionadas:


«Sabado, 15 de Agosto de 1998
»La banca suiza compensará a las víctimas del nazismo con 1.250 millones de dólares:

»EXPANSIÓN. Madrid. Más de medio siglo después del final de la Segunda Guerra Mundial y tras casi dos años de pleitos, UBS y Credit Suisse, los grandes bancos suizos que bloquearon las cuentas abiertas por las víctimas del Holocausto nazi, han acordado compensar a sus herededos con 1.250 millones de dólares, alrededor de 187.000 millones de pesetas. Los bancos suizos y los familiares de las víctimas del Holocausto comienzan a ver el final del túnel. En la madrugada del miércoles, y tras meses de infructuosas negociaciones, UBS y Credit Suisse alcanzaron en Nueva York un acuerdo con los abogados de los demandantes.

Los dos mayores bancos helvéticos pagarán 1.250 millones de dólares a los familiares de las víctimas del nazismo por las llamadas cuentas dormidas. Se trata de cuentas bancarias abiertas antes o durante la Alemania nazi, pero cuyos fondos nunca fueron reembolsados por sus propietarios o herederos tras el final de la II Guerra Mundial. Algunos casos fue por desconocimiento y otros, por ciertos obstáculos, como es el de algunos familiares que no han podido recuperar los ahorros de sus progenitores, fallecidos en los campos de concentración, porque las entidades exigían un certificado de defunción. Los bancos han reconocido errores en la gestión de estos fondos, pero niegan haber actuado deliberadamente».Y si la desinformación sobre el llamado Holocausto persiste y se acrecienta por estos últimos años, se debe exclusivamente a la necesidad de los Sionistas de captar nuevos dineros explotando el asunto y manteniéndolo vigente en la sociedad, a pesar de cuán aburrido tiene al tema a un gran sector de la sociedad que no asiste a estas películas, no lee esos libros y hasta hace mofa de esa supuesta tragedia, al hacerse cada vez menos creíble, producto de esa misma repetición hipnótica.

Sólo en Estados Unidos las organizaciones sionistas habían gastado, hasta Octubre de 1999, cerca de 250.000 dólares en avisos publicitarios a página completa, donde eran difamados los nombres de empresas como la Ford, Siemens, Bayer, Mercedes-Benz y varias compañías más por el mito de que «trabajaron con esclavos judíos». Para evitar conflictos, 16 de estas compañías ofrecieron pagarles la suma de 3.300 MILLONES DE DÓLARES EN COMPENSACIONES, de los que más de 2.000 iban a ser aportados (¡era que no!) por el Estado Alemán. Sin embargo, los abogados y los acongojados «familiares de la víctimas» rechazaron indignados la oferta por encontrarla «muy baja»... ¡Querían 25.000 millones de dólares!

Un gigantesco monumento destinado a Berlín es quizás un punto culminante en los medios de esta campaña pro-holocáustica. Aquí en Chile se realizan exposiciones todos los años sobre el asunto y hasta tuvieron el poder de proponer quitarle el nombre a la calle Mariscal Petáin por su relación con el Nazismo. Existe además, un proyecto para fundar aquí un «Museo del Holocausto», financiado en gran medida con dineros públicos. La campaña sigue, y sigue, y sigue...

Pero por sobre todos estos propagandismos siempre estará la Verdad, aún cuando esté momentáneamente en manos de pocos. Tal como la falsedad de su Nación-Estado, la fantasía apocalíptica del Sionista no durará demasiado con el pasar de los años, pues llegará el momento en que caiga con su insostenible economía israelí.

Y por sobre las fábulas de muertos por millones y de cámaras de gases estarán documentos tan indesmentibles como los Informes de la Cruz Roja, al final de la guerra; ellos tuvieron acceso durante todo el conflicto a los Campos sin que jamás reportaran las atrocidades descritas. Además, sus informes señalan feacientemente que los judíos muertos durante la guerra cayeron en los bombardeos, en los Campos que quedaron incomunidados por la destrucción de las vías y por la epidemia de tifus que mató por igual a todos, alemanes, polacos o judíos.

Ahora, la última arremetida ha sido contra Argentina, la segunda nación del mundo en población judía. Los misteriosos atentados contra edificios judíos de Buenos Aires han servido de excusa para generar en Argentina una psicosis colectiva; un «miniholocausto» local. Se han hecho intentos, además, por perfilar una figura legal de «genocidio de judíos» durante los gobiernos militares de Argentina de 1976 a 1983, del cual los Sionistas sacarían jugosas compensaciones y grandes progresos en su siniestro Plan Andinia, destinado a fundar una segunda Israel en la Patagonia argentina y chilena.
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A continuación tenemos algunos de los muchos recortes de prensa y artículos mostrando el cabalístico número "6.000.000", que se remontan al año 1900. 

 Noten las referencias permanentes de multitud de autores a los "seis millones de judios", la mendicidad continua por el dinero y la tierra (Palestina), y el término "holocausto" utilizado mucho antes de los acontecimientos de la década de 1940. También cabe destacar que los autores de la gran mayoría de estos artículos de propaganda eran los más ricos de los banqueros judíos de Wall Street, así como líderes de los grupos de presión SIONISTAS.
1900
Al lider Sionista 'americano', el rabino Stephen S. Wise , se fue de la lengua respecto a la agenda sionista detrás de la patraña del Holocausto: promover la simpatía pública hacia el Sionismo (y la toma de Palestina). "Hay 6.000.000 viviendo, sangrando, sufriendo los argumentos a favor del sionismo." "ZIONISTS" MASS MEETING: Rabbi WIse's Address." New York Times. Junio 11, 1900
1905
El New York Times informa : "De 1890 a 1902 él causó la expulsión de 6.000.000 de familias judías de Rusia"

1906



Un publicista Judío se dirige a una audiencia en Alemania en el que afirmaba que el Gobierno ruso tenía una "solución de la cuestión judía", y que esta solución implica el "exterminio" de "6.000.000 de Judios". Por supuesto, los rusos nunca tuvieron ningún tipo de plan, pero la historia de ficción fue resucitada durante la Segunda Guerra Mundial, en esta ocasión con los alemanes como objetode las acusaciones.


1920

Algunos inclusive recuerdan la increíble e histérica demanda hecha por el entonces gobernador del Estado de Nueva York, ya en 1917-18, (!) de que los alemanes habían ". . exterminado a millones de judíos." Aún más diciente era la demanda sobre los ". . seis millones"! (Glynn, Martin, La crucifixión de los judíos debe parar, El Hebreo Americano, 31 de octubre de 1920.)
Martin H. Glynn, The Crucifixion of Jews Must Stop!,
The American Hebrew, 31 de octubre de 1919.

El 31 de octubre de 1919 el ex-gobernador del Estado de Nueva York Martin H. Glynn publicó un artículo titulado ¡La crucifixión de los judíos debe detenerse! (The Crucifixion of Jews Must Stop!) en el periódico The American Hebrew (El hebreo americano) donde aparecía ya la cifra de los seis millones de judíos y describió las condiciones de los judíos en Europa como un "Holocausto" potencial.: 
Al otro lado del Atlántico seis millones de hombres y mujeres reclaman nuestra ayuda... seis millones de seres humanos... están muriendo. En el posible Holocausto de la vida, seis millones de famélicos... (etc.). 
Esta cifra es de cierta importancia en el misticismo judío ya que está basado en fuentes cabalísticas[Ben Weintraub, El Dogma del Holocausto: La Clave del Nuevo Orden Mundial, Publicaciones Cosmos, 1994], así como en el Talmud, lo cual indica que dicha cifra se intentó imponer desde entonces de modo que el mundo viera necesario el establecimiento de un Estado judío soberano, sin embargo, la propaganda fracasó. 

El 20 de mayo de 1920, el Congreso Judío Americano escribía: 

Fondo para víctimas judías de la guerra en Europa Central, donde seis millones enfrentan horrorosas condiciones de hambre, enfermedad y muerte. 


Segunda Guerra Mundial La cifra de los seis millones persiste 

El 9 de mayo de 1942, Nahum Goldmann quien fuese posteriormente presidente del Congreso Mundial Judío, estimaba con mucha anticipación que de los ocho millones supuestamente al alcance de Hitler, sólo dos o tres millones sobrevivirían a la guerra (aún si ésta durara seis años o muchos más), lo que haría un total de cinco o seis millones de judíos muertos, pero según los datos aportados por la historia oficial habrían sobrevivido cinco millones, lo que indica que la cifra de los seis millones, previamente concebida, sólo se estaba ajustando a cualquier dato posterior que fuese presentado. Después de la guerra todas las estadísticas demográficas fueron adulteradas con el fin de ajustarlas para no contradecir las cifras oficiales de fallecidos. 

En su edición de febrero de 1943, el Reader's Digest ya mencionaba el número de seis millones como el total de las víctimas judías. Esta mención se le debe a un guionista judío de Hollywood llamado Ben Hecht. En 1944 el Rabino Michael Dov Weissmandel escribió varias cartas pidiendo ayuda para salvar a los judíos en Europa. Nótese nuevamente que ya desde entonces se cita el número de las víctimas, mucho antes de que terminara el conflicto, y por lo tanto, antes de realizar los Juicios de Nüremberg, antes de que se hicieran públicas las estadísticas demográficas del régimen nacionalsocialista y antes de las primeras menciones públicas sobre las cámaras de gas.

¿Cómo mantenéis silencio frente a este gran crimen... mientras miles de miles, alcanzando ahora los seis millones de judíos han sido asesinados? Rabino Michael Dov Weismandel, Carta del 15 de mayo de 1944. 

Hasta la fecha, seis veces un millón de judíos de Europa y de Rusia han sido aniquilados
Rabino Michael Dov Weissmandel, Carta al Vaticano del 31 de mayo de 1944. 

 Luego, en diciembre de 1944, el propagandista judío soviético Ilya Ehrenburg incorpora la cifra de los seis millones a la propaganda soviética, conociendo así la cifra de las supuestas víctimas antes de la liberación de Auschwitz[Hoffmann, Joachim, Stalin's War of Extermination (1941-1945), 1995]. La mejor distracción es la propaganda de atrocidades contra el enemigo Por otra parte, este tipo de tácticas acusatorias sobre atrocidades fue ampliamente utilizada también por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial en forma extensiva y una parte de la evidencia de este hecho se observa en la siguiente nota del 29 de febrero de 1944, que el Ministerio Británico de Información envió al más alto clero británico y a la BBC: 

Señor, Dirigido por el Ministerio, le envió a Ud. la siguiente carta circular: Es a menudo el deber de los buenos ciudadanos y de los cristianos píos cerrar los ojos frente a las peculiaridades de aquéllos que se asociaron con nosotros. Pero llegará el tiempo en el cual tales peculiaridades, que aún se niegan en público, deberán tenerse en cuenta cuando llamemos a la acción. Nosotros conocemos los métodos de gobierno empleados por el dictador bolchevique en la misma Rusia mediante, por ejemplo, los escritos y discursos del Primer Ministro durante los últimos veinte años. Sabemos cómo se comportó el Ejército Rojo en Polonia en 1920 y sólo recientemente, en Finlandia, Estonia, Letonia, Galicia y Besarabia. Por consiguiente, ciertamente debemos tener en cuenta cómo se comportará el Ejército Rojo cuando desborde Europa Central. A menos de que se tomen precauciones, los horrores inevitables que obviamente sucederán, generarán una tensión indebida en la opinión pública de este país. No podemos reformar a los bolcheviques pero podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para salvarlos - así como a nosotros - de las consecuencias de sus actos. Los descubrimientos del pasado cuarto de siglo generarán meras negaciones poco convincentes. La única alternativa a la negación es distraer la atención pública del asunto entero. La experiencia ha demostrado que la mejor distracción es la propaganda de atrocidad dirigida contra el enemigo. Desgraciadamente el público ya no es tan susceptible como en los días de "la Fábrica de Cadáveres", "los Bebés Belgas Mutilados", y "los Canadienses Crucificados". Por consiguiente se busca seriamente su cooperación para distraer la atención pública de lo realizado por el Ejército Rojo mediante su apoyo sincero en varios cargos contra los alemanes y japoneses que han sido y serán puestos en circulación por el Ministerio. El expresar sus creencias en cosas así puede convencer a otros. 

Soy, Señor, Su obediente sirviente, H. Hewet, Secretario Asistente, P.S: El Ministerio no puede entrar en correspondencia de cualquier clase con respecto a la presente comunicación, la cuál sólo debe revelarse a personas responsables. (Rozek, Edward J., Allied Wartime Diplomacy: A Pattern in Poland , John Wiley and Sons, NY. página 209-210)
Según los documentos de los archivos del departamento inglés responsable de la guerra psicológica, el Political Warfare Executive (PWE), en agosto de 1942 llegaron rumores por canales judíos de que los alemanes los estaban matando por millones. El Foreign Office enseguida se daría cuenta de que se trataba de una mentira, no obstante, el PWE decidió emplear esta historia como base contra los alemanes. Se arrojó sobre Alemania millones de papeles hablando de las ejecuciones en cámaras de gas. Fue una mentira de la que empezaron a oír el eco a los pocos meses. En agosto de 1943 los primeros ministros de Checoslovaquia y Polonia, entonces en el exilio de Inglaterra, pidieron a Churchill y a Roosevelt difundir la acusación de que Alemania estaba exterminando a millones de judíos y polacos en cámaras de gas en el Este de Polonia. 

Posteriormente, el jefe de la propaganda inglesa envió un mensaje a Winston Churchill en el que desaconsejaba firmar la acusación contra Alemania sobre un genocidio de judíos: 

He descubierto que se trata de una mentira que puede poner en peligro a nuestra propaganda. Declarando pocos meses después: No sé cuánto tiempo más podremos mantener que los alemanes están matando judíos en cámaras de gas. Es una mentira grotesca, como la de que los alemanes en la I Guerra Mundial fabricaban mantequilla con los cadáveres de sus enemigos, y aquello hizo perder la credibilidad a nuestra propaganda. 

Al acabar el conflicto Churchill escribiría 6 volúmenes sobre todos los detalles de la Segunda Guerra Mundial. En esas 4.448 páginas, no hace mención alguna a las supuestas "cámaras de gas" o un genocidio de los judíos. Dos mentiras que de llegar a descubrirse podrían desacreditar completamente su trabajo literario

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Sacadas de las 50.000 entrevistas a supervivientes del holocausto que una entidad israelí realizó, los judíos cuentan su vida en el campo:

iban al cine, hacían obras de teatro, jugaban al fútbol, tenían su propia moneda con la que los alemanes les pagaban y con la que compraban productos en la cantina, como cerveza…
En concreto, un judío comenta entre risas cómo se organizó un partido entre los presos y los guardias alemanes y cómo uno de los judíos quiso participar en el bando de los alemanes. Lo importante de la anécdota es que el campo de fútbol en Auschwitz estaba justo al lado que las supuestas cámaras de gas en donde cada día, supuestamente, mataban a miles de judíos…
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Otra superviviente cuenta cómo decoró el barracón del campo de concentración que se usaba como sala de juegos infantil con pinturas bucólicas, ayudada por niños, que se usó para una representación de “Blancanieves y los siete enanitos”.


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Publicado por Xentor Xentinel en 11:47

Etiquetas: Campos de Concentración, Campos de Exterminio, Cámaras de Gas,Hornos Crematorios, Informe Leuchter, Libertad de Expresión, Nazis, Revisionismo Histórico


He actualizado recientemente mi canal que fue censurado por los judíos. A mi me gustaría creer en el Holocuento pero me lo ponen demasiado dificil. Por ejemplo creo en la masacre de Kathyn porque aparecieron miles de cuerpos en fosas comunes con un tiro en la nuca. Creo en el Holodomor y en el genocidio armenio, porque ahí también aparecieron miles y miles de muertos, pruebas físicas y documentos. El problema con el Holocuento es que nos dicen que los muertos eran MILLONES y se desvanecieron. Entonces pedimos pruebas físicas de las cámaras de gas y hornos industriales gigantes que dicen se usaron. Ellos contestan que las cámaras de gas también se desvanecieron, no quedaba ni una, por eso los soviéticos construyeron una parecida, como ya lo ha admitido el director del Museo de Auschwitz. Los hornos industriales también se esfumaron pero tenemos otros construidos por los soviéticos aunque son hornos normales. Entonces denme los planos de la cámara de gas y de los hornos!! Tampoco, también se desvanecieron. De modo que no solo no hay pruebas físicas del asesinato, sino que no hay pruebas de que se eliminaron las pruebas. Todo lo que quedan son testimonios y eso es lo que menos pesa en una investigación criminal frente a peritajes y pruebas físicas. Los testigos pueden mentir o contradecirse, pero la ciencia no miente, por eso entre todas las autopsias que hicieron los aliados nunca apareció ni un gaseado, NI UNO. Porque eso es mas dificil de falsear que un relato de un judío o una confesión obtenida bajo tortura.

 agosto de 2009

origen articulo: http://xentinels.blogspot.com/2008/12/holocuento.html



Muere Revisionista francés-  Roger Garaudy, 1913-2012




Roger Garaudy
El New York Times ha decidido no publicar el obituario del filósofo francés Roger Garaudy, que murió el 15 de Junio, a pesar de que fuera mencionado 45 veces en la revista Times durante su vida. Nosotros por supuesto anunciaremos su fallecimiento aquí y conmemoraremos su vida. Fue el autor de Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel, por el que el gobierno francés le impuso una multa de miles de dólares y una pena de prisión suspendida.
En los últimos años, afirmó que los ataques del 9/11 en los Estados Unidos fueron perpetrados por el gobierno de Bush para lanzar guerras en Afganistán y luego Irak. Posteriormente a que Garaudy publicara su polémico libro, uno de los hombres más famosos de Francia salió en su defensa. Este fue el sacerdote católico Abate Pierre (1912-2007), un defensor de los pobres que según las encuestas estaba entre los hombres más queridos de Francia.
El Abate Pierre atrajo la ira sobre sí mismo al defender el trabajo de Garaudy, en el que se afirmaba que (el falso)-Israel aprovechaba el “holocausto” para ponerse “por encima de todas las leyes internacionales”. El Abate Pierre envió al Sr. Garaudy una carta de cinco páginas alabando su “pasión por la verdad”, su “erudición sorprendente y esclarecedora” y su investigación “escrupulosa”.
El sacerdote, nacido Henry Grouès, tomó el “nombre de guerra” Abate Pierre mientras resistía a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, donde ayudó a rescatar personas judías y otras buscadas por los nazis, incluyendo al hermano menor del General Charles de Gaulle. El Abate Pierre fundó un movimiento humanitario internacional, Emaús, en 1949. Él saltó a la fama en 1954 cuando lanzó una campaña nacional en favor de las personas sin hogar. Con su boina típica, su bastón y su túnica marrón de los monjes capuchinos, tenía acceso a las oficinas del Presidente y del Primer Ministro. Incluso después de respaldar a Garaudy, los televidentes franceses votaron en 2005 al Abate Pierre como la tercer persona francesa más grande de todos los tiempos, después de De Gaulle y Pasteur.
Ahora para el propio Sr. Garaudy, primero de la prensa francesa y después de una fuente musulmana:
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Muere revisionista del holocausto y filósofo francés Garaudy
(AFP) – 15 de Junio, 2012
PARIS – Roger Garaudy, un comunista y niño mimado de la sociedad intelectual francesa hasta que negó que los nazis usaran cámaras de gas para matar judíos durante la Segunda Guerra Mundial, ha muerto a la edad de 98 años, dijeron funcionarios el viernes.
Garaudy fue multado con 120.000 francos (18.000 dólares) por un tribunal en París en 1998 por su trabajo anti-sionista “Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel“. El tribunal consideró que su narración había distorsionado el estimado de seis millones de judíos muertos durante la guerra.
Murió el miércoles en el suburbio parisino de Chennevieres, dijeron autoridades locales. Garaudy, que se convirtió al protestantismo, el catolicismo y por último el islám, se unió a la resistencia francesa y fue retenido en Algeria como prisionero de guerra del régimen colaboracionista francés de Vichy. Se unió al Partido Comunista Francés después de la guerra, fue elegido para el parlamento francés y se convirtió en miembro del Senado. Pero fue expulsado del Partido Comunista en 1970 tras criticar la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, a pesar de haber defendido la intervención soviética en Hungría 12 años antes.
Un hombre corpulento con gafas gruesas como su acento del sur de Francia, Garaudy fue visto durante años como alguien que simbolizaba el “diálogo entre civilizaciones”. Autor de alrededor de 70 libros, Garaudy se describía a sí mismo como un Don Quijote luchando contra los molinos de viento del capitalismo. Dentro de la jerarquía del Partido Comunista fue conocido como “el cardenal”, tanto por su sentido de autoridad como por su atracción hacia la Iglesia. Fue durante años el niño mimado de los medios de comunicación franceses y del entorno intelectual, por su obra filosófica y su coraje político. Pero eso terminó con su conversión al islám en 1982 y su posterior crítica del sionismo, que lo convirtió en un paria. El jefe del movimiento chiíta libanés Hezbolá, Hassan Nasrallah, en 2006 se refirió a su tratamiento como un ejemplo de la “hipocresía y duplicidad” de Occidente.
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Roger Garaudy, famoso pensador musulmán francés, fallece
http://www.ummid.com/news/2012/June/17.06.2012/french_muslim_thonker_dies.htm
17 de Junio, 2012
Paris – El mundialmente reconocido pensador musulmán francés Roger Garaudy murió el viernes en el suburbio parisino de Chennevieres después de una prolongada enfermedad. Tenía 99 años. Será sepultado el lunes en París.
Anteriormente un destacado autor comunista, se convirtió al islám y escribió varios libros controvertidos debido a sus posiciones anti-sionistas y a la negación del holocausto.
Ampliamente aclamado como la personalidad internacional más importante de la cultura musulmana del siglo 20, Garaudy fue el ganador de varios premios prestigiosos, incluyendo elPremio Internacional Rey Faisal de Servicios al Islám en 1986.
Su obra maestra -Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel- fue la más polémica debido a su osadía de negar el holocausto llamándolo un mito que no había tenido lugar.
Garaudy nació de padres católicos y ateos en Marseilleson el 17 de julio 1913. A la edad de 14 años se convirtió en protestante. Durante la Segunda Guerra Mundial, Garaudy se unió a la resistencia francesa, por lo que estuvo detenido en Djelfa, Algeria, como prisionero de guerra de la Francia de Vichy.
Después de la guerra, Garaudy se unió al Partido Comunista Francés. Como candidato político logró ser elegido para la Asamblea Nacional, eventualmente ascendió a la posición de portavoz, y más tarde Senador. Se convirtió en teórico principal del partido para el PCF y fue autor de innumerables trabajos académicos.
Garaudy se mantuvo cristiano y eventualmente se convirtió nuevamente al catolicismo durante su carrera política. En 1970 Garaudy fue expulsado del Partido Comunista tras su abierta crítica de la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968. Garaudy se convirtió al islám en 1982, escribiendo más tarde “El Cristo de Pablo no es el Jesús de La Biblia”, y también formándose otras conclusiones académicas críticas con respecto al Viejo y Nuevo Testamento. Como musulmán adoptó el nombre de “Ragaa” y se convirtió en un destacado comentarista islámico y partidario de la causa palestina.
Garaudy fue autor de más de 50 libros, principalmente sobre filosofía política y marxismo. En 1996 Garaudy publicó su obra más polémica, “Les Mythes Fondateurs de la Politique Israelienne”, más tarde traducido al inglés como “The Founding Myths of Modern Israel”. Debido a que el libro contenía la negación del holocausto, los tribunales franceses prohibieron su publicación y el 27 de Febrero de 1998 lo multaron con 240.000 francos franceses. Fue condenado a una pena de prisión suspendida de varios años.
Después de su juicio y condena en Francia, Garaudy fue aclamado en el mundo musulmán y recibió apoyo público sustancial. En Irán, los 160 miembros del parlamento firmaron una petición en apoyo de Garaudy. Altos funcionarios iraníes lo invitaron a Teherán y le recibieron calurosamente. Los líderes iraníes condenaron a Israel y Occidente por llevar a juicio a Garaudy. El líder supremo iraní, Ali Khamenei, citó a Garaudy por su trabajo exponiendo el “comportamiento similar a los nazis” de los sionistas.
Garaudy ha sido aclamado en todo el mundo islámico como “la personalidad internacional más importante de la cultura musulmana del siglo 20″, “mayor filósofo de Europa desde Platón y Aristóteles”. Incluso en entrevistas recientes, Garaudy repitió su afirmación de que el holocausto era un mito, afirmando que el genocidio de los judíos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial fue “inventado como un mito por Churchill, Eisenhower y De Gaulle para justificar la destrucción y ocupación de Alemania”. En diciembre de 2006 Garaudy no pudo asistir a la conferencia internacional para analizar la visión global del holocausto, debido a razones de salud.

Sobre el autor


Michael A. Hoffman, investigador independiente basado en Idaho, Estados Unidos; ex reportero de Associated Press; autor de siete libros sobre historia y literatura; dedicado al pensamiento radical y a la libertad de investigación; no juega a la farsa de Izquierda vs. Derecha; descubridor de la esclavitud blanca en la América primitiva. Hoffman está por la paz y la iluminación y aquellos derechos enumerados en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, que apropiadamente se denominan inalienables, porque derivan de Dios, no del hombre. Ningún grupo de hombres o mujeres, organizados como "gobierno", tienen jurisdicción o autoridad sobre esos derechos que Dios ha concedido a su pueblo.
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jabon judio mentira ANNoticias
[ANN] “El jabón hecho de judíos es un mito”

Podría pensarse que son las declaraciones de algún historiador revisionista o de un político iraní, pero para sorpresa de muchos, este es el mensaje central de una nueva película de un director de cine israelí para finalmente poner a descansar el mito de que el III Reich utilizó los restos de los cuerpos de los judíos para crear barras de jabón.

“Jabón”, una nueva película del director Eyal Ballas de 43 años, considera que el mito del jabón se originó en la Primera Guerra Mundial, cuando se rumoreaba que los alemanes estaban convirtiendo cuerpos en productos de limpieza. Durante la Segunda Guerra Mundial, supuestamente los guardias de las SS hostigaban a los miembros del campo de concentración, y amenazaban con matarlos y convertirlos en jabón.

La historiadora del Holocausto Deborah Lipstadt dijo a The Jewish Week que “no hay pruebas de que los nazis hicieran jabón de forma masiva con judíos… hubo intentos, pero nunca fue práctico”

Ciertos jabones alemanes tenían las iniciales “RIF” impreso en ellos, que se creía significaba “Reichs Juden Fett”, algo como “Grasa Judía del Reich”. El Museo del Holocausto en Bat Yam muestra una barra de jabón RIF donado por un sobreviviente del Holocausto judío, pero el significado de la inscripción al parecer no es lo que se piensa. 

Aunque este rumor suele disiparse por los historiadores, el sitio web de Yad Vashem contiene tres fotografías de entierros de jabones, con una emisión de texto: “En esta tumba está enterrado un jabón hecho de pura grasa judía… Un testimonio silencioso del Holocausto y la brutalidad de los alemanes.”
Hay que recordar que la idea del “jabón hecho de judíos” fue aprobado oficialmente como un hecho real en los juicios de Nuremberg y apoyado por numerosos historiadores, hasta que en años recientes se reconoció que fue propaganda de guerra en contra de la Alemania nacionalsocialista. Debido a esto, no será extraño que la gente común y corriente se comience a preguntar “Si esto fue una mentira ¿que otras habrá respecto al holocausto judío?”.

Con información de The Jewish Telegraphic Agency


Campos De Concentracion Aliados Para Alemanes. Un Millón De Alemanes Muertos En Cautividad | Quién es quién en el Tercer Reich




Alemanes hacinados en un campo de concentración aliado
Llámelo crueldad, llámelo represalias, llámelo una política de hostil negligencia: un millón de alemanes capturados como prisioneros por los ejércitos de Eisenhower murieron en cautiverio después de rendirse.

En la Primavera de 1945, el III Reich de Adolf Hittler estaba a punto del colapso, atrapado entre el Ejército Rojo avanzando desde el este hacia Berlín y los ejércitos norteamericanos, británicos y canadienses, bajo el comando total del General Dwight David Eisenhower, moviéndose desde el oeste a lo largo del río Rhin. Desde el desembarco del día D en Normandía, el pasado junio, los aliados occidentales habían recapturado Francia y los Países Bajos y algunos Comandantes de la Wehrmacht estaban tratando de negociar las rendiciones locales. Otras unidades, sin embargo, continuaban obedeciendo las órdenes de Hitler de luchar hasta el último hombre. La mayoría de los sistemas, incluyendo el transporte, habían colapsado y los civiles huían en pánico, de los rusos que avanzaban a lo largo.


“Hambrientos y atemorizados, yaciendo en terrenos de cultivos, a 15 metros de nosotros, esperando el momento apropiado para saltar con sus manos alzadas“: Así es como el Capitán H. F. McCullough del 2º Regimiento anti-tanques de la 2ª División Canadiense, describe el caos de la rendición alemana al final de la SegundaGuerra Mundial.

En un día y medio, de acuerdo con el Mariscal de Campo Bernard Montgomery, 500.000 alemanes se rindieron a su 21º Grupo de Ejército en el norte de Alemania. Poco después del día V-E – el 8 de mayo de 1945- los británicos y canadienses capturaron a más de dos millones de alemanes. Virtualmente casi nada del tratamiento que les fue dado, sobrevive en los archivos en Ottawa o en Londres, sólo algunas escasas evidencias del Comité Internacional de la Cruz Roja, los ejércitos involucrados y los relatos de los prisioneros mismos que indican que la mayoría continuaron con buena salud. En todo caso, la mayoría fueron pronto liberados y enviados a casa, o fueron transferidos a Francia para ayudar en el trabajo de reconstrucción de post-guerra. (El ejército francés había capturado poco menos de 300.000 prisioneros.)

Tal como los británicos y canadienses, los norteamericanos se enfrentaron con un sorprendente número de soldados alemanes rendidos. La cuenta final de prisioneros capturados por el ejército norteamericano en Europa (excluyendo Italia y el Norte de África) fue de 5,25 millones. Pero los norteamericanos respondieron en forma diferente.


Un prisionero alemán
Entre los primeros cautivos en manos de EEUU había uno, el Cabo Helmut Liebich, que había trabajado en un grupo anti-aéreo experimental en Peenemunde en el Báltico. Liebich fue capturado por los norteamericanos el 17 de abril, cerca de Gotha en el centro de Alemania. Cuarenta y dos años después, recuerda perfectamente que no habían tiendas de campaña en el Campo Gotha, tan sólo un cerco de alambres de púas alrededor de un campo que pronto se transformó en un barrial.
Los prisioneros recibían una pequeña ración de alimentos el primer día, pero fue reducida a la mitad. Para obtener la ración fueron forzados correr una manga. Agachados debían correr entre los guardias norteamericanos, que les golpeaban con palos mientras se movían hacia el alimento. El 17 de abril, fueron transferidos al campo norteamericano Heidesheim más hacia el oeste, donde no hubo alimentos durante días; luego muy pocos.

Al aire libre, hambrientos y sedientos los hombres comenzaron a morir. Liebich vio sacar a entre 10 y 30 cuerpos cada día desde su sección, la “B”, que al principio tenía alrededor de 5200 hombres. Vio a un prisionero golpear a otro hasta la muerte para obtener su pequeño trozo de pan. Una noche, mientras llovía, Liebich vio a los costados del agujero donde estaban refugiados, agujeros cavados en la blanda tierra arenosa, colapsar sobre los hombres que estaban muy débiles para luchar por salir. Se ahogaban antes de lograr sacarlos. Liebich se sienta y comienza a llorar: “Me es muy difícil creer que los hombres puedan ser tan crueles unos con otros”

El tifus estalló en el Campo Heidesheim aproximadamente desde principios de mayo. Cinco días después del día V-E, el 13 de mayo, Liebich fue transferido a otro campo norteamericano de prisioneros, a Bingen Rüdesheim en Rhineland cerca de Bad Kreusnach, donde se le dijo que había una gran cantidad de prisioneros, algo así como entre 200.000 y 400.000, todos ellos sin algo para cobijarse, sin alimentos, sin agua, ni medicinas o suficiente espacio.



campo aliado

Pronto se sintió enfermo con disentería y tifus. Fue transferido nuevamente, semi inconciente y delirando, en carros de ferrocarril sin techos hacia el nororiente bajando el Rhine, con un desvío a través de Holanda, donde los holandeses se apostaban sobre los puentes para lanzar piedras sobre las cabezas de los prisioneros. A veces los guardias norteamericanos disparaban tiros de advertencia hacia los holandeses para mantenerlos alejados, A veces no.
Después de 3 noches, sus compañeros prisioneros le ayudaron tambaleante, a ingresar al enorme campo en el Rheinberg, cerca de la frontera con Holanda, nuevamente sin protección ni alimentos. Cuando llegó una pequeña cantidad de alimento, estaba descompuesto. En ninguno de los cuatro campos vio Liebich protección alguna para los prisioneros.

La tasa de muertes en los Campos norteamericanos en el Rhineland en ese momento, de acuerdo con los datos de sobrevida de una encuesta médica, fue del 30 por ciento al año; la tasa normal de muertes de la población civil en 1945, estaba entre el 1 y el 2 por ciento.

Un día en junio, a través de sus alucinaciones por la fiebre que le consumía, Liebich vio a los “Tommies” que llegaban al Campo, Los británicos se hacían cargo del Campo Rheinberg y eso probablemente salvó su vida. En ese momento, Liebich que mide 1,75 mts. pesaba 43 Kg. De acuerdo con las historias referidas por otros ex prisioneros del Campo de Rheinberg, el último acto de los norteamericanos, antes que los británicos tomaran el control del Campo, fue aplanar con buldózer una sección del campo mientras aún había hombres vivos en los agujeros que habían cavado en la tierra.
Eisenhower mismo firmó la solicitud para crear una categoría de prisioneros que no era cubierta por la Convención de Ginebra.

Bajo la Convención de Ginebra, tres derechos fundamentales están garantizados para los prisioneros de guerra, (a) que serán alimentados y cobijados en la misma forma que las tropas de base o de reserva de las Fuerzas que capturan, (b) que podrán enviar y recibir cartas y (c) que serán visitados por delegados del Comité de la Cruz Roja Internacional quienes reportarán en secreto, acerca del trato que reciben a un Poder de Protección. (En el caso de Alemania, como el gobierno se desintegró en las etapas finales de la guerra, Suiza había sido designada como Poder Protector)
De hecho, a los prisioneros alemanes capturados por el ejército norteamericano a fines de la Segunda Guerra Mundial, se les negaron estos y la mayoría de los otros derechos, a través de una serie de decisiones y directivas específicas, que se originaban principalmente desde Cuartel Central del Ejército norteamericano o SHAEF –Cuartel Central Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias.

“exterminados”.

Campo aliado y hacinamiento

El general Dwight Eisenhower era el Supremo Comando de SHAEF – de todos los ejércitos al noroeste de Europa y el Comandante General de las Fuerzas norteamericanas en el teatro europeo. Estaba sujeto al Staff Combinado de Jefes (CCS) de Bretaña y EEUU, a la Junta del Staff de Jefes (JCS), y a las políticas del Gobierno norteamericano, pero en ausencia de directivas explícitas –de lo contrario o de otra forma- la responsabilidad última para el trato dado a los prisioneros alemanes en manos norteamericanas, yacían en él.
“Dios, cómo odio a los alemanes” escribió Eisenhower a su mujer, Marnie, en septiembre de 1944. Antes, en frente del embajador británico en Washington, había dicho que todos, los 3.500 aproximadamente, de los oficiales del Staff de Generales alemanes deberían ser

En marzo de 1945, un mensaje al Staff Combinado de Jefes e iniciado por Eisenhower recomendaba la creación de un nuevo tipo de prisioneros -Fuerzas Enemigas Desarmadas, o DEF -quienes a diferencia de los prisioneros de Guerra, definidos por la Convención de Ginebra, no serían alimentados por el ejército después de la rendición de Alemania.

Esto era una directa violación de la Convención de Ginebra. El mensaje datado el 10 de Marzo, argüía en parte: “El compromiso adicional de manutención que conlleva el declarar a las Fuerzas armadas alemanas, Prisioneros de Guerra (sic) haría necesaria provisiones de raciones en una escala igual a las tropas de base, lo que podría estar más allá de la capacidad de los Aliados, incluso si todas las fuentes alemanas fueran usadas.” Finaliza: “Se solicita su aprobación, ya existen planes preparados sobre esta base.”

El 26 de Abril de 1945, la combinación de Jefes aprueba el Status DEF, solamente para los Prisioneros de Guerra alemanes en manos de los norteamericanos: Los miembros británicos habían rehusado adoptar el plan norteamericano para sus propios prisioneros. La Combinación de Jefes estipuló que el status de las tropas alemanas desarmadas sería mantenido en secreto. En ese momento, el general del Cuartel Central de Eisenhower en el SHAEF, el General Robert Littlejohn, había ya reducido dos veces las raciones de los prisioneros y un mensaje del SHAEF firmado “Eisenhower” había informado al General George Marshall, Jefe de Staff del Ejército de EEUU, que los corrales para los prisioneros “no tendrán refugios, o techo u otros acomodos“.
Las provisiones no eran un problema, había material suficiente acumulado en Europa para construir locaciones de Campos de Prisioneros. 
El ayudante especial de Eisenhower, el General Everett Hughes, había visitado los enormes almacenes de provisiones en Nápoles y Marsella e informado: “Existe más stock del que podamos llegar a usar. Puesto en línea hasta donde la vista puede alcanzar“. Los alimentos no habían sido un problema, más bien, en Estados Unidos la sobreproducción de trigo y maíz eran las mayores de toda la historia, y existía un record de cultivos de papas. El ejército mismo tenía tanto alimento de reserva, que un almacén totalmente cargado fue sacado por accidente de las listas de vituallas en Inglaterra y no se dieron cuenta hasta 3 meses después. Además, el Comité Internacional de la Cruz Roja tenía más de 100.000 toneladas de alimento en almacenes en Suiza. Cuando la Cruz Roja intentó enviar dos trenes cargados con alimentos al sector norteamericano de Alemania, oficiales del Ejército norteamericano hicieron volver los trenes, diciendo que sus almacenes ya estaban sobresaturados de alimentos de la Cruz Roja, alimento que ellos jamás distribuyeron.

Sin embargo, fue a través de la provisión de alimentos que la política de aniquilación fue llevada a cabo. Agua, alimentos, tiendas de campaña, espacio, medicinas, – todo lo necesario para los prisioneros fue fatalmente negado. En el Campo Rheinberg, donde el cabo Liebich, arribaría a mediados de mayo, con tremores por la disentería y el tifus, no tenía algo de alimentos el 17 de abril cuando fue inaugurado. Tal como en los otros Campos, en las “praderas de Rhine”, abiertos por los norteamericanos a mediados de abril, allí no había torres de vigilancia, tiendas de campaña,edificios, edificación para cocinar, agua, letrinas o alimentos.


George Weiss, un mecánico de tanques que ahora vive en Toronto, recuerda el Campo donde estuvo junto al Rhine: “Toda la noche teníamos que estar sentados uno contra otros. Pero la falta de agua era la cosa peor de todas. Durante tres día y medio no tuvimos nada de agua, Teníamos que beber nuestra orina….”
El soldado Heinz T. (su nombre se mantiene en reserva ante su solicitud) había cumplido justo 18 años en el hospital, cuando los norteamericanos entraron en su sala el 18 de abril, él y sus compañeros heridos fueron sacados del hospital y llevados al Campo en Bad Kreuznach en el Rhineland, donde ya se encontraban varios cientos de miles de prisioneros. Heiz llevaba solamente un pantalón corto, zapatos y una camisa.

Heinz estaba lejos de ser el más joven en el campo, Había niños de 6 años entre los prisioneros, así como mujeres embarazadas y hombres de más de 60 años. Al comienzo cuando los árboles comenzaron a crecer en el campo, algunos lograron cortar sus ramas para hacer fuego, Los guardias ordenaron apagar el fuego. En muchos lugares estaba prohibido cavar agujeros en el suelo para hacer refugios. “Todo lo que teníamos para comer era el pasto“. Recuerda Heiz.

Charles von Luttichau estaba convaleciente cuando decidió entregarse voluntariamente a las tropas norteamericanas que estaban cerca de su casa. Fue llevado al Campo Kripp, en el Rhine cerca de Remagen.

Fuimos mantenidos en hacinadas prisiones de alambres de púas, al aire libre, con escasos alimentos, recordaba recientemente. “Más de la mitad del tiempo no tuvimos alimentos, el resto del tiempo teníamos una pequeña ración K. Pude ver desde el encierro que nos estaban dando una décima parte de lo que le entregaban a sus propios hombres…Le reclamé al Comandante norteamericano del Campo que estaban violando la Convención de Ginebra, pero simplemente me dijo: ¡Olvide la Convención, ustedes no tienen ningún derecho!“

“Las letrinas eran sólo una tabla sobre una zanja junto al cerco de alambre de púas. Por las enfermedades, los hombres tenían que defecar en el suelo. Pronto muchos de nosotros estábamos demasiado débiles para sacarnos los calzoncillos. Así nuestra ropa estaba infectada, y así estaba también el barro donde caminábamos, nos sentábamos o nos acostábamos. Es esas condiciones nuestros hombres muy pronto, dentro de pocos días, hombres que habían ingresado sanos al Campo estaban muertos. Vi a nuestros hombres llevar muchos cuerpos a la entrada del Campo donde eran apiñados arriba de un camión que se los llevaba“.

La madre de Luttichau era norteamericana y él posteriormente emigró a Washington D.C., donde llegó a ser historiador y escribió una historia militar para el ejército norteamericano.Estuvo en el Campo Kripp cerca de tres meses.
Wolfang Iff, que estuvo prisionero en Rheinberg y aún vive en Alemania, informa que, en su sección de aproximadamente 10.0000 prisioneros, se sacaban de 30 a 40 cuerpos cada día. Como miembro del equipo de enterradores, Iff dice que ayudaba a sacar los cuerpos del espacio cercado hasta la entrada del Campo, donde los cuerpos eran llevados en carretillas hasta grandes garages de fierro. Allí Iff y su grupo le sacaban la ropa a los cuerpos, partían en dos sus medallas de identificación, ponían los cuerpos en hileras de 15 a 20 hombre, aplicaban 10 paladas de pegamento rápido sobre cada hilera de cuerpos hasta que alcanzaban un metro de alto, ponían los efectos personales en una bolsa que entregaban a los norteamericanos y luego se iban.

Algunos de los cuerpos habían muerto de gangrena como consecuencia del congelamiento (fue una lluviosa y fría primavera anormal ese año). Una docena o más estaban tan débiles para sostenerse en las tablas sobre la zanja de las letrinas que habían caído allí y se habían ahogado.

Los campos de prisioneros de guerra a lo largo del Rhin marcan el éxito final del avance al interior de Alemania. Los oficiales del ejército norteamericano capturaron 5,25 millones de prisioneros.

Las condiciones en los Campos norteamericanos a lo largo del Rhine a finales de abril fueron observadas por dos coroneles del Cuerpo Médico del Ejército norteamericano, James Mason y Charles Beasley, quienes escribieron en un informe publicado en 1950: “
El 4 de mayo de 1945, los primeros prisioneros de Guerra alemanes fueron transferidos al status DEF [hoy los sionistas usan el status de ‘Combatiente Enemigo para justificar Guantánamo’]. El mismo día el Departamento de Guerra de EEUU prohibió toda la correspondencia desde y hacia los Prisioneros. (Cuando el Comité Internacional de la Cruz Roja sugirió un plan para considerar el fin de la Guerra en una semana, una orden del SHAEF firmada “Eisenhower” los anuló el 15 de mayo.

Ese mismo día, de acuerdo con una minuta de una reunión, el General Eisenhower y el Primer Ministro Churchill hablaron acerca de la reducción de las raciones de los Prisioneros. Churchill pidió un acuerdo en la cantidad de ración para los prisioneros, porque el quería anunciar pronto un recorte en las raciones británicas de carne y quería estar seguro que los Prisioneros “podrían ser alimentados con esos suministros que nos podríamos perfectamente ahorrar“. Eisenhower replicó que él ya había “prestado a esa materia una atención considerable“, pero que estaba pensando revisar todo este asunto para ver “si era o no posible una reducción aún mayor“. 
Le dijo a Churchill que los prisioneros de Guerra estaban recibiendo 2150 calorías diarias (El Cuerpo Médico del ejército de EEUU ha obtenido que 2.200 calorías diarias es el mínimo absoluto para el nivel de subsistencia de adultos sedentarios viviendo bajo techo en un refugio. Las tropas norteamericanas eran provistas de 4.000 calorías diarias). Lo que no le dijo a Churchill fue que el ejército ya no estaba alimentando a los DEF, (Fuerzas enemigas desarmadas), o los estaba alimentando con mucho menos que aquello que recibían el status de-Prisioneros-de- Guerra.

Las raciones fueron prontamente reducidas después de esto: una reducción directa fue grabada en los informes del Cuartel Central. Pero las reducciones indirectas también fueron llevándose a cabo. Una de estas, fueron las extraordinarias diferencias entre el número de prisioneros en las listas de raciones y el conteo oficial “a mano”, y entre el conteo oficial “a mano” y el número real de prisioneros en los Campos.

El meticuloso General Lee estaba tan abrumado acerca de la s discrepancias que envió un cable desafiante desde su Cuartel Central en París al Cuartel Central del SHAEF en Frankfurt: “Este Cuartel Central está teniendo considerables dificultades en establecer una base adecuada para requerir raciones para los Prisioneros de Guerra actualmente mantenidos en el teatro…..En respuesta a interrogantes de este Cuartel Central…… Varios declaraciones difieren del número de hombres en nuevos campos o implica alguna nueva organización para obtener raciones de la población civil alemana para ellos“. Los hombres están donde estaban. Todo lo que sucedió fue eso, por el ruido de una máquina de escribir, su escaso y poco alimento del ejército de EEUU fue detenido.

El efecto de una política arreglada entre libros de contabilidad y transportada entre guiños y movidas de cabezas -sin órdenes escritas- primero mistificó, luego frustró y finalmente cansó a los oficiales de rango medio que eran los responsables de los Prisioneros de Guerra.

Un coronel en el Cuartel Central de la sección de unidades de combate avanzada norteamericana escribió una petición personal al General Robert Littlejohn del Cuartel Central el 27 de abril; “Aparte de la 750 toneladas recibidas del 15º Ejército, no se ha recibido subsistencia y tampoco la espero recibir. Las deseables raciones de Clase II y IV han sido totalmente debido al sufrimiento del ejército, sobre la petición personal y ha sido insignificante en relación a la demanda que ha sido puesta sobre nosotros por la influencia de los Prisioneros de Guerra“.

Los rumores acerca de las condiciones en los Campos corrieron a través del ejército norteamericano, “Muchacho, esos Campos fueron una mala noticia“ dijo Benedict K. Zobrist, un Sargento técnico en el Cuerpo médico. “Fuimos advertidos de mantenernos tan alejados como fuese posible“. En mayo y a principios de junio un grupo de médicos del Cuerpo Médico del Ejército de EEUU hizo una encuesta en algunos Campos del Rhineland, que mantenían más de 80.000 Prisioneros de Guerra alemanes. Su informe está perdido de la sección correspondiente en los Archivos Nacionales de EEUU en Washington, pero dos fuentes secundarias reproducen parte de lo encontrado. Los tres mayores asesinos fueron las diarreas y la disentería (tratadas como una categoría), las enfermedades cardíacas y la neumonía. Pero al buscar la terminología médica, los doctores también apuntaron a las muertes por “falta de alimentos y agotamiento total“ y sus datos revelan un índice de muertes 80 veces más alto que las normas en tiempos de paz.

Sólo el 9,7% de los Prisioneros habían muerto por causas claramente asociadas a la falta de alimentos, tal como extrema desnutrición, deshidratación y “agotamiento“. Pero las otras enfermedades, directamente atribuibles a la exposición a un hacinamiento, suciedad extrema y la falta de medidas sanitarias fueron indudablemente exacerbadas por el estado agónico. Tal como el informe hace notar, “Contagio, hacinamiento en las jaulas y la falta de alimentos y lugares de sanidad todos ellos contribuyeron a este índice excesivo de muertes“. Los datos, debe recordarse, fueron tomados de los campos de Prisioneros de Guerra no de los Campos DEF (Fuerzas Enemigas Desarmadas).

A finales de mayo, habían muerto más personas en los campos norteamericanos que morirían con el estallido de la Bomba Atómica en Hiroshima.

El 4 de junio de 1945, un cable firmado “Eisenhower” decía a Washington que era urgente reducir el número de prisioneros, que a la primera oportunidad había que deshacerse de toda clase de prisioneros que no fueran aptos para ser requeridos por los aliados. Es difícil de comprender a qué incitaba este cable. No hay ninguna razón para esto, y es evidente en el masivo tráfico de cables que sobrevivieron el período en los archivos de Londres, Washington, y Abilene Kansas. Y está muy lejos de ordenar a Eisenhower de capturar o mantener prisioneros. El mensaje de la Combinación de Jefes del 26 de abril, le ordenó no capturar más prisioneros después del Día V-E, incluso para trabajos. Sin embargo más de dos millones de DEF fueron encerrados después del 8 de mayo. Durante junio, Alemania fue dividida en zonas de ocupación y en julio de 1945 SHAEF fue desmantelada, Eisenhower es relevado de su único cometido como Comandante General de EEUU en Europa: se transforma en Gobernador Militar de la zona norteamericana. Continúa manteniendo alejados a los representantes del Comité de la Cruz Roja Internacional y el ejército de EEUU también informa a los grupos de socorro que la zona estaba cerrada para ellos. Fue cerrada también para todos los embarques de ayuda hasta diciembre de 1945 cuando se produjo una leve relajación.

También a comienzos de julio, los norteamericanos entregaron entre 600.000 y 700.000 cautivos alemanes a los franceses para ayudar a reparar los daños hechos a su país durante la guerra. Muchos de los transferidos estaban en 5 campos agrupados alrededor de Dieterheims, cerca de Mainz, en la sección de Alemania que estaba justo en la porción de Alemania que quedaría en las manos de Francia (la mayoría de los que restaban estaban en campos norteamericanos en Francia).

El 10 de julio, una unidad del ejército francés tomó Dietersheims y 17 días después el Capitán Julien arribó para asumir el mando. Su informe sobrevive como parte de una investigación del ejército en una disputa entre Julien y su predecesor. En el primer Campo al cual entró, dijo haber encontrado un terreno fangoso “habitado por esqueletos vivientes“ algunos de los cuales murieron mientras los observaba. 
Algunos se apretujaban unos junto otros bajo trozos de cartón a pesar de que el día de julio era cálido. Mujeres que yacían en agujeros cavados en el suelo le miraban directamente con edemas de hambre en sus abultados vientres en una grotesca parodia de embarazo; ancianos con largas barbas grises le miraban débilmente, niños de seis o siete años con los anillos de un mapache en sus ojos del hambre le miraban con sus ojos faltos de vida. Dos médicos alemanes en el “hospital” estaban tratando de cuidar a los moribundos en el suelo, bajo el cálido cielo, entre las marcas dejadas por las tiendas de campaña que los norteamericanos se habían llevado con ellos. Julien que había luchado contra los alemanes con su regimiento, el TercerRegimiento de Tiradores Escogidos Argelinos, se encontró a sí mismo pensando en el horror: “Esto es exactamente igual a las fotografías en Buchenwald y Dachau“.

Había 103.500 personas en los cinco campos alrededor de Dietersheims; entre ellos los oficiales de Julien contaron a 32.640 que absolutamente no podían trabajar. Estos fueron liberados inmediatamente. En total, dos tercios de los prisioneros tomados por los franceses ese verano que venían de Campos en manos de los norteamericanos en Alemania y en Francia eran inservibles para el trabajo de reparación de post-guerra.

En el Campo en Saite Marthe, según los informes, 615 de los 700 cautivos eran incapaces de trabajar. En Erbiseul, cerca de Monz en Bélgica, de acuerdo a un reclamo escrito, 25% de los hombres recibidos por los franceses eran “deshechos” o basura. En julio y agosto, tal como el General Littlejohn del Cuartel Central señala a Eisenhower a su debido tiempo, las reservas de alimentos del ejército en Europa habían crecido en un 39 por ciento.
El 4 de agosto, en una frase, firmada “Eisenhower” condenaba a todos los prisioneros de guerra, que aún estaban en manos de los Campos norteamericanos, al status DEF (Fuerza Enemiga Desarmada): “Con efecto inmediato todos los miembros de las Fuerzas Alemanas que se mantienen en custodia norteamericana en la zona de ocupación en Alemania, serán considerados como Fuerzas Enemigas Desarmadas y no tendrán el status de Prisioneros de Guerra“

No se dieron razones; las cuentas semanales de los sobrevivientes sugieren que ambas clasificaciones fueron preservadas, pero, para los prisioneros que ahora eran tratados como DEF, la tasa de muertes se cuadruplicó en pocas semanas, de un 2 por ciento por semana, a un 8 por ciento. Durante largo tiempo los DEF fueron muriendo a casi cinco veces esa tasa de muertes.
El “Weekly PW & DEF report” [Informe semanal de Prisioneros de Guerra (POW) y Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF)] para la semana que finalizaba el 8 de septiembre de 1945, aún existía en los Archivos Nacionales de EEUU en Washington, muestra un agregado de 1.056.482 prisioneros que estaban en manos de los norteamericanos en el teatro europeo, de los cuales cerca de dos tercios son identificados como Prisioneros de Guerra (POW). El otro tercio 363.587 hombres son Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF). Durante una semana 13.051 de estos últimos murieron.

En noviembre de 1945, el General Eisenhower alcanzó el puesto de George Marshal como Jefe de Staff del Ejército norteamericano y retornó a EEUU.
En enero de 1946, los campos aún mantenían un número considerable de cautivos pero EEUU había rebajado el número de sus prisioneros casi a cero a finales de 1946. Los franceses continuaron manteniendo a cientos de miles durante 1946, pero gradualmente redujeron el número hasta la nada cerca de 1949. Durante el año 1950 la mayoría del material no archivado, con relación a los Campos de Prisioneros en manos norteamericanas fue destruido por el Ejército.

Eisenhower lamentaba la inútil defensa alemana del Reich en los últimos meses de la guerra por la pérdida de vidas. Pero por lo menos 10 veces más alemanes, sin duda 800.000, quizás más ciertamente 900.000 y bastante probable, más de un millón de alemanes – murieron en los Campos norteamericanos y franceses, más que aquellos que murieron en todos los combates en el Frente Occidental al norponiente de Europa, desde que EEUU entró en la guerra en 1941 hasta abril de 1945.-

Los Campos de La Muerte de Eisenhower: La Historia de un Guardia Americano

En octubre de 1944, a la edad de dieciocho años, fui reclutado en el ejército de los Estados Unidos. Debido en gran parte a la “Batalla de las Ardenas”, mi formación fue interrumpida. Mi permiso se redujo a la mitad, y me enviaron de inmediato al extranjero. Llegamos a Le Havre, Francia, y fuimos rápidamente cargados en los coches y enviados al frente. Cuando llegamos allí, yo sufría gravemente los síntomas de la mononucleosis, y fui enviado a un hospital de Bélgica. Como entonces, la mononucleosis se conocía como la “enfermedad de los besos”, envié miles de cartas de agradecimiento a mi novia.
Para cuando salí del hospital, el equipo con el que me había formado en Spartanburg, Carolina del Sur estaba en el interior deAlemania, por lo que, a pesar de mis protestas, me reubicaron en un depósito de reposición. Perdí el interés en las unidades en las que fui asignado y no recuerdo a todos ellos: las unidades de no-combate no eran ridiculizadas en ese tiempo.

A finales de marzo o principios de abril de 1945, fui enviado a la guardia de un campo de prisioneros de guerra cerca de Andernach a lo largo del Rin. Tuve cuatro años de idioma alemán en la escuela secundaria, por lo que podía hablar con los presos, aunque estaba prohibido. Gradualmente, sin embargo, se me utilizó como intérprete, y se me pidió encontrar miembros de las SS (jamás encontré alguno)

En Andernach, cerca de 50000 prisioneros de todas las edades estaban encerrados en un campo abierto rodeado de alambre de púas. Las mujeres se mantenían en un recinto apartado que no vi hasta más tarde. Los hombres que vigilaba no tenían refugios ni mantas; muchos no tenían abrigos. Dormían en el barro, húmedo y frío y sin letrinas. Era una fría, húmeda primavera y su miseria por la exposición, era evidente por sí sola.
Aún más sorprendente fue ver a los prisioneros meter césped y malezas en una lata para preparar una sopa. Me dijeron que lo hacían para a aliviar el dolor del hambre. Rápidamente, empezaron a demacrarse. La Disentería apareció, y así dormían entre sus propios excrementos, demasiado débiles para llegar a las letrinas. Muchos rogaban por comida, enfermos y muriendo ante nuestros ojos. Teníamos abundante comida y suministros, pero no hicimos nada para ayudarlos, ni siquiera asistencia médica.

Indignado, protesté a mis oficiales y me encontré con la hostilidad o la cruel indiferencia. Cuando presioné, me explicaron que estaban bajo órdenes estrictas de “más arriba”. Consciente de que mis protestas eran inútiles, le pedí a un amigo que trabaja en la cocina si él me podría deslizarme algunos alimentos adicionales para los presos. También dijo que estaban bajo órdenes estrictas de no alimentar a los presos y que esas órdenes provenían de “más arriba”. Pero él dijo que había más alimentos de los necesarios y que me pasaría algunos.
Cuando arroje la comida sobre el alambre de púas a los prisioneros, me atraparon y me amenazaron con encarcelarme. Repetí la “ofensa”, y un oficial con enojo me amenazó con dispararme. Asumí este era nada hasta que encontraré a un capitán en una colina por encima del Rin disparando a un grupo de civiles alemanas con su pistola calibre .45. Cuando le pregunté por qué, Murmuró, “Práctica de tiro”, y disparó su pistola hasta acabar su munición. Vi que las mujeres corrían para protegerse, pero, a esa distancia, no podía saber si alguna había sido alcanzada.

Esto fue cuando me di cuenta que se trataba de asesinos de sangre fría llenos de odio moralista. A su juicio, los alemanes eran una raza infrahumana y digna de ser extermininada; otra expresión de la espiral del racismo. Artículos en los periódicos de los soldados, el “Star and Stripes”, enfatizaban la importancia de los campos de concentración alemanes, completos con fotos de cuerpos descuartizados, lo que amplificaba nuestra moral y crueldad, lo que hizo que fuese más fácil de imitar el comportamiento al que se supone que nos oponíamos. También, creo, los soldados que no fueron expuestos al combate, trataban de demostrar que tan duros eran disparando a los prisioneros y los civiles.

Me enteré que estos presos eran en su mayoría agricultores y obreros, tan simples e ignorantes como muchas de nuestras tropas. A medida que paso el tiempo, más de ellos parecían “zombis” por su indiferencia, mientras que otros trataban de escapar en una forma demente o suicida, corriendo a través de campos abiertos en plena luz del día hacia el Rin buscando apaciguar por su sed. Fueron fusilados. Algunos presos estaban tan deseosos por cigarrillos como por comida, diciendo que calmaban su hambre. En consecuencia, soldados “emprendedores” adquirían hordas de relojes y anillos a cambio de puñados de cigarrillos o menos. Cuando empecé a tirar cajas de cigarrillos a los prisioneros para arruinar este comercio, fui amenazado por soldados y oficiales de alto rango.

La única luz en este sombrío panorama llegó una noche cuando fui asignado al puesto en el “cementerio”, de dos a cuatro AM, en realidad, hubo un cementerio en la cuesta arriba de este lado del recinto, no a muchos metros de distancia. Mis superiores habían olvidado de darme una linterna y no me había molestado en preguntar por una, como estaba disgustado con toda la situación de ese momento. Fue una noche bastante brillante, y pronto vi un prisionero que se arrastraba por debajo del alambrado hacia el cementerio. Se suponía que debíamos disparar a cualquier escapista en vista, así que empecé a levantarme del suelo para advertirle para que regresara. De repente me di cuenta que otro preso se arrastraba desde el cementerio de nuevo hacia el alambrado. Arriesgaban sus vidas para llegar al cementerio por algo, tenía que investigar.

Cuando entré en la oscuridad de este matorral, ese arbolado cementerio, me sentía totalmente vulnerable, pero de alguna forma la curiosidad me hacia seguir. A pesar de mi cautela, tropecé con las piernas de alguien en posición prona. Tratando de recuperar la compostura de la mente y el cuerpo, pronto me sentí aliviado de no haber disparado accidentalmente. La figura se sentó. Poco a poco, pude ver la hermosa pero aterrorizada mirada de una mujer con una cesta de picnic. Los civiles alemanes no podían alimentar, ni siquiera acercase a los prisioneros, por lo que rápidamente le asegure que aprobaba lo que estaba haciendo, le dije que no tenga miedo, y que me iría del cementerio para no entrometerme.

Lo hice de inmediato y me senté, apoyado contra un árbol al borde del cementerio para parecer distraído y no asustar a los prisioneros. Me imaginé entonces, y todavía lo hago ahora, lo que sería encontrar a una bella mujer con una cesta de picnic, en esas condiciones como prisionero. Nunca olvidadare su rostro.
Eventualmente, más presos se arrastraban de nuevo hacia al alambrado. Vi que arrastraban alimentos para sus compañeros y sólo podía admirar su valor y devoción.

El 8 de mayo, Día VE, tomé la decisión de celebrar con algunos presos que vigilaba el horno donce hacian el el pan que de vez en cuando recibían otros presos. Este grupo comió todo el pan que podía, y compartimos el jovial ánimo generado por el final de la guerra. Todos pensamos que pronto iríamos a casa, una patética esperanza de su parte. Estábamos en lo que sería la zona francesa, donde pronto sería testigo de la brutalidad de los soldados franceses cuando transferimos nuestros prisioneros a ellos para sus campamentos de mano de obra esclava.
Ese día, sin embargo, nos sentimos felices.

Como gesto de amistad, vacié mi fusil y lo paré en la esquina, incluso les permití jugar con el a su antojo. Este fondo “rompió el hielo”, y pronto cantábamos canciones que nos habíamos enseñado o que yo había aprendido en la escuela secundaria. Por agradecimiento, me hornearon un pequeño pan dulce especial, el único regalo posible que les quedaba por ofrecer, que eran los que habían dejado de ofrecer. Lo guarde en mi chaqueta y volví a mi cuartel, y lo comí en mi privacidad. Jamás había probado un pan tan delicioso, ni sentí un sentido más profundo de la comunión mientras comía.
Poco después, algunos de nuestros débiles y enfermizos presos marcharon con soldados franceses a su campamento. Íbamos en un camión detrás de esta formación. Temporalmente, bajaba la velocidad y paraba, tal vez porque el conductor estaba tan conmocionado como yo. Siempre que un alemán preso cayese o tratara de escapar, lo mataban a culatazos. Los cuerpos eran apartados a la orilla de la carretera para ser recogidos por otro camión. Para muchos, esta muerte rápida podría haber sido preferible para frenar el hambre en nuestros “campos de la muerte.”

Cuando finalmente vi a las mujeres alemanas en el recinto aparte, pregunté el motivo por que se las tenía presas. Me dijeron que eran “seguidoras del campamento” (camp followers) seleccionadas como mujores reproductoras de la SS para crear una súper raza. Hablé con algunas y debo decir que nunca conocí un grupo más enérgico o atractivo. Ciertamente, pensé que nunca merecieron estar presas.

Cada vez más era utilizado como intérprete, y especialmente fui capaz de impedir que algunos fueran detenidos injustamente. Una vez un divertido incidente con un viejo agricultor que estaba siendo arrastrado por varios soldados. Me dijeron que tenía una “lujosa medalla nazi” la cual me mostraron. Afortunadamente, tenía una tabla con la identificación de esas medallas. El había sido premiado por haber concebido cinco hijos. Quizá, su esposa estaba algo aliviada por sacárselo de la espalda, pero no me parecía que uno de nuestros campos de la muerte fuera un castigo justo por su contribución a Alemania. Los soldados estaban de acuerdo y lo soltaron par que continúe su “trabajo sucio”.

El hambre empezó a propagarse entre la población civil alemana también. Era una algo común ver mujeres alemanas hasta sus codos en nuestra basura en busca de algo comestible – es decir, si no eran perseguidas.
Cuando entrevisté a los alcaldes de los pequeños pueblos y aldeas, me dijeron que su suministro de alimentos había sido quitado por “personas desplazadas” (extranjeros que habían trabajado en Alemania), los cuales empacaron la comida en camiones y se la llevaron. Cuando me informé de esto, la respuesta fue una de encoger los hombros. Nunca vi a la Cruz Roja en el campamento o ayudando a los civiles, a pesar de que su café y rosquillas estaban disponibles en cualquier lugar para nosotros. Entre tanto, los alemanes tuvieron que confiar en la distribución de los almacenes ocultos hasta la próxima cosecha.
El Hambre hizo a la mujer alemana más “disponible”, pero a pesar de esto, la violación era frecuente y, a menudo, acompañada de violencia innecesaria. En particular, recuerdo a una mujer de dieciocho años, que le rompieron su rostro con la culata de un rifle, y luego fue violada por dos soldados. Incluso los franceses se quejaron de que las violaciones, saqueos y destrucción por embriaguez por parte de nuestras tropas eran excesivas. En Le Havre, nos habían dado folletos de advertencia de que los soldados alemanes habían mantenido un alto nivel de comportamiento con la población civil francesa que era pacífica, y que debíamos hacer lo mismo. En esto, miserablemente hemos fracasado.

“¿Y qué?” Algunos diran. “Las atrocidades del enemigo fueron peores que las nuestras.” Es cierto que sólo he experimentado el final de la guerra, cuando ya estábamos los victoriosos. La oportunidad alemana de cometer atrocidades se ha perdido; la nuestro estaba al alcance de la mano. Pero dos errores no hacen un acierto. En lugar de copiar los crímenes de nuestros enemigos, debemos tratar de una vez por todas de romper el ciclo de odio y venganza que ha asolado y distorsionado la historia de la humanidad. Esta es la razón por la que estoy hablando ahora, cuarenta y cinco años después del crimen. Nunca podremos evitar crímenes de guerra individuales, pero podemos, si una cantidad suficiente de nosotros hablase, influir en la política gubernamental. Podemos rechazar la propaganda del gobierno, que representa a nuestros enemigos como infrahumanos y alienta la clase de ultrajes de los que fui testigo. Podemos protestar por el bombardeo de objetivos civiles, que siguen en la actualidad. Y podemos negarnos siempre a condonar el asesinato de prisioneros desarmados y derrotados de la guerra por parte de nuestro gobierno.

Me doy cuenta de que es difícil para el ciudadano común y corriente admitir haber atestiguado un crimen de tal magnitud, especialmente si lo implica a uno mismo. Incluso soldados que se compadecían de las víctimas me dijeron que tenían miedo de quejarse y meterse en problemas. Y el peligro no ha cesado. Desde que hablé hace algunas semanas, he recibido amenazas telefónicas y rompieron mi buzón de correo. But its been worth it. Pero vale la pena. Escribir sobre estas atrocidades ha sido una catarsis de sentimientos que he reprimido durante mucho tiempo, una liberación, y quizás recordará a otros testigos que “la verdad nos hará libres, no tengan miedo.” Incluso podemos aprender una lección suprema de todo esto: sólo el amor puede conquistar todo.


Eso que han leído es el relato del Profesor Martin Brech, ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente retirado y ex profesor adjunto de la catedra de Filosofia y Religion de la Universidad de Mercy, New York.

Martin Brech (Adjunct Professor, Philosophy & Religion, Mercy College; Ex-G.I., Finally Free)Fuente: Reimpreso de El Diario de Revisión Histórica, vol. 10, no. 10, no. 2, pp. 2, pp. 161-166. 161-166.
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El exjefe de la Gestapo está enterrado en un cementerio judío


Contrariamente a lo que se creía, el responsable de la temida policía política de Hitler, Heinrich Müller, no sobrevivió a la Capitulación del Tercer Reich

Internacional | 31/10/2013 - 

El exjefe de la Gestapo está enterrado en un cementerio judío
Heinrich Müller, exjefe de la Gestapo Archivo 
 
Berlín (EFE).- El exjefe de la Gestapo de Adolf Hitler, Heinrich Müller, está enterrado en un cementerio judío, informa en su edición de hoy el popular diario "Bild", que remite sus informaciones a los archivos de la resistencia contra el nazismo.
Contrariamente a lo que se creía, el responsable de la temida policía política de Hitler no sobrevivió a la Capitulación del Tercer Reich y murió ese mismo año de 1945.
Su cuerpo quedó enterrado en una fosa común del cementerio judío del barrio berlinés de Mitte, dijo a ese rotativo el director del centro de Documentación de la Resistencia, Johannes Tuchel, tomando como fuente textos hallados en diversos archivos.
Esta información contradice la versión que persistía en los servicios secretos de la Alemania occidental, según los cuales Müller sobrevivió al fin de la Segunda Guerra Mundial y se trasladó a vivir a la ciudad checa de Karlovy Vary.
Según Tuchel, los restos mortales del jerarca nazi fueron hallados e identificados, en agosto de 1945, en una tumba provisional cercana a lo que fue el ministerio de Aviación del Reich.
Müller fue identificado porque llevaba aún su uniforme de general y su hoja de servicios en el bolsillo, tras lo cual fue trasladado a una fosa común del citado cementerio judío.
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 El testamento político de Erich Priebke: 
“La literatura sobre el Holocausto ha servido sobre todo al Estado de Israel”

20 de noviembre de 1995. El excapitán de las SS, Erich Priebke, dice adiós mientras ingresa en el avión que lo llevará de Bariloche, Argentina, hacia Italia para enfrentarse a un juicio.
20 de noviembre de 1995. El excapitán de las SS, Erich Priebke, dice adiós mientras ingresa en el avión que lo llevará de Bariloche, Argentina, hacia Italia para enfrentarse a un juicio.

Con motivo de su cien cumpleaños a finales del pasado julio, el recientemente fallecido Erich Priebke, capitán de las SS, concedió una entrevista que ha sido difundida tras el deceso por su abogado Paolo Giachini, en calidad de “testamento humano y político”.

-Señor Priebke, hace años declaró que no renunciaba a su pasado. ¿A sus cien años de edad sigue pensando lo mismo?
Sí.
-¿Qué quiere decir exactamente con esto?
Elegí ser yo mismo.

-Así que aún hoy se siente nazi.
La fidelidad al pasado es algo que tiene que ver con nuestras creencias. Esta es mi forma de ver el mundo, mis ideales, lo que para nosotros alemanes fue la Weltanschauung y todavía tiene que ver con el sentido de amor propio y honor. La política es otra cosa. El nacionalsocialismo ha desaparecido con la derrota y ahora no tendría ninguna oportunidad de regresar.

-La visión del mundo de la que usted habla también incluye el antisemitismo.
Si sus preguntas son para ganar conocimiento de la verdad, es necesario abandonar los clichés: Criticar no significa que se desee destruir a alguien. En Alemania, desde principios del siglo XX se criticó abiertamente el comportamiento de los judíos. El hecho de que los judíos habían acumulado en sus manos un inmenso poder económico y por lo tanto político, al mismo tiempo que representaban una parte muy pequeña de la proporción de la población mundial, se consideraba injusto. Es un hecho que aún hoy en día, si tomamos las mil personas más ricas y poderosas del mundo, debemos señalar que una parte considerable de ellos son judíos; los banqueros o los accionistas de las empresas multinacionales. En Alemania pues, sobre todo después de la derrota de la Primera Guerra Mundial y la injusticia del Tratado de Versalles, la inmigración judía de Europa del Este había causado algunos verdaderos desastres, con la acumulación de enormes cantidades de capital por parte de los inmigrantes en unos pocos años, mientras que con la República de Weimar la gran mayoría del pueblo alemán vivió en gran pobreza. En ese clima, usureros se enriquecieron y la sensación de frustración en contra de los judíos creció.
El que judíos han practicado la usura permitida por su religión, mientras que se la prohíbe a los cristianos, es una vieja historia. ¿Qué tiene de cierto según usted?
Desde luego, no es una idea mía. Basta leer a Shakespeare o a Dostoievski para entender que problemas similares con los judíos realmente existieron históricamente, desde Venecia a San Petersburgo. Esto no quiere decir que los únicos prestamistas usureros fueran judíos. Hice mía una frase del poeta Ezra Pound: “Entre un usurero judío y un usurero no judío no veo ninguna diferencia. “
-Por todo esto, ¿se justifica el antisemitismo?
No, mire, esto no quiere decir que entre los judíos no haya gente de bien. Una vez más; antisemitismo significa odio, odio indiscriminado. Y yo, incluso en los últimos años de mi persecución, de viejo, privado de libertad, siempre he rechazado el odio. Nunca quise odiar ni siquiera a los que me odiaban. Sólo hablo del derecho a la crítica, y estoy explicando las razones. Y diré más: debe tenerse en cuenta que, por razones religiosas particulares, una gran proporción de judíos se considera superior a todos los demás seres humanos. Se identificaron con el “pueblo elegido de Dios” de la Biblia.

-También Hitler habló de la raza aria como superior.
Sí, Hitler también cayó en el equívoco de perseguir esta idea de superioridad. Esta fue una de las causas de errores sin retorno. Tenga en cuenta, sin embargo, que un cierto racismo era la norma en aquellos años, no sólo a nivel de la mentalidad popular, sino también a nivel de los gobiernos e incluso de los sistemas jurídicos. Los estadounidenses, después de haber deportado a los pueblos de África y de ser estados esclavistas, seguían siendo racistas y discriminaban a los negros. Las primeras leyes definidas raciales de Hitler, no restringían los derechos de los judíos más que los de los negros eran limitados en varios estados de EE.UU. Lo mismo para la población de la India por los británicos, y los franceses tampoco se comportaban de manera muy diferente con los súbditos de sus colonias. Por no hablar del tratamiento de minorías étnicas en la antigua URSS.

-Entonces, ¿cómo fueron empeorando en Alemania las cosas según usted?
El conflicto se fue radicalizado, fue creciendo. Los judíos alemanes, estadounidenses, británicos, los judíos del mundo, por un lado; contra Alemania, que estaba en el otro. Sí, por supuesto, los judíos alemanes se encontraron en una posición cada vez más difícil. La posterior decisión de promulgar leyes muy duras en Alemania hizo la vida muy difícil para los judíos. Luego, en noviembre de 1938, un judío, un cierto Grynszpan, en protesta contra Alemania, mató en Francia a un consejero de nuestra embajada, Ernest von Rath. A ello siguió la famosa “Noche de los cristales rotos”. Grupos de manifestantes irrumpieron en todo el Reich en tiendas propiedad de judíos. Desde entonces, los judíos fueron considerados sólo y únicamente como enemigos.
Hitler después de ganar las elecciones, les instó primero a que por todos los medios se marcharan de Alemania. Posteriormente, en el clima de sospecha contra los judíos alemanes, causado por la guerra y los boicots y el conflicto abierto con las organizaciones judías más importantes en todo el mundo, se los encerró en campos de concentración, en calidad de enemigos. Por supuesto que para muchas familias, a menudo sin tener ninguna culpa, esto era desastroso.

-La culpa, por lo tanto, de lo que los judíos han sufrido, en su opinión ¿sería de los propios judíos?
La culpa es un poco de todas las partes. También de los aliados, que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial contra Alemania tras la invasión de Polonia, realizada para reclamar un territorio en el que la fuerte presencia alemana fue objeto de acoso constante, territorio colocado por el Tratado de Versalles bajo el control del recién nacido estado polaco. Contra la Rusia de Stalin y su invasión de la parte restante de Polonia nadie levantó un dedo. De hecho, al final del conflicto, que oficialmente se desencadenó para defender la independencia de Polonia contra los alemanes, se le regaló sin contemplaciones toda Europa del Este, incluyendo Polonia, a Stalin.
Erich Priebke, de servicio en la embajada de Roma
Erich Priebke, de servicio en la embajada de Roma

-Dejando de lado la política, así que usted defiende las teorías históricas revisionistas.
No entiendo exactamente a qué se refiere con revisionismo. Si hablamos de los juicios de Nuremberg de 1945, entonces puedo decir que fue una cosa increíble, un gran escenario creado a propósito para deshumanizar frente a la opinión pública mundial al pueblo alemán y a sus líderes. Para castigar al derrotado ahora incapaz de defenderse.

-¿Sobre qué base dice esto?
¿Qué se puede decir de un autoproclamado tribunal que juzga sólo los crímenes de los vencidos y no los de los vencedores, donde los vencedores son a la vez fiscal, juez y la parte perjudicada y donde los artículos del crimen habían sido especialmente creados después de los presuntos delitos, sólo para condenar retrospectivamente? El mismo presidente estadounidense Kennedy condenó el proceso llamándolo algo “repugnante”, porque “había violado los principios de la Constitución de EE.UU. para castigar a un oponente derrotado”
Si quiere decir que el delito de crímenes contra la humanidad con el que se condenó en Nuremberg no existía antes de que fuera impugnada por el tribunal internacional, hay que decir, sin embargo, que las acusaciones relacionadas con esos hechos eran sin duda terribles.
En Nuremberg, los alemanes fueron acusados ​​de la masacre de Katyn. Más tarde, en 1990, Gorbachov admitió que habían sido ellos mismos, los acusadores rusos, quienes mataron a veinte mil oficiales polacos con tiros en la nuca en el bosque de Katyn. En 1992, el presidente ruso Yeltsin desveló el documento original que contenía la orden firmada por Stalin. Los alemanes también fueron acusados ​​de haber hecho jabón con los judíos. Muestras de aquel jabón terminaron en museos de EE.UU, Israel y otros países. Sólo en 1990, un profesor de la Universidad de Jerusalén estudió las muestras debiendo finalmente admitir que se trataba de una estafa.

-Sí, pero los campos de concentración no son un invento de los jueces de Nuremberg.
Durante esos años terribles de la guerra, encerrar en campos de concentración a civiles que eran una amenaza para la seguridad nacional era una cosa normal. En la Segunda Guerra Mundial lo hicieron también los rusos y los EE.UU. Estos últimos, en particular, con ciudadanos de origen oriental.
-En Estados Unidos, sin embargo, en los campos de concentración para la población de etnia japonesa no hubo cámaras de gas.
Como dije, en Nuremberg se inventaron una multitud de cargos. Sobre lo de que en los campos de concentración hubo cámaras de gas, aún estamos esperando las pruebas. En los campos, los prisioneros trabajaban. Muchos salían del campo para el trabajo y estaban de vuelta en la noche. La necesidad de trabajadores durante la guerra es incompatible con la posibilidad de que, al mismo tiempo, en algún lugar en el campo, hubiera filas de personas que iban a la cámara de gas. La actividad de una cámara de gas es invasiva en el medio ambiente, terriblemente peligrosa incluso fuera de ella, mortal. La idea de enviar a la muerte a millones de personas de esta manera, en el mismo lugar donde otros viven y trabajan sin que se den cuenta de nada es una locura, dificilmente realizable también en un nivel práctico.

-Pero usted ¿cuando escuchó por primera vez acerca del plan para exterminar a los judíos y las cámaras de gas?
La primera vez que oí hablar de cosas de ese tipo, la guerra había terminado y yo estaba preso en un campo de concentración inglés, con Walter Rauff . Los dos nos quedamos impactados. Simplemente no podíamos creer hechos tan horribles: cámaras de gas para exterminar a hombres, mujeres y niños. El coronel Rauff y yo hablamos con nuestros colegas durante días. A pesar de que todos formábamos parte de las SS , cada uno a nuestro nivel , con una posición particular dentro del aparato Nacionalsocialista, a ninguno de nosotros había llegado antes a los oídos cosas similares . Pues vea usted que años y años más tarde me enteré de que mi amigo y superior Walter Rauff, que había compartido conmigo algún pedazo de pan duro en el campo de concentración, fue acusado de ser el inventor de camiones móviles para gaseamiento. Cosas de ese tipo sólo las pueden pensar aquellos que no han conocido a Walter Rauff.

-¿Y todos los testimonios sobre la existencia de las cámaras de gas?
En los campos nunca se encontraron las cámaras de gas, excepto aquella construída después de la guerra por los norteamericanos en Dachau. Información que se puede definir fiable en el plano judicial o histórico sobre las cámaras de gas no hay ninguna, empezando por las de algunos de los últimos comandantes y líderes de los campos, como el más conocido de los comandantes de Auschwitz, Rudolf Hoess. Aparte de las grandes contradicciones de su testimonio, antes de prestar declaración en Nuremberg fue torturado, y después del testimonio, por orden de los rusos, le cerraron la boca ahorcándolo.
Contra estos “testigos”, considerados valiosos por los vencedores, la violencia física y psicológica era insoportable; también había amenazas de venganza contra los miembros de la familia. Sé por la experiencia personal de mi encarcelamiento y el de mis colegas, de qué manera los vencedores extrajeron confesiones a los presos en los campos de concentración, quienes a menudo ni siquiera conocían el idioma inglés. Por otro lado, el trato a los prisioneros de los campos rusos de Siberia es bien sabido ahora, había que firmar la confesión que se solicitaba, y eso es todo.

-Así que para usted esos millones de muertes son una invención.
Yo he conocido personalmente los campos. La última vez que estuve en Mauthausen, en mayo de 1944, fue para interrogar al hijo de Badoglio, Mario, por órdenes de Himmler. Estuve a lo largo y ancho de ese campo durante dos días. Había grandes cocinas en funcionamiento para los internos y dentro incluso un burdel para satisfacer sus necesidades. Nada de cámaras de gas. Desafortunadamente, muchas personas murieron en los campos, pero no por una voluntad asesina. La guerra, las duras condiciones de vida, el hambre, la falta de atención adecuada desencadenan desastres. Pero estas tragedias de civiles, estaban a la orden del día no sólo en los campos sino en toda Alemania, sobre todo debido al bombardeo indiscriminado de ciudades.

-¿Así que usted minimiza la tragedia de los judíos, el holocausto?
No se trata de minimizar; una tragedia es una tragedia. En todo caso se plantea un problema sobre la verdad histórica. A los ganadores de la Segunda Guerra Mundial les interesaba no tener que ser llamados a rendir cuentas de sus crímenes. Ellos llegaron a arrasar pueblos enteros en Alemania donde no había ni un solo soldado, sólo para matar a mujeres, niños y viejos y así debilitar la moral del enemigo. Esta suerte también corrieron Hamburgo, Lübeck, Berlín, Dresde y otras ciudades. Se aprovecharon de la superioridad de sus bombarderos para matar a civiles con impunidad y con demencial crueldad. Luego le tocó a la gente de Tokio, y finalmente, con las bombas atómicas, a los civiles de Nagasaki e Hiroshima. Por ello fue necesario inventar delitos especiales cometidos por Alemania y pregonarlos mucho para presentar a los alemanes como seres malignos y todas las demás tonterías propias de una novela de terror sobre la que Hollywood ha rodado centenares de películas.
Y por cierto, desde entonces el método de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial no ha cambiado mucho: Se dedican a exportar su “democracia” con las llamadas “misiones de paz” en contra de “estados canallas”, contra enemigos que han supuestamente cometido actos siempre monstruosos. Y así, en la práctica, atacan sobre todo con bombardeos a quienes no quieren someterse. Masacran a militares y civiles que no tienen los medios para defenderse, y al final, tras sus “intervenciones humanitarias” ponen como presidentes a títeres que siguen sus intereses económicos y políticos.

-Pero entonces algunas pruebas concluyentes, como imágenes de vídeo y fotografías de los campos de concentración, ¿cómo se explican?
Esas filmaciones son una prueba más de la falsificación: Vienen casi todas de los campos de Belsen. Era un campamento donde las autoridades alemanas enviaron, procedentes de otros campos, a prisioneros que no podían trabajar. También había dentro una sala de convalecientes. Eso por sí solo dice mucho de la “intención asesina” de los alemanes. Parece extraño que en tiempo de guerra se hubiera puesto en marcha una estructura para hospedar a aquellos a quienes supuestamente se iba a gasear. Los bombardeos aliados de 1945 dejaron el campo sin agua, alimentos y medicinas. Se extendió una epidemia de tifus que causó miles de enfermos y muertos. Esas filmaciones se remontan a aquellos hechos, cuando el campo de refugiados de Bergen Belsen fue devastado por la epidemia, en abril de 1945, cuando se encontraba ya en manos de los aliados. Las filmaciones se realizaron con fines de propaganda por el director británico Hitchcock, el maestro del horror. Es alucinante el cinismo, la falta de sentido de la humanidad con la que aún hoy se especula con esas imágenes. Proyectado por años en las pantallas de televisión, con angustiosa música de fondo, se engañó a la opinión pública asociando con despiadada astucia esas terribles escenas a las cámaras de gas, con las que no tenían nada que ver. ¡Una farsa!

-El motivo de difundir esas, según usted, falsedades ¿sería encubrir los propios crímenes, los de los vencedores?
Al principio fue así. Un guion igual a Nuremberg fue inventado en Japón con el Juicio de Tokio. Para criminalizar a los japoneses que habían sufrido la bomba atómica se inventaron acusaciones de canibalismo.

-¿Por qué “al principio”?
Porque sucesivamente, además, la literatura sobre el Holocausto ha servido sobre todo al Estado de Israel, por dos razones. La primera está muy bien explicada por un escritor judío hijo de deportados, Norman Finkelstein. En su libro “La industria del Holocausto”, explica cómo esta industria ha recaudado, a través de una campaña de reivindicaciones, recursos millonarios para las arcas de las instituciones judías y las del estado de Israel. Habla de “un auténtico negocio de extorsión”. En cuanto al segundo punto, el escritor Sergio Romano, que no es precisamente un revisionista, explica que después de la guerra “Israel se ha dado cuenta de que el hacer hincapié en el drama de la literatura del Holocausto” traería ventajas en su disputa territorial con los árabes y “una especie de semi-inmunidad diplomática”.

-En todo el mundo se habla del Holocausto como exterminio, ¿usted tiene dudas o lo niega rotundamente?
Los medios de propaganda de quienes hoy detentan el poder global son inagotables. Mediante una subcultura histórica especialmente creada, y difundida por la televisión y el cine, han manipulado emocionalmente las conciencias. En particular, las nuevas generaciones, empezando desde la escuela, han sido sometidas a lavado de cerebro, obsesionadas con historias truculentas para subyugar a la libertad de juicio. Como ya he dicho, hace casi 70 años que estamos a la espera de pruebas sobre los crímenes de los que se acusa al pueblo alemán. Los historiadores no han encontrado ni un solo documento que se refiera a las cámaras de gas. No hay una orden por escrito, un informe o un dictamen de una institución alemana, una relación de los empleados. Nada en absoluto.
A falta de documentos, los jueces de Nuremberg han asumido que el proyecto titulado “Solución final de la cuestión judía” que se barajaba en el Reich, y que evaluaba la posibilidad de la expulsión territorial de los judíos de Alemania (y más tarde de los territorios ocupados), incluído el posible traslado a Madagascar, era un código secreto encubierto que significaba su exterminio. ¡Es absurdo! En medio de la guerra, cuando aún éramos ganadores tanto en África como en Rusia, los judíos, que en un principio, hasta 1941, simplemente eran animados a irse del país, fueron luego presionados para abandonar Alemania. Sólo después de dos años de comenzada la guerra empezaron las medidas restrictivas de su libertad.

-Supongamos que esa evidencia de la que usted habla apareciese. Estoy hablando de un documento firmado por Hitler u otro jerarca. ¿Cuál sería su posición?.
Mi posición es de condena absoluta de tales hechos. Todos los actos de violencia indiscriminada contra una comunidad, sin tener en cuenta las responsabilidades individuales reales, son inaceptables, absolutamente condenables. Como lo que pasó con los indios americanos, con los kulaks en Rusia , los italianos de Istria, los armenios en Turquía, los prisioneros alemanes en campos de concentración estadounidenses en Alemania y Francia así como en los de Rusia; los primeros abandonados deliberadamente a una muerte segura por el presidente Eisenhower, los segundos por Stalin. Ambos jefes de Estado no respetaron la Convención de Ginebra. Todos esos episodios, repito, deben ser condenados en términos muy claros, incluyendo las persecuciones hechas por los alemanes contra los judíos, que sin duda las hubo. Pero las de verdad, no las inventadas por la propaganda.

-¿Admite usted la posibilidad de que estas pruebas, se escaparon de una posible destrucción causada por los alemanes al final del conflicto, y que un día podrían salir a la luz?

Ya he dicho que ciertos hechos deben ser condenados en absoluto. Así que si aceptamos la hipótesis de que un día se van a encontrar pruebas de las cámaras de gas, la condena de una cosa tan horrible, y de quienes lo hayan ordenado y utilizado para matar, debe ser indiscutible y total. En ésta vida he aprendido que las sorpresas pueden no terminar nunca. Pero en este caso, sin embargo, creo que puedo descartarlo con certeza porque por casi sesenta años, los documentos alemanes capturados por los vencedores de la guerra fueron examinados y evaluados por cientos de académicos, así, lo que no ha surgido ya, difícilmente podrá aparecer en el futuro. Por otra razón creo que es muy poco probable, y voy a explicar por qué: Cuando la guerra ya estaba muy avanzada nuestros oponentes comenzaron a insinuar sospechas acerca de actividades homicidas en los campos. Hablo de la Declaración Interaliada de diciembre de 1942, cuando se habló en general sobre crímenes bárbaros contra los judíos de Alemania y se preveía el castigo de los culpables.
Luego, a finales de 1943, supe que no se trataba de propaganda de guerra genérica, sino que además nuestros enemigos pensaban fabricar falsas evidencias de estos crímenes. La primera noticia sobre ésto la tuvo mi compañero de estudios, un gran amigo, el capitán Paul Reinicke , que pasaba los días en contacto directo con el número dos en el gobierno alemán , el Mariscal Goering: era jefe de su escolta . La última vez que lo vi me refirió sobre un proyecto de puras falsificaciones. Goering estaba furioso porque estas falsedades calumniosas serían difundidas por todo el mundo. Precisamente Goering, antes de suicidarse, acusó violentamente al Tribunal de Nuremberg de la producción de pruebas falsificadas.

Otra pista me la dio más tarde el jefe de la policía Ernst Kaltenbrunner , el hombre que había sustituido a Heydrich tras su muerte y que después fue enviado a la horca como consecuencia de la sentencia de Nuremberg. Lo vi hacia el final de la guerra para presentarle la información recogida sobre la traición del rey Vittorio Emanuele. Me aseguró que los futuros vencedores estaban ya trabajando para construir falsas evidencias de crímenes de guerra y otras atrocidades que ellos inventaron sobre los campos de concentración como prueba de la crueldad alemana. Ya estaban por llegar a un acuerdo sobre los detalles de cómo realizar un juicio especial contra los perdedores. Y además, me encontré en agosto de 1944 con el colaborador directo del general Kaltenbrunner , el jefe de la Gestapo general Heinrich Müller. Gracias a él tuve la oportunidad de asistir a un curso oficial de cadetes. A él debía mucho, y nos llevabamos muy bien.

Había venido a Roma para resolver un problema personal de mi comandante el teniente-coronel Herbert Kappler
En aquellos días, el Quinto Ejército estadounidense estaba a punto de entrar en Cassino, los rusos avanzaban hacia Alemania. La guerra ya se había perdido inexorablemente. Esa noche me pidió que lo acompañara al hotel. Dado que había un mínimo de confianza, me atreví a pedirle más detalles sobre el tema. Me dijo que por la actividad de espionaje habían recibido la confirmación de que el enemigo, esperando la victoria final, estaba tratando de fabricar pruebas de nuestros crímenes para crear un espectacular juicio y así criminalizar a Alemania después de la derrota. Tenía información precisa y estaba seriamente preocupado. Afirmó que de estas personas no era posible fiarse porque no tenían sentido del honor y carecían de escrúpulos. Entonces yo era joven y no le di la debida importancia a sus palabras, pero luego las cosas sucedieron igual que el general Müller me habían dicho. ¡Estos son los hombres, los jerarcas, que según se dice hoy en día organizaron el exterminio de los judíos con cámaras de gas! Yo lo consideraría ridículo si no fuera por las trágicos consecuecias.
Así que cuando en 2003, tras un falso juramento del secretario de Estado Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU, los estadounidenses atacaron Iraq con la excusa de que poseía “armas de destrucción masiva “, precisamente ellos que son los únicos en haber empleado esas armas, me dije a mí mismo: ¡nada nuevo!

-Usted, como ciudadano alemán, ¿sabe que algunas leyes en Alemania, Austria, Francia, Suiza sancionan con cárcel a quien niegue el holocausto?
Sí , los poderes mundiales las han impuesto y pronto también lo harán en Italia . El engaño consiste en hacer creer que los que, por ejemplo, se oponen al colonialismo israelí y al sionismo en Palestina son antisemitas, y que los que se atrevan a criticar a los judíos son siempre antisemitas, y que quien ose pedir pruebas de la existencia de cámaras de gas en los campos de concentración es como si aprobara una idea del exterminio de los judíos. Es una falsificación vergonzante. Precisamente estas leyes demuestran el miedo que hay de que la verdad salga a la superficie.
Obviamente existe el temor de que después de la campaña de propaganda emocional, los historiadores se pregunten sobre la evidencia, los investigadores sean conscientes de las tergiversaciones. Precisamente estas leyes abrirán los ojos a quienes todavía creen en la libertad de pensamiento y en la importancia de la independencia en la investigación histórica. Por supuesto, por lo que he dicho puedo ser incriminado, mi situación podría incluso empeorar más, pero tuve que decirle las cosas como realmente son, la valentía de la sinceridad era un deber para con mi país, una contribución, en el cumplimiento de mis cien años, para la redención y la dignidad de mi pueblo.

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 El mito del jabon en los campos de trabajo:


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Ernst Zundel y Joseph G. Burg

Impresionante revelación de un judío que derribó el mito del Holocausto en la Segunda Guerra mundial, testimonio que le costó, entre otras cosas, que no fuese admitido en el cementerio judío, y que nadie de la ‘tribu’ pronunciase un elogio en sus exequias.


Joseph G. Burg fue el décimo segundo testigo llamado por la defensa, él testificó el martes 29 de marzo y el miércoles 30 de marzo de 1988.

Por un periodo de ocho o nueve años anteriores al año 1981, Zündel mantuvo comunicación por carta y visitaba a Joseph G. Burg, un autor judío quien escribió varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial. Entre sus libros están los siguientes: Guilt and Fate/Culpa y Destino, Scapegoats/Chivos Expiatorios, Zionist Nazi Censorship in the Federal Republic of Germany/Censura Sionista Nazi en la República Federal Alemana, National Socialist Crimes of Bad Conscience by Germans Against Germans under Zionist Direction/Crímenes de Mala Fe del Nacionalsocialismo por los Alemanes en contra de los Alemanes bajo la Dirección Sionista, y Major Attacks of Zionists against Pope Pius XII and the German Governments/Principales Ataques de los Sionistas en contra del Papa Pío XII y a los Gobiernos Alemanes. Burg ha discutido estos libros con Zündel y este último parece haberlos recibido bien.

En estos libros, Burg trata acerca del tema de los supuestos campos de exterminio nazi, Burg ha hablado con cientos de personas que estuvieron en Auschwitz y visitaron el campo en el otoño de 1945. Burg quiso ver el crematorio, los hospitales y en particular una nueva panadería muy grande. También quiso localizar las cámaras de gas, aunque en ese tiempo, tal procedimiento no se acostumbraba. Él no encontró ninguna cámara de gas. Burg así se fue formando la idea de que no existieron campos de exterminio, que las cámaras de gas nunca existieron y que tampoco hubo un plan para exterminar a los judíos de Europa. Estas opiniones fueron publicadas en sus libros y en su correspondencia con Zundel.

Burg también visitó Majdanek en tres ocasiones. Ahí sí encontró cámaras de gas, pero testificó que eran cámaras de desinfección para eliminar piojos y pulgas: esos bichos causaban epidemias. Estas cámaras eran de uso común en cada campo y cada una mostraba un letrero con el siguiente texto en alemán: “¡ Atención, gas venenoso!” junto con el símbolo de un cráneo humano simbolizando la muerte. Zuklon B era la nueva fórmula usada para desinfectar la ropa, ésta destruía los bichos sin dañar la tela.

Después de la guerra, Burg escuchó bastantes alegatos acerca de gente que fue gaseada en Auschwitz y Majdanek. Él probó que era una tontería o simple propaganda. Hasta el día de hoy, señaló, no existe ningún documento mostrando las órdenes de gasear a la gente o de quien había construido las cámaras y donde las había construido. Las autoridades alemanas han sido llamadas la “súper burocracia”. Por lo tanto, es inverosímil que no se haya encontrado un solo documento en todos estos años.

Burg dio testimonio de haber hablado con cientos de personas que sirvieron y operaron en los crematorios, pero las personas que operaban las cámaras de gas fueron imposibles de encontrar. Nadie ha publicado nada acerca de alguna declaración que diga que alguien había trabajado en una instalación para gasear seres humanos, y la literatura acerca de estos gaseos es completamente contradictoria. ¿Por qué? Porque todo fue inventado. Estas opiniones fueron publicadas en sus libros.

En cada campo habían crematorios, tenían un fin práctico, la gente moría. Cuando los alemanes ocuparon los territorios del este, se establecieron grandes campos y se dispusieron más crematorios de mayor capacidad a medida que la guerra progresaba. Hubo manifestaciones de epidemias que causaron y aceleraron las muertes. La preferencia por los crematorios fue debido a la higiene: este proceso era más higiénico que las inhumaciones y se necesitaba menos espacio.

Como cualquier otra actividad en los campos, los prisioneros se encargaban de los crematorios. Éste constituía el trabajo más difícil debido al calor y debido a que se tenían que colocar los cuerpos dentro de los hornos. Los prisioneros realizaban esta labor en tres turnos al día, y lo hacían voluntariamente. Los voluntarios se solicitaban por medio del consejo judío o la policía judía. Es importante indagar entonces, como pudo el consejo judío o la policía judía cooperar con las SS. alemanas.

Cuando estos crematorios funcionaban a toda su capacidad, las chimeneas arrojaban una gran cantidad de humo. De esta manera, era lógico que dependiendo del clima o de la hora del día, el color de las flamas fuera diferente. La gente inventó historias que supuestamente sucedían cosas malvadas dentro de éstos. Contaban que seres humanos aún vivos estaban siendo quemados. Ellos inventaron el relato de que cada crematorio era una cámara de gas. Incluso llegaron al punto de que tales autores dejaron volar tanto su imaginación, que cuando observaban humo de color azul, interpretaban que los judíos estaban siendo quemados [en los campos no sólo había judíos].

Otros inventaron el relato que judíos aún vivos estaban siendo empujados hacia los hornos. Burg testificó que le hubiera gustado ver a un judío ofrecer tales testimonios durante un proceso judicial. También dijo que en tal caso, un judío hubiera sido forzado a jurar bajo los ritos de un rabino, usando la kippa (el gorrito que usan en la cabeza), sin la presencia de imágenes de Cristo, con la Biblia hebrea, en la presencia de un rabino o de un judío piadoso. Entonces éste hubiera tenido que jurar que sí había visto algo. Pero estas declaraciones falsas, estas declaraciones enfermizas, se hubieran reducido en un 99.5% ya que tales juramentos superficiales no son moralmente obligatorios para esos judíos.

En el tiempo que Burg estuvo en los campos de emplazamiento de personas, habló con 30 o 40 personas sobre las cámaras de gas y con aproximadamente 5 a 10 personas acerca de los crematorios. Él tenía una especie de permiso especial que le permitía visitar las diferentes áreas en donde los judíos estaban situados. Él trató de interrogar a varias personas de diferentes ghettos y campos, ya que, en ese tiempo ya se había dado cuenta de muchas afirmaciones falsas.

En 1946, Burg asistió a los juicios de Nuremberg, en el tiempo cuando los asuntos sobre los judíos empezaban a tratarse. Durante una de estas comparecencias, conoció a Ilya Ehrenburg y a un editor judío, quienes habían estado en Auschwitz por muchos años. Burg preguntó al editor si el había visto alguna instalación para ‘gasear’ seres humanos, él contestó que no. Ehrenburg, quien había sido el dirigente de la propaganda para el Ejército Rojo durante la guerra, dijo a Burg que él había estado en Auschwitz pero que tampoco vio nada sobre ‘gaseos’ a seres humanos. Burg había discutido de toda esta información con Zundel. Burg nunca pudo entender el énfasis que se hacía sobre los ‘gaseos’.

Burg era hijo de judíos y pasó los días de la guerra en Transnystria, un área designada por los alemanes para la gente proscrita, como los judíos. Los judíos fueron proscritos ya que habían acogido al Ejército Rojo. La gente de esta región vivía en pequeñas villas y pueblos, pero tenían que arreglárselas por sí mismos y por lo tanto, no les iba mejor que a aquellos que estaban en campos de concentración. En los campos, las autoridades alemanas cuidaban de los prisioneros, ya que, era común que fueran usados como fuerza de trabajo. Hubieron ataques hacia los judíos en estas regiones, por parte de grupos étnicos extranjeros, pero ninguno de estos ataques fue organizado por los alemanes.

En 1946 y 1947, Burg vivió en Freising, un campo para judíos desplazados, cerca de Munich en la zona estadounidense. El director fue un oficial judío estadounidense. Burg sirvió ahí como delegado: él organizó la policía, la prisión, el diario, y los asuntos culturales. Organizó grupos y los condujo a las proximidades de Bavaria (el sur de Alemania), para mostrarles los lugares de interés, los museos y castillos. Sus experiencias en el campo fueron incluidas en su libro ‘Guilt and Fate / Culpa y Destino’.

Burg había leído un pasaje del folleto ‘Did Six Million Really Die? / ¿Realmente Murieron 6 millones?’:

La primera propuesta nazi para la solución Madagascar, fue hecha con asociación del Plan Schacht de 1938.

Burg testificó que la emigración de judíos desde la Alemania nazi, que nunca llegaron a Palestina, fue dificultada por los Sionistas. Los Sionistas impidieron que los judíos se dirigieran a otros países, ya que su interés era hacer que los judíos fueran a Palestina, adicionalmente, la mayoría de los países prohibieron la entrada de la emigración judía.

El Reich alemán quiso expulsar a los judíos: cómo y donde, fueron asuntos secundarios. La gente bajo el mando de Göring, al encargarse de los judíos, optaron por un plan propuesto por el fundador del movimiento Sionista, Theodor Herzl, que consistía en mover a los judíos a Uganda o a Madagascar. Ambas colonias pertenecían a Francia. El plan no funcionó, pero la sola existencia del plan, prueba que, por lógica, la liquidación de judíos nunca existió. La fuerza de trabajo que representaron fue necesaria. Burg hizo énfasis en que no hubo liquidación de judíos por parte de los alemanes.

El Acuerdo de Transferencia (Haavara) de 1933 fue uno de los incidentes más notables en la estructura del Holocausto. Bajo este acuerdo, se planeó que aproximadamente 2.5 millones de judíos fueran trasladados en camiones. El acuerdo nunca fructificó ya que los Sionistas no pudieron trasladar tal número de judíos a Palestina.

Burg ha descubierto que, los líderes Sionistas alemanes solicitaron, ya en 1933, que los judíos portaran la estrella de David amarilla. Los Sionistas no vieron en esto un insulto, sino un gesto heroico, tal y como las SS portaron la suástica. En 1938, el director del movimiento Sionista en el Tercer Reich, hizo portar a los judíos la estrella amarilla en contra de los deseos de Göring y Goebbels.

Burg escribió en su libro acerca de la cooperación que existió entre los líderes del Sionismo, incluyendo a David Ben-Gurion, con el régimen Nazi antes de la guerra. Muchos días después de que Hitler había sido nombrado Canciller, Rabbi Leo Baeck, anunció públicamente que los intereses del judaísmo eran idénticos a los intereses del Nacional Socialismo. Burg testificó que Baeck quiso decir ‘Sionismo’ y no ‘Judaísmo’. En ese tiempo, los Sionistas constituían el 1.5% de la población judía en Alemania. Unos días después otro líder Sionista haría una declaración similar. El sentido de estas declaraciones, testificó Burg, era la siguiente: “Nosotros los judíos nacionalistas, es decir, los Sionistas, estamos de acuerdo con este régimen. No nos avergonzamos de nuestras ideas nacionalistas”. Los alemanes que tuvieron que hacerse cargo de la cuestión judía, cooperaron inmediatamente con esta minoría de judíos con el fin de probar al mundo entero que ellos no eran anti-judíos sino que cooperaban con los judíos.

A principios de la década de los 30 del siglo pasado, como resultado de esta cooperación entre Nazis y Sionistas, aproximadamente 120.000 judíos emigraron desde Alemania hacia Palestina. Sin embargo, las dificultades comenzaron cuando Inglaterra, que administraba Palestina, se rehusó a permitir la inmigración debido al malestar árabe.

Los Sionistas en Alemania trabajaron organizando escuelas para niños, con clases de hebreo, tiendas para jóvenes, etc., para ayudar a preparar a la gente en su migración a Palestina. Los Sionistas sólo estaban interesados en la migración a Palestina e hicieron todo lo que estuvo a su alcance para asegurar que ningún otro país aceptará a los judíos. Los Nazis estaban interesados en facilitar la migración de los judíos tan pronto fuera posible. No obstante, la cooperación entre Sionistas y Nazis continuó hasta 1942, con gente como Adolf Eichmann, Golda Meir y David Ben-Gurion, fecha en la que en opinión de los Sionistas, se cumplió el objetivo. Burg declaró que, incluso llegado este punto, la derrota de Alemania fue vista por los Sionistas como “las ratas abandonando un barco que se hunde”.

Burg discutió frecuentemente el tema de la cooperación de los Nazis y los Sionistas con Zundel. Burg creyó que los Sionistas fueron los culpables de que los alemanes fueran derrotados. Y para borrar cualquier rastro, los Sionistas se comportaron como el ladrón astuto que corre hacia la policía gritando “¡ Detengan al ladrón!” Fue la tarea de Zundel el luchar en contra de esto y Burg declaró que podía ayudarle. ¿Por qué? “Porque de otra manera nunca llegará la reconciliación entre las personas. La verdad está revelándose poco a poco, así es como, el odio en contra de los judíos está creciendo, provocado por los líderes Sionistas”.

Zundel dijo a Burg que gracias a su libro ‘Guilt and Fate’, publicado en 1962, él se convirtió en lo que es ahora, un luchador por la verdad, un luchador en contra de las falsas acusaciones hechas a su pueblo.
Burg testificó que no hubo aniquilamientos en los campos de concentración. Las personas saludables fueron usadas para trabajar en forma voluntaria, Burg puntualizó que, incluso una jaula de oro representa una limitación e incluso un crimen, pero la invención de las cámaras de gases tuvieron origen en mentes enfermas. Burg quiso demostrar que incluso en Birkenau, donde supuestamente ocurrieron las muertes por gases, los judíos, hombres y mujeres, tuvieron trato preferencial. 

Un ejemplo de esto fue Benedikt Kautsky, judío con convicción en el movimiento mundial Socialista- Marxista. Kautsky estuvo en Birkenau durante la guerra realizando labores de oficina. Su madre, de 79 años de edad también fue enviada a Birkenau. Cuando ella enfermó, se le dispuso un cuarto individual y una dieta especial ordenada por el doctor. Esto fue “trato preferencial”, otorgado con el fin de prolongar la vida de la mujer, si es que no se curaba. Cuando fue liberado el Dr. Kautsky, regresó a Viena, Austria, en donde continuó su trabajo científico. En 1946, inmediatamente después de su liberación, el Dr. Kautsky fue uno de los primeros en publicar un libro, que llevó el título en alemán ‘Teufel und Verdammte / El Diablo y los Condenados’  Burg testificó que ese libro decía la verdad y que tenía verdadero valor histórico, sin embargo, toda la edición fue destruida. Un año y medio más tarde, publicó otra edición en la cual reescribió varios párrafos e hizo cambios, pero no lo cambió completamente. No existe documentación acerca de cámaras de gas y Kautsky admitió que él nunca vio ninguna cámara de gas por sí mismo.

En ‘Schuld und Schicksal / Guilt and Fate / Culpa y Destino’, Burg trató acerca de los ghettos de Varsovia y Lodz. Cuando las tropas alemanas ocuparon Varsovia, ellos quisieron concentrar a toda la población judía. Verdaderos ghettos estuvieron ahí por siglos, pero los judíos emancipados o que asimilaron la cultura anfitriona vivían lejos de esos ghettos. Cuando llegaron los alemanes, quisieron tener a todos los judíos juntos. En un sentido práctico, la función del ghetto también era proteger a la población judía.

Los Sionistas se mostraron satisfechos con este arreglo. Un Consejo Judío designado fue la entidad que gobernaba el ghetto. Ellos tenían su propia policía, cárceles y cualquier otra cosa. Naturalmente, algunos fueron crueles, uno de estos fue el vicepresidente de la policía, quien más tarde fue ejecutado. En consideración de Burg, esta ejecución fue la evidencia de que los judíos se defendían de la minoría Sionista, quienes usaban a la mayoría para sus propios fines.

En el ghetto de Lodz, existía una fuerza policíaca judía, un banco judío, moneda de cambio judía, oficina de correos judía y estampillas de correo para uso exclusivo de los judíos, existían talleres de manufactura para judíos. Si existía un plan alemán para exterminar a los judíos ¿por qué existían talleres?, preguntó Burg, ¿por qué destinar recursos económicos con esos fines? ¿Por qué entrenar a los niños para el trabajo? Gracias a Berlín, testificó Burg, los judíos tuvieron la oportunidad de vivir en un pequeño Israel. Sin embargo, todas estas cosas no deben decirse en la actualidad, ya que, ahora debe decirse que existió un Holocausto y que los judíos fueron asesinados.

Toda la población alemana, no sólo los Nazis, fueron culpados falsamente, y no sólo a los alemanes que vivían en Alemania, sino a cualquier alemán que viviera en cualquier parte del mundo. Burg tiene interés en este asunto, ya que, él piensa que esto provoca el odio en contra de los judíos. Los líderes Sionistas, tienen interés, incluso en la actualidad, en que se creen progroms o progromos en contra de los judíos, y el testimonio de Burg tiene el objetivo de prevenir esto.

En 1982, Zundel escribió a Burg en dos ocasiones, pidiéndole ayuda en contra de los Sionistas de Toronto quienes estaban provocándole dificultades, y para pedirle su recomendación. Zundel creyó que esto podría ayudarle mucho.
Burg frecuentemente discutió con Zundel acerca del desagravio a los alemanes. En la opinión de Burg, si el Holocausto hubiera sido verdadero, no se les debería ningún tipo de desagravio a los alemanes, pero “ellos lo están pagando”. El trató acerca de este tema en su libro ‘Guilt and Fate’, el cual, Zundel leyó en los años 60 del siglo pasado. Israel fue creado en 1948 y, en 1951 todavía no tenía relaciones diplomáticas con la República Federal Alemana. En ese año, Israel otorgó al Dr. Nahum Goldmann, representante del Congreso Judío Mundial, autoridad para negociar con el Dr. Adenauer, el Canciller de la República Federal Alemana en lo concerniente a la culpabilidad alemana. Israel, bajo el gobierno de Ben Gurion, exigió una indemnización por “los daños ocasionados por los alemanes”, pero nunca quiso sentarse en una mesa con ellos para negociarlo. Las negociaciones entre Goldmann y Adenauer, tuvieron como resultado el reconocimiento de Alemania de haber cometido un holocausto en contra de los judíos.
Burg testificó que era muy importante distinguir estas indemnizaciones al estado de Israel. Israel no existía durante la Guerra. Éste estaba en Palestina en ése entonces y pertenecía a la administración británica. Durante toda la Segunda Guerra Mundial, ningún soldado alemán estuvo en Palestina. ¿ Cuáles son entonces los daños y qué es lo que hay que reparar?, preguntó Burg.
Israel presentó entonces un documento a Alemania, declarando que tres de cada cuatro judíos europeos murieron y que el pueblo de Israel demandaba una indemnización por ellos. Ese documento nunca afirmó que hubieran muerto 6 millones. Tampoco que hubieran sido gaseados ni asesinados. La palabra usada fue ‘muertos’. La suma inicial de 3.5 marcos ha crecido y no sólo será pagado por los alemanes que viven en la actualidad, sino los que nacerán el día de mañana. Las sumas se justificaron por invenciones de 40 millones de judíos gaseados, luego que 25, y finalmente aproximadamente 6 millones, que es la cifra que ha permanecido.
Burg testificó que la razón por la que continuaron los juicios de crímenes de guerra tanto en la República Federal Alemana y en los Estados Unidos, fue para probar a todo el mundo que los alemanes, incluso los que nacieron en Estados Unidos y en Toronto, son culpables de haber asesinado y gaseado judíos.
Israel existió sobre la tesis de que el Holocausto sucedió y el pueblo alemán de la República Federal pagó con dinero honesto ganado con su trabajo a Israel, que es un barril sin fondo.
Goldmann también negoció por parte de aquellos que fueron liberados de los campos de concentración. Estos son los que han sufrido, dijo Burg, a quienes se les quitó sus hogares y apartamentos, quienes dejaron todo atrás. Fueron dispuestas oficinas especiales alrededor del mundo, en cada lugar donde Alemania tuviera alguna representación, con el fin de solicitar las indemnizaciones.
Burg discutió con Zundel acerca del responsable por la enemistad entre alemanes y judíos. Le dijo a Zundel que la Primera Guerra Mundial trajo a los Sionistas un lugar para vivir en Palestina, pero no era una nación. Esto era muy pequeño y era necesario hacer todo lo posible para crear el estado de Israel. Esto sólo fue posible a través de la guerra, se avecinaba una guerra mundial. Los Sionistas, por lo tanto, cooperaron con quien fue conocido como Wall Street. Wall Street causó la Segunda Guerra Mundial de la misma manera que causó la Primera. Hizo notar que éste también apoyaba al régimen de Hitler ya que supuestamente pelearía contra los comunistas. De la misma manera que los Nacional Socialistas no quisieron subordinarse a Wall Street, los comunistas tampoco lo hicieron. El plan de Churchill, junto con los Sionistas y los estadounidenses de Wall Street, era asegurarse que los Nacional Socialistas y los Comunistas “se consumieran entre ellos”. Chaim Weizmann declaró que él había deseado sacrificar a los judíos alemanes en favor del estado de Israel.
Burg estimó que Zundel había mostrado una sincera curiosidad acerca de la cuestión judía. Zundel era alemán y él estaba defendiendo a su país, dijo Burg. Zundel le había dicho que defender a su pueblo era el trabajo de su vida ya que ellos estaban siendo difamados, Burg también creía esto y lo había expresado en sus libros “una y otra vez” y como resultado de esto, sufrió en forma personal. Burg estuvo satisfecho de que Zundel aprendiera un poco de él al no hablar automáticamente de “judíos” sino, en su lugar, hacer énfasis en los “Sionistas”.
Si la historia del Holocausto sigue por el camino que ha tomado en la actualidad, dijo Burg, nunca habrá una relación sincera entre los judíos y los alemanes, y es lo que los líderes Sionistas buscan que pase. Burg dijo a Zundel que películas como Holocausto y Shoah constituyen un reforzamiento de la falsificación de la historia, hechas con el propósito de mostrar la razón por la que los alemanes deben pagar y deben seguir pagando por unas cuantas generaciones más.
Burg declaró que si Zundel hubiera ido con la corriente, nunca hubiera tenido los problemas que tuvo. Hubiera tenido una vida mucho más sencilla. También era la opinión de Burg que si existieran otros dos o tres Zundels, habría también mejores judíos.
La Corona [canadiense] decidió no volver a interrogar a Burg.
Gracias a Jesús Ruiz Munilla

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 EL FRENTE MEDIÁTICO-LITERARIO CONTRA LA STASI: PANFLETOS A CARGO DE PSEUDOHISTORIADORES E INTOXICADORES DE LA CIA
Sin títuloRDA

Dadas las circunstancias históricas en que se desarrolló el proceso de construcción del socialismo en la RDA no resulta llamativo, una vez ajusticiado el Estado alemán oriental, que existiera  en su contra una abrumadora presencia de literatura anti-RDA, en concreto anti-Stasi, en forma de artículos (panfletos) de opinión periodísticos de ideología ultraderechista, pero también desde los púlpitos socialdemócratas o trotskistas, o bien en forma de libros de ciencia-ficción que nos hablaban de los “terribles crímenes” de la Stasi y el control masivo que ejercía este servicio de seguridad, supuestamente, sobre los ciudadanos de la RDA. 

Por ejemplo, se puede conseguir sin dificultad todo un repertorio de chismología de salón “del que dijo y qué dijeron” en StasiLand, de Anna Funder; un bodrio británico llamado The Firm: The Inside Story of the Stasi de un tal Gary Bruce (no han superado todavía lo de Kim Philby) o basura netamente neohitleriana a cargo de un halcón reaganiano, llamado John O. Koehler (Stasi: The Untold Story of the East German Secret Police) libelo que parece sacado de la Escuela de terrorismo y asesinatos de la CIA, en Fort Bragg. 

Frente a toda esta apisonadora anti-RDA y anti-Stasi (de unas proporciones de linchamiento ideológico que ni siquiera ha tenido paralelismos para con la Alemania nazi) apenas, por no decir nada, existen un puñado de estudios objetivos y veraces de lo que fue y representó la RDA, no digo ya trabajos realizados por personas cercanas al comunismo, sino por estudios independientes. Existen publicaciones (no estrictamente libros) como el parco folleto de cincuenta páginas de Brunhilde (Bruni) La Motte y John Green Stasi Hell or Workers’ Paradise? Socialism in the German Democratic Republic – What Can We Learn from It? (¿Infierno de la Stasi o Paraíso para los trabajadores? Socialismo en la RDA. Lecciones que debemos aprender), un documento independiente donde ni hablan de paraíso socialista, ni de “opresiva” Stasi, ni tampoco de la desvergonzada propaganda anticomunista y donde también no dejan, todo hay que decirlo, en buen lugar a Stalin (en una breve cita al principio), pero no hablan mal de la RDA, que nadie se llame a engaño. Es un documento de una honestidad fuera de toda duda. Existen otro tipo de reseñas más dispersas (y breves), a cargo de Hilary Keenan, pero más centrados en la historia de la RDA y el muro antifascista (The legend behind the Wall) 

Este déficit de literatura sobre la RDA, para contrarrestar la masiva manipulación histórica sobre el servicio secreto alemán oriental, la Stasi, ha posibilitado que se obstruyan, invisibilicen, oculten y, en menor medida, relativicen, los innumerables crímenes fascistas que la CIA, el BND, el MI6, la OTAN y otros servicios de espionaje europeos han perpetrado en su territorio y en numerosas partes del mundo durante toda la época de la guerra fría y después de ella: desde golpes de Estado en otros países hasta intentos de “putsch” en Europa, pasando por la protección a prófugos nazis con terribles crímenes bajo sus espaldas, la ejecución de atentados terroristas a través de la red clandestina Gladio y el Gladio “islámico”, asesinatos y desapariciones forzosas de opositores políticos y un largo etcétera ya señalado en las entregas anteriores.  

Un grupúsculo de disidentes en la RDA, sobredimensionados, todos ellos calculadamente victimizados, han sido expuestos a los ojos del mundo como paradigma de la represión masiva de la Stasi y la RDA. Mentira tras mentira y engañosas “verdades a medias” se han convertido en una gigantesca falsificación histórica. Porque ¿como obvian que el co-autor de Stasi Hell or Worker’s Paradise? 
John Green es un inglés que se marchó a vivir a la RDA al igual que muchos progresistas británicos que viajaron a la República Democrática Alemana y la mayoría regresaron a su país favorablemente impresionados del sistema político de la RDA?
¿Cómo explicar que por cada tres fugados de la RDA, muchos de ellos embobados por el lujo capitalista o comprados a golpe de marcos por los servicios de inteligencia del Oeste, un alemán occidental ingresaba en la RDA para garantizarse unos derechos sociales (pensiones) que no existían en la RFA? ¿Es que acaso no hay o no hubo disidencia en el Oeste? ¿Y los refugiados chilenos de la dictadura pinochetista mencionados en otro capítulo? 

Pero da igual, les da exactamente lo mismo a los correveidiles del neoliberalismo y la socialdemocracia capitalista: sólo hay “StasiLand”, mientras que los crímenes, mentiras, abusos, el olvidado nazismo y los cadáveres de la RFA, la OTAN, Gladio y la CIA están oportunamente escondidos debajo de las alfombras de Berlín y Washington. 
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No es de extrañar que para apuntalar el neoliberalismo del Nuevo des-orden mundial sigan insistiendo después de veinticinco años, en su ridícula y agresiva campaña anticomunista sacando del desván de la guerra fría literatura de saldo para el “ignaro medio” occidental, para frenar el avance político de las opciones más antineoliberales y anti-imperialistas. De ahí que figure en los estantes de las librerías verdadera porquería ideológica ante la que Goebbels sería un aprendiz de primaria. La de Koehler, antes mencionada,  basa sus fuentes en los archivos de inteligencia de Estados Unidos y la Stasi, además de en extensas entrevistas con víctimas de la opresión política, ex oficiales de la Stasi, y funcionarios del gobierno de Alemania Occidental”. Todo un compendio de datos amañados, filtrados selectivamente, disidentes más o menos reales o voluntades y mercenarios que supuestamente trabajaron para la Stasi comprados, con el objetivo de deformar la opinión de un público dispuesto a consumir literatura fantasiosa y ser susceptible de creer a machamartillo las “verdades” de un halcón del Pentágono. 

Pero resulta que la credibilidad del pájaro Koehler es ya de partida inexistente, puesto que en su curriculum figura que fue al mismo tiempo jefe de Associated Press (agencia periodística de desinformación creada por la CIA) en Berlín Oeste durante la Guerra Fría, director de comunicación de Ronald Reagan y además oficial de Inteligencia del Ejército de EE.UU. ¿Qué se puede esperar de lo que diga un fabulador de la peor especie en un libro saturado de invenciones fascistas, patrañas y parcialidad a partes iguales? Los vínculos de la prensa controlada y las agencias de espionaje occidentales siempre han resultado muy provechosos. 

Según Koehler, que cita a otro estafador profesional y mentiroso patológico como el “cazanazis”, ya fallecido, Simon Wiesenthal: “la Stasi fue peor que la Gestapo y la KGB juntas”. Con este delirio conspiranoico Wiesenthal se retrataba como un hábil y trapacero orquestador de mentiras además de un repugnante sionista. Más respeto que este personaje trilero me infunden los cazanazis alemanes Beate y Serge Klarsfeld, por cierto acusados de trabajar para la Stasi, a pesar de que son acérrimos defensores del Estado de Israel. A Koehler y Wiesenthal les traicionó el subconsciente y realmente lo que quisieron decir es que los suyos (el Mossad, la CIA y el estructuralmente nazi BND) eran peores que las SS y la Gestapo juntas que, por cierto, hay que reincidir siempre en ello, las cruces gamadas estaban hasta en los retretes de las oficinas de espionaje norteamericanas y europeas. 

En fin, que la campaña militar anti-Stasi ha alcanzado también a personajes pintorescos como el historiador nazi David Irving, un payaso negacionista  apuntado a última hora a la propaganda anti-RDA que se ha inventado que la Stasi daba apoyo a grupos neonazis en Alemania Federal en los años setenta y ochenta. El frente de guerra anti-Stasi se ha convertido, desde la “caída” del muro en una religión que ha calado muy hondo en las mentes de muchos, por una simple razón goebbelsiana: repitiendo una mentira mil veces, en mil lugares diferentes, de forma continua y permanente a lo largo del tiempo, acaba convirtiéndose en una verdad absoluta, aunque sea la “verdad” más tramposa, falsa y embustera de la historia, pero al fin y al cabo es una “verdad” para una parte importante de una ciudadanía adormecida y lobotomizada por los medios de desinformación. A pesar de los pesares, y parafraseando a Erich Honecker, “la RDA no se construyó en vano”.



Espia heroe nazi trabaja para el mossad - OTTO SHORZENY:

https://ia801509.us.archive.org/35/items/regocijos_-_24-04-2016/operaciones_inexplicables_-_otto_skorzeny.mp3


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 se dice que cerca de seis millones de judíos fueron científicamente exterminados entre campos de concentración alemanes (ubicados en la misma Alemania y en la Polonia ocupada) y asesinatos en masa en territorio de la Unión Soviética (Rumania, Hungría, Grecia, etc) el extermino comprendía a la totalidad de los componentes, adultos y niños de ambos géneros. La prueba de la siniestra ejecución del plan, es paradójicamente la falta de pruebas. Es decir que de esos seis millones de ejecutados no quedan casi restos y muy pocos datos. Las pruebas que darían cuenta de la existencia del genocidio surgen de las testimoniales y confesionales del juicio de Nüremberg y de otros juicios particulares que se produjeron en cada zona en donde hubo un llamado “campo de exterminio” o campo de trabajo.
Este hecho histórico, como todos los hechos que se le imputaban a los vencidos, se aceptaron en forma indiscutible por la gran mayoría de los historiadores, pero existe una corriente llamada “revisionista” (los judíos la llaman “negacionista”) que pone en duda la existencia de dicho plan de exterminio y aún de los campos de exterminio. Dicha corriente nace con un socialista francés -Paul Rassinier- que estuvo en campos de concentración alemanes y tiempo después de ser liberado y frente al relato del holocausto que surgió de Nüremberg, escribió un libro referido al tema de los campos que se tituló “Le mensonge d`Ulysse” (por aquello de la piadosa mentira de Ulises, quién a los cien tormentos sufridos, les añadió otros mil inventados). Otros autores destacados de la misma corriente, y sin concluir la lista, son: el inglés David Irving (hoy preso en Austria por delito de opinión), el Francés Robert Faurisson (echado de la universidad de Lyon y juzgado y multado por delitos de opinión, paralítico por una golpiza callejera), el francés Francois Duprat (asesinado con bomba), el norteamericano Arthur Butz, el alemán Wilhelm Stäglich (destituido de Juez y privado de retiro y títulos académicos por delito de opinión), el alemán Udo Walendy, (prohibición y cierre de su revista en un caso de censura inédito en Europa, donde se supone que la censura no existe legalmente), el suizo Jurgen Graf (impedido de publicar sus ideas en suiza y autoexiliado de su país para evitar consecuencias legales).
Resulta llamativo que para contradecir estos revisionistas no surgieron especialistas y discusiones científicas, simplemente se dictaron leyes represivas contra la opinión que ponga en duda la existencia del holocausto tal como surgía definido de Nüremberg y todo como efecto de mantener una paz pública que se rompía cada vez que este hecho era puesto en discusión. Así en Francia en 1990 se promulgó la “Ley Gayssot” que reprime con un año de prisión efectiva a personas “que expresen dudas” con respecto al exterminio judío. En Austria, una ley parecida prevé penas de hasta 10 años por la negación explícita (por esta ley fue condenado Irving en el 2006 luego de ser extraditado de Inglaterra, es decir que esta última, aún sin tener ley explícita, reconoció la existencia del delito dentro de su normativa). En Suiza, por la reforma penal de 1994 no se puede publicar nada que dude o niegue el holocausto por consistir en discriminación racial y en Alemania y otros lugares de Europa y del mundo han existido condenas a los revisionistas basadas en leyes de amplia interpretación que penan la “incitación popular” o “profanación del recuerdo de los muertos”. En suma, el tema del holocausto en el campo de la ciencia histórica ha desatado la más perfecta y rígida censura del pensamiento, y todo ello se explica por lo dicho al principio en cuanto a la valoración religiosa que tiene el hecho histórico para las jóvenes generaciones judías.
La posición de todos los revisionistas parte de que desde 1933, en Alemania los judíos fueron oprimidos y privados de sus derechos de manera creciente con el transcurrir del tiempo, no fueron considerados ciudadanos, fueron expulsados al exilio y privados de muchos de sus bienes; a partir de 1941 y más tarde, todos aquellos que se encontraban aún en territorio bajo dominio alemán, fueron internados en campos de trabajo, en guetos o deportados a Polonia y a Rusia. Reconocen que grupos especiales de tropas alemanas fusilaron a muchos judíos (decenas de miles) y a otros no judíos; que de estos muchos murieron de epidemias o de hambre (debilitamiento) en los campos de trabajo o de concentración (que no fueron exclusivos para judíos), o bien en progromos. Todos fueron víctimas de actos de guerra o crímenes de guerra como la destrucción del gueto de Varsovia. Todos hechos terribles por demás, pero comparables a muchos otros hechos terribles vividos por otros pueblos en la misma guerra y como producto de crímenes de ambos bandos en pugna. Ninguno de ellos habla de responsabilidad de las víctimas, ya que si existen causas que generaron reacciones, estas provinieron de sectores y grupos internacionales exteriores a Alemania.
Lo que niegan es:
a) que existiera un plan para el exterminio físico de judíos.
b) que existieran cámaras de gas para el aniquilamiento de seres humanos.
c) que durante el dominio de Hitler encontraran la muerte de 5 a 6 millones de judíos, reduciendo la cifra a entre 300.000 y 1.000.000  -según los autores-.
Los dos primeros puntos son de extrema importancia para la historia, ya que indica o no una intención de una maldad inédita dirigida por un pueblo en especial a un pueblo en especial. El tema del número es un asunto que no hace ni menos ni más terrible el hecho.
En suma, o nos encontramos -como dice Paul Jhonson- ante “el mayor crimen perpetrado en la historia”; o como dicen los revisionistas, nos encontramos ante una más de las innumerables canalladas de la historia humana y que ambos bandos produjeron en abundancia durante la guerra en cuestión.
1.- ¿ A que se llamó y quién inventó la solución final?
Este punto es el más controvertido. Según la mayoría de autores que constatan un claro odio racial en discursos y en la obra de Hitler, entienden que ya se concebía desde el inicio un exterminio de judíos y responsabilizan directamente a Hitler. En carta de Goering a Heydrich del 31 de Julio de 1941 y a fin de complementar indicaciones para la deportación de los judíos que se ordenaban por decreto de Hitler del 24/1/39, el primero de los nombrados habla de “emigración” o “evacuación” y dice “le encargo además, presentarme a la brevedad un proyecto integral referente a tales medidas para dar cumplimiento a la deseada solución final del problema judío”. Luego en conferencia de Wannsee (Berlín) del 20/1/42, en la que según los autores se habría acordado la exterminación de los judíos, para los revisionistas sólo se habló de “emigración” (como consta en el acta), pero en contra, se opina que términos como este o como “evacuación” y “desplazamiento” eran “eufemismos” y que querían decir “exterminio”. Jhonson dice que todo lo referente a la solución final se mantuvo en un estricto secreto y total oralidad.
El hecho es que, ya sea como efecto de la destrucción o del ocultamiento de las intenciones; (o ya sea por que realmente no existió la orden), no ha sido hallado ningún documento (dentro de las 3.000. toneladas de documentos que se conservaron) que hable explícitamente de un plan de exterminio físico. La existencia del plan se basa en pruebas testimoniales surgidas en los juicios a los vencidos, la principal de Rudolf Hess (director de un campo en Auschwitz, testimonial obtenida con tortura y plagada de contradicciones de tal magnitud, que algunos hablan que fueron ex profeso para dejar señas de su disconformidad), luego condenado a muerte. Algunos soldados de la guardia de Dachau, todos torturados, confesaron la existencia de cámaras de gas que luego se probó en el mismo juicio, que no existieron; Robert Mulka (Auschwitz. Condenado a 14 años a pesar de reconocer 300.000 asesinatos y dejado en libertad a los 4 meses por razones de salud). Suchomel (en Treblinka, 4 años de condena por casi un millón de asesinatos). Y el más importante, Albert Speer, ministro de armamento alemán, fue el único jerarca que reconoció la existencia de una “solución final” por exterminio y fue el único jerarca que se salvó de la horca. Indefectiblemente todos los acusados que mantuvieron la negativa de la existencia de cámaras de gas fueron condenados a muerte o penas arriba de los treinta años.
2.- ¿Porqué el régimen nazi perseguía a los judíos?
La contestación a esta pregunta es de una complejidad tal, que normalmente va de simplonadas hasta el umbral mismo del misterio, es más, algunos autores hacen ambas cosas; por un lado explican que el demonio se encarnó en un hombre y en una sociedad provocando un hecho inédito y por el otro se pierden en una maraña de causas contradictorias, ya que como resalta el mismo Jhonson, lo judíos tuvieron en la Alemania de fin del siglo XIX y de principios del XX, una compenetración cultural inédita en su historia, al punto que los sionistas se aquejaban porque los judíos se habían hecho alemanes y mucho alemanes se aquejaban de una enorme judaización de la cultura alemana. Varias colonias judías (Vgr. Salonica) habían decidido adoptar el idioma alemán como lengua madre (el yidish es de origen germánico) y grandes personajes judíos, como Einstein, exhibían su germanismo sin ambages.
De lo dicho surge que el problema que hace tan complicado contestar la pregunta, puede ser el error en el planteo. Si el “hecho” judío es lo que dicen los historiadores ortodoxos, es bastante difícil de explicar sin recurrir a un “misterio de iniquidad”. Si por otra parte es lo que dicen los revisionistas, el asunto encuentra una explicación dentro de los cánones corrientes de la psicología humana bajo la presión de la más terrible de las guerras que ha experimentado la humanidad y a partir del decurso de los hechos que se produjeron después de la paz de Versalles. Igualmente ocurre con el argumento del silencio culpable de la mayor parte de la humanidad y de la Iglesia Católica en especial, ¿callaron por malicia o no había nada de que hablar?
No se nos oculta que el pueblo judío trae una larga tradición de persecuciones, en primer lugar por el hecho palmario de que luego de la diáspora provocada por el Imperio Romano le tocó siempre ser un pueblo dentro de otro pueblo y mantener la diferencia como obligación religiosa, es decir, proponerse la no integración y permanecer extranjero, y a base de esta diferencia (mantenida no sin graves enfrentamientos internos) hacer su “modo de vida” a partir de los espacios que aquellos pueblos les dejaban en los hechos. Resulta interesante ver que los judíos más ambiciosos, tomaban oficios que resultaban inaceptables por moral y costumbres a los locales, así era común la función de prestamista en la alta edad media por el hecho de que el préstamo con interés era causa de excomunión entre católicos y esta función era pacíficamente aceptada por todos. Aunque no en gran medida, han conformado mafias delictivas producto de defender actividades como la trata de blancas, pero normalmente no ha sido el delito su fuerte, sino lo rayano en lo inmoral para una moral de situación. Hoy diríamos “lo transgresor”. En EEUU claramente se enriquecieron (más allá de la banca) en el negocio del espectáculo (teatro, cine) donde una sociedad puritana no se atrevía a entrar. Esto en sí mismo provoca enormes ventajas y enormes dificultades, siendo primordial para la subsistencia el establecerse en sociedades que no pretendan una gran unidad espiritual y que por el contrario, mantengan un espíritu muy pluralista y cosmopolita. Esta necesaria promoción del pluralismo chocaba – sin dudas- con aquellos ideales de unidad social que promovían las ideas nacionalistas y fascistas. Es difícil de entender esto, ya que hoy el pluralismo es un valor mundial sostenido por la enorme publicidad que solventan la variada cantidad de intereses multinacionales que entrecruzan las debilitadas soberanías nacionales y todo ideal de unidad social comporta un disvalor inaceptable. De la misma manera hoy no resulta llamativa la existencia de “lobbies” judíos, ya que casi toda la sociedad se “disocia” en diferentes lobbies (muchos de ellos cristianos y católicos) de los que sólo son ajenos los “descartados” y unos pocos anacoretas urbanos de dudosa presión en las roscas de sus tronillos cerebrales.
En la Alemania de la preguerra se estaban dando varios efectos a la misma vez. Por un lado en toda la zona de influencia germánica se habían asentado –desde hacía un siglo- enorme cantidad de judíos por la integración cultural ya mencionada y por que las políticas habían sido muy proclives a los mismos dentro de un espíritu bastante cosmopolita (en Austria especialmente). Sin embargo esta integración movía a rencor no sólo a sectores imbuidos de ideologías racistas, sino a sectores Sionistas internos que veían que Alemania se quedaba con el mejor esfuerzo de la inteligencia y la voluntad judías (además de interesantes capitales), elementos que se requerían para reforzar el incipiente asentamiento colonial en la Palestina del Protectorado inglés surgido de Versalles (movidos estos ingleses por un espíritu filantrópico -según Paul Jhonson- aunque el tema no nos llame a engaño a argentinos sabedores de aquellas guerras que suele armar la política exterior inglesa en las que todos pierden y ellos que miran de afuera ganan, como la guerra del Paraguay); colonias que con el correr de los acontecimientos y el mejoramiento económico de los años previos (los años locos) a la segunda guerra, veían decrecer de manera impresionante la inmigración. Ambos sectores desde dos puntos de partida opuestos, sin embargo coincidían en boicotear el romance judío-germano, manteniendo y provocando desde ambos bandos el dictado de medidas discriminadoras y urticantes.
Por otra parte, y debo remarcar en este punto la permanente e histórica disidencia interna judía en cada nación y en cada colonia, entre quienes se volcaban por la integración y quienes mantenían la diferencia y proyectaban políticas internacionales de grupo -el lobbie judío- y que a principios del siglo XX tuvo una particularidad muy especial. Una gran parte de los judíos, en especial judíos intelectuales y activistas de la Europa oriental, (Rosa Luxemburgo en Alemania, Bela Kun en Hungría, Trotzky en Rusia, etc., y previamente el mismo Marx) entendieron que la revolución socialista marxista era el mesianismo judío cumplido y racionalmente esclarecido. Que con el comunismo se hacía innecesaria la existencia de la particularidad judía y que por fin el judaísmo encontraba el cauce donde integrarse definitivamente y confundirse para desaparecer realizándose. La revolución Rusa tenía un enorme componente de personajes judíos de primera línea que la habían salvado del conato de retoma de la cruzada anticomunista (Trotzky con ayuda económica de la banca judía), y en aquellos espíritus no muy proclives a las tonalidades (burguesía y clases medias alemanas, norteamericanas e inglesas) la equiparación entre judíos y bolcheviques era bastante frecuente -con el consiguiente terror que las noticias de la revolución provocaban en las mismas- asunto que agregaba un ingrediente concreto al antisemitismo de fondo irracional de estas clases. Esta división de los judíos en el plano europeo también se daba en el sionismo, ya que algunos líderes judíos del retorno a Palestina eran ateos y sostenían que el nuevo estado debía ser socialista, promoviendo formas coloniales comunistas (kibuts) con completa separación del mundo árabe (aún la mano de obra) y otros, de carácter religioso y acusados de fascistas por los primeros, se asentaban con sus capitales y desplegaban una actividad de tipo capitalista, contando con los palestinos como mano de obra. En suma, había judíos “alemanes” por la integración cultural (profesionales, artistas, funcionarios, empresarios) que estaban orgullosos de ser alemanes, europeos y cosmopolitas; había judíos “en” Alemania, no integracionistas pero tampoco sionistas; había sionistas de derecha y de izquierda y había judíos socialistas (antijudíos según Paul Jhonson), casi todos ellos emigrados en los primeros años del nazismo, pero y por último (cabe recordar que había más de ocho millones de judíos en los sectores de influencia germana) estaban aquellos judíos pobres, mayormente de los oficios urbanos, a quienes les tocó el campo, el gheto, el trabajo forzado y la fuga al este con lo puesto.
El mosaico se tornaba de a poco bastante explosivo. La cultura alemana se llenaba de nombres judíos (teatro, música, ciencia), y los negocios marchaban cada vez mejor. Se hablaba de que muchos capitales judíos, aprovechando la integración con Alemania y la crisis de la salida de la primera guerra, habían hecho pingues inversiones que luego dieron el ciento por ciento. Sin embargo estos personajes judíos descollantes de tipo burgueses y cosmopolitas, tomaban un tono izquierdizante (que como ya dijimos es el que sostiene el necesario pluralismo) y alimentaban mayor resentimiento en las filas nacionalistas.
Tampoco se puede dejar de lado en este punto el desprecio racial que habían diseminado algunas ideologías biologistas nacidas del idealismo hegeliano y que impregnaron algunos nacionalismos del siglo XX. (Fundamentalmente el nazismo, ya que el fascismo italiano no participaba de esta particularidad y así lo reconoce Paul Jhonson). Dichas ideologías campaban en gran número de la población de raza germana, anglosajona y eslava. Pero también confluyeron múltiples causas políticas, entre ellas ciertas políticas sionistas llevadas al efecto de fundar en Palestina un nuevo estado judío y obtener población para el mismo. Los judíos fueron resistidos en muchos países y de hecho, frente a las expulsiones de la Alemania nazi, pocos fueron los países que los recibían (en muy bajos porcentajes contamos las democracias occidentales). La mayoría huyó hacia Rusia (que bajo Stalin se presentaba favorable a los judíos) y un gran número vino a la Argentina, que llegó a constituir la segunda comunidad judía más grande del mundo (se explica por su planteo constituyente pluralista, lo que así mismo explica su permanente tendencia disolvente… característica de los países “inventados” por la masonería inglesa -véase Irak-).
La razón expresada en forma fundamental y como razón política, es que el pueblo judío no asimila la nacionalidad del país donde habita y mantiene intereses extraños a dicho cuerpo, como así mismo una moral y una religión diversa. (Sin embargo hemos visto que esto es una característica del grupo más extremo dentro de ellos y que de alguna manera victimiza a aquellos que comienzan a experimentar una integración). A partir de ello y frente a modelos que procuraban una unidad de “espíritu nacional”, estos grupos aparecían como hostiles a los intereses nacionales, y de hecho lo eran, ya que su propia subsistencia reclama un pluralismo que contradice los ideales de unidad. A esto se sumaron las políticas sionistas referidas, por las cuales grupos internacionales declararon un boicot económico a la Alemania previa a la guerra y llevaron a la venganza y el odio de los partidos sobre poblaciones que nada tenían que ver en esas políticas y que resultaban víctimas de todos los bandos.
Sin embargo y como vimos anteriormente, si la solución final propuesta era la aniquilación o si por el contrario era la expulsión del país (como ocurrió en otras épocas y países), cambia mucho la lectura del fenómeno. Los revisionistas hablan de proyectos internacionalmente consensuados de instalar los judíos en Madagascar (se opuso Petain) y aún de proyectos consensuados entre el régimen nazi y grupos sionistas para facilitar el establecimiento de los judíos alemanes en Palestina. La pregunta que queda latente es, si el régimen nazi quería el exterminio total de los judíos o si quería la expulsión de toda la zona europea que consideraba de población de raza germana?.
3.- ¿Durante la persecución del holocausto solamente se maltrató a judíos? Justifica.
En una guerra donde hubieron sesenta millones de muertos resulta una poco ingenua la pregunta. En la segunda guerra se “molieron” por parte de los dos bandos, enormes cantidades de gentes. No sólo de personas movilizadas en el ejercito, sino especialmente de poblaciones civiles.
En los campos de concentración alemanes, se calcula que el 50% de los muertos fueron judíos; , el resto eran polacos, rusos, franceses etc.
Sin embargo no cabe olvidar la expulsión de los alemanes (por parte de los aliados), del este y de los Sudetes desde 1944, llevada con una brutalidad incomparable por las tropas rusas. No podemos olvidar los GULAG soviéticos, donde perecieron por razones políticas más de 17 millones de personas (vemos que el delito de lesa humanidad no alcanza las razones políticas y si las raciales, gracias a la intervención de Rusia en la ONU). La destrucción de Varsovia cuando la guerra estaba terminada. La destrucción de Dresde. Los napalmeos de los barrios de Tokio, las bombas atómicas, etc.
De hecho ningún pueblo del mundo puede sentirse ajeno a la maldad humana y mucho menos tan inocente que pueda constituir un sacrificio redentor. La misma Argentina participó vergonzosamente del infame Genocidio Paraguayo que servía a fines masónicos. Lo que pasa es que la historia la escriben los vencedores y en el caso de la segunda guerra era tal el capital de atrocidades acumulados, que el bando que venciera debería elevar una acusación tan monstruosa contra el otro que justificara sus propias acciones criminales.
4.- ¿ Cuál fue el peor centro de concentración? ¿por qué?
La pregunta resulta poco feliz, si la invirtiéramos se resaltaría el absurdo. Todo aquello resultó bastante asqueroso.
La historia oficial habla de seis campos principales de exterminio. Todos en territorio polaco anexado. Allí habrían muerto por exterminio unos tres millones y otros tantos en la Unión Soviética. Los muertos en los campos de extermino en casi su totalidad fue por efecto de cámaras de gas fabricadas ex profeso, salvo en Chelmno que se habla de camiones gaseadores (motores diesel). En la Unión Soviética se habrían asesinado otro tanto por medio de ejecuciones en masa y o camiones gaseadores. Salvo Auschwitz y Madjanek que eran campos mixtos (de trabajo y de exterminio) los cuatro restantes eran exclusivamente de exterminio. Estos campos eran: Auschwitz (más de un millón de muertos), Treblinka (750 mil), Belzec (600 mil), Chelmno (300 mil) Sobibor (250 mil) y Majdanek (250 mil) -Paul Jhonson duplica estas cifras-. Durante mucho tiempo se sostuvo que en Dachau hubo una cámara de gas y que se mataron 238 mil; luego se descubrió que no hubo tal cámara y que murieron 32.000 por peste y hambre. (Todos datos de Wolfgang Scheffler, escritor judío).
Por otra parte los revisionistas se oponen al hecho de la existencia de cámaras de gas y reducen las cifras entre siete y doce veces. Las cámaras de gas encontradas son de no más de 26 mts. y realmente eran cámaras de desinsectación, principalmente de ropa y colchones. (Es horroroso pensar que la gran mayoría de las muertes eran producto de un tifus que transmitía el piojo y las pulgas).
El tema es que las cifras, y el hecho mismo, nunca podrán ser corroboradas. En primer lugar porque no quedaron restos de los muertos (huesos, fosas, etc), ya sea porque fueron “diligentemente” desaparecidos por el fuego (hornos crematorios existentes en los campos, siendo que el más grande permitía 6 personas por vez) o ya sea porque no existieron. Como ya se dijo más arriba no existe documento alguno que hable del tema, ya sea porque no hubo documentos o porque no existió tal cosa.
En segundo lugar porque todas las leyes penalizantes hacen imposible la revisión histórica y los archivos referidos a censos están cerrados. Se conoce un censo de la Unión Soviética posterior a la guerra, en que su colonia judía se veía acrecentada en casi tres millones más de judíos que antes de la guerra.
Tiempo después del juicio de Nüremberg, Faurison objetó que nunca se había hecho una pericia criminalística sobre los campos de exterminio; más allá de que no existían los cuerpos del delito (y sobre los pocos que se hizo autopsia, ninguno dio muerte por intoxicación con gas), el arma letal debía ser constatada, y esta eran las cámaras de gas y los hornos crematorios. Se realizaron pericias sobre las cámaras y los hornos con personal norteamericano experto en cámaras de gas y en hornos crematorios. Igualmente se perició el gas utilizado (Zyklon B). Los resultados fueron bastante concluyentes: las cámaras no eran aptas, el gas era el menos indicado (era el gas que se usaba en bolitas que se gasificaban al llegar a treinta grados centígrados, para impedir el tifus que trasmitían piojos y pulgas, gas que era además explosivo y que necesita cerca de una hora para matar y luego dos horas para desaparecer. Las cámaras de exterminio de animales y de pena de muerte en EEUU, normalmente usan otros tipos de gases, mucho más eficaces y menos peligrosos ante combustión. Los motores diesel tardan horas en producir un efecto para el que los alemanes tenían gases bélicos de gran impacto. El motor naftero es mucho más rápido y eficaz) y fundamentalmente el tamaño de las instalaciones -dados los pasos necesarios y tiempos de espera para evitar explosiones o contaminaciones al resto del campo- no daban ni por cerca para el número de víctimas diarias que se debió cobrar para cubrir el número final indicado (por lo menos 24.000 diarios en Auschwitz. Jhonson habla de 40.000 diarios). Otro de los datos importantes que arrojó la investigación de Faurisson, fueron las fotos aéreas que periódicamente tomaron los aliados de los campos de trabajo (en especial Auschwitz) donde nunca se observan concentraciones de gentes frente a las instalaciones del exterminio.
En fin, quedan para la historia dos versiones:
a) la versión oficial que responsabiliza al pueblo alemán por la decisión de sus dirigentes y la complicidad silenciosa de su población para el origen de la beligerancia que llevó a la segunda guerra mundial y para el exterminio premeditado de seis millones de judíos y tendiente a hacer desaparecer todos los judíos de la faz del mundo. Esto constituiría una maldad inédita en la historia y un hecho que sobrepasa con creces todas la miserias propias de las guerras. Esta versión es aceptada por casi la totalidad de los historiadores y de la población -pensante- mundial.
b) la versión revisionista que entiende que para la causación de la segunda guerra hubo aporte de ambos bandos comprometidos -siendo el mal acuerdo de Versalles el gran culpable- y que el pueblo alemán no fue especialmente monstruoso, sino que los hechos contra los judíos -deplorables sin duda- fueron parte de los desastres de la guerra, comparable a otros emanados del bando contrario. Faurisson hace la siguiente conclusión “Las presuntas cámaras de gas de los nazis y el presunto genocidio de los judíos, son parte de una misma mentira histórica utilizada para cometer una gigantesca extorsión política y financiera. Los principales beneficiados de la mentira son Israel y el sionismo internacional. Las principales víctimas son el pueblo alemán -pero no su clase dirigente- los palestinos en su totalidad y, no por último, la joven generación judía, que por la religión del holocausto es encerrada más y más en un gueto psicológico y moral”.

CONCLUSIÓN:
Se impone en este punto una conclusión con respecto a la reacción que las distintas religiones han tenido frente a la racionalización de sus puestas dogmáticas o “puntos álgidos de sensibilidad religiosa”. 

En este siglo el judaísmo consagró el holocausto como fundamento religioso y castigó con violencia todo “atentado” científico contra su credibilidad. 

Los musulmanes, que siguen los pasos de los judíos atentamente, tomaron iguales medidas con respecto a su religión en los foros intelectuales de occidente. 

Ambos han sometido a la ciencia occidental a un régimen de terror, donde sólo el cristianismo puede ser cuestionado, y las otras dos religiones deben ser “respetadas” a rajatablas bajo pena de rompimiento de la paz social, y es en este sentido que se dictan las leyes que se han señalado mas arriba y se han toman las medidas penales contra los intelectuales. 

No debe interpretarse la postura Católica como pasividad o tibieza frente al embate racionalista, ya que nuestra postura lo que refleja es la tranquila seguridad con que la Verdad Revelada enfrenta la ciencia; con respecto a la simple blasfemia mediante la mofa y la grosería, si entiendo que deberían propugnarse leyes que las penaran.

La existencia del holocausto como hecho monstruoso producto de un mal absoluto sobre una víctima indefensa e inocente, marca una valoración de esa víctima en un plano sacramental y mesiánico colectivo, y no se le escapa al buen observador las similitudes con el misterio de la redención por el Mesías cristiano, similitud que muchos teólogos judíos han atacado por denotar una emulación del misterio Cristiano que aunque desde el punto de vista emocional y publicitario resulta propicio para los fines judíos, desde una perspectiva teológica debilita la idea judía de un mesías triunfal.
Juan Calderón
17 de febrero de 2009
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Hellstorm: The Rape and Mass Murder of German Women after WWII

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A book review by JA Sexton of Thomas Goodrich’s Hellstorm
… edited and introduced by Lasha Darkmoon, with additional notes and comments


“In the German race there is nothing but evil. Use force and break the racial pride of these German women. Take them as your lawful booty. Kill!”  — Ilya Ehrenberg, Jewish propagandist in the Stalin regime


1This shockingly explicit review of one of the most outspoken books about Allied atrocities against postwar Germany is not for the squeamish.
If you have a delicate constitution and wish to protect your mind from images of extreme violence, images bordering on the grotesquely obscene and satanic, please read no further. If, on the other hand, you have an appetite for the truth and insist on taking a peek into the Devil’s cauldron, then you have only yourself to blame if you throw up after reading this hell’s a-popping review.
The review concerns itself with the savage rapes and murders of 2 million German women at the hands of Red army soldiers, the bulk of them Mongols, Tatars and Jews with an atavistic hatred of the White race. These Russian troops had been incited to lustmurder by the psychopathic Jewish propagandist Ilya Ehrenberg.
One German woman came to her priest and broke down in tears. “Father, I can’t go on living! Thirty of them raped me last night.” (Goodrich, p.158)
The German clergy were only too aware of the rape and mass murder of Catholic nuns, many of them bedridden geriatric women.
One of these priests writes in his diary:
“The girls, women and nuns were raped incessantly for hours on end, the soldiers standing in queues, the officers at the head of the queues, in front of their victims.
During the first night many of the nuns and women were raped as many as fifty times. The Russians knocked them down, kicked them, beat them on the head and in the face with the butt-end of their revolvers and rifles.
The same dreadful scenes were enacted in the hospitals, homes for the aged, and other such institutions. Even nuns who were seventy and eighty years old and were ill and bedridden were raped and ill-treated by these barbarians. (Ibid. p.84)
The Americans and the Brits knew all these atrocities were going on but did nothing to stop them. They stood by and saw it all happening, cruel accomplices to crime. Indeed, many of them joined in the bloodbath of sadistic sexuality: Americans, Brits, Frenchmen, Poles, Moroccans, and, last but not least, Jews from all over the world salivating for revenge against the White race — in particular a contingent of lust-crazed Jews from Palestine.
“Staggered by what he had seen and heard, a German officer tried desperately to make sense of the disaster; to understand the minds of men ‘who find . . . pleasure in raping the same woman over and over, dozens of times, even while other women are standing near.’” (Ibid. p.93)
Tearing German women apart, including little children before their parent’s eyes, was one the perks of war for these coldhearted killers. These atrocities have either been minimized or covered up by the court historians, since there are not enough tears to go round. All our tears need saving, it would seem, for the victims of the Holocaust. They alone must be commemorated and held in honor in perpetuity.
Here are a few chilling quotes from Hellstorm which you will not find in Sexton’s book review below, though you will find other quotes there that are equally horrifying.

“Of all the methods used to express its anger, the Red Army said it best with rape. From eight to eighty, healthy or ill, indoors or out, in fields, on sidewalks, against walls, the spiritual massacre of German women continued unabated. (p.155)
The mothers had had to witness how their ten and twelve-year-old daughters were raped by some 20 men; the daughters in turn saw their mothers being raped, even their grandmothers. Women who tried to resist were brutally tortured to death. There was no mercy. (p. 159)
When even violated corpses could no longer be of use, sticks, iron bars and telephone receivers were rammed up their vaginas. (p. 155)
The women were raped, not once or twice but ten, twenty, thirty and a hundred times, and it was all the same to the Russians whether they raped mere children or old women. (p.79)
“Those women who were pregnant, on their menstrual cycle, or enduring diarrhea, suffered like all the rest. Nothing, it seemed—not age, ailment or ugliness—could repel the Red rapist.
Even death was no defense.
‘I saw some twenty Red Army men standing in line before the corpse of a woman certainly beyond sixty years of age who had been raped to death,’ one sickened witness recorded. ‘They were shouting and laughing and WAITING FOR THEIR SATISFACTION OVER HER DEAD BODY.’” (Emphasis added, p.84)
This haunting book review will take you to hell and back. Prepare for a roller coaster ride into a landscape of terror that neither Dante in his Inferno nor Hieronymus Bosch in his maddest paintings could ever have imagined.
— Lasha Darkmoon

The Rape and Mass Murder of German Women after WWII


A review of Thomas Goodrich’s Hellstorm: The Death of Nazi Germany (1944-1947), by JA Sexton
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“Who could inspire such madness . . . all the torture, abuse, burning, systematic rape and beatings? Thomas Goodrich answers this question: the Jews in Communist Russia.” — JA Sexton
What is hell?
I’ve often pondered what the concept “hell” entailed; what it means to be living in the absence of “God,” the supreme creative force behind all life. After reading Thomas Goodrich’s breathtaking and physically nauseating analytical narrative of the burnt offering – Holocaust – of Germany I now know what hell looks like and how its inhabitants live and behave.
Relentless, reckless, and senseless hate of a magnitude so profound, so immense, that I am still unable to understand it. And then the irony of it all: that former inhabitants of Europe – Europeans – were responsible for inculcating hell in their own Heimat (homeland).
Who but the Devil itself could make a family turn on itself, causing it to tear itself apart in such a murderous, inhuman fashion that the victims are left unrecognizable after all the torture, abuse, burning, systematic rape, and beatings subsides?
Who or what could inspire such madness? Thomas Goodrich answers this question silently, subtly, but matter-of-factly – the Jews in Communist Russia (the former USSR) and Capitalist America and Britain.
Hellstorm is the type of book that changes lives. Goodrich is the type of author who literally puts you, the reader, there in the midst of hell. And what is this hell that he forces you to experience page after page, torture after torture, and rape after rape? One that has been all but forgotten; the only hell the modern age really knows:

The Allied Holocaust of National Socialist Germany


Goodrich describes the Allied-induced inferno in more detail than most need to know to gain an understanding of the depths of Allied criminality and hatred, but the detail is necessary. Without the detail no one will really know what hell is like. Here’s a taste of it.
A German woman has her jaws forced open by the filthy brutish hands of a Soviet serial rapist. He literally spits into her mouth and forces her to swallow his salivary filth as he rams her body again . . . and again . . . and again – until he’s satisfied fulfilling his oath to Stalin and his chief Holocaust propagandist, Ilya Ehrenburg. Stalin officially sanctioned the systematic rape of German women. Ilya Ehrenburg, for his part as the lascivious advocator of rape of German women, helped the Red Army perpetrate the largest gynocide and mass rape in recorded history.
Commissar Ehrenburg’s pamphlet urged Soviet troops to plunder, rape and KILL. This pamphlet was distributed in the millions among Red Army troops on the front lines of battle — men who were already intoxicated with hate and vengefulness as a result of over two decades of Bolshevik oppression: the collectivization of their farms, the confiscation of their grain and property, and the mass murder of their families.
Here are the final paragraphs of Ilya Ehrenberg’s pamphlet entitled “Kill”:
“The Germans are not human beings. From now on, the word ‘German’ is the most horrible curse. From now on, the word ‘German’ strikes us to the quick. We have nothing to discuss. We will not get excited. We will kill. If you have not killed at least one German a day, you have wasted that day.
If you cannot kill a German with a bullet, then kill him with your bayonet. If your part of the front is quiet and there is no fighting, then kill a German in the meantime. If you have already killed a German, then kill another one — there is nothing more amusing to us than a heap of German corpses.
Don’t count the days, don’t count the kilometers. Count only one thing: the number of Germans you have killed.
Kill the Germans!… Kill the Germans!…Kill!”
And in another leaflet, this is what the same psychopath has to say:
“The Germans must be killed. One must kill them….Do you feel sick? Do you feel a nightmare in your breast?…Kill a German! If you are a righteous and conscientious man, kill a German!. . . Kill!”
Ehrenburg, like any skilled propagandist with a penchant for revenge and training in human psychology, appealed to the basest instincts of his men, urging them to rape and wantonly slaughter other human beings at will. There would be no penalties for this injustice. It was all officially sanctioned.
Here is Ehrenburg again, rising to new heights of mental derangement, this time giving his troops the green light to rape and kill as many German women as they wanted:
“Kill! Kill! In the German race there is nothing but evil; not one among the living, not one among the yet unborn but is evil! Follow the precepts of Comrade Stalin. Stamp out the fascist beast once and for all in its lair! Use force and break the racial pride of these German women. Take them as your lawful booty. Kill! As you storm onward, KILL, you gallant soldiers of the Red Army!”
3
LASHA DARKMOON: This psychopathic war criminal, directly responsible for the rape, torture and mass murder of 2 million German women after WWII, is now honored in Israel, his papers being lovingly preserved by the Yad Vashem Holocaust museum.
In his 6-volume memoirs, Ehrenberg openly boasts about being aware of the crimes of the Stalin regime, his own included, and actually admits that a veil of silence has been drawn over these matters.
He is buried in Moscow at the Novodevichy Cemetery where his tomb is graced with a crude, cartoonish portrait by his close friend Picasso. One cannot help wondering if the great Spanish painter was aware that his Jewish pal, who won the absurdly named “Stalin Peace Prize” in 1952,  was a psychotic serial killer. (See here).

The thought of being burned alive is horrific, but the thought of being burned alive because you are trapped in melted asphalt and literally stuck by your own disfigured hands and knees and screaming is worse.
What did you do to be burned or boiled alive? What was your crime?
You supported Adolf Hitler, the man who dared to stand up to international finance and the Jewish system of systematic international monetary and spiritual enslavement.
THAT was your “crime” and the crime of millions of others in Germany and Europe who were incinerated, melted, tortured, strafed, raped or blown into body parts by their own racial and cultural kindred in the USSR, Britain and America.
The core of the firestorms often reached 3,000 degrees Fahrenheit; the flames 1,300 to 1,800 degrees Fahrenheit. A Holocaust in the truest sense of the word: a burnt offering of the Germanic race – women, children, refugees, POWs, the elderly, and even animals at the Berlin Zoo – to the Christian-Jewish “god” Jahve. The truth is that this was the single largest burnt offering of human flesh to the Devil in recorded history. And for what? For what did hundreds of thousands of German victims suffer: international finance Capitalism.
And WHY? This is why: So that a few people, mostly ethnic Jews, could continue to make money from money and enslave millions of people in the process.
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Eisenhower’s camps were designed with one purpose in mind: mass death. They were, quite literally, death camps.
Millions of German men and boys died from starvation, disease, exposure, heat exhaustion, thirst, and of course torture, slave labor, random massacre, and systematic execution.
After having served in the worst war in Western history, and one of the worst in world history, German men came “home” to nothing more than rubble. Their wives, girlfriends, and children were dead, enslaved, mutilated, driven to madness, missing, lost, or had gone with the enemy to survive and prevent further systematic rape by Polish, Russian, and Mongolian soldiers.
There were very few “homes” to return to, so thousands of men ended their lives in despair. They had survived six years of horror and warfare only to end it all in the rubble-strewn wasteland once called “Germany.”
Why?
Because their own blood kindred in America and Britain — and even in much of Europe — had betrayed them: had turned on them to appease their Jewish overlords.

An older German woman is approached by filthy Soviet soldiers. She knows what awaits her because Goebbels did not lie. She tries to talk them out it. She has children with her. They dispose of the children rapidly, viciously: their heads are rammed into the side of the building. The woman is gang-raped. What does she recall . . . the rape? No. The sound of a child’s skull when it is crushed against a wall. She’ll never forget that sound.
Nor will I because I too can hear it. I too witnessed it. I witnessed it through Goodrich.
PRESIDENT EISENHOWER: "God, how I hate the Germans!"
PRESIDENT EISENHOWER:
“God, how I hate the Germans!”
And then there were the death camps where over a million German men perished because Eisenhower (pictured) hated Germans: “God I hate the Germans,” he said.
His racism and hate became official policy, a policy of genocide—an American orchestrated Holodomor. Countless thousands of German men were shipped off to Britain and Siberia to serve as slave laborers for the “victors”.
Victors of what? Total destruction.
While this horror is unfolding, Roosevelt (and later Truman) and Churchill cheerily offer Stalin half of Europe. They are more than happy to accommodate nearly every demand drafted up by this “Man of Steel.” The result of these Anglo accommodations nearly defies description:—
The greatest mass expulsion and deportation in history (upwards of 13 million); the mass murder of millions of Germans and their allies in Russian, French, Jewish, and Polish retribution camps and prisons dotted all throughout Europe and the USSR; the systematic mass rape and murder of German and collaborator women (an estimated two million); and the deliberate secret starvation of the Germanic race as spelled out by the Jewish adviser to Roosevelt and Truman, Henry Morgenthau.
Between 20 and 25 million Germans and collaborators perished in the years AFTER the war had officially ended. It is a crime that will never be forgotten, and it is a crime that will forever stain the hands and national consciences of the former USSR, the United States of America, Great Britain and her Commonwealth nations, and perhaps more pointedly the Anglo and Slavic races of the White supra-race.

A little German boy holds a lantern as he sits in a wagon en route to the Allied lines in the bitter winter snow. He’s with his mother. She’s bleeding profusely; she’s dying. The German doctor who the little boy was lucky enough to hunt down is doing his best to perform a tamponade (a blockage) of her uterus. She was brutally, viciously raped. Did she survive? Goodrich doesn’t say, but the prognosis and tone suggests she didn’t make it. She was a German. She supported Hitler. She was a Nazi. She deserved it.
She deserved it.
So said the Allies in the years following the war: Germany merely got what she deserved. The ‘morally superior’ White nations of the globe had smashed ultimate evil: the Nazis; the German race.

GERMAN CHILD VICTIM:
RAPED, TORTURED, AND LEFT TO DIE IN THE WOODS

 GERMAN CHILD
GERMAN CHILD
“She deserved it . . . because she was a Nazi!”

Never has a greater lie been told
. Never has so much hatred and vengeance been poured forth onto one people and one nation that had chosen not to abide by the laws of international bankers and financiers who wish only to enslave, plunder, steal and when necessary, kill.
And most of the White races of the world were more than willing and eager to take up the flag of international Jewish money power and to smash the one White race that opposed it with such honor, valor and sheer might — so much so that it took all the best brain-power and material wealth of the entire White super-race, and all the monetary power of its Jewish financiers and overlords, to break its back.
LASHA DARKMOON: And how these diabolical merchants of death, in complete thrall to their Jewish puppet masters, tried to break Germany’s back! No method was too low, too brutal, or too swinishly base. Listen now to Goodrich, and prepare for some harrowing quotations. Here is Sexton again to take up the tale:
I went into Goodrich’s book expecting to read little more than I already knew about the worst gynocide and mass rape of womankind in recorded history, but I was in for a shock. As an individual who looks out for women’s interests, I was repeatedly overcome with emotion while reading of the indescribable genital mutilations, deliberate and systematic terrorism, gang-rape and wanton mass murder of women.
Here is Brazilian German Leonora Cavoa who was an eyewitness to these sexual atrocities:
“Suddenly I heard loud screams, and immediately two Red Army soldiers brought in five girls.
The Commissar ordered them to undress. When they refused out of modesty, he ordered me to do it to them, and for all of us to follow him.
We crossed the yard to the former works kitchen, which had been completely cleared out except for a few tables on the window side. It was terribly cold, and the poor girls shivered. In the large, tiled room some Russians were waiting for us, making remarks that must have been very obscene, judging from how everything they said drew gales of laughter.
The Commissar told me to watch and learn how to turn the Master Race into whimpering bits of misery.
The horror that ensued nearly defies written description, as no written description can actually make a reader of either sex feel and genuinely know the pain and suffering inflicted in this never-ending horror show. The victims’ pain and suffering must have seemed like hours and hours . . . an entire lifetime . . . I can’t imagine. I try not to imagine it because about 2,000 women in the Nemmersdorf area alone suffered a similar fate.
Now two Poles [we are not told if they were Polish Jews] came in, dressed only in their trousers, and the girls cried out at their sight. They quickly grabbed the first of the girls, and bent her backwards over the edge of the table until her joints cracked.
I was close to passing out as one of them took his knife and, before the very eyes of the other girls, cut off her right breast.
He paused for a moment, then cut off the other side.
I have never heard anyone scream as desperately as that girl. After this operation he drove his knife into her abdomen several times, which again was accompanied by the cheers of the Russians.”
Stop.
Picture it.
Imagine it.
Live it!
ABOUT TO DIE
ABOUT TO DIE
“IMAGINE IT . . . . .  LIVE IT!”

Force yourself
to see your own body mutilated in similar fashion; force yourself to picture a knife plunging into your abdomen again . . . and again . . . your short lifetime come to this end: you know you are about to die. You are being murdered; your body brutally tortured by a mob of brutal sadists. Try to imagine the horror and the helplessness you would feel as your person was mutilated and your very life bleeding away on a table.
Can a human being really suffer a worse injustice than this?
Now . . . step back out of the scene and analyze this needless, inhuman horror with the gift of hindsight. This victim was not just the victim of these Red Army men, reduced to base animal instinct and mentality, but she was also the victim of an ideology inspired by Judaism and a Jewish propagandist named Ilya Ehrenburg.
Brazilian eyewitness Leonora Cavoa again :
“The next girl cried for mercy, but in vain—it even seemed that the gruesome deed was done particularly slowly because she was especially pretty.
The other three had collapsed, they cried for their mothers and begged for a quick death, but the same fate awaited them as well.
The last of them was still almost a child, with barely developed breasts. They literally tore the flesh off her ribs until the white bones showed.
Loud howls of approval began when someone brought a saw from a tool chest. This was used to tear up the breasts of the other girls, which soon caused the floor to be awash in blood. The Russians were in a blood frenzy. More girls were being brought in continually.
I saw these grisly proceedings as through a red haze.
. . . Over and over again I heard the terrible screams when the breasts were tortured, and the loud groans at the mutilation of the genitals. . . . It was always the same, the begging for mercy, the high-pitched scream when the breasts were cut and the groans when the genitals were mutilated.
The slaughter was interrupted several times to sweep the blood out of the room and clear away the bodies. . . . When my knees buckled I was forced onto a chair. The Commissar always made sure that I was watching, and when I had to throw up they even paused in their tortures.
One girl had not undressed completely, she may also have been a little older than the others, who were around seventeen years of age. They soaked her bra with oil and set it on fire, and while she screamed, a thin iron rod was shoved into her vagina . . .
. . . until it came out her navel.
In the yard entire groups of girls were clubbed to death after the prettiest of them had been selected for this torture. The air was filled with the death cries of many hundred girls” (pp. 156–57).
And this is where I have to stop transcribing . . .
“The Commissar told me to watch and learn how to turn the Master Race into whimpering bits of misery."
“The Commissar told me to watch and learn
how to turn the Master Race into whimpering bits of misery.”
LASHA DARKMOON:  It is a closely documented fact that most of the supervisory jobs among the Red Army Bolsheviks were held by Jews. The sadistic commissar mentioned above is therefore almost certainly Jewish.
As for the Red army rapists, we have a great deal of  circumstantial evidence that the bulk of these belonged to three ethnic groups with an atavistic hatred against the White race: Mongols, Tatars, and Russian Jews. Remember there were no fewer than 500,000 Jews in the Red Army, many of them primed for “revenge sex” against white women.
Don’t forget also that these mentally deranged “haters”, some of them just let out of prison, had been  given the green light to rape and kill with impunity by Stalin’s psychotic Jewish propagandist, Ilya Ehrenberg: “Use force and break the racial pride of these German women,” Ehrenberg had instructed. “Take them as your LAWFUL BOOTY! Kill!”
Never in the history of the world has such an orgy of rape and mass murder taken place, all of it against the helpless women and children of a great defeated nation, and all with the full connivance of the three great leaders of the victor countries: the blood-bespattered Franklin D. Roosevelt, the coldhearted war criminal Winston Churchill, and that ultimate psychopath and monster in human form, Josef Stalin.
It is sobering to reflect that these three statesmen who have now achieved the heroic status of demigods were little more than puppets in the hands of the Dreadful Few — the “Three Stooges” of international Jewry.
CHURCHILL, ROOSEVELT, STALIN: THE THREE STOOGES
CHURCHILL, ROOSEVELT, STALIN:
THE THREE STOOGES

CONCLUSION

And yet . . . and yet Germany’s back was not broken . . . Goodrich ends his book on a note of hope.
When all had been destroyed, when all seemed to have been lost forever in Year Zero, the Germans proved once again that such was just not the case.
Brick by brick, and hour by hour, they rebuilt upon the ruins of God’s Empire a new Germany. No Holocaust by fire, no gynocide, no viricide, no famine, no other inhuman atrocities, could subdue or quench the noble Germanic spirit — which is the essence of the White race of humankind.
Even though Germany today is still an occupied nation with a hurting people, she still possesses that flicker of life and spirituality that the other White races and nations lost long ago when they sold their souls to Judaism and the Jewish “god” of hatred and revenge.
“Unbowed, unbent, unbroken.”
Such are the words of an album released by a European band named Hammerfall. And such are the words that describe the German people, the German folk, the German race.
The only ones who bear the burden of bloodstain and guilt are the Allies. No crimes in recorded history surpass those inflicted against Germany and Europe by the United States, Great Britain and the former Soviet Union—all with the ideological and financial backing of international Jewry. The death of National Socialist Germany was the death of Western man and everything he once stood for. I must thank Thomas Goodrich. Hellstorm has changed my life.

J.A. Sexton’s original review may be read here
One of the best reviews of Hellstorm I have read so far, furnished with copious atrocity quotations and meticulously cross referenced to other books, is Jonas Alexis’s  7,500-word Rape and Sex in German Cities After World War II Revisited (Part II) — an article that cannot be praised too highly.